El resucitado vive en su Iglesia


El resucitado vive en su Iglesia
HOMILIAS 1978

Domingo 2o. de Pascua

2 de abril de 1978


Lecturas:
Hechos 2, 42-47
I Pedro 1, 3-9
Juan 20, 19-31

Queridos hermanos:

"Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre." Se ha cantado hoy solemnemente. Con este fin hemos de venir a Misa y escuchar la palabra de Dios o leerla en nuestras Biblias. No con la curiosidad buscando una inteligencia humana, sino sabiendo que el Evangelio es potencia de Dios. En este momento, pues, no se fijen en la palabra humana sino que, creyendo que Cristo es el Mesías y que él es el que habla a través de su Iglesia, tengamos vida en su nombre. Por eso, es hermoso el pueblo de Dios: una catedral llena como la de esta mañana, y cuando uno piensa en las muchas comunidades que a través de la radio están también reunidas en el nombre del Señor a esta misma hora. ¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por la resurrección de Cristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva!

EL MARCO CONCRETO DEL CRISTIANO


Por eso, hermanos, meditar la palabra de Dios los domingos no es una simple práctica espiritual, es que ese caminar concreto en la historia, en la vida de nuestro pueblo, viviendo circunstancias como las de San Pedro Perulapán, es el marco concreto del cristianismo. Y es allí donde el cristiano tiene que ser sal de la tierra, luz del mundo: con la gran esperanza viva que él lleva en su corazón no se deja apagar su fe ni esperanza en aquel que es vida y resurrección. Por eso acostumbramos poner aquí antes de la homilía propiamente dicha, o formando parte ya de la homilía, el marco concreto en que este pueblo de la Arquidiócesis quiere vivir su fe en la palabra de Dios. Una predicación que no tuviera en cuenta este marco concreto, y su luz de evangelio no iluminara las bellezas de la semana pero al mismo tiempo el rostro feo de nuestra historia, no sería auténtico evangelio de nuestro Divino Salvador.

Y es tan grave lo que ha pasado esta semana que no lo he querido confiar simplemente a mi memoria, sino que ha salido del Arzobispado un pronunciamiento que se ha dado orden de leer en todas las Iglesia; y no sólo para dar ejemplo sino porque es útil que a la luz del evangelio y con esa luz iluminemos los hechos. Permítanme leerlo y hacer algún pequeño comentario.

COMUNICADO DEL ARZOBISPADO DE SAN SALVADOR
ANTE LOS SUCESOS DE SAN PEDRO PERULAPAN


"El Arzobispo de San Salvador, juntamente con su Obispo Auxiliar, y recogiendo el sentir del clero, religiosos, religiosas y fieles en general, comunica lo siguiente:"

Esta introducción debe dar la idea, hermanos, que aunque yo sólo sea el que habla, es como la boca de un organismo. La boca habla pero su palabra compromete a todo el cuerpo. Es todo el individuo el que está hablando por esa palabra. Aquellos que quieren aislar al Arzobispo del resto de los sacerdotes o de los fieles, están muy equivocados. ¡Cómo quisieran estar oyendo una boca sin organismo! Por eso agradezco a los sacerdotes, religiosos y fieles que cada día se compactan más con este magisterio episcopal. En nombre de todos ellos voy a leer lo que digo en este pronunciamiento, sintiendo que son todos ellos los que están comprometidos en esta fe y en esta realidad.

UNA TRAGICA SITUACION


"De todos es conocida la trágica situación por la que atraviesa nuestro país, sobre todo en San Pedro Perulapán: los operativos militares, el elevado número de muertos y heridos, los desaparecidos, los que han abandonado sus casas o a quienes se las han arrebatado. Ciertamente es ésta una trágica situación que no podemos silenciar como pastores y sobre la cual debemos dar, como otras muchas veces, la luz que proviene de nuestra fe de cristianos.

Como pastores que somos del pueblo de Dios esta situación nos recuerda en primer lugar la parábola conocida del Buen Samaritano quien se encontró con un herido en el camino. También nosotros nos encontramos hoy con un pueblo que yace herido en muchos caminos de la Patria. Conocemos sus heridas de siempre y las que sufre ahora en la situación antes descrita. Esta Patria que está herida es la que nos impide dar un rodeo -como lo hicieron el sacerdote y el levita de la parábola- y nos urge acercarnos como el Buen Samaritano a curar sus heridas".

Hermanos, la parábola de Cristo condenó la actitud de un sacerdote y de un levita porque no basta llevar hábito eclesiástico o decir yo soy católico para ser aprobado por Dios. La caridad ante todo, el amor al prójimo. Y aunque sea obispo o sacerdote o bautizado si no cumple con el ejemplo del buen samaritano, si como los malos sacerdotes de la antigua ley dan un rodeo para no encontrarse con el cuerpo herido; no tocar estas cosas: "prudencia, no ofendamos, más suave"; entonces, hermanos, no cumplimos el mandato de Dios: rodeamos. ¡Cuantos rodean para no encontrarse y cuanto más se rodea más se encuentran porque llevan su propia conciencia que no les dejará en paz mientras no enfrenten la situación. El compromiso cristiano es muy serio y, sobre todo, nuestro compromiso sacerdotal y episcopal nos obliga a salir al encuentro del pobre herido en el camino.

QUEREMOS QUE SE ACLARE LA VERDAD


"Sin ningún interés partidista queremos, por lo tanto, en primer lugar que se aclare la verdad de todo lo que está sucediendo. Pedimos una aclaración verídica de los hechos, pues las versiones que se presentan son confusas, parciales y aún contradictorias. Una es la versión oficial, otra es la versión de los comentarios de prensa y otra es la versión de numerosos testigos que llegan contínuamente a este Arzobispado, como lo hemos manifestado en nuestros boletines Nos. 39 y 40.

La misma prensa es testigo de la confusión en la información. Y por ello pedimos que se busquen los mecanismos para que se lleve a cabo una investigación que garantice la presentación verídica e imparcial de los acontecimientos. En este esclarecimiento de la verdad no puede faltar la voz de los directamente implicados y acusados oficialmente. Esclarecer la verdad es un derecho que la Iglesia exige a todo hombre, pues es uno de los pilares de una convivencia social ordenada, y mucho más cuando lo que está en juego no es sólo la verdad, sino la vida".

Es lástima, hermanos, que en estas cosas tan graves de nuestro pueblo se quiera engañar al pueblo. Es lástima tener unos medios de comunicación tan vendidos a las condiciones. Es lástima no poder confiar en la noticia del periódico o de la televisión o de la radio porque todo está comprado, está amañado y no se dice la verdad. Tampoco estamos diciendo que la verdad está toda del otro lado, pero nuestro Arzobispado ha tenido la satisfacción_ aunque lo han rodeado de policías en ciertos momentos_ de que hayan llegado a declarar lo que han vivido. Les hemos dicho: "No queremos cuentos ni interpretaciones de terceros, díganos lo que Ud. ha visto, lo que Ud. ha vivido". Y es cruel, hermanos, lo que ha pasado. La prensa ni la televisión no han dicho la verdad. Ni siquiera en los juzgados donde se debe de llevar la verdad purificada se han presentado con toda libertad quienes han de ser tomados en cuenta, como son los mismos acusados. Yo quisiera reclamar a la Corte Suprema de Justicia, una Justicia más auténtica para que la justicia tampoco sea como los medios de comunicación, solamente parcializada.

LA IGLESIA NO PROMUEVE LA VIOLENCIA


"También queremos aclarar una vez más que la Iglesia y este Arzobispado no ha defendido nunca la violencia ni ha incitado a ella. Más bien, como lo recordamos en reciente mensaje de enero, la Iglesia dice: "Sí a la paz, no a la violencia!" La afirmación, por lo tanto, de que la Iglesia esté instigando a la violencia es falsa y calumniosa.

Esto lo repetimos aún a sabiendas de que ciertos sectores no quieren convencerse de ello y buscan en la Iglesia el origen de unos males que provienen de la escritura injusta de la sociedad. Ya nuestro venerable predecesor, Mons. Luis Chávez y González, tuvo que defenderse de esta calumnia en comunicado del 9 de diciembre de 1976 y nosotros lo hemos repetido abundantemente en nuestras homilías, mensajes y pastorales. Debe, pues, quedar bien claro que la Iglesia no quiere promover la violencia".

Es lástima también, hermanos, que hasta en comunicados oficiales como es el del Ministerio de Defensa se está echando la culpa a las "prédicas subversivas". Y que con una malicia bien entendida se diga que son "asociaciones religiosas" las que están provocando el desorden. Ya se ve la tendencia de echar la culpa a la Iglesia. Y por eso, desde hace mucho tiempo hemos tratado de definir muy bien lo que es la Iglesia: defendiendo los Derechos Humanos, las justas demandas de los campesinos, distinguiéndola de las agrupaciones de las cuales muchos hijos de la Iglesia tienen derecho de incorporarse pero no son la Iglesia.

Que quede bien claro ésto: Las agrupaciones; concretamente FECAS, UTC no son Iglesia, no son asociaciones religiosas. Si allí hay católicos, tienen derecho de inscribirse como ciudadanos en la organización que les de la gana. Son responsables de su conciencia y de sus hechos, pero no digan que la Iglesia es la que está sembrando la violencia, la discordia. Así como tampoco es Iglesia cuando los bautizados de ORDEN o de los ejércitos atropellan a otros hermanos. No es culpa de la Iglesia; aunque ellos son bautizados no están viviendo su bautismo. La Iglesia, pues, no es responsable aún cuando los hombres de gobierno se proclamen católicos bautizados, no son Iglesia. La Iglesia es lo que voy a decir después; pero la Iglesia inspira su palabra, su pensamiento y puede estar muy de acuerdo en las demandas justas cuando la justicia social le está exigiendo a la Iglesia en nombre del Evangelio que haya más fraternidad, lo que ahora vamos a decir.

LA VERDADERA RAIZ DE LA VIOLENCIA


"Adentrándonos en las raíces reales de la violencia queremos recordar que si no se crea una posibilidad social y política en la cual los más pobres de nuestro pueblo, y los campesinos, puedan exponer sus urgentes necesidades y presentar sus justas demandas, los brotes violentos aumentarán desgraciadamente. Si a los campesinos se les cierran todas las puertas para dialogar, para organizarse en defensa de sus legítimos intereses, para manifestarse pacíficamente, entonces _como ya lo dijimos en el citado mensaje de enero comentando la Ley de Garantía y Orden Público_ aumentarán los incidentes violentos. Es urgente, por lo tanto, que se cree un clima social y político donde las necesidades de los campesinos puedan ser expresadas con claridad y libertad".

Hermano, el derecho de organización es un derecho humano. Nadie lo puede restringir. La Constitución ya pone los principios básicos con tal que no sean contra la moral y el orden; pero todo lo que es buscar comida para la familia, terrenos donde se pueda sembrar; abaratar los abonos, los insecticidas; preocuparse por esas cosas vitales de la vida y organizarse para no morirse de hambre, tienen derecho. Y venir a una cita que se les dá en un banco donde van a estudiar el asunto y encontrar ese banco cerrado, burlándose de la cita y el retorno de estos hombres, ser atacados de la manera que fue el 17 de marzo, ¡no es justo!

En ésto, pues, la violencia no la está sembrando la Iglesia, la violencia la están sembrando las situaciones injustas, la situación de instituciones que como las leyes injustas solamente favorecen un sector y no tienen en cuenta el bien común, la mayoría sobre todo. Y aquí la Iglesia no se podrá callar, porque es un derecho evangélico que la asiste y un deber al Padre de todos los hombres, que la obliga a reclamar a los hombres la fraternidad.
URGE TRANSFORMAR LAS ESTRUCTURAS

"Pero ni siquiera este diálogo servirá para restablecer la paz deseada si no se dá la firme voluntad de transformar las estructuras injustas de la sociedad. Sólo esa transformación será capaz de eliminar las violencias concretas presivas, represivas o espontáneas. De otra manera, como lo han dicho los obispos latinoamericanos, la violencia se "institucionaliza" y por ello sus frutos no se hacen esperar.

La Iglesia cree en la paz; pero sabe muy bien que la paz no es ni la ausencia de violencia ni se consigue con la violencia represiva. La verdadera paz sólo se logra como fruto de la justicia. Queremos creer que ningún hombre ni ningún salvadoreño de buena voluntad quiere la violencia, las luchas entre hermanos campesinos, los operativos militares. Pero el combatirla de verdad es ponerse a trabajar en la tarea vigente, larga y dura de compartir justamente entre todos los salvadoreños, las riquezas de nuestro país y de nuestros hombres y mujeres".

Esto no es comunismo, esto es justicia cristiana, y señalar las raíces de la violencia no es sembrar violencia sino señalar las fuentes de la violencia y exigir a quienes pueden cambiar, que cambién, que se vea un paso positivo hacia una construcción de verdadera patria, de verdadero bien común. Sólo reprimir con sólo operativos militares no logramos nada más que sembrar más violencia.

Ayer fue en Aguilares, ayer fue en San Pedro Perulapán, anoche ya se anunciaba en Perulapía o San José Guayabal. Pueden ir surgiendo si la raíz está puesta. Y si la raíz está bien sembrada ¿que extraño es que broten por todas partes lo que la raíz exige?

LLAMAMIENTOS URGENTES


"Por ello hacemos un llamado a todos los salvadoreños de buena voluntad a cooperar en la paz verdadera y a promover la justicia. Y condenamos de nuevo la violencia de las estructuras y aquel tipo de violencias concretas que ocasionan inevitablemente una auto-defensa violenta. -Ni con la violencia institucionalizada ni con una defensa que tome venganza por su propia cuenta-. De otra forma no saldremos nunca de la espiral de la violencia.

Hacemos un llamado a la cordura y la reflexión. Nuestro país no puede seguir así. Hay que superar la indiferencia entre muchos que se colocan como meros espectadores ante la terrible situación, sobre todo en el campo. Hay que combatir el egoísmo que se esconde en quienes no quieren ceder de lo suyo para que alcance para los demás.

Hay que volver a encontrar la profunda verdad evangélica de que debemos servir a las mayorías pobres.

Hacemos también un llamado al Gobierno para que ponga los medios eficaces de pacificar el país. Creemos que uno de ellos sería una amnistía, razonable y generosa, como muestra de que en verdad se quiere la paz entre los salvadoreños. Sería un primer paso hacia el diálogo común, que conduciría a otros pasos en la construcción común de un mejor orden social".

Esta semana, hermanos, ha sido para mí muy reveladora en este sentido. Ustedes saben que ante la situación he organizado un Comité de Solidaridad. Por una generosa iniciativa de una señora, se hizo el llamamiento a todas las organizaciones que nos acordamos. Llegaron muchos, pero muchos solamente mandaron el recado: "no podemos porque no podemos tomar partido". Otro, "porque no nos podemos meter en política". ¡Qué lástima, hermanos, que seamos tan indiferentes bajo el pretexto de no meterse en política! Se quedan con los brazos cruzados y hacen el bien únicamente cuando hacer el bien es fácil o es glorioso, trae prestigio. Servir es sacrificarse.

Yo quiero agradecer aqui a las agrupaciones que se presentaron y nos están ayudando: y de manera especial quiero hacer una alusión muy elogiosa a un grupo de abogados y de estudiantes de Derecho que van a ayudar, no digo a la Iglesia, sino al pueblo salvadoreño, al que necesita una voz que se oiga en los tribunales, en el Gobierno, donde muchas veces la voz del pobre queda apabullada por la gritería injusta de las prepotencias. Yo les agradezco queridos hermanos abogados y estudiantes de Derecho, y ojalá sea eso la señal de unas leyes, de una legislación, de unos principios constitutivos del país que sean verdadera esperanza y alegría de todo el pueblo y no más bien temor, terror, desconfianza.

Mucho esperamos de los abogados cuando los anima un espíritu verdaderamente cristiano, así como lamentamos aquellos que no se pueden meter porque pierden la clientela, no tienen valor, vale más la bolsa, las conveniencias. ¡Qué lástima! Y aqui hago un llamamiento especialmente a los que se dicen católicos, aquéllos sobre todo que son instrumento de la Iglesia, de la pastoral: los colegios católicos tienen que ser resonancia de la voz evangélica y enseñar a sus alumnos y a las familias que allí se acercan, la verdadera voz de la Iglesia. Las comunidades, las parroquias, en cualquier sitio de la ciudad en que se encuentren, tienen que ser voz de la Iglesia y no rehuir como el sacerdote de la parábola del Buen Samaritano.

ORACION Y AMOR


Finalmente, hermanos, "A todos les pedimos una oración por los muertos y sus familiares, para que los muertos descansen en paz del Señor y éstos _ los familiares_ puedan reconstruir sus vidas muchas veces ya carentes del pilar que la sostenía".

Quiero aquí evocar con cariño y tristeza la memoria de Miguelito Acosta, el pobre muchachito que buscando trabajo en San Salvador no encuentra donde dormir más que en una camioneta que se incendia, donde se carboniza. ¡Qué cuadro más terrible el de la madre y de la hermana que vienen para enterrar el cadáver del que tal vez era la esperanza de la familia! Frutos de nuestra organización social.

"Y pedimos también la cooperación generosa de todos para ayudar económicamente a tantas familias de luto, sin hogar, con heridas". El Comité de Solidaridad está trabajando maravillosamente. En comunicación con Caritas y con las instituciones católicas está recogiendo víveres, dinero, ropa; los seguimos esperando, tanto en el Arzobispado como aquí en la oficina de Caritas. Aquí al lado Poniente de la Catedral está la oficina de Cáritas donde les agradeceré que lleven lo que puedan.

A este propósito, hermanos, permítanme alabar aquí en público una carta de la comunidad de Ilopango que trajo en la semana de Pascua el fruto de sus ayunos de Cuaresma. Isaías dice: "Ayunar es compartir el pan con el hambriento"; y en aquella comunidad: adultos jóvenes y niños se han privado de muchas cosas y han ido depositando el producto de sus privaciones. Y trajeron para ayudar a estas necesidades de San Pedro Perulapán ¢ 70.00 colones. Más que la cantidad, yo elogio aquí la calidad de este dinero, fruto de un sentido de fraternidad cristiana, de pobres ayudando a pobres. ¡Qué hermoso gesto! ¡qué comunidad más bella la que tenemos en la Arquidiócesis!

"Queremos terminar con la misma consideración evangélica con la que comenzamos. Nuestro país está herido y necesita un buen samaritano. Este es el único interés que nos mueve como pastores del pueblo de Dios. Y por ello queremos que se esclarezca la verdad, que todos puedan decir su palabra, que se escuchen las verdaderas necesidades de los campesinos, que nos pongamos a crear una sociedad que pueda satisfacerlas y que de esta forma desterremos la violencia y construyamos la paz" (S.S. 31-3-78).

EL RESUCITADO VIVE EN SU IGLESIA


Ahora, hermanos, a la luz de esta verdad ¡qué fácil es comprender las tres lecturas que se han hecho hoy! Yo titularía este comentario de hoy asi: El resucitado vive en su Iglesia. La historia de la resurrección que estamos considerando en estos días es el testimonio fundamental, esencial, de una Iglesia apostólica. La resurrección de Cristo es el título que la Iglesia muestra al público para justificar su pretensión de ser ella un instrumento de la salvación del mundo. ¿Por qué? Precisamente lo que aparece en las lecturas de hoy: el Cristo revivido insufla en la Iglesia naciente su espíritu: "Como mi Padre me envió, asi os envío", dice el evangelio de hoy. Y soplando, como el soplo del Génesis cuando a aquel ser de barro Dios sopla el espíritu de vida, Cristo que es Dios, insufla toda su misión de redención al mundo en este organismo que él ha creado: "Como mi Padre me envió yo os envío".

Y en aquel soplo él interpreta: recibid el Espíritu Santo, a los que perdonareis les queda perdonado: La misión de la Iglesia; entonces, ha nacido como en un nuevo paraíso: Adán despierta inteligente, libre, capaz de amar, imagen de Dios; la Iglesia despierta de aquel sueño de Pentecostés como una nueva creación. Eso son ustedes, hermanos que me escuchan y meditan conmigo. Eso somos la Iglesia, el nuevo ser que lleva el soplo de una vida que no va a morir nunca, de una vida de resucitado.

Pero para comprenderlo, distribuyo mi pensamiento en estas dos ideas; 1o.) Cristo vive; 2o) Cristo vive no sólo en su cielo sino en su comunidad de creyentes en la tierra.

1º CRISTO VIVE


Ojalá mi pobre palabra lograra descubrir este belleza y que cada bautizado sintiera en esta mañana de Pascua que grande es su vida, que hermosa es la Iglesia, que rica es la comunidad aunque sea de pobres campesinos cuando sienten el soplo del resucitado: Cristo vive.

a) CRISTO VIVO Y PRESENTE


Hay que ver la insistencia del evangelio de quienes fueron testigos presenciales como Tomás que lo tocó, que comió con él. Cristo insiste en sus apariciones: "Tocadme, ved, soy yo". Tienen que comer y le dan un pedazo de pez. Y come para que vean que los espíritus no comen. "Y yo soy ser de carne y hueso, soy el mismo Cristo histórico que pasando por la Pascua de la muerte y de la resurrección, vivo encarnado en la tierra: ahora ya no encarnado solamente como hijo de María circunscrito a un Nazaret, ahora como hijo de la resurrección, hijo de Dios con una carne que se puede hacer carne de todos los pueblos y de todos los tiempos, iré comprendiendo a los salvadoreños de ayer y de hoy y de mañana, soy el Cristo salvadoreño." Cristo vive en El Salvador, Cristo vive en Guatemala, Cristo vive en Africa. El Cristo histórico, Dios hecho hombre, vive en todos los años de la historia y en todos los pueblos de la geografía. Esta es la característica de este Cristo vivo y presente.

CRISTO, SEÑOR Y DIOS


Este cristo ha recibido en el Evangelio de hoy la confesión más bella que escribieron todas las páginas sagradas. Hoy, hermanos, han tenido la dicha de escuchar la página en que San Juan, el evangelista sublime, llega hasta las alturas a donde podía llegar ya un hombre por más inspirado que esté. Es cuando Tomás dudando se convence y cae de rodillas: ¡Señor mío y Dios mío! Esto es Cristo.

Fíjense que en la interpretación bíblica estas dos palabras Señor y Dios, son las que usaban los israelitas para designar al Dios de Abraham, al Dios de Jacob, al creador, y por eso lo llamaban en hebreo Yahvé, Elohim, el Señor Dios. Pues ese Dios creador, ese Dios de la alianza del Viejo Testamento, ese Dios que acompaña a la historia de su pueblo, ese Dios que no deja perecer a quien en él confía, es, asi lo llaman Tomás a Cristo: "Señor y Dios".

Es interesante recordar que en el tiempo en que San Juan escribía estas palabras, era el tiempo del Imperio Romano y que los emperadores Romanos se llamaban dioses; y ay del ciudadano que llamara dioses a otra cosa que no fuera el Emperador! Ante este reto los cristianos llamaban a Cristo "Señor y Dios": ¡No tenemos otro Dios en la tierra!

Es que ha venido trayendo una misión de redención. Que hermoso el saludo de Cristo resucitado. Tres veces aparece en el evangelio de hoy: "La paz sea con vosotros"; ese es su regalo: la Paz. Y por eso un pueblo donde se acribilla la paz, es triste decirlo, no es pueblo cristiano. El Salvador en esas zonas reprimidas, hostilizadas, donde el saludo de paz suena como un sarcasmo, es el anticristo.

Ojalá queridos hermanos de Perulapán, todos sin distinción, caigan ante el Cristo que dá única paz. No es la paz la que pueden dar los operativos militares con quienes colaboran los ejércitos de ORDEN ni tampoco es la paz la revancha que pueda tomar una organización popular. La paz sólo viene de Cristo. Sólo Cristo y creyendo en él unos y otros, podremos tener la verdadera paz.

b) ES EL CRISTO QUE HA DE VENIR


La segunda lectura de San Pedro es hermosa. San Pedro dice: "Vale la pena sufrir, porque estamos esperando el retorno cuando esta fe, que ahora es como en principio, va a culminar con el gran hecho de la salvación". Los que son sensibles a la salvación y hoy sienten que esa salvación de Cristo no puede prescindir de esta liberación de la tierra, política, económica, social, tengan en cuenta que la Iglesia tampoco puede prescindir de esta liberación de la tierra pero dando perspectivas de esperanza en el Cristo que ha de venir a poner las cosas en su puesto y hacer de la historia una ofrenda para nuestro Dios.

Que hermoso será entonces encontrarse que esta fe en Cristo, que ese Cristo que ha de venir y que yo he vivido esperando, viene con el abrazo de un amigo que hace mucho tiempo que no lo veía, que lo esperaba. Más aún, la Iglesia esposa suspira como lo vamos a hacer dentro de poco: "¡Ven Señor Jesús!". El que está lejos y es amado y sabe que lo esperan y anhela el momento de ese encuentro, eso es Cristo y esa es la Iglesia. Por eso hermanos, Cristo vive.

2º CRISTO VIVE NO SOLO EN SU CIELO, SINO EN SU COMUNIDAD DE CREYENTES EN LA TIERRA


Por eso, hermanos, mi segundo pensamiento es éste: Vive en la comunidad. Y aqui vale la pena haber escuchado hoy la primera lectura y yo les recomiendo, sobre todo a las comunidades parroquiales, comunidades de base, comunidades religiosas, que si quieren vivir su verdadero sentido cristiano en estos días de Pascua, lean con devoción especial el libro de los Hechos de los Apóstoles. La Iglesia lo toma como libro de lectura en estos cincuenta días. Los Hechos de los Apóstoles son el testimonio más bonito de como unos hombres que iban encontrando ese Cristo que vivía en la fe de unos creyentes, iban siguiéndolo en esa comunidad. Hoy nos ha contado el libro de los Hechos. Y reduciendo a tres categorías la comunidad, nos presenta la comunidad de vida, la comunidad de fe, la comunidad escatológica.

COMUNIDAD DE VIDA


Comunidad de vida era una vida, en común hasta el punto de que vendían sus cosas y las traían a los apóstoles para que las administraran; y nadie sufría, todos eran iguales.

Esto es la vida común, compartir. Estamos muy lejos de ese ideal pero por lo menos, hermanos, en nuestra Constitución hay un principio que podía ser la brecha para esta comunidad cuando dice que "la propiedad privada debe tener una función social". Función social que no sólo consiste en producir más sino en que el producto mayor redunde en el bien común de todos, con justicia, naturalmente. Que todos trabajen y que todos participen.

Vida común no es, pues, simplemente decir "yo los amo" sino con hechos. Obras son amores y no buscan razones. Hoy es una ocasión magnífica de sentir al que sufre, al que no tiene casa, al que no tiene que comer, ayudarlo. Esa comunidad de vida era tan simpática que su fama iba creciendo, nos ha dicho el libro de hoy, y por eso se iban agrupando. ¿Quiénes? Fíjense en la frase con que termina la lectura de hoy: "Se agrupaban cada día más los que iban a salvarse". Comunidad de salvación. Sólo perteneciendo a esta Iglesia que ya se conoce como instrumento de la vida de Cristo puede ser salvo un hombre, pero no basta pertenecer a la Comunidad Iglesia, si lo principal es el espíritu de Cristo que debe inundar al que pertenece a esta Iglesia. Por eso habrá muchos que se titulan católicos pero que no son cristianos porque no lleva el espíritu de Cristo y no se salvarán porque sólo salvará el espíritu del Redentor que está en esta Iglesia.

Decir que una Iglesia, que su Obispo y sus sacerdotes predican violencia, odio, es desconocer estos orígenes de la Iglesia que está puesta en el mundo para predicar el amor, la comunión.

COMUNIDAD DE FE


Comunidad de fe sobre todo, hermanos. Mucho cuidado con esta palabra porque la comunidad se debe distinguir de cualquier otra organización y agrupación humana. El católico como miembro de una Iglesia en su comunidad Iglesia, tiene que vivir los compromisos de su fe. Si fuera de la Iglesia quiere llevar su luz cristiana, su colaboración a la liberación del mundo y se inserta en una agrupación, él es responsable personalmente; y no diga que sus compañeros católicos tienen obligación de hacerse como él también miembros de esa organización. ¡De ninguna manera!, ¡eso es libre! Cada uno tiene que llevar fuera de la Iglesia la opción concreta que él quiera en conciencia seguir. Pero como Iglesia: la Iglesia sólo se compromete a ser una comunidad de fe.

¿Que quiere decir? Lo que nos ha dicho hoy la página del libro de los Hechos: Vivían asíduos a la enseñanza de los apóstoles. Era una comunidad en que se hacía mucha oración y en que se vivía la vida de los sacramentos, la fracción del pan. Esto es la Iglesia, la que está llenando hoy la Catedral con su sentido de fe para escuchar a un sucesor de los apóstoles aunque sea indigno. Eso soy yo aquí en la Arquidiócesis, el sucesor de los apóstoles en torno del cual una comunidad se agrupa para escuchar la palabra de fe.

Por eso, hermanos, estaría loco o estuviera traicionando mi misión si yo les estuviera diciendo que esta fe hay que comprometerla con tal o cual agrupación. Estaría loco si yo estuviera sembrando desde aquí la revancha, la venganza, el odio. Nunca lo he hecho. "En público he hablado" decía Cristo y cualquiera puede decir que jamás ha escuchado de mis palabras un llamamiento de venganza, al odio, a la lucha de clases, ¡jamás!

La fe es la que he predicado y esa fe en Cristo; ahora si he dicho que todo hombre iluminado por esta fe tiene que encarnarse en la historia, la historia de El Salvador; y allá cada uno mire en que puesto quiere encarnarse, con tal que viva como verdadero cristiano esa encarnación. Y no le vayan a mutilar porque la mística de esa agrupación proclama la violencia; el cristiano ya se hace violento, ya no es cristiano. O porque el cristiano se incorpora en ORDEN y en ORDEN lo mandan a golpear y a matar, ya no es cristiano. Ni uno ni otro. El cristiano es el que es fiel a su fe, fiel asiduo oyente de la palabra de los apóstoles, de la revelación de Dios y en ella inspira su vida, y la práctica de su existencia. ¡No la traiciona!

Y si hay algún católico que duda de la palabra del Obispo y va diciendo por allá a voces: "que se defina el Señor Obispo..., ¡estoy bien definido, hermanos! Ustedes son los que tienen que definirse: o con la Iglesia o fuera de la Iglesia.

COMUNIDAD DE ORACION


Otra gran fuerza de esta institución de Cristo: comunidad de oración. Eran asiduos en la oración. ¡Cómo me llena hermanos esta palabra: ¡la oración! Y cuando lean el libro de los Hechos verán cuantas veces la comunidad se reunía en oración para escoger el sustituto de Judas; por ejemplo, a Matías, oraron; cuando Pedro estaba en la cárcel, la comunidad oraba; cuando iban a salir los apóstoles a sus misiones, oraban; cuando las persecuciones de los Herodes contra los primitivos cristianos hacían temblar a la comunidad, oraban y en la oración encontraban la fuerza porque sólo Dios nos puede dar esta fuerza que el Espíritu de Cristo insufló sobre la comunidad cristiana.

Yo quiero agradecer ahora en público también esta fuerza de oración que me llega de tantas partes. No hay cosa más hermosa para mí que oír decir: "Estamos rezando por Ud. No está sólo, lo estamos acompañando con nuestra oración:" ¡Bendito sea Dios! ¡Mil gracias! Y ahora les digo: hermanos, oremos por los que flaquean, oremos por los que traicionan, oremos por los que se avergüenzan por nuestra fe, oremos por nuestros pobrecitos hermanos que dudan hasta de la sinceridad del obispo, oremos para que formemos como los cristianos, aún en los riesgos peligrosos de esta misión, que tenemos que ser firmes en lo que hay que predicar y

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