Cristo Rey, clave y orientación de nuestra historia


Cristo Rey, clave y orientación de nuestra historia
HOMILIAS 1979 Homilía del Domingo 34 del Tiempo Ordinario
25 de Noviembre de 1979


Daniel 7, 13-14
Apocalipsis 1, 5-8
Juan 18, 33-37

Queridos hermanos:

Introducción: -Agradecimiento del Papa

Con alegría de quien se siente en comunión con el Papa, les leo su agradecimiento a nuestra felicitación que le enviamos el día de su aniversario, dice así: “Señor Arzobispo: Cumplo gustoso el encargo de darle las más expresivas gracias de parte de Su Santidad por el atento mensaje de felicitación que con motivo del primer aniversario de su Pontificado, ha enviado Ud. en nombre también de los sacerdotes y fieles de San Salvador. Así mismo me es grato comunicarle que el Santo Padre, con sentimiento de afecto en el Señor, invoca sobre Ud. y sus diocesanos nuevos favores celestiales que sean prenda de renovado aliento en la edificación de esa comunidad eclesial, y les imparte de corazón, la bendición apostólica. Suyo, afectísimo en Cristo, el Secretario de Estado”.

-Se clausura hoy, el Año Litúrgico

Queridos hermanos, con este eslabón que nos une una vez más al Papa, sentimos también la alegría de estar clausurando un año más de fidelidad en el seguimiento de la Sagrada Liturgia.

*Conjugación del tiempo y el misterio de Cristo

Hoy es el último domingo del Año Litúrgico y hemos de recordar ahora, como quien desde una cumbre ve el largo camino recorrido, qué maravillosa conjugación nos ofrece el Señor entre el tiempo que pasa y el Reino de Dios que permanece desde los antiguos tiempos, aquel dicho: “stat crux dum volvitur orbis” -la cruz está firme mientras se revuelve el universo-. Esto es el Año Litúrgico, hemos ido diciendo, semana a semana, ese oleaje impetuoso de nuestro ambiente; pero, al mismo tiempo, mirando con serenidad el Reino de Dios, el misterio de Cristo, su cruz que no la conmueve nadie.

*Oportunidad de iluminar nuestros días (temor y esperanza) con el misterio de amor y poder de Cristo Rey)

Por eso, es una oportunidad este día de Cristo Rey -que con esa fiesta quiere coronarse el Año Litúrgico- de mirar este ambiente del país entre temores y esperanzas, con optimismo, como quien sabe que su corazón y su fe están clavados en el amor y en el poder de un Rey que permanece para siempre.

*fue la mente de Pío XI

Esa fue la mente del Papa Pío XI, cuando en 1925, para clausurar aquel hermoso Año Santo que cada 25 años se realiza, quiso dejar como monumento esta fiesta de Cristo Rey. Se sentían todavía las consecuencias de la Primera Guerra Mundial. Las guerras trastornan el universo, desunen a los hombres, arrastran hacia el pecado a los pueblos; hay desuniones, hay materialismo. El Papa decía: “Para que este mundo dividido, materialista, encuentre un camino de solución, señalamos este: Cristo Rey”.

-Es el mensaje de Juan Pablo II en Puebla

Así fue, también, cuando este año, a principios, el Papa Juan Pablo II nos decía en Puebla: “De vosotros, Pastores, los fieles de vuestros países esperan y reclaman ante todo una cuidadosa y celosa transmisión de la verdad sobre Cristo. Esta se encuentra al centro de la evangelización y constituye su contenido esencial… Del conocimiento vivo de esta verdad dependerá el vigor de la fe de millones de hombres. Dependerá también el valor de su adhesión a la Iglesia y de su presencia activa de cristianos en el mundo. De este conocimiento derivarán opciones, valores, actitudes y comportamientos capaces de orientar y definir nuestra vida cristiana y de crear hombres nuevos y luego una humanidad nueva por la conversión de la conciencia individual y social”.

Celebremos, entonces, con verdadera esperanza esta fiesta de Cristo Rey y prometámosle, como fruto práctico, estudiar el misterio de Cristo, desde luego, domingo a domingo, que a eso venimos. Y hoy es como la clausura de este curso mundial que, en todo el universo, la Iglesia ha impartido sobre el misterio de Cristo.

Yo siento una satisfacción muy grande: de que esta celebración de la Palabra, que constituye para nuestra diócesis una verdadera universidad, ha promovido la fe en Jesucristo y, al mismo tiempo, la encarnación de esa fe y de ese Reino en la realidad concreta de nuestro país. Y quienes han sabido seguir el pensamiento de la homilía dominical están bien seguros de que ha sido una catequesis encarnada en la realidad del país. Quienes no lo han entendido son los que pueden seguir diciendo: es una predicación política.

Quiera el Señor, pues, que todos comprendamos el esfuerzo que la Iglesia está haciendo por vivir un evangelio de Cristo, iluminando y encarnándose en nuestra realidad, “Porque sólo así -dice el Papa Juan Pablo- tendremos actitudes propias del cristiano de hoy…” aquí en el país.

*Las lecturas sugieren el tema

Las lecturas que acaban de escuchar, sugieren a la luz de todas estas esperanzas de la Iglesia el tema de la homilía de hoy:

Cristo Rey, clave y orientación
de nuestra historia

Por tres razones:

1ª    Porque el Reino de Cristo es el Reino de Dios.
2ª    Porque la misión de Cristo es la verdad.
3ª    Porque el objetivo de Cristo es la liberación integral de todos los hombres.

1. PORQUE EL REINO DE CRISTO
ES EL REINO DE DIOS

a)    Es Rey

ante todo afiancemos esta gran verdad que él proclamó ante Poncio Pilato: “Rex sum ego” -Yo soy Rey.

El evangelio recoge las promesas y las expectativas de todo el Viejo Testamento.

Venían esperando un Mesías Rey que se había prometido como un descendiente de David.

*San Juan hace del relato de la pasión de Jesucristo, más bien, el relato de su glorificación. A pesar de las humillaciones de la pasión, Juan nos presenta la serenidad de un rey.

-Su “ironía” hace de la escena del Pretorio la proclamación oficial y la entronización de este Rey.

Es propio de San Juan -se le llama la ironía Joánica- es el apóstol, el evangelista de la ironía. Y en una ironía magistral nos cuenta la humillación de Cristo, nada menos que como la proclamación oficial del Imperio más grande de la historia: de que Cristo es verdadero Rey.

Han visto el diálogo de hoy entre el representante de ese poderoso Imperio Romano que le dice al reo maniatado; “¿Eres tú el rey de los judíos?”. Y Cristo -en un diálogo con Pilato- termina diciendo: “Si, yo soy rey. Yo para eso he nacido, para dar testimonio de la verdad y todo el que es de la verdad oye mi voz”.

*Coronación, cetro clámide, trono… ceremonial sangriento

Y sigue la narración de Juan contándonos la coronación de espinas, el cetro de burla, la clámide, el trono, una cruz; pero, enmedio de estas sangrientas ceremonias, se está entronizando un rey. Enmedio de la ironía de un ajusticiado Dios está proclamando, tomando como instrumendo al Imperio de Roma, aquella inscripción sobre la cruz: “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”. Y no sólo de los judíos, sino de todos los pueblos.

Nosotros recogemos todo el rico contenido de ese ceremonial, le arrancamos  las espinas, limpiamos esa sangre; y queda claro, maravilloso, que Cristo es un rey muy distinto de los reyes de este mundo.

b) El Reino de Cristo es el Reino de Dios.

* Pilato no teme una rivalidad política pero intuye su poder divino.

Hemos dicho en el primer pensamiento- y ésto voy a explicarlo más ahora su reino es el Reino de Dios, Pilato no teme de ese Rey de burla, una rivalidad política; casi se ríe de él. Sin embargo, intuye en ese hombre un misterio divino. Su misma mujer le mandado decir: “No te metas con ese justo porque esta noche no he podido dormir a causa de sus sueños. Y Pilato se estremece, también, cuando oye hablar del Hijo de Dios. En la mentalidad politeísta de un romano se imagina que es un Dios que ha oído quien sabe de dónde, y le pregunta: “¿De dónde eres?” Sin embargo, Cristo sabe y nosotros sus creyentes, cual es el origen de este rey.

-Profecía clásica: “El anciano de días”... “El Hijo del hombre que viene entre las nubes”.

En la primera lectura de hoy encontramos la profecía clásica, la que los ancianos guardaban como la promesa: el hijo del  hombre que viene entre las nubes con gran poder y majestad. Esa majestad y ese poder lo toma de aquel trono que Daniel también nos presenta, donde está sentado el Anciano de días, canoso, representando la venerable vejez, el Padre, lo divino, y de allá deriva entre las nubes, el Reino que viene a esta tierra. No es un origen de la tierra.

*Doxologías de eternidad

Las doxologías que recoge la segunda lectura hoy, el Apocalipsis, canta las glorias de un Reino que no es de este mundo: A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos, Amén.” Como ecos de ángeles que se oyen bajando a la tierra.

Y en la voz de Cristo, la palabra misma de Dios: Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el Todo poderoso. El alfa y la omega, como ustedes saben, la primera letra del griego, y la última letra del alfabeto griego, como para decir: yo comprendo todas las lecturas y todas las escrituras, yo soy el secreto de todo cuanto existe, el principio y el fin. Cuando comencé a ser la naturaleza ya existía y cuando termine la historia, seguiré existiendo. La historia de que los hombres tanto se glorían no es más que una motiva en el sol de la eternidad que soy Yo.

* Cristo ha traído a la tierra el Reino de Dios.

Por eso, el Concilio Vaticano II hablándonos de este Reino de Dios, dice que Cristo lo ha traído: “El misterio de esta Santa Iglesia se manifiesta en su fundación. Pues nuestro Señor Jesús dio comienzo a la Iglesia predicando la buena nueva... la llegada del Reino de Dios prometido desde siglos en la Escritura y así comienzo diciendo-: “Porque el tiempo está cumplido, y se acercó el Reino de Dios.”- Y esta Iglesia es el testimonio de que el Reino de Dios existe aquí entre nosotros-... Sobre todo- dice el Concilio- el Reino de Dios se manifiesta en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, quien vino a servir y a dar su vida para la redención de muchos.” (LG. 5)

* Relación Reino de Dios-Iglesia

Aquí nos expresa ya una relación muy interesante de ese Reino de Dios, traído por Cristo y al que la Iglesia sirve. ¿Qué relación hay entre el Reino de Dios y la Iglesia? La Iglesia no es todo el Reino de Dios. La Iglesia es una servidora del Reino de Dios, anuncia el Reino de Dios y lo más bello de todo es que la Iglesia, dice:”... recibe la misión de anunciar el Reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y construye en la tierra el germen y el principio de ese Reino”. (LG.5)

Miren que honor, queridos católicos, la Iglesia es testimonio de que ya el Reino de Dios está entre los hombres; y ella misma, la Iglesia, es germen, pequeñito como el germen. Toda la humanidad es más inmensa que la Iglesia pero la Iglesia posee el germen del Reino de Dios. Cuanto más cristianos nos hacemos, somos más testimonio de esa gran verdad, de el Reino del Cielo que ha bajado a hacerse reino de los hombres.

c) Relación Reino de Dios y reinos históricos.

-Animar en la persecución.

Según la mentalidad de los judíos había una lucha a muerte entre el Dios que reina y el demonio que le quiere arrebatar el imperio de Dios. Y así nos presenta la historia de Israel: como una lucha ente Dios y el demonio; y los reinos de la tierra a veces se convierten en agentes de ese reino del infierno contra Dios. Y para animar en los días de persecución, sacaban a relucir toda esa creencia y toda esta esperanza.

* Los cuatro imperios que animaron Palestina.

Por eso, esta profecía de la primera lectura, antes de contarnos esta alabanza del Rey del Cielo que viene entre las nubes, nos ha contado la historia de Israel, sobre todo en sus cuatro imperios que han dominado a Israel: Nabucodonosor, el reino de Babilonia que impera sobre Palestina y que se ha llevado cautivos a los hijos del Reino de Dios. Luego fue vencido ese imperio de Babilonia por los Medos y el pobre pueblo de Israel pasa a otro dueño. Luego vence el Imperio de los Persas, con el providencial personaje Ciro, que dá libertad a los israelitas para que puedan volver a Jerusalén y construir su templo. Pero ya en Jerusalén se dá otra vez otra invasión: los griegos, el imperio de Alejandro de Macedonia.

-Las dos revelaciones

* La estatua de Nabucodonosor

Esto es lo que recoge el profeta Daniel para representarlo en una famosa visión, una estatua con su cabeza de oro, con su tronco de bronce, sus brazos de hierro y sus pies de polvo; que una piedrita de la montaña que nadie arrojó, vino y derribo la estatua de los cuatro imperios y comenzó la piedrita a crecer hasta hacerse una montaña que es el Reino de Dios sobre imperios despedazados.

* Las cuatro bestias.

También el profeta Daniel nos presenta un día la tempestad que agita el mar, y desde el mar surgen cuatro bestias. Una en forma de león, otra en forma de oso, otra de leopardo y por fin una cuarta bestia que no la menciona y que califica, pero dice: con dientes de hierro y patas de hierro y que estaba sedienta de sangre y devoraba carne. Es el misterio apocalíptico que está describiendo la persecución a los creyentes en Dios. Pero entonces es cuando surge sobre esos animales, ya matados, el trono del Poderoso, de donde deriva el rey que viene a este mundo. Otra vez, pues, el triunfo de Dios sobre los imperios históricos.

-Apocalipsis, aliento a los cristianos en la persecución.

¿Y qué otra cosa es la segunda lectura de hoy, cuando nos está describiendo el Apocalipsis al príncipe de los reyes de la tierra?... Todo ojo lo verá y también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se le unirán a su carro”. El Apocalipsis ya es otra época. El Apocalipsis fue escrito por San Juan para dar ánimo a los cristianos que estaban sufriendo la persecución de Nerón. Ya no son los cuatro viejos imperios.

El imperio en tiempo de Cristo era Roma que gobernaba la Palestina, y los cristianos tanto en Roma como en la Tierra Santa, sufrían esta persecución, y para animarlos para no claudicar, San Juan, les describe el destino del Reino de Dios y los destinos frágiles de los reinos de la tierra. A él lo verán hasta los que lo atravesaron. Los romanos que fueron los instrumentos de su crucifixión lo verán; y los pueblos que lo despreciaron, llorarán ante él. Este es el desenlace de la historia. El Señor es el dueño de la historia, es el Rey de los siglos.

COMUNIDAD QUE REFLEXIONA

El Evangelio de San Juan, está escrito en otro contexto parecido al Apocalipsis. Es bajo Poncio Pilato, bajo la soberbia y el orgullo de los romanos, que el evangelio narra la pasión de Cristo; pero que se desenlaza en la resurrección final del Señor y dá tiempo y dá aliento para que sean fieles a ese Rey que nadie lo puede vencer. Los mismos que lo atravesaron, los que lo clavaron, los que le metieron la lanza en el costado, los que lo escupieron, los que lo coronaron de espinas, lo van a ver, ¡Qué terrible será el encuentro con el Rey con quien se ha jugado de esa manera!

* MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO

En el evangelio, la reflexión cristiana grabó esa frase inmortal de Jesucristo: “Luego, ¿tú eres rey?” le pregunta Pilato. Y Cristo dice: “Mi reino no es de este mundo. Si fuera de este mundo, mi guardia, mi ejército -todo eso que en lenguaje político es el poder- ya me hubiera defendido de los judíos”. El era judío y, sin embargo, dice: “Si yo fuera rey, me  defendieran de los judíos”.

** No a nivel de rivalidad política

Por eso -dice un gran comentarista esta frase: no la pudo decir un Mesías judío. Era un rey superior a su misma patria, era un rey que si es cierto que dice: “mi reino no es de este mundo”, no es por marginarse de esos reinos, sino que quiere decir: mi reino no está al nivel político de los reinos de este mundo, no tienen nada que temer de mis ejércitos, no tengo; no tienes nada que temer de mi diplomacia, no la tengo; yo no soy un poder político, no tengas miedo.

Y el  mismo Pilato, diplomático y político, no encontró causa para condenarlo- por político o diplomático- al Señor, sino por el capricho de los judíos que se valieron de un argumento político: “Si no lo condenas, no eres amigo del César y nosotros te vamos a mal informar y te van a quitar este puesto”. Y por cuidar su puesto político, Pilato comete una gran injusticia. Pero que quede bien claro: que Cristo Nuestro Señor ha proclamado que su Reino no es del nivel político, que su Reino baja del Cielo con poderes especiales de Dios para poder, precisamente, subyugar con la ley de Dios, bajo la verdad de Dios, a todos los imperios del mundo.

** Está en el mundo para trascenderlo.

El no tiene unos límites, una fronteras, porque su Reino es sin fronteras, por encima de todos los pueblos. No es de este mundo pero está en este mundo. No es de este mundo pero manda a este mundo, y los gobernantes y las legislaciones tienen que someterse a él.

-Que fácil sería comprender aquí nuestro hacer cristiano, nuestro quehacer pastoral y eclesial. Cuántas reflexiones de grupos cristianos parecen a veces análisis políticos. Se han olvidado que no es allí nuestra fuerza. Cuántos cristianos tienen como respeto humano al partido político, a la organización política; y por congraciarse con ella, no les importa que quede mal la Iglesia. Cuántas veces estamos haciendo más bien grupos políticos que comunidades cristianas. Hay que tener en cuenta que el quehacer de Cristo ante Pilato y ante todos los imperios y las políticas del mundo es mantenerse autónomo, rey que ha bajado del cielo, y que se encarna en esta tierra para trascender a los reinos desde sus propias entrañas, pero no identificándose con ellos.

Yo quisiera, queridos hermanos, y, sobre todo, ustedes queridas comunidades de base, queridos agentes de pastoral, queridos sacerdotes, no tenemos nada que mendigar a las políticas de la tierra cuando tenemos una luz que ilumina todas esas políticas. No nos parcialicemos a ningún sector. Mantengamos la autonomía de Cristo aunque maniatado frente a Pilato: “Mi reino no tiene nada que temerlo porque es superior a tí mismo”. O como cantaban el Día de los Reyes: ante Herodes que tenía miedo que el Niño nacido le fuera a quitar su imperio, la Iglesia le canta: “No temas Herodes, no viene a quitar reinos temporales, él que dá reinos eternos”.

Es cierto que no nos podemos apartar de las realidades políticas de la tierra, de las realidades económicas y sociales, pero seamos siempre como la luz que ilumina sin contaminarse con las realidades que iluminan, sino entrañándolas, dándoles calor, pero conservando siempre su autonomía de sol y de luz. Por eso paso a los otros dos pensamientos.

2. PORQUE LA MISION DE CRISTO ES LA VERDAD

¿Por qué Cristo pudo decir: “Mi reino no es de este mundo y, sin embargo, ser proclamado hoy el Rey Universal?

Que diálogo más interesante, como que pervierte un poco el horizonte de la pregunta pero no lo está distorsionando, sino que lo está profundizando hasta su profundidad más grande, cuando dice Pilato: “¿Conque tú eres rey?”

Cristo le dice: “Tú lo dices: soy rey. Yo para ésto he nacido y para ésto he venido al mundo, para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.

-La verdad es fidelidad.

La verdad en el sentido bíblico puede ser la verdad contra la mentira; pero puede ser también la fidelidad. Más bien se usa en este sentido, la fidelidad porque la verdad es fidelidad, y es que en Cristo se dá el testimonio más elocuente de la fidelidad de Dios. La Biblia llama a Cristo: “el amén de Dios”. En él se cumple, hasta el último ápice, todas las promesas de Dios a los hombres. Cristo es la promesa cumplida, Cristo es la fidelidad de Dios, Cristo es la verdad. El es el Alfa y la Omega, el principio y el fin de todo cuanto existe; nadie conoce tan a fondo la realidad de las cosas como el rey de la verdad. Por eso a Cristo nadie le puede decir mentiroso. Dice San Juan: No había necesidad de decirle lo que hay en el hombre porque él conoce lo que hay en el corazón de cada hombre.

Que tremenda debió ser la mirada de Cristo cuando se murmuraba de él en el pensamiento. Se les quedaba mirando: “Hipócritas, ¿qué estáis pensando?” Es que ante la verdad, la intriga se avergüenza. Cuando el evangelio nos comienza a contar el misterio de la encarnación del Verbo, la palabra eterna de Dios, la Palabra que contiene todo lo creado y lo infinito de Dios, esa palabra se hace hombre. Y entonces dice San Juan: “Vimos en él al Hijo de Dios lleno de gracia y de verdad”. Qué hermosa es la figura personificada de la verdad: ¡Cristo, la Palabra eterna hecho hombre! No hay amistad más grande que la amistad de un hombre sincero. ¿Quién es más franco y sincero que Cristo? él es la verdad.

-Verdad también es la revelación

Todo lo que Dios ha querido manifestarle a los hombres se contiene en Cristo. Cuando él se despedía de los apóstoles, les dice: “Ya no os llamo siervos, sino amigos; porque os he revelado todo lo que oí de mí Padre”. Ya no hay secretos para el cristiano que quiere amar a este testigo de la verdad: Jesucristo, que nos ha traído todo de las entrañas de Dios, lo que es necesario conocer para la vida. Dichoso el hombre que tiene fe porque cree en la verdad. Pobrecitos los que no tienen fe, los escépticos, los que se han apartado de Cristo, sólo él puede dar luz de verdad.

-”Testigo fiel”.

Y en la segunda lectura de hoy, el Apocalipsis lo llama: “El Testigo Fiel”. El Testigo Fiel, el que puede decirle a Nicodemo: “Lo que hemos visto, narramos”. No decimos cosas distintas, somos testigos de la verdad de Dios. Ante esta verdad, ¿cuál es la actitud nuestra, queridos hermanos?

* Quedarse solo ante el mundo: Cristo

Para mí es bien impresionante ese momento en que Cristo está solo frente al mundo representado en Pilato. La verdad se queda sola, los mismos seguidores han tenido miedo, la verdad es tremendamente audaz, y solamente los héroes pueden seguir la verdad. Tanto es así, que Pedro, que le ha dicho que morirá si es necesario, anda huyendo de cobarde, y está Cristo solo.

No le tengamos  miedo de quedarnos solos si es en honor a la verdad. Tengamos miedo de ser demagogos y andar ambicionando las falsas adulaciones del pueblo. Si no le decimos la verdad, estamos cometiendo el peor pecado: traicionando la verdad y traicionando al pueblo. Para Cristo es preferible quedarse solo, pero ante el mundo representado en Pilato poder decir: “Todo el que oye mi voz es de la verdad”.

* Indiferencia de Pilato: “¿Qué es la verdad?”

Aquí viene la actitud de Pilato, con una pregunta se resuelve el problema. Cuando Cristo le ha dicho: que el que es de la verdad, oye su voz. Pilato con un orgullo y un desprecio digno de un romano altanero le dice: “¿Y qué es la verdad?” Dá media vuelta, y sigue el proceso para que lo flagelen, para que lo entreguen a la muerte. Que cerquita tuvo la verdad este hombre; pero con un sentido de escepticismo, de orgullo, de rechazo a Dios, no la supo aprovechar la hora en que estuvo frente a frente con la verdad.

-En tiempos de opiniones políticas: Concilio Vaticano II...

En estos tiempos, en que abundan las opiniones políticas, que bueno sería tener en cuenta que sólo Cristo tiene la verdad y que la verdad puede ser parcializada por muchas maneras. Yo traigo aquí el texto del Concilio, cuando habla de la diversidad de opiniones es materia política. Es de mucha actualidad este pensamiento. Frente al único que tiene toda la verdad que es Cristo los hombres, sólo poseyendo la fe, tenemos la verdad de Cristo, pero al aplicarla en las realidades concretas de la historia puede haber diversas maneras.

Oigan este pensamiento de la Iglesia en el Concilio: “... en virtud de su misión y naturaleza la Iglesia no está ligada a ninguna forma particular de civilización humana ni a sistema alguno político, económico o social. La Iglesia, por esta universalidad, puede constituir un vínculo estrechísimo entre las diferentes naciones y comunidades humanas, con tal que éstas tengan confianza en ella y reconozcan efectivamente su verdadera libertad para cumplir con tal misión”. (GS. 42)

Y recuerda luego que todos aquellos que tengan opciones en política, sepan ser modestos y dar a otros también la razón. “Muchas veces- dice el Concilio- sucederá que la propia concepción cristiana de la vida, incline a los cristianos, en ciertos casos, a elegir una determinada solución. Pero podrá suceder, como sucede frecuentemente y con todo derecho, que otros fieles guiados por una no menor sinceridad, juzguen del mismo asunto de distintas maneras. En estos casos de soluciones divergentes, aún al margen de la intención de ambas partes, muchos tienden fácilmente a vincular su solución con el mensaje evangélico. Entiendan todos que en tales casos a nadie le es permitido reinvidicar en exclusiva a favor de su parecer la autoridad de la Iglesia. Procuren siempre hacerse luz mutuamente con un diálogo sincero, guardando la mutua caridad y la solicitud principal por el bien común”.

Que oportuno es ésto, hermanos, cuando hay tanto fanatismo en que sólo yo tengo la solución de esta situación del país: “La Junta del gobierno no tiene la razón, o alguno del gobierno; sólo nosotros tenemos la razón, los otros no la tienen”.

Entre todos tenemos que buscar la solución y aquellos que se aferran a su único pensamiento, están pecando contra el bien común. Ni siquiera que fueran cristianos, teniendo diversas opciones políticas, pueden apropiarse el pensamiento de la Iglesia como para ellos solos. Es tan fecundo el sol de la verdad de Cristo, que puede iluminar el pluralismo ideológico, no sólo en política sino en todas las técnicas, y ciencias, y artes de la naturaleza que también tienen su propia autonomía.

Yo creo que ésto es de mucha actualidad y de mucha trascendencia cuando queremos nosotros apropiarnos del monopolio de la verdad. Sólo Cristo tiene el monopolio de la verdad, sólo él puede decir: “Yo soy la verdad, y el que es de la verdad oye mi voz”. Los demás tenemos que respetar las opiniones, las opciones de los otros, y confiar también en los hombres porque son hijos de Dios y tienen capacidad, tal vez, mejor que la que yo tengo.

3. PORQUE EL OBJETIVO DE CRISTO ES LA LIBERACION INTEGRAL DE TODOS LOS HOMBRES

a) Interpretación colectiva del “Hijo del Hombre” glorificado: Cristo- Pueblo de Dios.

En la primera lectura, cuando se habla del hijo del hombre que viene entre la nubes y se acerca al trono de Dios, los intérpretes tienen una opinión muy bonita: Y es que ese Hijo del hombre glorificado, no es Cristo individualmente solo, es Cristo con todos sus cristianos. Todo el cuerpo místico, todos los que han creído en él, todos los que han muerto fieles a su seguimiento, serán glorificados en una sola cabeza que es Cristo. Y ese cuerpo misterioso de Cristo, hecho de hombres que lo siguieron en esta tierra será, precisamente, la gloria de la Iglesia celestial en su consumación. Nosotros, hermanos, nosotros tendremos la dicha de ser, si nos salvamos, miembros vivos del Hijo del Hombre glorificado ya como Hijo de Dios. Procuremos ser fieles para merecer esa promoción, que no hay otra igual.

b) Los frutos de la redención: el Reino de Dios.

Por eso, en la segunda lectura, el Apocalipsis nos relata los diversos frutos de ese Reino de Dios trabajado por Cristo en la tierra.

-Cuando lo llama el “primogénito de entre los muertos”.

Como si dijéramos: la primera flor que brotó de un jardín nuevo; como si dijéramos: la primera cosecha del árbol que plantamos con tanto cariño. Esta Iglesia va dando frutos de resurrección. Y el primer resucitado, el primogénito, la primera fruta de la Pascua, es Cristo Nuestro Señor. Este título provoca en mí y en todos nosotros, el ansia de seguir a este Primogénito. Nosotros, sus hermanos, seremos engendrados también para esa gloria de la pascua y de la resurrección. Ya Cristo resucitado ha puesto en el mundo el principio de la inmortalidad. Dichosos los que creen en Cristo muerto y resucitado porque ya han puesto en su alma, los gérmenes de la vida eterna.

- Dice también hoy el Apocalipsis: “Nos amó”.

Esta es la causa primera. Dios nos amó y su amor se hizo concreción humana en Cristo Nuestro Señor. Y mirar a Cristo frente al enfermo, frente al ciego, frente al inválido, frente al pecador, es la misericordia, es el amor de Dios por los caminos de esta tierra. ¿Quién no se acerca con cariño al amor del Señor en Cristo Jesús? Vive en la tierra y nos ama. -“Y por ese amor dice el Apocalipsis- nos ha librado de nuestros pecados por su sangre”.

El sabía que el Padre le pedía como precio del perdón su propia sangre y no tuvo horror a los tremendos padecimientos del Viernes Santo, sino que se entregó. En su carne iban todas nuestras iniquidades, dice el profeta. Y Dios cobró de él el precio de nuestra liberación. No hay liberación más profunda que esta de Cristo. ¡Cómo quedan ridículas las liberaciones que hablan sólo de tener más sueldos, tener más dinero, los mejores precios! Las liberaciones que sólo hablan de cambios políticos, de personajes en el gobierno, son parcelas nada más de la gran liberación, esta que pagó la raíz de todos nuestros males, de todas nuestras injusticias. Y si las liberaciones de la tierra no encajan en esta gran liberación del Gran Libertador: Cristo; están muy mutiladas, no son auténticas liberaciones, son partes de liberación...

-Continúa el Apocalipsis con otra frase genial: “Nos ha convertido en su Reino y ha hecho de nosotros sacerdotes para Dios su Padre”.

Que grandiosa la dignidad del cristiano, nos ha hecho Reino. Todos nosotros si lo seguimos y crecemos en él y nos convertimos, somos su Reino. Y su Reino no tendrá fin y nosotros no tendremos fin en ese Reino. La gran esperanza está aquí; la gran promoción es ésta. Más aún, no sólo se contentó con hacernos súbditos de su Reino, sino que nos hizo sacerdotes, es decir, nos compartió la dignidad que el bautismo nos comunica de ser pueblo sacerdotal.

* Desde nuestro propio papel en el mundo, ser sacerdotes que consagran el mundo a Dios. El abogado, el médico, el ingeniero, el gobernante, el ministro, el jornalero, el obrero, la señora del mercado, el estudiante, todas las categorías humanas. Cuando se vive esta belleza de la redención que llevo por mi bautismo y mi dignidad de pueblo sacerdotal, estoy consagrando a Dios este oficio, esta clientela, este trabajo.

Esta sería la teología más profunda para limpiar a nuestra patria de tanta podredumbre con que la han manchado los malos gobernantes y los malos servidores. Que distinto fuera El Salvador, no estuviéramos viviendo esta crisis si de veras hubiéramos compartido esta gran enseñanza de Cristo Rey, que nos ha hecho a todos los salvadoreños Reino de Dios, pueblo sacerdotal; para dignificar nuestra vida, nuestro hogar, para no traicionar a la esposa, para no tener hijos fuera del hogar, para respetar a la mujer, para hacerse respetar en su gran labor de fecundidad, para no hacer de la vida un prostíbulo, para no hacer de la vida un latrocinio, para no hacer de la vida una fuente de pecado; sino la redención que no significa para santificar esta vida que Dios nos ha dado y que es buena pero que nosotros la manchamos con nuestros pecados.

Seamos dignos de esta grandeza porque la fiesta de Cristo Rey no es venir a dar a Cristo una felicitación porque él es Rey, sino es venir a decir: “Señor tu reinado me complica tremendamente, yo también soy miembro de esa responsabilidad tuya, y en el mundo tengo yo también que hacerte reinar.

HECHOS DE LA REALIDAD NACIONAL EN LA VIDA ECLESIAL

Por eso yo les invito a que reflexionemos un poquito en la realidad de nuestra Iglesia. Lo que hemos hecho esta semana, corresponde perfectamente a estos designios de Dios, que quiso hacer su Iglesia como g

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