Jesús maestro de la verdadera religiónJesús maestro de la verdadera religión


Jesús maestro de la verdadera religiónJesús maestro de la verdadera religión
HOMILIAS 1979

22º Domingo del Tiempo Ordinario

2 de septiembre de 1979

Lecturas:

Deuteronomio: 4, 1-2. 6-8

Santiago: 1, 17-18. 21b-22. 27

Marcos: 7, 1-8a.14-15. 21-23
Queridos hermanos:

Introducción: Circunstancia de la toma de Catedral y el Rosario y tener que peregrinar a la Basílica; todos tenemos la culpa
Me dá la impresión, esta mañana, que ustedes y yo somos una imagen de la Iglesia peregrina. Afuera hay un cielo que llovizna, un día gris, un día triste. No tenemos una catedral donde celebrar nuestra eucaristía. La misa que en esa ocasión vamos a celebrar a la Iglesia de El Rosario, tampoco se puede celebrar allá porque está ocupada. Y venimos a pedir hospedaje a la Basílica del Sagrado Corazón Agradecidos con esta hospitalidad somos la imagen de una Iglesia parecida a aquel pueblo que con Moisés a través del desierto levanta su tienda y camina otro tramo. Siempre se dá el signo, el de algo que se busca, de un peregrinar, de algo que no está establecido: la Iglesia peregrina,  la que no puede instalarse en la tierra, la que no se identifica con ninguna ideología ni cosa de la tierra. Ella siempre será aquella columna de luz del desierto conduciendo a la humanidad hacia la felicidad definitiva que no existe en este mundo.

Este hecho -que lo podemos interpretar así- merece, por otra parte, analizarse: ¿por qué han estado ocupadas la Catedral, la Iglesia de El Rosario, Cojutepeque, Apopa, Suchitoto, Mejicanos, -anoche- Aguilares, San Francisco en San Miguel y quien sabe cuantas más? Es fácil decir que los jerarcas  tenemos la culpa. Es fácil echar la culpa a otros. Yo quisiera llamar a la reflexión esta mañana precisamente con la Palabra de Dios que se nos ha leído: “En cierto modo todos tenemos la culpa”.

-Frente a los ocupantes
Culpa de las organizaciones políticas populares: ¿Qué mentalidad tienen sus dirigentes? ¿Qué respeto hay en esos corazones para la vida y la misión de la Iglesia? ¿Qué sentimientos de solidaridad hay con el pueblo que es el que se beneficia de la celebración pública de su culto? Pasan por encima de todos esos valores para hacer prevalecer únicamente su estrategia; para gritar, para clamar -desde la ocupación del templo- sus justas reivindicaciones tal vez. Ellos son culpables también.

-El fin no justifica los medios
Les quisiera recordar -como a todo aquel que lucha por fines justos- que el fin no justifica los medios. No se pueden hacer cosas inconvenientes para lograr fines buenos. Los puede desprestigiar mucho el que estén usando fines, medios que ofenden los sentimientos del pueblo aunque digan que luchas por el bienestar de ese mismo pueblo. Sería la manera de que estudiaran a ver como pueden perfectamente, sin ofender estos sentimientos populares de la religión, luchar. Contarán con el apoyo del pueblo en lo que es justo porque es para bien del pueblo.

-Frente a las autoridades
Por eso, también son culpables las autoridades de la patria.

-No hay cauces
Ellos tienen que buscar dónde dar escape al grito de la angustia del pueblo que no encontrándolo en los canales normales, busca las expresiones anormales. Como cuando un tumor no tiene salida, explota por cualquier lado. Como cuando una caldera va a reventar, si no tiene las válvulas adecuadas, estalla. Al gobierno le toca poner cauces adecuados para que se oiga la voz del campesino, del obrero, del que tiene necesidad. Pero van a la Asamblea Legislativa y no se les quiere escuchar, van a los ministerios y se les trata como gente de segundo orden. Van a todas partes donde las instancias que deben de servir al pueblo los marginan, no los escuchan. Creo que si hubiera estos cauces normales no habría ocupación de templos. Gran parte de la ocupación, en la culpa, está en el gobierno y principalmente en el gobierno.

-También han ocupado iglesias
Por otra parte, que no se rasgue los vestidos hipócritamente, porque también el gobierno ocupa templos… Nos ocupó -el gobierno- la Iglesia de Aguilares sin permiso de la autoridad y para fines sangrientos. Ya es costumbre y nos hemos ya hecho ambiente: a la ocupación de las fiestas patronales cuando las municipalidades no respetan al templo y le montan toda clase de ventas, estorbando el culto del patrono. Ocupación de templos, en forma de rapiña, es historia de nuestros pueblos. México, Guatemala y alguno que otro lugar en El Salvador dan testimonio de que los gobiernos han robado a la Iglesia. Eso les debía escandalizar y hacer justicia.

-Frente a los medios de publicidad
Culpa también -y en mucha parte- tienen los medios de comunicación social.

-No se prestan a la voz del pueblo
No hay lugar para esos reclamos en la prensa. ¿Dónde se ha publicado el atropello que están sufriendo campesinos allá por Arcatao, por Aguilares? Se presentan distorsionadas las noticias. Para hacer presente ese atropello tienen que venir a gritar al pueblo, y lo gritan desde una Iglesia. La Iglesia tiene que comprender -aunque no justificar- que a falta de prensa, de radio, de televisión con el que cuentan los grandes medios de la mentira y de la oposición… se den estas formas de expresión. Para ellos no hay lugar muchas veces ni en campo pagado; la Iglesia ha experimentado, con el pueblo, esa marginación. ¡Cuantas cosas hemos querido publicar! y no hay lugar, porque ofende a la opresión y a la represión a la que se hacen serviles. Muchos medios que debían de servir a la verdad y a la libertad… no lo hacen.

-Frente a nosotros mismos
No se piense, pues, que es tan fácil sacar la culpa de las ocupaciones de los templos. No seamos tan simplistas. Yo no estoy de acuerdo pero trato de comprender todas estas otras razones. Ojalá ellos también analizaran, con más respeto al pueblo, lo que significa de estorbo para nuestro culto esta anomalía en la cual todos hemos puesto las manos.

Por eso, con un sentido más sincero, yo les invito a que esta mañana, a la luz de las palabras divinas, analicemos precisamente no sólo el fenómeno de la ocupación de los templos, sino tantas hipocresías que bajo la capa de religión se cometen entre nosotros. “Hipócritas” -les dijo cristo. Ojalá no fuera la dura palabra -casi como una maldición en los labios del Señor- la que nos fustigara a todos en esta mañana.

-Diversidad de juicios
Frente a los católicos yo les diría: queridos hermanos, comprendo la confusión, la diversidad de juicios con que se juzga este hecho que merece la pena analizarlo más a fondo y lo vamos a hacer con todos nuestros sacerdotes.

-Distinguir entre tiempos normales y circunstancias de emergencia
Comprendiendo esa diversidad y juicio, yo les diría, por de pronto, dos cosas: distingamos los tiempos normales de los tiempos de emergencia.

En tiempos normales nadie ocuparía una Iglesia. En tiempos normales, cuando hubiera cauces normales de expresión, las iglesias serían la expresión del sentimiento religioso y nada más.

Pero nuestro tiempo no es normal, es un tiempo de emergencia. Y así como si por desgracia nos sacudiera un terremoto, las iglesias se abrirían para recoger tantos golpeados y heridos. Y nadie diría: “Es una profanación”. También hoy es un tiempo de emergencia y hay que comprender que en tiempos de emergencia no es fácil condenar actos que en tiempos normales sí se pueden condenar.

-Reflexión sobre la verdadera Iglesia y los templos materiales
Pero más a fondo, todavía, mi reflexión va -y les decía: la imagen que me dá gusto contemplar aquí en la Basílica es una Iglesia peregrina- cuando Cristo quiso quitar a los judíos la mentalidad de un templo material para traducirlo en la verdadera adoración a Dios.

Dijo: “Destruid ese templo y en tres días lo reedificaré”. Entendieron los judíos que se trataba del templo material, pero -dice el evangelio explicando- no decía nada del templo. Estaba trasladando todo el espíritu del templo a él mismo. El es el que iba a resucitar al tercer día. El es el templo verdadero de los cristianos; a través de él ofrecemos a Dios nuestra acción de gracias, nuestra adoración. Sin Cristo de nada sirven todos los templos por más hermosos que sean. “Ya no se adorará -decía Cristo a la samaritana- ni en Jerusalén, ni en Samaria, ni en los templos materiales. Ya llega el tiempo en que Dios busca adoradores en espíritu y en verdad”.

Uno de nuestros compositores populares, cantando a la muerte del Padre Rafael Palacios, dice esta preciosa frase: “Dios no está en el templo sino en la comunidad”. ¡ustedes son el templo! ¿De qué sirve tener iglesias bonitas de las cuales podría decir Cristo lo que les dice hoy a los fariseos?: “¡Vuestro culto es vacío!”. Asi resultan muchos cultos lujosos, de muchas flores, de muchas cosas, invitados y demás. ¿Pero dónde está la adoración en espíritu y en verdad? Creo que es para nosotros una lección, queridos hermanos, y yo soy el primero en recibirla y tratar de interpretarla. Tal vez no he sabido cumplir bien con mi deber de sacerdote del culto de Dios. Tal vez, con mis hermanos sacerdotes, hemos hecho consistir el culto en arreglar bien bonito el altar y, tal vez, cobrar tarifas más altas porque se adorna mejor. ¡Hemos comercializado! Por eso, Dios, como entrando a Jerusalén con el látigo, nos está diciendo: “Habéis hecho de mi casa de oración una cueva de ladrones”. Todos tenemos que reflexionar: todos somos culpables. La base nos la ofrece la palabra divina hoy.

-Coincidencia de este tema con las lecturas de hoy
Vuelve al año, el libro del año: San Marcos, el evangelio que presenta a Cristo como la personificación de la redención del Señor. Y viene con nosotros, hoy, Moisés. El que tenía miedo que se desvirtuara el culto del Señor por los falso ídolos que iban a encontrar en la tierra prometida. Por eso les llama hoy el respeto a la ley de Dios.

Nos habla hoy también Santiago, no el Mayor, sino el que llaman el Menor. Hombre práctico, hombre que no se deja alucinar por apariencia y nos dice: “La fe sin obras es falsa”. Y, sobre todo, el Maestro de apóstoles y maestros: Cristo nuestro Señor. El es el principal Maestro:

JESUS, MAESTRO DE LA VERDADERA RELIGION

Yo me alegro de que ustedes y yo, esta mañana, estemos estudiando la verdadera religión. Porque tal vez tenemos que purificar mucho nuestros conceptos de falsas religiosidades, de hipócritas interpretaciones, de echar la culpa a otros y no mirar para adentro.

1. “El culto vacío”

2. “La religión agradable a Dios”

3. “El honor del pueblo de Dios”

1. “EL CULTO VACIO”

-Episodio de las purificaciones
El episodio que nos presenta San Marcos, traduciéndolo del ambiente oriental al ambiente de Occidente -Roma-, donde está escribiendo el evangelio bajo la predicación de San Pedro. San Marcos era como el Secretario de Pedro y escribía lo que Pedro predicaba y explicaba a los romanos lo que no podían entender porque eran costumbres judías. Una de esas costumbres judías era la de lavarse mucho las manos y lavar los platos y las copas porque las sentían contaminadas. El sentido de impureza no es como lo entendemos hoy, era algo material. ¡Cuántas leyes hay de las cosas que manchan! Tocar un cadáver era mancharse. Recordarán ustedes la hipocresía más colmada cuando no quisieron entrar a la casa de Pilatos porque Pilatos era un gentil. Y ¡ay si un judío se revolvía con un gentil! Pero en cambio no sintieron remordimiento de que lo que le estaban pidiendo al gentil era la muerte contra el inocente Jesús. Así vinieron a convertirse esas leyes hipócritas de apariencia, de legalidades, en traiciones a la verdadera ley del Señor.

-Otros actos
Nos cuenta Cristo -a continuación de este episodio de lavarse las manos- que también les echó en cara otra costumbre: era la de que aquel que al dar una ofrenda al templo ya podía decirle a su padre y a su madre: “No te puedo ayudar porque ya lo ofrecí al templo”.

“¡Hipócritas! -dice Cristo-, de esa manera desvirtuáis el cuarto mandamiento: Honrar a padre y madre”. No mandó Dios dar ofrendas al templo sino honrar al padre y a la madre. ¿Con qué derecho sustituyen el deber del hijo para con el padre por un sentido religioso falso? Así, si analizáramos ahora cuanta razón tenía Cristo de enojarse y llamar hipócrita a una religión que se pagaba de purezas legales, de impurezas hipócritas. Es la religión falsa.

Dice nuestro Señor: “Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está muy lejos de mi”. ¡Culto vacío! Primero: vacío de interioridad; segundo: vacío de revelación y de verdad de Dios; y tercero: vacío de obras. Estos son los tres vacíos que se condenan hoy en una religión falsa. ¡Cuidado si nosotros estamos careciendo también y estamos dándole al Señor un corazón vacío!

a) Vacío de interioridad. “No es lo que entra de afuera lo que mancha el corazón si el corazón no lo quiere recibir. Es lo que sale del corazón manchado lo que hace sucio al hombre y al mundo”. Cuando uno tiene el corazón limpio aunque esté en medio de lodazal, el lodo no le hace nada porque no lo recibe dentro; depende de la libertad de uno recibir adentro la podredumbre. Cuando uno oye una mala conversación, o ve en un mal ejemplo, o algo que seduce hacia el pecado, el que no quiere pecar no peca, sólo peca el que acepta esta podredumbre en su corazón. Las conciencias timoratas muchas veces piensan que ofenden a Dios por oír malas palabras, por ver malas cosas. No queridos hermanos, lo que entra de afuera, si el corazón no lo quiere recibir, no mancha al hombre. Si en este tiempo de crímenes, de violencias y de venganzas, el hombre conserva su corazón sin odios, más bien amando, no le hace daño todo el ambiente; le hace daño al que lo recibe ya predispuesto para hacerse también él un corazón envenenado.

La interioridad consiste en que Dios no tenga que quejarse: “El corazón está muy lejos de mí”. ¡Que el corazón esté cerca! ¡Cómo ansía el Señor la cercanía de sus hijos! Aunque sea un pecador pero vuelve arrepentido. Por eso, nuestra denuncia contra el crimen, contra tantas cosas que hay que denunciar hoy, no es por un prurito de lucirse aquí y ganar aplausos. Eso no me interesa, lo que me interesa es la conversión del pecador; de que el hombre señalado porque ha cometido un secuestro, porque ha hecho una injusticia, ha matado, ha torturado, se convierta. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. No me repugnaría -si tengo la dicha de poseer un cielo- de estar en ese cielo cerca de los que hoy se declaran mis enemigos, porque allá no seremos enemigos. Yo nunca lo soy de nadie; pero los que gratuitamente quieren ser mis enemigos, conviértanse al amor y en el amor nos encontraremos en la felicidad de Dios. Yo anhelo para todos la alegría de esta intimidad del Señor.

Que no tengamos el corazón vacío de interioridad, que lo principal en la religión es lo interior, ahí donde Dios mira. Dice la Biblia: “los hombres conocemos por la cara, pero Dios conoce por el corazón”. “No es el que dice: ¡Señor!, ¡Señor!, el que entrará en el reino de los cielos, sino el que adora con sincera interioridad al Señor”. Ojalá, hermanos, que este vacío de interioridad no vaya a ser para nosotros fuente de condenación. Porque para muchos no les llena la religión porque ellos prefieren estar vacíos de religión.

Llénense de interioridad y verán lo que decía San Agustín pecador: “Andaba fuera de mí y no encontraba la paz. Y, tonto, yo no sabía que las hermosuras que andaba buscando afuera, ¡Tú les dabas hermosuras! ¡Estabas dentro de mí, llamándome, para que por dentro yo mirara mi hermosura interior! Cuando entré de esas falsas hermosuras que me hacían pecar, a la interior hermosura de mi vida y mi relación contigo, ¡Oh hermosura!, siempre antigua y siempre nueva, ¡que tarde te he conocido!”. Pero lo conoció, se salvó y fue santo. No importa lo pecador que haya sido un hombre cuando encuentra la hermosura interior de la relación con el Señor. A ésto nos llama hoy, contra todos esos vacíos, de hacer consistir la religión en cosas exteriores.

b) Otro vacío tremendo que Cristo denuncia hoy: el vacío de revelación y de verdad. Aquí nos puede tocar muy cerca.

-Falsa religiosidad. Actitudes tradicionalistas

“Se cuidan muy bien de lavarse las manos, de no tocar muertos”. ¡Tradiciones humanas! Pero por esas tradiciones humanas han descuidado la verdadera revelación de Dios. Quien sabe, hermanos, si muchas de las críticas a los cambios de la Iglesia proceden de este espíritu. Han hecho consistir una religión de tradiciones humanas. Tradiciones humanas son ciertos cultos, ciertas maneras de vestir, ciertas formas de rezar. Rezar de espaldas o de frente, en latín o en español, son tradiciones. Busquemos lo que más agrada a Dios, lo que más dice de una religión en medio del pueblo.

Se ha hecho en Francia una encuesta y ha dado un resultado que para mí es tremendo. Dice: la Iglesia perdió en Francia a los obreros desde el siglo pasado. Y en este siglo está perdiendo a la mujer. Entre los 18 y 35 años se ha hecho una encuesta entre las mujeres para las cuales la Iglesia no les dice nada. Apenas un 9% de mujeres, en Francia, de esa edad, es prácticante de la religión católica. Podríamos llegar a eso también entre nosotros si hacemos consistir la religión sólo en cierto aferramiento a cosas tradicionales y no un esfuerzo en ponernos al día y tratar de comprender a las muchedumbres, a los anhelos, a las ansias del pueblo. No digo que nos identifiquemos con todo lo que el pueblo pide, pero sí que sepamos ser eco de sus angustias y de sus esperanzas; que sepamos, como el Concilio Vaticano II quiere; ser intérpretes de los hombres de hoy, ser una religión que exprese el anhelo de nuestra gente.

Yo me alegro de que nuestras comunidades, muchos de nuestros sacerdotes, la línea pastoral de la Arquidiócesis quiere ir por aquí por donde marca el Concilio de nuestro siglo y las reuniones grandiosas de América Latina -Medellín y Puebla-, que no son otra cosa más que el esfuerzo por traer al siglo actual; y Puebla dice: “en el presente y en el futuro”. Una Iglesia que es la única que puede salvar pero que puede echar a perder toda su fuerza de salvación por no ser oída por el mundo.

Queridos hermanos, a todos nos toca un esfuerzo por hacer una religión que no esté vacía de los pensamientos de Dios por estar atendiendo las tradiciones de los hombres. Que triste fue para Cristo, él que era la Palabra revelada de Dios, tener que decir que no lo atendieron: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”; prefirieron sus tradiciones de lavarse las manos, de no tocar muertos, de huir de los leprosos -todas esas hipocresías- y no aceptar el llamamiento de espiritualidad y de actualidad que Cristo les trajo.

Aquí quisiera señalar, también, cuantos hombres en El Salvador; jóvenes, estudiantes, profesionales, están siguiendo falsas religiones. Allí está muy fuerte la corriente del agnosticismo, allí están los testigos de Jehová, los mormones. Y van ganando gente. Pero a todos ellos les podía decir hoy Jesucristo: “ustedes están siguiendo doctrinas de hombres y se están olvidando de la revelación del Señor”. Estudiemos, hermanos, no dejemos que se nos vaya a ir esta fe que es gracia de Dios pero que estamos jugando con ella comparándola y aún poniéndola en grado inferior a otras cosas, que no son la verdadera Iglesia que se esfuerza por comprender a nuestro pueblo. Me da dolor, de verdad, ante el esfuerzo pastoral de querer ser la voz de la angustia del pueblo. Los que están instalados, ¡claro que no les gusta que los molestemos!. Pero la Iglesia no cumpliría su deber si -así como otras clases humanas- estuviera sólo defendiendo las minorías en sus privilegios y no amando al pueblo y tratando de dar su vida por él.

c) Un vacío de obras. Es la segunda lectura de hoy: la carta de Santiago. -Yo les invito a que la lean detenidamente toda esa carta. Santiago es el hombre práctico que dice a  los cristianos convertidos del judaísmo, precisamente, con todas estas mañas de los fariseos: “¡Mucho cuidado! No hagan consistir su religión sólo en cosas teóricas”. Si una religión está vacía de obras, no entrarán en el reino de los cielos. Ya lo dijo el Señor: “No es el que dice: Señor!, Señor! -el que reza mucho y bonito- el que entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.

Pone dos ejemplos la carta de hoy, de Santiago: “visitar a las viudas y a los huérfanos, y conservarse limpio en el mundo”. Esto es la verdadera religión. No sólo conservarse limpio sino visitar a viudas y huérfanos. Es una expresión bíblica que quiere decir: ocuparse del necesitado. Puebla no fue más que el eco de esta voz cuando dice que la opción preferencial de la Iglesia en América Latina tiene que ser la opción preferencial por los pobres. Explica perfectamente: no se trata de dividir entre pobres y ricos. Fíjense bien, hermanos, ¿no es eso lo que estamos diciendo? Puebla explica así; quiere decir llamar a todos sin distinción social, a que nos interesemos del pobre como se interesa uno de su propia causa, más aún, como uno se debe por la causa de Cristo que ha dicho: “Todo lo que le hagas a uno de estos pobrecitos, a mí me lo haces”.

Aquí están llamados todos, no excluimos a nadie. Los ricos, principalmente, vengan y se salvarán; pero sólo aquí se salvarán si vienen a hacer lo que Cristo quiere: no a vivir derrochando en ofensa de la pobreza de la mayoría… Los pobres nos dan la oportunidad de no hacer una religión vacía de obras, ¡Si las obras que Dios va a ver, para salvarme, son precisamente esas!: “tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve en la cárcel y me fuiste a visitar, estuve enfermo y me fuiste a consolar”. En fin, todas las situaciones humanas de la pobreza, del sufrimiento, de la marginación. Todo eso, queridos hermanos, es la mina de donde está la riqueza para no profesar una religión de obras. ¡Qué cerca está esa mina y que despreciada está por muchos!

No sirvamos al pobre con paternalismo: de arriba abajo, socorrerlo. No es eso lo que Dios quiere, sino de hermano a hermano. Es mi hermano, es Cristo y a Cristo no le voy yo de arriba a abajo, sino de abajo a arriba, a servirle. Como decía la poetisa chilena, maestra: “¡Perdona, Señor, que yo enseñé! Casi así debíamos acercarnos al socorro, a la limosna, a la misericordia: ¡Perdona, Señor, que te sirva!; porque en este pobrecito yo te miro a ti.

Este cinco, este colón, esta tortilla, este pedazo de costal que le voy a dar para su frío, esta camisa que me sobra en mis roperos, recíbela Tú, Señor, porque a tí te la doy. ¡Ah!, si llenáramos nuestra vida de obras buenas.

Yo quiero felicitar, desde aquí, tantas obras buenas que voy viendo a lo largo y ancho de toda la Arquidiócesis. Hay gente buena, hay gente que se presentará al cielo con las manos bien repletas de obras y no les echará en cara el Señor que su religión fue una religión sin obras. No basta la fe, sino las obras que prueban la fe.

Por eso, cuando Cristo habla de todos estos vacíos, nos señala todavía una cosa más horrorosa; es el corazón podrido. No es lo que entra de afuera lo que mancha al hombre, sino lo que sale del corazón del hombre. Hace una larga lista que bien podía ser el catálogo de nuestra triste situación salvadoreña. ¿De dónde ha salido todo ésto que estamos respirando en El Salvador? Pues, no les quepa duda, Cristo lo ha señalado hoy: “Del corazón del hombre salen los malos propósitos: las fornicaciones, los robos, homicidios, adulterios, difamación, codicia, injusticias, fraudes, desenfrenos, envidia, orgullo, frivolidad.

HECHOS DE LA VIDA CIVIL

Aqui quiero empalmar yo, con la palabra divina del Señor, la denuncia que la Iglesia tiene que hacer a todo eso podrido que sale del corazón de muchos corazones salvadoreños.

Por ejemplo, esta semana han habido muchas declaraciones de fuentes gubernamentales informando ante la Asamblea Legislativa: Se reconoce ciertamente que hay en el país graves problemas de orden político, social y económico. Pero fíjense, ¿cuando se va a analizar por qué existe esto en El Salvador? Dicen: los recursos limitados con que cuenta nuestro país, el que la economía gire en torno del cultivo y exportación del café, algodón y azúcar, por lo que está expuesta a fluctuaciones del mercado -según estas fuentes- ésto determina que los recursos del Estado y del sector particular no son suficientes para que todos los salvadoreños alcancen el mismo nivel de prosperidad. Pero no señalan las causas: por que esas diferencias económicas, políticas y sociales; sino, más bien, sostienen que los que las denuncian son los promotores de la violencia y siembran el odio. De modo que no quieren que les moleste esa diferencia que existe. Todo aquel que protesta contra esta diferencia tenga en cuenta que El Salvador no puede producir más.

Déjennos tranquilos a nosotros, no nos molesten, ustedes son violentos, ustedes son terroristas. ¡Esto no es justicia! La Iglesia también señala esas diferencias pero dice: que la causa principal de estos problemas es la injusticia social. La Iglesia no promueve violencia ni odio, sino que predica paz; les dice: la paz que podría haber, que se ha perdido, no puede venir si no hay justicia. Si precisamente ustedes están reconociendo que no podemos tener todos iguales, eso mismo justifica que no debía de haber muchos que lo tienen todo y dejan a los demás sin nada. Procuren que se reparta…

La verdadera expresión del amor es compartir, y no digamos que somos una sociedad que nos amamos mientras no hay compartición de las cosas. Fíjense si no son signos de malos corazones estos datos estadísticos: el 60% de la población urbana -en las ciudades- tiene un ingreso personal entre ¢42.00 y ¢140.00 mensuales. Lo cual quiere decir: que millón y medio, casi, de habitantes en las ciudades. Lo cual quiere decir: que millón y medio, casi, de habitantes en la ciudades cuentan para vivir apenas con ¢1.40 o a lo más ¢4.60 ¿Creen ustedes que una persona puede vivir diariamente con ¢1.40? ¡Esta es la situación!

Tendríamos que decir algo parecido de la Asociación Salvadoreña de Industriales, que se pronunció sobre la crisis actual y subrayó el rol importante que desempeña ese sector empresarial. Ciertamente hay que alegrarse de que sean sensibles también a la situación. ¡Qué se preocupen! Son una clase determinante en la economía del país. Pero una cosa se olvida en ese pronunciamiento: que no son sólo ellos la parte determinante; hay que tener en cuenta la perspectiva del trabajador sin el cual la empresa no puede ser fuerza determinante del país. No podemos oponer capital y trabajo humano. En el plan de Dios, el hombre es lo primero; y si es cierto que hay un malestar de tipo empresarial, había que buscar la causa; también buscar soluciones positivas en un entendimiento que respete, sobre todo, al hombre; y haga sentir al empresario que él sin el obrero no puede nada, como el obrero sin el empresario tampoco puede. Ya desde los tiempos de León XIII se decía: “La unión del capital y del trabajo”. No tiene que arrogarse uno de los dos, el ser la parte determinante en el país; los dos juntos. Ni uno, ni otro tiene que olvidarse.

En la Comisión de Derechos Humanos ha habido valiosas declaraciones en estos días, caracterizando o señalando causas de la situación actual. Se ha dicho que quien se opone a las elecciones es un subversivo. Creo que hay que distinguir un poco la apreciación injusta que con esto se quiere hacer. Porque no se trata de no aceptar las elecciones, sino que se está pidiendo un ambiente de confianza, de credibilidad, de libertad, para poder hablar de libertad en las elecciones. ¿Cómo se va a improvisar si mientras tanto no vemos más que la represión brutal de las armas y ante las cuales tiemblan campesinos y otra gente?, ¿Quién va a votar con “libertad” así? No se trata de subversión, se trata del reclamo justo del pueblo a quienes le pueden dar una migajita de libertad.

Es ofensiva la explicación del Ministerio de Defensa cuando, en la Asamblea Legislativa, refiriéndose a los desaparecidos, dice que los familiares preguntan a las autoridades porque no saben nada de ellos puesto que desconocen la forma en que se van del país para recibir educación marxista -¡del corazón salen las maldades! Debía de recordar el Ministerio de Defensa que, por lo menos hay 188 desaparecidos que tiene registrados el Arzobispado. Los familiares preguntan por ellos a las autoridades no porque no sepan nada de ellos, sino, precisamente, porque saben que sus subalternos los han capturado y quieren saber de ellos…

Me alegro de que en este sentido, de tanta injusticia para con los capturados, Amnistía Internacional ha presentado ante la ONU -o lo va a hacer- un recurso universal de habeas corpus internacional. Que gran idea: ¡un habeas corpus internacional! Es decir, ya que la fuerza de los abogados de El Salvador es burlada en el Supremo Tribunal de la Patria, a ver si acudiendo todas las fuerzas jurídicas del mundo al Supremo Tribunal de las naciones, se respeta un poco más el recurso de exhibición personal que en El Salvador es tan irrisorio.

“Ya estamos hastiados de tanto desorden” -se ha dicho hoy”. Ciertamente lo estamos, pero quienes lo dicen, si es de parte gubernamental, tenemos que decir que estamos hastiados de que ese desorden venga precisamente de los cuerpos de seguridad. ¡Tanta injusticia y represión en nuestros pueblos!

Gracias a Dios liberaron a don Jaime Conde, que había sido secuestrado durante diecisiete días. Pero aún no han liberado a don Carlos Rafael Nieto. Ustedes vieron un pronunciamiento en que se hace un llamado al ERP para que los liberen. Ya cumplió la familia las condiciones que le pusieron y es imposible que cumpla una nueva exigencia. Hermanos, por eso decimos que nuestro juicio tiene que ser imparcial: si es cierto que juzgamos durante las injusticias del gobierno, también tenemos que ser severos en el abuso de ciertos poderes de la extrema izquierda.

Quiero felicitar a Fe y Alegría porque ya salió en defensa de sus maestros.

Se constituyó la Unión de Cooperativas de Cafetaleros. Me alegro. Es justo, todo hombre tiene derecho a organizarse. Solamente quisiera decir a los cafetaleros que ya se organizaron que sepan comprender ahora a los cortadores de café y demás campesinos y que les apoyen, también, su derecho a organizarse, que son tan hombres como ellos.

Ha habido otros conflictos laborales que han llevado a desilusión por la intransigencia de algunas de las partes. En cambio, ha habido negociaciones muy valiosas en las cuales nos dá ejemplo de que somos capaces de negociar racionalmente las cosas. Quisiera hacer honor a la verdad al decir que he conocido, en estos días, empresarios privados que mantienen buenas relaciones de trabajo con sus obreros aún más allá de lo que la ley pide. Están dispuestos a que se cree un clima nuevo, mejor en el país, en todo los órdenes. Yo digo que no tenemos que despreciar las voces aunque sean muy parciales y pequeñas lucecitas, pero son luces de esperanza. No somos nosotros demagógicos de una clase social, sino que somos de parte del Reino de Dios los que queremos impulsar dondequiera que haya un corazón de buena voluntad a la justicia, al amor, a la comprensión. No es necesario con tanta sangre la liberación de El Salvador cuando todavía es tiempo de que si ponemos todos la buena voluntad, el renunciamiento de las cosas materiales y la búsqueda de estos valores divinos, encontraremos ciertamente el camino. Para eso, naturalmente, hay que tener el valor de ceder en aquello que había sido una institución ya intocable y que era la base de todas las violencias: la violencia institucionalizada, la injusticia del país.

Quiero unirme al sufrimiento de estas familias. Tres campesinos: Santana Arguete, Moisés Barillas Pleitez y Carlos Eguizábal García. Y el estudiante Eladio Franco Valle. Fueron capturados en una de estas madrugadas y después se les encontró matados en la carretera del Litoral.

También se encontró el cadáver de José Osmín Abrego. ¿Quién lo mató? ustedes p

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