La Familia, encarnación y Epifanía de Dios


La Familia, encarnación y Epifanía de Dios
HOMILIAS 1979

Homilía de la Fiesta de la Sagrada Familia

(30 de diciembre de 1979)

Eclesiástico: 3, 3-7. 14-17a.

Colosenses: 3, 12-21

Lucas: 2, 41-52

Queridos hermanos:

Introducción. Una familia va al templo… Vigilia Juvenil

Quiero ante todo dar la bienvenida a 400 jóvenes que ha pasado esta noche en oración y en reflexión. Una vigilia que sin duda ha robustecido sus espíritus y, sobre todo, ha agradado a Dios porque han fortificado el sentido de Iglesia.

Al verlos a Uds., queridos jóvenes, pienso precisamente en el personaje central de esta mañana: Cristo joven. Una familia que se encamina al templo y cuando ha perdido al niño de 12 años, lo encuentra de nuevo en el templo y regresa con ellos después de aquel diálogo misterioso a compartir en Nazaret, la humilde vida de familia que en breves rasgos nos ha descrito el evangelio: “Crecía en sabiduría, en estatura y en gracia, ante Dios y ante los hombres”.

Que hermosa figura del joven Jesús para llevarla como clausura de esa noche de oración de la juventud que ha venido de diversas comunidades de la Arquidiócesis.

-Tiempo de Navidad. Se celebra el misterio de la encarnación: Dios viene a la historia y se manifiesta a los hombres

Y que hermoso ejemplo para todos nosotros, queridos hermanos, estimados radioyentes, en este tiempo de navidad seguir profundizando la idea que hemos tratado de estudiar durante el tiempo del adviento y que es hoy luminoso idea de Navidad: Dios visita a los hombres y se queda con ellos. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

Todo el misterio de la navidad que comprende desde la Noche Buena del 24 hasta el domingo siguiente a la Epifanía, se reduce a esta reflexión: Dios viene a la historia y se manifiesta a los hombres.

-Misterio de inmanencia y trascendencia

Es un misterio de inmanencia. Dios baja a la historia, se asimila todos los problemas de la humanidad, se encarna en todos los pueblos, en todas las familias, pero no para quedarse allí sino para trascender. Es también un misterio de trascendencia.

Si Dios se hace hombre, es para que los hombres nos hagamos Dios, nos elevemos; y todos los problemas humanos, políticos, sociales, históricos, sean llevados en esa corriente de trascendencia en pos de aquel Verbo hecho carne para dar vida divina a los hombres y hacer a los hombres compañeros de la felicidad de Dios por toda la eternidad, dejarse arrebatar por esta corriente de Cristo, es celebrar la Navidad.

-Signo de la encarnación: un miembro de una de tantas familias

Y como una de las manifestaciones de Dios hecho hombre, en misterio de inmanencia y trascendencia es, precisamente, la familia, no sería verdadero hombre si no tuviera una familia. Nosotros no seríamos tampoco humanos, si no contáramos con el recuerdo de una mamá, de un papá, de unos hermanos, tíos, abuelos, todo lo que constituye la familia. Por eso cuando el Verbo se hace hombre, comienza por santificar esa realidad: la familia. Y la Iglesia, que recoge el misterio del Dios hecho hombre para ofrecerlo en su reflexión navideña, nos invita hoy a celebrar la fiesta de la Sagrada Familia.

LA FAMILIA, ENCARNACION Y EPIFANIA DE DIOS

Eso es toda familia. El concepto de Dios encarnándose en la familia y la familia que tiene que ser epifanía, manifestación de que Dios vive en el mundo.

1o. Presencia de Dios en la familia.

2o. La Familia Iglesia doméstica de Cristo.

3o. La Familia, una prioridad pastoral de la Iglesia en América Latina.

1. PRESENCIA DE DIOS EN LA FAMILIA

“Solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua”

En primer lugar, en las lecturas de hoy lo que sobresale es esa relación íntima entre Dios y familia; entre familia y Dios. ¿Qué otra cosa es el evangelio sino la encarnación de Dios en una familia y la trascendencia de esa familia: María, José, el niño, trascendiendo hacia Dios? Ya dijimos hacia dónde nos presenta caminando a la familia de Nazaret, hacia el templo, el centro nacional religioso de Israel. Todas las pascuas eran fiestas religiosas-nacionales para los judíos y esta buena familia de los israelitas como todas las familias, va año con año, como nuestras familias de los campos a celebrar las fiestas patronales. Es el signo de que camina la familia hacia Dios.

¡Qué hermoso es ver, viniendo a la misa dominical, a las familias! Ojalá el espectáculo del evangelio de hoy se repitiera en nuestras ciudades y en nuestros campos. La familia buscando a Dios.

a-) Se acentúa el carácter sagrado de la familia. = Obediencia al Padre

Hay un diálogo entre Cristo y sus padres, para decirles que por encima del padre y de la madre de la tierra, hay un Padre de los cielos, cuya voluntad tiene que hacer todo miembro de familia. El joven no tiene que ser manipulado ni por su papá ni por su mamá, cuando se trata de la voluntad del Padre que está en los cielos. “Hijo -le dice la Virgen a Jesús-, ¿Por qué lo has hecho así?” Y Cristo, con toda la ternura de un hijo, pero también con la valentía de un hijo de Dios, le dice: “¿Por qué me buscabais?, ¿no sabíais que debía de ocuparme de las cosas de mi Padre?”. Todo hombre tiene que decir esta realidad. Si es cierto que hay un amor muy grande entre los esposos, amor hasta la muerte, santificado por Dios, debe estar siempre subordinado al querer de Dios. La Ley de Dios por encima de todo.

El otro día me contaron que me criticaron porque yo refería la doctrina de la Iglesia acerca de la fecundidad, de la prohibición de ciertos actos pecaminosos en el matrimonio, y dijeron: “¿por qué tiene que meterse en esas cosas íntimas?” Cierto que no me meto en cosas íntimas, se mete Dios, el autor de la naturaleza, el autor de los sexos, el dueño de la familia es el que pone una ley a la cual tiene que someterse el marido, la mujer y los hijos. “¿Que no sabíais que debía de ocuparme de las cosas de mi Padre?” él, ante todo. El es la paternidad de donde deriva toda la familia, todo amor, toda relación.

Cristo es el ejemplo de la familia orientada hacia Dios. La obediencia al Padre. Allí también la vocación, ya que esta misa está resultando una misa de jóvenes, esto es lo más importante de vuestras vidas, queridos jóvenes. “¿Para qué me quiere Dios?” Y saber discernir por encima de todos los considerandos económicos y familiares: “¿para qué me quiere Dios?” Cuántas veces se oye decir: “Yo quisiera ser sacerdote pero soy muy pobre”. No importa, buscad el Reino de Dios y su justicia, obediencia a vuestra vocación y todo lo demás vendrá por añadidura: ¿Qué no somos pobres la mayoría de los que somos sacerdotes? ¿Qué no sentimos en los labios de nuestra madre el lamento: cómo quisiera darte gusto pero no puedo, soy pobre? Y aquí estamos de sacerdotes muchos que encontramos esa dificultad pero que gracias a Dios, siguiendo la voluntad del Señor, se presentaron los medios. Dios quiere las cosas y muchas veces somete a prueba nuestras mismas facultades.

Y, luego, cuando regresan en aquel hogar de Nazaret, donde Pablo VI un día, recién elegido Pontífice, fue a visitar Tierra Santa y allí en la casita de Nazaret -donde hoy se levanta una hermosa Iglesia- decía: “¿Quién pudiera vivir aquí con aquella compañía santa de la familia de Nazaret y aprender aquí la sencillez de la vida, el silencio, el trabajo, la oración”. Quien pudiera, queridos jóvenes, queridos hermanos, que nuestra casita, por humilde que sea fuera de verdad la casita de Nazaret. Y allí, la primera lectura de hoy nos ofrece esos deberes rutinarios de familia pero convertidos en un culto a Dios.

b-) Valor religioso del cumplimiento de los deberes de familia

Mediten mucho esa primera lectura del libro del Eclesiástico, donde une estrechamente el deber para con nuestros padres con las bendiciones de Dios. Comienza por decir que todo procede de la iniciativa de Dios.

-Dios hace al Padre… (iniciativa de Dios)

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre la prole. Hoy cuanto está de moda el conflicto generacional, cuando el hijo o la hija le dice a su papá o a su mamá: tú no comprendes a la juventud de hoy casi quisieran ser más sabios que sus propios padres, acuérdense de este principio: Dios hace más respetable al padre. No por ser campesino y tú ser universitario, no por ser ella una humilde mujer de mercado y tú un profesional, quieras ser superior a él o a ella. Dios le ha dado una autoridad que tú no tienes. Toda autoridad viene de Dios cuando se sabe usar según Dios y tus padres tienen ese donativo del Señor que hay que respetar.

-El que honra a su padre, expía sus pecados, es un deber de la familia con una trascendencia religiosa

Perdonar pecados es asunto de religión, pues honrar al padre se convierte en asunto de religión cuando el honor al padre se convierte en mi perdón de mis pecados. Por eso son tan felices los hijos que respetan a sus padres, porque, sin duda aunque tengan sus defectos y sus pecados saben que es amor al papá, a la mamá, como que purifica; porque si de verdad los quieren evitarán todo aquello que los puede abochornar.. Y dice: “el que honra a su padre, se alegrará de sus hijos, cuando rece, será escuchado”.

-Otro aspecto religioso y otro deber familiar. Honrar al padre y a la madre equivale a recibir una audiencia con Dios.

Dios te escuchará cuando seas respetuoso de tus padres. El que respeta a su padre y a su madre, el Señor le escucha. Y así va repitiendo cuando dice: la limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados. La ayuda que se dá al padre es limosna que Dios recibe. De los pobrecitos dice Cristo: “Todo lo que a él le hagas a mí me lo haces”, con más razón a estos venerables de la familia: nuestros padres. El recibe como pago de tus pecados todo lo que ofrezcas a tu papá y a tu mamá.

Se acordará de tí en el día del peligro

Esta frase bíblica: “el día de Dios”, es el día del juicio de cada uno, el día en que tengo que dar cuenta al Señor. La cuenta saldrá bien si nosotros hemos tenido buenas relaciones con nuestros padres.

-Dios es familia (Juan Pablo II)

Me gusta en este momento recordarles la hermosa frase del Papa Juan Pablo II hablando de la familia en México, y que ahora estamos nosotros reflexionando. La familia y su relación con Dios, lo más profundo que se puede decir es esto: “Se ha dicho en forma bella y profunda que nuestro Dios en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor en la familia divina, es el Espíritu Santo”. El tema de la familia, pues, no es ajeno al tema del Espíritu Santo. Es precioso saber que Dios es familia. Que en Dios hay Padre, Hijo y lo que une esa relación, el amor que se hace persona, el Espíritu Santo, como la unción, el lazo que une esas relaciones de familia.

Por eso, en la tierra, cuando Dios dijo: “hagamos el hombre a nuestra imagen y semejanza”, lo hizo hombre y mujer, para que amándose en matrimonio procediera la fecundidad de la familia y todo lo ungiera el amor, el espíritu de Dios.

Dichosos los hogares donde no se ha olvidado esta relación con Dios, y hacen de la familia una verdadera comunidad religiosa que ora, dá gracias, se santifica en la veneración del Señor. Cuánto más la familia recuerde esta relación con Dios, más será Dios en la tierra. Sí Dios en el cielo es familia, Dios en la tierra es familia. Por eso hemos titulado esta homilía: “la familia, epifanía de Dios”.

2. LA FAMILIA, LA IGLESIA DOMESTICA DE CRISTO

a-) Concepto del Concilio

El segundo pensamiento nos remonta y al concepto cristiano: la familia, Iglesia Doméstica. Esta palabra no es mía, es del Concilio Vaticano II que dice que: la familia es una Iglesia doméstica donde los padres son los primeros sacerdotes para sus hijos y donde mutuamente se santifican y se elevan hacia Dios.

Juan Pablo II

“Hacer de cada familia cristiana una verdadera Iglesia doméstica, con todo el rico contenido de esta expresión es la necesidad más grande de América Latina”, dijo el Papa en México.

b-) Se introduce en la familia el misterio de la Iglesia

La segunda lectura de hoy, es la que me inspira esta porque San Pablo escribiéndole a los colosenses para prevenirlos de posibles errores acerca de Cristo, les presenta en esta carta una cristología maravillosa de lo que es Cristo. Y para que no lo vean lejano, ese Cristo se encarna, es cabeza de todos los que quieren ser miembros de él y se incorporan a él por el bautismo.

Por el bautismo se hacen participantes de su muerte y de su resurrección

De tal manera que la vida de Cristo circula en la vida de todos los cristianos. Esto es lo que se llama Iglesia, cuerpo de Cristo; Iglesia, familia de Dios; Iglesia, pueblo de Dios; Iglesia vivificada por el espíritu de Dios. Este concepto de pueblo de Dios, riquísimo en todas las consecuencias es lo que le dá en la era cristiana a la familia, una elevación, porque es familia cristiana donde el padre, la madre, los hijos, pertenecen a otra gran familia que es la Iglesia, pero la Iglesia cuenta con esa célula familiar. De tal manera que la Iglesia será el producto de familia cristiana. Cuando más Iglesias domésticas haya en la Diócesis, verdaderas comunidades de fe, de caridad, de amor, de esperanza, de oración, esta será también la riqueza de nuestra Iglesia; y, también, cuanto más Iglesia sea nuestra Arquidiócesis, más Iglesias serán las familias.

* Como términos intermedios son esas comunidades que se llaman parroquia, que se llaman comunidades eclesiales de base, que se llaman grupos juveniles, todas esas agrupaciones con espíritu de Iglesia para reflexionar la Biblia, para alimentarse de los sacramentos, para estar en comunión con el Obispo, esto es indispensable en la familia Iglesia. Cuanto más crezcan estos vínculos, tanto más hay Iglesia y llevarán los jóvenes, los padres, las madres a sus hogares, el sentido de Iglesia.

Se introduce, pues, con el cristianismo el misterio de la Iglesia en la familia. Por eso, cuando en la Iglesia cristiana se bendice un matrimonio se le descubre el gran panorama que no conocían como simple amor de hombre y de mujer. Cuando se le dice que no es más que una figura del amor con que Cristo ama a la Iglesia y el esposo se convierte en Cristo y la esposa en Iglesia, y el amor inseparable de Cristo y de la Iglesia que irá a través de la historia venciendo dificultades, tentaciones, violencias, siempre uniéndolos más, siempre fecundos en la santidad, siempre Iglesia de Cristo, eso tiene que reflejarse también en la fidelidad del matrimonio a pesar de las tentaciones, de las dificultades, de todo aquello que quiere romper la maravilla de la unidad en la Iglesia.

-Elementos eclesiales

San Pablo, en la epístola que se ha leído hoy, primero enumera los elementos eclesiales para concluir allá, al final de la epístola, los deberes de familia. Como para decir: en ese mar de la Iglesia se sumerge la familia, la cual tiene que ser una pequeña Iglesia en el conjunto de toda la Iglesia. ¿Cuáles son esos elementos que la epístola de hoy nos propone?

* Pueblo elegido de Dios, sacro y unido…

Les dice San Pablo a los cristianos de Colosas: “Pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado”. ¿No sienten aquí, queridos hermanos, el eco del Antiguo Testamento cuando Dios escoge a Israel por su pueblo predilecto? Esta es la Iglesia en el cristianismo, por eso Pablo la llama: “el Israel nuevo, el Israel de Dios”, y así como el Israel del Antiguo Testamento Dios lo hacía su familia y se llegaba a comparar en el esposo y la esposa que a pesar de sus traiciones siempre le es fiel, así la Iglesia el Nuevo Testamento es pueblo sacro, es decir, consagrado a Dios, pueblo amado de Dios, pueblo elegido por Dios. Por eso les repito, queridos hermanos; en estas horas de convulsiones y confusiones políticas, no confundamos el concepto de pueblo en general con el concepto de pueblo de Dios.

En esta confusión está la causa de muchos errores aún en las comunidades cristianas. La comunidad cristiana es eso que ha dicho San Pablo: elegidos, sacros, amados de Dios. Desde allí, desde esa comunidad escogida tiene que santificar, iluminar, orientar, acompañar al pueblo en general pero sin confundirse con el pueblo en general; siendo fermento sin perder su fuerza de fermento.

De allí, queridos jóvenes, si ustedes pertenecen a organizaciones políticas populares, magnífico, pero que sean cristianos. No se olviden que al irse a confundir con el pueblo en general, con las organizaciones populares, ustedes llevan un compromiso especial, ustedes además de ser pueblo de El Salvador, son pueblo elegido de Dios, pueblo sacro, consagrado a Dios, pueblo amado de Dios. No pierdan ese amor haciendo locuras que talvez les pueden imponer otras ideologías. Sepan ser fermento en sus organizaciones, sepan dar su compromiso político sin traicionar el amor que Dios les tiene como pueblo de Dios, sepan ser donde quiera que vayan, familia de Dios. Así como no nos avergonzamos de nuestro hogar estando donde estemos, tampoco hemos de avergonzarnos ni sentirnos menos, porque somos cristianos ante otros que se vanaglorían de su poca fe.

Eso es muy importante de concebir así en este día de la Sagrada Familia, la comunidad, familia de Dios, lo que debe de ser. En una comunidad, familia de Dios, convergen todos los hijos; como a una familia llegan en el fin de semana todos los que están trabajando en distintos rumbos de la república, pero allí, junto a su mamá, junto a su hogar en la mesa de comida, en el recuerdo de la infancia, desaparecen divisiones, allí no se es facción, allí se es familia y de allí se saca el enardecimiento, el amor, el orgullo de la familia, para llevar esta convicción a comprometerla políticamente sin traicionar ese amor de mi familia.

Esto tenía que ser toda comunidad cristiana, donde convergen las diversas opciones políticas. Hombres de gobierno también, soldados también, hombres del Bloque Popular Revolucionario, de FAPU o de las Ligas, también, con tal que vayan a alimentar allí su fe cristiana y que ante el Padre común, la familia común, juren ante Dios no traicionar sus convicciones de familia, su fe, sus compromisos con Cristo.

La comunidad cristiana no se debe negar a encarnarse en la realidad del pueblo, al contrario, no sería buen cristiano el que no vive la realidad de su país pero sepa vivirla desde su fe y desde su fe, perteneciendo a esta familia sacra, amada de Dios, elegida de Dios, se va a confundir con todos los que no son elegidos ni sacros, ni amados de Dios, tal vez enemigos de Dios, tal vez ateos; pero no pierdas tu fe. Tú no eres un ateo, tú no eres un criminal, tú no debes prestarte a una violencia que vaya contra tu conciencia…

Yo creo, hermanos, que en ésto está precisamente el conflicto de nuestro país, en que todos los salvadoreños son bautizados, pertenecen a este pueblo sacro pero en la práctica se olvidan. Por eso las comunidades eclesiales de base en nuestro tiempo están tratando de despertar el verdadero compromiso del bautismo y sentir el orgullo santo de pertenecer a este pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado.

-Sobre todo el amor ceñidor de la unidad

Y de allí deriva San Pablo los deberes de este pueblo y de todos sus miembros cuando le dice: “Como uniforme del pueblo de Dios, revestíos de la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión; sobrellevados mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado, haced vosotros lo mismo y por encima de todo el amor que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón, a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo”.

Este es el gran privilegio de los cristianos, llevar este uniforme de virtudes y estar convocados a ser un solo corazón con el corazón de Cristo. Por eso, no puede compaginarse con el sentido auténtico del Cristiano muchas estrategias que al cristiano le van a pedir en sus compromisos de la tierra. Sepan entonces ser honor de su familia, del Pueblo de Dios.

* Culto: celebrad la acción de gracias:

Así se convierte nuestra familia Iglesia y nuestra familia humana en un culto espiritual al Señor cuando San Pablo nos dice: “Celebrad la acción de gracias. La palabra de Cristo habita entre vosotros en toda su riqueza; ensañaos unos a otros con toda sabiduría, exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón con salmos, himnos y cánticos inspirados; y todo lo que de palabra o de otra realicéis sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la acción de gracias a Dios Padre por medio de él”.

Que hermosa descripción de lo que son ustedes los laicos en el mundo: sacerdotes del bautismo. Por el bautismo todos ustedes, familia de Dios, tienen que celebrar su misa en el mundo. Ustedes celebran misa, aquí ha dicho San Pablo cuál es la misa del laico: “Todo lo que hagáis, hacedlo en el nombre del Señor Jesús”. ¿Qué es lo que hace un laico? Es maravilloso. Cuando yo pienso en esta muchedumbre de la Catedral y a través de ella las comunidades que están en reflexión, cuántas maneras de ganarse la vida. Unos son profesionales en su bufete de abogado, o en su consultorio médico, o en su casa donde trabajan sus proyectos de ingeniero; otros son obreros, en diversas fábricas. ¡Cuánta habilidad en las manos de ustedes! Otros son empleados, otras señoras del mercado, otras trabajan al servicio de una familia, o son niñeras; otros son jornaleros, siembran la milpa, llevan el arado; todo eso es la misa del laico. Por eso, cuando el sacerdote servidor de ustedes Pueblo Sacerdotal, recoge todo eso en el momento de la misa eucarística, hace algo que sólo él puede hacer, su oficio; pero es para darle sentido a todos los oficios de ustedes. Recibe este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre. He ahí que la misa del domingo no la celebro yo solo, ni solo con los sacerdotes cuando concelebramos como hoy con el P. Rafael Urrutia, la misa que yo celebro y celebramos los sacerdotes aquí o en cualquier parroquia es la misa de todos ustedes, de los que asisten a misa para ofrecerle a Dios el trabajo de la semana, las preocupaciones, las angustias, en todos los campos. Por eso es grande la responsabilidad del sacerdote para poder hacer de este momento tan sagrado la verdadera misa de los laicos, el verdadero culto del pueblo de Dios.

Familia: los cuatro rostros del amor…

En el documento de Puebla se resume todo lo que les estoy diciendo en este pensamiento cuando habla de la familia, dice: “La pareja santificada por el sacramento del matrimonio, es un testimonio de presencia pascual del Señor”, es decir, ya no es simplemente el matrimonio del Antiguo Testamento, es el matrimonio de los bautizados que llevan la marca de la Pascua, la muerte y la resurrección de Cristo. Donde quiera que hay un matrimonio de cristianos, hay un Testimonio de la presencia pascual del Señor. La familia cristiana de amor y de servicio es lo que hace felices a las verdaderas familias cristianas.

Cuatro relaciones fundamentales de la persona encuentran su pleno desarrollo en la vida de familia: paternidad, filiación, hermandad, nupcialidad”. O sea, relación de padre a hijo, paternidad; relación del hijo o hija a padre y madre, relación de filiación; relación entre los nacidos del mismo matrimonio, hermanos, hermandad; y los dos principios de la familia: el esposo y la esposa, relación de nupcialidad. ¡Qué bonita síntesis!

-Familias con espíritu de Iglesia

“Estas mismas relaciones componen la vida de la Iglesia, experiencia de Dios como Padre. También aquí hay un padre que nos llama hijos a todos nosotros; experiencia de Cristo, como hermano. Sentimos que Cristo es nuestro hermano en una gran familia del único padre Dios; experiencia de hijos con y por el hijo, unidos a Cristo. Por eso es tan interesante en la comunidad Iglesia que se destaque Cristo, sobre todo. Cristo es el principal de nuestras reuniones, en torno de él nos sentimos hermanos y entablamos relación de hijos con nuestro Padre. Y experiencia de Cristo como esposo de la Iglesia, lo que es el esposo y la esposa en el hogar, lo es en la Iglesia, Cristo y la Iglesia que es el conjunto de todos los fieles.

“La vida en familia, reproduce estas cuatro experiencias fundamentales y las participa en pequeño, son los cuatro rostros del amor humano”. Con solo esta síntesis tendríamos por toda la homilía. Los cuatro rostros del amor humano que se viven en la Iglesia en forma grandiosa con Dios, con Cristo, los vivimos en el hogar en forma pequeña con nuestros padres, con nuestra madre, con nuestros hermanos.

San Pablo continúa después lo que ya no se ha leído hoy: las relaciones con los sirvientes, con los esclavos, con los trabajadores del bien de la familia. Cuanto habría que decir aquí, en un momento en que la sensibilidad social no es a veces tan exacta en sus conceptos, volver a la palabra de Dios cuando les dice a los obreros, a los trabajadores a las clases que se ganan la vida sirviendo a los otros: “¡Sírvanlos pero como al Señor, sirvan como quien sirve a Dios! Y a los mismos patrones les dice: “Sirvan ustedes también como quien ha de dar cuenta a Dios!”. ¡Ah!, si se tuviera en cuenta esta relación con Dios Padre de todos; de los patrones y de los obreros, de los ricos y de los pobres, ante el cual hay que dar cuenta al Señor, no tendríamos este conflicto entre dos clases de hombres en nuestro país. Hombres de primera clase y hombres de segunda clase… Lo que queremos, hermanos, en resumidas cuentas son familias con espíritu de Iglesia.

Iglesia con espíritu de familia

Muchas parroquias, dice Puebla, después que ha hablado también de las comunidades eclesiales de base, que yo quisiera que las tomáramos muy en serio y las trabajáramos. Yo me alegro de estar hoy aquí celebrando con los jóvenes que han venido de diversas comunidades para que lleven este espíritu de familia y lo metan lo más profundo en sus comunidades y en su parroquia, no se olviden que la comunidad eclesial de base no tiene que ser una islita, un club, sino que tiene que ser abierta a la parroquia así como la parroquia tiene que estar abierta a la diócesis, así como la Diócesis tiene que estar abierta a la Iglesia Universal y toda la Iglesia Universal celebrando como una sola familia este gran día de la Sagrada Familia, es bien evocador de todo eso.

Pues dice Puebla: “Muchas parroquial y diócesis acentúan también lo familiar. Saben que el latinoamericano -nosotros salvadoreños- necesita y busca una familia. “Eso es muy cierto, es uno de nuestros grandes tesoros culturales, no lo perdamos. Todo salvadoreño tiene necesidad de buscar una familia y muchas veces se equivoca y hace malas familias. Pero qué hermoso fuera que hoy saliéramos de esta fiesta de la Sagrada Familia dándole gracias a Dios por este sentido de familia que tiene el salvadoreño, pero pidiéndole a Dios también saber orientar bien este sentido de familia para construir familias como Dios quiere.

“Decimos esto -dice Puebla- porque en esta búsqueda de una familia, la Iglesia que es familia, puede darle la respuesta a sus necesidades. No se trata aquí de táctica psicológica sino de fidelidad a la propia identidad porque la Iglesia no es el lugar donde los hombres se sienten, sino donde se hacen familia de Dios, real, profunda y ontológicamente”.

No venimos a sentirnos familia sino de verdad a hacernos familia. Se convierten verdaderamente en hijos del Padre, en Jesucristo, quien les participa su vida por el poder del espíritu mediante el bautismo. Esta gracia de la filiación divina es el gran tesoro que la Iglesia debe ofrecer a los hombres de nuestro continente. Esta gracia de la filiación divina. Por eso, hermanos, yo insisto tanto en que seamos Iglesia auténtica. En que no tergiversemos las finalidades de la comunidad. A la Iglesia, a la comunidad cristiana se va a hacerse hijos de Dios y desde hijo de Dios, trabajar como hermanos con todos los hombres por el bien común de la otra familia que es la patria…

3. LA FAMILIA, UNA PRIORIDAD PASTORAL DE LA IGLESIA EN AMERICA LATINA

a-) A los Obispos

Juan Pablo II tiene un rico concepto de la familia en América Latina. El Papa nos encomendó mucho en Puebla, en el discurso dirigido a los obispos. Entre las tres prioridades de la pastoral en América Latina, la primera, puso la familia; la segunda, las vocaciones sacerdotales y religiosas; y la tercera, la juventud. Estamos obedeciendo al Papa en esta mañana de manera muy hermosa, ya que estamos aquí con la juventud de nuestra diócesis y estamos en la familia también.

Hablando a los obispos, les dijo el Papa: “Haced todos los esfuerzos para que haya en vuestras diócesis una pastoral familiar. Atended a campo tan prioritario con la certeza de que la evangelización en el futuro depende en gran parte de la Iglesia doméstica. Es la escuela del amor, del conocimiento de Dios, del respeto a la vida, de la dignidad del hombre”.

Les voy a repetir estas cuatro frases que definen la familia: El Papa dijo que la familia es la escuela del amor, del conocimiento de Dios, del respeto a la vida, de la dignidad del hombre. Es esta pastoral familiar, tanto más importante tanto la familia es objeto de tantas amenazas. Y explícito más este concepto cuando dijo: “en defensa de las familias contra los inmensos males porque en la familia se reflejan particularmente los resultados más negativos del desarrollo, índices verdaderamente deprimentes de insalubridad”.

Pensemos en este día de la familia en tantos niños enfermos y tantos padres y madres desnutridos: “Pobreza y aún miseria, ignorancia y analfabetismo; condiciones inhumanas de vivienda, sub-alimentación crónica y tantas otras realidades no menos triste”. ¿Ven cómo con el problema de la familia está muy unido el gran problema que hemos estado machacando: la justicia social? El que haya familias de estas que ha descrito el Papa es fruto de la injusticia social…

Y porque no queremos que haya unas familias super alimentadas y otras familias desnutridas, estamos abogando y apoyando todo aquello que transforme esta injusticia social en un orden del país…

“En defensa de la familia contra estos males, la Iglesia se compromete a dar su ayuda e invita a los gobiernos para que pongan como punto clave de su acción, una política socio-familiar inteligente, audaz, perseverante, reconociendo que allí se encuentra sin duda el porvenir, la esperanza de este continente…”

Se tornó todavía más elocuente su Santidad, cuando decía que él quisiera desde aquella plataforma de Puebla, dirigirse a todas las familias del continente y describió como se sentía él entrando a tantos hogares, casas donde las familias viven más bien modestamente, “…casas donde no falta el pan ni el bienestar pero falta quizá concordia y alegría; casas donde las familias viven más bien modestamente y en la inseguridad de mañana, ayudándoos mutuamente a llevar una existencia difícil pero digna”. Hermosa frase de la familia pobre: “una existencia difícil pero digna…”

Sigamos recorriendo con el Papa: “Pobres habitaciones en las periferias de vuestras ciudades donde hay mucho sufrimiento escondido aunque en medio de ellas existe la sencilla alegría de los pobres. Humildes chozas de campe

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