La familia, fuente de paz para la sociedad


La familia, fuente de paz para la sociedad
HOMILIAS 1979

27º Domingo del Tiempo Ordinario

7 de octubre de 1979

Lecturas:

Génesis 2, 18-24

Hebreos 2, 9, 11

Marcos 10, 2-16


Queridos hermanos:

Jesús continúa haciéndose presente en medio de los problemas humanos

San Marcos, el evangelio del año, nos presenta a Jesús definiendo una situación difícil y muy humana; el hombre que no se pudo entender con su mujer; y definiendo desde esa situación concreta, mientras se discutía oralmente entre los rabinos, ese caso de conciencia. Pero este Jesús, que se presenta en medio de la sociedad para señalar en el seno de los problemas humanos los designios de Dios aunque contradigan a los hombres, no ha dejado de predicar todas las razones conflictivas de la humanidad; todos aquellos campos donde se necesita una orientación, allí está su evangelio.

El Papa en Estados Unidos es Cristo que pasa por América, peregrino de la paz.

Digo ésto porque yo quisiera ver hoy, junto con ustedes, que a través de los medios de comunicación nos hemos dado cuenta de lo que ha significado el paso del Papa por Estados Unidos: que Juan Pablo II es Cristo hoy, y la gran nación del norte con todas sus problemáticas. Desde allí, todo nuestro continente ha visto pasar a Jesús; lo está viendo pasar, y creo que esa luz es tan actual que el evangelio de San Marcos iluminando el problema del divorcio no hace otra cosa que decirnos: allí tienen la palabra perenne, todos los problemas tan actuales como el divorcio desde hace veinte siglos y, hoy también, los problemas de los Derechos Humanos, de los gobiernos, de los conflictos sociales y de los abismos abiertos entre los hombres no tienen otra solución más que buscar en la palabra divina que se conserva gracias a una institución fundada por Cristo en medio del mundo.

El evangelio siempre es noticia:

-14.000 periodistas... record de aplausos

Es maravilloso el paso de Juan Pablo II por nuestro suelo Americano. Se le ha llamado el mayor evento informativo de la historia mundial. Jamás 14.000 periodistas habían cubierto un acontecimiento como el de hoy. Hubo 3.000 periodistas cuando regresaba el Apolo 11 de su viaje a la luna; hubo 6.500 en la última olimpíada; pero ¿quién se iba imaginar que para el Papa el doble, el triple de periodistas que para su viaje a la luna y para una olimpíada que conmueve internacionalmente a los fanáticos? Y en Estados Unidos, donde todo se mide- es curioso este dato- las medidas de los aplausos han rebasado todo record. Ningún ídolo del rock ha logrado los aplausos que arrancó a las muchedumbres de jóvenes y muchedumbres de millones de fieles. Para quienes se escandalizan de los aplausos ahí tienen la respuesta en los Estados Unidos ante el Papa.

-La Señora Carter expresa el objetivo de la visita

pero más que estos rasgos espectaculares- que no hay que olvidarlos por que nos confirman esta gran verdad, el evangelio siempre es la buena noticia y la Iglesia siempre es noticia- es, por eso, precisamente, por el magisterio que es luz, que es elevación; podemos decir no tanto que es el acontecimiento informativo más grandioso de la historia sino que ha sido un hecho pastoral de fe, de esperanza, de espiritualidad que quizás nadie lo definió tan hermosamente como la misma esposa del Presidente Carter cuando le dio la bienvenida y le dijo: “En momento en que el materialismo y el egoísmo amenazan con abrumar los valores del espíritu, su visita nos recuerda que el verdadero significado de la vida surge del corazón y del alma, de objetivos y creencias más grandes que nuestras vidas individuales” Ni más ni menos: la trascendencia, lo que el hombre no puede abarcar ni puede explicar la mente humana, la religión ¡Qué fecundo y oportuno es este mensaje de la visita del Papa!

-Magisterio en dos sentidos, como dos vertientes de paz:

Sería maravilloso analizar su pensamiento, pero no es el objetivo de esta homilía; sin embargo, creo que presentando al Papa como lo he dicho, Cristo que pasa por nuestra tierra nos enseña como Jesucristo los dos caminos de la paz. Porque eso vino a hacer el Papa a América, quiso ser un continuador de Pablo VI, el peregrino de la paz. Sus dos grandes temas que yo podía subrayar ahora no son los únicos y quizás son otros mejores, pero para nuestro momento me parece tan adecuado decir que el Papa nos señala, como camino de la paz, la defensa de los Derechos Humanos... Y como Cristo, señalando- según ha dicho la Señora Carter- los objetivos y creencias más grandes que nosotros mismos, nos invita a la intimidad de la limpieza moral; ese es el otro gran camino de la paz, la honestidad de las costumbres.

Yo creo que así podíamos resumir, en dos grandes capítulos el gran mensaje de Juan Pablo II: una gran defensa de los Derechos Humanos y unos señalamientos audaces y valientes de la honestidad de costumbres, aún a una nación que podía caracterizarse un poco por el libertinaje.

-Defensa de los Derechos Humanos

Sí, la defensa de los Derechos Humanos viene a dar un aval maravilloso a la predicación del Arzobispado de San Salvador. Cuando dice en las Naciones Unidas: “Es cuestión de máxima importancia que todos los hombres de cada nación y de cada país, en cualquier clase de régimen y sistema político, puedan gozar de una efectiva plenitud de derechos. Solamente tal efectiva plenitud de derechos, garantizada a todo hombre sin discriminaciones, puede asegurar la paz en sus mismas raíces”...

Y cuando señala, en el mismo foro internacional, la declaración de los Derechos Humanos “ha afectado realmente a múltiples y profundas raíces de la guerra, porque el espíritu de guerra en su significado primitivo y fundamental brota y madura allí donde son violados los derechos inalienables del hombre”. Esta es una nueva perspectiva profundamente actual, más profunda y más radical de la causa de la paz. Es una perspectiva que ve la génesis de la guerra en las formas más complejas que derivan de la justicia considerada bajo todos los distintos aspectos. ¿Qué otra cosa hemos dicho, que la causa de todas las violaciones en El Salvador es lo que el Papa ha dicho: “...la raíz de toda guerra” y que si no se pone la segur a la raíz- como decía Juan Bautista- seguirá brotando la violencia y podrá llegar a esta criatura de la guerra, si no se pone el remedio de la justicia.

Por eso, también señala como raíz una grave amenaza contra tales derechos, que es la distribución desigual de los bienes materiales en situaciones marcadas por la injusticia y el daño social. “Subsistencia a veces como factores de perturbación las terribles diferencias entre los hombres y lo grupos excesivamente ricos por una parte y, por otra, la mayoría numérica de los pobres e incluso de los miserables privados de alimento, de posibilidades de trabajo y de instrucción, condenados en gran número al hambre y a las enfermedades... Es comúnmente sabido que el abismo entre la minoría de los excesivamente ricos y la multitud de los miserables es un síntoma muy grave de toda sociedad. Lo mismo hay que repetir con mayor insistencia a propósito del abismo que divide a los países y regiones del globo terrestre. ¿Podré ser colmada esa grave disparidad si no es mediante una cooperación coordinada de todas las naciones?”

Podríamos citar también en este capítulo de los Derechos Humanos, su condena a la violencia. “Todas las vidas son sagradas y el asesinato es asesinato, no importa cuál sea su motivo o finalidad. La violencia es indigna del hombre”.

-Opción preferencial por los pobres

El Papa nos dá mucha satisfacción al pensar como ratifica nuestra opción preferencial por los pobres, cuando en el gran país de las riquezas dice: “Mi corazón está en forma especial con los pobres, con aquellos que sufren, con aquellos que están solos en medio de estas bulliciosas metrópolis”. Es Cristo que pasa y ayer en las Naciones Unidas, en la OEA, mejor dicho, el Papa subraya para América Latina rasgos que rubrican la pastoral de nuestra Arquidiócesis cuando dice: “Que en este continente él tiene la conciencia de que todos los problemas pueden resolverse por negociaciones de paz”. Y cita el ejemplo en que él intervino allá en América del Sur. Es hermoso pensar, pues, que antes de agotar todos los caminos de la paz, es ilícito un recurso a la violencia. El Papa nos asegura que todavía hay caminos de paz y negociación, de razón y que tenemos que buscar allí, pero con urgencia y apremio, la solución de nuestras grandes crisis.

También en la OEA el Papa volvió a condenar enérgicamente, con palabras muy suyas, la teoría de la seguridad nacional cuando dice que “una nación o un estado en el que se quiera hacer prevalecer la seguridad interna sobre el bien común del pueblo está obstaculizando los caminos de esa racionalidad para resolver los problemas”... Y aseguró una vez más ante nuestros pueblos latinoamericanos que “No es el hombre para el estado, sino el estado para el hombre” y definió nuevamente la dignidad del hombre, ya sea un jornalero, ya sea un campesino, ya sea alguien el más humilde de nuestras, no hay ciudadanos de primera o de segunda clase, sino que todos son hijos de Dios y a todos hay que tratarlos con dignidad...

Dijo, hablando de las relaciones de la Iglesia con los Estados: “Todo lo que vosotros hacéis por la personalidad detendrá la violencia y las amenazas de subversión y desestabilización, porque al aceptar con valentía las revisiones exigidas por este único punto de vista fundamental que es el bien del hombre, digamos la persona y la comunidad, que como factor fundamental del bien común debe constituir el criterio esencial de todos los programas, sistemas, regímenes, dirigís las energías de vuestro pueblo hacia la satisfacción pacífica de sus aspiraciones. La Santa Sede se considerará satisfecha de prestar su propia y desinteresada colaboración a esta tarea. Y las iglesias locales, las diócesis de las Américas, harán otro tanto dentro de su marco de varias responsabilidades favoreciendo el progreso de la persona humana, de su dignidad y sus derechos para que sirvan a la ciudad terrena, a su promoción y a las legítimas autoridades. Es decir, que la Iglesia, trabajando en defensa de los Derechos Humanos y denunciando todos esos abusos de autoridad, está cumpliendo la misión dentro de su propia competencia. “La plena libertad religiosa que la Iglesia pide - dijo el papa es-, precisamente, para reconocer, no para oponerse a la legítima autonomía de la sociedad civil y de sus propios medios de acción”. Claro, que cuando se le respeta la libertad a la Iglesia y la autoridad civil también sirva a los intereses del bien común, la Iglesia y el Estado no tendrían ningún conflicto. Esta es la libertad que al Iglesia pide, y su libertad no la ocupará nunca para la subversión ni para oponerse a ninguna autoridad legítima sino para respetarla y para colaborar, pero siempre en servicio del pueblo al que la Iglesia y el Estado tienen que servir.

Por eso, dijo también: “Cuanto más capaces sean los individuos de disfrutar habitualmente sus libertades en medio de la nación, tanto más, obviamente, las comunidades cristianas serán capaces de dedicarse a sí mismas a la tarea central de evangelización, es decir, a predicar el evangelio de Cristo, fuente de vida, de fortaleza, de justicia y de paz”. En otras palabras, si la Iglesia está ahora ocupada en esta gran tara de la defensa de los derechos del pobre y de darle voz a tantas angustias que se escuchan, es, precisamente, porque no hay el uso de las libertades en el pueblo... Pero el Papa lo ha dicho y de mi parte ratifico mi voluntad de ser fiel al Papa: “No habrá conflictos, y la Iglesia se dedicará directamente a la predicación pura de su evangelio cuando los individuos que Dios le ha encomendado disfruten dentro del país las legítimas libertades por las cuales la Iglesia hoy debe luchar para saber cumplir con su misión, precisamente evangélica”...

Y por eso el Papa nos ha dado el gran ejemplo de que él, personalmente y frente a las Naciones Unidas, justificó su presencia y su lenguaje. No lenguaje político, sino, dijo: “La dimensión religiosa y moral de las relaciones de los estados y de los hombres hay que tenerla muy en cuenta”; -y el Papa dijo- “No confundamos la política con estos aspectos religiosos y morales con que la Iglesia y el Evangelio tienen el deber de iluminar las actividades aún en la ciudad terrenal de los hombres. Así como tampoco- dijo el Papa- debe de confundirse política con una ventaja de unos cuantos que pisotean a la muchedumbre. Son conceptos equivocados; la verdadera política es el bien común y en nombre de ese bien común para el hombre y para el pueblo, el evangelio debe de hablar”. Así habló el Papa en las Naciones Unidas entre políticos, o en la OEA entre diplomáticos y políticos, un lenguaje de pastoral y de evangelio.

-Defensa de la honestidad de costumbres

El Papa que dijo que “cuando los hombres y los pueblos disfruten plenamente las libertades que la Iglesia ha predicado, ella podrá dedicarse más íntimamente a la reflexión tranquila y serena de su evangelio, fuente de energía, de paz y de alegría espiritual”; predicó también ese camino de la honestidad y es aqui donde nos volvemos a encontrar con el evangelio de San Marcos. Cristo que también va a tocar hoy, en el tema del Evangelio que se ha leido, el gran problema que para mi en esta hora del país significa también una gran esperanza. Yo aquí dedico mi pobre palabra a ustedes, queridos seglares: los que viven en familia, los que tienen a su cargo el sostenimiento de una esposa, de unos hijos o los que al salir de la Iglesia saben que van para un hogar. Para todos ustedes que se preparan, tal vez con la ilusión de la juventud a formar un hogar, para todos ustedes que se preparan, tal vez con la ilusión de la juventud a formar un hogar, para todo hombre, para toda mujer, a quien Dios le ha dado el don más precioso que él ha podido dar, una participación de su amor. ¿Quién no se siente capaz de amar, y que otra cosa es la familia sino un testimonio del amor infinito de Dios en esta tierra? Por eso, el tema de San Marcos, tomado de la boca de Cristo, es el matrimonio monogámico, y podría yo titular así la homilía:

LA FAMILIA, FUENTE DE PAZ PARA LA SOCIEDAD

1. El matrimonio en el plan original del Creador (Es la primera lectura que nos remonta hasta el Génesis)

2. El matrimonio oscurecido por la mala voluntad del hombre (Tomado de la lectura del evangelio donde Cristo aclara por qué se daba libelo de repudio a una mujer cuando ya no congeniaba con un hombre. Fue el oscurecimiento del designio de Dios, pero al principio no fue así. “Por vuestra terquedad- dice Cristo- Moisés permitió dar un repudio a un mujer, pero al principio no fue así”)

3. (La segunda lectura unida con el evangelio). El matrimonio redimido y lanzado a la trascendencia por Cristo.

1. EL MATRIMONIO EN EL PLAN ORIGINAL DEL CREADOR

a) El caso del repudio

La preciosa página citada por el mismo Cristo: “¿Es lícito a un hombre repudiar a su esposa. Divorciarse de ella?” Era un caso que se discutía entre los rabinos, porque allá en el Deuteronomio, Moisés habló de una permisión, de una costumbre que ya existía como un mal menor; para no dejar abandonada a la mujer repudiada, ordenó Moisés que se diera un libelo, un documento de repudio. Pero el objetivo era principalmente una legalidad religiosa. El hombre que se ha separado de su mujer y ella ha tenido relaciones con otra persona, no puede volver a ser esposa del primer marido. Era una ilegalidad de carácter religioso, ofendería a Dios.

-Al principio no fue así

Le preguntan a Cristo: “En esta situación que se discute hoy tanto a tu alrededor; ¿Qué dices? Y Cristo dice claramente: “Eso lo permitió Moisés por vuestra terquedad, es decir, es un mal menor. No es esa la voluntad de Dios”. Y hoy vamos a poner el matrimonio en su propia situación, tal como Dios lo quería. “Al principio no fue así”.

b) Catequesis cíclica del matrimonio

Al principio lo que pasó fue la página del Génesis que se ha leído hoy, una página bellísima que no debemos de interpretarla como cuento infantil de Dios haciendo muñecos de barro, dando un soplo para que tengan vida, sino que es un modo primitivo de contar una psicología profunda que hay en el matrimonio.

-Los animales... la mujer... sueño de Adán

Se nos presenta a Dios creando al hombre y a todos los animales y ordenando al hombre que le dé nombre a cada animal. Hay una especie de análisis de toda vida que hay en el universo fuera del hombre. El hombre no encontraba entre todos los animales un ser semejante a él. Entonces, dijo Dios: “No está bueno que el hombre esté solo”. Y nos comenta el Concilio Vaticano II, cuando habla de la dignidad del hombre, que Dios creó al hombre no solitario, sino que lo hizo capaz de formar una unidad e hizo a la mujer como primer elemento de esa necesidad del hombre que es por naturaleza social. En el matrimonio se realiza la célula primera de lo que debe ser la sociedad.

El describirnos aquí, en el Génesis, como sacando a la mujer del propio costado del hombre, tampoco se debe de entender materialmente, sino una especie de parábola viviente como para decir: es vida de la misma vida del hombre, forman un solo principio de vida, se atraen mutuamente y según la mente de Dios, tiene que formar la pareja una sola carne. De tal manera que nadie puede separar lo que Dios ha unido. El sueño al que se refiere el Génesis, es una expresión de carácter religioso como para velar la acción sublime, creadora del Señor al hacer a la primera mujer y al hacer el primer amor que une a un hombre y una mujer. Es maravilloso, entonces, pensar que el matrimonio surge de la iniciativa de Dios.

-Una institución estable

“El bienestar de la persona- comenta el Concilio- y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar... La dignidad de esta institución no brilla en todas partes con el mismo esplendor, puesto que está oscurecida por muchas faltas..., sin embargo, un hecho muestra bien el vigor y la solidez de la institución matrimonial y familiar: las profundas transformaciones de la sociedad contemporánea, a pesar de las dificultades a que han dado origen, con muchísima frecuencia manifiestan, de varios modos, la verdadera naturaleza de tal institución”.

En otras palabras, el Concilio nos dice que aunque ha habido muchas vicisitudes en la historia, desde aquella primera página del Génesis hasta hoy, siempre se ha salvado la institución del amor entre el hombre y la mujer. Y así, cuando se celebra el matrimonio, el sacerdote recuerda la única institución que no fue abolida ni por la pena del diluvio sino que sobrevino a las catástrofes de la historia y se mantiene, me parece así, como cuando se tala una selva; todos los pecados pueden destruir el matrimonio; sin embargo, de aquellos árboles talados comienza nuevamente a retoñar la vida. Siempre habrá el matrimonio según la mente de Dios aún cuando los hombres quisieran destruir una institución tan santa y tan noble. Permanecerá la palabra: “Lo que Dios ha unido, el hombre no lo puede desunir”.

c) Importancia del matrimonio para los cambios del mundo

En Puebla, -yo quisiera destacar también el hecho de que el matrimonio para nuestra situación actual en América Latina es una institución benéfica, un gran elemento para los cambios necesarios de nuestra sociedad, - Puebla dice: “Para que funcione bien, la sociedad requiere las mismas exigencias del hogar: formar personas conscientes, unidas en comunidad de fraternidad para fomentar el desarrollo común. La oración, el trabajo, la actividad educadora de la familia, como célula social, deben orientarse a trocar la estructuras injustas, por la comunión y participación entre los hombres y por la celebración de la fe en la vida cotidiana. “En la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el evangelio y la vida concreta, personal y social”, (EN 29) la familia sabe leer y vivir el mensaje explícito sobre los derechos y deberes de la vida familiar. Por eso, denuncia y anuncia, se compromete en el cambio del mundo en sentido cristiano y contribuye al progreso, a la vida comunitaria, al ejercicio de la justicia distributiva, a la paz”. En otras palabras, el proyecto primitivo de Dios al hacer el matrimonio, nos estaba ofreciendo también para situaciones de crisis como las que está viviendo hoy El Salvador, una tabla de salvación, en el hogar.

Hermanos, yo aquí como les decía, hago un llamamiento a todos ustedes artífices de tantas familias, constructoras de tantos hogares, que cada familia en El Salvador no sea una rémora a los urgentes cambios que necesita la sociedad. Que ninguna familia por estar bien ella sola se aísle del conjunto de la sociedad. Nadie se casa sólo para ser felices los dos; el matrimonio tiene una gran función social, tiene que ser antorcha que ilumina a su alrededor a otros matrimonios caminos de otra liberaciones. Tiene que salir del hogar el hombre, la mujer capaz de promover después en la política, en la sociedad, en los caminos de la justicia, los cambios que son necesarios y que no se harán mientras los hogares se opongan; en cambio, será tan fácil cuando desde la intimidad de cada familia se vayan formando esos niños y esas niñas que no pongan su afán en tener más sino en ser más. No en atraparlo todo sino en darse a manos llegas a los demás. Hay que educarse para el amor. No es otra cosa la familia que amar y amar es darse, amar es entregarse al bienestar de todos, es trabajar por la felicidad común...

Esto fue en el principio, el matrimonio, pues, mientras se mantiene fiel palabra dura pero hay que decirla-. Porque la fidelidad y el amor son inseparables, por eso el matrimonio tiene que ser lo que Dios unió en el amor, nadie lo puede desunir.

2. EL MATRIMONIO OSCURECIDO POR LA MALA VOLUNTAD DEL HOMBRE

-Juan Pablo II reclama respeto a la moral católica

Juan Pablo II, les decía al principio, se dedicó en gran parte de su mensaje a defender de esta mala voluntad del hombre, la santidad del amor; allá en Filadelfia, el Papa dice: “En la sociedad de hoy vemos tantas tendencias inquietantes y tanto libertinaje respecto al enfoque cristiano sobre la sexualidad. El recurso al concepto de la libertad para justificar cualquier comportamiento que ya no es consecuente con el verdadero orden moral y la enseñanza de la Iglesia”. Aquí habría tanto que decir, cuando el mismo Concilio Vaticano II denuncia en las situación actual del matrimonio; dice: “La dignidad de esta institución no brilla en todas partes con el mismo esplendor puesto que está oscurecida por la poligamia, la epidemia del divorcio, el llamado amor libre y otras deformaciones. Es más, el amor matrimonial queda frecuentemente profanado por el egoísmo, el edonismo, los usos ilícitos contra la generación”.

En Puebla, cuando se describió la situación de la familia en América Latina se señalaron cosas muy penosas, como cuando dice: “La familia es una de las instituciones en que más ha influido el proceso de cambio de los últimos tiempos. La Iglesia es consciente de que en la familia “repercuten los resultados más negativos del subdesarrollo: índices verdaderamente deprimentes insalubridad, pobreza y aún miseria, ignorancia, y alfabetismo condiciones inhumanas de vivienda, subalimentación crónica y tantas otras realidades no menos tristes”... (571)

La familia aparece también como víctima de quienes convierten en ídolos la riqueza y el sexo”. Esta es la gran lacra de nuestro tiempo que carcome tantos matrimonios, el haber hecho esas idolatrías: el poder, la riqueza, y el sexo. Cuando se endiosan esos valores relativos y se absolutizan por encima de todo lo que parece es lo tierno y santo del amor, la fidelidad, el matrimonio. “A ésto contribuyen las estructuras injustas, sobre todo los medios de comunicación, no sólo con sus mensajes de sexo, lucro, violencia, poder, ostentación, sino también destacando lo que contribuye a propagar el divorcio, la infelidad conyugal y el aborto o la aceptación del amor libre y de las relaciones pre-matrimoniales”. (573)

“En todos los niveles sociales, la familia sufre también el impacto del deletéreo de la pornografía, el alcoholismo, las drogas, la prostitución, la trata de blancas, así como el problema de las madres solteras y de los niños abandonados. Ante el fracaso de los anticonceptivos químicos y mecánicos, se ha pasado a la esterelización humana y al aborto provocado, para lo cual se organizan insidiosas campañas”. (577) Jamás la Iglesia dejará de condenar esas políticas antinatalistas, a veces, con visos políticos inconfesables de los que ha hecho de nuestra población lo que un estudiante universitario de medicina decía: “Están castrando a nuestro pueblo”.

“No era así al principio”, dice Cristo. Todo eso es la dureza de vuestros corazones, el haber endiosado el placer, donde los niños estorban, donde el sexo se endiosa y donde no se quiere el espíritu de pobreza sino la ostentación, el consumo. Es necesario, pues, si queremos tener hogares, familias que transformen de veras una civilización, y es urgente transformarla, tener en cuenta el mensaje del Papa a lo largo de Estados Unidos, a los jóvenes y a todos aquellos cultores del edonismo y del placer, que no puede llamarse libertad cuando se pone al servicio de las cosas inmorales y que es necesario una revisión profunda de nuestra moral, de nuestra honestidad para volver el matrimonio a la verdadera originalidad con que Dios lo creó: testimonio de su amor infinito. Y el amor de Dios es santo, y la fidelidad de Dios es dignísima, de esa dignidad infinita quiero hacer unos espejos que reflejen en la tierra, la belleza del amor y es el santo matrimonio.

Por eso, repito, queridos hermanos, y perdonen que recordando aquí el mensaje del Papa en un campo tan difícil de pronunciarse, porque no se quiere oír, no podemos menos que reclamar para que entre todos levantemos esta situación tan postergada de la familia, para que entre todos hagamos una campaña de redención del amor santo del matrimonio, para que volvamos a lo primitivo que Dios quería cuando hizo al primer hombre y a la primera mujer y pensó en todos los hombres y en todas las mujeres para que se amaran con el amor con que él ama en su eterna familia. Que Dios, dijo el Papa en Puebla, no es un ser solitario, como el hombre no debe ser un ser solitario, sino que es familia, personas llamadas por una vocación divina a comulgar en el amor y a participar desde la plenitud de su dulzura de hogar, la belleza, la comunión, la participación, la vida, la felicidad, a un mundo tan carente de estos valores.

3. EL MATRIMONIO REDIMIDO Y LANZADO A LA TRASCENDENCIA POR CRISTO

a) Cristo presenta al Padre la humanidad redimida

La figura de Cristo, comparándola con la figura del Papa en Estados Unidos, es una figura sacerdotal, una figura como que levanta en su manos sagradas los valores divinos del matrimonio pero tirados por el suelo para redimirlos y para volverlos a su cauces grandiosos. Por eso me he permitido aplicar a este tercer punto, la segunda lectura. Cuando San Pablo- y si no es él el autor, el autor de la carta a los Hebreos- nos describe el momento culminante de la misión de Cristo: Ya pasó su pasión y su muerte, ya resucitó y arrastró en pos de sí a todos los que creyeran en él; y está presentando ante el Padre Celestial a toda la familia de los redimidos. Ojalá estemos todos alla en ese número bendito que San Pablo dice hoy: El, el guía que conduce a toda esta familia de hermanos a la salvación. “Santificador y santificados proceden todos del mismo”- se entiende Adán-. “La misma familia humana, la que se multiplicó gracias al amor conyugal, la que se pobló en el mundo pero de allí redimida por Cristo, ha realizado, lo que significa todo matrimonio.

Esto es hermanos, lo que yo quisiera dejar como mensaje de la homilía de hoy. ¿Por qué el matrimonio es también un sacramento? ¿Por qué no basta que un hombre se case con una mujer y vivan fielmente?, porque hay muchos que aún sin haber recibido la bendición de la Iglesia, simplemente unidos, son tan felices, son tan buenos que es un amor a toda prueba. Por eso no decimos que sea malo el vivir así nada más; pero sí decimos: es incompleto, le falta el sentido sacramental. Es por ésto, porque el amor de un hombre y una mujer, por más nobles y fieles que sean, no están llenando el signo para el cual Dios inventó que un hombre se amara con una mujer.

¿Por qué Dios hizo al principio varón y mujer? ¿Por qué Dios usó el atractivo sexual del varón y de la mujer? ¿Por qué quiere Dios el amor permanente de ese hombre y de esa mujer cuyo amor fructifica en hijos y hace familia? No fue sólo por deleitarse él en el placer de un hombre y de una mujer viéndolos crecer y multiplicarse, era por algo más divino. Es porque en el amor del hombre y de la mujer y de los hijos, se refleja el amor infinito que Dios le tiene al hombre y por el cual el hombre sigue a ese Cristo Redentor.

b) Significado sacramental del amor conyugal: Cristo- La Iglesia

El amor de Cristo a la Iglesia, el amor del Redentor por el pueblo redimido, ésto refleja todo matrimonio, y cuando no hay bendición sacramental no se ha elevado ese amor conyugal a hacer el signo de un amor divino. Varias veces he usado la comparación de la hostia en el altar. Allá están las hostias de trigo, sabrosas pero todavía no son Cuerpo de Cristo, hasta que el sacerdote las consagra y hace que de signo del pan, se haga presente Cristo mismo. Algo así también es el amor del hombre y de la mujer. Pan simplemente, sabroso pan de amor, no es malo pero no está completo. Sólo cuando el hombre ante Dios se entrega a la mujer y la mujer ante el hombre, ante Dios se entregan para siempre y Dios bendice el amor de sus dos hijos, entonces ese amor ya está consagrado, lo ha unido Dios para siempre, lo ha transformado de amor de hombre y de mujer en amor de Dios a la humanidad.

Por eso, el matrimonio bendecido por Dios cuando pasa por el mundo, tiene que llevar una misión que cumplir, todos los que miren caminar por las calles de esta tierra a un hombre y a una mujer casados por Dios, pueden decir: “Todavía hay amor, así nos ama Dios como se aman ellos”. Por eso no cumple su misión matrimonial el amor del matrimonio que no es fiel. Hay una misión sublime que no termina en el hogar y en los hijos, es una irradiación social que todo matrimonio tiene que hacer para ser benefactor de la sociedad.

c) Puebla: “Los cuatro rostros del amor” (583)

En esta reflexión, yo no quiero prescindir de una bellísima consideración de Puebla, cuando dice: “La pareja santificada por el sacramento del matrimonio es un testimonio de presencia pascual del Señor”. ¿Qué quiere decir ésto? Todo matrimonio bendecido por Dios es presencia pascual, es decir, presencia redentora de Cristo, Cristo resucitado, Cristo que vive en el amor, vive en esos esposos.

“La familia cristiana cultiva el espíritu de amor y de servicio. Cuatro relaciones fundamentales de la persona encuentran su pleno desarrollo en la vida de la familia: paternidad, filiación, hermandad, nupcialidad”. Es decir: paternidad es la relación del padre hacia el hijo. ¡Con qué ternura el padre mira que se prolonga en su hijo! Filiación: la ternura del hijo mirando en el padre, su origen. Hermandad, los niños se aman como hermanos y reconocen un sólo origen. Cuando ya son grandes, nupcialidad, el joven que debe dejar a su madre y a su padre para unirse con otra joven, y la joven que deja su hogar para formar un nuevo hogar.

Dice Puebla: estas cuatro relaciones; paternidad, filiación

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