Las tres fuerzas cristianas que forjaran la liberación de nuestro pueblo


Las tres fuerzas cristianas que forjaran la liberación de nuestro pueblo
HOMILIAS 1979 32° Domingo del Tiempo Ordinario
11 de Noviembre de 1979

1 Reyes, 17, 10-16
Hebreos 9, 24-28
Marcos 12, 38-44

Queridos hermanos:

-La Iglesia, escuela de forjadores de historia
La palabra de Dios está siendo retada por la historia; así es siempre y si nosotros los cristianos logramos encarnarla y hacerla nuestra vida, ese reto de la historia tendrá la respuesta de la palabra de Dios en nuestra propia vida. Por eso les invito a que nuestra reflexión la hagamos con sincero deseo de que esa palabra de Dio se encarne profundamente en nuestra vida no sólo individual sino comunitaria, de tal manera que El Salvador pueda tener en esta hora de crisis, de esperanzas, de aflicciones, un pueblo de Dios  que es toda una esperanza y luz para nuestra propia historia.

En Puebla, se dijo esta hermosa definición de Iglesia: “La Iglesia, escuela de forjadores de historia”. ¡Qué hermoso fuera que todos nosotros fuéramos forjadores de nuestra propia historia! La Iglesia, que para muchos que sólo tienen criterios políticos y coyunturales como que se opaca, como que no es oportuna en ciertas ocasiones, flota sobre todas las vicisitudes y sobre todas las coyunturas porque es una escuela que forja hombres para la historia, y tiene una palabra para cada momento, y una actitud de comunidad como pueblo de Dios de acuerdo con el momento y la geografía donde vive y pasa ese pueblo de Dios.

-La historia reta a los cristianos
Para mí, queridos hermanos, no hay satisfacción más profunda que esta convicción que yo trato de comunicarles a ustedes y hacerla más honda en mí: que en la medida en que seamos Iglesia, es decir, cristianos verdaderos, encarnadores del evangelio, en esa medida seremos el ciudadano oportuno, el salvadoreño que se necesita en esta hora. Si nos alejamos de esta inspiración de la palabra de Dios podemos ser hombres de coyunturas, oportunistas políticos, pero no seremos el cristiano que siempre es un forjador de la historia.

-Dos actitudes extremas: “pasivistas” y “activistas”
En estos momentos -dice Puebla- cuando hay crisis en los pueblos hay dos actitudes extremas: la de los “pasivistas” y la de los “activistas”. Los pasivistas que lo esperan todo como que viene de Dios; rezan mucho pero callan y no actúan. Los activistas, al revés, piensan que Dios está muy lejos y que la historia la hacen sólo los hombres, y así toman posturas de momento, de oportunidad, y se creen capaces de juzgar a todos los demás cuando no piensan como ellos. Ellos, los activistas, son los artífices de la historia. Ni unos ni otros tienen razón. La actitud verdadera la enseñó Dios a su pueblo, Israel es el pueblo que Dios prepara para ser ejemplo de todas las historias de los pueblos.

-Israel: -encuentra a Dios en su historia
¿Qué hace Israel en las coyunturas de su historia? Primero, encuentra a Dios en su historia; y, segundo, siente que hay una alianza entre el Dios de la historia y él, el hombre, el israelita artífice de su historia. Y entre los dos, Dios y el hombre porque han hecho una alianza de liberación, liberan al pueblo siempre. Nunca sólo el hombre, nunca sólo Dios. Dios y el hombre van haciendo la historia. La mejor flor de esa Pedagogía es Cristo.

-Jesús: total confianza en el Padre
Por eso, cuando el Divino Maestro, que es el patriota modelo también, nos enseña en su evangelio la palabra que nos hace hombres actuales en todo momento, los cristianos, nos ha dejado una mística que yo quisiera que fuera la mística de cada uno de nosotros. Cristo tiene una confianza total en el Padre y la aconseja: “¿No ven los lirios del campo, no ven los pajaritos del cielo como los cuida mi Padre? No cae una hoja del árbol, no cae un pelo de la cabeza sin el permiso de mi Padre”. ¡Que confianza absoluta del Señor!

-Corresponsabilidad, compromiso
Pero no es un pasivista, es el hombre que siente con su Padre la corresponsabilidad de la historia, y se compromete con la historia, y se encarna con los pobres de su pueblo, y vive su historia, y trata de sintonizar el querer de su Padre en esta historia, no cuando él, el Hijo la quiere, sino cuando el Padre la quiere.

-Esperar su hora
Por eso, cuando lo quieren apresurar dice: “No ha llegado la hora”. Va en sintonía maravillosa buscando el querer, la oportunidad, el momento del Padre. ¡Espera su hora!

-Liberar el dolor por el dolor
Otra cosa que hemos olvidado mucho en estas horas de liberación, Cristo la enseña a su pueblo: Es en el dolor como se debe redimir el dolor del pueblo. No es gritando únicamente los derechos humanos, sino sabiendo sentir también el compromiso del dolor y del sufrimiento. Se dice muchas veces: los hombres pecan porque sufren, pero es al revés, sufren porque pecan. El dolor, la esclavitud, la pobreza, el analfabetismo, el hambre, la marginación, la injusticia social, todo eso que es el trasfondo de todas estas crisis de nuestra patria es producto del pecado, y el pecado sólo se redime con reparación. No hay redención sino es la muerte dolorosa de Cristo en la cruz. Y por eso enseña el Señor que no es gritando demagógicamente, no es actuando con violencias y reclamando nada más, sino asumiendo el dolor del pueblo y dándole al dolor del pueblo el sentido de redención, no es forma pasivista pero sí en forma activa. El dolor es la fuerza más grande y la estamos perdiendo.

-San Marcos: la cruz, fuente de vida pascual
Por eso me gusta abrir hoy las páginas de la Sagrada Escritura donde San Marcos, ya casi terminando su misión de guía durante todo este año, nos coloca frente a la pasión de Cristo en aquellas disputas con sus enemigos, con sus adversarios, donde va aclarando su pensamiento, su vida, lo que ha de ser su redención.

Para iluminar esa fase de la vida de Cristo, la liturgia toma un pasaje del Antiguo Testamento que lo complementa y un pasaje de las cartas de los apóstoles que vivieron profundamente la enseñanza del Señor y nos trasmiten -en eso que se llama la tradición, la Biblia- el pensamiento del Señor.

Que no digan, pues, que no leemos la Biblia. No sólo la leemos sino que la analizamos, la celebramos, la encarnamos, la queremos hacer nuestra vida. Ese es el sentido de la homilía: encarnar en el pueblo la palabra de Dios. No es político cuando en la homilía se señalan los pecados políticos, sociales, económicos, sino que es palabra de Dios encarnándose en nuestra realidad que muchas veces no refleja el Reino de Dios, sino el pecado; para decirle a los hombres cuáles son los caminos de la redención.

Yo encuentro en las tres lecturas de hoy esto que podía ser el título de la homilía.

LAS TRES FUERZAS CRISTIANAS QUE FORJARAN LA LIBERACION DE NUESTRO PUEBLO

Aquí están en la palabra de hoy las tres fuerzas que Cristo nos ofrece para liberar, para sacar de la crisis a este país. Ojalá todos, gobernantes y gobernados, pobres y ricos, organizados y no organizados, todos sintamos que debemos de ser partícipes de nuestra historia, No hay ningún pasivo. No debe haber tampoco ningún activista, porque si el Señor no construye la civilización, en vano trabajan todas las organizaciones y todas las fuerzas que los hombres quieran crear como definitivas y decisivas. ¿Cuáles son esas tres fuerzas?:

1o.- El espíritu de pobreza

2o.- El sentido de Dios

3o.- La esperanza en el misterio de Cristo

1. EL ESPIRITU DE POBREZA

a) El óbolo de la viuda

En el Evangelio se destaca hoy la figura simpática de una pobrecita viuda, que mientras los ricos echaban lo que les sobraba ella echaba toda su vida: los dos regalitos que tenía para su sustento. Y Cristo la admira: “Esta ha echado mucho más que todos, porque los otros echan lo que les sobra; ésta, en cambio, ha echado todo lo que tenía para vivir”.

-Contraposición de actitudes: fariseos y escribas
Y lo contrapone Jesucristo: En la vida de Cristo, advirtamos, queridos hermanos, una molestia que llevó durante todo su misterio: sus enemigos, sobre todo, los hipócritas. Y trataba de desenmascararlos siempre que podía.

-Autosuficiencia
Por eso, frente a este gesto auténtico de pobreza, compra la autosuficiencia, el orgullo de los poderosos, aunque sean ministros de la Iglesia y, sobre todo, cuando se glorían de sus riquezas, cuando están adorando al ídolo dinero.

-La viuda lo dá todo
¿Qué se destaca en ese pasaje de la viuda entregando todo lo que tenía? “Lo dá todo”. La pobreza no es desprenderse de lo que sobra. La pobreza es dar; y no sólo dar, es darse uno a sí mismo. La pobreza es darse, no tener nada, querer sólo a Dios como absoluto y no poner la confianza en las cosas de la tierra. En ésto está el pecado de la riqueza. No que las riquezas sean malas, si Dios las ha creado, pero como dice San Pablo: “deben de usarse como medio para el Reino de Dios. Haceos amigos de vuestras riquezas para que cuando muráis, os reciban en las eternas moradas”.

Es la riqueza bien administrada aquella que dá no con orgullo, no quien dá lo que sobra, sino quien dá con lo que dá, su propio corazón, su propia vida, como a un hermano; no con paternalismo o como dice el Concilio: “No hay que dar de caridad lo que ya se debe por justicia”. Se hacen fiestecitas muchas veces de Navidad, de cumpleaños, piñatas, y se cree que son grandes bienhechores aquellos que dan una fiestecita de esas cuando no pagan lo justo a sus trabajadores. Quieren dar de caridad lo que ya se debe de justicia.

No bastaría dar de justicia nada más, sino dar con amor, sentir que es hermano el trabajador. Todo aquel que comparte conmigo la vida debe compartir también los bienes que Dios dá para la felicidad de la vida. Esta es la gran transformación que necesitamos en nuestro tiempo y ésto significa una fe profunda en el único absoluto. La pobre viuda con su pobreza enriquece el culto de Dios. Estas son las limosnas que llegan hasta el trono de Dios. Dios no necesita nuestro dinero, pero cuando el dinero que se le dá lleva todo el corazón, todo el amor, entonces Dios también es alabado. El dinero también puede convertirse en alabanza del Señor y ésto significa una gran confianza: no me faltará; si le doy al Señor, dueño de todas las cosas, ¿cómo me va a negar lo que yo puedo comprar con dos reales?

Y era feliz porque confiaba en el único Absoluto. En cambio, dice Cristo: “Los otros, los fariseos y escribas, autosuficientes, se pavonean con sus grandes ornamentos por las plazas, y, más aún, aprovechan el culto para la rapiña. Engañan a las viudas con largas oraciones para extorsionarlas”.

Que fuerte es Cristo aún para nosotros los ministros de la Iglesia, porque también nosotros con estos ornamentos sacerdotales podemos dejar de ser intercesores ante Dios para convertirnos en pecado de soberbia, de orgullo, de vanidad. Y a nosotros, también, nos dice el Señor: cuidado, que esos ornamentos y toda esa dignidad de vuestro sacerdocio, y toda esa superioridad de vuestra dirigencia, como dirigentes políticos, económicos, o sociales, el pertenecer a esas categorías, no debe de ser un privilegio sino un servicio.

Hay que convertirse, queridos hermanos, yo el primero, todos; tenemos que sentir que la vida y los bienes que el Señor nos ha dado, nuestra capacidad de haber estudiado, nuestras capacidades económicas, políticas, sociales, religiosas, todo debe ser para el servicio del Señor.

b) Elías y la viuda

Comparando con este ejemplo del evangelio, viene una pintoresca lectura del profeta Elías con otra viuda, la viuda de Sarepta.

-Dos ejemplos de fe y confianza en Dios, de entrega total a los demás
A Elías se le llama: el hombre de Dios. Y la pobre viuda cree al hombre de Dios porque le habla en nombre del Señor. “Dame de comer”. Ella le dice: “No tengo más que un poquito de harina y un poquito de aceite, allá estoy atizando la hornilla, voy a hacer un panecillo para mí y para mí hijo, lo vamos a comer y no nos queda más, vamos a morir de hambre”. Y el hombre de Dios le dice: “De ninguna manera, ten confianza en Dios, haz el pan que estás haciendo, pero dame también a mí una parte”.

Y aquella mujer, como la viuda del evangelio, se desprende del único panecito que es el sustento de toda su vida ya no hay más. Pero Dios bendice la fe del profeta y la confianza de la viuda. “Lo ha dicho el Señor”, le dice el profeta. Y la viuda cree al Señor. Esta es la pobreza verdadera. No se tiene nada pero se tiene lo mejor: la confianza en Dios. Y comenzó a haber pan, no faltó más pan, ni aceite, durante toda aquella famosa sequía que tuvo la tierra de Palestina sin lluvia, sin cosechas, donde muchos se murieron de hambre. Estos pobres que confiaron en Dios tuvieron lo necesario.

c) ¿Qué es la pobreza?

Queridos hermanos, a la luz de estos ejemplos tan bellos que nos ha contado hoy la escritura, hagan como lo define Puebla: “Para el cristiano, el término “pobreza” no es solamente expresión de privación y marginación de las que debemos liberarnos. Designa también un modelo de vida que ya aflora en el Antiguo Testamento en el tipo de los “pobres de Yahvé” -así los llama la Biblia, los pobres de Dios-. Este modelo de vida pobre se exige en el evangelio a todos los creyentes en Cristo y por eso podemos llamarlo “pobreza evangélica”. San Pablo concretó esta enseñanza diciendo que la actitud del cristiano debe de ser la del que usa de los bienes de este mundo (cuyas estructuras son transitorias) sin absolutizarlas, pues son sólo medio para llegar al Reino”. (1148) La pobreza es sencillamente no absolutizar la riqueza sino darle su sentido relativo y tener como único Absoluto a Dios, dueño de todas las cosas.

“El compromiso con los pobres y los oprimidos y surgimiento de las comunidades de base han ayudado a la Iglesia a descubrir el potencial evangelizador de los pobres, en cuanto la interpelan constantemente, llamándola a la conversión y por cuanto muchos de ellos realizan en su vida los valores evangélicos de solidaridad, servicio, sencillez y disponibilidad para acoger el don de Dios”. (1147).

Los pobres nos misionan. Por eso, la Iglesia evangeliza a los pobres, como decía Cristo, porque los pobres también revierten hacia ella una evangelización. Los pobres son los forjadores de nuestra historia.

“La pobreza evangélica une la actitud de la apertura confiada en Dios con una vida sencilla, sobria y austera que aparta la tentación de la codicia y el orgullo”. (1149) Aquí está el mal de nuestras esclavitudes: la codicia, el orgullo. No lo tiene sólo los que tienen dinero, lo tienen también los pobres que no son pobres: lo tienen también aquellos que creen liberar al pobre y son más avaros y codiciosos y orgullosos. “La pobreza evangélica se lleva a la práctica… no por imposición, sino por el amor, para que la abundancia de unos remedie la necesidad de los otros”. (1150)

d-) Bienes de la pobreza

Yo creo que bastan estas consideraciones. Solamente quisiera decir por que el espíritu de pobreza no es tan necesario en esta hora. Voy a tomar el pensamiento del Papa Pablo VI que decía que para este momento histórico, lo principal es la caridad y la pobreza. Y cuando analiza la pobreza, dice: “Pensemos en la liberación interior que produce el espíritu de pobreza evangélica”. ¡Liberación interior! Nadie es tan libre de verdad como el que es pobre de espíritu, el que no está apegado ni está endiosando la riqueza. “Pobreza evangélica que dá libertad de espíritu y nos hace comprender los fenómenos humanos vinculados a los factores económicos”. El pobre no niega que para el progreso se necesita dinero, pero sabe comprender el valor de ese progreso; que no sea humillante, que no sea solamente para unos cuantos privilegiados sino que sea de verdad para todos los hijos de Dios.

También esa libertad de espíritu dá a la riqueza y al progreso el justo y severo aprecio que le conviene. No hay que endiosar el progreso como si sin él no se pudiera vivir. Hay que tener en cuenta que lo primero es Dios y, junto a Dios, el hombre. Si un progreso aparta de Dios, o aparta, o mutila, o atropella al hombre, no es verdadero progreso. Solamente el que tiene espíritu de pobreza sabrá poner por encima de todo a Dios y al hombre que es la clave de toda civilización. No el tener grandes edificios, el tener grandes campos de aviación, grandes carreteras, si por ellas no ha de pasar más que una minoría privilegiada y no el pueblo con cuya sangre se hacen todas esas cosas…

“También la pobreza nos hace idóneos para dar a la indigencia el interés más solícito y generoso. Nadie comprende al pobre tan bien como otro pobre. Aún cuando sólo se sea pobre de veras con el amor con que se dá, se comprende y se es solícito y generoso con aquellos que sufren la indigencia. Y, finalmente, nos capacita para desear que los bienes económicos no sean fuente de luchas, de egoísmos, de orgullo entre los hombres sino que estén orientados por vías de justicia y de equidad al bien común, y por lo mismo, más abundantemente distribuidos”.

Esta es la palabra del espíritu de pobreza. Por eso, hermanos, al terminar esta reflexión, yo hago un llamamiento en esta hora en que se ha iniciado un proceso nuevo en la patria: que lo alentemos entre todos. Mucho se oye decir de un contragolpe fomentado por la derecha. Naturalmente que cuando la derecha siente que le tocan sus privilegios económicos, moverá cielo y tierra para mantener su ídolo dinero. Primero Dios que no sea así, primero Dios que este llamamiento de la palabra de Dios de que está por encima de todos los ídolos el valor absoluto de Dios, y que no hay libertad más grande que tener el corazón despegado de las cosas de la tierra, y no hay pequeñez ni subdesarrollo más vergonzoso que la codicia, el hacer consistir la vida en tener y tener, y no ver que el verdadero ideal es ser, ser cristiano, ser de Dios y darle a las cosas su valor relativo.

Yo les repito a los que todavía no se apartan de estar de rodillas ante su dinero: que se sepan desprender a tiempo por amor antes que los arranquen por la violencia… Este es el peligro de la extrema derecha. Y no sólo la extrema derecha, de todos. Mi visión es pastoral, palabra de evangelio que estoy predicando y desde Cristo digo que el gran peligro de la verdadera civilización es el amor desmesurado de los bienes de la tierra, y que el ejemplo de estas dos viudas y del profeta Elías son llamadas elocuentes de Dios en una hora bien oportuna para El Salvador: desprendimiento para tener la libertad, y sólo desde la libertad del corazón trabajar la verdadera liberación de nuestro pueblo.

2.- EL SENTIDO DE DIOS

a) Contraste entre verdadera y falsa religiosidad

Voy a meditar en el segundo pensamiento de hoy, que las palabras de hoy nos dan también un sentido de Dios. Ya casi lo he insinuado cuando he dicho que imitando a Jesucristo: no se puede servir a dos señores, no se puede ser esclavo de Dios y esclavo del dinero. O se sirve uno y se desprecia al otro, o se sirve al otro y se desprecia al primero. ¿Cuándo vamos a comprender?

El otro día, a uno de estos hombres que proclaman la liberación en el sentido político, le preguntábamos: “¿Qué significa para ustedes, la Iglesia?” Y dice esta palabra escandalosa: “Es que hay dos Iglesias, de los ricos y la Iglesia de los pobres. Creemos en la Iglesia de los pobres pero no creemos en la Iglesia de los ricos”…

Naturalmente es una frase demagógica y yo no admitiré nunca una división de la Iglesia. No hay más que una Iglesia, ésta que Cristo predica, la Iglesia que debe de darse con todo el corazón, porque aquel que se llama católico y está adorando sus riquezas y no quiere desprenderse de ellas no es ni cristiano; no ha comprendido el llamamiento del Señor, no es Iglesia. El rico que está de rodillas ante su dinero aunque vaya a misa y aunque haga actos piadosos si no se ha desprendido en el corazón del ídolo dinero, es un idólatra, no es un cristiano. No hay más que una Iglesia, la que adora al verdadero Dios y la que le sabe dar a las cosas su valor relativo.

-La viuda: actitud de devoción
El sentido de Dios está cabalmente en esto. Esta viuda demuestra una actitud de devoción, fomenta el culto del templo con su pequeña limosna pero sabe que no está en dar dinero sino en el sacrificio espiritual: ¡Darse a Dios! Esto es lo que llamó la atención de Cristo. Esta mujer ha dado todo lo que tiene, porque confía en Dios y Dios no le fallará.

-Los escribas: primeros puestos, repiña so pretexto de oración
La actitud de los otros hombres que también están en el templo pero ambicionando los primeros puestos y luego explotando también su sentido de oración para la rapiña. ¡Qué vergüenza cuando se convierte el servicio religioso en una manera de ganar dinero! No hay escándalo más horroroso. Y yo diría a mis queridos hermanos sacerdotes, y a las instituciones católicas, a las congregaciones y colegios, y a todo aquello que se llama y quiere ser Iglesia: mucho cuidado con caer en esta maldición de Jesucristo que fustigó severamente, ante el ejemplo de la devoción auténtica de la viuda, la actitud de los falsos religiosos que hacen consistir en ampulosidades y en exterioridades, sus malas intenciones que llevan por dentro.

b) Dos ejemplos de fe y confianza en Dios

Los dos ejemplos del Viejo Testamento, Elías y la viuda de Sarepta, también son ejemplos de una obediencia a Dios. ¡Que hermoso título para un profeta!: “El hombre de Dios”. Así le llamaban a Elías. Y porque era el hombre de Dios, la pobre viuda siente también el sentido de Dios a través de sus palabras y confía en el Señor.

c) Hace también de su pobreza un culto al profeta que habla en nombre de Dios

Esta es nuestra grandeza también como ministros de Dios. Yo les agradezco a ustedes, queridos fieles, el respeto y el cariño que tienen a sus ministros de Dios, a sus sacerdotes y ojalá que supiéramos responder siempre como Elías, con una sencillez de entrega a Dios y de identificarnos con los problemas de todos ustedes y vivir así una realidad que solamente tiene luz cuando se orienta hacia Dios. Ustedes, pueblo de Dios, y nosotros, ministros de Dios, sepamos orientar nuestra actividad, nuestra vida hacia Dios, de donde derivarán todas las fuerzas para los arreglos políticos, sociales, económicos. Es un tiempo propicio en El Salvador para que todos orientemos hacia el Dios todopoderoso, nuestros afanes, nuestras preocupaciones; y en medio de nuestros trabajos de liberación en este proceso de liberar al pueblo de sus esclavitudes de su crisis, de sus violencias, sepamos que sólo Dios tiene la clave y como Cristo, esperamos su voluntad y miramos a su mano que señale la hora. ¡Y queremos ser fieles a él!

d) Mensaje del Concilio a los gobernantes

Yo pido para nuestro pueblo ese descubrimiento de Dios que el Concilio decía a los gobernantes. El mensaje después del Concilio a todas las categorías sociales. Una de esas categorías son los gobernantes de los pueblos. Si me están escuchando, reciban, transmitido por mi humilde medio, estas palabras del magisterio universal de la Iglesia. Les dice que respeta sus leyes y su autoridad: “Pero tenemos una palabra sacrosana que deciros, hela aquí: Sólo Dios es grande. Sólo Dios es el principio y el fin. Sólo Dios es la fuente de vuestra autoridad y el fundamento de vuestras leyes.

Es a vosotros a quienes toca ser sobre la tierra los promotores del orden y la paz entre los hombres. Pero no lo olvidéis: es Dios, el Dios vivo y verdadero, el que es el Padre de los hombre…”

Yo auguro para las autoridades del país, que sean verdaderamente un reflejo de la paternidad de Dios. Ya sufrimos bastante, ya el pueblo está muy fatigado y muy sangriento. Ya necesita unas autoridades que de verdad sean reflejo del Dios que es Padre y que no puede aguantar que le castiguen tanto a sus hijos. Un pueblo que encuentra en sus autoridades un sentido de justicia, de paz, de orden, de amor, es un pueblo feliz porque de su autoridad se puede elevar al Dios verdadero. Cuando nos echaban en cara nuestras denuncias y se nos recordaba que toda autoridad viene de Dios, supimos responder lo que ahora también decimos con la misma entereza: Sí, viene de Dios y por eso los que la tiene, tienen que manejarla como Dios quiere; pero cuando una autoridad ya no se maneja como Dios quiere, ya no viene de Dios, es un ultraje a Dios y es la hora de decir con los apóstoles: “No podemos obedecer a los hombres antes que a Dios. Y a Dios hay que obedecer…

e) Descubrir a Dios en la historia

Descubramos, pues, a Dios en nuestra historia. Esto es lo hermoso de los cristianos que saben descubrir a Dios. Oigan lo que Puebla dice: “Los ciudadanos de este pueblo -pueblo de Dios- deben caminar por la tierra, pero como ciudadanos del cielo, con su corazón enraizado en Dios, mediante la contemplación y la oración. Actitud que no significa fuga frente a lo terreno, sino condición para una entrega fecunda a los hombres. Porque quien no haya aprendido a adorar la voluntad del Padre en el silencio de la oración, difícilmente logrará hacerlo cuando su condición de hermano le exija renuncia, dolor, humillación”. (251)

¡Qué hermosa sintonía entre el cielo y la tierra se dá en el corazón del cristiano! Y cuánto más humilde esté en el cielo de su Dios, se unirá también más en la historia de su tierra. Por eso insisto yo: “mucha oración”, pero no con una oración que nos aliente, no con una oración que nos haga fugarnos de la realidad. Jamás vayamos a la Iglesia huyendo de nuestros deberes en la tierra. Vayamos a la Iglesia a tomar fuerzas y claridad para retornar a cumplir mejor los deberes del hogar, los deberes de la política, los deberes de la organización, la orientación sana de estas cosas de la tierra. Estos son los verdaderos liberadores.

3. LA ESPERANZA EN EL MISTERIO DE CRISTO

Pasemos al último pensamiento que nos dá la luz suficiente para que culminemos esta reflexión en aquel que se hizo medianero entre Dios y los hombres.

a) El templo y el hombre sacerdote signos del templo definitivo y del definitivo sacerdocio y sacrificio de Cristo

Me inspira esta palabra la lectura de la carta a los Hebreos, donde se nos presenta a Jesucristo como el sacerdote que ha entrado a tomar posesión del altar definitivo de la gloria. Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres sino en el mismo cielo para ponerse ante Dios intercediendo por nosotros.

Y haciendo alusión al culto del Antiguo Testamento donde el sumo sacerdote entraba cada año a ofrecer sacrificios; y todos los días se ofrecían sacrificios en el altar, dice San Pablo: “Cristo no fue así. Cristo se ha manifestado una sola vez en el momento culminante de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo”. El destino es éste. Por eso Cristo no ha ofrecido más que un sacrificio, pero de ese sacrificio que culminó con su muerte en el Calvario y fue aceptado por Dios, rubricado por la resurrección.

“…Una sola vez en el momento culminante de la historia…”
Eso es la muerte y la resurrección, son el momento culminante de toda la historia. Si los pueblos y los hombres se salvan, es porque deriva la salvación de esa muerte y de esa resurrección. Por eso los cristianos sabemos que la transformación de nuestro país ya está decretada en Cristo el Redentor. Y los cristianos sabemos que el mundo, por más horrorosas tinieblas que se ciernan sobre él, ya está amaneciendo a la claridad de la verdadera redención desde el día en que Cristo murió y resucitó, eso que se llama el Misterio Pascual: la muerte y la resurrección de Cristo. Se llama el Misterio pascual, el misterio de la pascua.

La Pascua de los judíos anunciaba esa pascua, paso de la muerte a la vida que se dá en Cristo. Liberación que ya fue significada al arrancar al pueblo de la esclavitud de Egipto para trasladarlo a la libertad de los hijos de Dios, a la tierra prometida y que no es más que un símbolo del peregrinar de los cristianos, pueblo, en el desierto de la vida hacia la tierra de promoción eterna. No es una liberación más allá de la historia solamente, sino que ya se refleja aquí porque aquí está la semilla, el fermento, aquí está el sepulcro, aquí está la cruz, aquí está el lugar y la hora donde Cristo murió en nuestra historia. Desde ese momento culminante, desde ese sacrificio que es vida y resurrección, se le está dando sentido a todos los movimientos liberadores.

Por eso, si una liberación, si una organización política proclama una liberación sin Cristo, sin Pascua, sin cruz, no es verdadera liberación y solamente serán  verdaderos liberadores, esto que estoy diciendo ahora con la palabra de Puebla: “La Iglesia forjadora de los liberadores de la historia”. Sólo el hombre que lleva en su corazón la fe, la esperanza en la muerte de Cristo que salvó al mundo porque pagó todos los pecados de los hombres y resucitó para no morir más, para ofrecer la verdadera libertad, la dignidad de los hijos de Dios, la que ha renunciado al pecado, la que profesa la verdadera dignidad humana, éstos serán los únicos y verdaderos liberadores.

-El dolor redime
Yo quisiera recalcar este pensamiento de Puebla, queridos hermanos, cuando nos dice: “El continente necesita hombres conscientes de que Dios los llama a actuar en alianza con él. Hombres de corazón dócil, capaces de hacer suyos los caminos y el ritmo que la Providencia indique. Especialmente capaces -ésto es lo que quisiera subrayar mucho porque tal vez es una palabra que escandaliza, como decía San Pablo de la cruz: escándalo de los griegos y de los judíos, el dolor, la cruz escandalizan, humillan y, sin embargo, dice que lo que espera nuestro continente son hombres especialmente capaces- de asumir su propio dolor y el dolor de nuestros pueblos y convertirlos con espíritu pascual, en exigencia de conversión personal, en fuente de solidaridad con todos los que comparten este sufrimiento y en desafío para la iniciativa y la imaginación creadoras”. (279)

Nuestra esperanza pascual le dá el sentido al marginado, al analfabeta, al que está muriendo de desnutrición; y no sólo grita que ésto no puede ser así, sino que le dice al que sufre: “Pero tú tal vez vas a morir así, ofrécelo en redención”. Pero eso les decía yo, cuando en mí llamamiento pastoral en esta nueva coyuntura del país: que todos aquellos que han ofrendado su vida, su heroísmo, su sacrificio, si de veras lo han ofrecido con sincero deseo de dar la verdadera libertad y dignidad a nuestro pueblo, se están incorporando al gran sacrificio de Cristo. Pero tiene que ser así, asumiendo el dolor como moneda que compra libertad. No es cuestión solo de sacudir el yugo, sino como Cristo que se somete al yugo romano bajo la opresión de Poncio Pilato, bajo la maquinaria tremenda del Imperio, muere en la cruz con un grito de amor porque ha redimido al mundo aceptando ese dolor, esa humillación y de allí comenzó a brillar la gran libertad que se lleva por todos los pueblos. Ese mismo Cristo es el que llevamos todos los que queremos la liberación, debemos de procurar vivirlo así intensamente, hermanos.

Aquí hago un llamamiento a través de la radio a todos aquellos que sufren en sus lechos de enfermo, a los hospitales, a los pobres que no pueden dejar sus humildes chozas porque no tienen ni siquiera para la camioneta que los traiga; ofrézcanle al Señor, no con sentido pasivista, sino con la actividad omnipotente del dolor, únanlo a Cristo que desde la cruz, desde su muerte, él redime. Y verán, queridos  pobres, queridos oprimidos, queridos marginados, queridos hambrientos, queridos enfermos, que ya está fulgurando la aurora de la resurrección. Para nuestro propio pueblo también ha de llegar esa hora, hermanos, y hemos como cristianos, no sólo esperarla en dimensiones políticas coyunturales, sino en dimensiones de fe y esperanza. Esta es la misión que yo estoy cumpliendo y por eso mi palabra quiere ser una palabra de esperanza y de fe en Jesucristo.

-Nuestra muerte… nuestro juicio, un signo de lo perenne
Por eso San Pablo recuerda también junto a esa muerte redentora a Cristo, las muertes de todos nosotros. Que terribl

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