Natividad de San Juan Bautista


Natividad de San Juan Bautista
HOMILIAS 1979

24 de junio de 1979

Isaías 49, 1-6

Hechos 13, 22-26

Lucas 1, 57-66, 80

Queridos hermanos:

La muerte martirial del Padre Palacios -hecho relevante de la semana- marco de nuestra reflexión

Yo quiero destacar el hecho que más nos ha conmovido en esta semana y lo vamos a poner como marco de nuestras reflexiones; se trata de que nos han asesinado un sacerdote. Con el Padre Rafael Palacios, acribillado vilmente en una calle de Santa Tecla, ya son cinco los sacerdotes que caen asi bajo una mano criminal. La Iglesia no puede gritar venganza ni odio para nadie, pero si llama a la reflexión para que tanto los católicos como los enemigos de la Iglesia se arrepientan y busquemos ese camino que hoy precisamente nos marca el precursor del Señor.

Preocupación por la insensibilidad ante hecho tan grave.

Digo que también los católicos tenemos que convertirnos en el sentido de la mayor solidaridad. Créanme, se los digo con sinceridad y dolor, me preocupa lo que ya hace algunos domingos señalaba: el peligro de la insensibilidad. Podemos acostumbrarnos a ver, a recibir noticias de esta clase hasta el punto de que matar un sacerdote como que ya en muchos no impresiona. Quiero decirlo con tristeza: me dolió mucho que el Gimnasio Nacional, abarrotado de colegios -muchos de ellos católicos- jugaban como en una gran fiesta, mientras el cadáver de un sacerdote de su Iglesia estaba en capilla ardiente, pidiendo oración y solidaridad de todo el pueblo.

Asi hemos visto en muchos sectores de los que nosotros tenemos que esperar, como una familia espera cuando sufre alguien en la familia, que todos se solidaricen. No vayamos a dar con nuestra actitud insensible y casi cómplice armas a nuestros enemigos, como que nos divierten matándonos nuestros queridos miembros de la pastoral, ya sea sacerdotes o catequistas u otros elementos de nuestra Iglesia.

Año litúrgico: Misterio de Cristo encarnado en nuestra realidad… Participación de los hombres en la celebración de la alianza

No está fuera de tono este reclamo que con cariño estoy haciendo porque, cabalmente, en el año litúrgico tratamos de ir desplegando, domingo a domingo, el sublime misterio de Cristo, la alianza que Dios ha firmado con los hombres, con la sangre de su propio Hijo Jesucristo. Es una alianza en que los hombres no sólo recibimos, sino que damos. La redención que no se opera solamente de parte de Cristo, sino que espera una colaboración activa de los hombres.

Por eso el cielo de los santos… corona y testimonio de Cristo

Por eso en el año litúrgico no sólo aparece el misterio de la redención en su protagonista principal, Jesucristo, sino que aparece un ciclo convergente que se llama el ciclo santoral, los santos; porque los santos no son una competencia al culto de Cristo, al contrario, son la corona de Cristo, son la realización lujosa de su redención, son los hombres y mujeres que han sabido captar y ser sensibles al amor infinito de Dios que vino en Cristo a salvarnos y han tratado de responderle.

Hoy, liturgia y palabra destaca a San Juan (Fiesta de los tipógrafos y de Chalatenango)

En ese ciclo de los santos, el 24 de junio, que hoy coincide con un domingo, honramos la memoria de la natividad, el nacimiento, de San Juan, el precursor del Señor. En esta fiesta del gran precursor de Cristo quiero aprovechar también para encarnar más esta realidad, no sólo el triste acontecimiento de la muerte del Padre Palacios, sino también una felicitación a todos los hombres y mujeres que se dedican al Arte Tipográfico. San Juan -como ustedes saben- es el patrono de los tipógrafos. Hoy están de fiesta y en esta reflexión yo quiero tenerlos muy presentes.

La Iglesia ama todo progreso, así como teme el mal uso de los grandes medios del progreso como es la prensa, la tipografía, en sus grandes avances técnicos.

También nos unimos con los pueblos que llevan ese patronato. Yo iré a participar hoy en la fiesta de Chalatenango; hasta allá anticipo mi felicitación en el día del patrón San Juan, como lo es de tantos pueblos; porque ha arraigado mucho en nuestros pueblos la devoción a San Juan. Y también vaya una felicitación muy cariñosa a todos los que llevan ese nombre: Juan Juana; que Dios les dé la gracia que abundantemente derramó en el homónimo Juan el Bautista.

Para enmarcar todas estas cosas y los demás hechos que vamos a iluminar de esta semana en la reflexión de la liturgia y de la palabra de este domingo, voy a titular asi nuestra homilía:

JUAN BAUTISTA,

PARADIGMA DEL HOMBRE COMPROMETIDO

CON EL REINO DE DIOS

Paradigma quiere decir: modelo, como símbolo. Juan Bautista realiza lo que todo hombre comprometido con el Reino de Dios debía de realizar:

1. El hombre

2. El Precursor

3. El Mártir

1. EL HOMBRE

a) Celebramos la “natividad” de San Juan como la de cualquier niño… alegría de nacimiento… búsqueda de hombre… comentarios de su porvenir.

Precisamente las lecturas nos han llevado al nacer de un hombre. Es pintoresco aquel pueblecito de Ain Karim en las montañas de Judea, donde Isabel, ya anciana y estéril, ha recibido hace tres meses la visita de una jovencita virgen, pero con el privilegio de ser virgen y madre; porque asi como Ana está fecunda por un milagro de Dios, siendo ella estéril, María también es otra madre fecunda, pero que a Dios le debe esa fecundidad que ha respetado su virginidad.

Dos madres que van a dar a luz platican durante tres meses. Habrán platicado todo ese hermoso capítulo de San Lucas donde nos cuenta, precisamente, el momento en que Juan ha sido concebido en el seno de Isabel. El sacerdote Zacarías, esposo de Isabel, ofrecía el incienso en el altar cuando tuvo la visión del ángel Gabriel, que le anunció que sus oraciones -pidiendo un hijo a su estéril matrimonio- habían sido oídas; pero Zacarías duda; y Dios, que quiere la entrega completa en la fe, castiga esa duda: “Te quedarás mudo hasta el día en que nazca el prometido de Dios” Y este es el momento de la misa de hoy, Juan nace, se trata de ponerle un nombre y, han escuchado en el evangelio, todos quieren que se llame como su papá: Zacarías Isabel dice: “No, Juan es su nombre”. “Pero si en tu descendencia no existe ese nombre; preguntémosle pues a Zacarías” -el cual estaba sordo y mudo-; y con señas escribe en una tablita, según el giro del tiempo: “Juan es su nombre”. Ha nacido un niño revelado por Dios, concebido en el milagro, y yo de alli quiero derivar a otros ejemplos que aparecen también en la lectura de hoy:

Profecías en el Siervo de Yahvé

Hoy nos ha dicho el profeta Isaías que también aquel siervo de Dios, misteriosamente profetizando hechos de la era mesiánica, el Siervo de Yahvé, se presenta también asi: “Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó en las entrañas maternas y pronunció mi nombre”.

Anuncio de Cristo a María

También de Cristo, el ángel, aún antes de ser concebido en las entrañas de María, ya anuncia los designios que Dios tiene sobre ese ser aún antes de ser concebido: “Se llamará Jesús porque quitará los pecados del mundo”.

San Pablo

Y San Pablo, ya convertido al cristianismo como cerrando un paréntesis, dice: “Yo también fui segregado ya en el vientre de mi madre”.

b) Cada hombre es un designio de Dios

Esto se presta a una profunda reflexión: cada hombre es un designio de Dios. Me ha gustado mucho lo que Juan Pablo II ha escrito en su primera encíclica; sintámonos retratados aquí. Dice el Papa: “El hombre tal como ha sido querido por Dios, tal como él lo ha elegido eternamente, llamado, destinado a la gracia y a la gloria, tal es precisamente cada hombre. El hombre más concreto, el más real; este es el hombre, en toda la plenitud del misterio, del que se ha hecho partícipe en Jesucristo, misterio del cual se hace partícipe cada uno de los 4.000 millones de hombres vivientes sobre nuestro planeta, desde el momento en que es concebido en el seno de la madre… La Iglesia no puede abandonar al hombre, cuya suerte, es decir, la elección, la llamada, el nacimiento y la muerte, la salvación o la perdición, están tan estrecha e indisolublemente unidas a Cristo… El hombre en su realidad singular (porque es persona) tiene una historia propia de su vida y sobre todo una historia propia de su alma”.

Los que estamos aqui, no hay ningún anónimo; cada uno, hasta el más humilde, hasta el chiquito que ha venido más tierno a esta misa, y allá, a través de la radio, hasta el más pobrecito y enfermo de quien nadie platicara nunca en la historia, tiene una historia, tiene su propia historia, y Dios lo ha querido a él en singular, es un fenómeno irrepetible. Dios no ha hecho los hombres, en molde, nos ha hecho con una historia muy típica de cada uno. ¡Si hubiera tiempo y nos pusiéramos a contar aquí la historia de cada uno, de ustedes y la mías, ¡qué diferentes son!

Tengamos en cuenta esto; el Papa nos ha puesto los diversos capítulos de esta historia. La elección eterna: “Antes de que nacieras, te conocía”. Sólo hay una mujer que puede decir: “Ya me amaba antes de haber nacido”. Porque en eso quiso hacer Dios también una imagen de la creación: la mujer fecunda es la imagen de un Dios que concibe en su mente el proyecto de una vida, de muchas vidas que van a tejer la historia, de modo que podemos decir: yo, a pesar de mis pecados y de mi poquedad, existía ya en la mente de Dios; fui un elegido.

“La llamada -dice el Papa- la primera llamada de Dios es la vida”. No fueron mis padres los que me dieron el ser; ellos no fueron más que instrumentos, medios, de los que Dios se valió para traerme a la vida, pero es Dios el que me ha llamado a la vida.

“El nacimiento -dice el Papa-, no es el principio de la vida”. Ya hay nueve meses antes en que soy ya historia; más aún, más allá de los meses de mi concepción ya existió en la mente de Dios como un proyecto que, si se realiza, hará de mí el santo; porque el santo no es otra cosa que la realización de una vida según el pensamiento de Dios.

“Y después -dice el Papa- la muerte”. Que rápido pasar del nacimiento a la muerte. Alli quedan los cuarenta, sesenta, ochenta, cien años que puede durar una vida. Pero ¿qué son cien, ochenta, sesenta años, sino una pequeña gotita en el mar inmenso de la historia? ¡Qué pequeños somos, pero que grandes somos!

“Y más allá de la muerte, todavía sigue mi historia: salvación o perdición”. No me acabaré ya, viviré para siempre o en un cielo cantando la victoria de la realización divina o en un infierno llorando para siempre un fracaso del que Dios no tuvo la culpa sino yo, por mi mala cabeza, por el mal uso de mi libertad.

Este es el hombre: Juan Bautista, paradigma de todo hombre que nace. Yo quisiera que cada uno de nosotros y de los que están escuchando, sea con buena voluntad o con mala voluntad, reflexionáramos: todos somos un hombre; reflexionáramos: no estoy viviendo para hacer la vida a mi capricho, hay un designio sobre mi vida. No es el destino ciego, como muchos se imaginan, nadie ha nacido ya destinado a la maldad, nos hacemos malos porque usamos mal de la voluntad, pero el designio de Dios es hacer una criatura buena. “Vio Dios que era bueno todo lo que había hecho”.

c) Deducciones: base de la defensa de los Derechos Humanos

Se deduce de allí, hermanos, el por que de la Iglesia en su lucha de la defensa de los Derechos Humanos. No son visiones políticas ni oportunistas, es la esencia misma del hombre la que está reclamando a la Iglesia en su fe en Dios, que tiene que respetar y hacer respetar a ese hombre que en la tierra es un designio de Dios, que no hay hombres de primera y de segunda clase, sino que todos son llamados a la vida, todos son llamados a la gracia, todos son llamados a la felicidad, todos son un proyecto de Dios. Si hay diferencias y luchas, esta es maldad de los hombres.

Grave ofensa al Creador en el atropello de la vida

¿Qué otra cosa se deduce? ¡Qué grave ofensa al Creador atropellar la vida!

-en los adultos

Me refiero a la vida ya en los hombres adultos; por eso no me cansaré de denunciar el atropello por capturas arbitrarias, por desaparecimientos, por torturas, que humillan más y hacen más vergonzosa la suerte del que las comete que del que las sufre.

-en el embrión

Es un atropello también a la vida y a este designio de Dios, todo pecado también a la vida en embrión. Es horroroso oír como en El Salvador se están multiplicando los abortos y se han traído máquinas para succionar fetos. Ya está como un producto autorizado ese crimen de atropellar la vida en el vientre de la madre.

-en su fuente

Podemos remontarnos todavía más lejos; la Iglesia también tiene que denunciar esta siega irracional de las fuentes de la vida, esa esterilización masiva, como si se tratara de animales, de hombres y mujeres para que no tengan más hijos. No es así como se arregla el problema demográfico. Hay que educar. En toda relación de hombre y de mujer tiene que haber una paternidad responsable que sabe hacer uso de sus facultades generativas sólo cuando es capaz de dar vida al que ha de venir como producto de esa relación. “Si es necesario -decía Pablo VI-, no resolver el problema suprimiendo la vida, sino preparando más pan en la mesa donde están los invitados de la vida”. Quiere decir que hay un problema social, económico, político, una transformación de la vida en que los dones que Dios ha dado, suficientes para alimentar a la población de El Salvador, no estén en unas pocas manos, mientras otros están muriendo de hambre; que se reparta como Dios quiere el pan de los hijos para todos los convidados a la vida.

La vida, Dios la dá. Tal vez ustedes conocen una preciosa carta, es una obra literaria de un niño que no nació y escribe y va contando lo que sería ya: “Este día hubiera nacido, este día ya estuviera en la escuela, en el colegio; este día tal vez sería un médico, un doctor”. Quien sabe cuantas vidas útiles que Dios preparaba con los designios de Juan Bautista, de Cristo, de Pablo, del Siervo de Yahvé, no nacieron. Vidas anunciadas antes de venir al mundo en las páginas de la Biblia, revelación de Dios, revelación de su pensamiento; cuantos como esos seres tendríamos también en nuestra patria, si no nos hubiéramos quedado sólo los egoístas, sólo los que creemos que no hay más campo para los otros y que hay que prohibir que los otros vengan para que nosotros estemos a gusto.

Dignidad y responsabilidad de la mujer

Ante aquellas dos mujeres fecundas y santas; Elizabeth la anciana y María la jovencita virgen, yo quiero mirar ahora a todas las mujeres de mi patria y decirles con el Concilio estas hermosas palabras: “Vosotras, las mujeres, tenéis siempre como misión la guarda del hogar, el amor a las fuentes de la vida, el sentido de la cuna; estáis presentes en el misterio de la vida que comienza, consoláis en la partida de la muerte. Nuestra técnica corre peligro de convertirse en inhumana; reconciliad a los hombres con la vida y sobre todo velad, os lo suplicamos, por el porvenir de nuestra especie, detened la mano del hombre que en un momento de locura intentase destruir la civilización humana”. Queridas madres, novias, esposas, señoritas, niñas, miren en este domingo del nacimiento del precursor, el modelo de esas madres que pidieron a Dios un hijo y Dios las bendijo con hijos predilectos que fueron bendición para toda la humanidad. ¡Ah, si la mujer fuera santa, cuantos hombres santos hubiera en el mundo!

2. EL PRECURSOR

Cada hombre es una vocación y Dios lo capacita para ello…

¿Qué quiere decir “precursor”? El que va adelante, el que va diciendo: “Ahí viene, ya viene detrás”, el heraldo. Los reyes, cuando llegaban a una población, mandaban adelante los heraldos. Cuando va a salir el Papa a las grandes audiencias, primero aparecen los que anuncian: “¡Ya va a salir el Papa y vamos a proceder asi!”. Este era el papel de Juan Bautista: “¡Ya se acerca la hora de la audiencia con Dios; ya llega el Rey inmortal de los siglos!”. Hemos dicho que cada hombre es una vocación y Juan Bautista trajo ya su vocación bien clara: anunciar la presencia de Cristo.

a) Juan precursor anuncia la presencia de Cristo

En las lecturas de hoy aparece claramente -en la segunda lectura- como Juan es presentado por Pablo en uno de sus discursos en Antioquía: “Antes de que él llegara, Cristo, predicó a todo el pueblo de Israel un bautizo de conversión y cuando estaban por acabar su vida, decía: Yo no soy quien pensáis, sino que viene detrás de mí, uno a quien no merezco desatarle las sandalias”. Fue tan elocuente, era tan eficaz en su vocación Juan Bautista que, anunciando él a Cristo, muchos lo confundieron con Cristo. ¡Qué honor más inmenso de un predicador! ¿Será este el Cristo que ha de venir? Y Juan Bautista tenía, en su humildad, que desengañar a la gente: “Yo no soy el que ustedes dicen, yo no soy Cristo, ni siquiera soy un profeta, yo no soy más que una voz, una voz que va gritando: Ya viene, ¡prepárenle los caminos!”. Esto es lo grande de Juan.

b) Importancia en la historia de la salvación

Por eso, cuando un día Cristo hablaba de Juan, dijo esta frase envidiable: “Entre los nacidos de mujer, ninguno más grande que Juan Bautista; sin embargo -añadió-, en el reino de los Cielos el más grande de los hombres es el más pequeños”. ¿Qué quería decir Cristo? Aqui nos está dibujando la misión de Juan en la historia. El es como esos eslabones que unen dos pedazos de cadena: hacia un lado el Viejo Testamento con sus patriarcas, sus profetas, con sus promesas; hacia el otro lado, Cristo, que ya viene en cumplimiento de esas promesas, de esas profecías, para seguir anunciando al mundo.

“Te hago luz de las naciones”

En otras palabras, lo que nos ha dicho la primera lectura, anunciando precisamente el papel de ese precursor, le dice el Señor al Siervo de Yahvé: “Es poca cosa que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel. Te voy a hacer luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”.

Juan Bautista abarca toda la riqueza de las viejas promesas, para decirle al pueblo: “Seamos dignos de esas promesas que tenemos”. Y se lanza hacia el futuro en horizontes universales, para decir las promesas del Viejo Testamento hechas ya vida en Cristo: “Hay que anunciarlas para todos”. Lo que hemos estado diciendo de la Vieja Alianza y de la Nueva Alianza, Juan está en el centro, muy cerca de Cristo. “No era él la Luz, pero sí dá testimonio de la Luz”. Yo no soy Cristo, pero soy la voz que anuncia a Cristo.

c) Denuncia del Pecado

Este es Juan Bautista: “No sólo me vas a llamar al pueblo de las promesas que haga penitencia y se disponga este tiempo en que va a venir la promesa de Dios, a nacer el Redentor, sino predica penitencia para que ese pueblo privilegiado no sea ciego en el momento en que llega la gran promesa. Pero eso es poco todavía para ti: anúnciame, anuncia al Redentor para que esa redención llegue hasta el confín del mundo”.

Por eso en este día celebramos a Juan Bautista, aunque sea un hombre, hijo de un matrimonio estéril; sin embargo, el más grande de los nacidos de mujeres, porque Dios le ha dado una vocación y él la ha sabido cumplir. Hermanos, que lección más hermosa. Cada hombre es una vocación, todos los que estamos haciendo esa reflexión tenemos nuestra vocación, y grande de verdad. Tenemos una misión profética en el mundo por el bautismo. Dice el Concilio Vaticano II: “Cristo, el Eterno Profeta, sigue anunciando el Reino de Dios en la tierra, no sólo valiéndose de la jerarquía, sacerdotes y obispos que tienen la obligación de predicar, no sólo ellos, sino también de los laicos que por su bautismo han recibido la gracia de la fe y la gracia de la palabra”. Ustedes pueden hablar mucho mejor que yo y dar testimonio con su vida más santa que la mía. Un matrimonio santo está siendo Juan Bautista en su hogar; un abogado santo, un profesional santo, un médico santo, un ingeniero santo, un jornalero santo, una mujer santa, son Juan Bautista, de los que Dios se vale proclamar que el Reino de Dios ya está cerca.

Como se siente de veras la santidad de las personas dignas. Cuantas veces hemos visto en corrillos donde se tienen pláticas soeces, chistes de mal gusto, que se acerca una persona digna y todos se callan, respetan al que llega: ante él no podemos bromear… Como me conmovió cuando un joven una noche, me contaba, iba a salir de parranda y ya iba trajeado, cuando al levantar su vista sobre la puerta de salida, miró el retrato de su papá ya muerto y se avergonzó diciendo: “Mi Papá nunca nos dio mal ejemplo; yo no voy a ir”. ¡Cómo sigue predicando en la vida la santidad de las personas! Esto es lo que nos hace falta ahora, no sólo demagogia para reclamar, sino santidad de vida que reclama más que la demagogia, porque ante un santo las sombras huyen, la injusticia se enoja, hay violencia, quitan la vida.

Recuérdense que estamos haciendo esta reflexión con un marco muy concreto, la vida del Padre Palacios. No voy a decir yo que era un santo, pero voy a decir que en su predicación y en su vida llevaba una rectitud de la verdad que ofendía a los que caminaban tortuosamente; y lo mismo diré de los otros cuatro sacerdotes. Bien recuerdo yo la rectitud del Padre Grande, la rectitud del Padre Navarro y de los otros también, su afán de amor a los pobres, su inserción en las necesidades que los hombres sufren por una injusticia institucionalizada. ¡Y reclamaban! Si ahora preguntamos también ¿por qué nos matan sacerdotes y cristianos entregados a anunciar el Reino de Dios?, no les quepa duda, por la misma causa que mataron a Juan Bautista, porque él denunciaba el pecado.

Estilo y contenido de su anuncio- denuncia

Yo quisiera, hermanos, y ténganme un poquito de paciencia para escuchar, en el mismo evangelio de San Lucas, como era la predicación de San Juan Bautista, y compárenla con la predicación de hoy, a ver quien tiene razón, si los que claman contra las injusticias y los atropellos del mundo o los que predican una doctrina tan blandengue, sin garra, sin exigencias, que es muy bonito seguirla y es fácil pasarse a esas religiones de un evangelio sin reclamos.

Dice el capítulo 3 de San Lucas: “Vino por toda la región del Jordán predicando el bautismo de penitencia en remisión de los pecados, según está escrito en el libro. “Voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad las sendas. Todo barranco sea rellenado, todo monte y collado allanado; y los caminos tortuosos rectificados y los ásperos igualados y toda carne verá la salvación de Dios”. ¿Qué está diciendo en imágenes orientales? La corrección de los pecados de los hombres.

Decía a las muchedumbres que venían para ser bautizadas por él, fíjense que lenguaje: “Raza de víboras, ¿quien os ha enseñado a huir de la ira que llega? Haced dignos frutos de penitencia y no andéis diciendo: tenemos por padre a Abraham. Porque yo os digo que puede Dios suscitar de estas piedras hijos de Abraham. Ya el hecha está puesta a la raíz del árbol, todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Las muchedumbres le preguntaban: ¿Qué hemos de hacer? El respondía, -fíjense la resolución del Bautista a unos problemas que podían ser los de hoy El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; el que tiene alimentos, haga lo mismo”.

Vinieron también publicanos a buatizarse -los publicanos eran los que cobraban las cuentas, los impuestos; hacían muchas trampas- y les respondía: “No exijáis nada fuera de lo que está tasado”. Sería lo mismo que respondiera hoy a muchos organismos, a muchas instituciones donde se hacen proyectos por millones y sólo sirven para el bien del pueblo quizás una cuarta o quinta parte. Lo mismo diría, a los que falsifican documentos. Hay tanta trampa en nuestra historia, pero aqui está la denuncia en la misma palabra de Juan.

Le preguntaban también los soldados: “Y ¿nosotros, qué hemos de hacer?” Y les respondía: “No hagáis extorsión a nadie, ni denunciéis falsamente, contentaos con vuestra soldada”. Y hallándose el pueblo en angustias si lo confundían con el Mesías, Juan les decía: “Yo os bautizo en agua, pero está llegando otro más fuerte que yo, quien os bautizará en el Espíritu y en el fuego. En su mano tiene ya el bieldo para limpiar la era y almacenar el trigo en su granero, mientras la paja la quemará con fuego inextinguible”. El presentaba un Cristo como esos que avientan el café o el trigo cuando lo sacan; para que se separe la estopa, la broza, del grano; lo tiran al aire y el aire sopla y se lleva la basura y queda el broza. Esta es la figura de Juan: ya Cristo está con el bieldo, el instrumento para aventar la cosecha, entonces quedará sólo el trigo pesado, sólo aquellos que han hecho justicia y buenas obras, todo lo demás es basura que se la llevará el viento para ser quemada.

3. EL MARTIR

Termina el relato de San Lucas: “Muchas veces haciendo otras exhortaciones, evangelizaba al pueblo”, era incansable en su predicación de penitencia, de señalar el pecado, de desenmascarar el desorden. Pero el tetrarca Herodes, reprendió por él a causa de Herodías, la mujer de su hermano, y por todas las maldades que cometía, no era únicamente el pecado de aquel gobernante el ser adúltero e incestuoso, viviendo con la mujer de su propio hermano. Juan le iba a reclamar en su cara: “No te es lícito, eso es pecado”; y también -dice el evangelio- por otras maldades que cometía”. Nunca un pecado está solo, siempre hay injusticias y crímenes y otras cosas. Si nuestro pueblo está respirando el pecado precisamente porque vemos aqui en Juan todas las maldades. Añadió Herodes a todas esas maldades, ésta: mandar a encarcelar a Juan y matarlo. Y ya sabemos la triste historia, como el poder se alió con el libertinaje del mundo y con los pecados del mundo y le quitaron la cabeza al profeta.

La mujer de Herodes que tenía odio para el precursor; cuando su hija Salomé en una fiesta de Herodes bailó maravillosamente, Herodes no sólo la aplaude sino que le dice: “Te daré lo que me pidas aunque sea la mitad de mi Reino”. La muchacha va a preguntarle a su mamá “¿qué le pide?” Y es evidente, de la abundancia del corazón habla la boca: “Pídele la cabeza de Juan Bautista, vale más que el medio reino de Herodes”. ¡Claro que vale más! ¡Vale más que todo el Mundo! ¡Vale más que todos los poderes y que todos los bailes y que todas las riquezas y que todos los lujos! Esto vale más. Herodes desciende en su ignominia en la historia y Juan Bautista se exalta, el mártir, el que dió su vida por el Señor. Los discípulos fueron a recogerlo y sepultarlo.

HECHOS ECLESIALES DE LA SEMANA

Sobre la muerte del Padre Palacios

Queridos hermanos, en esta reflexión decía que el personaje que yo tengo en mi corazón esta semana es un sacerdote asesinado. Me parece verlo todavía caído en su propia sangre, en aquellas calles de Santa Tecla, de donde manos piadosas lo recogieron para arreglarlo en su ataúd y llevarlo a Santa Tecla, donde se le hizo una misa muy hermosa la misma noche de su asesinato. Al día siguiente, en una impresionante procesión de silencio, lo trajimos a la Catedral y aqui con la presencia también del Señor obispo de Santiago de María, de todo el clero de la Arquidiócesis y de muchos sacerdotes de las otras diócesis y representaciones de muchas comunidades venidas de la diócesis, le celebramos su misa exequial. Lo llevamos luego a Suchitoto, su pueblo de adopción, donde en la capillita del Sagrado Corazón de la Iglesia parroquial de Santa Lucía, reposa hoy, después de haberle celebrado un funeral también muy impresionante y haber recorrido con él el rededor del parque de Suchitoto.

Esto es en breve la última fase visible de Rafael Palacios. Pero yo creo que ésto nos invita a reflexionar. Ya son varios los sacerdotes asesinados y queremos preguntar: ¿por qué se asesina a los sacerdotes y a los cristianos que tratan de ser fieles a su vocación? Yo creo, y para mí es de mucho orgullo poder decir que la Arquidiócesis de San Salvador no quiere ser indiferente ni ser cómplice de la situación de pecado y de estructural violencia que existe en nuestro país. Desde hace ya varios años se ha sentido esta diócesis obligada, por su misión evangélica, a denunciar las injusticias desde una perspectiva netamente cristiana. Hacerlo le ha costado la vida de algunos de sus miembros más queridos. Esta persecución de la Iglesia fue denunciada ya por una comisión imparcial. Yo quiero recordarles lo que dijo la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, que llamada por el mismo Presidente de la República, examinó la situación del país y entre sus conclusiones llegó a esto: “Como consecuencia de las actividades que la Iglesia Católica realiza, por estimar que forman parte integral de su misión, sacerdotes, religiosos de ambos sexos y laicos que cooperan activamente con la Iglesia han sido objeto de persecución sistemática por parte de las autoridades y de las organizaciones que gozan del favor oficial”.

El General Romero ha dicho que tiene limpias sus manos en este asesinato, pero yo diría que debe comprobarlo con una investigación; que no sólo sea promesa sino que llegue hasta la sanción justa de los asesinos… No basta decir: “Soy inocente”, debe probar que la UGB, que amenazó al Padre Palacios y sin duda consumó su amenaza, no es una de esas organizaciones que la OEA acaba de decir que gozan del favor oficial. Yo quiero recordar cuando se trató de esta misma institución amenazando a los jesuitas, que la voz del Presidente conjuró la amenaza y no se mencionó más la UGB por mucho tiempo, hasta hoy que está volviendo con toda su ferocidad. Ya lo dije en la muerte del Padre Palacios, si entonces se pudo detener, ¿por qué hoy no? Urge, porque son muchos los sacerdotes, profesores y gente que está siendo amenazada por esa organización fatídica.

La reunión de los sacerdotes al día siguiente del asesinato del Padre Palacios hizo estos reclamos. Se ha comprometido el clero a una reflexión más profunda de lo que está pasando en el país y en la Iglesia. Y como medidas inmediatas para honrar la memoria del Padre Palacios, se están doblando las campanas todas las noches, a las 8 de la noche -si alguna parroquia no lo ha hecho, ojalá que al oír esta voz, lo haga-; no solamente se doblan las campanas, sino también hay que reflexionar con el pueblo sobre esta situación enfocándola desde la justicia cristiana. Y tercero, celebrar una misa única el sábado, 30 de junio, a las 12, en la catedral. El sábado de esta semana solamente habrá una misa en la diócesis, la de las 12 del día, en sufragio del Padre Palacios. Queremos significar con ésto la voz de la Iglesia en todas las parroquias, por lo menos de la capital, sintiendo lo que es haber quitado la vida a un sacerdote que nos celebraba la eucaristía y para que todos, como un sólo cuerpo, oremos por nuestro querido hermano. Desde ahora hago una calurosa invitación para que a las 12 del día, el sábado, estemos todos aqui en la Catedral.

Quiero anunciar, en este marco de martirio de Juan Bautista, la muerte, también violenta, de un hermano marista en Nicaragua, se trata del Hermano Mariano Blanco; era migueleño y para él pedimos oraciones. A los hermanos maristas les expresamos nuestra sentida condolencia; y ojalá esta muerte del Hermano Blanco, en vez de acobardarlos, los haga sentir las víctimas que se va cobrando la violencia institucionalizada y que esta violencia institucionalizada no respeta, sino que va parejo a todos los que formamos la Iglesia, y que por eso es urgente que todos nos pongamos en la mism

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