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Festín de Dios con los Hombres

Festín de Dios con los Hombres
HOMILIAS 1978

28º Domingo de Tiempo Ordinario

Domingo 15 de octubre de 1978

Lecturas:
Isaías: 25, 6-10a
Filipenses: 4, 12-14, 19-20
Mateo: 22, 1-14

Al iniciar la homilía quisiera transmitirles, a través de mi modesto servicio de la palabra toda la alegría, todo el optimismo que la liturgia de la palabra quiere darnos este domingo, que podíamos caracterizarlo como el Festín de Dios con los Hombres. Y así será el título de la homilía: «El Festín de Dios con los Hombres»; pero para comprenderlo y situarnos nosotros mismos en el ambiente propicio para recibir este mensaje, quiero recordarles que la línea fundamental de la palabra de Dios que se va recorriendo durante todo este año de 1978, es el evangelio de San Mateo, del cual hemos difundido el esquema; porque como en 7 etapas, el evangelio de Mateo nos va presentando la gran noticia que la Iglesia anuncia al mundo: El Reino de Dios ha venido y se remonta a sus orígenes, meditando como lo hacían las primeras comunidades en cuyo ambiente se escribió el evangelio. Esto que leemos como evangelio de San Mateo es el resultado de profundas y piadosas reflexiones, no fueron escritas inmediatamente después de que Cristo desapareció, sino que los apóstoles predicaban los hechos que habían vivido y los reflexionaban, de modo que en las parábolas no sólo está directamente el pensamiento de Cristo el Señor, sino que va recogiendo ya las preocupaciones de la Iglesia. Y en la sección que se comentó el domingo pasado, los capítulos 19 al 25, se trata de cómo la sexta estrofa del evangelio de San Mateo, la crisis que prepara el advenimiento definitivo del Reino de Dios, una crisis suscitada por la oposición creciente de los jefes judíos, y anunciada por el mismo Divino Maestro, en lo que va a coronar toda esta hermosa sección, el discurso escatológico, es decir, ya Cristo ha entrado a Jerusalén y estos episodios tienen lugar en vísperas ya de su muerte; en una lucha ya definitiva de pensamiento, con aquellos a quienes él quiere mostrarles con palabra clara que no se opongan al Reino. Si a causa de su oposición orgullosa se les va a quitar el Reino para darlo a los gentiles, como diciéndoles, todavía es tiempo, ábranse a la conversión, se dirige a los dirigentes judíos. Qué tremenda responsabilidad la de los dirigentes de los pueblos, porque ellos conducen al pueblo. Por eso hermanos, yo quisiera que mi palabra como dirigente espiritual, la comprendieran en el mismo sentido en que el Evangelio se sitúa. Tiene que chocar, no puede agradar a todos, habrá ver quiénes lo rechacen, y Cristo nos dio ejemplo. Quienes lo rechazaron, fueron precisamente los dirigentes que le echaban la culpa a Cristo de estar torciendo la historia de Israel; y Cristo no la torcía, Cristo la orientaba a su verdadero destino. Ellos eran los que la torcían.

Es necesario ponerse en este ambiente para comprender el lenguaje actual de la Iglesia. Un lenguaje que no es político, ni subversivo, que no busca la rebelión. Es un lenguaje que predica el amor, pero diciéndole al pueblo: Por aquí hay que ir. Y les dice también a quienes están orientando por otro lado: Eso es torcer el camino.

Estamos por otra parte, al final del Año Litúrgico. Ya en los primeros días de diciembre, a fines de noviembre, va a comenzar el Año Litúrgico con el primer domingo de Adviento. Debemos de situarnos como el alumno ya en este tiempo recogiendo el fruto del año en sus exámenes, en sus graduaciones, en sus fiestas de promoción. Ojalá que para nosotros estos últimos domingos, marquen también una preocupación, la del bachiller que se prepara a sus exámenes privados, cuánto se desvela, cuánto se preocupa para sacar su bachillerato. Mucho más grande que un bachillerato es un curso de Año Litúrgico. Alguien, me halagó mucho una comparación cuando me dijo: «Que su homilía en los domingos, es como una cátedra de universidad». Nunca he pretendido tanta cosa, sino ser un humilde catequista, un evangelizador del pueblo, nada más. Pero ciertamente que vale mucho más que todas las cátedras de las ciencias de los hombres, la humilde cátedra de la evangelización que señala a los hombres, el verdadero sentido de la vida, sus verdaderas relaciones con Dios, sus responsabilidades en la Sociedad y ésto es lo que hemos tratado de hacer. Por eso les advierto pues, que nos encontramos ya finalizando el Año Litúrgico, con el evangelio de San Mateo y ya comenzará otro año. Como quien dice otro curso, con otro evangelio, pero siempre es Cristo el maestro.

Ahora comprendemos como el Evangelio no es el mismo, de esta semana y del domingo pasado y de los anteriores y de los futuros. Sí, el Evangelio es el mismo, pero el marco histórico en que se reflexiona, qué distinto era la comunidad donde Mateo reflexionaba para escribir su Evangelio, y ahora que leemos a Mateo en el marco concreto de la comunidad de la Catedral y de aquellos lugares, donde se está en sintonía para reflexionar el mismo mensaje de Nuestro Señor Jesucristo. Por eso acostumbro, hermanos, y a mí es quien más me molesta, ser como un cronista de la semana, porque en esta crónica semanal, no solamente tenemos que evocar esa vida sencilla, floreciente, fervorosa de nuestra Iglesia; sino también el marco de oposición, de persecución, de mala comprensión que rodea a esta comunidad que quiere vivir y orientar según Cristo.

La Iglesia en esta semana podíamos definirla con rasgos muy simpáticos, como este: En esta próxima semana, el jueves, va a cumplir 20 años de vida sacerdotal, un grupo de sacerdotes que están trabajando activamente en nuestra Diócesis. El P. Carlos Mejía, párroco de Flor Blanca; el P. Roberto Crespín, de Ciudad Delgado; el P. Benjamín Rodríguez, de Jayaque; el P. Modesto Villarán, de Soyapango y dentro de pocos días más, el 25 de octubre, cumplirán sus bodas de plata sacerdotales, el P. Roberto Amílcar Torruella y el P. Sergio Moreno. Y en este ambiente de nuestros sacerdotes, colaboradores directos, tenemos que ratificar la defensa que hizo nuestro boletín del Arzobispado, del P. Benito Alfaro, con testimonios oficiales del mismo Alcalde y Juez y feligreses de su parroquia. También la aclaración que se ha hecho de los sacerdotes David Rodríguez, Trinidad Nieto y del Br. Guillermo Cuéllar, capturados injustamente también.

En este marco de nuestra vida de Iglesia, esta comunidad que está reflexionando hoy, celebramos hoy el día de Santa Teresa de Jesús. La religiosa española que supo traducir a la edad moderna todo el espíritu del Carmelo, y del cual tenemos aquí en El Salvador, magníficos exponentes en los PP. Carmelitas que rigen la parroquia de la Colonia Roma; las religiosas Carmelitas de San José que tienen el Colegio Belén, un centro de promoción en la Colonia Utila de Santa Tecla y varios centros pastorales directos, como Ciudad Barrios, Apulo, etc. Lo mismo las Carmelitas de Santa Teresa, que tienen el Colegio Santa Teresa, donde tuve la oportunidad de celebrarles la Santa Misa y compartir con su vida espiritual carmelitana unos momentos, el Hospital de la Divina Providencia y el trabajo directo de pastoral en San Ramón, y proyectan para servicio de nuestra Sociedad, también otros centros asistenciales. Lo mismo las Carmelitas misioneras que hace 25 años vinieron de España y que trabajan entre nosotros en la Policlínica Salvadoreña y directamente con nuestro pueblo en el Plan del Pino y en la Laguna de Chalatenango. En esta vida religiosa, también, quiero traerles con alegría la noticia de una reunión de las religiosas de la Asunción, de todas sus comunidades que trabajan en El Salvador, para profundizar y poner más al servicio de nuestro pueblo el carisma de su fundación, porque eso es la vida religiosa, unas mujeres o unos hombres llamados por Dios a recibir una experiencia espiritual que se llama Carisma; no para ellos solamente, sino como la Iglesia para el servicio del pueblo de Dios. También es la comunidad, Iglesia, la que se ofrecía a mi experiencia en esta semana en el Calvario de Santa Tecla, la noche del domingo pasado. ¡Qué fervor, qué alegría! en aquél ambiente de fiesta.

En la Comunidad de Soyapango, donde en honor de la Virgen del Rosario, las comunidades de base se reunieron a una hermosa y fervorosa convivencia. En el cantón La Loma, de San Pedro Perulapán, donde también la comunidad se notaba muy tímida; sin embargo muy valiente asistió a la misa que se celebra allá, por los dos pobres campesinos asesinados, cuya muerte sigue en el misterio y que aparecieron allí por la carretera de Apulo. ¿Por qué esa timidez?. ¿por qué ese miedo?, lo pude constatar de cerca. Un grupo de ORDEN se acerca a la celebración de la misa con sus machetes en una pose de autoridad, como si no tuviera confianza en el Obispo y en los sacerdotes y en las religiosas que estaban allí con sus fieles; amenazantes. Yo quisiera decirles a mis queridos hermanos, que la autoridad es para el servicio, no para atemorizar. También, en el mismo Soyapango, una reunión de laicos para reflexionar sobre la Carta Pastoral, les agradezco y los felicito; porque la mente de la Arquidiócesis acerca de las organizaciones populares está definida en esa carta, que por tanto, obliga a nuestra Arquidiócesis. Para cada Diócesis, es el Obispo el responsable del Magisterio y de la disciplina eclesiástica; por tanto yo les digo a todos los sacerdotes, religiosas y fieles, que en materia de organizaciones populares, la doctrina de la Iglesia auténtica para nuestra Arquidiócesis, es la que les ha presentado su Arzobispo y a ella tienen que atenerse; mientras no venga una disposición de la Santa Sede, es este, el Obispo, el responsable. Cada Obispo en su propia Diócesis, es el Maestro y el conductor espiritual.

De Apopa, nos llega también la queja de no dar ayuda al servicio de Cáritas en algún Cantón. Recuérdense que Cáritas es la mano extendida de la Caridad de la Iglesia y quisiéramos hacerla una organización de verdadero servicio de caridad. Ayúdennos, no nos estorben.

Por otra parte, la Comunidad Arquidiócesis se alegra en que en estos días, en bonitos, significativos festivales de la clausura de los colegios y escuelas Católicas, se está recogiendo la cosecha del trabajo pastoral de los colegios. Ojalá todos los colegios católicos, puedan sentir al final del año, la alegría de no haber sido simplemente un colegio de enseñanza oficial; sino que tiene que ser el vocero de la evangelización, que valiéndose de los programas oficiales, a los que tiene que respetar como verdadero ciudadano, el espíritu que anima a la enseñanza del colegio católico, tiene que estar en sintonía con el Pastor responsable de la vida de la Iglesia, ya que los colegios y las escuelas católicos, pertenecen a la vida de la Iglesia, o no son católicos.

Alegrarme también con ustedes, queridos hermanos que asisten a la Catedral, porque nuestra Misa ha sido objeto de crónicas de carácter internacional. Ustedes tal vez no se dieron cuenta el 24 de septiembre, día de la Virgen de Mercedes, estuvo entre nosotros un periodista de la Prensa Asociada que describió nuestra Misa en un reportaje que se publicó en el extranjero y que aquí en el país no se publicó, porque se refería a aquel ambiente tan triste frente a la Catedral un parque o gente armada.

También en la Misa del domingo recién pasado, tuvimos aquí el honor, de que la televisión holandesa filmara nuestra Misa, como lo hizo en la noche en el Calvario de Santa Tecla, llevándose una impresión muy grata de sentir en la Catedral, el palpitar de un pueblo que de veras asiste a Misa no en forma pasiva, sino que en su silencio y en su oración, en su atención a la palabra de Dios, está siendo verdaderamente una participación viva. Yo les quiero agradecer queridos hermanos que llenan la Catedral; porque la presencia de ustedes es ánimo para el Pastor y también ejemplo, por lo que les acabo de decir, no sólo para nuestra Diócesis, sino más allá de nuestras fronteras.

Quiero traer un recuerdo personal también, perdónenme, y es que hoy celebramos el 7o. aniversario de la muerte de un gran amigo migueleño, don César Augusto Osegueda, quien luchó desde su periódico, el Diario de Oriente, por estos aspectos de Derechos Humanos, por los cuales estamos empeñados ahora.

Lo mismo, agradecer a una viejecita enferma de San Ramón, que en una bonita carta, recuerda con nostalgia sus trabajos por la Iglesia y que ahora ofrece nada más su enfermedad y su buena voluntad. Y le diré que es mejor, si eso queridos hermanos, ustedes los enfermos, los ancianos, los que no han podido venir, son precisamente la riqueza, como acaba de decir el Papa Juan Pablo I, son la riqueza de la Iglesia. Yo les agradezco a todos estos queridos enfermos que le den a su enfermedad, a su incapacidad, a sus achaques, a su vejez, sentido apostólico, ofreciéndolo todo por la gloria de Dios. La persona a que me refiero es la niña Adela Morataya viuda de Hernández. Ojalá tuviera muchos imitadores en ofrecer al Señor, el tesoro de sus méritos personales.

Este es el ambiente como Iglesia nuestra, esta es la Iglesia que está meditando la palabra del Señor esta mañana, y con esa palabra del Señor, iluminará las realidades que se oponen y le hacen crisis al expandimiento de este Reino de Dios, como lo voy a decir un poco después.

Ahora sólo quiero que saquemos de la lectura de la palabra de Dios, estos tres pensamientos bajo el título que ya les insinué para esta homilía: El Festín de Dios con los Hombres. El primer pensamiento es: Dios prepara un festín con los hombres; el segundo pensamiento es: Dios hace a la Iglesia mensajera de su festín para todos los hombres; y tercer pensamiento: Los invitados son todos los hombres, pero no todos fueron dignos de la invitación.

Dios prepara un festín y el motivo es porque celebraba las bodas de su Hijo. Qué bella manera de reflexionar, San Mateo y sus primeros cristianos, en la redención de los hombres, en el misterio de la encarnación. La Redención es una iniciativa de Dios, que quiere para salvar esta humanidad caía en el pecado, hacer de esa humanidad pecadora, una esposa para su Hijo. Y el momento en que el Verbo se hizo carne en las entrañas de María, es el momento del desposorio entre Dios y los hombres. Aquel fruto de las entrañas virginales de María, es la representación de la humanidad -dice el Catecismo- en ese momento, Dios creó un cuerpo humano al cual le infundió un alma humana, pero por persona humana le dio nada menos que la persona de Dios. Todos nosotros cuando hemos sido concebido en el vientre de nuestras madres, hemos sido esos tres elementos: Cuerpo, alma, persona. Pero nuestra persona no es divina y esta es la gran diferencia con aquel producto de las entrañas de María. En cuanto al cuerpo y al alma, igual que todos nosotros, Cristo no tiene una carne distinta de los hombres, un hombre como todos. Pero es asumido por la persona divina y por eso ese hombre es también Dios, porque la persona de Dios sustenta todos los actos espirituales y corporales de Jesucristo. Esto es lo que los teólogos llaman la unión hipostática. Palabra griega que quiere decir personal. Hipóstasis quiere decir persona, unión en la persona del Verbo.

Este es el desposorio maravilloso de la naturaleza humana. Alma y cuerpo de un hombre con la naturaleza divina en la persona del Verbo. Hemos recordado brevemente, en la reflexión del evangelio, el misterio de la encarnación. Por eso, todos ustedes, los casados, se casan para dar al mundo una representación de este desposorio. San Pablo cuando les habla a los que contraen matrimonio, les dicen: Gran misterio, pero yo lo digo refiriéndome a Cristo y su Iglesia, la humanidad redimida, la humanidad que prolonga ese cuerpo y esa alma formada en las entrañas de María, pero luego encarnándose por el bautismo en todos los hombres, es la Iglesia. Todos los bautizados somos ya naturaleza unida a Cristo. Y entonces el que se casa, representa esa unión misteriosa. ¡Ah! Si lo comprendieran todos los que reciben el sacramento matrimonial, qué grande es el amor del esposo y de la esposa, como el que Cristo tiene a su Iglesia y como el que la humanidad redimida tiene a su Redentor.

Si lo comprendieran todos aquellos para quienes lo mismo es vivir amancebado, es decir, sin el sacramento, sin darle una significació
divina a su amor de hombre y de mujer. Esta es la gran diferencia, entre el amancebamiento pueden amarse mucho dos personas que se han unido para vivir toda la vida unidos en familia; pero no han bendecido su unión con el sacramento, no lo han elevado al significado de la unión misteriosa de Cristo y de la humanidad redimida.

Cuando se ve pasar por el mundo un matrimonio cristiano, santo, uno no puede menos que descubrir a través de ese amor, en su fe, en el esposo, el amor infinito de Cristo a su Iglesia; y en la esposa, el amor fiel de todos ustedes queridos hermanos, todos los que formamos la Iglesia, imagínese qué riqueza de santidad. Decía antes de la viejecita que ofrece su sacrificio a Dios, de la religiosa que se consagra en un espíritu al Señor, del sacerdote que cumple 25 años de vida entregado al Señor, todo eso es Iglesia, amor de Iglesia. El mártir que da su vida por el Señor, el catequista que no le importa la persecución, sino que morir por Cristo si es necesario, todo eso es amor de esposa, amor de Iglesia.

Este es el festín que el Señor está celebrando con los hombres. Y para representarlo mejor, los profetas lo anunciaron con figuras, tan poéticas como la de Isaías en esta mañana: «En este monte voy a celebrar con todos los pueblos -miren la encarnación ya extendida al universo- un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera, manjares injundiosos, vinos generosos». Son imágenes materiales para expresar lo que nosotros cristianos redimidos, tenemos en nuestra Iglesia: La gracia de Dios, los carismas, la riqueza de su perdón, la alegría de la conciencia tranquila, la vocación seguida con fidelidad. Todo eso es superior a una mesa servida con vinos y manjares generosos. La Misa de cada domingo, no les parece a ustedes, hermanos, que aún sin servir aquí vinos ni viandas, cuando salimos de la Catedral, salimos como quien sale del banquete de un rey. ¡Más que Rey!, hemos estado con Dios y quienes han estado preparados se han acercado a recibir el pan celestial, el banquete del Rey que celebra las bodas de su Hijo. Qué hermosa es la Comunión, que bella es la Eucaristía.

Pero el mismo profeta, remontándose ya de la imagen material al significado espiritual de este festín de Dios, fíjense que bellas expresiones: «Aquí, en este monte, arrancaré el velo que cubre todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aquí el Señor aniquilará la muerte para siempre. Aquí Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y el oprobio de su pueblo se alejará de todo el país». ¿No es para cantar un canto de esperanza y llenarse de optimismo, saber que este cristianismo que nos vino con Cristo a través de la Virgen María y encarnándose en todos los hombres que tienen fe, es una presencia de un Dios que nos está prometiendo? No, hermanos, El Salvador no tiene que vivir siempre así. Arrancaré aquí ese velo de ignominia que lo está cubriendo en todos sus pueblos. Enjugaré las lágrimas de tantas madres que ya no tienen ni lágrimas de tanto llorar, porque sus hijos no aparecen. Aquí también, se arrancará el dolor de tantos hogares que sufren en este domingo el misterio del secuestro de seres queridos o el asesinato o la tortura o el tormento. Eso no es de Dios. El festín de Dios vendrá, esperen la hora del Señor, tengamos fe, todo ésto pasará como una pesadilla de la Patria y despertaremos al gran festín del Señor. Llenémonos de esta esperanza.

Entonces la Iglesia, es ese monte que significativamente Isaías señala. El Monte Sión, donde se construyó el Templo de Jerusalén, era como el centro simbólico del encuentro de Dios con su pueblo, con quien celebra unas bodas, una alianza, un pacto. Porque ese es el matrimonio. Y a quien no pueda comprender como puede compararse el amor de Dios a los hombres, con un matrimonio, les diré: Es un pacto, es una alianza. Como el novio que le dice a la novia: ¿Te sientes capaz de casarte conmigo para toda la vida? y el venirse a arrodillar ante el altar ellos dos, es precisamente un pacto que Dios ratifica. Lo que Dios ha unido, nadie lo puede separar. Así estaba Dios unido con este monte santo, símbolo de su amor a su pueblo predilecto, a Israel.

Pero resulta que este monte -y estoy llegando ya a mi segundo pensamiento- es la Iglesia mensajera del festín de Dios. La Iglesia heredó toda esa belleza del Monte de Sión, toda esa riqueza de las promesas de Dios hechas a Abraham y a todo su pueblo israelita. En Cristo Jesús pasó toda esa rica herencia al pueblo cristiano y este pueblo cristiano tiene el signo de una Iglesia y también su monte santo. Hoy precisamente, la atención del mundo está dirigida a ese Monte Santo. Ustedes saben -tal vez lo oyeron por la Voz de América- en las primeras horas de esta mañana, anunciaba que en Roma había salido ya la primera fumata de la Capilla Sixtina, humo negro, al mediodía del domingo, recuerden que van ellos siete horas adelante. No tenemos todavía al elegido, pero el mundo entero tiene su mirada clavada en esa chimenea. Apenas salga humo blanco, habrá alegría en todo el mundo. Un cardenal saldrá al balcón del Monte Santo a decir al mundo: ¡Os anuncio un gran gozo, ya tenemos Papa! Y anunciará el nombre del Cardenal y el nombre que ha asumido como Papa.

Queridos hermanos, ésto es bello, pero la Iglesia no es sólo el Vaticano. Allá está la expresión más acabada, el Pastor Supremo, pero alrededor del mundo este banquete hecho para celebrarlo con todos los hombres del mundo, la Iglesia expandida como mensajera del festín de Dios. Los Obispos como les dije antes, somos los responsables de cada Diócesis, si existen organizaciones de obispos, son de carácter eclesiástico; pero el responsable ante Dios de su Diócesis es el Obispo. Sobre el Obispo no hay más responsabilidad que la del Papa. El es el mensajero, el que traza el camino hacia ese festín. Y yo les agradezco hermanos, sus múltiples pruebas de solidaridad con su Pastor, porque no es a mí a quien siguen, sino al festín de Nuestro Señor.

¿Cómo traducimos este festín de Dios en la Iglesia? Yo he marcado, para que lo reflexionemos esta mañana, este texto del Concilio Vaticano II, cuando dice: «A la Sociedad de la Iglesia están incorporados plenamente, quienes poseyendo el espíritu de Cristo» -aquí está la primera riqueza que la Iglesia tiene, el espíritu de Cristo- «aceptan la totalidad de su organización». La Iglesia es una Sociedad organizada jerárquicamente y el Obispo es el jerarca directo, responsable de la Diócesis. Naturalmente que el obispo está en comunión con el Papa, único al que tiene que rendirle cuenta; y los fieles que prescindieran del Obispo pasando por encima de él para creer en la Conferencia Episcopal o en el Papa, no están aceptando la organización completa de la Iglesia, y aceptan también todos los medios de salvación establecidos en Ella. He aquí otra riqueza del festín. Lo que estamos celebrando ahora: La Eucaristía, la comunión, el perdón en el confesionario, el bautismo de los niños, la bendición de los matrimonios, la ordenación sacerdotal, los institutos donde las religiosas y los religiosos viven su vida consagrada al Señor, todo ésto son medios de salvación establecidos en Ella y en su cuerpo visible están unidos con Cristo, él cual rige esta Iglesia mediante el Sumo Pontífice y los Obispos por los vínculos de la profesión de fe de los sacramentos, del Gobierno y comunión Eclesiástica.

Entonces, en este breve pasaje del Concilio, está traducido al lenguaje de Iglesia, al lenguaje de Concilio Vaticano II, toda la bella profecía de Isaías. Todo el banquete de Dios en este Monte Santo para llamar a todos los pueblos, es eso que instituyó Cristo y lo confió a esta organización, a esta institución que se llama la Iglesia.

Entonces me podrán preguntar ustedes -y yo les voy a responder- ¿cómo puede haber salvación fuera de la Iglesia? El mismo Concilio que dice: «Que todo aquel que llegado a conocer la organización de la Iglesia católica como instrumento donde están todos los medios de la salvación, no la acepta, con todos sus medios, no se puede salvar». El que lo conoce y en este caso hermanos, me da mucha tristeza pensar que en nuestra Diócesis hay muchos, y quien sabe si sacerdotes también, y quién sabe si religiosas e instituciones católicas, que no aceptan la totalidad de la Institución, no van camino de salvación. Pero el caso de aquellos que no conocen esta Institución en el sacerdote no se puede alegrar ignorancia, él ha estudiado la institución Iglesia, ni en un cristiano medianamente instruido; pero puede haber en un ambiente donde no hay instrucción; religiosa, quienes no conozcan y a estos dice el Concilio: «Quienes ignorando, sin culpa, el evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan no obstante a Dios con un corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, en cumplir con obras su voluntad, conocida mediante el juicio de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna».

«Qué consolador es pensar que también aquellos que no por mala voluntad, sino por ignorancia, no conocen estos medios que la Iglesia les ofrece; pero tratan de vivir honestamente, santamente. La gracia de Dios se les dará por caminos que no son los sacramentos, les llegará la gracia, el Espíritu Santo, Cristo; porque sin Cristo no hay salvación, pero lo tendrán a su manera». Estos son los mensajeros de la Iglesia, y estoy hablando también… Voy a mencionar aquí queridos hermanos, la segunda lectura de San Pablo, porque es el modelo de los mensajeros de la Iglesia. Ya les puse el marco ambiental en que fue escrita la carta que se viene leyendo ya hace tres domingos, la carta de San Pablo a los Filipenses fue escrita en la prisión. Pablo está temeroso como todos los prisioneros, ¿qué van a hacer conmigo?; sin embargo, lleno de una gran confianza, agradece a los filipenses que le han mandado por medio de un cristiano ayuda económica; y agradeciendo esa ayuda económica, es donde pronuncia las palabras que hoy se han leído: Les agradezco que hayan compartido conmigo por medio de su limosna, la tribulación, pero con una sana independencia de los bienes materiales -este es el apóstol- Pablo les dice: Pero sepan que yo, estoy entrenado para todo y en todo. La hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. O sea, muchas gracias, porque me dan de comer, pero si aquí en la cárcel me estuviera muriendo y nadie se acordara de mí, sepan que confío en el Señor y que la dádiva que ustedes han puesto en mis manos y que yo les agradezco, la recibo, porque en pago, mi Dios proveerá a vuestras necesidades con magnificiencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.

Qué bella actitud la del hombre independiente, la del hombre que no hace consistir su predicación y su Iglesia en el apoyo del dinero. Esto nos está costando mucho en nuestra Iglesia, hermanos. Esta autonomía del ídolo dinero, del ídolo poder y presentarnos al mundo como Pablo, audazmente libre. Agradecer al que nos da, pero sepan que no son necesarios, que por eso no me van a condicionar mi predicación. ¡Muchas gracias!, pero sepan que yo me debo a Dios y no a ustedes. ¡Muchas gracias!, pero sepan que aunque ustedes se hubieran olvidado de mí, yo los amaría lo mismo y les predicaría lo mismo. Este es el mensaje del festín de Dios, de veras hermanos. Y yo quiero invocar este valor y esta independencia, esta audacia del predicador auténtico, de Pablo, para decirle a todos los catequistas, a todos los sacerdotes, a todas las instituciones católicas, a todos los que quieren vivir una Iglesia evangélica y auténtica: Independicémonos en el sentido no soberbio y orgulloso, sino en el sentido de adorar al único Dios y de poner en Dios toda nuestra confianza. Todo lo puedo en aquel que es mi fortaleza. El sí, mi fortaleza es el Señor. Mi riqueza es Cristo. Mi esperanza es el Señor, en él se salvará mi Patria. A él oro, en él confío, a él predico. Esto y cuánto más auténticamente lo crean, sentirán más riqueza del festín de Dios en sus propios corazones.

Mientras quieran estar compaginando la confianza en Cristo y la confianza en el dinero, no gozan el festín de Dios.

Por eso, finalmente hermanos, ¿quiénes son los invitados? Y según las lecturas de hoy, hemos escuchado a Isaías: Dios prepara para todos los pueblos y arrancará el velo de ignominia que cubre a todos los pueblos. Todos son llamados. Y cuando el Señor, en el banquete preparado para la boda de su hijo manda a llamar, fíjense que hay dos llamamientos: Un llamamiento al pueblo predilecto, privilegiado Israel; pero ellos no fueron dignos. Acuérdense el marco en que está hablando Jesús. Ultima semana de su vida. Ese climax de lucha, de antagonismo entre el verdadero evangelio que él predica y la falsa religión que han entablado los fariseos y los dirigentes del pueblo de Judea, esa lucha está llegando al desenlace trágico de la crucifixión, pero Cristo no cesa y a ellos directamente les hecha en cara: No han sido dignos de la invitación de Dios. No es que se predique el evangelio sólo a los pobres, también está llamando a los ricos; pero para comprenderlo, es necesario sentir alma de pobre y eso es lo difícil. Autonomía de los bienes materiales para sentir la única necesidad de Dios, sólo así se puede aceptar el Reino de Dios y desearlo.

Aquí nos está dando Cristo pues, la respuesta a una calumnia que se oye muy frecuente ¿por qué la Iglesia sólo le está predicando a los pobres? ¿Por qué Iglesia de los pobres? ¿Qué acaso los ricos no tenemos alma? Claro que sí, y los amamos entrañablemente y deseamos que se salven, que no vayan a parecer aprisionados en su propia idolatría, les pedimos espiritualizarse, hacerse almas de pobres; sentir la necesidad, la angustia del necesitado. Entonces dice el rey: Salgan a los caminos, allá adonde va el pobre pueblo, llámenlos, traínganlos; y entonces se llenó la sala que había sido preparada para los predilectos, pero no fueron dignos. Entonces se llenó de toda clase de gente. Y entonces viene una segunda parábola: Entonces entró el rey a presentarse a los invitados, pero encontró uno que no llevaba el vestido de fiesta, es una falta de cortesía, por más pobre que sea un hombre, llamado a un festín de esta clase, aunque sea con su propia remendada, pero limpia, trata de presentarse lo más decente. Se ve que este individuo pues, era uno de esos tipos que no le dan importancia a las atenciones y ésto también, no es cortesía.

La Iglesia tampoco puede estar por esa falta de educación. Y el Señor se enfrenta al hombre, que a pesar de toda la bondad del Señor de llamar a los pobres, se hace indigno y le dice: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin llevar traje de fiesta?» El otro no abrió la boca, no tenía razones que oponer, había faltado y aquí está una gran lección. El Concilio Vaticano II, cuando nos ha dicho ese pensamiento que les leí primero, que en la Iglesia de Dios están todos los medios para salvarse, añade también una palabra terrible: «No se salva sin embargo, aunque esté incorporado a la Iglesia, quien no perseverando en la caridad, permanece en el seno de la Iglesia en Cuerpo, pero no en corazón». No basta venir a Misa el domingo; no basta llamarse católico; no basta llevar al niño a bautizarlo, aunque sea en una gran fiesta de sociedad. No basta apariencias, Dios no se paga de apariencias. Dios quiere el vestido de la justicia; Dios quiere a sus cristianos revestidos de amor; Dios quiere a los que participan en su festín que hagan un esfuerzo personal, porque Cristo es el principal en salvarnos, pero no te salvarás sin tí, decía San Agustín. No te salvarás sin ti, el que te pudo crear sin tí. Para crearte sí, no necesitó tu consentimiento; pero para salvarte, necesita el uso de tu libertad, que sepas usar tus bienes, tu persona, tus cosas. Libremente, con sentido de justicia y de caridad.

Queridos hermanos, esta es la lección preciosa del festín de Dios con los hombres. ¿Quiénes son los llamados?, nos termina diciendo el Evangelio. ¡Muchos son los llamados! Todos, todos los pueblos. Para Dios no hay categorías ni para la Iglesia hay distinciones. Por eso choca la Iglesia, porque

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