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La Cruz de la Vida

La Cruz de la Vida
HOMILIAS 1978

22º Domingo de Tiempo Ordinario

Domingo 3 de septiembre de 1978

Lecturas:
Jeremías 20,7-9
Romanos 12,1-2
Mateo 16,21-27

Queridos hermanos:

Nos hemos reunido este domingo, como todos los domingos, queridos hermanos, a dar una expresión de que somos el pueblo de Dios. Y las lecturas iluminan este caminar como pueblo de Dios en medio del mundo. Le quiero agregar a las lecturas bíblicas, este pasaje del Concilio Vaticano II, en que describe así el caminar del pueblo de Dios: «Caminando pues, la Iglesia, en medio de tentaciones y tribulaciones, se ve confortada con el poder de la gracia de Dios que le ha sido prometida para que no desfallezca de la fidelidad perfecta, por la debilidad de la carne, antes al contrario, persevere como esposa digna de su Señor y, bajo la acción del Espíritu Santo, no cese de renovarse hasta que por la cruz llegue a aquella luz que no conoce ocaso».

Hay dentro de la misma Iglesia, debilidades de la carne; y hay fuera de la Iglesia un conjunto de tribulaciones y de persecuciones. Todo eso constituye la Cruz de la Iglesia. Y en este domingo vamos a iluminar con esa palabra de Dios que nos habla de la Cruz, y al final de nuestras reflexiones, iluminando las realidades que nos circundan o las intimidades de nuestra Iglesia, vamos a pedirle al Señor lo que acaba de decirnos el Concilio. Que a pesar de las debilidades de su propia carne; y a pesar de las tribulaciones y persecuciones de la maldad, de la indiferencia que nos rodea, seamos el pueblo de Dios, fiel a su Señor, hasta que por la Cruz, lleguemos a la luz. Guárdense esa frase, que es como la síntesis de todo lo que les quiero decir. La Cruz en la vida, éste podía ser el título de mi pobre palabra, esta mañana: La Cruz en la vida. Y como de costumbre, descompongo este título en estas tres ideas: 1ª) La Cruz, provoca las crisis de la vida; 2º) Sólo la Cruz da sentido a la vida y 3º) Sin la Cruz la vida es un fracaso.

Pero antes, ¿qué significa en el evangelio de hoy, la Cruz? Porque no quiero que tengamos de nuestra religión una idea de conformismo. Tengamos paciencia, aguantemos, ya vendrá la vida eterna. Esto es lo que nuestros enemigos llaman: Opio adormecedor del pueblo y la Iglesia no es opio, la Iglesia es estímulo, la Iglesia provoca a que vivamos esa santa agresividad que Dios ha dado a todo hombre. Pero como digo en la Carta Pastoral, una agresividad que ha de saberse orientar bien, por Cristo; no a destruir, sino a construir. La Cruz, pues, no es una paciencia sin valentía, no es un pasivismo, no es una conformidad sin esfuerzo.

Cuando San Mateo, ha descrito la palabra en los labios de Cristo: «… el que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su Cruz y síganme», ha querido recoger los ecos ya, de las primeras persecuciones. Ya el evangelio se escribió algunos años después de que Cristo lo predicó. Era el fruto de las reflexiones de la comunidad y esa comunidad podía mencionar, como en las reflexiones de nuestras comunidades de la Arquidiócesis, las persecuciones, los mártires; de allí sacaba pues, toda la comprensión de la palabra de la Cruz. Una valentía que da su cara por Cristo, una defensa de la justicia del evangelio. Un trabajar por la construcción de un mundo mejor. ¡Y vaya si lo lograron! Allá está en Roma, sobre las columnas paganas, la Cruz de Cristo, como para significar el triunfo, la victoria de la fe. A la base, hay mucha sangre de mártires; pero los cristianos pudieron decir que la sangre de mártires era semilla del rejuvenecimiento de la Sociedad. Un nuevo mundo surge de las batallas de la Cruz.

Y también… el signo de la Cruz, en la palabra de hoy, sobre todo a la luz de la segunda lectura, significa el cumplimiento de la voluntad de Dios. Grabémonos bien esto hermanos: La Cruz es el cumplimiento de la voluntad de Dios; y no atribuyamos a la voluntad de Dios, el fruto de nuestra pereza; no hagamos a Dios culpable de las desigualdades injustas; no hagamos a Dios culpable del subdesarrollo de los hombres. Dios no quiere eso, por eso cuando Pablo VI, modificaba el sentido de la penitencia en el pueblo cristiano, dijo que había distintas maneras de entender el sentido penitencial de la vida cristiana. De un modo se ayuna en aquellos países desarrollados donde se come bien; y de otra manera se ayuna en los países subdesarrollados donde casi siempre se vive ayunando. La penitencia en este caso, decía, es poner austeridad donde hay mucho bienestar y poner valor y la solidaridad con los que sufren; y trabajar por un mundo más justo, allí donde se vive casi siempre ayunando. Esto es penitencia, esto es voluntad de Dios. Y son palabras, pues, que estoy respaldando con las frases de San Pablo, con los Documentos de la Iglesia que interpretan para el mundo de hoy el sentido de la Cruz, contra un falso sentido que no es la Cruz de Cristo, como dijo Pío XI cuando en Roma se enarbolaba la Cruz de Hitler: «Se ha enarbolado en Roma una Cruz que no es la Cruz de Cristo»- Y por eso, aquel Papa valiente se retiró de Roma y dijeron en el mundo diplomático, que había sido un bofetón al más grande de aquel momento: A Hitler.

Porque la Cruz del Señor es distinta de las cruces que los hombres quieren enarbolar; porque la Cruz del Señor es distinta de las cruces con que quisieran adormecer. Siendo así, pues, que San Pablo y el mismo Cristo nos dice que no es digno de Cristo el que no toma su Cruz y la sigue. Es como yo digo en mi primer pensamiento de hoy: Que la Cruz provoca las crisis más profundas de la vida.

Y tomemos como ejemplo la vida modelo, la de Cristo. El evangelio de San Mateo nos coloca en un momento crucial de la misión de Nuestro Señor Jesucristo: Está con sus discípulos, apartado de la incomprensión y ha arrancado, allá en Cesarea de Filipo, la primera confesión de su mesianismo a los apóstoles que han de predicarlo por todo el mundo. Está satisfecho el Señor, siente que su siembra de fe en el corazón de los apóstoles está fructificando, está madurando la fe. Ya es hora, pues, de hacer el primer anuncio que traslada el mesianismo glorioso del Hijo de Dios vivo a la otra cara del mesianismo, el siervo que sufre, el siervo de Yahvé y es entonces cuando anuncia por primera vez: El Hijo del Hombre va a subir a Jerusalén y los sumos sacerdotes y los dirigentes del pueblo van a orientar al pueblo para acusarlo, para calumniarlo y para llevarlo por fin a la Cruz y morir. Pero al tercer día resucitará.

Por primera vez, brota de los labios divinos del Señor, el misterio pascual que será él mismo, el misterio pascual que nos va a reunir todos los domingos; porque a eso venimos, a recoger todos los domingos, la palabra del Señor: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección», de ésto vive el pueblo de Dios; y Cristo por primera vez abre el misterio, no sólo de su resurrección -que es muy fácil, seguir al Cristo glorioso, al Mesías hijo de Dios vivo, al que ha de venir en las nubes del cielo a juzgar a todos los hombres- sino que lo más difícil es el anuncio de que ese mesianismo tiene también como la medalla, otra cara muy distinta, dolorosa, humillante; Cristo sufre aquí, la crisis de la tentación. Uno de los suyos, precisamente el que acaba de confesarlo Hijo de Dios vivo, le va a servir de escándalo, de estorbo y le dice: «Aparte de tí Señor, no puede ser, no vayas a Jerusalén, no te tiene que suceder eso». Y oyeron en el evangelio, la respuesta dura de Cristo resolviendo su crisis, su tentación: «apártate satanás, porque me sirves de estorbo, tú piensas como los hombres y no piensas como Dios».

La Cruz, provoca en el mismo Cristo, la defensa de su misión, que es Cruz y sacrificio. Qué fácil era seguir como Pedro, huir como andan huyendo hoy muchos cristianos. Es más fácil esconderse, no hay que crear conflictos, prudencia… hay que ser más prudentes. Pero Cristo, no fue de ese parecer. Y a quien le aconsejó no meterse en el peligro lo llamó Satanás, lo llamó escándalo. Escándalo, palabra de origen griego que significa estorbo. La piedra que se pone para estorbar en el camino. Eso es crisis de la vida, como la crisis del caminante que va y se encuentra un obstáculo en su camino, la tentación de volverse, o la tentación, el valor de superar el obstáculo.

La Cruz siempre es escándalo. La Cruz siempre provoca crisis. Si no veamos como Pedro, también, está sufriendo una crisis en su fe. Le acaba de decir Cristo: «Bienaventurado Simón, me has confesado Hijo de Dios, eso no lo has aprendido de la carne y de la sangre, te lo ha revelado mi Padre que está en los cielos y yo te prometo que tú serás mi representante». Lo que este domingo es Juan Pablo I en Roma, era Pedro en aquel momento del evangelio que estamos reflexionando: El representante de Cristo. Y en esa hora solemne, cuando recibía esa promesa diríamos, cuando como un domingo como éste, va a ser coronado Papa, siente la tentación de la fe. Hermanos, no estamos seguros, todos tenemos momentos terribles de crisis; y hasta el Papa. Por eso, no nos extrañemos de esta crisis de la fe. Pedro tuvo miedo, quiso aconsejar según hombres y no según Dios… hizo presión a Cristo. Qué terribles son las presiones cuando nos quieren apartar de lo que Dios quiere para que hagamos como los hombres quieren. Pero el ejemplo, para mí, más conmovedor en esta mañana es el de la primera lectura: El profeta Jeremías. Yo no encuentro en la Biblia unas frases que expresen más al vivo la crisis de un hombre en sus relaciones con Dios.

Me sedujiste -le dice al Señor- me has engañado, me has dicho que me mandabas a arrancar, a destruir; pero también a construir, a plantar, a edificar y de mi boca de profeta, donde quiere salir sólo lo que tú dices, no sale más que violencia, guerra, destrucción. Imaginen hermanos, el temperamento de Jeremías, un profeta dulce, un profeta más inclinado al amor, un profeta de delicadezas espirituales que representa precisamente, en el Viejo Testamento, la figura dulcísima de Cristo; pues este profeta de amor, de dulzura, de ternura, de bondad, es escogido por Dios para anunciar a un pueblo pecador, la destrucción, la amenaza de Dios si no se convierten. ¡Y le duele! Cuantas veces, dice, quise calar la voz de Dios en mí y la palabra de Dios era en mis huesos como fuego que devora y me obliga a hablar. Esta es la crisis del profeta. No quisiera decir lo que dice, Pero Dios le manda a decir.

Para que vean que la Cruz no es conformismo. Es exigirle al hombre, muchas veces, hasta contra su temperamento, contra su modo de ser, es lo que está pidiendo Cristo a Pedro: Que no se acomode, que no se instale, que van a subir a Jerusalén a sufrir. Es lo que llora el profeta Jeremías, es lo que siente en esa misión durísima y es lo que en este primer pensamiento yo quisiera decir a mis queridos cristianos: Cuando Cristo nos dice, ya no a Pedro, ni a Jeremías, ni a los escogidos de la Biblia, sino a todos nosotros… el pueblo de Dios. Esta página del evangelio describe las condiciones del seguidor de Jesús. El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue su Cruz. Tiene que perder su vida por mí… Son palabras que provocan crisis. Yo soy testigo hermanos, de cuántos hombres y mujeres están en esta crisis, en este momento. Y me duele cuando son gente que han sido muy generosas, muy valientes y ahora se están acobardando. Pero me da gusto cuando siento que esta crisis está sirviendo para muchos, como cuando la crisis de la enfermedad. La crisis de la enfermedad, dicen los médicos, es aquel momento en que el enfermo o va a caminar hacia la muerte, o va a caminar hacia la salud, pues muchos esta crisis les está sirviendo para salir a la salud, mientras para muchos, es crisis de muerte.

¡Es el evangelio, es la Cruz! Queridos hermanos, yo les invito a que no vivamos un cristianismo sin Cruz. Yo les invito a confrontar, pero con valor, la vida de cada uno con la Cruz que me provoca. Y si de veras, como dice aquel poema del Cristo Roto: Cada noche arrodíllate ante el Crucificado y besa su planta, no con un beso romántico, superficial, con un beso de convicción para decirle que estás dispuesto a amarlo aunque sea muriendo como él, crucificado. Que quieres besar su pie, cuando ese Cristo que besas, representa talvéz a tu peor enemigo y tienes que perdonarlo. Es difícil. Provoquemos esta crisis para que resurjamos a un cristianismo auténtico.

Ustedes saben como los plateros prueban la autenticidad de la plata o del oro. Hay una piedra de toque, tocan contra la piedra a ver si suena y calculan sus kilates. La Cruz es nuestra piedra de toque. Golpeémos en la Cruz nuestra vida y miremos como suena. Suena a cobardía, suena a miedo suena a pensamientos de los hombres y no de Dios. La Cruz es la auténtica prueba del hombre que quiere seguir a Cristo, por eso el Señor dice: El que quiera venir en pos de mí, tome su Cruz…

Pero hermanos, en segundo lugar, la Cruz es la que le da sentido a la vida. El cristianismo no es un masoquismo, esa filosofía de sufrir por sufrir, ese estoicismo de los griegos de sufrir por sufrir. ¡No… Dios no nos ha hecho para el sufrimiento! Dios ha querido hacernos para la felicidad, pero así como la mamá que ama a su hijo y necesita el hijo una operación y sabe lo doloroso que es el bisturí en el cuerpecito de su hijo, pero para su bien lo somete. Corte, le dice al médico, haga lo que le parezca. Y la mamá se retuerce en el dolor, pero su hijo se salva, porque es necesario el bisturí. También hermanos, dice Cristo en el anuncio de su pasión: Y al tercer día resucitará. ¡Qué promesa más bella sobre el calvario y sobre la Cruz! Resucitar es el destino del hombre, pero como perteneciente a una raza pecadora, que ha ofendido a Dios; necesita para llegar a la resurrección, pasar por el crisol de la Cruz y del sufrimiento. Y si con Cristo padecemos la Cruz, dice San Pablo, ¡con Cristo resucitaremos!

Cargar la Cruz significa estas condiciones: Seguir a Jesús, salvar la vida y es la recompensa de la gloria. Hay una frase paradójica en el evangelio de hoy: El que quiera salvar su vida la perderá, y el que la pierda por mí la salvará. ¿Qué quiere decir este juego de palabras? Más que juego de palabras la filosofía del cristianismo. Aquél que quiera aquel que quiera estar bien; a quel que reulla los sufrimientos de la vida, a quel que quiere salvar la vida del más acá, la perderá para el más allá. Y aún más acá, ya en la historia presente, nadie es tan feliz como el que le puede decir a Cristo su lealtad, su entrega, su generosidad. Nadie es tan libre, nadie ha encontrado su vida tan plenamente, como el que no tiene miedo de perderla por Cristo. El que tiene miedo de perderla no es libre, es miedoso, se condiciona. ¡Ah! tengo este problema, ¡ah! tengo esta circunstancia. Y aquí la crisis se revuelve en negación a la Cruz, pero sólo la Cruz le da sentido a la vida.

Yo quiero fijarme especialmente en el sentido divino que San Pablo menciona hoy en su Carta a los Romanos, cuando dice que la vida del cristiano, el cuerpo del cristiano, tiene que exhibirse a Dios como hostia viva, agradable a Dios. Miren que aquí la Biblia le está dando a nuestro cuerpo, a nuestra vida un sentido de hostia, un sentido de holocausto, un sentido divino que tiene todo hombre hasta el más humilde. Y yo quisiera que esta palabra, ahora me la escucharan todos los que la están oyendo, allá también por la radio cualquiera que sea la circunstancia en que se encuentre; talvez es un enfermo desesperado en su dolor; talvez un pobre que no ha encontrado trabajo y no tiene ni qué comer; talvez alguien que trabaja y trabaja y no le produce; talvez otro que tiene demasiado, que tiene demasiadas comodidades y es egoísta… no se quiénes me escuchan. Sólo agradezco la atención admirable que esta Catedral llena me está dispensando. Y yo les digo a ustedes, queridos hermanos en la fe, que si todo eso: El sufrimiento, la pobreza, el trabajo, el deber cualquier que sea lo ofrecemos a Dios, para agradar a Dios, para hacer su voluntad, estamos haciendo hostias agradables, víctimas de suavísimo olor en el altar del Padre.

Cuando encontramos un momento de la historia de la Iglesia de muerte y vida de un Pontífice, quiero recordar unas palabras inmortales de Juan XXIII, cuando el médico le dijo que su en
ermedad era grave y que tenía que acostarse, aquel anciano dijo: También la cama es un altar y necesita una víctima para ofrecerse a Dios. He aquí que yo soy ahora esa víctima del altar de la cama. Y cómo murió Juan XXIII, casi a la vista de todo el mundo. Yo no he visto una muerte más pública que aquella que iba diciendo minuto a minuto, la vida que se iba apagando, la hostia que se estaba consumando. En el último momento qué hermoso es un cuerpo, aunque sea obeso y feo como el de Juan XXIII, pero convertido en hostia agradable por el espíritu bellísimo que encerraba aquel cuerpo, por la ideología cristiana que le había dado a toda su vida. No hay cuerpo despreciable para el Señor.

Lamentablemente, aquí también como Cristo, podemos decir a muchos hombres cuando miran el cuerpo de los hombres y de las mujeres: Tú piensas según los hombres y no según Dios. Tú miras con miradas de concupiscencia viciosa y no con ojos de elevación. Pero si miráramos todos los cuerpos, desde el más hermoso hasta el más harapiento, hasta el más repugnante, diríamos esto de San Pablo: Todo cuerpo es hostia cuando vive ofrendándole a Dios; sus energías, su voz, su caminar, sus manos, su inteligencia, todo, su profesión su trabajo para la gloria de Dios; es la Cruz, es hacer la voluntad de Dios en la vida.

El bautismo, queridos hermanos, nos identifica con esta belleza de nuestro Cristo. Dice el Concilio Vaticano II, hablando precisamente a ustedes los seglares, los bautizados son consagrados por la regeneración y la unción del Espíritu Santo como casa espiritual, como sacerdocio Santo para que por medio de toda la obra del hombre cristiano, ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien el poder de aquél que los llamó de las tinieblas a su admirable luz. Por eso todos los discípulos de Cristo, perseverando en la oración y alabando juntos a Dios, ofrézcanse a sí mismos como hostia viva, santa y grata a Dios; y den testimonio por donde quiera de Cristo y a quienes lo pidan den también razón de la esperanza de la vida eterna que hay en ellos. Es una invitación, hermanos, y ojalá que mi palabra encontrara este eco que yo quisiera fuera el principal de esta mañana, de darle a la vida de todos nosotros, ese sentido divino de la Cruz. De abrazarnos con valentía a la Cruz de nuestro deber y hacer nuestras obligaciones, por más rutinarias que sean, no una manera de ganarme la vida; no una condición para ganar un sueldo; no ganar aplausos, todo ésto se queda en la Tierra. La finalidad de nuestras vidas es la gloria de Dios. Por más humilde que sea una vida ésto lo hace grande.

Y finalmente, sin la Cruz, la vida es un fracaso. ¿Qué es no abrazar la Cruz? Cuál es el fracaso de la vida? San Pablo en su segunda lectura de hoy nos dice: Que no nos conformemos a este mundo. Eso es votar la Cruz, conformarse a este mundo, vivir según el mundo y no según el Evangelio. El mundo dice que el dinero es la felicidad y Cristo dice: ¡Bienaventurados los pobres de espíritu! Cristo dice que hay que perdonar y el mundo dice el adagio pagano: Ojo por ojo, diente por diente, venganza, violencia, odio, No acomodarse, pues, al pensamiento del mundo, porque así podemos ir describiendo en infinito, dos líneas que cada vez se apartan más. La línea de la conformidad con la voluntad de Dios y la línea de una conformidad con este mundo.

Pobrecitos los que cada día hunden más su pensamiento, sus criterios, con las maneras de pensar del mundo. El placer de la carne, el vicio, las drogas, la prostitución, el dinero, el robo, el secuestro, todo ésto son los caminos del mundo. No conforméis vuestra vida con el pensamiento del mundo. Y Cristo lo dice de otro modo, cuando le dice a Pedro: Piensas como los hombres y no piensas como Dios. Esta es la gran tarea de la evangelización, transformar el pensamiento de los hombres en el pensamiento de Dios. Para mí esta mañana y este momento, es precioso, porque eso es lo que estoy tratando de hacer: Transformar la mentalidad en el pensamiento de Dios.

Otra frase de Cristo que dice lo mismo: Querer salvar la vida, es también botar la Cruz. No se puede salvar la vida sin el peligro de perderla para siempre. Por eso el evangelio termina con esa frase que ha convertido a tantos pecadores y los ha hecho santos: ¡De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo… si al fin se pierde su vida! Es una leyenda, pero muchos la creen, que hay gente que tiene pacto con el diablo y es cuando a una persona le salen bien todas las cosas materiales, dicen que el diablo le ayuda y que después el diablo se cobra esa alma. Digo yo, no es una verdad de fe, pero sí es cierto, que para muchos solamente quieren salvar y amontonar las cosas de la vida… y las van a perder. Si aún materialmente vemos qué se hacen las grandes herencias, los herederos que fácilmente recogen todo aquello y no les ha costado, ¡cómo la botan! Pero en fin, el dinero también es sagrado cuando se sabe poner al servicio del pensamiento de Dios.

Por eso queridos hermanos, ésto marca la vida también de la Iglesia. Leía al principio el pensamiento del Concilio: Esta Iglesia, no es una cosa abstracta, es la composición de nosotros; nosotros somos la Iglesia, en la medida en que vivamos esta Cruz, en esa medida elevamos la Iglesia y en la medida en que nos apartemos de esa Cruz -los cristianos- en esa medida evacuamos, dejamos sin sentido a toda la Iglesia. Esta es mi preocupación más grande, de querer construir con Cristo, una Iglesia según su corazón. Las otras cosas, lo que ahora voy a seguir diciendo: Las noticias, las cosas accidentales que se iluminan con esta Iglesia son accidentales, pasan, son historia de una semana; y por eso yo les suplico que en mi homilía, más que es esa especie, de noticiero que me obliga la misión profética de la Iglesia a iluminar, se fijen más bien en el esfuerzo de este pobre Pastor en construir una Iglesia según el corazón de Dios. Esta es la afirmación que yo estoy repitiendo y no quisiera que se la confundiera, esta afirmación, de lo que es la Iglesia verdadera de la Cruz de Cristo, con una especie de oposición política, con una especie de fantasía para ganar fama o ser oportunistas. No!. Algo de lo del profeta Jeremías, podía ser también mi papel. Me duele Señor, decir estas cosas, pero si están sucediendo, me obligan a decir los pecados del mundo, para destruirlos como tú quieres que el pueblo de Dios los destruya.

Y así es queridos hermanos, cómo en este afán de construir la Iglesia y de iluminar la realidad, que les invito a que nos alegremos en esta semana con el nuevo Papa que la Providencia nos ha dado; y aquí quiero agradecer y felicitar a los medios de comunicación social: Como ayuda cuando de veras -como les acaba de decir el Papa- sirven a la bondad y a la verdad. Gracias a la prensa, y a la televisión y a la radio, el mundo entero conoce el carácter bondadoso, el espíritu eclesiástico, el verdadero corazón de Pastor del Papa actual, Juan Pablo I. Dentro de una hora más o menos y ustedes lo podrán ver por la televisión, a las 10 menos 10 -tienen tiempo, no se preocupen- van a poder ir a ver la coronación, el Papa no quiere que se llame coronación, éste es uno de los rasgos más simpáticos, un hombre que ha roto tradiciones de siglos, para presentarse humilde. Hay muchas tiaras en el Vaticano, hay muchas sillas gestatorias también, y él dice no, no las vamos a usar, voy a entrar con el pueblo, caminando como un peregrino de esta tierra y no llamaremos coronación a la ceremonia, será la misa del Obispo del Mundo que celebra con su pueblo la primera Eucaristía para consagrar a Dios su trabajo. ¡Qué bello rasgo!

Su primer mensaje al mundo, instó por establecer un orden social con más justicia, una paz más estable, una cooperación más sincera. Ya confirmó también la reunión de Puebla. A los periodistas les dice que trabajen con amor por la verdad, que tengan respeto por la dignidad humana, se concentren menos en lo trivial y más en los asuntos esenciales. Miren qué luz más hermosa y más oportuna. En su reunión con los diplomáticos, el Papa, también perfila la Misión de la Iglesia y su relación con los gobiernos siempre evangelizadora, siempre en la línea de Jesús, siempre la Iglesia de la Cruz. Y recalcó que la Iglesia va a contribuir en la formación de conciencias y de amplia opinión pública, con respecto a los principios fundamentales que garantizan la auténtica civilización y la verdadera fraternidad entre los pueblos. Me alegro yo de veras al ver al actual Pontífice, caminando por los caminos de Juan XXIII, de Pablo VI. No estaban desviados los Papas anteriores, estaban caminando bien y él seguirá caminando en ese caminar. Desviaciones siempre las ha habido y es trabajo de todos también enderezarlas, pero el camino esencial de la Iglesia trazado por el Papa, vemos por donde va y gracias a Dios, nos encontramos con el Papa caminando en el mismo camino. ¡Bendito sea Dios!

Quiero agradecer la acogida entusiasta que el pueblo de Dios y también el no pueblo de Dios, ha dado a la Carta Pastoral que escribimos con Monseñor Rivera, que tiene por título: «Relaciones entre la Iglesia y las Organizaciones Políticas Populares». Es una invitación a reflexionar, son temas nuevos, no podemos decir una palabra autoritaria, tenemos que invitar a la reflexión bajo la luz del Evangelio en un diálogo, como dice Pablo VI en la Octogésima Adveniat. Al mismo tiempo que nuestra Carta Pastoral, otros cuatro obispos publicaron otra declaración sobre el mismo tema, pero con un enfoque distinto. Como esta declaración, de los cuatro obispos, ha sido presentada por los medios de difusión como una declaración del Episcopado de El Salvador, nuestra Secretaría de Comunicación Social se apresuró a precisar que no ha sido el Episcopado el que firmó el pronunciamiento, sino algunos obispos de la Conferencia Episcopal y ofreció un amplio resumen de la Carta Pastoral de los otros dos obispos. Efectivamente, por encargo de la Santa Sede, se trató en la Conferencia Episcopal, la conveniencia de declarar que FECCAS y UTC, no son organizaciones de la Iglesia, y eso lo he venido repitiendo yo en mis homilías y queda muy claro también en la Carta Pastoral. Pero la redacción del pronunciamiento que evidentemente dice más de lo convenido, fue una redacción firmada sólo por los cuatro obispos, sin haberla llevado a una discusión de plenario como era lo correcto antes de firmarla. Por ese grave defecto de procedimiento, que cualquier cuerpo colegiado puede advertir, ese documento no puede atribuirse a la colegialidad del Episcopado de El Salvador. Lamentablemente, nuestra aclaración fue tergiversada, o mutilada, o silenciada en los medios de comunicación social, habiendo creado así más confusión y negado ese servicio de la verdad y de la información que les acaba de pedir el mismo Papa. Yo lamento y pido perdón, como solidario con la jerarquía de El Salvador, por este mal testimonio que le hace juego a los enemigos de la Iglesia; y yo quiero suplicar encarecidamente a mis queridos sacerdotes y a las comunidades de la Arquidiócesis, recoger con madurez de criterio lo bueno que puede haber en las dos complicaciones y no fomentar comentarios que abran más nuestras divisiones. El pueblo tiene un gran instinto que le da el Espíritu Santo y que Cristo lo dijo con aquellas bellas palabras: Las ovejas conocen la voz del Pastor que las ama y está dispuesto a dar su vida por ellas.

Agradezco la entusiasta acogida que va teniendo esta Carta Pastoral, cuya primera edición, se agotó antes de lo esperado. Pero la próxima semana tendremos ya una edición más numerosa y el periódico ORIENTACION, la publicará entera. Les quiero recordar que no pido tanto una lectura, sino un estudio, una reflexión en comunidad, en grupo que me transmitan sus reacciones, sus comentarios, sus críticas también. Nuestra emisora (Y.S.A.X.) ya ha estado haciendo unos comentarios muy interesantes.

Esta Iglesia de la Cruz está cumpliendo también hoy 10 años en su labor benéfica de la Fundación Salvadoreña de Desarrollo y Vivienda Mínima. Al P. Ibáñez y a todos sus colaboradores, vaya una felicitación y una plegaria desde nuestra Misa de la diócesis.

Quiero felicitar también, y llamar a la cooperación, por la iniciativa que los Párrocos de la Vicaría de la Asunción -que comprende las Parroquias Flor Blanca, San José de la Montaña, San Benito, Colonia Roma, Corazón de María, Cristo Redentor, La Ceiba, están llevando a cabo para organizar mejor la administración de los sacramentos con un sentido más cristiano, y también para fomentar la formación de la fe en un Instituto de Teología que va a organizarse en aquella Vicaría.

También me alegro con la comunidad de la Vicaría de Chalatenango, porque sus religiosas que trabajan en aquel departamento, Carmelitas Misioneras, Betlemitas, de la Asunción, Guadalupanas, Oblatas al Divino Amor, Oblatas al Sagrado Corazón, tuvieron dos días de evaluación de su trabajo y dieron un respaldo muy bueno a su Vicario Episcopal -el P. Fabián Amaya- defendiéndolo de la tendencia y de la calumnia, como quisieron hacerlo cómplice de actividades sediciosas. El P. Fabián, dicen las religiosas, está trabajando plenamente en lo Pastoral y son testigos todas las comunidades de aquel departamento.

También en la Colonia de Ayutuxtepeque, celebramos la Misa de desagravio por el robo sacrílego que allá se perpetró.

Un grupo de jóvenes del Instituto Ricaldone me dio una alegría inmensa, cuando llegó al Arzobispado, diciendo que iban en peregrinación al Obispo. Me sorprendió la expresión, pero sin embargo me ha hecho reflexionar mucho. Peregrinar a un lugar es ir a encontrar allí fortaleza, unidad, fe y sentí yo que recobraba esta responsabilidad del Obispo, el que peregrina toda la Diócesis, porque él tiene que ser el centro que ilumina esta unidad, esta verdad. Yo les agradezco, pues, por esta significativa visita, que expresa un cariño que es mucho más grande que ese grupito de jóvenes del Ricaldone.

También agradezco a la Legión de María que se presentó a ofrecer sus servicios al pensamiento de la Jerarquía.

Y me alegro con la comunidad de Ateos, donde va a ser la sede parroquial de Tepecoyo y Sacacoyo, donde ayer celebramos una Eucaristía para inaugurar esta nueva iniciativa pastoral.

Me dio mucho gusto también, y es gloria de esta Iglesia de la Cruz y de la Pascua, la comunidad de San Ramón en Cojutepeque -cerca de Cojutepeque- donde las hermanas Carmelitas de Santa Teresa están fomentando una comunidad muy viva. Fue muy impresionante el momento de la Ofrenda, exhibiendo la fertilidad de aquella tierra (trayendo frutas, hortalizas, cereales, etc.) para darle gracias al Señor. Saludo de paso a la Madre General de las Carmelitas de Santa Teresa, que se encuentra en El Salvador en estos días, visitando las comunidades de su Congregación.

Queremos unirnos también al dolor del P. Eduardo Orellana, por la muerte de quien hizo las veces de Mamá en su vida.

También recordamos con cariño en el cuarto mes de su muerte, a un amigo de San Miguel, don Carlos García Prieto, por quien pido también hoy una plegaria.

En el cumpleaños del P. Pedraz, ayer, quise felicitar no sólo a él, sino a todo el personal de Y.S.A.X., que está prestándonos tan maravilloso servicio a la difusión del pensamiento de nuestra Iglesia.

Quiero avisar a los sacerdotes y a todas las comunidades, que el próximo martes a las 12:15 del mediodía, vamos a concelebrar. Voy a tener la dicha de presidir a mis queridos sacerdotes, la concelebración por el nuevo Papa. Ojalá que las comunidades se hagan presentes para expresar, aquí en Catedral, la solidaridad que ya le expresamos por un telegrama de la Arquidiócesis, a Juan Pablo I. Porque la reunión del Clero será el martes, a las 9 de la mañana, como también la reunión de religiosas será el día siguiente y las encargadas avisan que procuren estar a las 8:30 en Domus Marie -el miércoles 6, las religiosas- y los sacerdotes el martes 5 a las 9:00.

Quiero decirles también que hemos tenido una información, ya todos lo saben, pues, la libertad de

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