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La Iglesia Comunión de Vida, de Caridad y de Verdad para Salvación del Mundo

La Iglesia Comunión de Vida, de Caridad y de Verdad para Salvación del Mundo
HOMILIAS 1978

30º Domingo de Tiempo Ordinario

Domingo 29 de octubre de 1978

Lecturas:
Exodo: 2,21-27
Tesalonicenses: 1,5c-10
Mateo: 22,34-40

Queridos hermanos:

Siento que, de veras, la comunidad cristiana es una verdadera familia. Sentí mucho estar ausente el domingo pasado, como cuando alguien de la familia no puede llega a la reunión de fin de semana con sus demás hermanos, pero a veces el Señor nos pide este sacrificio. En cambio, les agradezco la presencia y la atención con que asistieron a la celebración y a la predicación del P. Jesús Delgado, que tuvo la bondad de sustituirme. De sus reflexiones pues, ha habido comentarios muy buenos y por mi parte ahora, precisamente tomando de las lecturas bíblicas, sacaría como de costumbre, un título para nuestra homilía de hoy que venga a fortificar ese sentido de familia, de comunión.

Yo llamaría a mis palabras de hoy: La Iglesia comunión de vida, de caridad y de verdad para salvación del mundo. Y es que en las lecturas de hoy, parecen encontrar un resumen bellísimo en uno de los textos más densos del Concilio Vaticano II, cuando habla de la Iglesia como pueblo mesiánico, dice estas palabras: «Este pueblo mesiánico, aunque no incluya a todos los hombres actualmente, y con frecuencia parezca una grey pequeña, es sin embargo, para todo el género humano, un germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación. Cristo que lo instituyó para ser comunión de vida, de caridad y de verdad, se sirve también de él como de instrumento de la redención universal y lo envía a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra».

Esto somos, queridos hermanos, ésto tenemos que ser si de veras queremos construir la Iglesia. Yo quiero ratificar que la razón de mi predicación, que la razón de nuestras reuniones y de nuestras reflexiones cristianas en torno de la palabra de Dios, tienen esta finalidad, de que cada día nos vayamos constituyendo más como pueblo de Dios, como seguidores de Cristo, sintiéndonos de verdad germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación. Que el mundo, que nuestra patria, sepa sentir en los grupos cristianos no gente sospechosa, sino gente que de verdad sea luz del mundo y sal de la tierra.

Por eso, me gusta concretar cuál es esta comunidad que está haciendo la reflexión esta mañana. No es una comunidad cristiana reunida en una Iglesia de Europa o de Africa o de otro país de nuestro continente, es una Iglesia de aquí, de la Arquidiócesis de San Salvador, es esta Catedral. Y son aquellas comunidades tal vez allá en las ermitas donde sé que sintonizan esta misa para reflexionar. Son la comunidad del cantón tal, del pueblecito tal. En este caso pues, tenemos que sentir esta comunidad con sus realidades alegres y tristes. Es aquí donde a mí me gusta hacer un recuento de alegría, de esperanza con todos ustedes, sintiéndonos de veras esa comunión de vida, comunión de amor y comunión de verdad. Que compactemos más nuestros sentimientos de salvadoreños cristianos o de quienes sin ser salvadoreños se han identificado con nuestra comunidad y viven de verdad esta pequeña grey.

Fíjense bien como el Concilio no se hace ilusiones de que la Iglesia sea la totalidad del pueblo, muchas veces puede ser el grupo pequeñito y Cristo así les decía a sus apóstoles: «No temais pequeña rebañito» (pusillus grex), una expresión cariñosa de Cristo para decir no crean que todos van a aceptar esta palabra, pero habrá siempre un grupo aunque sea pequeño y en ese grupo alegraos, decía Cristo, porque a vosotros ha querido el Padre daros el reino y vosotros sois el germen de la unidad y de la salvación del mundo; vosotros sois la esperanza. Sí queridos hermanos cristianos, seamos de verdad como comunidades cristianas: Santos, seguidores de Cristo, llenos de esperanza, unidos en el amor. No pretendamos el brillo de grandes muchedumbres, pero sí la solidez de un sólido amor y de una vida que nos viene de Dios.

Esta comunidad, que es la que ha celebrado -como noticias sacerdotales en esta semana- 25 años de promoción de algunos de sus sacerdotes, hace 25 años se ordenaron trece sacerdotes. ¡Qué hermosa cosecha de San José de la Montaña! Recordamos ya uno en la eternidad, nuestro querido amigo- y ven como la comunidad vive gente que conoce, con quien ha compartido y que ya goza en el cielo- Monseñor Jorge Castro Peña, fue también de esa promoción. No ha podido celebrar con nosotros, pero desde su cielo nos envía su sonrisa de complacencia y se siente miembro de esta comunidad.

Un italiano, franciscano, P. Cosme Spezzotto, en Zacatecoluca, también celebra sus 25 años.

Ayer en Acajutla se ordenan dos jóvenes franciscanos: Oscar Arturo Gutiérrez y Mario Antonio Benítez.

El sábado que viene -ya sirva de invitación esto- aquí en Catedral, a las 11 de la mañana vamos a ordenar sacerdote a un joven de nuestra Arquidiócesis, Rafael Urrutia, que termina ya sus estudios en Guatemala y va a trabajar con nosotros.

También fruto de nuestras comunidades de El Salvador, dos sacerdotes se ordenan en España para trabajar en el Opus Dei. Profesionales que se santifican y de los cuales ya nos hemos ocupado en otras ocasiones. Esa santidad que se expanda, que sea -sintiendo lo que estoy diciendo en este momento- la vida de la comunidad, porque nadie vive el cristianismo sólo para sí, sino para esto que estamos diciendo, ser el buen olor, ser el germen de unidad, de salvación.

Esta comunidad que está ahora reflexionando aquí, es la que vive y se hace concreta en parroquias, en cantones. Yo tuve la dicha de visitar la parroquia de El Carmen de la Colonia Roma, donde celebramos el día de Santa Teresa, su patrona.

También en la parroquia de la Divina Providencia de la Colonia Atlacatl, donde palpita una comunidad viva y se organizaba precisamente esa noche, la Comisión Parroquial de Cáritas.

También participé de la vida que goza la comunidad cristiana de Soyapango. Agentes de pastoral, grupos juveniles que se anhelan por seguir a Cristo.

He tenido noticias también, de la comunidad que se reúne en la Basílica del Sagrado Corazón bajo el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, donde se han dedicado a estudiar la Carta Pastoral sobre la Iglesia y las Organizaciones Políticas Populares.

En cambio, hermanos, no pude asistir por razones de enfermedad, a varias comunidades que tenía programadas en esta semana, pero vaya desde aquí un saludo muy cariñoso a la Parroquia de San Juan Opico donde sus agentes de pastoral están estudiando nuestra Carta Pastoral.

A San Rafael de Chalatenango, donde teníamos que celebrar la fiesta del Arcángel San Rafael, pero el día de San Rafael lo celebré como día de los hospitales, también dando el testimonio de una salud que se quebranta, pero que desde el hospital puede servir también para orar por la comunidad.

También tuve que ir al Paraíso, donde las Hermanas Betlemitas preparaban una evaluación de sus agentes de pastoral.

No pude participar tampoco en la alegría de los 25 años sacerdotales del P. Moreno, celebrados en la Parroquia de San José Guayabal donde soñaba también gozar esa alegría sacerdotal.

Ni ayer en el festival famoso del maíz que ha organizado desde hace varios años San Antonio Los Ranchos; pero les envié un saludo muy cariñoso deseando que ese producto que es base de nuestra alimentación (el maíz), no falte en ninguno de nuestros hogares. Y que esa iniciativa de aprovechar hasta los desperdicios del maíz en obras, en industrias nacionales muy artísticas (el elote, la tuza, etc.); pues es un gesto de lo que puede ser una comunidad cuando, además del evangelio, trata también de promoverse en lo material.

Tuve que estar anoche también y no pude en San Antonio Abad, donde se recogía el fruto de la reflexión y del trabajo por las misiones.

Como ven pues, hay tantos motivos para que nuestra comunidad se sienta viva en tantas partes, concretamente. Es la comunidad que en estos días se alegra con los colegios católicos, porque han ya cerrado sus trabajos difíciles de la enseñanza durante el año y desea con verdadero cariño de familia a todos los maestros, religiosos, y religiosas y alumnos, sobre todo, que disfruten unas vacaciones felices y muy sanas.

En el ambiente de colegios católicos, también, celebramos el día de San Pablo de la Cruz, fundador de las Hermanas Pasionistas, en el Colegio de La Divina Providencia.

En la Sagrada Familia, también tuve la satisfacción de recoger unos bellos trabajos de religión, entre ellos el estudio, la respuesta al cuestionario de la Carta Pastoral ya mencionada.

Una satisfacción inmensa también, compartámosla hermanos, una reunión con quince muchachos bachilleres, fruto del Seminaro Menor. Lo más bello es que todos ellos expresan la ilusión de continuar el otro año en el Seminario Mayor. Quince bachilleres para iniciar la Filosofía, además de otros que sin haberse educado en el Seminario Menor han salido de los diversos colegios laicos o religiosos para el Seminario, hasta el punto del problema de no tener ya casi local donde alojar tantas vocaciones ya seguras, porque ya son de Filosofía; o sea superado el bachillerato cuando se abre el horizonte para una academia, para un horizonte de una carrera profana, ellos dicen que quieren servir al pueblo desde lo que es ser sacerdote.

Esta comunidad también abre sus ojos al ambiente universal, porque sabe que una comunidad, a pesar de ser así tan concreta como hechos que acabo de mencionar, todos estos hechos los incorpora como riqueza, como experiencia, como bendición de Dios en la corriente de la Iglesia Universal. Y así en perspectiva de Iglesia Universal, el jueves de esta semana, nuestra Arquidiócesis, aquí en Catedral con una buena representación de sacerdotes, de religiosas y de fieles, se unió a la alegría del mundo entero por el nuevo Pontífice Juan Pablo II, a quien espero que ustedes hayan visto a través de la televisión y conocido como un hombre verdaderamente pastor, sencillo, pero fuerte en sus pensamientos; popular, poliglota, un hombre maravilloso que supo darle a la tiara -aquella triple corona que antes le ponían al Papa el día de la coronación y que desde Juan Pablo I ya no se usa- le supo dar Juan Pablo II el verdadero sentido, es que no es sólo el Papa el que tiene que tiene que llevar esta triple significación de las tres potestades de Cristo: Sacerdote, profeta y rey. Es que todo el trabajo de los pontífices y de los sacerdotes y de todos los agentes de pastoral, es lograr que todo el pueblo de Dios esté coronado desde su bautismo, desarrollando sus cualidades cristianas con esas tres coronas; porque todos ustedes bautizados, todos ustedes comunidad de la Arquidiócesis y de más allá, son pueblo sacerdotal, pueblo profético, pueblo de reyes, esta es la gran dignidad. Bendito sea Dios, que un Pontífice sabe como quitarse la tiara y ponérsela al pueblo y decirle: Todos ustedes son pontífices, profetas y reyes, no es responsabilidad sólo del Papa, sino que es todo el pueblo bautizado el que tiene que vivir esa hermosa responsabilidad de Iglesia Universal.

Así es hermanos, como estos hechos y otros que podíamos recordar nos llevan a la reflexión.

También quiero dar unos avisos antes de entrar en esta reflexión y es que desde el 3 de diciembre, que será el primer domingo de Adviento, o sea cuando comienza ya el año litúrgico nuevo, vamos a poner en práctica lo que hemos venido anunciando, las confirmaciones solamente administradas a niños que tengan ya conocimientos y que hayan sido preparados por sus párrocos. Se exigirá pues, un comprobante de haber recibido las instrucciones respectivas. Así como no se admite un niño a la Primera Comunión sin haber aprendido su catecismo, también hay un catecismo de confirmación que no se dispensará. Porque no es por capricho, sino para que precisamente esta dignidad del pueblo de Dios, qué pocos la viven, porque no ha habido una catequesis en los sacramentos cuando se iniciaron como cristianos. De allí que se necesite también, para el bautismo, las charlas pre-bautismales, nadie se dispense de ésto por favor. Aún cuando haya sacerdotes que no quieren cumplir este deber, el cristiano no recibe un favor si no se le dan las pláticas, al contrario, está renunciando a un servicio que la Iglesia quiere dar. Y yo suplico a todos los sacerdotes, que tomemos en serio no dar el bautismo ignorantemente, sino que exijamos la preparación de aquellos que van a ser responsables de educar en la fe al niño inconsciente que se bautiza.

Entonces esta comunidad pues, que quiere vivir con más intensidad su vida de fe, sus sacramentos, se nos presenta a través de las lecturas de hoy, como una comunión de vida, de caridad y de verdad. Allí tienen mis tres pensamientos.

COMUNION DE VIDA

Comunión de vida. El ejemplo es la segunda lectura, San Pablo le escribe a la comunidad de Tesalónica. Tesalónica, donde Pablo tuvo las dificultades que tenía en todas partes. Los judíos eran sus peores adversarios, pero encontraba eco en los gentiles; y esta comunidad que acogió la predicación de Pablo con sus colaboradores, Silvano y Timoteo, nos cuenta el Libro de Los Hechos, las vicisitudes, lo que costó para ser de veras una comunión de vida.

Yo voy a leerles este pensamiento del Libro de Los Hechos, para que miren que lo que está pasando entre nuestras comunidades cristianas aquí en la Arquidiócesis, es la historia de siempre. La Comunidad de Tesalónica, fíjense bien, nace quizá unos veinte años después de la ascensión del Señor. Las epístolas a los tesalonicenses son de las primeras letras del Nuevo Testamento. Es una comunidad fresca, podíamos decir. Recuerden ustedes aquí veinte años atrás, sería 1958, mucha gente nos acordamos de lo que pasó en 1958; pues así había en Tesalónica, mucha gente que conoció, que vivió de los apóstoles y que oían como algo reciente el paso del Hijo de Dios hecho hombre, muerto en una cruz, resucitado y que creer en él era la salvación.

Esto que lo vivieron tan de cerca en Jerusalén los judíos no lo comprendieron, fuera de un pequeño grupo que se adhirió a él. Pero por eso dicen los apóstoles nos vamos afuera a predicar, porque allá están esperando esta nueva buena noticia. Y así fue, nos dice el libro de Los Hechos: Los judíos, llenos de envidia reunieron a la gente maleante de la calle, armaron tumultos y alborotaron la ciudad, se presentaron en casa de Jasón. Este Jasón era un cristiano recién convertido que les dio hospedaje, porque la sinagoga, o sea el templo oficial donde Pablo comenzó a predicar a los judíos, no los quisieron recibir más y le dijeron: Tú en esta ermita, en esta sinagoga no puedes ya, aquí estamos los oficiales, aquí estamos los judíos y tu doctrina es contra nuestro orden.

Tal se parece a esas ermitas que nos han quitado usurpadores y que echan afuera a los cristianos. No se amilanen queridos cristianos. Entonces Pablo, con su grupo de cristianos se fueron a la casa de un amigo, Jasón, y allí llegó todavía la autoridad buscándolos para llevarlos ante el pueblo. Ante los magistrados gritaban: Esos que han revolucionado todo el mundo, se han presentado también aquí y Jasón les ha dado hospedaje, ellos van contra los decretos del César y afirman que hay otro rey: Jesús.

Qué les parece, hermanos, tal como se dice ahora: Son subversivos, están contra la autoridad, hay que llevarlos a la cárcel. No es extraño, queridos cristianos, la historia de nuestras comunidades es la historia de la persecución. Siempre que se ha querido proclamar que de veras Jesús es rey y Señor; y siempre que se ha querido proclamar su evangelio como palabra única de salvación, y siempre que se ha denunciado, desde la palabra de Dios, todos los abusos de los poderes del mundo, surgen las persecuciones.

Los llevaron presos, pero a Jasón le dieron libertad mediante una fianza, dice el Libro de Los Hechos. Pero luego cuenta, San Pablo en su Carta a los Tesalonicenses, lo han escuchado ahora, qué hermoso elogio: «Ustedes no se han dejado vencer de las dificultades, desde vuestra comunidad la palabra del Señor ha resonado en todas partes. Habéis creído en el Dios vivo». Ven, comunidad de vida. Esta es l
Iglesia, comunión de vida. Y es porque los motivos que nos reunen ahora en la Catedral, en nuestras ermitas, en nuestras reuniones cristianas, no es para recordar un muerto. Pobrecitos los cristianos que creen que su religión es un museo de recuerdos y solamente quieren conservar y no ponerse en peligro. No, hermanos, la comunión Iglesia es vida, es comunión de vida y tienen que enfrentarse a la vida del tiempo actual. Es vida, sus leyes, sus dogmas, sus creencias, deben de convertirse en vida.

El que no quiera comprender así la religión de un vivo eterno, Cristo que no morirá jamás; de un Dios vivo que va acompañando al pueblo y que desde la primera lectura de hoy nos dice que «no hagamos injusticias, porque ese pobre, víctima de la usura o de un préstamo injusto, si clama al cielo lo escucharé». Soy Dios vivo.

Nuestra religión es vida y esto es lo más hermoso que yo quisiera recordarles; y quiero recordárselos con agradecimiento a Dios, porque el haber predicado esta religión como vida, es lo que ha dado a muchos que habían muerto en la fe, la resurrección y la vida. Vale la pena creer, vale la pena llegar a misa un domingo y alimentarse allí de palabras de vida, no porque las diga fulano o zutano, sino porque son de Cristo, el vivo por excelencia. Y entonces ánimo queridos hermanos, yo sé que para muchos ha llegado la hora de la prueba y están cobardes huyendo: Catequistas, celebradores de la palabra, gente que compartía con nosotros las alegrías de nuestras reuniones, los han asustado; gente que no creíamos, que la creíamos muy fuerte, está con miedo; pero es porque se han olvidado que es una religión de vida y que como vida tenía que chocar también con la vida, que no es la vida de Dios, pero que vive como reino de las tinieblas y del pecado en el mundo.

Ojalá que esta invitación, que nos hace hoy la palabra de Dios desde el ejemplo de Tesalónica, viva entre nosotros, queridos hermanos. Ya que se está volviendo a reflexionar mucho la Sagrada Biblia, yo invito a las comunidades eclesiales de base, a tomar como tema de reflexión esta historia de la comunidad de Tesalónica; y aprendan allí como la historia no es más que una repetición.

COMUNION DE VERDAD

Otro segundo aspecto de la comunión Iglesia es que es comunión de verdad. Es bello saber que nuestra fe cristiana es la verdad. Ningún hombre puede decirse dueño de la verdad, ningún hombre es infalible, sólo Dios. Pero cuando un hombre cree en aquél que es la fuente de la verdad y se entrega, es un hombre de fe, ese hombre tiene la verdad, aún sin comprenderla pero la ha aceptado. Yo quisiera para todos mis queridos oyentes ahora, que fueran hombres de fe y que San Pablo les pudiera decir como les decía a los cristianos de Tesalónica: Conozco la actividad de vuestra fe, la fe es activa porque la fe es vida- y quisiera hermanos, que nuestras comunidades fueran lo que dice San Pablo de Tesalónica: vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos, como, abandonando los ídolos, os volvistéis a Dios para servir al Dios vivo y verdadero y vivir aguardando la vuelta de su Hijo… y que os libra del castigo futuro.

Una comunidad cristiana se evangeliza para evangelizar. Una luz se enciende para alumbrar, no se enciende una candela y se mete debajo de un canasto, decía Cristo, se enciende y se pone en alto para que ilumine. Esto es una comunidad verdadera. Una comunidad es un grupo de hombres y mujeres que han encontrado en Cristo y en su evangelio la verdad, y la siguen y se unen para seguirla más fuertemente. No es simplemente una conversión individual, es conversión comunitaria, es familia que cree, es grupo que acepta a Dios. Y como grupo, cada uno siente allí que el hermano lo fortifica y que en los momentos de debilidad se ayudan mutuamente y, amándose y creyendo, dan luz, son ejemplo: De tal manera que el predicador ya no necesita predicar, cuando hay cristianos que han hecho de su propia vida una predicación.

Les decía un día y hoy se los vuelvo a repetir, si por desgracia un día callaran nuestra emisora, no nos dejaran escribir ya, nuestro periódico, hermanos, cada uno de ustedes que creen, tienen que convertirse en un micrófono, en una emisora, en un altoparlante, no hablando, sino pidiendo la fe. Y por eso no me da miedo a mí que nuestra fe esté pendiente únicamente de la predicación del Arzobispo. No me creo tan importante, lo que creo es que esta palabra que no es más que un humilde eco de la palabra de Dios, sí entra en el corazón de ustedes, no por ser mía sino por venir de Dios; y que todos aquellos de buena voluntad, hombres, familias, comunidades, la están haciendo vida y por sí sola se va predicando. Y yo puedo decir con la alegría de San Pablo, a las comunidades de la Arquidiócesis y si comenzara a mencionarlas no acabaría todo el día, ustedes cambiando el nombre de Tesalónica por los nombres conocidos de nuestros pueblos y cantones, son las comunidades que van llevando a sus ambientes esta predicación. Hay un contenido, fíjese bien que no es simplemente una fe ciega en Dios, sino que hay un esfuerzo de instruirse, el contenido San Pablo lo resume aquí:»… porque os volvistéis al Dios vivo y verdadero para vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús, desde el cielo».

Tres cosas: Un monoteísmo, es decir renunciar a todos los ídolos para creer en el único Dios. Segundo, una cristología, un Hijo de Dios que se hizo hombre, que se llama Cristo y en el cual creemos, porque murió y resucitó. Y tercero, una escatología, un más allá, un esperar que ese Hijo de Dios vivo en la eternidad, vendrá a juzgar a vivos y muertos, que está ya condenando el pecado en este mundo y lo condenará definitivamente cuando diga: «Id malditos, al fuego eterno,» a todos aquellos que no se quisieron convertir de verdad.

Este es el contenido en resumen de nuestra fe: Comunión de verdad, estas son las grandes verdades: Creer en el único Dios verdadero y por ese Dios verdadero renunciar a todas las falsas potestades. No recuerdan el domingo pasado cuando Juan Pablo II hablando precisamente del poder de la tiara, que es el poder de Cristo que todo el pueblo de Dios tiene que llevar, decía: «Abridle las puertas a esa potencia de Cristo, no tengáis miedo, abridle los campos de la economía, de la política de lo social». No digan que el Papa no habla de política, y ha dicho que le abran el campo de la política, porque Cristo va a predicarles a la política su reino sin el cual la política se convierte en el trágico drama del lobo contra el hombre. Sólo Cristo le puede dar un sentido humano a la relación del capital y del trabajo. Sólo Cristo le puede dar una relación de humanidad, de comprensión. Ahora que van llegando ya, los momentos en que las cosechas de nuestra tierra debían de ser para la felicidad de todos los que nacemos en esta tierra -que el sentido cristiano que nos ha dicho hoy la primera lectura de los privilegiados y de los pobres- supieran repartirse con equidad y justicia lo que Dios ha creado para todos.

Hace dos años, el que ahora es Papa, fue llamado por el Papa Pablo VI para que predicara en el Vaticano los ejercicios espirituales. El Cardenal Voytila escribió de allí un libro que su compañero de episcopado, el Cardenal Primado de Polonia, lo ha presentado últimamente, y en una de las meditaciones que el Cardenal Voytila dictó ante el Papa Pablo VI y todos los de la Curia Romana, dijo esto que ahora lo trae LOsservatore Romano: «Hay ciertamente en este mundo, una gran carga de fe -y me viene bien porque estoy hablando de que la Iglesia es comunidad de fe- hay un considerable margen de libertad para la misión de la Iglesia -decía el Cardenal- pero muchas veces se trata solamente de un margen. Basta observar las principales tendencias que prevalecen en los medios de comunicación social; basta prestar atención a lo que se silencia o lo que se dice en voz alta; basta afinar el oído para percibir, qué es lo que encuentra mayor oposición para ver que también allí, donde se acepta a Cristo, al mismo tiempo hay oposición a Cristo por lo que respecta a la verdad plena de su persona, de su misión, de su evangelio. Parece como si se quisiera modelarlo, adaptarlo a las medidas propias de la dimensión humana, de la era del progreso y al programa de la civilización moderna, que es un programa de consumismo y no de fines trascendentes. Hay oposición a Cristo desde esas actitudes y no se soporta la verdad proclamada y recordada en su nombre. Esta oposición a Cristo, al mismo tiempo que se alude a él, por parte incluso de quienes se llaman discípulos suyos, es un síntoma significativo de los tiempos en que vivimos».

Este es el pensamiento del actual Pontífice. Cuando se quiera creer en un anti-marxismo como si fuera inspirado del cristianismo -no se olviden de ésto- hay muchos anti-marxistas que no es el marxismo lo que les da miedo, sino el perder sus privilegios. Se proclaman cristianos y dicen: Sí, miren, aquí hay margen de libertad. Sí, dice el Cardenal, margen. Verdadero margen, porque lo principal, ¿qué es? La prensa, la televisión, las leyes, eso que no es el margen sino el centro, ahí no cabe Cristo. Allí consumismo, allí egoísmo. Qué mal llamados cristianos son ciertos cristianos. Y qué mal llamado cristiano un ambiente donde para Cristo y su Iglesia sólo hay un margen de fe y de libertad, como una página que solamente le deja la orillita, el margen. Pero el Cardenal Voytila, que ha vivido también la otra situación, continuaba diciéndole al Papa en su meditación: «Pero esta no es la única oposición a Cristo, junto a ella se encuentra otra, surgida -fíjense bien en esta frase- otra oposición surgida probablemente de la misma base histórica e incluso casi de la anterior. ¿Quiénes tiene la culpa de que haya triunfado el comunismo? Los anti-marxistas son los que le hacen el mejor juego al comunismo». Y el Papa está diciendo aquí: «si ha surgido esa oposición a Cristo que se llama el comunismo, gran parte de su origen lo tiene ese egoísmo cristiano».

En el Vaticano II se dijo también: «El ateísmo no es un fenómeno que nazca espontáneamente, y gran parte de culpa la tienen aquellos que creyendo en Dios, en vez de representar a Dios, lo ocultan con su conducta y su manera de vivir como si Dios no existiera. Si el comunismo es ateísmo -no se asusten hermanos- el capitalismo también es ateo-práctico, y si le da un margen a la fe, es un margen nada más» pero lo principal es lo que el Papa está diciendo. Y hablando luego de esta forma histórica de oposición a Cristo, en la que tienen gran culpa ese cristianismo falso de quienes defendían más su egoísmo que al propio Cristo, continúa diciendo el Cardenal: «Es una forma de oposición directa a Cristo». Para que vean que la Iglesia no es comunista, aquí el Cardenal que vivió el ambiente comunista, y lo estoy diciendo yo también desde las exigencias de la justicia social de la Iglesia, que el comunismo es una forma de oposición directa a Cristo, un rechazo abierto al evangelio, una negación de la verdad de Dios sobre el hombre y sobre el mundo que el Evangelio proclama. Esta negación asume a veces carácter de brutalidad. Pero se pregunta a veces uno: ¿dónde será más brutal la oposición? He sabido que existen todavía países en los que están cerradas las Iglesias de cualquier confesión, en los que el sacerdote es condenado a muerte por administrar el bautismo. También entre nosotros se ha matado sacerdotes, porque han predicado la justicia social.

¿Qué diferencia hay entre aquel mundo y este? Quizá en esas tierras de persecución hay todavía huellas de las antiguas catacumbas cristianas y de los circos en que los testigos de Cristo eran lanzados a las fieras para que los destrozaran. Sin embargo, la persecución contemporánea, típica de los últimos años del Siglo XX, ofrece un panorama completamente diverso del antiguo y por tanto tiene un significado del todo diferente.

COMUNION DE FE

Es hermosa la meditación del Cardenal Voytila, pero me bastan esos dos pensamientos para que vean, queridos hermanos, que si nuestra Iglesia -y esta es la conclusión- si nuestra Iglesia es comunión de fe, no se deje engañar por los pequeños márgenes de fe y de libertad que les quieren dejar ciertos sistemas como protectores de la Iglesia. Si de veras somos una comunión de fe, no debemos estar contentos mientras no sintamos que esta fe es vida y que la llevamos en nuestra vida, sin miedo a las situaciones, cualquiera que sea.

El Cardenal Voytila recuerda los tiempos de las catacumbas y de los circos de los mártires; y recuerda también -él que lo ha vivido en carne propia- las cárceles del marxismo y a nosotros también nos toca vivir aquí las cárceles y las torturas de un sistema capitalista. Lo que importa es que en uno o en cualquier sistema, la fe en Cristo sea la antorcha que le dé serenidad, valor, esperanza, a esta vida.

COMUNION DE CARIDAD

Y por eso, finalmente, comunión de caridad. Dejada para último, porque ya las mismas lecturas lo dicen por sí solo. La primera lectura del Exodo es de aquel libro de la Alianza, donde Dios está tratando con los hombres una alianza, «seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo», pero como en toda alianza, aquí están las condiciones. Y sigue una serie de leyes que ustedes leerán en esos capítulos del Exodo. Ahora solamente trae las leyes sociales: «no oprimirás ni dejarás al forastero porque forastero fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque si los explotas ellos gritan a mí y yo los escucharé». Qué argumentos más tremendos. Todo lo que se haga a un pobre, Cristo lo está viendo. Cómo me ha conmovido a mí la aflicción de aquella pobre viuda del guardián de la bomba de ANDA en la Universidad, cómo trató de salvar a su esposo y cómo lo vieron hasta sus propios hijos cuando lo macheteaban y cómo esperaba todavía que estuviera con vida en alguna parte, cuando de repente le dicen: Es cadáver sepultado allá por Suchitoto. Este es el clamor de las viudas y de los huérfanos que claman a Dios, y Dios no se quedará sordo, «se encenderá mi ira y os haré morir a espada dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos». La Biblia es tremenda. Si prestas dinero, no lo agotes a usura. Yo sé de un caso reciente de cinco mil pesos que se han convertido en treinta y cinco mil y le han quitado ya la casa al pobre hombre con sus nueve hijos.

Queridos hermanos, ésto no es comunidad de caridad lo que estamos viviendo. Por eso, cuando enredados en todo este conjunto de leyes que los fariseos habían inventado, dicen los comentaristas que en tiempo de Jesús la legalidad judía era tan complicada que había -no se olviden- 613 mandatos: 248 eran positivos y 365 eran prohibiciones, no harás esto, no harás esto, no harás esto. Así vivían enredados en esa casuística. Se explica entonces, que uno de esos doctores de la Ley se acerque a Cristo, en las horas en que Cristo está librando ya su última batalla para implantar su reino que tendrá por base su crucifixión y su resurrección, es la última semana, es en los atrios del Templo de Jerusalén. Allí lo han llegado a probar con preguntas muy peligrosas como la del domingo pasado que no hubo tiempo de comentar, porque era el día de las misiones: ¿Es lícito pagar el tributo al César o no?

Y ahora le presentan otra pregunta: En este enredijo de leyes, de 613 leyes, ¿cuál es el principal mandamiento? Difícil, ¿verdad? seleccionar entre 613 preceptos, cuál es el principal. Por eso lo más que lograban era dividirlos entre preceptos pesados y preceptos ligeros. Y Cristo tajante les dice: Este es el primero y en el cual se funda toda la revelación de Dios. Ustedes han enredado la revelación del Señor de modo que ya ni se entiende por qué han hecho leyes de hombres en vez de la Ley de Dios. Echemos abajo todos estos abrojo, fíjense en lo principal, este es el principal mandamiento: «Amarás al Señor

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