El Divino Salvador, pan que baja del cielo y da la vida al mundo Imprimir
HOMILIAS 1979

18º Domingo del Tiempo Ordinario

5 de Agosto de 1979

Lecturas:

Exodo: 16, 2-4, 12-15

Efesios: 4, 17. 20-24

Juan: 6, 24-35

Queridos hermanos:

-Fiesta patronal... Iglesia “entre los consuelos de Dios y las persecusiones del mundo”
Llegan las fiestas patronales del Divino Salvador y encuentran a nuestra Iglesia con esa señal de la autenticidad que el Concilio Vaticano II describe así: “Entre los consuelos de Dios y las persecuciones del mundo”. Esta tarde tendremos la tradición Bajada a las 4 de a tarde. Que sea un homenaje del pueblo, una expresión de esperanza en el Divino Salvador. Y mañana a las 8, frente a Catedral, con la participación de todas las comunidades de la arquidiócesis y de todo el clero, tendremos la solemne misa patronal.

Quiero agradecerle a Monseñor Chávez Este precioso telegrama desde su pueblo natal. El Rosario de Cuscatlán: “Unido espiritualmente acompañaré en solemnidades Divino Salvador”.

-Asesinato del Padre Alirio Napoleón Macías
Hay muchos consuelos de Dios en las fiestas del Divino Salvador, pero hay también amargas pruebas de las persecuciones del mundo. Y esta misa de hoy quiere ser un gesto de solidaridad con la hermana diócesis de San Vicente que está de luto porque ayer por la mañana le asesinaron a su Padre Alirio Napoleón Macías, párroco de San Esteban Catarina. Se dedicaba  como buen sacerdote a limpiar el altar y la Iglesia; y se dio cuenta que ya estaban los que lo iban a martirizar frente a la Iglesia. Y el pueblo denuncia que el padre señaló: “Son judiciales, ¡cuidado!. Y al poco momento disparaban las armas dentro del templo, fingiendo una visita íntima a él, y cayó acribillado entre la sacristía y el altar. Su querida mamá, con la angustia de esta situación, corrió y dice que todavía lo vio abrir los ojos. De su nariz salían dos chorros de sangre, y murió...

La Iglesia madre llora también su cadáver. Severa, llamando a la conversión a los asesinos, pronuncia una vez más su pena de excomunión para los autores físicos e intelectuales  de este nuevo sacrilegio que mancha nuestra patria. Ayer estuvo a rezar un responso frente a su cadáver y ahora invito a los queridos hermanos sacerdotes y a todas las comunidades de la Arquidiócesis a que mañana, a las 4 de la tarde, demostremos nuestra solidaridad con aquella diócesis y aquella parroquia asistiendo a sus funerales. Será mañana, lunes, 6 de agosto, de las 4 de la tarde en el templo parroquial de San Esteban Catarina, donde va a ser sepultado.

El Padre Macías fue siempre solidario con nuestra Arquidiócesis. A los funerales de nuestros sacerdotes asesinados y a otras manifestaciones de la vida de nuestra Arquidiócesis, en esta hora tan difícil siempre lo vimos con nosotros. Es justo que mañana la Arquidiócesis le demuestre una respuesta de agradecimiento, de solidaridad, de repudio a la violencia y al crimen, de consuelo a su familia y a su parroquia y dé afianzamiento en nuestra fe y en nuestra esperanza.

Su denuncia
Cabalmente del Padre Macías era la denuncia que salió en Orientación de esta última semana. Defendiendo a su propia parroquia, como hace  el buen pastor dijo que los cuerpos de seguridad continúan cateos y asesinatos, que en menos de dos meses en aquella zona de San Estaban Catarina hubo por lo menos tres operativos militares; que han sido capturados varias personas y después aparecian asesinadas, y mencionó los nombres de José Angel Realigeño, Pedro Juan Valladares, Jeremías Jovel, Jorge Osorio, Timoteo Rivas, Víctor Manuel Arévalo, Santos Bonilla. Denunció también las capturas sin haber aparecian todavía de Manuel Iraheta Mercedes Palacios. Mario Palacios, Pedro Juan Alvarado. Dijo que son varias las personas que en estos momentos están amenazadas de muerte en su parroquia. Para él no sólo fue una amenaza, sino que fue ya una tragedia.

Amenazas en San Sebastián

Solidarios siempre con aquella diócesis vicentina, queremos denunciar también la amenaza en San Sebastián a 21 personas, entre ellas, 12 profesores: Carlos Octavio Escobar Burgos, Ricardo Antonio Ventura, Rosa Alfaro de Abarca, Ana María de Moreira, Florencio Adalberto Rivas, Juan Alberto Argueta, Luis Emerson Durán, Marta Ramos de Blanco, Adán de Jesús Abarca, Napoleón Burgos, Eleodoro Burgos, Ismael Fabricio Barrera, Fernando Moreira, Octavio Burgos Jovel, Carlos Alberto Gutiérrez, Francisco Alfaro, Rafael Flores, Manuel Rosales Cubías, Evaristo Burgos, Abelardo Burgos y Ramón Carrillo. Todos éstos, junto con el fatídico escudo de la UGB, han sido amenazados de ser asesinados dentro de poco.

También en San Martín, el Padre Rutilio Sánchez ha sentido muy de cerca la amenaza de muerte. El pueblo rumora: “Son ellos mismos”. ¿Qué quiere decir? Y todos los síntomas son que esta ola de tragedia fatídica, fingida por grupos fantasmas, fácilmente, si el Gobierno quisiera, la pudiera detener y detener una parte de tanta sangre y tanta falta de paz en tantos hogares.

Nos anima también a esta denuncia el gesto del Papa pidiendo oraciones por los sacerdotes y monjas secuestrados en Rodesia junto con otras 50 personas de la misión de Marmunt. Y el Papa también ha pedido protección y socorro para los refugiados de Indochina. El mundo sufre las persecuciones del pecado.

Esta celebración del Divino Salvador ilumina en esta semana la toma de dos catedrales: la de San Miguel y la de San Salvador. Lo hicieron las Ligas Populares 28 de Febrero con la intención de denunciar capturas de sus cinco miembros, pidiendo su liberación y que se retirara del pueblo de Perquín el sargento Mata. Lograron ya la libertad de los capturados.

Es lamentable que para hacer estas denuncias de justicia haya que recurrir a los templos, a las catedrales, lo cual es un signo de honor para la catedral... Es donde la voz de la justicia... Decía el Cardenal Mindszenty hablando de los templos de Hungría bajo la persecución comunista: “Si un día no pudiéramos cantar el himno nacional en las calles, siempre quedarán las catedrales donde se expresará la voz libre del patriotismo y del pueblo”. Pero sí quisiéramos decir a las organizaciones, que para no hacerse odiosas al pueblo”. Pero sí quisiéramos decir a las organizaciones, que para no hacerse odiosas al pueblo tengan en cuenta la finalidad de los templos. Gracias a Dios que se respetó el fervor popular de nuestro 6 de agosto y aquí tenemos la Catedral nuevamente abierta para homenajear a Nuestro Divino Patrono.

Quiero hacerme eco a la aclaración que hizo el P. Octavio Cruz: una nota dirigida a La Prensa Gráfica para aclarar que no era cierta la noticia que el periódico dá con ribete de escándalo, que en la cúpula de la Iglesia de Aguilares flameaba la bandera de las FPL. “Es falso- dice el Padre- ninguna bandera se ha levantado sobre nuestro pueblo”. Y pide que se aclare. Gracias a Dios el periódico hizo honor a la verdad y publicó la retractación. Tengamos mucho cuidado siempre con los periódicos. Sepamos leer, vuelvo a repetirles, porque no todo lo que dicen los periódicos es verdad y muchas veces es muy tendencioso lo que en sus páginas se publica.

Nuestra diócesis también denuncia de parte de Cáritas, el estorbo que se le ha puesto, precisamente, en Aguilares y en Tejutla. En Tejutla, en el cantón El Salitre y Los Martínez. Por parte de ORDEN se ha estorbado el reparto y las actividades de Cáritas de la Arquidiócesis.

Esta mañana en la Basílica del Sagrado Corazón se reúne el Apostolado de la Oración bajo la dirección del Padre Santiago Garrido, para analizar su trabajo del año y proyectar una obra tan linda como es la oración y convertir en oración todos los sufrimientos, pruebas y demás circunstancias de la vida. Esto es lo que se llama el Apostolado de la Oración. Yo hago un llamamiento para que todos los cristianos no pierdan los méritos de su vida, sino que los unan al Corazón de Jesús y los conviertan en salvación para el mundo. Si quieren enterarse más, esta mañana en la Basílica habrá nuevas orientaciones.

En el Calvario de Santa Tecla se celebró el lunes los 40 días de la muerte del Padre Palacios. Fue una ceremonia de desagravio, sumamente piadosa, y en la cual se le dio el verdadero sentido de estos crímenes: el pecado que mata y el amor a Dios que vivifica.

Mensaje de vida y libertad del Evangelio
Así va nuestra diócesis entre las alegrías de Dios y las persecuciones del mundo. Para esta diócesis iluminada ya desde este día por la luz jubilar del Divino Salvador, el mensaje es de vida y de libertad. Cristo continúa explicando hoy el capítulo sexto de San Juan. La multiplicación de los panes tiene un sentido profundo y durante cuatro domingos- este es el segundo- vamos a tener la oportunidad de conocer el mismo pensamiento de Cristo a través de esa figura rica y simbólica: el pan. Hoy, los versículos que nos ha leído la Iglesia nos dan el título de nuestra homilía:

EL DIVINO SALVADOR, PAN QUE BAJA DEL CIELO Y DA LA VIDA AL MUNDO

Quisiera trasladar esta frase de Cristo: “el pan que baja”, para darle un sentido litúrgico y evangélico a la tradicional Bajada de esta tarde: No asistamos únicamente por una costumbre, por más piadosa que parezca. Démosle el sentido de una profunda reflexión: “la Bajada”. Podía explicarla Cristo en el evangelio de hoy: “Yo soy el pan que baja del cielo para la vida del mundo”. Y desarrollo mi pensamiento así:

1.    El hambre, signo de la opresión y de la  muerte
2.    El pan, signo de la liberación y de la vida
3.    Cristo, el verdadero pan de la vida

1.    EL HAMBRE, SIGNO DE LA OPRESION Y DE LA MUERTE

Muchedumbres con hambre.

El hambre es el primer signo del capítulo sexto. Una muchedumbre de cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños, que tienen hambre y que Cristo siente la angustia de aquellos estómagos vacíos para darles de comer. Este fue el milagro de la multiplicación de los panes. Y cuando al día siguiente, entusiasmados por este gesto taumatúrgico del Redentor, van a la otra orilla del lago a donde se ha escapado Cristo huyendo porque lo quieren hacer rey, le preguntan: “Maestro, ¿cuándo has venido?” Y él, por toda respuesta, comienza con el evangelio de hoy: “Ustedes me buscan por el pan que perece. Busquen el pan que no perece, el que da la vida eterna”. Comienza Cristo, pues a explicar: el pan que llena el estómago no es la solución. 

Las tentaciones de Cristo en el desierto

El hambre es signo de opresiones más profundas. Recordemos al mismo Cristo en el desierto. Valiéndose de su hambre, el tentador le propone tres pecados para salir del hambre: tentar a Dios, convirtiendo las piedras en panes; la vanidad, tirándose del pináculo del templo para ser recibido por los ángeles; y, peor todavía, la idolatría del poder, haciendo desfilar las grandezas del mundo: “Todo eso te lo daré si te postras y me adoras”.

Las tentaciones de la desesperación

¡Qué terrible es el hambre! Se presta a las tentaciones lo que dice Medellín: “las tentaciones de la desesperación”. ¿No explican así, acaso, queridos hermanos, tantas manifestaciones de violencia?

Tremendo espectáculo de hambre el que describió Pablo VI en la exhortación Evangélii Nuntiandi, al recoger de numerosos obispos de todos los continentes un acento pastoral en el que vibraban las voces de millones de hijos de la Iglesia que forman los pueblos, empeñados con todas sus energías en el esfuerzo y en la lucha por superar todo aquello que los condena a quedar al margen de la vida: hambres, enfermedades crónicas, analfabetismo, depauperación, injusticia en las relaciones internacionales, en los intercambios comerciales, situaciones de neocolonialismo económico y cultural a veces tan cruel como el político. “La Iglesia tiene el deber de denunciar la liberación de millones de seres humanos, entre los cuales hay muchos hijos suyos. El deber de que nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea total: esto no es extraño al evangelio”. Son palabras del Papa.

HAMBRE DE JUSTICIA, DENUNCIA DE LA REPRESION

Es figura de hambre lo que describe la situación de nuestro país en esta semana. Hambre de justicia, como decía Cristo: “los que tienen hambre y sed de justicia”. ¿Cómo no va a ser hambre de justicia el hallazgo de tres cadáveres allá en el Cantón El Sunzal, de La Libertad, junto a las playas del mar? Y entre los tres, una mujer decapitada?

¿Cómo no va a ser hambre de justicia el constatar en el mes de julio 38 capturados, veintiocho todavía continúan sin saberse nada de ellos: tres asesinados y sólo cuatro liberados?

¿No va a ser hambre de paz y de justicia lo que expresa la carta que se dirige al señor presidente de la Corte Suprema de Justicia, pidiendo una luz sobre el paradero de Santos Ortiz Ascensio? ¿Y la que dirige al Presidente de la República la propia mamá de Carlos Antonio Mendoza Valencia, capturado por agentes de seguridad el 28 de junio? Apela a los sentimientos humanos del Señor Presidente y le suplica, como madre afligida, investigue el paradero de su hijo. ¿Y la carta de los familiares de Miguel Angel Terezón Ramos y la carta que me llega también pidiendo ayuda para encontrar a tres seres queridos capturados juntos, padre y dos hijos: Francisco Hernández Hernández, Francisco Pérez Hernández y Julio César Pérez Hernández.

También es hambre de justicia, hambre simbolizada en el hambre del evangelio de hoy, los asilados: Juan Bautista Rodríguez Corbera y Federico Corbera, por ser perseguidos por motivos políticos. Se trata de encontrarles su salvoconducto, que ojalá se les dé para salir de su propia patria, porque así se necesita para respirar muchas veces la confianza y la justicia que en nuestro propio suelo no se puede vivir.

También es hambre de justicia la situación laboral de los conflictos que gracias a Dios se van resolviendo pero que todavía quedan algunos con algunos ribetes incomprensibles, como el Pan Lido, Imes y la Fabril de Aceites.

Hambre también de nuestro pueblo: sus hijos exilados. Nos llena de esperanza la promesa del Señor Presidente cuando habla de elecciones libres y de que pueden regresar los exilados cuando quieran. Sin embargo, el hambre subsiste cuando uno piensa que lo importante no son propiamente las elecciones sino un ambiente de libertad electoral, y que se dé garantía de confianza con el respeto de los derechos humanos... Resulta ridícula esa ola de represión y de asesinatos, y hablar al mismo tiempo de libertad de expresión política. ¿Con qué alma puede un pobre campesino expresar su voto libre, cuando encima se ciernen las armas?...

Y en cuanto a los exiliados, si es cierto que hemos tenido el gusto de ver regresar a nuestra Patria al Dr. Morales Ehrlich, por otra parte, la Iglesia lamenta que el gobierno no le ha querido dejar entrar al Padre Astor Ruiz y al Padre Juan Deplanke. Una de dos, o el Presidente no es sincero en sus palabras o sus subalternos no le obedecen...

Junto a estas hambres políticas, sociales, familiares, junten cada uno de ustedes, queridos hermanos, sus propias angustias y verán como es verdad que el hambre es el signo de todas las miserias, de todas las represiones, de todas las formas de no estar a gusto.

2.    EL PAN, SIGNO DE LA LIBERACION Y DE LA VIDA

-Dos maneras de entender la liberación

El hambre es como la síntesis y por eso el Señor la escogió en este capítulo sexto, para saciarla como signo de algo más grande, porque el pan es el signo de la liberación. Pero hay dos maneras de entender la liberación: la liberación temporalista, el pan que llena el estómago y sacia inmediatamente el hambre; y la liberación integral, aquella que, aún cuando se tiene bastante pan no basta porque todavía no se es libre.

Toda liberación supone sacrificio
Cuando en la primera lectura de hoy nos habla del maná, hay una frase trágica en aquel pueblo que Moisés trata de liberar. Cuando Moisés ha sacado al pueblo de la opresión de Egipto, el pueblo comienza a sentir hambre cuando comienza a caminar por el desierto, y suspira: “¿Por qué nos has sacado? Allá en Egipto están las ollas, las cebollas, allá comíamos bien; nos has sacado para morir” ¡Que triste es un pueblo que se ha acostumbrado a la esclavitud! Prefiere las ollas de cebollas al sol de la libertad. No quiere sufrir el paso difícil del desierto. Toda liberación supone sacrificio. Que lo diga, si no, el pueblo de Nicaragua...

“Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto cuando nos sentábamos alrededor de las ollas de carne y comíamos pan hasta hartarnos. Nos habéis sacado al desierto para matarnos de hambre a toda la comunidad” ¡Que difícil es ser conductor de un pueblo, cuando el pueblo se va acostumbrando a situaciones difíciles!

Cuando ayer entraba a San Esteban Catarina, el crimen estaba reciente; y notaba yo lo que he notado en varios pueblos de mi patria: el asombro, la timidez, el no poder decir hasta lo que se sabe. Sí, en el rumor del pueblo se oyen cosas tan reveladoras como esa que oí en San Esteban: “Son ellos mismos”. Son cosas que se oyen pero que nadie es capaz de jurarlas. Es el miedo a la liberación. ¡Cuesta!

b) El pan que sacia el cuerpo no basta pero se necesita

También Cristo nuestro Señor, cuando aquella muchedumbre saciada del pan del estómago lo busca, les dice con toda claridad y franqueza: “Os aseguro, me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros”. Hermanos, ¡como traiciona el estómago! Es el pan de las liberaciones inmediatas. ¡No basta! Cierto que es necesario.

-Pablo VI: “No suprimir la vida, sino que haya pan para los invitados a la vida”

Recuerdo cuando Pablo VI hace diez años vino a las Naciones Unidas y denunció el gran pecado de no dejar entrar a la vida a tantos seres que mueren en el seno de su madre o no se les deja ser concebidos. Dijo el Papa esta frase inmortal: “El problema no está en suprimir la vida, sino en que haya pan para todos los invitados a la vida”. Es decir, el problema de la esterelización, de los abortos, está muy unido con el problema social, porque el pan que Dios dá es suficiente para todos los que él invita a la vida, pero como se han apoderado unos cuantos de todo el pan de la tierra, se quedan muchos invitados a la vida que se les prohíbe entrar mejor, porque, no hay pan para ellos.

Es el pan del cual Juan Pablo II habla recientemente

Yo tengo aquí un discurso precioso del Papa a los participantes en la Conferencia Mundial para la Reforma Agraria y el Desarrollo Rural; el Papa dice: “Ciertamente el mandamiento divino de dominar la naturaleza para ponerla al servicio de la vida comporta que la valorización racional y la utilización de los recursos de la naturaleza se orienten a la consecución de las fundamentales finalidades humanas. Esto en conformidad también con el principio del destino de los bienes de la tierra para beneficio de todos miembros de la familia humana. Indudablemente se deben exigir transformaciones audaces, profundamente innovadoras”.

Es de gran actualidad recordar aquí como el Papa lo hizo en su discurso en Cuilapán, en México.

Oigan y dirán que el Papa es comunista:
“El mundo deprimido del campo, el trabajador que con su sudor riega también su desconsuelo, no puede esperar más a que se conozca plena y eficazmente su dignidad, no inferior a la de cualquier otro sector social.

Tiene derecho a que se le respete, a que no se le prive con maniobras que a veces equivalen a verdaderos despojos de lo poco que tiene, a que no se le impida su aspiración a ser parte de su propia elevación.

Tiene derecho a que se le quiten las barreras de explotación hechas frecuentemente de egoísmos intolerables y contra los que se estrellan sus mejores esfuerzos de promoción.

Tiene derecho a la ayuda eficaz, que no es limosna ni migajas de justicia, para que tenga acceso al desarrollo que su dignidad de hombre y de hijo de Dios le merece. Al derecho de propiedad sobre la tierra va unida, como ya lo hemos dicho, una hipoteca social.

Por eso, en las reformas de las estructuras, me permito invitaros a tomar en la más alta consideración todas aquellas formas de contratos agrarios, que permiten un uso ineficiente de las tierras mediante el trabajo primario de los trabajadores”.

Y dice también: “La Reforma Agraria y el desarrollo rural exijan que se provean reformas para reducir distancias entre la prosperidad de los ricos y la preocupante indigencia de los pobres”.

Me parece que ese discurso del Papa, en que tiene en cuenta el sufrimiento de los campesinos, avala esta plataforma reivindicativa de los jornaleros respecto a salarios y otras prestaciones presentados por FECCAS y UTC.

Es el alma de nuestro campesino que habla consciente de la dura y desesperante situación, debido a que no poseen ningún medio de producción que les permita obtener lo básico y necesario para la subsistencia: arroz, maíz, frijol. Y debido a ésto, tienen que vender obligatoriamente su fuerza de trabajo por un miserable salario que no les alcanza para llenar las más mínimas necesidades de subsistencia, tanto para los trabajadores como para sus familias.

Y en sus pliegos de peticiones, cosas tan justas como esta: “La igualdad de sexos y de edad en todo lo que toca al apuntar las plantillas, eliminando el sistema de agregados y trabajando a base de contratos colectivos”. Yo he visto de cerca, en las fincas, lo que significa este término: “los agregados”, “las ayudas”; es una injusticia darle a un solo trabajador las prestaciones que le tocarían a todos los apuntados; pero los otros, como simplemente son agregados, no disfrutan más que su trabajo, a veces robado con trampas.

También cuando piden que al regar el veneno se tenga en cuenta la salud de los que trabajan bajo ese riego de veneno. Y otras cosas que ciertamente..., por ejemplo el alojamiento adecuado, agua potable, una comida que restituya  su trabajo. Claro, que para eso está el Ministerio de Trabajo para que aquilate las  necesidades de unos y las capacidades de otros. Pero es justo tener en cuenta lo que el Papa mismo ha señalado hoy, a ese mundo de campesinos  donde  el símbolo del hambre y del pan de que hoy nos habla el evangelio encuentra una traducción verdaderamente elocuente.

Cristo analiza ese pan, y como la Iglesia lo ha dicho entre nosotros, no basta los pliegos de peticiones, ni los contratos, ni las vindicaciones de cosas solamente terrenales; todo eso es bueno, pero no basta. Cristo dice: “no trabajen sólo por el pan que perece”. No trabajen sólo por reivindicaciones que hoy son y que mañana solo pueden dar vuelta; y las que ahora sufren la represión, la persecución, mañana, si no cambian sus corazones y sus mentes, pueden ser los opresores y los represores de otros tiempos. Es necesario, entonces, encontrar el verdadero sentido que Cristo le dá al símbolo del pan.

El mana, un signo que Cristo explica
En el evangelio de hoy, Cristo dice: “No es ese pan que les dio Moisés, el maná, el que salva al hombre”. Lo dio Dios para que vean que Dios tendrá providencia de dar de comer también del hambre corporal. Dios también tendrá cuidado de sacar de la esclavitud de Egipto a los pueblos. Dios también se cuidará de amparar la justicia de las reivindicaciones de las organizaciones que tienen derecho a organizarse para defenderse mutuamente en sus derechos. Dios también aprueba el sindicalismo. Dios quiere al hombre unido, Dios no quiere la dispersión. Dios quiere como lo ha dicho el Papa, que también al campesino se le facilite el acuerparse con otros campesinos y no disgregarlo para que sea masa explotable fácilmente. Dios quiere todo eso, pero no basta.

-El maná no dá la inmortalidad
El pan que yo daré es el pan que dá la vida al mundo; ese pan de Moisés y el pan que yo les di ayer en la multiplicación no causa la inmortalidad. Ayer comimos y hoy estamos otra vez con hambre. Comeremos, tal vez, con satisfacción, pero todos moriremos. Este pan no dá inmortalidad. Las reivindicaciones de la tierra no nos pueden dar un paraíso. Las luchas de los hombres si se desprenden  de la fe que ilumina un más allá, quedan muy mancas, muy chatas, muy miopes, un ser imperfecto.

Por eso, el servicio que la Iglesia dá a las agrupaciones y a las reivindicaciones de la tierra, a la misma política y a la misma sociología, la Iglesia, sin ser política, sin ser socióloga, es la iluminadora del pan de la vida. Es la que le dice a los políticos y a los hombres que luchan en la tierra: no pierdan sus energías únicamente por las cosas de la tierra, no busquen la justicia sólo por el pan que llena el estómago, busquen la justicia del Reino de Dios, el pan que yo soy.

-El proceso de la verdadera liberación
Y así termina la reflexión que estamos haciendo. Cuando Pablo VI nos propone la verdadera meta de la liberación cristiana, tiene un párrafo en la Populorum Progressio- tengan en cuenta mucho esto-. Yo he oído a unos de los padres de la teología de la liberación, que cuando nos explicaba que es la teología de la liberación, citó este párrafo que ahora les voy a leer, y dijo que allí inspiró el gran parte de sus reflexiones teológicas y es cuando Pablo VI dice en el número 20 de la Populorum Progressio: “Así podrá realizar en toda su plenitud el verdadero desarrollo que es- aquí lo define que es el desarrollo- el paso para cada uno y para todos -para cada uno y para todos- de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas”.

Y comienza a describir como una especie de escalera. Menos humanas: las carencias materiales de los que están privados del mínimo vital y las carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo. Hermanos, fíjense qué comparación más certera. Tan subdesarrollado está un hombre que no tiene ni lo necesario para vivir como también es un subdesarrollo moral el que tal vez es rico y lo tiene todo, pero está mutilado por el egoísmo. Están en el ínfimo grado de ser hombres. El rico y el pobre. El pobre que no tiene el mínimo vital y el poderoso que no tiene el mínimo moral. El egoísmo es la mejor señal de subdesarrollo.

De allí dice el Papa: “Menos humanas todavía, las estructuras opresoras son palabras del Papa- estructuras opresoras que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de la explotación de los trabajadores o de las injusticias de las transacciones”. De allí pasa, todo ésto queda en el nivel infrahumano, estructuras de explotación como las que describíamos antes.

Más humanas, dice el Papa, el remontarse de la miseria a la posesión de lo necesario. La victoria sobre las calamidades sociales, la ampliación de los conocimientos, la adquisición de la cultura. Un paso más, más humanas también, el aumento en la consideración de la dignidad de los demás la orientación hacia el espíritu de pobreza es camino de desarrollo-. No está el desarrollo en tener más, sino en aprender a ser señor de lo que se tiene: espíritu de pobreza.

La cooperación en el bien común, la voluntad de paz. Más humanas todavía, el reconocimiento por parte del hombre de los valores supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin.

Más humanas, por fin- miren a dónde llega la cúspide del desarrollo- especialmente, la fe, donde Dios acogido por la buena voluntad de los hombres y la unidad en la caridad de Cristo que nos llama a todos a participar como hijos en la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres”. la verdadera liberación del hombre termina allá en la comunión con Dios, en la fe por la cual lo conocemos, en el amor por el cual nos unimos con él, en el platicar con Dios, en la comunión con Dios, allí está la cumbre del desarrollo y de la verdadera liberación.

3. CRISTO EL VERDADERO PAN

Por eso, hermanos, Cristo dice: no basta el pan de la tierra para ser libres, es necesario descubrir en el pan lo que Dios te quiere dar y de lo cual el pan no es más que un signo.

a) Yo soy...
El signo del pan, del que hoy se habla en el santo evangelio, termina revelándose cuando Cristo dice: “Yo soy”. Fíjense como suena esta palabra, como cuando Dios le habla a Moisés en la zarza ardiente: “Yo soy el que soy”. Cristo es, sólo él es la liberación. “Yo soy el pan que baja del cielo para la vida verdadera de los hombres”.

-Creer en él es nuestro trabajo
Lo ha dicho el evangelio de hoy cuando los judíos le preguntaron: “¿Cuál es, pues, nuestro trabajo para tener ese pan?” Cristo dijo: “Este es el trabajo: que creáis en Aquel que es el único que puede dar la salvación”. Nadie puede construir con fuerzas de la tierra una liberación que llegue hasta la cumbre de situarlo en comunión con Dios.

Los hombres podrán hacer aquí más fácil el cambio de estructuras, botar gobiernos, dar de comer, romper rejas, todo eso hay que hacerlo, pero ¡no basta! Lo que Cristo puede hacer, no lo pueden hacer los hombres todo eso y elevarlos hasta Dios. El Divino Salvador del Mundo, tal como lo veremos esta tarde en la imagen tradicional, es una invitación a elevarnos de las necesidades de la tierra a comprenderlo a él como única solución que baja del cielo, aprehenderlo por la esperanza, por la oración, por el amor. No para esperarlo todo de él; hay que trabajar como si todo dependiera de nosotros, pero hay que esperar de Cristo como si todo dependiera de él. Ese es el equilibrio del verdadero desarrollo.

Y por eso Cristo termina, pues, su evangelio con esa confesión: “Yo soy”. ¡El es! Hermanos, ¡que bella oportunidad nos ofrece el evangelio para conocer más de cerca al Divino Salvador!

¿Que nos dará como fruto esta aprehensión de Cristo para hacerlo nuestro? Lo tenemos en la segunda lectura de hoy. San Pablo nos describe la situación del hombre esclavizado todavía en el paganismo. Lo llama el hombre viejo, el hombre del odio, el hombre de la violencia, el hombre del robo, el hombre de las intrigas, el hombre de los asesinatos y de los secuestros, el hombre rudo, el hombre bruto.

Eso que está causando tanta peste entre nosotros: hombres sin razón, hombres animales, hombres lobos para el lobo... “Esto fuisteis...” dice San Pablo, a los que ya se convirtieron de esa vida; y en este 5 de agosto, yo quisiera decirles también a los que se han manchado de sangre; sobre todo las manos con sangre de sacerdotes y con sangre de hombre, cualquiera que sea, ¡que se conviertan! A los que quieran mantener situaciones injustas y pagan para matar a los que quieren cambiarlas, ¡que se conviertan! Y a todos los que luchan por esos cambios: que se eleven a esta altura que nos ofrece hoy la segunda lectura, cuando dice: “Vosotros no es así como habéis aprendido a Cristo”.

Cristo os ha enseñado a abandonar el anterior modo de venir del hombre viejo corrompido por los deseos del placer, el hombre viejo que no es el Espíritu. Renovaos en el Espíritu, dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad, vestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios, justicia y santidad. Este es el hombre nuevo. De nada servirían, dice Medellín, los cambios de estructuras nuevas, si no tenemos hombres nuevos. El continente de América será nuevo, gracias a este Cristo que renovará a hombres, revistiéndolos de su justicia y de santidad.

Por eso, queridos hermanos cristianos, ustedes, los que han creído en Cristo y de veras quieren seguirlo, ustedes son la verdadera esperanza de la liberación en El Salvador...

PENSAMIENTO QUE NOS LLEVA AL ALTAR

Por eso termino invitándonos a que celebremos las fiestas del Divino Salvador, sobre todo esta tarde y mañana, con este verdadero anhelo: Señor, yo no quiero ser un hombre viejo, yo no quiero ser rémora en el progreso de mi patria. Señor, lejos de mí pertenecer a las bandas de los asesinos salvadoreños. Señor, ten misericordia de tantos criminales intelectuales y materiales. Señor, cambia el corazón de los que gobiernan y de los gobernados, cambia, Señor, el corazón de la patria, renuévalos dentro con la justicia y la santidad.

A los que les has dado la valentía de luchar por una patria nueva y se esfuerzan en las reivindicaciones del pueblo hazles comprender que no gasten sus energías solamente en el pan que llena el estómago sino que se elevan a luchar y morir, porque cuando uno muere como han muerto los sacerdotes con ideas del reino de los cielos, como está tendido hoy, el querido Padre Macías, allá en San Esteban Catarina, uno piensa: Estos son los caminos que hay que seguir. Mueren pero siguen viviendo...