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Número 30801 - Pág. 1 - ¡CRISTO VIVE! Imprimir
Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador
Con gusto he aceptado la amable invitación de la nueva dirección del Diario de Oriente para ofrecer a sus lectores esta modesta colaboración.
El recuerdo de aquel fino amigo que fue su fundador y director vitalicia, la sacerdotal amistad que me une con su familia, heredera de este vehículo del pensamiento en Oriente y el ambiente en que palpita la vida de este veterano del periodismo, ambiente de San Miguel con el que compartir felices años de mi ministerio, hacen de esta modesta colaboración una tarea agradable en lo personal, y, si la considero desde compromiso sacerdotal, tarea que considero providencial.
Porque si todo cristiano está obligado a ser "testimonio de Cristo" en todas partes y en todo tiempo, mucho mayor es este deber para quienes fuimos llamados y ordenados para defender y difundir el divino mensaje del Señor. "Predica oportunamente o sin oportunidad" exhortaba San Pablo a los profetas del cristianismo.
No podía pues perder la oportunidad de anunciar a Cristo y difundir la auténtica doctrina de su iglesia, cuando se me ofrecen las columnas de la prensa, como traté también de aprovechar la generosa oportunidad de las antenas de la radio.

Y en anuncio que en estos días, los cristianos debemos gritar al mundo y a cada hombre, con todas las fuerzas de nuestro espíritu, es el que hace veinte siglos abrió los nuevos horizontes de la humanidad; la noticia que proclamaron ángeles y apóstoles, testigos del gran acontecimiento que debía llegar hasta los confines del mundo y de los siglos, el estupendo mensaje que constituye la razón de ser de la Iglesia y que da fundamento a nuestra fe y claridad a nuestra esperanza: LA RESURRECCIÓN DE CRISTO.
¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡CRISTO VIVE! Su muerte destruyó nuestra muerte y su resurrección ha restaurado nuestra vida. creer y esperar en El, es el único que da explicación y sentido a nuestro dolor, a nuestro deber, a nuestra misma muerte. Sin El no tiene sentido la vida ni hay alegría, ni conformidad, ni amor, ni luz. Nuestra única razón de vivir y esperar es esta verdad que convierte a verdadero cristiano en antorcha de todos los caminos de la vida:
¡CRISTO VIVE!