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Número 30814 - Pág. 1 - A PROPÓSITO DE UN DIÁLOGO Imprimir
Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador
La entrevista del futuro Presidente de la República con nuestros Obispos reunidos en su tradicional asamblea plenaria, puede ser mal interpretada si se ignora su verdadera finalidad.
Hemos conocido, en forma confidencial, el "Memorándum" que entregaron los Obispos al Coronel Molina y a cuyos puntos se ciñó el diálogo con el futuro mandatario. "Ante todo, preguntamos, con sincero deseo de servicio -dicen los Obispos al Señor Presidente - ¿Qué espera de la Iglesia el próximo Gobierno de El Salvador?".
Esta manera de abrir el diálogo, dibuja la figura nueva de la Iglesia en el mundo de hoy: una figura de servicio. El mismo Papa se presentó a las Naciones Unidas, ofreciendo los servicios de la Iglesia a todos los pueblos. El mismo Concilio declara que la Iglesia, en el desarrollo de su actividad en el mundo, no está movida por ambiciones o cálculos terrenos, sino que busca únicamente "continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para condenar, para servir y no para ser servido". (GS 3).


Luego, invirtiendo la pregunta, los Obispos expresaron, que espera la Iglesia del nuevo Gobierno. Y lo manifestaron con un famoso texto del Concilio: "La Iglesia no pide más que la libertad: la libertad de creer y predicar su fe, la libertad de amar a su Dios y servirle; la libertad de vivir y de llevar a los hombres su mensaje de vida" (Mensaje del concilio a los Gobernantes).
Esta formulación más que pedir es ofrecer, la Iglesia ofrece y da mucho al pueblo, cuando su Gobierno no le ata las manos, cuando se le tiene confianza en el cumplimiento de su misión. Y eso fue lo que le pidieron los Obispos al nuevo Gobernantes, "que se tenga confianza en la labor de la Iglesia". Ningún oportunismo en el diálogo, ningún servilismo, ninguna condición comprometedora, para la libertad de la Iglesia; sólo una inspiración: el bien del pueblo en los concretos campos, sobre los que versó la conversación: en el campo de la educación y de la promoción humana, en el campo familiar y moral, en el campo de la Salud Pública, en la necesidad de mantener un diálogo directo entre el supremo gobierno y la jerarquía, a fin de conjurar oportunamente cualquier mala interpretación o comentario tendencioso, sobre todo cuando la obra de la Iglesia, en su decisión de promoción y animación tiene la necesidad de llegar a ser saludablemente crítica para ser fiel a sus ideales de justicia y de paz.
A nuestro juicio, los Señores Obispos, al entablar, este diálogo, han cumplido una vez más con su deber pastoral. Ellos se han situado por encima de las pasiones políticas, han prescindido de los conflictos electorales, cuyo juicio ce bajo su competencia pastoral. Y aceptando una autoridad civil con la que debe coexistir, le ofrecen y le piden una mutua colaboración únicamente inspirada en el deseo sincero de servir, desde su misión evangélica, al auténtico bien común de nuestro pueblo.