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No.1554 Págs. 1 y 4 - Para el Centenario del Seminario Imprimir
EL PAPA Y LAS VOCACIONES
Por patriotismo
Un motivo poderoso que impele al sacrificio, es el amor a la patria. Como ningún egoísmo es más repugnante que el de aquellos falsos ciudadanos que, pudiendo hacer algo por su patria, se resguardan en su vida muelle a costa talvez de los esfuerzo ajenos.
Pío XII pulsa esta fibra del sentimiento humano, para pedir a los hogares cristiano su colaboración a la obra de las vocaciones.
"Decidme – preguntaba a los jóvenes esposos- ¿podía acaso vuestro orgullo patriota sentirse satisfecho de estar brazo sobre brazo y dejar a los otros todo el paso de los sacrificios que exige la prosperidad y la grandeza de vuestro país?.
"¿Y dónde quedaría la entereza de vuestro sentido cristiano, si quisieseis evadir el honor de concurrir, cooperar y ayudar también vosotros, no solo con donativos materiales, sino también con el don más precioso de los hijos que Dios os conceda, concurrir a la exaltación y propagación de la fe y de la Iglesia católica, en una palabra, al cumplimiento de su divina misión en el mundo en pro de las almas de vuestros hermanos?".
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El hombre debe amar a su patria.
Y cuando el bien de ella lo exige, debe el patriota sacrificarse hasta la vida. Lo contrario seria no ser patriota.
Sin arrancar ese amor a la patria- y más bien robusteciéndolo – el católico debe amar hasta el delirio, hasta el sacrificio, a su Iglesia.
Y como ningún patriotismo está más aquilatado que el que raya en el sacrificio; el amor a la Iglesia toca a su cenit con la entrega generosa del hombre con todo su talento y todo lo que es, a la vida conquistadora de la Iglesia.
Es la vocación correspondida. Es decir al llamamiento de Dios.
* * *
Si con el mismo gesto de las madres espartanas, los hogares cristianos infundieran en sus hijos ese espíritu de generosidad y los enseñaran a amar una vida de continua entrega al servicio de la Iglesia, de una Iglesia que no tiene más ambiciones de conquistar almas para hacerles el bien...y que en esa misión necesita hombres generosos que le ayuden... cómo crecerían los hijos piadosamente valientes y cómo florecerían las vocaciones.
Y aún cuando no resultaran en el hogar vocaciones sacerdotales o religiosas, tendrían la satisfacción de ver jóvenes de fe clara, atalayas valientes para defender su credo y no pingajos su voluntad, veletas de todo viento, capaces de negrar la fe de sus padres ante la sonrisa sarcástica de un desconocido.
* * *
Es que nos hemos acostumbrado a ver la religión como una cosa de sacristía y procesiones y escapularios...Y que se quiere identificar al sacerdote con esa religión entendida a medias.
Y no hemos querido ver, o no se nos ha enseñado que la religión es vida y vida conquistadora y vida que es engrandecimiento del ciudadano porque templa su voluntad, porque da a su cerebro un sistema que apoya en lo inmutable, porque da energías en el deber, porque es comprensiva de todos los sentimientos humanos y capaz de solucionar todos los problemas de la historia.
Y es la religión que predica el sacerdote. Por eso nadie como él hace patria. Y son suicidas las naciones que excluyen o ponen trabas a la libre acción del sacerdote.
Que sepan pues, las familias cristianas, que su ayuda económica al seminario es ayuda al engrandecimiento de la patria.
Pero que sepan sobre todo, que si la vocación sacerdotal o religiosa toca a las puertas del hogar, no tienen derecho a marchitar esa vocación.
Es señal evidente de que Dios necesita de aquella casa un soldado para la vida conquistadora de la iglesia.
Y así como nadie debe negarse a prestar un sacrificio por el bienestar común de la patria...
Nadie, con sus derechos más sagrados, debe negarse a la entrega que Dios solicita para el bien de su Iglesia, que al fin y al cabo, s también el engrandecimiento de la patria.
O.A.R.
Para el Centenario del Seminario