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No.1664 Pág. 3 - MATER DOLOROSA Imprimir
Cuando las tinieblas misteriosas del mediodía cubrieron de pavor los ámbitos del Calvario...y el penoso silencio de aquellas horas de angustia se impuso sobre los insultos y las blasfemias, dejando oír jadeante..., difícil el respiro de los crucificados...entonces el Evangelio trazó con este rasgo vigoroso y enternecedor la suprema imagen del dolor de la mujer:
"estaba de pie, junto a la cruz de Jesús, su madre..." (J.19.25)

Cuánta grandeza en este versículo del Evangelio.
Allí se acercarán las almas para sorber las esencias más puras del cariño agradecido y la compasión sincera hacia la Madre del Redentor. Allí inspirará la liturgia sagrada la página más tierna de sus oficios a la Virgen de los dolores con las inmortales estrofas del "Stabat Mater" Y el arte cristiano tendrá allí una fuente inexhausta de inspiración para saber escribir en estrofas o grabar en mármoles y leños y lienzos la expresión más acabada del más acerbo de los dolores con la más perfecta de la resignaciones.
Pero sobre todo la Teología cristiana ilustra con ese doloroso rasgo evangélico todo el misterio de la Corredención. Y en antítesis solemne con la Dolorosa Corredentora, ofreciendo todo lo amargo de su angustia al pie de un madero para ayudar a fabricar la redención de los hombres, verá a la primera mujer, al pie del árbol prohibido, labrando la espantosa caída del pecado original.
"Y así como en Adán, por Eva, todos pecamos y morimos así en Cristo, por María, todos somos salvaos y sacrificados".
"No fue propiamente Eva la que hizo pecar al género humano y no solo ella hubiera pecado, no por eso hubiera pecado el género humano; pero haciendo pecar a Adán, que era nuestra cabeza, fue causa de la caída de los hombres. Tampoco fue María la que salvó al género y si ella solo hubiera padecido no por eso el género humano hubiera sido salvo y redimido. Pero engendrando, educando y ofreciendo a su Unigénito, por medio de Jesús nos redimió; y compadeciendo, es decir, padeciendo juntamente con El con El cooperó en la Cruz a redimirnos y logró ser asociada en cuanto una creatura puede serlo, a la gran obra de la redención del linaje humaNo. (P. Vilariño de N.S.J.n 290)

Tal es la fecundidad de tu angustia y de tus lágrimas, oh Madre de dolores y Reina de los mártires.
Y mientras el mundo recuerde con piedad esa sublime pose de angustia en que le captó al pie de la Cruz de Cristo Redentor, brillará también sobre las angustias, y las lágrimas humanas la más consoladora de las esperanzas: que todo dolor en la vida, unido a la sangre del Redentor, es también Redentor!.
O.A.R.