Warning: Parameter 3 to mb_videobot() expected to be a reference, value given in /home4/asesoriait/public_html/romeroes.com/libraries/joomla/event/dispatcher.php on line 136
No.1665 Pág. 1 - LA SEMANA SANTA Imprimir
Pasó ahondando más nuestras católicas tradiciones.
Desde la cuaresma, con sus predicaciones especiales en los templos...con su "Nazareno de San Francisco", recorriendo bajo el toque lúgubre de las campanas centenarias la antigua calle del Calvario, en las tardes de los viernes, la piedad de esta ciudad legendaria transpira un aire de espiritualidad más austera.
El Domingo de Ramos. Desde muy temprano las "palmas benditas agitan su triunfo en la Medalla Milagrosa, en el Calvario y en la Parroquia Central. Y culmina el triunfo del Redentor en la Catedral, de donde presidieron un nutrido desfile, el Excmo. Sr. Obispo sale a encontrar la tradicional procesión del "Señor del Triunfo" que viene del Calvario. Al llegar a Catedral, aquella abigarrada multitud que se estanca por la puerta cerrada, ante la fachada y en el parque Guzmán, hace pensar en la "plurima autem turba" del evangelio del día. Luego la Catedral abre sus puertas al triunfo de Cristo; mientras el vigoroso orfeón marista canta el Hosanna "Ingrediente Dominio In Sanctam Cititavem..."
Monseñor prosigue la misa. Desde el micrófono se seguía en español la hermosa liturgia del día, y cuando llegó la hora de leer la pasión de nuestro Señor, el pueblo de pie alzó nuevamente sus palmas, presentando un espectáculo emocionante.
Días de piedad. La tradición del Calvario levantó en piadosa procesión a su antiguo "Señor de la Merced", el lunes santo. Y la Iglesia de Santo Domingo, el miércoles santo, al "Señor de la caída", al que un día ante los fieles rodearon de piedad en la tradicional "velación del huerto".
En catedral son también noches éstas de intensa devoción: después del vía crucis se desarrollaron conferencias sobre la Redención y se sellaba la jornada con la bendición eucarística.
Las numerosísimas confesiones del miércoles santo por la tarde y por la noche debieron llevar un verdadero consuelo al Redentor.
Jueves Santo. Con la conciencia purificada por el perdón sacramental, se acercaron al banquete eucarístico muchos migueleños y peregrinos. Los comulgatorios rebosaron en todas las iglesias.
Que bien saben estas almas celebrar su semana santa. Que el más pequeño sentimiento de gratitud y amor a Dios Redentor reclama vivir la semana santa así: cerca del altar...y no en otra parte.
La solemne pontificial comenzó a las 8. Cuando el Pontífice entraba, y se preparaba para la pontificial, la voz clara y unclosa del Hermano Cecilio ofrecía en español; por el micrófono, los ricos filones de la liturgia, cuyo acto típico en catedral debía ser aquella mañana la consagración de los santos óleos. La larga ceremonia de los óleos, supo hacerla comprensible a todos la interesante descripción del Hermano, y se nos ocurría pensar en aquel espíritu que animaba la liturgia en su edad de oro, cuando en la misma Roma, en atención a los griegos allí residentes, las lecciones litúrgicas se leían también en griego...
El presbítero y las ceremonias. Debemos destacar el aspecto litúrgico que caracterizó la semana santa de catedral. Bajo su gigantesco sitial rojo, el esbelto altar con frontal de plata, levantaba entre los siete candelabros de plata el Crucifijo con velo blanco, era el centro de todo el templo. En torno de él las ceremonias se desarrollaron preciosas, el santuario diocesano y el coro de monaguillos de catedral lucieron sus largos ensayos.
Los monumentos. Estalla un momento de triunfo al terminar la pontificial. Los dos incensarios arrojan profusas nubes que perfuman de incienso el himno eucarístico: se extiende el palio y las matracas anuncian el paso de Cristo Sacramentado hacia el monumento. La capilla del monumento alza el rojo velo y presenta la maravilla de su delicado monumento.
Sobre la esbelta gradería que casi se pierde entre columnas, azucenas y lámparas, un gigantesco trébol de plata y luz circunda la majestad de la urna.
Al decidir este triunfo de Jesús Sacramentado en catedral, es justo tributar un aplauso a la Guardia del Santísimo, que, representada por las Señoras Carmen de Soto, Mercedes de Rodríguez, Donata v. De Arguello y las Sritas. Tula Vega, Adelita Rosales y otras colaboradoras, expresaron con su artístico monumento que es viva la fe de San Miguel en Jesús Sacramentado.
La llave simbólica fue entregada en Catedral al Dr. Enrique Campos P.
Hermoso también e inspirado de profunda piedad fueron los monumentos que los migueleños en peregrinación devota visitaron aquella tarde y aquella noche: Santo Domingo, Medalla Milagrosa, Calvario, cuyas llaves simbólicas fueron llevadas respectivamente por don Magdaleno Orellana, don Antonio Batarsé y don Luis Panameño.
Junto al leño de la Cruz. Viernes Santo. Hasta el cielo amaneció sombrío, y los templos enmudecidos ante el recuerdo tráfico...doloroso. Multitudes de almas rindieron adoración a la Cruz en los primeros oficios de la parroquia central, el calvario y el hospital. Catedral vestía luto, su altar despojado de todo adorno parecía su sepulcro frío bajo el negro sitial. El locutor explica el sentido de aquellas ceremonias extraordinarias.
El canto de la pasión pudo seguirlo al pueblo en las hojas sueltas que se repartieron antes, con la traducción del evangelio de San Juan.
Luego del acto culminante del Viernes Santo: la adoración de la cruz. Una hora duró el nutrido desfile de solo hombre que doblaban su rodilla y su frente ante el Redentor de los hombres.
Y el rito se trunca aquella mañana, en forma casi trágica...la urna queda abierta, "como una habitación abandonada de la que se ha huído sin detenerse a cerrar la puerta".
El Vía crucis , el Crucificado, el Santo Entierro. Todo San Miguel se convierte en una multitud compasiva que acompaña llena de fe al Cristo paciente. A las 11 a.m. de la Iglesia de San Francisco desfila el penoso cortejo bajo las marchas fúnebres. Y al Nazareno la gente dice que esa mañana lo ven siempre más pálido...y en su rostro demacrado se fijan todas las miradas...todos le ven pasar, divino consolador de las almas.
La procesión como que se pierde en el misterio...y la multitud después del medio día busca el Nazareno en Catedral. Allí está el rico tesoro de San Miguel: "El Señor de la Cama": no parece madera : sus dos brazos tendidos, su frente caída, su expresión tan dolorosa hace sentir el profundo estremecimiento del cadáver de Nuestro Señor. Por ver esta imagen migueleña, así esa pose conmovedora, bien merece San Miguel ser visitado en la Semana Santa. Después del Sermón del Descendimiento predicador por el Excmo. Sr. Obispo, mientras el orfeón marista y de la Casa Nacional del Niño expresaban el dolor de los cristianos, la preciosa imagen es depositada en la urna (otro tesoro migueleño, quizá único en su género, que regaló Gerardo Barrios). La piedad de doña Araceli v. De Paz que ha recibido con devoción final, como herencia de su llorada mamá, la compostura de la urna, arreglo la sagrada imagen en la urna que ostenta ricos florones que otra alma devota del Santo Entierro obsequió, doña Berta de Barrera.
El sol que declina quiebra sus fulgores de ocaso sobre el vidrio y el bronce de aquel rico conjunto migueleño que al salir por la puerta de Catedral imprime en el espíritu ese escalofrío emocionante de un muerto querido que es llevado al cementerio. Larga...lenta...la procesión del Santo Entierro es conmovedora y ningún migueleño falta.
Por primera vez, al doblar una esquina, vimos en San Miguel formada una artística alfombra para el paso del Santísimo Entierro. Ojalá fuera el principio de otra piadosa tradición migueleña! Felicitaron a las hermanas ValeriNo.
Tras los estandartes de los dolores de la virgen, seguía la imagen de "Nuestra Señora de la Soledad", a la que acompañan de riguroso luto las mujeres migueleñas hasta Catedral donde, según una vieja costumbre le presentan el pésame" y ante esta imagen doliente y ante la urna del Santo Entierro en Santo domingo, las plegarias rumoran hasta muy avanzada la noche del Viernes Santo.
ALELUYA! El sábado siguiente es un despertar triunfal. Después de las largas ceremonias de la "Virgen Pascual" que en catedral el locutor supo poner de los fieles, el celebrante entona el canto de Gloria, y rompiendo su mutismo, las campanas extienden sobre la mañana espléndida un himno de bronce al triunfo del Resucitado.
La gente repite sus tradiciones queridas y por eso en largas filas esperan la bendición del Sábado Santo para llevarlas a sus hogares sobre el agua, sobre la tierra, sobre la semilla, etc.
Se cierra el hermoso drama de la Semana Santa migueleña con la pontificial de la Resurrección. Nuevamente hay alegría en el altar. Y la imagen del Resucitado preside la asamblea sagrada.
A las 8:30 a.m. entra de Santo Domingo la tradicional procesión eucarística a Catedral rebosante de fieles. Y comienzas los Oficios Pontificales. El coro sagrado, en piadoso y robusto gregoriano canta el triunfo litúrgico de Cristo mientras las ceremonias del altar y del trono se suceden con elegante soltura. Con vibrante oratoria el P. Plantier proclama la apoteosis eterna del Resucitado y los frutos de la Iglesia. La bendición papal selló finalmente la Semana Santa en San Miguel.
Los Contrastes. Para ser completos y hacer resaltar el esplendor de la verdadera Semana Santa migueleña, tradicional, piadosa...hemos de anotar con lástima dos tristes contrastes: el desorden y la indiferencia.
La indiferencia, los temporadistas de mar. No es que nos dejen las iglesias vacías, gracias a Dios habrá almas piadosas en abundancia que harán resaltar el esplendor del culto católico. Pero si quisiéramos decir, y con todo respeto decimos a ciertas personas pudientes para quienes no es necesidad aprovechar las vacaciones de Semana Santa, pudieron hacerlo unos pocos días o después- que sería mejor que colaboraran con el prestigio de sus nombres y sus práctica religiosas a robustecer las gloriosas tradiciones migueleñas de la Semana Santa y no justificar con su presencia la indiferencia de los que poco preocupado del culto de su fe católica, buscan otro modo, a veces escandaloso, de pesar los días mas santos del año.
O.A.R.