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Nº. 8 Pág. 3 LA VOZ DEL PASTOR Imprimir
MI SALUDO DESDE ROMA
Mi saludo desde Roma naturalmente tenía que llegar a mi querida Diócesis y demás estimados amigos a través de estas paginitas de EL APÓSTOL que desde su primer número se presentó como "una carta de familia". Y así también en el tono familiar de una carta dirigida al hogar, les contaré mis impresiones de este itinerario inolvidable. Gracias, ante todo.

Y ésta es mi primera impresión. Mi agradecimiento por ese noble gesto de amistad, adhesión y generosidad que me dispensaron al tener noticia de mi viaje. Me conmovió mucho también la presencia en el aeropuerto del querido Sr. Vicario General Monseñor Dueñas y de otros sacerdotes y laicos amigos, entre los que se destacó la numerosa representación de la Parroquia de San Agustín.

Bajo el signo de la virgen. El nombre de "Nuestra Señora del Rosario" que leí en la frente del gigantesco avión de Iberia, significó para mí todo un signo de cariño de la Virgen y me inspiró gran confianza en el viaje. Y con el rosario en las manos, los labios y el corazón, emprendimos el vuelo de Ilopango a San José, de allí a San Juan Puerto Rico y luego a España. La velocidad hacia el Oriente hizo una noche extrañamente profunda y leve, mientras por mi ventanilla pude ver continuamente una brillante estrella que mi devolución identificó también con María "estrella del mar y Señora del cielo", mientras entre cielo y mar surcaba un avión con el nombre de la Virgen.

Cuando mi reloj marcaba las 11 de la noche en El Salvador, ya el tenue amanecer de otoño anunciaba las 6 de la mañana del 12 de octubre en tierras de España fuer para mí otro signo de la Virgen. Era el día de la Patrona de España la Virgen del Pilar, la que levó este mismo día en 1492 a las costas de América las naves de Colón. Cómo ha progresado el modo de viajar entre estas dos costas. ¡Ojalá que desde aquel día fue común para los dos!.

No quise perder la feliz oportunidad de ir a repetir a la Virgen del Pilar la salve que aquel día cantó Colón a la Virgen en tierra de América. Y tomé el primer tren para Zaragoza, ya que además tenía que cumplir allá otros encargos. El ambiente del 12 de octubre en Zaragoza es indescriptible; se siente allí toda la alegría y la devoción de España y de nuestros pueblos latinoamericanos; y sin querer piensa uno en aquella legendaria visita de la Virgen del Apóstol Santiago prometiéndole el florecimiento de su evangelización en estas fértiles tierras. Traté de hacer míos los sentimientos de aquel Apóstol. Patrono de nuestra Diócesis, al celebrar por todos Ustedes la misa allí muy cerca del famoso pilar.

En Zaragoza, los Padres Pasionistas me colmaron de atenciones. Lo mismo las Religiosas Pasionistas que dirigen el Colegio de Guadalupe y entre las cuales hay dos salvadoreños, una de Santiago de María, me hicieron pensar en la hospitalidad de nuestras hermanas del Colegio Santa Gema. Fueron igualmente muy finos los Padres Pasionistas de Madrid, de donde salí, el día 14, para Roma. Y desde ésta Ciudad Eterna les saludo y le prometo más impresiones para el próximo número de EL APÓSTOL.
EL OBISPO