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Nº. 9 Págs. 3 y 4 Un "Romero" del Año Santo Imprimir
Roma 14 de octubre. Mi primera impresión al llegar a Roma, hoy a mediodía, fue la que siete todo "Romeo" (o peregrino) del Año Santo, que llega por primera vez a Roma. Porque, a pesar de haber venido cuatro veces a Roma, nunca me había tocado estar aquí para un Año Santo, ya que este sólo se celebra cada 25 años. Y aunque hoy vengo con otras misiones de servicio a la Iglesia, he querido dar a este viaje el sentido espiritual que hace Roma, durante el Año Santo, la meta de una peregrinación para miles y miles de romeros que están llegando desde todas las latitudes del orbe. Por eso, antes de irme a la posada que tan amablemente me habían preparado las Madres pasionistas, me dirigí a atravesar las "Puertas Santas" de las basílicas confundido con los numerosos grupos de fieles que están respondiendo a esta extraordinaria llamada del amor misericordioso de Dios a todos los hombres de 1975.

Es maravilloso el ambiente de fervor que se ha levantado en Roma durante este Año Santo. Los temores del Papa ante un mundo indiferente para las cosas de Dios se han convertido en una satisfacción pastoral muy profunda al constatar que precisamente hoy más que nunca los hombres sienten hambre y sed de espiritualidad. A cualquier hora del día y en cualesquiera de los templos y lugares que escuchan, meditan, rezan y cantan...Toda Roma parece sumergida en un inmenso retiro espiritual.

La audiencia papal
Pero uno de los "momentos fuertes" de esta meditación romana del Año Santo es la audiencia de los miércoles a las 5 de la tarde. Yo tuve la dicha de participar muy de cerca en la del miércoles 17, junto con casi un centenar de obispos y más de 50,000 peregrinos la Plaza de San Pedro.

No hay una sala con capacidad para tanto grupo que solicita estar este momento con el Padre Común, y por eso ha adaptado muy bien esta explanada que rodea la "Columnata de Bermini". El Papa, después de recorrer en un jeep blanco descubierto, bendiciendo entre aclamaciones a la muchedumbre, sube a la cátedra elevada frente a la fachada de la Basílica y, desde allí saluda en diversas lenguas a los diversos grupos que le responden con un grito de regocijo. Pero luego, todo ruido cede lugar a un impresionante silencio cuando el Pastor y Maestro Supremo dirige su mensaje de profundo contenido espiritual. Esta vez habló de la fidelidad que debe tener la conciencia cristiana a Cristo y a la Iglesia, a pesar del pensamiento y de las actitudes de moda con que el mundo pretende desvirtuar la fuerza del Evangelio. La audiencia termina con el canto en latín del Padre Nuestro y con la bendición que el Papa y todos los Obispos presentes impartimos al pueblo. Yo me uní a esta bendición pensando especialmente en mi Diócesis y en mi Patria.

En fraterna intimidad con el Papa. Y mientras se dispersa por las viejas calles aquella marca humana, el Papa invita a los Obispos a un saludo más íntimo en una sala del Vaticano. No se me olvidará aquel gesto de satisfacción que el Papa expresó al sentirse entre hermanos que comparten con él el pastoreo de la iglesia. Y mucho menos podré olvidar mi turno cuando, a solas con el papa, le dije cuánto lo respetamos y queremos los salvadoreños, tuvo alusiones muy comprensivas para nuestros Obispos, nuestros pueblos y nuestras autoridades. A todos saluda y bendice.

Música de El Salvador en manos del Papa
Fue en ese momento íntimo con el Santo Padre cuando tuve el gusto de cumplir el grato encargo que me hizo Don Roberto Cárcamo, de entregar al Papa el precioso L.P. de música de nuestro folklore salvadoreño ejecutada por el trío de los Hermanos Cárcamo. Su Santidad recibió con especial complacencia este significativo regalo del espíritu de mi Patria y me aseguró "lo oiré con gusto y lleve, una especial bendición del Papa a sus amables autores". Y terminó expresando mi alegría de haber servido a través de "El Apóstol", de mensajero del Santo Padre para llevar a ustedes tantas demostraciones de paternal cariño.
EL OBISPO