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Nº. 48 Págs. 3 y 4 La Voz del Pastor Imprimir
Dios se lo pague
En mi oración de estos días, he pedido mucho al Señor que sea él quien recompense la cariñosa fiesta que mis amigos montaron con motivo de mi cumpleaños el 15 de agosto.

No fue posible pasarlo desapercibido, como sería mi deseo, pues sinceramente quisiera no empañar con la más pequeña sombra de personalismo la gloria de Dios, la figura luminosa de Cristo y la gloria de la Iglesia que es la única razón de ser del trabajo de todo ministro de Dios. Me gusta mucho la frase de San Juan Bautista que conjura tal peligro: "el (Cristo) debe crecer, yo desaparecer".

Pero comprendo también que no debo rehuir el homenaje a mi persona, desde luego porque es educación recibir con agradecimiento toda muestra de aprecio y amistad; y también porque Cristo autorizó el lucir ante los hombres, con tal que eso sirva para que glorifiquen al Padre que está en los cielos. Y ojalá que así fuera, por lo menos en mi intención eso le repetía al Señor mientras mis queridos feligreses me colmaban de felicitaciones: "no a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre sea dada la gloria", como dice el salmo.

Y creo que fue la gloria de Dios aquel sacrificio inolvidable de la parroquia de San Agustín que vino a despertarme con su deliciosa alborada y su Santa Misa celebrada por el Padre Majano con tan fervorosa participación de todos los peregrinos...gloria de Dios fue mi alegría al presidir la solemne misa de confirmaciones y primeras comuniones que con tanto celo prepararon en Jiquilisco los Padres Pasionistas y sus colaboradores catequistas...gloria de Dios fue la nutrida asamblea de las comisiones parroquiales de Cáritas que junto con sus edificantes informes de trabajo, trajeron al pastor de la Diócesis el cariñoso saludo de solidaridad de tantas parroquias...gloria de Dios fue el convivio acogedor de un almuerzo con distinguidos elementos de las ciudades y poblaciones que compartían la mesa con elementos campesinos, para proclamar que esta es la alegría del pastor porque es ideal del Señor: "que todos sean una misma cosa"...gloria de Dios considero las múltiples visitas, telegramas, llamadas telefónicas, que han contribuido a cargar de nuevos ánimos la difícil misión del pastor...y gloria de Dios fue el espontáneo y alegre festival de la noche que fue un nuevo testimonio de la fraternal unidad y de la alegría con que quiere marchar la Diócesis como porción del pueblo de Dios que canta su peregrinar hacia la casa del Padre...
Y para garantizar mejor que todo este homenaje se orientaba hacia la gloria de Dios, estaba allí María, la dulce Madre, que precisamente con el misterio de su asunción en cuerpo y alma al cielo es una continua invitación a poner en sus manos todo el cariño que cosechamos en la tierra para que ella lo lleve al cielo, muy cerquita de Dios. Que Dios se los pague.
EL OBISPO.