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Nº. 1219 Pág. 3 La justa protesta de los colegios católicos Imprimir
Los sesenta y nuevo colegios privados católicos de El Salvador se han pronunciado contra un proyecto de Decreto Legislativo que pretende exigirles una nueva cuota anual por matrícula y colegiatura.

Consideramos justas las razones expresadas por nuestros colegios. Los lectores pueden justipreciarlas en esta misma edición. Y sólo queremos agregar a la sorpresa de los centros de enseñanza, nuestra extrañeza desde orto punto de vista.

El Episcopado salvadoreño, por medio de su comisión de educación que preside Monseñor Aparicio y Quintanilla, ya había dialogado con los Ministerios de Educación y Hacienda con respecto a la injusticia de semejantes sobretasas. Monseñor explicó lo arbitrario y segregatorio de tales disposiciones, ya que un nuevo impuesto a los centros privados católicos equivale a exigir a los salvadoreños tres veces el pago por la enseñanza de sus hijos: primero, por el impuesto corriente de ciudadanos con que ayudan mediante presupuesto nacional, a sostener los centros oficiales, donde no se educan sus hijos: segundo, la cuota del colegios privado; y tercero, un sobre impuesto por ejercer sus derecho de educarlos en centros privados.

Reconocieron también, en esa ocasión, ambos ministerios la valiosa colaboración que significa para el Estado la obra de los colegios católicos, donde se educan cincuenta y cinco mil jóvenes y niños salvadoreños y en los que solo se recibe la ayuda de unas escasas plazas de maestros.

Se prometió entonces someter a una madura reflexión tales consideraciones. Pero con desilusión vemos esta respuesta en la que como dice la protesta, "parece que existen personas que se empeñen en lo contrario".
Conocemos, por otra parte, la sinceridad con que los colegios católicos, siguiendo las nuevas líneas de la Iglesia posconciliar, están revisando sus sistemas administrativos con evidentes tendencias no solo al abaratamiento de las cuotas, sino hacia una educación por crédito e incluso gratuita.

El Estado debería conocer este sincero empeño de la Iglesia, antes de promulgar un decreto cuya injusticia y arbitrariedad desalentaría la buena voluntad de sus colaboradores en el campo educativo en vez de aprovecharla para planificar, de común acuerdo y sin espíritu de segregación, una verdadera democratización de la enseñanza de los salvadoreños.

Agradezco la amable acogida y el apoyo que está brindando a nuestro Seminario ORIENTACIÓN. Nuevos centros de distribución se están abriendo en varias parroquias y comunidades de las cinco Diócesis. Sacerdotes y seglares comprenden muy bien que el apostolado de la Buena Prensa es uno de los deberes principales de la hora presente. Ayúdenos a hacer de ORIENTACIÓN un auténtico vocero de la doctrina orientadora de la iglesia y a que su eco llegue a todos los hogares y ambientes.

Monseñor OSCAR ARNULFO ROMERO
Director.