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Nº. 1225 Pág. 3 Unidad en la variedad Imprimir
"El Romano Pontífice, como sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad, tanto de los Obispos como de la multitud de fieles. Por su parte los Obispos son, individualmente, el principio y fundamento visible de unidad en las Iglesias particulares... Por eso cada Obispo representa a su Iglesia y todos juntos con el Papa representan a toda la Iglesia".

Así describe el Concilio (LG.23), con bella nitidez, el sentido vertebral del Romano Pontífice y del Obispo en la estructura divina de la Iglesia jerárquica. Así proveyó Cristo a la doble exigencia de un organismo que debía conjugar, en la complicada amplitud del mundo, la unidad y la variedad. De esta manera, la unidad de la Iglesia no sofoca la pluriforme variedad de los pueblos, ni la variedad del "mapa mundi" diluye la unidad de la Iglesia única.

Cada Obispo, "rigiendo bien su propia Iglesia, como porción de la Iglesia universal, contribuye eficazmente al bien de todo el Cuerpo de las Iglesias". Porque, encarnando e iluminando la vida de su propia Diócesis, aporta a la comunidad universal, como miembro del Colegio Episcopal en comunión con el Papa, la índole, las inquietudes, los problemas, las riquezas, bellezas y limitaciones, los "carismas" de su pueblo, al mismo tiempo que, en virtud de esa misma circulación jerárquica, revierte en ese pueblo una vida enriquecida con la aportación de los otros pastores que representan a los otros pueblos.

En el "Día del Papa" y, acogiendo la providencial coincidencia de celebrar la fiesta argentina de un benemérito Pastor de nuestra Patria, renovamos nuestra adhesión a la jerarquía de la Iglesia, ofreciéndole la colaboración de nuestros "carismas" que ella debe juzgar con el exquisito cuidado de "no extinguir el espíritu". Porque separarse de la Jerarquía o minusvalorar su función en el pueblo de Dios es privarse o disminuir la circulación de la vida del Espíritu, ya que únicamente a través de ese cause quiso el Señor iluminar vigorizar, embellecer, dar seguridad al Cuerpo de la Iglesia; únicamente a través del ministerio jerárquico se nos ofrece la incomparable armonía de la unidad de la Iglesia en la variedad de los pueblos.