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Nº. 1228 Pág. 3 ¿Una cortina de banano? Imprimir
Los últimos acontecimientos de la politiquería centroamericana, con todas sus maniobras separatistas, su mal disimulado egoísmo, su aldeanismo retrógrado, su nacionalismo morboso, se nos antoja como toda una conspiración de las naciones "hermanas" para levantar una "cortina de banano" que tiene por objeto aislar a nuestro país, luchar contra su competencia, paralizar su industria, cerrar el paso a su comercio, estorbar su agricultura, paralizar su desarrollo.

Nuestras palabras pueden parecer una exageración, pero el desenvolvimiento de los acontecimientos nos indica que los países hermanos están terriblemente prejuiciados contra nosotros. Se nos teme, se nos trata con desconfianza, se toman medidas para defenderse contra nosotros. Se nos contempla como si nuestro país, pequeño e indefenso, fuese una nación imperialista, que amenaza la seguridad y el progreso de sus vecinos.

No es sólo el caso del periodista paranoico que se oponía a la construcción de carreteras, por miedo a que nuestro ejército las utilice para la conquista de su país. En la tragedia de la expulsión de miles de nuestros compatriotas por le sólo delito de ser salvadoreños. Es el caso del cierre de la carretera panamericana para paralizar el intercambio de nuestros productos. En el caso de las medidas unilaterales y arbitrarias que continuamente estorban la entrada de nuestros artículos a los países hermanos. Es el caso de la suspensión, que, una de nuestras fábricas de calzado, ha tenido que aceptar, de su exportación, solo porque le hacía la competencia al negocio de un personaje influyente de la política de su país. Es el caso, por fin, de la firma de convenios bilaterales entre naciones hermanas, que llevan una dedicatoria especial para El Salvador, que será a la postre el único perjudicado con estas flagrantes violaciones del Tratado General de Integración Económica.

Los salvadoreños no nos creemos ni mejores ni peores, ni superiores ni inferiores a los demás pueblos centroamericanos. Simplemente somos, como dijo recientemente nuestro Presidente, un pueblo de trabajadores. Tal vez la misma estrechez de nuestro territorio, la densidad de nuestra población, la pobreza de nuestro país, no obliga, en la lucha por la vida, a ser trabajadores, muy trabajadores, más trabajadores que los habitantes de cualquier país hermano. Este es nuestro delito. este es nuestro pecado. Esta es nuestra "amenaza".

Nuestro espíritu de empresa, nuestra dedicación al trabajo, son reconocidos en Centroamérica. Hace pocos días nos refería un viajero argentino, que un industrial hondureño le había dicho que eran salvadoreños los mejores trabajadores que tenía en su fábrica. El Embajador de Panamá en nuestro país declaró recientemente que la industria salvadoreña es "agresiva", pero no en el sentido explícito de la palabra, sino que dando a entender que es dinámica y de gran valor. En un Curso de Adiestramiento para Mujeres Dirigentes, celebrado hace poco en Caracas, la Ministro de Fomento de Venezuela declaró que "El Salvador es un ejemplo en Centroamérica, pues ha demostrado, que aun dentro de los graves enfrentamientos a que se vio obligado, no ha aminorado su ritmo de producción".

¿Se está tramando una conspiración contra nuestro país en Centroamérica? ¿Se pretende levantar "una cortina de banano" para aislarnos y para ahogarnos en la pequeñez de nuestro territorio? Dios quiera que estemos equivocados. Será mejor para nuestro país. Será para Centroamérica. Porque nuestro pueblo ni puede vivir ni progresar sin el intercambio social, cultural, económico y político con los hermanos del Istmo. Ni Centroamérica puede prescindir impunemente de El Salvador, sin perjudicar sus propios intereses, sin estorbar lo contrario los políticos miopes, los mercaderes del separatismo, los traficantes del nacionalismo morboso y egoísta.