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Nº. 1231 Pág. 3 Diálogos, Conflictos y Tensiones Imprimir
La vida nacional, en todas sus actividades, ha sido trastornada por una huelga de maestros, que se ha convertido en un conflicto político y social de graves proporciones, que amenaza la seguridad y tranquilidad del pueblo salvadoreño.

Lo que se inició como una legítima lucha gremial, con el objeto de lograr mejores condiciones de vida para los abnegados maestros, ha degenerado en un conflicto político y ha provocado tensiones sociales que pueden tener peligrosas repercusiones para nuestra Patria.

Son varios los factores que han intervenido, consciente o inconscientemente, para agravar la situación. La intransigencia de las autoridades y de los dirigentes magisteriales, la actuación de todos los partidos políticos, las maniobras de agitadores profesionales y elementos subversivos, han hecho que una huelga gremial se haya convertido en un conflicto que ha dividido a la familia salvadoreña, afectando seriamente las actividades económicas, perjudicando en forma irreparable a la niñez y a la juventud de nuestra tierra, envenenando las almas con el odio y paralizando el desarrollo y el progreso material de nuestro pueblo.

Ante esta situación verdaderamente desastrosa, sólo queda un camino, una vía segura y eficaz, una solución patriótica y humana, señalada paternalmente por nuestro prelado metropolitano, aconsejada sabiamente por el Cardenal Secretario de Estado de la Santa Sede, en el documento que publicamos en esta misma edición:

"Ante conflictos sin cesar renacientes y constantemente renovados, sólo un diálogo daciente entre las partes interesadas permitirá mantener la cohesión del cuerpo social y prevenir el endurecimiento irreparable de los antagonismos".

Un documento dirigido a la Semana Social de Francia, parece escrito especialmente para nosotros, como una solución a esta situación agitada que todos estamos padeciendo.

No se debe "atribuir al conflicto mismo una especie de consagración como si la exasperación de las tensiones fuese el medio infalible de instaurar una sociedad nueva y más justa".

"Es necesario guardarse de englobar estos fenómenos en categorías apresuradamente establecidas y de juzgarlas abusivamente, como si procediesen exclusivamente de una falta lamentable de autoridad o de inadaptación perjudicial de las instituciones".

"La tentación se revela, en efecto, cada vez más fuerte, al menos para los grupos sociales sólidamente organizados, de hacer presión por todos los medios sobre la autoridad encargada de garantizar este bien común, a fin de conducir a dar un puesto privilegiado a sus propios intereses. Estos últimos, por respetables que sean, son también privados y los demás compañeros sociales tienen también los suyos, no menos legítimos, que quieren salvaguardar y promover".

Para no "provocar una verdadera regresión social, generadora de graves daños para la justicia, la paz y el mismo progreso" sólo queda el camino de un diálogo paciente, haciendo a un lado intereses exteriores, el orgullo, el rencor y la autosuficiencia egoísta, para dejar actuar al patriotismo, a la abnegación, al sacrificio, a la justicia, al amor y a la paz, que son los únicos cimientos duraderos para construir una nueva sociedad, donde se respete la dignidad del hombre y de todos los hombres.

"Las situaciones de conflicto jamás podrán ser consideradas en su profundidad y superadas de verdad, sin una verdadera conversión del corazón, sin el hambre de una justicia mayor, sin espíritu de paz".