Julio - 1978 PDF Imprimir E-mail
Viernes, 01 de julio
Trato de sincronizar este cambio de tiempo que trastorna tanto el sueño y la vida de trabajo. Por la mañana voy a dejar cartas que he traído de religiosos para religiosos, para comunidades de nuestra Arquidiócesis. Entre ellas visito Bethania de Santa Tecla; Oblatas al Divino Amor, el Colegio La Sagrada Familia; Parroquia Centro América, Padres Josefinos, Padres Jesuitas. A todas estas comunidades he tenido el gusto de llevarles, personalmente, saludos de sus propios religiosos que viven en Roma.

Por la tarde, prediqué la Hora Santa que se predica el primero de cada mes en la Capilla expiatoria del Hospital de la Divina Providencia.

Domingo, 02 de julio
La Misa de Catedral había sido ofrecida como homenaje al Papa y de todas las comunidades de la Arquidiócesis, algunos también, sacerdotes, religiosas, y sobre todo, laicos, llenaron por completo la Catedral, hasta hubo necesidad de ocupar el coro. Fue una respuesta maravillosa al llamamiento para celebrar el día del Papa. Conté mis impresiones de mi viaje a Roma. Di testimonio de mi confirmación en el camino que vamos llevando con la Arquidiócesis. He tratado de dejar la impresión de una robustez en la fe, en la esperanza, en el amor, en la fidelidad al Papa. La gente aplaudió la homilía, así como también hubo aplausos muy cariñosos a la entrada y a la salida de la Catedral. ¡Bendito sea Dios por el amor que nuestra gente siente a sus pastores!

Lunes, 03 de julio
Entre las visitas, creo que la más impresionante hoy, ha sido la de la señora de Matsumoto, el japonés que fue secuestrado desde el mes de mayo, y del cual todavía no se sabe nada. Interpretada por el gerente de la fábrica de tejidos INSINCA, manifestó su deseo de que le ayudara en el encuentro de su esposo, que lo mencionara en alguna de mis homilías. Yo le ofrecí, si le parecía, escribir una página en el diario y le pareció muy buena la idea, que redactara y que ellos pegarían los campos en los periódicos. Dijo que aunque ella no era cristiana…
Dijo la señora de Matsumoto que aunque ella no era cristiana, quería hacer una oración conmigo por su esposo. La presenté a la Madre Luz, la cual le dirigió palabras de consuelo, y juntos fuimos a hacer la oración ante el Santísimo, en la Capilla del Hospital. He pedido con mucha confianza en el Señor que se resuelva esta angustia de la señora de Matsumoto.