La Prensa Gráfica

Págs. 7 y 17 PASIÓN Y REDENCIÓN DE UN PUEBLO

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador

La marcha de la historia solo se entiende proyectándola sobre la pasión de Cristo; y viceversa».

Esta profunda reflexión teológica de Rahner, describe nuestra recién pasada Semana Santa: ha sido una conjugación de la pasión de Cristo y de la pasión de nuestro pueblo. Transcurrido bajo las inmediatas secuelas de un «golpe armado» y de una cuestionada contienda electoral: sangre del pueblo, dolor de hogares huérfanos, amenazas de muerte, represiones y venganzas partidistas, fugitivos, refugiados, mutuas inculpaciones que hacen más aventurado y peligroso emitir juicios acerca de móviles y culpables…Una verdadera pasión del pueblo, del pobre pueblo que es, en último término, el que tiene que cargar la cruz fabricada por las ambiciones y las rivalidades.

Pero la pasión de un pueblo, por ser transformado en silueta de la pasión del Redentor de los hombres, entraña, como la de Cristo, gérmenes y exigencias de redención y vida nueva. Los responsables del bien común tienen el deber de analizar estas situaciones, no tanto con miras a afianzarse en el poder, sino sobre todo, para buscar las causas que, por ser verdaderas fuentes de malestar, pueden servir de pretexto-nunca de justificación- a los propiciadores del desorden y a los ambiciosos del poder.

Creemos sinceramente que, en esta pasión de nuestra patria, es precisamente la garantía y el fomento de esos dos derechos humanos lo que condiciona la reconquista de nuestro bienestar. No es infundiendo terror ni discriminando como se construye la paz, sino estructurando la vida nacional para una igualdad más justa de todos los hijos de la patria y abriendo cauces más amplios y eficaces para la participación y la colaboración de todos los salvadoreños que de verdad (y no fingidamente) quieran trabajar por el bien de la nación.

Que la pasión del Redentor que dio muerte al pecado en su cuerpo acribillado e hizo posible, con su pascual, la renovación del hombre, se injerte en nuestro viacrusis nacional para destrucción del odio, del egoísmo, de la ambición, de toda clase de injusticia y para hacer renacer el auténtico cambio que solo puede inspirarse en aquel sacrificio y en aquella victoria que hizo sentirse a todos los hombres iguales y hermanos en el abrazo de la cruz, y libre y dignificados en el destino de la común resurrección.

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Págs. 6 y 44 DEMOCRACIA DIFÍCIL

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador

Recientemente Su Santidad Pablo VI bosquejo una interesante síntesis del pensamiento de la Iglesia en materia política. Esta circunstancia nos ofrece la oportunidad de iluminar una vez más nuestro ambiente, tan cargado de política, con la luz inconfundible de la enseñanza católica, que nuestros políticos no deben desconocer al menos como una opinión que les interesa.

EL Papa subrayó de nuevo que «la Iglesia Católica, igual que el que ha sido constituido su Pastor universal, sucesor de San Pedro, no están ligados a sistemas ni a partidos políticos alguno». No obstante esta absoluta independencia, la Iglesia, por se encargada de guardar y aplicar el concepto cristiano de la vida moral, «poner al servicio de los ciudadanos y de los hombres políticos, ante su conciencia un cierto número de criterios que considera indispensables para la realización de una política justa, fecunda y duradera que favorezca el pleno desarrollo de las personas y comunidades. Se trata concretamente de darle su justo puesto a la libertad, a la iniciativa persona, a los derechos de las personas, de las familias, de los cuerpos intermedios, sin cesar jamás de armonizarlos con sus deberes con las exigencias del bien común del orden y de la solidaridad necesarios; en una palabra, de formar un sentido de responsabilidad a todas las categorías.

Democracia difícil llamó el Papa a este conjunto de exigencias morales que pesan sobre la conciencia de un político verdadero. Para éste no puede haber otra meta que una justicia social efectiva para todas las clases. El poder público. si quiere ser eficaz y merecer el respeto de todos- tiene que ser un servicio desinteresado y honesto a todos los compatriotas.

Pero, para la Iglesia, la política, como cualquier otra actividad de servicio, solo existe un criterio: el hombre, hecho a imagen de Dios redimido y dotado de una vocación compleja que comprende cuerpo y espíritu, tiempo y eternidad. Para la Iglesia, solo será auténtica la política que tenga en cuenta los valores que implica esta realidad humana.

Por eso resumía el Papa así su pensamiento: «el valor de una política se calibra por su proyección social y por todos los servicios que puede poner en marcha: pero se trata siempre de saber qué sentido del hombre se tiene en la mente, qué puesto se confiere al respeto de sus derechos, de su dignidad, de su vida a su responsabilidad. a sus exigencias morales y espirituales, a la fraternidad y en definitiva al amor mutuo».

Democracia ddifícilen verdad. Pero será la única que puede garantizar un sólido bien común.

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Págs. 9 y 42 DIALOGAR NO ES PACTAR

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador

El día del Papa «nos encuentra este año en un ambiente de reacciones diversas ante el relevo de nuestras supremas autoridades civiles, pero esta circunstancia nos ofrece una oportunidad propicia para hacer -sin apasionamiento político ni sentimientos agresivos o demagógicos- una reflexión sobre el Ministerio Jerárquico de la Iglesia entre los pueblos y sus gobernantes.

«No existe ninguna potencia temporal, ninguna ambición de entrar en competencia con vosotros -dijo Pablo VI a todos los pueblos y gobiernos representados en el aula magna de la ONU-. De hecho no tenemos nada que pedir ni ninguna cuestión que plantear tan solo un deseo que formular, un permiso que solicitar; el de poderos servir en lo que es nuestra competencia, con desinterés, humildad y amor».
A la mirada de quien solo tiene en cuenta los intereses de una política temporal y terrena, puede esta presencia del Pastor entre los pueblos y gobiernos de la tierra, como una actitud servil, acomodaticia o «entreguista». Pero a quien trate de sopesar con el criterio de un pastor de la Iglesia, la presencia de la jerarquía entre los políticos, apreciará con mas verdad el hecho y evitará esa crítica injusta que hasta llega ala actitud subversiva contra la autoridad de la Iglesia y corrosiva de la unidad eclesial.

Desde su primera encíclica «Ecclesiam Suam»-carta magna del diálogo el actual pontífice describió las diversas posturas que la Iglesia podía adoptar frente al mundo; «reducir al mínimo tales relaciones procurando apartarse del trato con la sociedad profana…desarraigar los males que en ésta pueden encontrarse anatematizándolos y promoviendo cruzadas con ellos…o bien acercarse para intentar obtener influjo preponderante o incluso ejercitar en ellos su dominio teocrático…y así otras muchas maneras». Pero desde aquel primer momento de su pontificado Paulo VI, descartó todos esos procedimientos drásticos o interesados y comenzó a practicar y engañar el camino que ha dado el estilo de su pastoral: «parécenos, sin embargo, que la relación de la Iglesia con el mundo, sin excluir otras formas legítimas, puede configurarse como un diálogo…Así lo sugiere la madurez del hombre: capacitado por la educación civil para pensar, para hablar y para tratar con la dignidad del diálogo».

Pero conviene aclarar que para el papa del diálogo, éste no significa pactar o entregarse. «Nuestro diálogo» -explica- no puede ser una debilidad respecto al compromiso que tenemos con nuestra fe».

Para el Papa pues, el absentismo o el anatema no son los caminos más eficaces para vivir y cumplir el compromiso de la fe y del evangelio. Por los caminos del diálogo nuestros pastores se acercan a la «política de la Iglesia» que describió así el Concilio: «La Iglesia fundada en el amor del Redentor, contribuye a difundir, cada vez más, el radio de acción de la justicia y del amor en el seno de cada pueblo y entre todas las naciones. Predicando la verdad evangélica e iluminando todos los sectores de la actividad humana con su doctrina y con su testimonio de los cristianos, respeta y promueve también la libertad y la responsabilidad política del ciudadano…

Es de justicia que puede la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias de orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o de la salvación de las almas» (GS. 76)

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Págs. 9 y 24 IGLESIA Y ESTADO

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador

Cuando se clausuraba el Concilio Vaticano II, la Iglesia dirigió un expresivo mensaje a los gobernantes de todas las naciones. En uno de esos conceptuosos párrafos acusa de «sacrilegio» y «suicidio» a los gobiernos que eliminan a Cristo y a su Iglesia.

«Dejad que Cristo ejerza su acción purificante sobre la sociedad pidió el Concilio a los gobernantes. No lo crucifiquéis de nuevo, eso sería sacrilegio porque es Hijo de Dios; sería un suicidio porque es Hijo del Hombre. Y a nosotros sus humildes ministros, dejadnos extender por todas partes, sin trabas, la buena nueva del Evangelio de la paz, que hemos meditado en este Concilio. Vuestros pueblos serán sus primeros beneficiarios porque la Iglesia forma para vosotros ciudades leales, amigos de la paz social y del progreso».

Estaba muy lejos el concilio de pretender con ello privilegios de ninguna clase en favor de su misión. La Iglesia sabe desde sus orígenes que sus apóstoles deben apoyarse «sobre el poder de Dios, el cual muchas veces manifiesta la fuerza del Evangelio en la debilidad de sus testigos». (GS.76), y en aquel mismo Concilio prescribía «que cuantos se consagran al ministerio de la palabra de dios utilicen los caminos y medios propios del Evangelio, los cuales se diferencian en muchas cosas de los medios que la ciudad terrena utiliza». Más aún, recordó que no había que poner «sus esperanzas en privilegios dados por el poder civil» y renunciar a ellos «cuando conste que su uso puede empañar la pureza de su testimonio».

Si calificó, pues, de sacrilegio y suicidio a la política que elimine el Reino de Cristo, no fue por pretender con una amenaza pueril, ventajas ni privilegios; lo hizo para advertir objetivamente el inmenso bien que desinteresadamente quiere ofrecer a los gobiernos en nombre de Dios.
Entre la comunidad política y la iglesia no debe existir antagonismos ni tampoco subordinación, sino colaboración. «Ambas son autónomas e independientes…Pero ambas están al servicio de la vocación personal y social del hombre. Y este servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia para bien de todos, cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas. El hombre en efecto no se limita al solo horizonte temporal sino que, sujeto de la historia humana, mantiene íntegramente su vocación eterna (GS. ib).

La Iglesia pues, tiende al gobierno su mano con franqueza y con espíritu de colaboración. El gobierno debe también tender su mano con franco sentido de cooperación. No se trata de dos partidos de oposición. Ni el oportunismo ni la venganza, ni el servilismo ni el capricho deben inspirar entre los dos falsas posturas o distanciamientos.

Por encima de todos los considerados baratos, está la suprema exigencia del bien común de la nación y de la vocación integral de los hombres.

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Pág. 6 DICEN QUE «DIOS HA MUERTO»

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador

Vivimos en una hora en que los hombres, orgullosos de su ciencia y de su técnica, ignoran a Dios y le vuelven la espalda. Incluso ha tocado a nuestro tiempo oír la terrible proclamación de «la muerte de Dios».

Pero en esas experiencias y actitudes, más bien, prácticas que científicas, del ateísmo contemporáneo, se encierra un exuberante reclamo a la fe de los que creemos en Dios. El mismo Concilio Vaticano II es el que ha hecho este reclamo cuando analiza que «en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión». (GS. 19)
* * *
En efecto, muchos se han forjado de Dios una idea falsa, casi una caricatura de Dios que provoca el rechazo más bien que la admiración y el cariño que le debemos. Por ejemplo, un dios, refugio de la cobardía o de la ignorancia de quienes no se esfuerzan por realizar sus capacidades humanas para hacerse señores del universo como El mismo nos ha mandado…o un Dios objeto de explotación para obtener influencia o poder religioso o para dispensarse, en complicidad con un falso concepto de la esperanza, de las urgentes exigencias de la justicia hacia sus semejantes…o un Dios contra el hombre, como si estuviera celoso de sus conquistas y de su grandeza y solo se complaciese en verlo humillado reconociendo su pequeñez y renunciando a la inteligencia y a la capacidad formidable que El mismo le ha dado junto con el mandato de dominar la naturaleza…Esas y otras muchas falsas figuras de Dios han contribuido a fingir un dios falso que el hombre de hoy con justa razón no puede aceptar y que por eso explican el ateísmo práctico de los que dicen que «Dios ha muerto».

Pero Dios no puede morir. El verdadero Dios, el Viviente de los siglos, no puede morir, porque está por encima de todas esas caricaturas de dios que los hombres pueden inventar y matar. No puede morir el Dios que se hizo presente en este mundo, en la figura adorable y en el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. El Dios verdadero no sustituye al hombre en sus asuntos humanos, sino que lo presiona para que tome a su cargo sus tareas de hombre y perfeccione bajo su inspiración divina el mundo que El creó y conserva para el hombre; el Dios verdadero impulsa la voluntad y el esfuerzo del hombre para que él realice un mundo más humano y fraterno, de acuerdo con sus divinas leyes de la justicia y el amor.

Es necesario que mueran en nosotros todas las caricaturas de Dios, para que seamos capaces de revelar la verdadera figura del Dios que no puede morir.

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Págs. 5 y 35 RESPONSABILIDAD PERSONAL Y BIENESTAR SOCIAL

A propósito de un llamamiento pastoral
Por Monseñor Oscar A. Romero
Secretario General de la Conferencia
Episcopal de El Salvador

Hay una realidad teológica que afecta profundamente a toda existencia humana y al bienestar social; y es que cada vida humana es una vocación de Dios de cuya fidelidad depende del bienestar social. Por eso han podido decir los obispos de El Salvador, al concluir su análisis sobre la situación de malestar del país: «Todos somos culpables del mal de la nación, es muy fácil denunciar las injusticias en los otros, pero resulta mas noble y mas eficaz analizar nuestras propias responsabilidades».

Esta actitud de los obispos nos parece mucho más evangélica que solo hubieran denunciado con lujo de detalles los atropellos de «los malos contra los buenos». A nuestro juicio el documento episcopal ha denunciado con suficiente y sobria claridad la represión y la violencia donde quiera que se encuentre. Y, luego, con un estilo más propio de su misión sobrenatural convirtiendo para muchos en sociología o política- los obispos han tenido el valor de mencionar el pecado, cuya tremenda influencia sobre el mal social parece que es de moda desconocer y olvidar. «¿No es verdad-pregunta el teólogo Rahner a unos sacerdotes en retiro espiritual- que en un afán de hacer sociología tenemos muchas veces la impresión de que los hombres pecan porque sufren y no más bien de que sufren porque pecaron?».

Y del reconocimiento del pecado- que es traición de la propia vocación el «llamamiento» se eleva optimista a un reclamo de conversión que, a partir de una interiorización personal, florezca en amor y justicia social y en saneamiento de estructuras. ¿No es acaso esa la verdadera misión de la Iglesia?

«Tendemos a pensar -dice otro teólogo latinoamericana, Monseñor McGrath comentando el documento sinodal sobre justicia en el mundo- que podemos reformar el orden social desde fuera. Pero no es necesario en el heroísmo del acto de denuncia o de protesta en lo que consiste la reforma del orden social. Quizá al precipitarnos desde fuera hacemos más difícil convertir desde dentro. Quizá nuestra misión es anunciar los principios de justicia, promover la doctrina al respecto, crear una conciencia; pero sobre todo, convertir a los hombres el verdadero sentido cristiano del amor y de la justicia, para que ellos desde dentro reformen y renueven. Lo contrario parece una especie de clericalismo que quiere asumir el liderazgo político, impaciente porque no se está cambiando lo que decimos que se debe cambiar».
Y porque toda vida es una vocación al servicio del bienestar social. «Todos contribuimos al bienestar de la Patria, cuando, trabajando en medio de las realidades temporales, nos inspira el amor santificante de Dios y del prójimo».

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Págs. 9 y 25 EL PELIGRO DE LAS PRESIONES Y DEL JUICIO PROPIO

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador

Con gran sentido de la realidad de nuestro tiempo y de la responsabilidad del magistrado de la Iglesia- Su Santidad Paulo VI ponía alerta a los obispos y religiosos participantes en el sínodo, contra la peligrosa seducción de las «presiones»

«Permitidnos- dijo el Papa en la inauguración del sínodo-que os llamemos la atención sobre un peligro específico que puede rodear nuestra reunión: y que por diversas vías, honestas o engañosas, puede perturbar nuestra libertad de deliberación. Consiste este peligro en la presión. de opiniones de dudosa conformidad con la doctrina de la fe; de tendencias despreocupadas, de tradiciones autorizadas o adaptación con la mentalidad profana y secular; de temores ante publicidad tentadora; de acusaciones, de anacronismo o juridicismo paralizador del desarrollo espontáneo, llamado carismático, de un nuevo cristiano; y así podríamos continuar».

«La presión: su faz es múltiple, su poder insinuante y peligroso. Procuremos independizarnos de ella mediante el impulso de nuestra conciencia responsable frente a nuestra misión de pastores del pueblo de Dios frente al juicio divino del último día; y procuremos mantener la tranquilidad y la fortaleza de espíritu para conocer y juzgar bien todo, según el espíritu de Cristo y las verdaderas necesidades de la Iglesia y de los tiempos».

«Libres de ingerencia indebidas y de sugestiones extrañas en el ejercicio de nuestros deberes sinodales, debemos sentirnos en cambio vinculados por estos mismos deberes entre los cuales hay que recordar las observaciones del mandato recibido por las respectiva conferencias episcopales o los sínodos de los ritos respectivos o también por la respectiva unión de los superiores mayores».

También recordaba Paulo VI en el sentido de «responsabilidad» con que debe actuar los padres sinodales, ya que cada uno de ellos ha elaborado con sus representados (obispos, sacerdotes, religioso, religiosas y seglares de sus países) «La aportación que ahora estáis llamados a dar. No habléis pues a título personal (a no ser con expresa declaración como lo prevé el «Ordo Synodi») sino que seréis la voz cualificada de vuestra Iglesia para toda ella, nuestra santa Iglesia, una y católica, esta voz que hace eco a la apostólica y cuán grave es nuestra corresponsabilidad».

Hemos querido repetir estas atinadas advertencias del Papa porque juzgamos que su validez no se limita al sínodo de los obispos. Creemos que a todos- máxime si se es partícipe o colaborador en la divina tarea de evangelizar al pueblo nos viene bien en serio alerta contra las seductoras y sutiles fuerzas de la presión o del propio sentir. Ellas pueden extorsionar el Evangelio y el auténtico sentir de la Iglesia hasta convertirlo en una opinión humana más.

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Pág. 6 EL VERDADERO «MEDELLÍN»

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador

Según la categoría de los propagandistas así se hace un ambiente bueno o malo a un producto. Y eso mismo les ha pasado a los Documentos del Concilio y de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Medellín del 24 de agosto al 6 de septiembre de 1969. Tales documentos no solo han tenido magníficos intérpretes de su espíritu, sino que han surgido, quizá en mayor número, muchos «charlatanes» que los presentan como pretexto para solapar sus extravagancias.

Lo que quisieron los obispos del contienen, reunidos en Medellín, fue aplicar el espíritu del Concilio Vaticano II a la realidad de América Latina. Por eso resulta imposible hablar con exactitud de «Medellín» sin un honrado conocimiento de los documentos conciliares; es decir comentar sin conocer lo que se comenta.

No es extraño entonces que un «Medellín» leído u ídolo sin tener en cuenta el soplo del espíritu que animó el Concilio y sin el ambiente de reflexión y oración que inspiró a nuestros obispos, resulta para muchos como dice Monseñor Pironio (y éste sí es buen intérprete de Medellín) «una invitación a la violencia, olvidando que el único camino de un cambio verdadero pasa siempre por el corazón de las bienaventuranzas del evangelio». Tampoco es extraño que otros, por reacción contra los primeros o por no querer convertirse, consideran a «Medellín» como una palabra prohibida, como si la Iglesia se hubiera olvidado de Jesucristo y hubiera adulterado la palabra de Dios».

El verdadero «Medellín» -como el Concilio Vaticano II, observada naturalmente la distancia que por categoría y validez separa ambas expresiones del magisterio-, hay que leerlo y meditarlo «como si fuera una fuerte invitación a la conversión personal». Recuérdese que el Medellín no solo se escribió de sociología; fueron la teología, la liturgia, la pastoral, la catequesis, etc., las que, unidas en una sola preocupación renovadoras posconciliar, trabajaron los 16 documentos que perfilan los aspectos de renovación que necesitan hoy la Iglesia y el hombre en Latinoamérica.

«Medellín», el verdadero, es un verdadero Pentecostés en nuestro continente. El espíritu marcó allí la hora y descubrió el verdadero rostro de la Iglesia de Cristo, encarnada y dando respuesta a nuestros pueblos. Frente a ese verdadero «Medellín» ambas posturas son un pecado contra el Espíritu Santo y contra la Iglesia de Cristo: la postura que se vale de «Medellín» para blandir rencores y odios sociales, y la postura del que cierra sus oídos, sus ojos y su corazón a la voz del Espíritu que invita a la conversión de corazón para realizar con un corazón renovado según Dios, los cambios que necesitamos con urgencia. Cuando el Espíritu de Dios habla, solo hay una postura correcta, oírlo y ser fiel a sus reclamos.

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Págs. 6 y 27 EL TRIPLE TESTIMONIO DEL PADRE PEYTON

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador

La familia, la oración, María.
Oí un seglar al salir del salón teatro del Colegio Guadalupano donde el padre Peyton se había dirigido a los sacerdotes y a los equipos seglares; y comentaba así la patria del conferencista: » me he sentido transportado al sermón de la montaña».

Y en verdad es una palabra de bienaventuranza la que sale del corazón de este sacerdote que, por ser auténtico sacerdote, ama al mundo y le va ofreciendo el secreto de la felicidad en esta trilogía del Evangelio que es el alma de la «Cruzada de oración en familia».

Nos contó la felicidad de aquella «casita pobre de dos estrechos cuartos» donde un padre y una madre pobres se reunían con sus nueve hijos para encontrar en el Rosario de cada día aquella rica herencia de amor, de fe, de fidelidad, de protección, de seguridad en la vida que el padre Peyton no cambiaría ni por todos los palacios de las grandes ciudades que hoy conoce.

Ofrecer a todos los hombres ese secreto evangélico de una familia feliz es el único y sencillo objetivo de esta «Cruzada que, con toda razón, han llamado «carisma de nuestro tiempo» los obispos salvadoreños en su reciente carta pastoral colectiva.

La «Cruzada» pues, no es una pretensión de la industria humana. El padre Peyton habla con el rosario en la mano, reza antes de hablar su discurso mismo es una oración y quienes lo escuchan están orando con él.

El padre Peyton nos habló esta noche de su seguridad como de una herencia recogida desde niño en la escuela de oración hogareña.. Y por eso, cree que el mayor bien que se puede hacer al hombre es enseñarlo a orar en familia. Orar sin complicaciones; orar es creer en un Dios poderoso sapientisimo, amoroso; e introducirlo al hogar para hacerlo conscientemente partícipe de los problemas de familia.

Y dándole perfume de ternura a esa audacia apostólica y a esa seguridad existencia, está María.
«María vive» es la seguridad del padre Peyton. María es una realidad, es la mujer que pertenece a una familia, es la criatura más poderosa por su intercesión ante Dios, es la mujer amable, sabia, cortes. Es la más bella expresión de la feminidad hecha Madre de Dios.

La vida misma del padre Peyton es un milagro viviente de la intercesión de María. Es el acento más emocionante de su mensaje cuando se recuerda aquel novicio desahuciado de los médicos y confiado únicamente al poder de María que le devolvió la salud para gastar todas sus energías en proclamar a los cuatro vientos del mundo que «María vive» y que es poderosa. Y que son felices las familias donde se siente a María como una realidad que ampara el hogar.

Cuando salíamos del salón entre los numerosos sacerdotes y seglares se destacaban los jóvenes. Porque ha sido una característica de la Cruzada en El Salvador: numerosos jóvenes que han comprendido que el ideal de la Cruzada es una aventura y una rebeldía evangélica por la que vale la pena luchar.

Fue un joven quien se acercó a estrechar la mano del padre Peyton para decirle en nombre de todos: gracias, padre Peyton, por este testimonio que tanto bien nos está haciendo.

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Pág. 6 La voz de los Obispos

CRUZADA NACIONAL DE ORACIÓN EN FAMILIA
Por Monseñor Oscar A. Romero
Secretario General de la Conferencia Episcopal de El Salvador.

«Dios quiere salvar al mundo por la familia y por la oración», recuerda el Episcopado salvadoreño, en su «exhortación colectiva» a propósito de la próxima «Cruzada Nacional de Oración en Familia».

Y efectivamente, el desajuste del mundo se debe al aflojamiento de esos dos formidables resortes sociales: la familia y la oración. Y solo el retorno a esos dos valores es el camino que Dios ofrece a la patria para liberarla de tantas miserias y erguirla a la altura de su verdadera vocación.
Y es que Dios mira con especial providencia a las familias que se ponen al habla con el por medio de la oración, y hasta se dignó encabezar una gran familia, la de todos los hombres como hermanos y El como Padre, enseñándonos e instándonos a decir con todo derecho: Padre nuestro que estás en el cielo…Y es a esta perspectivas de la fe a donde la «Cruzada Nacional de Oración en Familia» desea elevar a todas las familias salvadoreñas, para que de allí, de la paternidad universal de Dios y de la universal fraternidad de los hombres en Cristo, deduzcan las fecundas consecuencias de la justicia social, de la caridad cristiana, de la dignificación humana, del bienestar nacional» (citada exhortación).

Quien analice bien esta teología sublime de la oración y sus luminosas y eficaces proyecciones sobre la familia y la sociedad, estará muy por encima del concepto marxista de la religión y de cualquier visión miope de una sociología mal digerida; y, en cambio, acogerá esta iniciativa del Episcopado salvadoreño, confiada a un experto de la talla del padre Peyton, con la sabia sencillez y la noble gratitud y disciplina con que ya lo están haciendo los inteligentes pastores de nuestras parroquias y el noble laicado de nuestra patria.

La «Cruzada» tal como se va a desarrollar, no es otra cosa que un mensaje bíblico, ofrecido a nuestra querida patria en una forma extraordinaria. Y ya sabemos que la Palabra de Dios siempre es un mensaje de auténtica liberación. Pero solamente es liberadora la palabra divina cuando encuentra un acogida y una respuesta de parte del hombre. Y la respuesta del hombre a Dios es la oración.

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Págs. 7 y 37 La voz de la Iglesia de Centroamérica

y IV) ¡ DIOS LO QUIERE!
Por Monseñor Oscar A. Romero
Secretario Ejecutivo del CEDAC
Como un «¡Dios lo quiere!» de aquellas cruzadas que enardeció a tantos valientes en defensa de los santos lugares, termina el mensaje de la asamblea plenaria de los episcopados de Centro América. Las sombras y los peligros de nuestra realidad centroamericana, lejos de sembrar pesimismo, se convierten en un «signo de los tiempos» que inspira a los obispos «aceptar con humildad la parte de responsabilidad que nos responder en tan dolorosa situación …y hacer una apremiante llamado:

19 A los organismos ejecutivos, legislativos y judiciales, responsables de los destinos nacionales: pedimos adoptar sin vacilación todas las medidas tendientes a lograr que la violencia y el atropello a los derechos humanos, cedan a un intensivo y audaz esfuerzo para hacer que el desarrollo de nuestros pueblos constituya una auténtica liberación del hombre.

20 A las fuerzas armadas, policía y demás fuerzas de seguridad, instamos a que ajusten sus actuaciones al servicio único y exclusivo que les compete.

21 A los sectores de empresa, fuerzas de producción y en general a quienes con su trabajo promueven el engrandecimiento de nuestras comunidades nacionales, urgimos un rector y generoso sentido de justicia social.

22 A los padres de familia, a los maestros, a todos los que tienen a sus manos la formación, orientación y desarrollo de los hombres, les exhortamos a insistir en la necesidad de una educación liberadora, que prepare al hombre para el pleno ejercicio de sus deberes y derechos en una sociedad en desarrollo.

23 A la juventud, fuerza que concentra en sí la esperanza de un mundo verdaderamente libre, pedimos que, sin claudicar en sus convicciones agregue un alto sentido de solidaridad humana a sus esfuerzos de liberación.

24 A quienes en estos momentos empuñan las armas y se han colocado en bandos antagónicos; a quienes ya han ensangrentado sus manos en estériles luchas fratricidas, les conjuramos, en nombre de Dios, que mediten en las graves consecuencias de su actitud y les suplicamos, con palabra vehemente que pongas sus energías y anhelos al servicio de la paz que se construye con el esfuerzo común.

25 Y en fin, queremos que nuestra voz llegue a todos los sectores sociales, sin distinción de credos políticos ni religiosos. Apelamos especialmente a los cristianos comprometidos, laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas, para que abandonando nuestra posición de insensibilidad ante tanto atropello a la persona humana, iniciemos un movimiento de justicia, de concordia y de paz que edifique sobre el amor una Centro América y Panamá, integradas en la comunión de un único destino una correponsabilidad solidaria en el futuro de nuestras generaciones.

Que con la gracia del Señor y bajo la protección de María, Madre de la Iglesia, nuestro mensaje de pastores sea, signo de compromiso que asumimos ante Dios y nuestros hermanos.

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Págs. 11 y 51 La voz de la Iglesia den Centroamérica

UNA VOZ DE ALERTA
Por Monseñor Oscar A. Romero
Secretario Ejecutivo del CEDAC
La parte «dura» del mensaje de los obispos centroamericanos es la que denuncia los atropellos más frecuentes de que son objeto en nuestros países los derechos humanos. Pero adviértase bien que al cumplir esta dura tarea que el Evangelio impone al magisterio de la Iglesia, el Episcopado está muy lejos del espíritu demagógico con que otros falsos profetas siembran el odio y la violencia. El mensaje se ha colocado desde el principio en la perspectiva del «espíritu de Cristo» el cual proclama la verdad y la justicia para llamar a todos los hombres a construir la familia de los hijos de Dios. Desde esa perspectiva debe entenderse esta «dura» constatación de nuestra realidad centroamericana.

Desigualdades injustas (n.8-11) «No desconocemos los esfuerzos que se hacen en nuestras naciones por asegurar mejor los derechos que tiene cada hombre de acceso al trabajo, a un salario humano, a una mejor salud y educación, a una vivienda digna, etc…No obstante…se están conjugando el hambre y la miseria, las enfermedades de tipo masivo y la mortalidad infantil, el analfabetismo y la marginalidad, profundas desigualdades en los ingresos y tensiones entre las clases sociales, brotes de violencia y escasa participación del pueblo en la gestión del bien común…Nos preocupa sobremanera la creciente manifestación de egoísmo en los sectores económicamente satisfechos, que habiendo alcanzado la propia satisfacción, parecen permanecer insensibles ante quienes no tienen las mismas oportunidades de vida. Es más, no faltan en estos sectores quienes, en su afán de mantener sus privilegios, toman medidas de represión y obstaculizan la promoción y el desarrollo. De esta manera, escudándose en calificativos ideológicos y justificándose en la conservación del orden, apelan incluso a la fuerza y la violencia para mantener el actual orden de cosas que les resulta del todo favorable».

Falta de garantías (12-13). «Nuestra preocupación se acrecienta con mayor razón, al comprobar las constantes formales del hombre, es más de uno de nuestros países. Con demasiada frecuencia en efecto, faltan las garantías necesarias ara un juicio imparcial y valedero, haciendo que un detenido tenga que esperar semanas y meses un veredicto judicial cuando es consignado a los tribunales si esto llega a suceder…Es públicamente conocido que muchos ciudadanos han sido sometidos a torturas físicas y morales. Con horror y pesar recibimos, casi a diario, la noticia del hallazgo de cadáveres espantosamente desfigurados y mutilados. Estos crímenes se multiplican en forma alarmante, sumiendo en el dolor, la angustia y el odio a un número cada vez mayor de familias…Señalamos lo anterior porque constituye la expresión más terrible de una violencia que en nombre de dios, condenamos sea cual fuere su índole: institucionalizada o de rebeldía.

Recordamos con angustia la interpelación de Dios a Caín: La voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la Tierra». (Gen 4,10): y las palabras de Cristo a Pedro: «Vuelve tu espada a su vaina, pues quien toma la espada, a espalda morirá». (Mt. 26, 52)

Otras violaciones «…Constatamos que los centros y medios de comunicación social de varios de nuestros países, no cumplen con su misión o carecen de una información objetiva, o deforman interesadamente, la que proporcionan…» (n.14)

«…Señalamos que en más de uno de nuestros países se sigue negando al obrero y sobre todo al campesino la libertad de asociación que el magisterio prontificio viene reclamando desde 1891 con Rerum Novarrum» (15).

…»Comprobamos con inquietud que, la comunidad familiar, lejos de ser motivo de preocupación vital por parte de nuestra sociedad, es considerada como un simple objeto de planificación económica. So pretexto de asegurar los derechos reales del hombre, se atenta contra la integridad y dignidad de la familia aceptando planes y programas de control de natalidad, impuestos, dirigidos y financiados por agencias internacionales que pretenden en esto actuar tan sólo como promotores de desarrollo». (16).

Una voz de alerta. El Episcopado centroamericano termina esta parte «dura» de su mensaje advirtiendo «que corremos el peligro de caer en la situación que otros países del continente ya están experimentando», por suprimir, con pretextos falaces, los sagrados derechos del hombre.

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