1977

Cristo, Centro y fin de toda – la historia humana

2o. Domingo de Adviento

4 de Diciembre de 1977.

Lecturas:
Isaías 11,1-10
Romanos 15, 4-9
Mateo 3,1-12

San Pablo hablando a los Romanos ha dicho las palabras que se han leído hoy en el 2o. Domingo de Adviento, es decir, cuando la Iglesia está reflexionando en ese inmenso amor de Dios que nos manda a su propio Hijo para salvarnos de todos los problemas de la historia. Me han impresionado mucho para esta homilía, las primeras palabras de San Pablo, porque creo que ésto es lo que está dando la pauta a mi modesta contribución de difundir la palabra de Dios en este ambiente tan difícil de El Salvador.

PALABRA DE DIOS ENCARNADA

Dice San Pablo: “Todas las antiguas escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que, entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las escrituras, mantengamos la esperanza». Miren, cómo el predicador de este tiempo tiene que hundir, por una parte, su pensamiento en la Escritura, porque no hay otra fuente del mensaje de la Iglesia que la Sagrada Escritura, la Palabra de Dios, por una parte; pero no es una palabra de Dios escrita hace siglos y que se queda etérea, desencarnada, teórica, sino que por otra parte, el predicador tiene que encarnar en la realidad presente. De modo que dice San Pablo: entre nuestra paciencia -aqui es el presente- la paciencia que necesitamos hoy para vivir esta hora de la historia, empalmando con las Viejas Escrituras escritas entre esta paciencia de hoy y esas escrituras escritas antiguamente, mantengamos la esperanza.

Quiere decir, hermanos, que la historia actual, los acontecimientos de esta semana, de este día, no sólo en un carácter nacional sino en un carácter familiar. Cada familia ha tenido sus problemas en esta semana. Más aún, cada uno de ustedes, yo mismo, hemos tenido nuestros problemas, nuestras dificultades personales, familiares, del barrio, del pueblo, de la nación, del mundo ,y estas circunstancias actuales, no las puede perder de vista el predicador a no ser que quiera predicar un evangelio que no diga nada a los hombres de hoy. Y eso es muy fácil. Por eso dicen muchas veces ¿por qué en tal iglesia, en tal parte, no hay problemas?. No puede haber problemas si estamos hablando de las estrellas, hablando de las cosas que no tocan los problemas que ejercitan nuestra paciencia, nuestra fortaleza, nuestro compromiso de hoy en la historia.

La Palabra de Dios, pues, según San Pablo en la lectura de hoy, tiene que ser una palabra que arranque de la eterna antigua palabra de Dios pero que toque la llaga presente, las injusticias de hoy, los atropellos de hoy y ésto es lo que crea problemas. Esto es ya decir: . Ya aburren con esa acusación. Ténganlo en cuenta de una vez, no se mete en política, sino que es la palabra como el rayo de sol que viene desde las alturas e ilumina, ¿qué culpa tiene el sol de encontrar su luz purísima charcos, estiércol, basura en esta tierra?. Tiene que iluminarlo, si no, no sería sol, no sería luz, no descubriría lo feo, lo horrible que existe en la tierra; así como también ilumina la belleza de las flores y le dá el encanto a la naturaleza. La palabra de Dios, también, hermanos, por una parte ilumina lo horrible, lo feo, lo injusto de la tierra y alienta el corazón bueno los corazones que gracias a Dios abundan que se iluminan con esta luz eterna de su palabra divina.

Esto es predicar hoy la palabra, predicación, que como en los tiempos de los profetas, tiene que crear problemas y tiene que despertar odios y tiene que sacudir resentimientos, hasta la forma más vulgar que hemos llegado a ser el objeto. Pero. Hermanos, que la basura sienta odio de la luz, es gloria de la luz. Ser calumniado por quienes se sienten tocados en su injusticia, es un honor. Por eso les digo, hermanos, a mí no me aflige la calumnia. Yo les agradezco las ¡innumerables manifestaciones de solidaridad que me llegan en estos días, pero les digo, tengan alegría y confianza, que no me afligen, al contrario, me honran.

CASOS CONCRETOS

¿Como no vamos a sentir hermanos, a la luz de la palabra de Dios los atropellos se siguen dando en nuestra Patria? Alfonso Muñoz capturado en Tacachico, no se sabe en dónde está. Inés Merino, golpeado cerca de Zacatecoluca, tampoco se sabe dónde lo llevaron. Treinta presos engañados en el Cantón San Carlos Lempa, en la Hacienda El Porvenir, llevados también a rumbos desaparecidos. Pedro Medina, capturado mientras salía a buscar trabajo. No se puede hermanos, con una situación asi. Los que fueron presos acusados de participación en la ocupación del Ministerio de Trabajo, ni en los mismos testigos del Ministerio, han encontrado apoyo las acusaciones, no los han visto. No hay, pues, una razón jurídica para que sigan presos.

¿QUIENES SIEMBRAN EL TERROR?

Ante estas cosas, hermanos, comprendemos y queremos que no haya terror. Pero ¿quiénes están sembrando el terror? Yo quiero recordar una palabra Pontifical para que no digan que es cosa mía. Al anunciar la Santa Sede el próximo día de la Paz el lo. de enero, cuyo lema será: , el comunicado de prensa autorizado, pues, por el Vaticano dice esto; fíjense bien: «La violencia puede proceder de personas o de grupos entregados a un frenesí de dominio -poder-, a un frenesí de consumo -tener-, que tiende indebidamente a limitar o suprimir la vida de otras personas o de sociedades humanas, racismos, genocidios, e incluso imposición o mantenimiento por la fuerza de una estructura política o económica, injusta y discriminatoria». Son palabras de la Santa Sede, yo aquí no invento sino simplemente repito que existe, un frenesí de poder, un frenesí de tener, una defensa de poder y de tener que si es necesario acaba con los que se oponen a ese poder y a ese tener. Con injusticias manifiestas.

Por otra parte, no lo olvidemos también, hay que ser justo. «La violencia, sigue diciendo el documento- puede caracterizar también la manera de reaccionar de aquellos que están o se creen oprimidos, y cuyo anhelo de vida o de justicia termina por explotar. Violencia de los débiles de aquellos que están privados de ciertos derechos fundamentales.» Ellos también, sobre todo aquellos que no quieren comprender la línea de la historia, del Evangelio, en sus compromisos con esta vida, cedan un poco a sus fanatismos y no nos desprecien tanto a los católicos por vivir esta vida que no tiene nada de comunismo sino simplemente llevar a las dimensiones históricas, temporales, sociales, los postulados, las exigencias del Divino Redentor.

FE Y ALEGRíA

Quiero alegrarme y felicitar a los promotores del movimiento Fe y Alegría. Es un sistema de educación que promueve la Iglesia, sobre todo en las zonas marginales. En el Externado San José, en su capilla, 81 muchachos y muchachas recibieron sus diplomas como costureras ellas, y ellos como expertos en electrónica y otras artes masculinos; me dio mucho gusto decirles: Esto es la Iglesia, no sólo habla sino que hace y desde las zonas donde Cristo veía como ovejas sin pastor a muchas gentes, han surgido, gracias al trabajo de los PP. Jesuitas, a la colaboración de Hnas. Religiosas y seglares también con un sentido evangélico de promoción, esa juventud y muchas otras obras que Fe y Alegría está haciendo en esas zonas.

LLAMAMIENTO PARA LA NAVIDAD

Acerca de la Navidad, queridos hermanos, yo quiero tomar como guía, y proponerla a ustedes, una iniciativa de la diócesis de Santiago de María. Monseñor Rivera ha lanzado un llamamiento para que en vez de gastar en tarjetas de felicitación, en regalos de Navidad, se deposite ese dinero en una obra benéfica para los verdaderamente necesitados. Por mi parte, ya les anuncio que me voy a economizar el gasto de tarjetas de Navidad y lo voy a poner con mucho gusto en el fondo de beneficencia, con el cual estamos socorriendo a mucha gente pobre. Por ejemplo: aquella viuda con 9 niños, la mayorcita es de 12 años, que quedó y ellos huérfanos, por el crimen cometido alla en Dulce Nombre de María por parte de las autoridades que asesinaron a un pobre hombre. Para obras así, pues, yo quisiera muy bien que si no tienen inconveniente, no digo que lo den a la Iglesia. No demos pie a los que nos calumnian que nos estamos robando estas Iimosnas, hagan la caridad ustedes con quien quieran. Junto a su casa hay alguien que no recibe una tarjetita de navidad, llévenle un plato de tamales, llévenle algo que le socorra. Habrá muchos niños que no reciben un juguete; no les den juguetes, menos si son de armas, no les enseñemos la violencia desde la niñez, socorrámoslos en cosas más necesarias. He allí pues un llamamiento para celebrar una verdadera navidad cristiana que no consista en comilonas, en embriagueces, en regalos que solamente pasan por las alturas, sino que llegue de veras a la pobreza de nuestro pobre pueblo.

CONCURSO DE NACIMIENTOS

También está abierto el concurso de Navidad, los párrocos de las colonias son invitados para que premien y traigan a las personas favorecidas, el 6 de enero día de la Epifanía, a recibir el premio. Haremos una buena promoción de Biblias para que en todos los hogares, y sobre todo aquellos que han hecho nacimientos artísticos, cuyo centro es el Niño Jesús, la Virgen y San José, sigan meditando a lo largo del año, en la Palabra de Dios.

FESTIVIDADES PROXIMAS

No olviden hermanos, que el jueves de esta semana es día de la Inmaculada Concepción de María, el 8. Se celebra en muchas partes, yo lo celebraré en La Libertad. Había una costumbre que se nos va perdiendo, el 7 por la noche, en señal de alegría con la Virgen, se encendían fogatas, se iluminaban puertas y ventanas con faroles. Quien quiera alegrarse para felicitar a María en este privilegio de su Inmaculada Concepción, allí tiene una forma folklórica, pintoresca, de hacer más bello el rinconcito de su casa.

El día de la Virgen de Guadalupe, se está promoviendo una procesión transmitida por radio para que lleve el mensaje de la Virgen. Se celebrará en el Atrio de la Basílica, una Misa de campaña.

Quiero avisarles también que en La Vega, ya se comenzó hoy, la novena de la Virgen de los Remedios. Una devoción muy bonita de San Salvador, que los invita a visitar alla a la Virgen.

Por último y de acuerdo con el Párroco de esta Catedral, Monseñor Modesto López, vamos a suprimir la Misa de 9, ya que esta Misa que es la principal de la diócesis, se prolonga hasta más alla de las 9 y estorbamos un poco a las personas que vienen a la Misa de 9. Pido perdón, tanto por quitarles la Misa como por prolongarme demasiado.

AGRADECEMOS SOLIDARIDAD

Hermanos, ya se que esta palabra para muchos es aburrida y me lo han dicho en famosos anónimos. Pero ya les di la respuesta otra vez, al que no le gusta que apague su radio o que no venga a Catedral, pero cuando yo miro la atención de ustedes y cuando comentando con amigos que sinceramente me dicen la verdad, me dicen que la ocasión lo exige, el momento de confusión, de calumnias para la Iglesia oscurece tanto el ambiente, que es necesario iluminar de una forma extraordinaria hasta donde den mis pobres alcances y mi voz, que lo hagamos. Yo les agradezco, hermanos, por muchas manifestaciones de solidaridad con esta homilía de la Catedral. Su misma presencia que llena la Catedral, para mí es un motivo poderoso de estímulo y pensar que junto a esta muchedumbre de la Catedral que expresa atenta su aceptación, muchas comunidades en parroquias, en sus campanarios ponen las bocinas para que el pueblo oiga, o en ermitas humildes, reunidos en comunidad, meditan después, la graban y se quedan meditando qué más pueden aprender de lo que oyeron.

EXTREMOS QUE ESTORBAN LA NAVIDAD

Yo no dudo, hermanos, que no soy más que el humilde instrumento del Señor, »dichosos aquellos, decía Cristo, que no se escandalizan de mí. Porque ahora, hermanos, el mensaje de este domingo de Adviento es precioso. Para iniciarlo, yo tengo aquí unas palabras del Concilio que ponen la importancia de esta palabra ahora. Fíjense si no está reflejado aquí lo que está pasando en la conciencia de cada uno de nosotros. El Concilio, al hablarle al mundo de hoy, dice asi: «Los desequilibrios que fatigan al mundo moderno, están conectados con ese otro desequilibro fundamental, que hunde sus raíces en el corazón humano. Son muchísimos los que atados por el materialismo práctico, no quieren saber nada de la clara perfección de este dramático estado. O bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo.» Ven los dos grandes males de hoy: el vivir tan cómodos, tan instalados, tan rico, que prácticamente son materialistas, no tienen tiempo, no les importa analizar la situación dramática del país y de su propia conciencia, están muy a gusto en sus jaulas de, oro. Y por otra parte, la demasiada miseria no deja tiempo para ponerse a considerar. ¿Qué tiempo va a tener el pobrecito que está pensando hoy a ver si mañana encuentra trabajo y mañana muy de madrugada con su alforja sale a buscar trabajo y en vez de trabajo tal vez encuentra la prisión, el desaparecimiento. Los dos extremos estorban a esta hora de Navidad. Ninguno de los dos deja ver el Cristo que viene.

LIBERACIONES QUE NO PIENSAN EN DIOS.

“Otros”, dice el Concilio. Y fíjense bien, también en ésto, para que no confundan a la Iglesia con el comunismo. . Esta es la ilusión de unas liberaciones que no piensan en Dios sino que todo lo hacen consistir en la revolución, en las fuerzas de la tierra y es también el error de otro ateísmo práctico, porque el materialismo, el que encuentra su felicidad en las cosas de la tierra, tampoco tiene tiempo de ver a Dios y cree que aquí puede encontrar su paraíso en la tierra. Tampoco encontrarán paraíso ni lo podrán construir, con leyes de represión. No se puede construir un mundo mejor sólo con los brazos humanos. La insolencia de quienes piensan que la existencia carece de toda significación propia y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo a su vida. Esta es otra tentación de hoy. Hay muchos, entre los jóvenes, la filosofía del nihilismo: si no tiene razón de ser la existencia, ¿para qué vivimos? Y se acaban por pegar un tiro, por meterse veneno. La vida no tiene sentido.

¿EN QUIEN DEBE ESTAR NUESTRA CONFIANZA?

A todas estas respuestas falsas de la situación dramática del momento ¿qué dice la Iglesia? El Concilio resume asi mi homilía: «Cree la Iglesia que Cristo muerto y resucitado por todos, dá al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo, a fin de que pueda responder a su máxima vocación y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad, otro nombre en el que se puede salvar, fuera del nombre de Jesús. Igualmente cree la Iglesia que Cristo es la clave, el centro y el fin de toda la historia humana». Este es adviento, esta es mi palabra de hoy. Es Isaías que vuelve a clamar, mientras veía que su Reino de Judá, ante las amenazas de Asiria poderosa, trataba de aliarse con Siria y con Israel del Norte y después con Egipto. El profeta le dice: No ves que todo eso es traición, a la alianza del Señor. ¿Quieres tú poner tu confianza en los ejércitos? ¿Quieres tú decir que sin ejército no hay Judá, que sin ejército no hay república? ¿Quieres tú pensar que las fuerzas de los hombres son las que van a salvar la situación de Judá?. ¿No te estás dando cuenta que el mal está mucho más hondo? Los hombres comienzan a apostatar de su Dios, se está estableciendo la injusticia en tu pueblo, hay atropellos, todo eso es lo que estorba, conviértanse al Señor y verás entonces cómo brota un nuevo retoño de la casa de Jesé. ¿Saben quién era Jesé? Jesé era el Papá de David, David, el rey escogido por Dios para formar de él una dinastía de la que nacerá el Rey eterno: Cristo.

LA NAVIDAD QUE QUIERE LA IGLESIA

Cuando Isaías vivía, esta dinastía de Jesé estaba acabando su esplendor. Parecía un tronco seco, como un árbol que se ha muerto. Y el profeta dice:
. Oigan que descripción más bella la que escucharon hoy: Y sigue una bella descripción. Viendo este trastorno de las fieras en la selva, como una imagen poética, dice que cuando el pueblo se convierta a Dios y pongan los hombres su confianza más en Dios que en los ejércitos de la tierra, en las leyes injustas de los hombres, sucederá ésto: habitará el lobo con el cordero». Y sigue describiendo eso que parece imposible, que una pantera se tumbe con un cabrito; que un novillo coma zacate junto con un león; que un muchacho meta el dedo en la cueva de la culebra y no le pase nada. Son imágenes para decir, hermanos, que ahora el mundo parece una selva donde los hombres somos fieras para otros hombres, nos golpeamos, nos mordemos, nos comemos, pero cuando nos convirtamos, cuando dejemos que entre el Reino de Dios a nuestros corazones, no habrá lobo para el lobo, no habrá león para el corderito, seremos todos: ricos y pobres, hermanos que comeremos juntos, sentiremos la paternidad del Reino de Dios. Esto es la Navidad que quiere la Iglesia.

LA HORA DE LA IGLESIA AUTENTICA

En la segunda lectura, San Pablo también nos habla de una separación que mata hoy a los hombres, en tiempos en que él escribía, los judíos y los gentiles. Cristo ha venido por todos dice Pablo; Primero por los judíos porque asi estaba prometido; y para ser obediente a los proyectos de Dios su misión se desarrolla en Palestina, en la tierra Santa pero cuando sus apóstoles comprenden que los judíos, los israelitas, el pueblo predilecto, en vez de arrepentirse y convertirse a Dios, ha hecho de su religión una falsa confianza como si no le va a pasar nada se convierten a los gentiles Y Cristo salva también a otros pueblos gentiles que creemos en Dios y junto con los judíos fieles hacen el solo pueblo de Dios Por eso en el Evangelio, cuando San Juan Bautista se presenta hoy ante las turbas que se acercaban para su bautismo, encontró él también a los fariseos. Y a los fariseos y ellos les dice una palabra dura: “Raza de víboras, ¿quien os ha enseñado a huir de la ira del día del Señor? ¿Hipócritas, han apartado del Reino de Dios al pueblo que debía conocer ya al Cristo que viene. Y por ustedes, dirigentes del pueblo, -dirigentes religiosos, porque también los sacerdotes podemos cometer errores- dirigentes políticos -que también pueden cometer errores-el pueblo que debía ser dirigido por Uds. Al encuentro de Dios, se ha apartado de Dios y ha hecho una religión falsa, de exterioridades, de hipocresías.” Esta es la hora, hermanos, de los profetas, de la Iglesia auténtica, de los que creen que se salvarán porque creen que son hijos de Abraham. No, les dice el Bautista. Si Dios es tan poderoso que hasta de las piedras puede hacer hijos de Abraham. Si ustedes que eran hijos de Abraham se han hecho piedras por la dureza de sus corazones, no entrarán en el Reino de los Cielos si no se convierten de corazón.

Y la comparación del Bautista es hermosa: “Ya el hacha está puesta al tronco del árbol, ya comienza Dios a cortarlo, ya estamos en la última hora de la historia. Conviértanse porque el Reino de Dios está cerca. Y el Hijo del Hombre que viene detrás de mí, que es más grande que yo, yo no soy digno ni siquiera de llevarle sus sandalias, ya está como hacen los segadores, sacudiendo sus trigales, con el viento zarandeando, para que la brisa se lleve las brozas y quede el trigo de las buenas obras». Buenas obras, corazones cristianos, verdadera justicia, caridad eso es lo que busca Dios en la religión. Una religión de misa dominical pero de semanas injustas, no gusta al Señor. Una religión de mucho rezo pero con hipocresías en el corazón, no es cristiana. Una Iglesia que se instalara sólo para estar bien, para tener mucho dinero, mucha comodidad, pero que olvidara el reclamo de las injusticias, no seria la verdadera Iglesia de Nuestro Divino Redentor y por eso tiene que padecer, tiene que sufrir, tiene que ser perseguida porque muchos no comprenderán, instalados en sus comodidades, aún sacerdotes, pueden ser el estorbo de este auténtico Reino del Señor.

HOMBRES NUEVOS

Cristianos, esta es la palabra que la iglesia vuelve a repetir en las cercanías de la Navidad: «No habrá un continente nuevo en América Latina con sólo cambiar estructuras, con sólo dar leyes, con sólo reprimir por la fuerza. Eso es sembrar más la dificultad. Sólo puede haber un continente nuevo, un pueblo nuevo, con hombres nuevos. Como San Pablo nos dice hoy, renovándose desde dentro, vistiéndose a Cristo, convirtiéndose como dice Juan Bautista e Isaías el profeta.

HAY ESPERANZAS

Aquí tenemos, hermanos, y yo siento la alegría inmensa de que mi palabra, esta mañana, en la misma línea de siempre, ha encontrado el respaldo del profeta Isaías, de Juan el Bautista, de San Pablo, del mismo Cristo, de la Iglesia auténtica que no puede perecer mientras se apoye en el auténtico espíritu del Evangelio. Y despertar en todos ustedes, hermanos salvadoreños, también en los pesimistas, también en los terroristas, también en los devotos de la represión, también en los que instalan leyes groseras contra el pueblo, a todos ustedes hermanos, cristianos y no cristianos, católicos y no católicos, la palabra de una Iglesia que desde Cristo dice que hay esperanzas, que El Salvador puede salvarse, que El Salvador si abre su corazón como indica Isaías, el Bautista y la Iglesia, a la conversión, al amor, a la justicia, al verdadero bienestar, encontrará la paz.

Yo les invito, hermanos, a que hagamos de esta temporada de Adviento, como una preparación para el nacimiento del Niño Jesús, una revisión sincera a nuestro propio corazón, y depongamos de allí, todo aquello que estorba a la venida de Jesús al Mundo, porque todos estamos estorbando. Comencemos por preparar los caminos en el desierto y florecerá el tronco seco y las piedras se convertirán en hijos de Dios y los salvadoreños que nos hemos hecho fieras unos con otros, conviviremos la alegría de ser hermanos hijos de Dios. Así sea.

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A las Madres por sus hijos desaparecidos


lo. de Diciembre de 1977.

FAMILIARES DE LOS DESAPARECIDOS, EN ESTA MISA DE LA DIVINA PROVIDENCIA, SON EL CENTRO DE NUESTRAS PLEGARIAS.

Queridos hermanos sacerdotes que concelebran esta Eucaristía para implorar la misericordia de Dios y el consuelo de tantos corazones, queridos fieles que en esta ocasión se solidarizan con las angustias de estas familias y con el misterio de la iniquidad que hace desaparecer gente de la sociedad:

LA MADRE DE LOS MACABEOS

Las tres lecturas que se han hecho, han sido escogidas para esta circunstancia. La primera es el ejemplo heroico de aquella madre de 7 hijos, que en tiempo de los Macabeos fue llevada con sus 7 retoños para ofrecerlos en holocausto ante un tirano que pedía adoración, como si fuera un ídolo, pero que la madre y los valientes hijos, hasta el más chiquito, se enfrentaron para defender el derecho de Dios y decirle al autor de aquel crimen que ellos entregaban con gusto la vida, ante el Dios que les había dado la existencia, con la seguridad de que ese Dios, les devolvería la vida a todos aquellos que la entregan sin miedo en defensa de sus divinos derechos. Y asi murieron los 7, confesando la primacía de Dios, la rebeldía ante los hombres, cuando quieren atropellar los derechos de Dios y de las imágenes de Dios que son los hombres.

NUESTRA DEBILIDAD Y NUESTRA FUERZA

La segunda lectura es del apóstol San Pablo, ese cristiano valiente que siente, como hombre, la debilidad humana, pero que siente por dentro, la fuerza de la fe, de la esperanza que Dios dá a quien confía en él. El espíritu nos anima nuestra debilidad. Y dice esta hermosa frase que yo quisiera que las madres de familia de estos seres por quienes estamos orando hoy, la grabaran como un lema de su vida: .

NADIE HA SUFRIDO COMO ELLA

Y la tercera lectura que nos presenta a la que yo quisiera que fuera el modelo de estas madres afligidas: María, con su hijo presentándolo en el templo y oyendo de un profeta el destino sangriento de aquel hijo: . Yo siento que estas madres son madres dolorosas con el corazón traspasado. Pero aqui hemos querido tener también en esta ceremonia a la Virgen María, precisamente en el misterio de la Presentación.

Esta imagencita que después de la Misa van a venerar con cariño las madres y todos ustedes, queridos fieles, es la primera imagen de María que llegó a nuestra Patria, se venera como una gran reliquia que estaba en la Iglesia de San José y ahora será venerada en una nueva parroquia, pero es el tesoro más grande, no precisamente la imagen, sino la confianza en esa madre que le puede decir a todas las madres que sufren, que nadie ha sufrido como ella porque ninguna de ustedes, madre, ha llevado durante toda su vida, una profecía como la llevó María, desde que su niño se acunaba en sus brazos. Ninguna de ustedes, madres, ha oído en los albores de la vida de sus niños, a un profeta que les anunciaba el fin desgraciado, sangriento de sus hijos, porque si una madre como María oye en la infancia de su niño que va a morir trágicamente y que por él su corazón de madre será traspasado por una espada, hermanos, toda la vida de esa madre es calvario y es sufrimiento.

María. Pues, es el modelo de las madres que sufren porque ninguna madre ha llevado durante toda su vida la espada de la incertidumbre, esperando la hora en que la tragedia se hizo tan dura realidad en el Calvario. Entonces, yo creo que esta misa que estamos ofreciendo con un sentido netamente religioso, nadie le vaya a dar a esta misa, un sentido de profanación. No hemos venido como se nos ha acusado en tantas campañas calumniosas, a celebrar una misa-mitin. Este es un sarcasmo, querer unir esas dos palabras. Ir a misa no es mitin por naturaleza, la misa es plegaria, la misa es santidad de oración, la misa es sacrificio de Cristo que se aplica a una intención concreta. En este caso la Misa es el dolor de Cristo, en el calvario, junto con María su madre bendita, que se hace signo, redención, para el dolor de estas madres y estas familias.

PRESENCIA-DENUNCIA

Yo quiero ser en la presencia de estas familias que sufren, estos tres gestos de las tres lecturas, el primero es el heroísmo de aquella madre del tiempo de los Macabeos. Una denuncia valiente, la presencia de aquella mujer frente al tirano, era una denuncia. Su misma presencia de madre exhortando a sus hijos a morir antes que traicionar su devoción a Dios, es una presencia que está clamando contra todos aquellos que quieren arrebatar los derechos de Dios y constituirse dioses de la tierra, señores de la vida de los hombres. Nadie como una madre puede comprender lo que vale un hombre, cuando ese hombre, sobre todo, es su propio hijo» ¿ por qué me lo torturas? ¿por qué me lo desaparecen?» Y la presencia de una madre que llora a un desaparecido, es una presencia-denuncia; es una presencia que clama al cielo; es una presencia que reclama a gritos la presencia de su hijo desaparecido.

Como María al pie de la cruz, toda madre que sufre el atropello de su hijo, es una denuncia. María, madre dolorosa, frente al poder de Poncio Pilatos que le ha matado injustamente a su hijo, es el grito de la justicia, del amor, de la paz, de lo que Dios quiere, frente a lo que Dios no quiere, frente al atropello, frente a lo que no debe ser.

Esto es lo que significa esta presencia, hermanos, y esto no es política, esto es la voz de la justicia, esto es la voz del amor, esto es el grito que la Iglesia recoge de tantas esposas, madres, hogares, desamparados, para decir: . Es el grito contra el pecado. Y ésto es lo que está haciendo la Iglesia, gritando contra el pecado que se entroniza en la historia, en la vida de la Patria para decir que no reine el demonio, que no reine el odio, que no reine la violencia, el temor terror; que reine el amor, que reine la paz de los hogares, que vuelva a la tranquilidad lo que ha sido causa de intranquilidad.

TENGO LA CONCIENCIA TRANQUILA

Y en segundo lugar, queridos hermanos, la segunda lectura de San Pablo a los Romanos, les decía a estas madres queridas que sufren, sea el lema de su vida y yo quisiera, hermanos, porque cuando la Iglesia toma ese tono de denuncia, no es con resentimiento sino desde el Evangelio clama para que se conviertan los pecadores. Yo tengo la conciencia muy tranquila de que jamás he incitado a la violencia. Todos esos campos pagados y esas calumnias y esas voces de radio gritando contra el obispo revolucionario, son calumnias porque mi voz no se ha manchado nunca con un grito de resentimiento ni de rencor. Grito fuerte contra la injusticia pero para decirle a los injustos: CONVIERTANSE. Grito en nombre del dolor, pero que sufren la injusticia, pero para decirle a los criminales: CONVIERTANSE, no sean malos.

NO, AL ODIO Y LA VIOLENCIA

Es ésta la voz de San Pablo también hoy, para el que busca a Dios, para el que ama a Dios, todas las cosas cooperan para el bien. Queridas madres, no se vayan a dejar seducir ustedes por la voz de la violencia. No dejen que se anide en el corazón de ustedes, la serpiente del rencor, que no hay desgracia más grande que la de un corazón rencoroso, ni siquiera contra los que torturaron a sus hijos, ni siquiera contra las manos criminales que los tienen desaparecidos. No odien. Oigan a San Pablo y a Dios que les dice en esta mañana, que si hay amor a Dios en el corazón, todas esas injusticias se convertirán en bien para ustedes.

COMO LUCHAR CONTRA EL TERROR.

En ésta hora, hermanos, en que la liberación es tomada por muchas voces de hombres, la Iglesia también grita liberación pero no en el tono de odio ni de venganza ni de lucha de clases, porque eso no construye. Estamos de acuerdo en que debe de haber una lucha contra el terror, no debe de implantarse el terror en nuestra patria. Pero un terror no se quita con otro terror. Una mala voluntad no se mata con otra mala voluntad. El odio no siembra nada bueno. Por eso, la Iglesia está de acuerdo en las campañas contra el terror, con tal que se siembre esa campaña con amor, que busque la conversión de los malos; que castigue a los rebeldes, cualquiera que sea, aunque sea la mano armada, tiene que ser juzgada si ha cometido un crimen, y tiene que reclamársele castigo contra aquel que ha hecho el mal y no se convierte hacia el bien.

Pero desde el punto de vista cristiano, la voz de la Iglesia les dice a los oprimidos, a los que sufren, a los torturados, a los desaparecidos, a los muertos criminalmente, a las madres que sufren, a los hogares, a los marginados, a los que sufren injusticia, a todos ellos les dice estas palabras: Amen a Dios. Amen a Dios que al que ama a Dios hasta esas opresiones se convierten en bien. Miren a Cristo crucificado, la figura del oprimido más grande, la del hombre que sufre la injusticia más criminal de la tierra, la del inocente que muere en una cruz y mira a su propia madre hundida en el dolor de una injusticia y desde allí clama: . Y desde su dolor, injustamente sufrido, se convierte en el Redentor de los hombres.

EL DOLOR EN LA VIDA DE LA IGLESIA

Hermanos, en esta hora Cristo Redentor necesita dolor humano, necesita el dolor de esas santas madres que sufren, necesita la angustia de esas prisiones donde hay torturas. Dichosos los escogidos para continuar en la tierra la gran injusticia de Cristo que sigue salvando al mundo. Convirtámosla en redención. Esta hora, para mí, hermanos, es una hora bendita, porque yo estoy como inyectando, el dolor de esas madres a la vida de la Iglesia. Este ofertorio que va a seguir ahora, en que el pan y el vino representan la prisión, la angustia, el dolor de tantos meses sin saber de sus hijos, se va a convertir en el dolor de Cristo en el calvario, en nuestro altar. Y yo les aseguro que este día, ese dolor santo de tantos hogares que sufren orfandad injusta, es también dolor que alimenta, que inyecta de vida, de amor de Dios, a esta Iglesia que está predicando esperanza, que está predicando que no nos desesperemos, que tendrán que venir los días de la justicia, los días en que Dios triunfa sobre la iniquidad humana, la iniquidad infernal de los hombres.

MARIA, SIMBOLO DEL PUEBLO QUE SUFRE

Y por eso, hermanos, la tercera lectura, y donde el profeta le dice a María: “Vas a ser víctima de una injusticia, vas a sufrir mucho, pero este niño será la salvación del mundo». Aquí está el secreto, hermanos, el dolor es inútil cuando se sufre sin Cristo pero cuando el dolor humano continúa el dolor de Cristo, es dolor que sigue salvando al mundo, es dolor como el de María: sereno, lleno de esperanza, aún cuando todos desesperaban en la hora en que Cristo moría en la cruz, María serena, espera la hora de la Resurrección. María, hermanos, es el símbolo del pueblo que sufre opresión, injusticia, porque es el dolor sereno que espera la hora de la Resurrección, es el dolor cristiano, el de la Iglesia que no está de acuerdo con las injusticias actuales, pero sin resentimientos esperando la hora en que el Resucitado volverá para darnos la redención que esperamos.

DOLOR Y RESURRECCION

Hermanos, la Iglesia no es ilusa, la Iglesia espera con seguridad la hora de la redención. Esos desaparecidos, aparecerán. Ese dolor de estas madres se convertirá en Pascua. La angustia de este pueblo que no sabe para donde va, en medio de tanta angustia, será pascua de resurrección si nos unimos a Cristo y esperamos de él. Los hombres no podemos construir la liberación de nuestra tierra. Los salvadoreños con nuestras propias fuerzas humanas, somos incapaces de salvar a nuestra patria, pero si la esperamos de Cristo el Redentor, sí, y esta es la esperanza de la Iglesia. Por eso predico, hermanos, mucha fe en Jesucristo, mucha fe en Cristo que murió para pagar todas las injusticias y resucitó para sepultar en su tumba toda la maldad y volverse redención de todos los que sufrieron y se hace esperanza y vida eterna.

Bendita sea esta hora en que junto a las madres afligidas, la Madre Iglesia quiere sembrar en el corazón de sus hijos, la esperanza, la tranquilidad, la serenidad. Esta es la voz de la Iglesia, hermanos. Yo no soy pesimista y le pido a todos los hijos de la Iglesia que no sean pesimistas, que sean optimistas pero que pongan ese optimismo en Cristo, el único que nos puede salvar, en Nuestro Divino Salvador y en su madre bendita que junto con él, son los protagonistas de la redención del mundo y serán sin duda, la redención, la alegría que retorna a los hogares y a los corazones afligidos.

OPTIMISMO Y FE.

Vamos a celebrar, pues, esta Misa con este tono de optimismo, de serenidad, de fe. Nada de resentimientos ni de rencores, amar a Dios con todo el corazón, aún cuando nos esté sucediendo lo peor de la historia, amarlo, porque los que aman a Dios, todas las cosas cooperan en bien. Y Cristo, el amor que se hace víctima en el altar, va a darnos una vez más en esta mañana, en esta Misa de la Divina Providencia, ofrecida por intenciones tan santas como son las de las madres cariñosas que lloran a sus hijos desaparecidos, la de los hogares huérfanos, de tantas víctimas de la injusticia actual. Y junto con esas víctimas santas, también, porque el dolor santifica, aunque sea un criminal, no es derecho darle tortura. Santifica el dolor, acerca a Dios, acerquémonos hermanos, por más pecadores que nos sintamos a la víctima divina del Calvario que se hace presente en nuestro altar, para pedirle que su sangre caiga como lluvia de bendición y de consuelo sobre tantas necesidades de nuestra Patria. Ahora nos ponemos de pie para hacer una oración según las intenciones de este momento y una madre de familia es la que va a expresar esta plegaria.

Vengo a suplicarte llena de fe ante Vos, a pediros tengáis misericordia de nuestra hija Lil Milagro y aceptes recobre su libertad lo más pronto posible. Asi también te pido por todos los demás reos políticos Dios de Amor, Virgen Clementísima, oye nuestra plegaria! Roguemos al Señor.

Te rogamos Señor, óyenos.

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La Iglesia de la Esperanza

Santa Catalina de Alejandría,

25 de Noviembre de 1977

Apopa
Lecturas:
Isaías 2,1-5
Romanos 13, 11-14
Mateo 24, 37-44

Nos invita hoy el apóstol en la segunda lectura a que nos demos cuenta del momento que vivimos. Qué hermosa exhortación para decirles, hermanos, que el momento litúrgico, el paso de este domingo de la Iglesia, marca su año nuevo: primer domingo de Adviento. El sacerdote viste ornamentos morados, señales de un llamamiento a penitencia para prepararnos a la venida del Señor. Color morado que también en el Oriente significa opulencia, riqueza de la gracia de Dios que se ofrece en esta hora, a aquellos que esperan, como cuando uno tiene hambre, la venida del Señor.

EL AÑO LITURGICO

Es un domingo de esperanza, es una temporada, pues, que comienza hoy con la preparación de Navidad. Se llama Año Litúrgico toda esta peregrinación espiritual que comenzamos hoy y que pasando por la Navidad y por la Epifanía presentándonos la gran verdad de un Dios que se hizo hombre para salvarnos, sigue recorriendo el año con las enseñanzas de su evangelio, de su mensaje. Y se detiene atónita y contemplativa la Iglesia, después de las preparaciones de Cuaresma, ante su Cristo muerto en la cruz el Viernes Santo y resucitado al tercer día, la gran temporada de Pascua, durante 50 días cantando aleluyas para grabar en la mente del Cristiano, que su Cristo vive.

Y en Pentecostés, 50 días después de la resurrección, el Espíritu Santo que Cristo ha prometido, que él compró con su sangre divina, se desparrama sobre esta Iglesia que desde entonces comienza su peregrinación.

LITURGIA QUE ES PRESENCIA

Veinte siglos de esta historia. Año con año la Iglesia retorna a esa fuente. Y al presentar cada año este despliegue de los misterios redentores de Cristo, durante el Año Litúrgico, no es simplemente un recuerdo. Yo quisiera, hermanos, que quedara bien clara esta idea. La celebración litúrgica no es una memoria que se hace, como cuando celebramos el 15 de septiembre; ese mismo día en 1821. Que ya quedó atrás, sino que la liturgia es presencia, dice el Concilio Vaticano II, yo copié para ustedes esta frase: «En el ciclo del Año Litúrgico, la Iglesia desarrolla todo el misterio de Cristo conmemorando asi los misterios de la redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que se hacen presentes, en todo tiempo, para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación». Así como los israelitas cuando conmemoraban al celebrar la pascua, su salida de Egipto, aunque habían pasado los años y los siglos, los padres y abuelos en la reunión de familia decían: , es un presente, es la liturgia, ese es el sentido litúrgico de la Iglesia, hacer presente hoy, en este 27 de noviembre de 1977, la expectativa del Viejo Testamento, el Cristo que llega a cumplir esas promesas.

ILUMINADORA DE LAS REALIDADES

Nosotros estamos ahora presentes a ese misterio, para que toda persona cristiana de buena voluntad, entre este domingo en contacto personal con ese Cristo que vino hace 20 siglos; pero que sigue viniendo por el misterio de la Iiturgia de la Iglesia. Esta es la Misa de cada domingo, y las festividades litúrgicas del Año, la fiesta del 6 de agosto en nuestra Catedral, son presencias del misterio de Cristo. Qué hermoso sería que viniéramos asi a nuestra Iglesia y entonces si, tiene sentido este noticiero que yo comienzo en mis homilías, no simplemente por satisfacer curiosidades sino para decirles que esta hora, de este domingo, la celebración litúrgica, Cristo presente en nuestra Catedral o en las ermitas donde están reflexionando con nosotros, ilumina estas realidades salvadoreñas y las realidades familiares y las realidades íntimas de cada uno de nosotros. No podemos segregar la Palabra de Dios de la realidad histórica en que se pronuncia, porque no sería ya Palabra de Dios, sería historia, seria libro piadoso, una Biblia que es libro de nuestra biblioteca ; pero se hace Palabra de Dios porque anima, ilumina, contrasta, repudia, alaba, lo que se está haciendo hoy en esta Sociedad. Por ejemplo: no son más que ejemplos, cada uno de ustedes tiene mil cosas más que podrían enumerarse aqui, y es bueno que las iluminen con la palabra de este domingo.

SALUDO A LOS JOVENES

Queremos expresar un saludo de hospitalidad a todos los deportistas, los jóvenes de Centro América que se encuentran en esta Segunda Olimpiada Centroamericana. Ojalá captáramos en estas horas de desconcierto, esa voz juvenil que nos llama a la unidad y a la paz. El deporte es un mensaje. Yo alabo esta verdadera hora de anuncio de Dios a través de ese mensaje del deporte en nuestra ciudad y en nuestra República. Sean bienvenidos, pues, los jóvenes de Centro América y que El Salvador haga honor a su tradicional hospitalidad.

CARACTERISTICAS ESENCIALES DE LAS LEYES, SEGUN SANTO TOMAS DE AQUINO

Ha llenado los comentarios de toda clase de gente, estos últimos días, la publicación de la Ley de Orden Público. No soy experto en leyes, no soy abogado pero yo invito a los abogados que hagan honor a sus conocimientos jurídicos y den su juicio también sobre la Ley, porque las leyes, yo como Pastor, quiero iluminar una doctrina clásica, teológica de lo que debe ser una Ley. Yo, pues, no me meto en la técnica jurídica, aunque he oído algunos abogados encontrar pecados jurídicos en esa Ley, toca a los abogados hacer honor a su profesión y ver si se nos ha dado una verdadera ley técnica o no. Pero desde el punto de vista teológico, sacerdotal, iluminador de la Palabra de Dios, si tengo el derecho y el deber de iluminar este acontecimiento de nuestra Patria. Y voy a sacar una página de nuestro máximo teólogo, Santo Tomás de Aquino en su Prima Secunde, la Suma Teológica de Santo Tomás tiene una parte que se llama de Primera de la Segunda parte , la cuestión 90 estudia la ley y la define asi: ‘. Es breve y aquí encontramos cuatro elementos de la verdadera Ley. Prescripción de la razón, , quiere decir que no debe ser fruto de la arbitrariedad o del capricho. Ya los paganos distinguían este elemento racional de la ley, del elemento caprichoso del dictador que dice el famoso dicho: , quiere decir, . Esto no es racional. El hombre se rige por la razón, no por la arbitrariedad y el capricho. Por eso la primera característica de una ley tiene que ser racional, ordenación de la razón.

Segundo, encaminada a conseguir un auténtico bien común. No es el provecho de un gobernante o de un grupo privilegiado el que arranca una Ley para seguir oprimiendo, reprimiendo, sino que tiene que ser el bien común el que se busca, que todos vean en esa ley que se ha procurado la felicidad, el bien, la libertad, la dignidad de todos los hombres: ricos y pobres.

Tercer elemento, . O sea que el que dicta la Ley, tiene que sentirse mandatario de la comunidad, ya que la comunidad entera no puede darse las leyes sino que nombra un representante, una Asamblea Legislativa, esos legisladores, esos gobernantes, tienen que sentirse eco de la comunidad porque sólo si es eco de la comunidad tiene fuerza de Ley.

Y por último, cuarto elemento, que . La ley es una medida y la medida sólo tiene eficacia cuando se aplica al objeto que se mide. Por eso si la Ley es para el bien de una sociedad, tiene que promulgarse, darse a esa comunidad que la conozca, que la analice, que la acepte y entonces es Ley. Sólo entonces puede decirse que una Ley dada por los hombres, es reflejo de la Ley Natural y sólo la Ley Natural es fuente de toda Ley.

Por eso San Agustín en otro artículo dice esto: «La ley que no es justa, no debe llamarse ley. La fuerza de la ley depende del nivel de su justicia y tratándose de cosas humanas, su justicia está en proporción con su conformidad a la norma de la razón. Pues bien, la primera norma de la razón es la Ley Natural, por consiguiente, toda ley humana tendrá carácter de ley en la medida en que se derive de la Ley de la Naturaleza. Y si se aparta de un punto de la Ley Natural, ya no será ley sino corrupción de la Ley.» La ley natural, la que llevamos escrita en el corazón, nos dicta muchos derechos, por ejemplo: derechos de agrupación, derecho a la libertad, derecho a defendernos en juicio, derecho a no ser torturado para que le saquen la ’. Si todas estas leyes naturales quedan pisoteadas por una pseudo-ley, Santo Tomás dice claramente: .

CUATRO FUNCIONES DE LA LEY

Santo Tomás analiza también cuales son los cuatro actos de la ley. En función a los actos humanos que son su objeto, regular los actos humanos de una sociedad, primero dice: ; 2o.) Prohibir los actos pecaminosos; 3o.) Permitir los actos indiferentes; y 4o.) Castigar para inducir a la obediencia de una ley justa. Estamos de acuerdo entonces que una ley estimule la virtud, prohíba las injusticias de todos. Hemos dicho muchas veces que existe en Latinoamérica una injusticia que ya se hizo institución y si una ley no tiene en cuenta esa injusticia que hay que ordenar, es injusta. No debe de ser el eco de esa clase que está instituyendo una opresión, sino que tiene que ser también el eco de esa clase que está recibiendo la represión, la opresión. Solo entonces, cuando premien lo bueno de los de arriba y de los de abajo y cuando castigue lo malo de los de abajo y de los de arriba, sólo entonces será Ley Justa.

MICROFONOS DE DIOS

Por su parte, la Iglesia, al terminar el Sínodo de los Obispos, el Papa mismo dijo: -allí en ORIENTACION en la palabra del Arzobispo, pueden leer las frases del Papa y de los Obispos reunidos en el Sínodo- que denuncian el atropello de ciertos gobiernos que no dejan libertad a la Iglesia para proclamar su mensaje integral. La iglesia, pues, podrá ser callada por la fuerza. Dios quiera que no nos vayan a quitar estos micrófonos que tanto bien nos están haciendo, pero si un día desapareciera por la fuerza la voz de la Iglesia, hermanos, hay algo que no se puede callar, la conciencia de un pueblo que lleva como micrófono de Dios, la obligación de proclamar aunque no haya emisoras, a todas partes, la libertad del mensaje de Cristo para promover los hombres para hacerlos verdaderamente Hijos de Dios. Si un día no tuviéramos la dicha de entendernos como ahora estamos, queridos hermanos, a través de la radio, allá en regiones lejanas, no importa, yo desde ahora digo a cada católico que trate de ser un eco fiel, de su vida, su palabra, como se los acabo de decir en Apopa, ante su patroncita, Santa Catarina de Alejandría; mártir, quiere decir testigo. Cada católico tiene que ser un mártir, un testigo del mensaje que Dios tiene que proclamar libre, ante los hombres.

MADRES DE CAPTURADOS Y DESAPARECIDOS

Otra noticia que ilumina hoy la palabra de Dios y es esperanza. Se ha creado una Asociación de Madres de Capturados y Desaparecidos. Así como les dije un día de los diez leprosos que se unen en su dolor, las madres que sufren esta angustia indecible, indefinida, tienen derecho a agruparse para consolarse, para ayudarse, para ver ¿que hacen por sus hijos? Yo las felicito y lamento que la prensa haya rechazado esta noticia. ¿Por qué será tan miedosa nuestra prensa? Esta Asociación de Madres de Desaparecidos va a celebrar aquí en Catedral, el próximo jueves lo. de diciembre, día de la Divina Providencia, al mediodía, a las 12, la misa votiva por sus hijos y por su consuelo. Con mucho gusto celebraré esta Misa, solidarizándome una vez más con esta justa Asociación del dolor.

Tengo también otras denuncias. Nos ha extrañado mucho la captura del Lic. César Valle, mientras estaba trabajando en nombre de Vivienda Mínima para llevar 26 familias que allá en Colima, están ya llegando a la inundación del Cerrón Grande y que urge instalarlas en otras casas. Vivienda Mínima les ha dado lugar allá en la Colonia de Usulután y César Valle andaba en este trabajo. La Guardia lo captura y hasta anoche todavía no sabíamos más que estaba en la Guardia Nacional. Ojalá se comprenda que se está trabajando por el bien del pueblo, ¡que no se estorbe – si quiera.!

También hay una denuncia de una profesora migueleña, Iris Idalia Portillo de Arévalo, que encontró torturado a su hijo en el Hospital Rosales y lamenta la desaparición de su esposo Efraín Arévalo.

IGLESIA SIN TEMORES

Esta es la hora, hermanos, por donde va pasando la Iglesia en esta hora en que el Adviento nos quiere llenar de esperanza. Por otra parte, la Iglesia… Hermanos, yo quiero que cada día nos sintamos más satisfechos de ser Iglesia y que a pesar de las dificultades del ambiente, la Iglesia vaya solidificándose, haciéndose más comprensiva de su propia grandeza y de su propia dignidad. En esta semana, la Iglesia de la Arquidiócesis ha recibido satisfacciones muy grandes, por ejemplo: fui invitado como participante y observador al Séptimo Congreso Latinoamericano de Trabajadores, que se celebró en Costa Rica del 21 al 26 de noviembre. No pudiendo ir, supliqué al Presbítero, Doctor Jesús Delgado, que llevara mi representación. Y me cuenta con honda emoción, la ovación de que fue objeto el nombre de la Iglesia de El Salvador, por aquellos obreros venidos de todos los países del continente Latinoamericano y uno de ellos dijo: . Es triste, hermanos, pensar que hemos tenido la culpa porque hemos querido apoyar una Iglesia en las fuerzas de la tierra pero la Iglesia que no se apoya en su propia debilidad y en la fuerza omnipotente de Cristo, lo pierde todo.

VISITANTES RECIBIDOS

Recibí también aquí, la visita del Señor Obispo de Cleveland, Monseñor Heaky, que anda visitando a sus sacerdotes. Aquella diócesis tiene la bondad de atendernos la Parroquia de La Libertad y allá en San Miguel, la Parroquia de Chirilagua y La Unión. Le he agradecido en nombre de la Arquidiócesis, tan hermosa colaboración con sus sacerdotes norteamericanos.

He tenido también la visita de dos prominentes jesuitas norteamericanos el P. Carter y el P. Simón Smith, los cuales también han dado palabras de elogio y aliento a la posición de nuestra Iglesia.

Ayer también tuve el honor de saludar al Padre Superior General de los Pasionistas, Padre Pablo Boyle. Fue a visitar el trabajo inmenso que están haciendo en Jiquilisco, los Pasionistas y por mi parte le agradecí la obra que los Pasionistas han hecho aquí en la Arquidiócesis. Me dio mucho gusto oírlo. Venía recorriendo todos los países de la América Latina, y decir que la Iglesia en América Latina, en todos los países, pero principalmente en algunos, entre ellos El Salvador, es una Iglesia viva, es una Iglesia que dá aliento, una Iglesia que se siente verdaderamente Iglesia de un pueblo. Conservemos, hermanos, estos prestigios que son los verdaderos prestigios de la Iglesia.

También el Padre Vicario General de los de Maryknoll, P. Breen, estuvo
a visitarnos y agradecí también la colaboración que aquí hacen los PP y nos van a seguir prestando. Sobre todo pedíamos para Chalatenango y apoyamos el deseo de Monseñor Rivera, de tenerlos también en Santiago de María.

LA IGLESIA NO ES JUGUETE DE LOS PODERES DE LA TIERRA

Noticias agradables como las que tenemos con los hermanos separados. Hermanos, esta semana tuvimos una reunión con hermanos de las confesiones Bautista Episcopal e Iglesias Centroamericanas. Ellos creen que un evangelio en el cual ellos ponen su fe y la Iglesia católica también, no tiene que ser un evangelio mutilado, acomodado, desencarnado. Ellos, lo mismo que la Iglesia católica, han lamentado la instrumentalización de que está siendo objeto en estos días la Iglesia Protestante. Se les dá amplia acogida en el Gobierno, se les instala en el Estadio Cuscatlán y se hace ver que es la única iglesia que mantiene el mensaje de Cristo mientras que la Iglesia católica ya se metió a política y a comunista. O sea, una excomunión del protestantismo a la Iglesia católica. Qué hermoso es oír entonces que hay hermanos protestantes que no están de acuerdo con esa manipulación y que inspirados por el mismo espíritu de la Iglesia católica, saben que un evangelio que no tiene en cuenta los derechos de los hombres, que un cristianismo que no construye la historia de la tierra, no es la auténtica doctrina de Cristo sino simplemente, instrumentos del poder. Lamentamos que algún tiempo nuestra Iglesia también haya caído en ese pecado pero queremos revisar la actitud y de acuerdo con esta espiritualidad auténticamente evangélica, no queremos ser juguetes ni nosotros católicos, ni los verdaderos creyentes del Evangelio, aún fuera de los límites de la Iglesia, no queremos ser juguete de los poderes de la tierra sino que queremos ser la Iglesia que lleva el evangelio auténtico, valiente de nuestro Señor Jesucristo, aún cuando fuera necesario morir como él, en una cruz.

NOTICIAS SACERDOTALES

Queremos también referirnos a noticias sacerdotales. Ya regresó de Roma nuestro querido hermano Mons. Revelo. No hay cisma entre Mons. Revelo y el Arzobispo de San Salvador, hay amistad, desde mucho tiempo, y ahora también, cuando ambos cumplimos misiones muy delicadas. Ya dije a todos ustedes queridos católicos, que me ha alegrado la sensatez con que el catolicismo actúa ante estos acontecimientos que los enemigos quisieron aprovechar para separarnos. Les invité desde el principio y lo hago ahora; vamos a escuchar a Mons. Revelo, no juzguemos por adelantado, pero sepamos que es un obispo en comunión con el Papa y en comunión con la jerarquía también de la Arquidiócesis. Por tanto, nada podrá romper esta alianza y esta amistad del verdadero mensaje de Dios. Y aún cuando hubiera diferencias accidentales, que las ventilamos con toda libertad, en lo substancial somos servidores de esta Iglesia que no quiere traicionar ni al Evangelio ni al pueblo.

Para el 15 de diciembre, los sacerdotes nos vamos a reunir para evaluar nuestras actuaciones del año y proyectarnos hacia el año nuevo.

Mañana a las 5 de la tarde, en la Iglesia de San Juan, Cojutepeque, se va a conmemorar la muerte trágica, el asesinato de que fue víctima el P. Nicolás Rodríguez, allá en 1970. Ese crimen se quedó en el misterio y el Padre también sufrió una muerte anónima. Es justo que ahora, cuando recogemos el heroísmo de nuestros sacerdotes, recordemos -yo fui a recoger ese cadáver, ya estaba putrefacto- venía de una confesión, traía los instrumentos de despedir un alma para la eternidad, ministro que murió, pues, en el servicio de su sacerdocio. Honor a él, una oración especial por él mañana, a las 5 de la tarde. Nos unimos a la Iglesia de Cojutepeque.

Otro triste saldo en Quezaltepeque es, el desconocimiento, como católica de la Hermandad del Santo Entierro. Sus actitudes rebeldes, malcriadas, con la autoridad de la Iglesia, usurpadoras, merecen que la Iglesia también la desconozca, no se considere católica, aún cuando tiene Personería Jurídica Civil. Los efectos civiles, lo mismo que el templo material de Quezaltepeque, no interesa lo que interesa es la Iglesia viva, los que viven en comunión con los pastores verdaderos y el verdadero Pastor allá es el P. Roberto Vandenheneen que junto con las Hnas. Belgas han sido víctimas del atropello pero que gracias a Dios, han hecho honor a su fidelidad a la comunión con la Iglesia.

OTROS ACONTECIMIENTOS ECLESIALES

En Cojutepeque, se celebró el aniversario de la entronización de la Virgen. Qué satisfacción, 7.000 devotos de la Virgen, motivados por la palabra del P. Amado Molina y de su Párroco Ricardo Ayala, oraron por la Iglesia y sienten la confianza de que esta Iglesia amparada por una Madre tan bondadosa y poderosa como es María, no puede perecer.

Bello homenaje a la Virgen también, el de Tamanique, 21 de noviembre de la Virgen de La Paz. Allá con los PP. norteamericanos y la Hna. Juanita; he sido testigo del trabajo intenso de pastoral que allá se hace.

También de grata recordación, mi viaje a Panchimalco, el domingo por la tarde. Qué ambiente más bello ha hecho allá turismo, yo los felicito, pero más me alegro que en este ambiente tradicional, un grupo de católicos recibía la Biblia para estudiar la palabra de Dios bajo la dirección celosa del P. Pocasangre.

En Santa Tecla se preparan hoy, ayer y anteayer, seglares en un curso de Comunidades de Base, bajo la dirección del Padre Palacios.

En Ciudad Arce celebraremos hoy la bendición de la Iglesia y una anticipación de la fiesta de la Purísima.

En Apopa, tuvimos la satisfacción de ver un pueblo fiel a su fiesta patronal el 25, día de Santa Catarina de Alejandría. Felicitaciones al P. Martell.

Y en Amatepec tendremos hoy una Confirmación de gente grande, como yo quisiera que fueran todos los grupos de confirmación.

Cursillos de Cristiandad celebró un nuevo cursillo y el próximo domingo hará una concentración nacional en Santiago de María en el Colegio Santa Gema. Allá están invitados todos.

Y termino con una nota personal. Nombre fingido de una carta, Magdalena Mártir, puede sentirse satisfecha de su humilde confesión, de su arrepentimiento y de su propósito, quede tranquila. Y le agradezco también su valiente denuncia de una clínica y de un médico, aquí en San Salvador, que podíamos llamar clínica y médicos aborteros. Allí se hacen abortos. No lo digo por propaganda sino por condenación, que ésto es un crimen y no hay derecho que un médico y una clínica se dediquen a ésto.

Estos acontecimientos de la Patria, del pecado del Reino de Dios, de la Iglesia, son los que ahora, hermanos, brevemente iluminamos con las tres lecturas que han escuchado, que podíamos sintetizar en este título: La Iglesia de la Esperanza. Si, animemos nuestra esperanza. En la primera lectura miro una meta luminosa, en la segunda lectura San Pablo nos presenta un camino hacia esa meta y en el Evangelio, Cristo nos presenta la gran sorpresa a donde lleva este camino.

UNA META LUMINOSA

Isaías en la primera lectura: unos tiempos políticos y sociales tan difíciles como los que hoy vivimos aquí; un país que duda de la alianza con su Dios y quiere hacer alianza con Egipto para defenderse del poder de Asiria. Isaías que invoca el poder de Dios y llama al pueblo a confiar en ese Dios, a no traicionar la alianza. Y entonces dice una palabra de esperanza: «Esta Jerusalén asediada, temerosa, es la ciudad que Dios ha escogido. Aquí brillará su luz, aquí estará firme la casa del Señor, hacia ella concluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos y dirán: venid subamos al monte del Señor, a la casa de Dios. El iluminará nuestros caminos. De allí saldrá la ley que rija con justicia a los pueblos. Una doctrina que hará cambiar las armas en instrumentos de trabajo. Un desorden que se convertirá en paz, en justicia y en amor»’. Parecía un iluso hablando de estas cosas y me imagino, que frente a la voz del amor, del profeta Isaías, había muchos grupos violentos que querían arreglar las cosas por la espada y por la fuerza. Isaías no se cansaba de predicar su palabra de paz.

LA VIOLENCIA DEL AMOR

Esta es la meta hermanos, meta que señalaron los profetas, meta que sigue señalando la Iglesia. Los enemigos, los que tratan de que la Iglesia no hable, la desacreditan y dicen: predica violencia, predica política, comunismo, son las distorsiones del pecado. Pero quienes superando las fuerzas del mal oyen a la Iglesia auténtica, oirán siempre el eco de Isaías, el eco de Cristo, el eco de los profetas. Jamás hemos predicado violencia, solamente la violencia del amor, la que dejó a Cristo clavado en una cruz, la que se hace cada uno para vencer sus egoísmos y para que no haya desigualdades tan crueles entre nosotros.

Esa violencia no es la de la espada, la del odio; es la violencia del amor, la de la fraternidad, la que quiere convertir las armas en hoces para el trabajo. Qué hermoso llamamiento podíamos hacer aqui, hermanos, cuando el trabajo abunda en nuestras campiñas no se vaya a convertir en odios, ni en luchas ni en sangre. Desde el domingo pasado estoy clamando para que las cortas de café, de algodón y de caña, sean un canto de alabanza al Señor. No esperando leyes, sino inspirando en el amor de fraternidad que une a los dueños y a los trabajadores. Que hagamos de nuestras campiñas un himno, que haga sólo con la generosidad con que Dios nos regala sus cosechas. Esta es la meta, hacia esa paz caminamos.

UN CAMINO HACIA LA META LUMINOSA

Y la segunda lectura nos ofrece el camino para esa meta. San Pablo exhorta a revestirse de Cristo, a dejar las obras de las tinieblas: ¿Ven como la Biblia no puede condescender con el vicio, con el pecado?. Y compara al que va pasando la noche y ve que ya se acerca el día y si la noche la ha pasado en pecado, levántese, dice San Pablo, espabílese, surja de su lecho de pecado, que no lo vaya a coger la muerte levantándose del lecho del pecado. Que no lo vaya a sorprender el camino de la luz por los caminos de la tiniebla, revistáse de Cristo. Cristo es el camino. Yo soy el camino dijo el Señor.

DENUNCIAMOS TODO PECADO

Hermanos, cuando predicamos la palabra del Señor, no solamente denunciamos las injusticias del orden social. Denunciamos todo pecado que es noche, que es sombra: borracheras, comilonas, lujurias, adulterios, abortos, todo eso que es el reino de la iniquidad y del pecado desaparezca de nuestra sociedad porque sólo caminando por caminos de luz, de honestidad, de santidad, revistiéndose por dentro de Cristo, convirtiéndose, aunque haya sido uno pecador, pero convirtiéndose al Señor, sólo asi podrás caminar hacia esa meta y construir la verdadera paz.

LA GRAN SORPRESA A DONDE NOS LLEVA ESTE CAMINO

Y finalmente, hermanos, el evangelio de San Mateo nos presenta al mismo Cristo que nos exhorta con una comparación terrible. Cuando iba a acontecer el diluvio, la gente se reía de Noé que estaba construyendo un arca, lo consideraron como loco. Y seguían gozando la vida y casándose, dice el Evangelio; o sea, no esperaban que el fin estuviera tan próximo cuando comenzó a llover y el diluvio comenzó a inundar la tierra, Noé , fiel a su Dios, se salva con su familia, mientras que toda una raza pecadora queda lavada con las aguas purificadoras del Diluvio. Lo mismo sucederá, dice el evangelio, cuando venga el Hijo deI hombre.

LA HORA ESCATOLOGICA

Resulta que este tiempo de Adviento, que comienza con este domingo hasta la Navidad, nos quiere dar a entender lo que ya expliqué en domingos pasados, , los últimos tiempos. Isaías, 7 siglos antes de Cristo, anuncia que con Cristo Hijo de Dios que se hace hombre, va a comenzar la última etapa de la historia. ¿Cuánto durará? No lo sabemos, pero ya estamos en ella, nos dice San Pablo. Ahora ya estamos más cerca que cuando anunciaban los profetas. Ahora vivimos ya en la hora escatológica, porque Cristo con su encarnación y con su resurrección ha inyectado en la tierra, la última oportunidad que Dios está dando a los hombres para ser salvos. Salvación que ya comienzan en esta tierra. Salvación que quiere decir libertad. Verdadera libertad del pecado, de los egoísmos, del analfabetismo, del hambre. Libertades de la tierra que nos preparan para la gran libertad del Reino de los Cielos.

Ya Cristo resucitado, debe ser luz de los hombres que construyen la historia. Cristo tiene que ser la inspiración de todas las leyes que se dan a los hombres, no el capricho de unos poderosos sino la voluntad de Cristo que pedirá tal vez, conversión a los poderosos. La ley de Cristo es la escatología. Sólo aquellos que vivan conforme a Cristo, ya en esta vida, serán arrancados para la vida eterna. El Evangelio bajo la figura de un secuestro, nos dice esta gran verdad. Que al final de los tiempos, dice, dos hombres trabajarán, dos mujeres también trabajarán pero mientras uno es dejado, otro es asumido. Es decir, en esta tierra no se ve la diferencia, todos trabajamos, sin embargo, unos serán tomados por Dios para su Reino, otros serán dejados. Qué triste será quedarse, quedarse marginado por el Reino de los Cielos. Esa sí es marginación, los que se quedan esperando y ¿a nosotros Señor?
Y la respuesta del Evangelio en una ocasión: , es decir, no vivistes la escatología con el sentido cristiano que yo quise al venir a la tierra a encarnarme, a hacerme hombre, morir por los hombres, resucitar para darles nueva vida y darles un mensaje de liberación. Dichosos los que lo acogieron. Estos son asumidos, mientras los otros, ¿cuántos serán? No lo sabemos, pero es el misterio de la escatología Pero un misterio que lo podemos resolver a nuestro favor, comenzando ya este Adviento, preparación de la Navidad, llamamiento de penitencia, a convertirnos a Cristo a revestirnos de Cristo y poco importa, hermanos, las consideraciones humanas», cuando en las conciencias profundas se lleva la alegría de estar tratando de serle fiel a Cristo el Salvador.

VIGILANCIA: DISPOSICION ESPIRITUAL DEL ADVIENTO.

Ojalá que esta palabra, pues, de Adviento, enmarcada en una historia tan densa de esta semana, sea oída por encima de todos los murmullos de la tierra, la voz clara del Señor: “Vengo a vosotros, estad preparados como el vigilante que no espera aviso del ladrón sino que atisba, vigila porque en la hora en que menos piensa lo pueden sorprender”. Vigilancia, es la disposición espiritual que nos debe producir este hermoso tiempo de preparación a la Navidad. Cristo viene, no lo esperamos como los niños para traer los juguetes, lo esperamos como cristianos supimos que ya vino, pero que anunció desde entonces una segunda venida, para sorprendernos en el camino de la ida y cogernos allí, donde caímos muertos para entrar con él a reinar. Ya debemos reinar con él por la virtud y por la santidad.

Seamos cristianos de verdad, dignos de esta hora escatológica que va desde la venida primera de Cristo hasta la segunda, pedido último de la historia, sepamos vivirlo como quien vive algo que no es permanente sino que va de paso. No instalarse no apegarse, no perder por los bienes del poder de la tierra, los encantos del Reino de Dios que ya viene a asumirnos; como se rapta, cómo se secuestra, a una persona sin que deje rastro; asi seremos secuestrados, pero por el amor del Cristo que nos tomará para siempre en su cielo. Así sea.

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Iglesia Perseguida

Santa Catalina de Alejandría,

25 de Noviembre de 1977

Apopa

…25 de noviembre de 1977, en esta misma mañana, pues, esta rica tradición de Apopa de ver año con año reunida a su comunidad que tiene fe en Cristo, para honrar a su patrona, Santa Catalina de Alejandría. Es una circunstancia que nos invita a reflexionar en una vida que no se acaba, que vive hasta la consumación de los siglos: la Iglesia. Somos la Iglesia. Y aún cuando no estamos siempre aquí en el templo, cada uno allá en su casa, en su finca, en sus quehaceres, en su cantón, allá llevamos la fe en el corazón. Y llegado este momento u otra circunstancia de la vida de la Iglesia como vida espiritual que está en este mundo, nos reunimos y damos este espectáculo que estamos dando esta mañana. Esto nos invita a reflexionar, y vamos a reflexionar, hermanos, después de haber escuchado la palabra del Señor, que nos habla de una supervivencia sobre la muerte, de un valor que flota por encima de las persecuciones, de un triunfo que cada vez es más grande en la medida en que quieren deshacernos. Es que contra Dios no se puede, y la vida de Dios va animando esta Iglesia santa, que es la esposa bella de nuestro divino Redentor.

¿Quién le iba a decir a aquélla joven del siglo III, Catalina de Alejandría, que su nombre no se iba a quedar sólo allá, en el cariño de su familia y de sus conocidos, en aquella ciudad de sabiduría, donde se daban cita grandes filósofos, grandes teólogos? La escuela de Alejandría es famosa en la historia. Allí se dieron cita las filosofías más profundas de Grecia. Y al mismo tiempo, los teólogos más grandes del cristianismo trataron de empalmar esta ciencia filosófica de los hombres con la sabiduría revelada de Dios, que es la palabra divina, que se lee en la Iglesia. Y salieron esas bellísimas catequesis de Alejandría, esos tratados teológicos, esos comentarios y trabajos bíblicos, que todavía después de los siglos, siguen siendo la admiración de los estudiosos.

En esa Alejandría, famosa por la ciencia, por la reflexión, por la filosofía que se bautiza de teología; allí nace esta joven, al principio pagana, pero reflexiva como todas las almas que profundizan en sus pensamientos, sabe que mucho más bello que el pensamiento de los grandes filósofos de la tierra aparecen las sencillas parábolas de Cristo, su vida, su evangelio, sus bienaventuranzas. Descubrió la margarita del evangelio y se aferró a ella y fue cristiana y, un día, la persecución.

POR QUE SE PERSIGUE LA IGLESIA

Hermanos, no nos debe de extrañar cuando se habla de Iglesia perseguida. Muchos se escandalizan y dicen que estamos exagerando, que no hay Iglesia perseguida… pero si es la nota histórica de la Iglesia; siempre tiene que ser perseguida. Una doctrina que va contra las inmoralidades, que predica contra los abusos, que va siempre predicando el bien y atacando el mal; es una doctrina puesta por Cristo para santificar los corazones, para renovar las sociedades, y naturalmente, cuando en esa sociedad o en ese corazón, hay pecado, hay egoísmo, hay podredumbres, hay envidias, hay avaricias, pues, el pecado salta, como la culebra cuando tratan de apelmazarla, y persigue al que trata de perseguir el mal, el pecado. Por eso, cuando la Iglesia es perseguida, es señal de que está cumpliendo su misión. Está desterrando el pecado del mundo, y naturalmente el mundo se levanta contra la bondad de la Iglesia para desecharla, para calumniarla, para difamarla, para desacreditarla, tal como está pasando en estos días. Ustedes leen los periódicos: campos pagados, en que se insinúa que la Iglesia es la culpable del malestar. La televisión, la radio: qué campaña más infernal contra nuestra Iglesia! Es el pecado que surge contra el reino de Dios que trata de implantarse.

Así fue en los tiempos de Catalina de Alejandría, cuando esa sencillez del evangelio, de las parábolas, predicaba la bondad de los corazones, reclamaba;: “Conviértanse de sus pecados”. Naturalmente, el Imperio Romano, el emperador Maximino, que según la teoría de los emperadores eran dioses y querían que se les adoraran, gobernantes, dioses. Los cristianos no pueden adorar a otro Dios más que el único Dios verdadero, y cuando un gobierno, llámase como se llame- en aquel tiempo se llamaba Maximino- Imperio Romano quería endiosar sus gobernantes- la Iglesia, el catolicismo decía: “No. Nosotros sólo tenemos un Señor, un Dios, Cristo, nuestro Señor”. Y entonces los falsos dioses perseguían a los que no los adoraban. Y así cundían aquellas persecuciones, en las cuales surgieron esa gloriosa muchedumbre de hombres y mujeres que se llaman los mártires.

Una de esas mujeres mártires es Nuestra Patrona, queridos hermanos de Apopa. Santa Catalina sabia en aquella sabiduría de su ambiente y cristiana, profundamente cristiana, no podía escapar a esta persecución. Y fue llevada a los tribunales. Y fue halagada; porque primero la persecución trata de halagar, de domesticar, y cuando uno se doblega ante estos halagos, pues no hay necesidad de perseguirlo, ya está vencido. Por eso, mucho cuidado, queridos hermanos, no se dejen halagar. Cuando el halago viene del pecado, y cuando se trata de no molestarse, de no sacrificarse, de estar bien, de instalarse cómodamente en la tierra, eso es malo, porque entonces ya uno se hizo también perseguidor.

Entonces Catalina, que no se dejó domesticar por los halagos. Comenzaron entonces la segunda parte, las amenazas, las amenazas tremendas, y en una forma muy fina, la discusión científica. Miren, así como Dios entra al corazón del hombre por sus caminos: Por la sabiduría entra a los sabios, por la sencillez entra a los sencillos. Catalina, que era sabia, muy inteligente, trató de entrar Dios por la sabiduría. Así conoció a Dios. Pero también el demonio, la persecución entra por los caminos que halagan al hombre, y a Catalina trató de entrarle también por la sabiduría. Y nos cuenta su martirologio, su estudio de su vida, que el emperador le dijo: “Vas a discutir con los sabios del imperio”. Y le llevaron los filósofos que eran los consejeros, los sabios de Alejandría. Y Catalina la tenemos ahí en medio de sabios que trataban de poner objeciones contra sus creencias, que le trataban de arrancar de la mente la idea de Dios, que le trataban de poner en ridículo el creer en un Cristo que es Dios y hombre al mismo tiempo, que le trataban de arrancar su fe en una Iglesia que pretende llegar hasta la consumación de los siglos. Y le decían: “No ves que es ridículo todo eso, que no hay más sabiduría que la ciencia humana, y más aún cuando el imperio te ofrece grandes ventajas, si tú renuncias a ese credo ridículo de los cristianos”.

Catalina iva respondiendo una a una de las objeciones de sus adversarios, y los convenció. Y nos cuenta la tradición, que en vez de convencerla a ella para que renegara del cristianismo, convenció a los sabios para que se hicieran cristianos. Miren cómo es la sabiduría de Dios. La ciencia, cuando Dios la ilumina y cuando los hombres la escuchan con la buena voluntad con que ustedes, tan amablemente me están escuchando… espero que todos, espero que no haya quien me esté escuchando únicamente para ver en que me coge, para ir a dar una mala información después. Mucho cuidado, porque el que viene a escuchar la palabra de Dios con maldad, con malicia de espionaje, ya está pervirtiendo su corazón. Y Dios lo puede castigar rechazándolo y no admitiéndolo a este conocimiento de la ciencia divina.

CRISTO SIGUE PREDICANDO

Vayamos a escuchar la palabra del Señor, como iba Santa Catalina a los teólogos y sabios cristianos de su tiempo, a aprender la doctrina de Dios, nunca para espiar, nunca para perseguir; siempre para recibir con amor lo que Dios nos ha revelado. Y así, aquellos sabios, pues, que empezaron tal vez, maliciosamente, pero que Dios, con su gracia, les preparaba el corazón, acabaron creyendo en la fe en que Catalina también creía. Esto, hermanos, el ejemplo bello de vuestra patrona, me lleva a recoger una página del Concilio Vaticano II y aplicarla a ustedes, queridos y amables oyentes de esta santa misa de la Iglesia parroquial de Apopa, en honor de Santa Catalina. Oigan este bello pensamiento del Concilio, que es para ustedes está mañana: “Cristo, el profeta que viene de parte de Dios para predicar el reino de Dios con el testimonio de su vida y la fuerza de su palabra, sigue predicando en el mundo hasta la consumación de los siglos, no sólo por el ministerio de sus obispos y sacerdotes, sino también por el testimonio de la vida de sus cristianos, a los que los consagra testigos de su fe y les da la fuerza también de su palabra”.

Quisiera repetir ésto, porque aquí está hermanos, la explicación de la pregunta que les hacía al principio: Por qué hoy, el 25 de noviembre de 1977, la comunidad de Apopa se reúne, con cariño y con fe, para honrar a su patrona, Santa Catalina, como lo hicieron los padres y abuelos de esta comunidad? ¿Saben por qué? Porque Cristo sigue predicando, no sólo por su párroco, sino a través de todos los padres de familia, a través de las mujeres piadosas y buenas de esta comunidad, a través de todo aquello que es cristiano. La comunidad, los hombres y mujeres que formamos la Iglesia, hemos sido ungidos por Cristo desde nuestro bautismo para ser profetas; es decir, para conservar en el mundo, (por el testimonio de nuestra vida, con nuestro buen ejemplo y con la fuerza de nuestra palabra) el buen consejo, la iluminación del padre de familia a sus hijos, a su esposa. La comunidad se conserva, no porque Cristo esté hablando sensiblemente, sino porque Cristo se vale de cada uno de nosotros, de cada uno de ustedes, para seguir predicando el reino de Dios. Y por eso hay reino de Dios en Apopa; por eso hay cristianismo y hay fe en las familias y en los corazones de esta población y de sus cantones, porque Cristo sigue haciendo su misión profética a través de su pueblo santo, no sólo de sus ministros, que somos los sacerdotes, el obispo con quien colaboran los sacerdotes, en comunión con el obispo, sino también el pueblo bautizado, en comunión con el obispo. El obispo es como el maestro autorizado, como la piedra de toque en la cual se confronta si la doctrina que predica un sacerdote o una familia es verdadera doctrina del reino de Dios, o es falsa doctrina.

Aquí, muy cerca, tienen ustedes el caso. En Quezaltepeque un sacerdote, en rebelión contra el obispo, ya está confrontando que está fuera de la comunión, que su doctrina no es reino de Dios, que sus actuaciones no construyen la Iglesia. Y pobrecitos los hombres y mujeres que sigan la predicación, la actuación de un sacerdote rebelde que ya rompió en excomunión con el obispo. Ojalá que esta palabra pudiera llegar también hasta Quezaltepeque, y que ese grupito politiquero que ha tratado de hacer del pobre padre Pineda Quinteros, no un ministro en quien buscan la palabra, sino un pobre instrumento tonto para sus fines políticos de molestar a la Iglesia, se conviertan y no jugaran con el reino santo de Dios. Ojalá que no vayan a caer en el engaño de sentirse apoyados políticamente; porque ésto es muy fácil mientras dura la vida, pero cuando llegue la hora del juicio del reino de Dios, los que construyeron con El, el verdadero auténtico reino, aunque esté perseguido, perseverarán para siempre. En cambio, el que quiso salvar su vida, valiéndose de las ventajas de esta tierra, ése, dice Cristo, perderá su alma para siempre. Entonces, hermanos, esta misión profética tiene que confrontarse. Y aquí es fácil distinguir si mi palabra, si la creencia de mi hogar, si la enseñanza de mi doctrina es verdadera o es falsa. Si estoy en comunión con el obispo y ese obispo está en comunión con el Papa, no hay duda, ésta es la verdad, éste es el reino de Dios que Cristo ha traído a la tierra y que lo entregó a la fuerza de la palabra de su Iglesia y a la grandeza del testimonio cristiano.

CADA UNO LLEVA LA PALABRA

Por eso hermanos, yo les invito, como a Santa Catalina de Alejandría, que cada uno de nosotros nos convirtamos en un trabajador de esa evangelización. ¿Qué otra cosa está haciendo la Iglesia en el mundo? Esa palabra lo dice todo: la evangelización, es decir, llevar el evangelio al hogar, al pueblo, a todas partes. ¿De qué manera? Con la fuerza de la palabra y con el testimonio de vida. Son los dos grandes instrumentos de la evangelización. La fuerza de la palabra. La palabra es fuerza. La palabra, cuando no es mentira, lleva la fuerza de la verdad. Por eso hay tantas palabras que no tienen fuerza ya en nuestra patria, porque son palabras mentiras, porque son palabras que han perdido su razón de ser. Si la palabra no es para llevar la verdad, esa palabra ya no tiene por qué existir. La palabra existe cuando es un vehículo de la verdad: y entonces es fuerza la palabra. Y la palabra es fuerza cuando lleva una doctrina que parte de Dios, que lleva la palabra del reino de Dios.

Hermanos, espero que en esta oportunidad revisen (queridos padres de familia, queridos catequistas, celebradores de la palabra, los que colaboran con Cristo a difundir su reino por la fuerza de la palabra) el contenido de esta doctrina… Es necesario. Ustedes saben que en Roma se acaban de reunir los representantes de los obispos de todo el mundo, junto con el Papa, para estudiar el problema de la catequización, es decir, cómo transmitir a los niños y a los jóvenes el tesoro de la doctrina verdadera. ¿Y cómo es la doctrina verdadera. Pues, la que trajo Cristo: que existe un Dios, un Dios que nos ha creado; y que ese Dios envió a su Hijo para salvar al mundo; y que no hay salvación fuera de Cristo nuestro Redentor; y que esa redención de Cristo no solamente es una redención que la esperamos después de la muerte, es una redención que ya se opera en esta vida; y la palabra que a muchos molesta, la liberación, es una realidad de la redención de Cristo; que la liberación quiere decir de los hombres, no sólo después de la muerte para decirles; “Confórmese mientras viven”. No, una liberación que es una redención que ya comienza en esta tierra; liberación que quiere decir que no existe en el mundo la explotación del hombre por el hombre. Liberación quiere decir redención, que quiere libertad para al hombre, de tantas esclavitudes. Esclavitud es el analfabetismo. Esclavitud es el hambre, por no tener con qué comprar comida. Esclavitud es carencia de techo, no tener dónde vivir. Esclavitud, miseria, todo eso va junto. Y cuando la Iglesia predica que Cristo ha venido a redimir a los hombres, y que en fuerza de esa redención no deben de existir esclavitudes en la tierra, la Iglesia no está predicando subversión, ni política, ni es comunista. La Iglesia está predicando la verdadera redención de Cristo, que no quiere esclavos, que quiere que todos los hombres seamos redimidos, que ricos y pobres nos amemos como hermanos, que la liberación tiene que llegar a todas las situaciones y que no exista en este mundo una esclavitud… ninguna. Ningún hombre tiene que ser esclavo de otro ni de la miseria ni de nada que suponga el pecado en el mundo. Este es el contenido de esta revelación, de esta doctrina, de esta evangelización. Y sigue predicando la Iglesia que este reino de Dios que predica la evangelización, quiere llegar a formar la comunidad.

LA EVANGELIZACION FORMA LA COMUNIDAD

Hermanos, mientras la evangelización no termine en una comunidad, la evangelización no está completa. La evangelización que termina en comunidad quiere decir que yo, que creo en Cristo y en su redención, que creo en Dios y en mi salvación eterna y temporal, la comparto esta fe con otros hombres que creen lo mismo y entre estos hombres que creemos lo mismo formamos la comunidad: comunidad de fe, comunidad de amor, comunidad de redimidos. Esto es lo que está haciendo la Iglesia en la tierra: creando la Iglesia. Por eso, hermanos, cuando se trata de dispersar las comunidades, cuando se siembra el terror en los que predican la palabra de Dios, y en los que se reúnen para meditarla, se está persiguiendo a la Iglesia. Y tenemos derecho a reunirnos para completarnos unos con otros, para ayudarnos en nuestra reflexión comunitaria, a que nuestra fe vaya creciendo, nuestra adoración a Dios sea más profunda, más unida con otros hombres. Hacer comunidad, es un mandato de Cristo: “Id y predicad el evangelio, reunid a todos aquellos que crean la misma fe”. Esta es la Iglesia: La reunión, la convocación de todos los que creemos en un solo Dios y en un Cristo Redentor.

Y esta comunidad, hermanos, manifiesta que Cristo es su vida y que Cristo realiza en esa comunidad gestos que hacen presente su redención en medio de nosotros; y éstos se llaman los sacramentos. Cuando nace un niño en una familia cristiana, se le lleva al bautisterio de la Iglesia parroquial, donde el gesto del sacerdote echando agua en la cabecita del niño dice: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Es un gesto de Cristo presente en Apopa, que ha recogido ese niño, hijo de la carne, para hacerlo ya hijo del reino de Dios. Cuando uno, abrumado por el pecado, necesita el perdón, va el confesionario, donde arrepentido dice al sacerdote, “Padre, me acuso que he cometido este pecado”- y el… sacerdote dice: “Yo te perdono en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Es Cristo que está presente en Apopa, por el ministerio, por el gesto del sacerdote que está perdonando en esa comunidad que se llama la parroquia de Apopa. Y este momento en que yo, como obispo, y mis queridos hermanos sacerdotes rodeando este altar vamos a tomar de ustedes, en nombre de su trabajo y de sus tierras, de sus preocupaciones, de sus esperanzas, de sus alegrías, el pan y el vino y lo vamos a consagrar en Cuerpo y Sangre del Señor- “Esto es mi Cuerpo; ésta es mi Sangre”- es Cristo el que a través de nuestros labios humanos realiza su presencia en esta comunidad de Apopa, para alimentar a todos aquellos que quieran acercarse a la santa comunión.

CRISTO CON NOSOTROS.

Queridos hermanos, esto es hermoso, saber que la comunidad Iglesia no va sola. No debe tener miedo, va Cristo con ella. Y en este momento en que el obispo de la diócesis está explicando la palabra de Dios, no se fijen hermanos, en lo pobre de esta palabra. Fíjense en el mensaje celestial que a través de mi humilde ministerio, Cristo, maestro eterno, está dirigiéndoles a ustedes, que son su pueblo querido. Y dichoso el pueblo, la comunidad, que se reúne para escuchar a su obispo, escuchar a su sacerdote, porque en ese momento se está alimentando, no de una palabra de hombre, sino de una palabra de Dios. Yo siento esta inmensa responsabilidad, hermanos, que cada vez que predico, siento que no soy yo más que el humilde canal, como el micrófono que está transmitiendo, agrandando mi voz. Yo soy el micrófono, nada más de Dios, para hacer llegar a los oídos de ustedes lo que Dios les quiere mandar a decir. Y allá cada uno de ustedes en su corazón, la sinceridad con que está recibiendo esta palabra de Dios para convertirse a El y agradecerle y entablar con Dios su diálogo personal, o para rechazarlo; porque cuando me critican a mí, cuando me calumnian en los periódicos diciendo que yo predico la subversión, cuando me llaman lo que me han querido llamar, hermanos, me dá lástima, no por mí, sino porque se que eso no termina en mí: “El que a vosotros desprecia”- me manda decir Cristo- “a mi me desprecia”. El que paga campos pagados en los periódicos, en la radio, en la televisión, para que insulten a la Iglesia, no están insultando a los hombres, se está volteando hasta Dios; y con Dios tendrán que entenderse. Esas ofensas, tan de bajo sentido, tan vulgares… ¿cómo no van a ofender a Dios nuestro Señor, las ofensas a sus ministros?

Hermanos, porque la Iglesia, pues, es Cristo presente en la tierra, y cuando Catalina de Alejandría perteneció a aquella comunidad de Alejandría que dicen que fue fundada por el evangelista San Marcos- asistía, como asistimos hoy nosotros a esta fiesta, a escuchar a sus obispos, a sus sacerdotes, ella sabía que se estaba alimentando de una doctrina que le da una vida eterna, y su memoria durará para siempre, porque todo aquel que se alimenta de la palabra eterna, también inmortaliza su alma. Y entonces, hermanos, cuando la comunidad…

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Cristo, Rey Mesiánico

Jesucristo Rey,

20 de Noviembre de 1977

Lecturas:
2 Samuel 5, 1-3
Colosenses 1, 12,-20
Lucas 23, 35-434

UN PUEBLO ENMARCADO EN LA TIERRA

Queridos hermanos:

El pueblo peregrino en la tierra que marcha guiado por el Espíritu del Señor y por su divino conductor, Cristo, rey de las naciones, llega al final del año litúrgico. Como que termina, pues, una meta de esta peregrinación. El año litúrgico es el despliegue, a lo largo de los doce meses, de la personalidad de este rey y de su reino, de sus características. De modo que, a esta altura, todos nosotros que gloriamos del título de cristianos, debíamos de estar más conscientes del personaje que seguimos, Cristo rey, y de las características del reino al que él nos ha convocado y nos ha admitido por el bautismo. Este reino, y este rey, está bien encarnado en esta tierra. Su reino es un reino para los hombres, concretos de la historia. Y por eso al llegar a este final litúrgico del año 1977, me dá gusto que hemos ido pasando con nuestra peregrinación por los hechos concretos de nuestra patria, de nuestra sociedad, de nuestra familia, de nuestras mismas preocupaciones personales.

Este es el objeto de enmarcar la homilía de cada domingo, aunque tenga que abusar un poco de su tiempo. Yo les agradezco su paciencia en escucharme, pero es necesario para que el evangelio del Reino de Dios se sienta evangelio nuestro, salvadoreño, que tengamos en cuenta estas realidades en las cuales el Reino de Dios se desarrolla y vive aquí en El Salvador de 1977. Por ejemplo, esa semana podríamos caracterizarla por un ambiente de violencia y de miedo. Y sería bueno analizar un poco las características de esta violencia y de este miedo y remontarnos, si es posible, hasta sus orígenes. Los hombres creamos los estorbos del Reino de Cristo en el mundo. Cristo no quiere violencia. Cristo no quiere terror. Cristo no quiere ambientes de desconfianzas mutuas, de acusaciones, de calumnias. Estos son obstáculos al Reino de Cristo.

En esta semana se ha dado una peligrosa interpretación a un asesinato; ¿Quién mató a don Raúl Molina Cañas? Este es papel de la Corte Suprema de Justicia. Que no se queden esos crímenes así, para que los interpreten echado la culpa y tomando de allí causas para pedir represiones contra tal vez quienes no tienen la culpa. Que se investiguen tantos crímenes cometidos para que no se dé de ahí el origen a ambigüedades muy peligrosas, entre las cuales se quiere hasta involucrar la misión santa de la Iglesia.

Creo que también en torno de este asesinato ha habido una escandalosa profanación del dolor. La Iglesia, como madre, se solidariza (yo lo dije en su funeral) con la familia doliente, con los que sienten de verdad la separación dolorosa de un miembro querido; pero no puede estar de acuerdo en que de una situación dolorosa se tome causa para excitar a la violencia. Por las señales conozco el grupo que iba azuzando esa manifestación. Se caracteriza por una exageración que podríamos llamar fanatismo, y es peligroso. Pocos días antes, cuando salían aquí del entierro de un campesino también, yo le exhorté que el silencio en el dolor es mucho más conmovedor. Si después no se hace a la voz serena de la Iglesia, no se echa la culpa a la prédica de la Iglesia de lo que sucede cuando se excitan así las pasiones, aún valiéndose de dolor, de la angustia de una familia y de un difunto.

También quisiera denunciar, pues, esa imprudente provocación a la represión contra el clamor del pueblo. Ya les dije, en una ocasión, hoy más que nunca se necesita ese don del Espíritu Santo que se llama el don del discernimiento. Discernir, distinguir entre lo malo y lo bueno. No te fijes en quien lo hace, sino en quien lo dice, sino en que es lo que dice. El clamor que clama justicia era el clamor del pueblo en Egipto, y la Biblia dice: “El clamor del pueblo ha llegado hasta mis oídos”. Dios escucha el pueblo clama por más justicia era el clamor del pueblo en Egipto, y la Biblia dice: “El clamor del pueblo ha llegado hasta mis oídos”. Dios escucha cuando el pueblo clama por más justicia, por más caridad, por más orden, más fraternidad.

Y no es pues de reprimir todo clamor, sino discernirlo. Los clamores que no merecen ser escuchados, sí reprímanse. Son las voces del crímen, de los secuestros, de las cosas infinitas que se han quedado sin castigo. Esas, sí, reprímanse, dondequiera que se encuentren, aunque sea en el ejército. Los abusos tienen que ser castigados. Por eso, invoca la justicia de nuestra patria para discernir, y no para simplemente reprimir sin distinciones. Y lo que es justo, oígase, oígase el clamor justo que puede ser respondido con justicia, principalmente por quienes tienen en sus manos el poder de la política y del dinero. Pueden oír tantos clamores y hacer felices a tanta gente, si no se aprovechara únicamente para excitar a la represión a toda costa.

De ahí también ha derivado una injusta campaña de difamación contra la Iglesia. La Iglesia de nuevo protesta, porque su predicación no es odio ni violencia. He repetido mil veces: como Cristo nuestro Señor, mi palabra ha resonado en público, y reto a quien me diga que yo he excitado a la venganza, al odio, a la violencia. La voz de la Iglesia ha sido siempre la voz del evangelio; no puede ser otra. Que ese evangelio toque muchas veces la llaga viva, es natural que arda y que duela; pero es la voz del evangelio, y la respuesta no debe de ser la difamación contra su mensaje, que no puede ser otro que el de Cristo Rey.

De ahí, queridos hermanos, que este ambiente que nos encuentra ya frente a las temporadas en pleno trabajo de recoger las cosechas, la Iglesia llama, como representante de Dios en la tierra, a alabar al Señor, que nos dá lluvia de rubíes en nuestros cafetales; esas nevadas en nuestras tierras tropicales, que son las algodoneras; esas cañas que, como dijo nuestro poeta, cuando las cortan, “por sangre dan miel”. ¡Qué cosa más bella nuestra tierra! En vez de ser manzana de discordia todo ésto, yo llamo a la comprensión a los que poseen cafetales, algodoneras, cañales y todo lo que la tierra produce, y a los que van a colaborar también a cortarlas, a recogerlas. Unos y otros son hijos de Dios, bendecidos por esta tierra pródiga. Un poco de amor, nada más, no legalidad solamente. Las leyes, (se llaman de salarios mínimos o como se quieran llamar) no son suficientes. Porque aquel dicho tiene una gran verdad: “hecha la ley, hecha la trampa”, y hay muchas injusticias cuando se cumple simplemente la ley sin amor. El amor es el alma de la justicia cristiana. El amor es el que le dá sentido divino a la ley de los hombres. Si no hay amor, las leyes salen sobrando.

Por eso, hermanos, aunque no haga leyes, pero que haya diálogo, que haya comprensión, que haya fraternidad. Que no vayamos a lamentar en nuestras fincas en esta temporada, cosas de violencia. La Iglesia está llamando, pues, a la cordura, a la comprensión, al amor. No cree en las soluciones violentas la Iglesia. Cree en una sola violencia, en la de Cristo, que quedó clavado en la cruz, como nos lo presenta el evangelio de hoy. El quiso recibir en sí todas las violencias del odio, de la incomprensión, para que los hombres nos perdonáramos, nos amáramos, nos sintiéramos hermanos.

Quiero informar también, a la luz de Cristo rey: el domingo pasado les hablaba del desaparecimiento de José Justo Mejía, allá en Dulce Nombre de María. Y esta semana se me horrorizó el corazón cuando ví a la esposa, con sus nueve niños pequeños, que venían a informarme. Según ella pues, lo encontraron con señales de tortura y muerto. Ahí está esa esposa y esos niños desamparados. Yo creo que el que comete un crimen de esa categoría está obligado a la restitución. Es necesario que tantos hogares que han quedado desamparados como éste reciban la ayuda. El criminal que desampara un hogar tiene obligación en conciencia de ayudar a sostener ese hogar.

Quiero informar también, en esta fiesta de Cristo rey, con inmensa satisfacción, que la huelga de la fábrica León, quedó solucionada en el primer diálogo. Monseñor Urioste, que llevó la representación de la Iglesia, ha expresado su admiración por la apertura de ambas partes, y quiero agradecerles y felicitarles. En cambio, lamento que todavía está sin solución la huelga de la empresa Inca de Santa Ana. El mediador de la Iglesia denuncia que no hay comprensión, que hay dureza, que hay terquedad. Hermanos, el diálogo no se debe de caracterizar por ir a defender lo que uno lleva. El diálogo se caracteriza por la pobreza: ir pobre para encontrar entre los dos la verdad, la solución. Si las dos partes de un conflicto van a defender sus posiciones, solamente, saldrán como han entrado.

Quiera el Señor iluminar pues en esta semana los conflictos sociales laborales, para que el Señor le dé esa riqueza que se encuentra en el diálogo sincero. En la lectura de San Pablo de hoy, se nos presenta Cristo Rey, no solamente rey del universo, sino de una manera especial cabeza de la Iglesia. Y desde esta Iglesia, que se llama aquí concretamente la Arquidiócesis de San Salvador, queremos agradecer a Cristo Rey estas noticias, y dárselas como homenaje en el día de su reinado, de esta Iglesia que trabaja por ser cada día más auténtica Iglesia, cuerpo de esa cabeza divina.

En este sentido, les informo, y les pido oraciones, en primer lugar por los sacerdotes. Por primera vez cada vicaría, o sea cada grupo de párrocos, ha organizado sus ejercicios espirituales, esa semana de intensa reflexión en que el sacerdote revisa, evalúa su trabajo. Y en esta hora de sinceridad, yo les pido a todos, principalmente a aquellos que no están contentos de nuestro clero, que pidan mucho al Señor para que el Espíritu del Señor les ilumine a ser fieles a su verdadera misión. Por mi parte, les digo, que todo sacerdote que está trabajando en comunión, es un auténtico representante del mensaje de Cristo. Tratemos de comprenderlo y de dialogar con él cuando no estemos de acuerdo en sus cosas, pero no a difamar así en forma general los curas “comunistas, tercermundistas”. Quisiera casos concretos, quisiera que se denunciara al Padre Fulano de Tal, que en tal misa dijo esto que no está de acuerdo con el evangelio. Y yo soy el responsable de llamar la atención y siento, que, en esta hora de sinceridad de nuestros queridos sacerdotes, ellos buscan en la luz de la revelación divina, la fuerza y la orientación de su misión en la tierra. Los acompañantes, pues, con nuestras oraciones y yo le pido a todo el pueblo de Dios en estos días mucha oración por nuestros queridos sacerdotes, en días de reflexión.

Una gran noticia es también sacerdotal, que el 10 de diciembre, a las 10 de la mañana, aquí en Catedral, vamos a ordenar dos nuevos sacerdotes, los diáconos Héctor Figueroa y Jorge Benavides, dos nuevas fuerzas que vienen a nuestro presbiterio. Bendito sea Dios.

En cambio, doy una noticia triste, también sacerdotal, y es que un sacerdote, que ya no está en el ejercicio, en comunión con el obispo, ha tratado de usurpar la parroquia de Quezaltepeque, atropellando al verdadero párroco, y al Padre Roberto, el cual está en comunión con el obispo. Desde aquí hago llegar mi voz a Quezaltepeque para decirles que el pastor auténtico es el Padre Roberto y los que trabajan con él son los que construyen la Iglesia. El grupito político que acuerpa al Padre Quinteros está buscando otros intereses; no constituye la Iglesia. Quiero agradecer al Vicario, al Padre Nieto, a las religiosas y a los laicos en comunión con la Iglesia por haber acuerpado con valor y valentía y verdadero sentido jerárquico a la verdadera Iglesia. Dios ha de bendecir esa parroquia, puesta hoy también en esta prueba.

En el seminario, la esperanza de la Iglesia, esta semana se tuvo un retiro de fin de año. Era hermoso ver a estos jóvenes estudiantes, ya de filosofía y teología, analizando a la luz de la revelación divina, de la espiritualidad sacerdotal, su caminar como jóvenes hacia el sacerdocio. Y ayer una cosa emocionante: la capilla del seminario, después de haber estado en reflexión con las familias, padres de familia de los seminaristas, daba gracias a Dios por terminar el año. Era hermoso también ver salir del seminario, acuerpado a cada seminarista, su grupo familiar. Qué bien se comprende que el primer seminario es la familia y que de familias organizadas cristianamente tenemos la esperanza de nuevas y buenas vocaciones. En el seminario menor está llena la matrícula con 52 alumnos, cosa que nunca se había esperado, muchos ya próximos al bachillerato.

En Chalatenango se organiza un preseminario para recoger en aquella región a los jovencitos que quieran terminar su bachillerato, ya orientándose al sacerdocio. Lo mismo, va a funcionar una escuela para religiosas y laicos comprometidos en la pastoral de la Arquidiócesis del departamento de Chalatenango.

Finalmente, hermanos, un recorrido por las comunidades: en Santa Tecla, en la Casa San Vicente, se está celebrando la novena de la Medalla Milagrosa, y quiero agradecer a las hermanas de la caridad la atención que han dado a esta jornada de plegarias por el obispo y por los sacerdotes. En San Marcos, se tuvo el miércoles la entrega de Biblias al grupo catecumenal. Yo les pido perdón por no haber podido estar con ustedes, como les había prometido. En Panchimalco, también esta tarde, entrega de Biblias a otro grupo de estudios de la sagrada Escritura. En Ilopango una hermosa convivencia juvenil, que sacó como conclusión que la renovación del mundo no se podrá hacer mientras cada joven y cada hombre no trate de ser un hombre renovado por dentro. Es lo que hemos dicho siempre: que la renovación del mundo no es cambio de estructuras, sino el cambio sincero del hombre. También allá lamentamos la muerte del papá del Padre Fabián, a cuyo funeral asistimos. En la academia de San Vicente de Paul, una hermosa ceremonia de confirmación de jóvenes y una carta emocionante de las ancianitas que me dicen que ofrecen todos sus achaques de vejez por esta Iglesia que trabaja en El Salvador.

En la Palma se edita un boletín muy bonito: La Voz del Espíritu y quiero agradecerle al párroco el apoyo que siempre presta allí a la palabra del obispo, llamándolos a escuchar.

De Suchitoto también vino una visita del comité de construcción de la fachada de la Iglesia para hacer un llamamiento a la comunidad a ayudarles. Recibí también del cantón Teteytenango una generosa ayuda. Dios se lo pague.

Quiero anunciarles también, hermanos, que el jueves de esta semana, tercer jueves de noviembre, según una tradición, se celebra el día de la acción de gracias. Aquí en Catedral la misa de las 12 tendrá ese objetivo: dar gracias a Dios por todos los beneficios. Los que no puedan venir a misa, en sus hogares elevan sus corazones a Dios, dándole gracias por todo lo bueno que Dios es con nosotros.

finalmente, quiero agradecerles que este año se va a llevar a cabo como siempre el concurso de nacimiento de Navidad. Pueden inscribirse en la Librería Cultural Católica o la Librería Ercilla. Los párrocos de las colonias son invitados a promover este concurso y dar los nombres de sus triunfadores, para que el 6 de enero, día de Epifanía, entreguemos los premios a los mejores nacimientos de San Salvador y de sus colonias.

CRISTO, HIJO DE DAVID

Hermanos, como ven, es un marco muy denso de realidades históricas y eclesiales, en las cuales hemos leído la palabra de Dios. La primera lectura nos remonta a los orígenes terrenales del Rey Cristo, Hijo de David. Un momento solemne de la historia de Israel reúne al pueblo en Hebrón para ungir en nombre de todo el pueblo y proclamarlo su rey y pastor al que va a ser el principio de una dinastía, David, de la cual nacerá Cristo, verdadero rey. Cuando le aclame el evangelio “Jesús, Hijo de David”, le está diciendo “Rey de Israel”. La segunda lectura, de San Pablo, a los colosenses, Capítulo 1º. 12-20, es una teología preciosa del apóstol San Pablo sobre los orígenes divinos, no terrenales, como David, sino divinos, de este Hijo de Dios que se hace hombre y que por tanto es verdadero principio y subsistencia de todas las cosas, finalidad hacia la cual converge todo el cosmos y del cual deriva toda la fuerza del universo, y de la Iglesia, naturalmente. Y el evangelio, que nos presenta un raro trono de este rey, una Cruz, entre burlas, muere el Rey. Pero al que no descubren las persecuciones de los poderosos de su tiempo, un malhechor arrepentido lo descubre: “Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”. Y Cristo le ofrece: “Hoy mismo, porque yo, aunque me ves, deshaciéndome los dolores de la Cruz, soy el rey que está conquistando al mundo por el dolor de la expiación de la Cruz. Hoy mismo estarás en mi Reino, en mi paraíso”.

REALEZA PROFETICA

Hermanos, si a la luz de estas lecturas recorremos la hermosa perspectiva el año litúrgico, encontremos las características de este reino y de este rey. El año litúrgico comienza el próximo domingo: los domingos de Adviento, preparación para Navidad; Navidad, que se prolonga hasta la Epifanía; Adviento y Epifanía, una temporada el año en que la liturgia nos proclama que este niño que nace en Belén viene a ser como el gérmen de un reino que ya se inicia en esta tierra. Es la verdad que ha venido a hacerse hombre. Por eso vemos que la característica el reino de Cristo es el Verbo que se hizo hombre, la palabra, la verdad, el profeta; Cristo es profeta. Su realeza es profética. Es un rey que habla la Palabra de Dios y deja un mensaje: “Id por todo el mundo a predicad ésto que yo os he enseñado”. Esto que yo estoy predicando ahora en la Catedral de San Salvador y, a través de los micrófonos de la Voz Panamericana, está llegando a las diversas comunidades que están reflexionando con nosotros, que es la voz profética del reinado de Cristo.

Es Cristo rey que está hablando como profeta las verdades del reino de Dios, las bellezas de su verdad y las negruras del pecado; las denuncias para que en la historia se purifiquen los hombres y sean dignos de este reino de la verdad. No quiere hombres de la mentira. Cuando frente a Pilato, que le pregunta: “Tú eres rey?” Cristo contesta que sí e inmediatamente declara que es un reino de la verdad; “para eso he venido al mundo, para proclamar la verdad”. Y el poderoso Pilato, escéptico, porque no creía en la verdad, como muchos hombres no creen en la verdad, le pregunta con escepticismo, dejándolo ya: “¿Qué es la verdad?. Así viven muchos, hermanos, de espaldas a la verdad, dándole un desprecio a la verdad. Y por eso, en este año litúrgico que clausuramos hoy, me dá mucha alegría de que el pueblo haya comprendido que el reino de Cristo que predica es el reino de la verdad. Y se ha analizado profundamente la situación y la actuación del Arzobispado y de sus sacerdotes, para decir que la Iglesia ha mantenido la verdad, el reino de Cristo, el reino de la verdad, el reino del profeta.

Terminada la Epifanía, comenzaron los días que se llaman del Tiempo Ordinario. Son 34 domingos, que se comienzan entre Epifanía y Cuaresma y luego se interrumpen para dar lugar a la Cuaresma y a la Pascua, y se continúan después de Pascua, hasta este domingo en que el domingo 34 coincide con el día de Cristo Rey.

Todo ese largo período del Tiempo Ordinario, como hemos ido caminando y reflexionando juntos aquí en Catedral, se han dado cuenta que es un contínuo enseñar de Cristo: su doctrina, su modo de pensar, cómo quiere a los hombres. Es precioso el Evangelio que se escondió para este año, el de San Lucas; nos presenta este magisterio de Cristo, caminando hacia Jerusalén. Si ahora recordáramos los diversos evangelios que hemos venido siguiendo estos años, todos han sido episodios que el Evangelio de San Lucas nos presenta en un caminar hacia Jerusalén. Y ahora hemos llegado, y la cumbre de Jerusalén es el Calvario. Cristo está crucificado; pero su meta, su recorrido, ha sido una larga enseñanza de maestro, un profeta que ha enseñado a los hombres las bienaventuranzas, el perdón, el amor, la comprensión. El evangelio es el único camino iluminado, hermanos, para encontrar la solución de las cosas. Y la interrupción que se hizo en Cuaresma, en Semana Santa y Pascua, es precisamente para darle la otra característica a este reino de Cristo, reino sacerdotal. Cristo es el Hijo de Dios que se encarna, se hace hombre en las entrañas purísimas de María Virgen, y al unirse la naturaleza de Dios con la naturaleza humana proporcionada por una mujer, resulta ese conjunto que se llama Cristo, Hijo de Dios e Hijo de Hombre. Y como hombre, ungido por la personalidad de Dios, por el Espíritu Santo, es sacerdote eterno.

REINO SACERDOTAL

María concibe en sus entrañas un Dios que, al hacerse hombre, se hace sacerdote, medianero de las causas humanas. Por eso, María es también Madre de la Iglesia. Y en esta fiesta de Cristo Rey, nuestra mirada se vuelve filial y cariñosa, a la Virgen María, Madre de Cristo, Madre del rey, Madre del profeta, Madre del sacerdote eterno. Y como sacerdote, Cristo sube a Jerusalén callado ya; ya habló, ya enseñó con la boca. Ahora un ejemplo es la entrega absoluta , sacerdotal silenciosa. En la cruz, Cristo muere, Cristo muere como sacerdote, sacerdote que da su vida por la gloria de Dios y por la salvación de los hombres. El reino de Cristo no lo podemos concebir sin este gran concepto salvífico, mesiánico.

Cuando los profetas del Antiguo Testamento anunciaban la venida de Cristo, confunden una doble perspectiva: la perspectiva mesiánica-temporal de Cristo y la medida escatológica, la eterna, donde el reino de Cristo va a llegar a su consumación, o sea que Cristo, viniendo al mundo como sacerdote, da un sentido sagrado a la creación, da un sentido de orientación hacia Dios de todo lo creado. Cristo encarnado, naciendo, viviendo entre los hombres, es Dios que le está dando, a la historia y al universo, su sentido divino, su verdadera orientación.

Cristo, sacerdote y redentor. Su primera fase, es ésta que estamos viviendo, desde su primera venida, hace veinte siglos, hasta la hora del fin del mundo, que no sabemos cuando será. No importa la hora, lo que importa es que ya nos encontramos en esa fase en que las promesas del Antiguo Testamento se hicieron realidad en el rey que nació de María Virgen y que ese rey ya vive eterno, porque murió en la Cruz y resucitó. Resucitó y está lleno de vida y su vida la está ofreciendo a este pueblo que lo va siguiendo. Este reino pues de la verdad y de la vida, reino sacerdotal. Todos los pecadores encontramos en El, el perdón, porque su sangre derramada en la Cruz es el sacrificio que alcanzó el perdón de todos los crímenes. Por eso, cuando desde allí denunciamos los pecados que manchan nuestra historia, llamamos a los pecadores a conversión. Nunca llamamos a las víctimas a la venganza eso no es cristiano sino que llamamos al que cometió el crimen conviértete que Jesús murió también por tí, te está esperando para perdonarte.

¿Quién me diera, hermanos, esta palabra del sacerdote eterno, Cristo rey, llegara hasta esos antros donde están escondidas tantas manos criminales, tantos que han dejado en el misterio hombres muertos y desaparecidos y les tocara la gracia de Cristo: conviértanse, volvamos al reino de este amor donde no caben esas situaciones sangrientas? Cristo, sacerdote, en esta primera fase nos está dando tiempo hasta la hora de nuestra muerte, hasta la hora en que El venga a juzgar a vivos y muertos. Entonces, cuando termine la historia, Cristo terminará también su misión sacerdotal, mesiánica, temporal, para iniciar entonces con aquel juicio final, que ya lo describe el evangelio de San Mateo, tremendo, apartando a la derecha a los que no quisieron obedecer: “Venid, benditos de mi Padre a poseer el reino; un reino que yo conquistaré en la tierra y que ahora lo entrego al Padre para que El sea todo en todas las cosas”.

Hermanos, yo auguro a todos ustedes que aquel día nos encontraremos a la derecha del Juez para ser llamados benditos del Padre por el perdón sacerdotal de Cristo. Y en cambio a los réprobos, a los que no aprovecharon su misericordia, a los que, en vez de oir la voz misericordiosa de la Iglesia, la calumnian y la desprestigian, todos aquellos que le ponen murallas al reino de Dios, todos aquellos que pecan contra el Espíritu Santo, todos esos estorbos del reino de Cristo en la tierra, si no se convierten a tiempo, ya está la sentencia, ya están juzgados, dice Cristo: “Apartaos, malditos al fuego eterno, preparado para el demonio, el rebelde y sus seguidores. Porque tuve hambre y no me distéis de comer. Tuve sed y no me distéis de beber. Estuve desnudo y no me cubristéis. Estuve encarcelado, desaparecido asesinado, y no tuvistéis misericordia de mí, y asustados, los réprobos le preguntarán: “Cuando, Señor?” Y El dirá: “Siempre que atropellásteis a uno de mis hermanos pequeños, a mí me atropellásteis.

Ah, si se supiere, hermanos, que en esta hora del mesianismo temporal de Cristo, El está encarnado en cada hombre, cómo nos respetáramos, cómo nos amáramos, cómo desaparecería esa explotación del hombre por el hombre. No hay clases sociales ante Cristo. El es todo en cada hombre, hasta en el más harapiento, hasta en el más rico. Cristo está en todos y no es justo odiar ni al rico, ni despreciar al pobre, que es la ley del amor que Cristo quiere establecer en la tierra. Este es el reinado temporal de Cristo. Y cuando El dice ante Poncio Pilato, “Mi reino no es de este mundo”, y cuando huye de las turbas que lo quieren hacer rey, no es porque él no tenga potestad en las cosas de la tierra, sino porque eso lo ha dejado para que los hombres los administren según su pensamiento. El gobernante, el legislador, el juez, no es dueño de la patria, ni de las leyes ni de la justicia. Es un administrador del reinado de Cristo que tiene que administrar la justicia, el gobierno, el bien común, según el pensamiento del rey justo, del rey amor, del fraternal. Y si un gobernante no cumple con esta soberana ley del Rey de Reyes y Señor de Señores, el también será el azote inservible, ya que castigó a un pueblo pero que es echado al fuego eterno.

REINO ESCATOLOGICO

Hermanos, ésta es la historia bajo la luz de Cristo rey. Y cuando llegue la consumación final, el reino escatológico, que ya lo explicamos en otro domingo, cuando Cristo caminando en esa peregrinación luminosa hacia el reino de los cielos a poseer la felicidad para siempre (y mientras van los réprobos también camino de su castigo eterno), qué feliz será que esta Iglesia que ya inició el reino de Dios en la tierra, toda ella congregada por su pastor divino, se encuentre en ese número de los que se salvan. No digo que sólo los de la Iglesia se salvan. En la misma se dice, muy hermoso: “Oh Dios, que tendiste tu mano misericordiosa para que la encuentres todo el que te busca”. Ya les expliqué en una ocasión que hay religiones paganas, que no son cristianas, no han conocido a Cristo, pero sus hombres viven con una moral intachable, mejor que la de muchos cristianos, y ellos se salvarán, y no muchos cristianos, porque no basta estar en el cuerpo de la Iglesia que es el reino de Cristo (pero muchos sólo están en el cuerpo en pecados, sino que hay que estar en el corazón de la Iglesia. Y los que están fuera de los límites geográficos o visibles, jerárquicos, de la Iglesia, pero cumplen la ley de Dios por la iluminación de Cristo que misteriosamente les está llegando, ellos están el el corazón de esa Iglesia de Cristo, mejor que muchos que viven en la Iglesia, pero no viven la Iglesia.

Por eso, hermanos, es necesario que a la luz de Cristo rey, examinemos que esas tres categorías de Cristo, profeta, sacerdote y rey, son características que el bautismo ha dado a cada bautizado, para que colabore con Cristo. Como sacerdote, cada cristiano tiene que colaborar para que el mundo sea consagrado a Dios. El padre de familia, la madre de familia, los jóvenes, los niños, los bautizados todos tienen que sentirse pueblo sacerdotal y hacer que su hogar, su empresa, su hacienda, su finca, su negocio, su trabajo, su taller, todo sea iluminado por esta realeza de Cristo nuestro Señor.

Qué hermoso será el día en que cada bautizado comprenda que su profesión, su trabajo, es un trabajo sacerdotal, que así como yo voy a celebrar la misa en este altar, cada carpintero celebra su misa en su banco de carpintería, cada hojalatero, cada profesional, cada médico con su bisturí, la señora del mercado en su puesto, están haciendo un oficio sacerdotal. Cuántos motoristas sé que escuchan esta palabra allá en sus taxis; pues tú, querido motorista, junto a tu volante, eres un sacerdote si trabajas con honradez, consagrando a Dios ese tu taxi, llevando un mensaje de paz y de amor a tus clientes que van en tu cuerpo.

UN PUEBLO SACERDOTAL

Y así, hermanos, cuánto bien haríamos si en vez de difamarnos desacreditarnos, y odiarnos, trabajáramos como un solo pueblo sacerdotal, orientando con Cristo hacia Dios esta naturaleza creada para Dios. Y como profeta, Cristo nos ha hecho también participantes de su misión de llevar la palabra, el mensaje. El padre de familia es sacerdote en su hogar y profeta. Tiene que corregir, tiene que orientar. El patrono, el profesional también tienen, todos, hermanos, aquí no hay nadie en la Catedral, no los que están escuchando por radio, no hay nadie que no tenga una misión profética, la misión profética de anunciar el reino de Cristo, de denunciar los pecados contra este reino y de atraer a todo el mundo hacia Cristo.

Y finalmente, la función de Cristo rey; su realeza quiere decir un reino social, un reino de justicia cristiana, de amor y de paz. Todos tenemos que colaborar para que los bienes creados por Dios las cosechas que ahora se están levantando, las leyes, las estructura sociales, económicas, políticas, respeten los derechos de los hijos de Dios. Sea el reino de Dios verdaderamente una realidad que abre los caminos a la predicación del evangelio.

Gracias, hermanos, por escucharme y por reflexionar. Yo les invito a que celebremos esta misa íntimamente unidos, con esa presencia que todavía es invisible. En la hostia y en el cáliz Cristo no se ve, pero está. Y eso basta a un cristiano. Está Cristo aquí en medio de la sociedad cristiana; en medio de esas comunidades de base, donde ahora están reunidos reflexionando, ahí está Cristo. Aquí en Catedral, Cristo es ustedes, hermanos. Este Cristo vive. En El pongamos nuestra esperanza. No desesperemos. Cierto, les decía que hemos vivido una semana que inicia, parece, una nueva fase de terror, de miedo, de violencias quiera Dios que no. Los cristianos, desde luego, no se dejen llevar por el miedo, vivan en su corazón la certeza de que Cristo vive. Vive ofreciéndonos todas las soluciones de los problemas. Unicamente nos pide que no seamos sordos mucho menos perseguidores de su mensaje, sino que lo escuchemos y tratemos, sobre todo, de vivirlo. No señalemos en otros las culpas de los males. Veámos a nosotros mismos, si hemos vivido realmente como verdaderos seguidores del Cristo Profeta, del Cristo sacerdote, del Cristo rey.

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No a la Violencia

Funerales de Carlos Molina

14 de Noviembre de 1977

Estimada familia doliente, queridos hermanos:

Una vez más, la Iglesia cumple su deber de madre… recoger una nueva víctima de la violencia; y con él recogido en sus brazos gritar: “no” a la violencia; y una palabra de consuelo a quienes lloran ese nuevo atropello a la vida.

La Catedral viene nuevamente a ser el signo de esa madre Iglesia, que tiene esa palabra de amor, de ternura, de consuelo para los que sufren la orfandad, para los que lloran la separación de la muerte, porque su palabra no es palabra humana. Es palabra de aquel por quien fueron hechas todas las cosas. Es la palabra eterna que hoy se repite, como moribundo en la cruz, para dar el cielo a quien se lo pide: Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”. No importa, frente a Cristo, quien sea el que vuelve a él para pedirle perdón. Lo que importa es el sentido sincero de convertirse a él. Y ante la grandeza de Dios, ¡Que pequeña aparece la grandeza humana!.

Esta Catedral acostumbrada ya, por desgracia, a recoger víctimas de la sangre y del atropello, ve qué pequeño es el hombre encerrado entre las cuatro tablas de un ataúd; pero desde allí, sea quien sea, tiene ella una mirada llena de fe hacia la eternidad, acompañando al hijo que se va; ella qué sigue peregrina en la tierra, y desde esa puerta del cielo que marca el límite entre la vida y la muerte, otra mirada hacia la tierra que se deja, para decir desde allá, desde Dios, el mensaje a los que todavía seguimos peregrinando: “Peregrinos, aquí, junto a la puerta de la eternidad, todos nosotros venimos a decirle adiós a este querido amigo y hermano. Los pañuelos de la despedida se agitan mientras él va ingresando en ese más allá. Y la súplica del pueblo de Dios, peregrino, no puede ser otra: ante tí, Señor, no hay derechos, sino solamente la súplica humilde. Desde la humildad de ataúd, nosotros pensamos en nuestra propia pequeñez. Qué chiquitos somos los hombres, pero qué grandes cuando nos apoyamos en tu misericordia, para decir: Señor, ten piedad. Y la súplica es para algo grande, para que esta vida que termina en la tierra, no obstante sus manchas y pecados, pueda encontrar un lugar en tu cielo. Y sin duda que aquel Padre que envió a su Hijo, no a perder sino a salvar, abre sus brazos bondadosos para recoger a quien el pueblo entero le está encomendando.

El espectáculo de esta tarde es bello. No pudimos caber dentro de la Catedral y hemos tenido que improvisar el altar aqui frente al parque, en medio de cuya muchedumbre, el cadáver del hombre asesinado, del hombre atropellado en su derecho más sagrado, su vida, es toda la voz de un pueblo que se levanta hacia Dios para decirle: Señor, nuestra presencia aquí, es una presencia ante todo religiosa. Es la presencia de una súplica por el alma de nuestro hermano compañero hasta antier de nuestra peregrinación. Hoy necesita tu misericordia, que todo este pueblo te implora para que les des el descanso eterno, la luz perpetua; y para que descienda de tu trono de misericordia un efluvio de consuelo, para los que sufren la orfandad que deja este querido difunto, para su familia, para sus compañeros de ideales, para sus trabajadores, para todos sus amigos, que ahora es toda esa plaza llena de gente.

Y ahora, hermanos, la Iglesia después de orar por el difunto, se vuelve hacia los peregrinos que hemos venido hasta la puerta de la eternidad, para decirnos en la palabra de San Pablo, las dos grandes vertientes de donde se deriva todo el bien y todo el mal. Y acaba de mencionar en aquella certera teología de San Pablo: “Por el delito de uno vino la muerte al mundo”, y con la muerte, toda esa secuela de las formas en que mueren nuestros muertos. No sólo la muerte natural que es dolorosa sobre todo la muerte con que ha caído esta víctima: la violencia. La violencia es el fruto del crimen. Venga de donde venga, la violencia que mata es pecado. La violencia que mata no es de Dios. La violencia es derivación del pecado, y el pecado fue lo que entró al mundo cuando Adán, y toda su descendencia que somos los hombres, llevamos entonces los malos instintos en el corazón. Ay de aquél que no reprime a tiempo estos instintos. Qué será, hermanos salvadoreños, en esta hora de ese instinto del asesinato, del crimen. Se va levantando como una ola, en la cual ya no hay categoría social que esté segura. Todos estamos expuestos a salir un día con los ideales del trabajo y caer acribillados a tiros. Todos estamos expuestos porque ha crecido la onda de la maldad. Nadie la ha sembrado. Por el primer delito entró el pecado al mundo, pero los hombres podemos… analizamos esos instintos de maldad, que siempre son malos, cualquiera que sean los móviles a la violencia.

Pero por otro lado, queridos hermanos, San Pablo nos ha presentado el lado positivo de la vida: “Así como por un hombre pecador entró el pecado en el mundo” -el asesinato, la violencia y todo el crimen- por la obediencia del Redentor, por la santidad del Cristo, Hijo de Dios, ha entrado en el mundo la redención y la vida. Y este es el trabajo que ahora nos llama a realizar este episodio trágico de nuestra historia. No más crimen. No más violencia.

Hermanos -si de verdad lo somos: hermanos- trabajemos por construir un amor y una paz, pero no una paz y un amor superficiales, de sentimientos, de apariencias; un amor y una paz que tiene sus raíces profundas en la justicia. Sin justicia no hay amor verdadero, sin justicia no hay verdadera paz. He aquí pues, que si queremos seguir la vertiente del bien que nos hace solidarios con Cristo, tratemos de matar en el corazón los malos instintos que llevan a estas violencias y a estos crímenes, y quienes compartimos la vida, el amor, la paz, pero una paz y un amor en la base de la justicia. Entonces, hermanos, en esta puerta de la eternidad, mientras mirando hacia allá, vemos a nuestro hermano que parte y le decimos adios, que vuelve él con esta Iglesia que trae la voz de Cristo para decir: “Hermanos, no más víctimas de la violencia. Que yo sea la última víctima que ha caído así ensangrentada en la calle. Que de aquí surja una lección para todos: “Amaos los unos a los otros”.

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La perspectiva eterna

Domingo 33º del Tiempo Ordinario,

13 de Noviembre de 1977

Lecturas:
Malaquías 4, 1-2a
2 Tesalonicenses 3, 7-12
Lucas 21, 5-19

Queridos hermanos:

HECHOS DE LA SEMANA

Enmarcamos la homilía, que no es otra cosa que la palabra de Dios aplicada a los que estamos reflexionándola en este día, en hechos que nos han conmovido, ya sea en la vida nacional, familiar o privada. En primer lugar, yo quiero unirme a la condolencia de la familia de don Raúl Molina, asesinado ayer en un intento de secuestrarlo, como todos saben. De nuevo el repudio a la violencia, y la Iglesia unida al sufrimiento de las víctimas de la violencia: Esta es la posición clara por la cual duele al corazón del pastor, que se tergiversen sus intenciones y se le calumnie hasta el punto de creerlo instigador de asesinatos. Recordarán ustedes que, también, a los policías muertos les enviamos nuestra condolencia a la familia y repudiamos también el crimen que acaba con la vida. Para don Raúl, pues nuestra oración esta mañana pidiendo su eterno descanso, la misericordia del Señor, y para toda la patria el deseo, pues, de que estas escenas violentas vayan desapareciendo. El otro gran acontecimiento que llena nuestra semana ha sido la manifestación obrero-campesina que sintió el Ministerio de Trabajo. Se pidió la mediación de la Iglesia. Con todo gusto la hemos ofrecido con el mismo espíritu de servicio y de buscar justicia para nuestro pueblo. Al principio se negó. El Señor Presidente nos mandó decir que no negociaría con organizaciones ilegales. A este propósito se comunicó por la radio un comunicado manifestando nuestra buena voluntad, y a pesar del rechazo, invitando al diálogo y a la cordura, que no fuera a haber violencia en esa situación. Gracias a Dios, después fue aceptada la medición y por medio de nuestro estimado Vicario General, Monseñor Urioste, pudo llegarse al arreglo que todos conocen. Esperamos que las promesas hechas ayer sean realizadas con justicia, que las huelgas terminen y que la voz de los campesinos también sea oída.

A este propósito, hermanos, comentando estos hechos, lamentando también otras notas dolorosas de la semana; por ejemplo la visita de dos madres de familia que buscan a José Julio Ayala Mejía, a Víctor Manuel Rivas Guerra, capturados por cinco policías de hacienda, desde el 24 de abril y el desaparecimiento más reciente, el 9 de noviembre, de José Justo Mejía, originario de La Ceiba en Las Vueltas de Chalatenango, capturado también por policías de hacienda. Su esposa con nueve hijos chiquitos sufre este desamparo, como las madres también su orfandad. Reitero pues, el llamamiento de la justicia, que se haga justicia, que si son criminales, se les juzgue, se les castigue, pero que no se castigue a la familia con esta situación de incertidumbre, en la cual siguió también hasta el fin de la familia Chiurato; porque estas violencias y esos atropellos, vengan de donde vengan, ofenden a Dios, lastiman la convivencia nacional, hacen mal, no hacen ningún bien.

DIA DE LA PAZ

En Orientación de esta semana presento, en La Palabra del Arzobispo, el lema de la próxima Jornada Mundial de la Paz. El Papa cada 1º de enero quiere que lo celebremos como Día de la Paz y le señala un lema. El lema para 1978 es éste: “No a la violencia. Sí a la paz”. Y en el boletín que presenta esta voluntad del Papa hay un análisis que yo quisiera que no sólo lo leyeran, sino que lo reflexionaran, -dice: “La violencia puede proceder de personas o de grupos entregados a un frenesí de dominio (el poder) o de un frenesí de consumo (el tener)” -(el afán) de tener, la codicia, la avaricia “frenesí que tiende indebidamente a limitar o suprimir la vida de otras personas o de sociedades humanas (racismos, genocidios) e incluso imposición, mantenimiento por la fuerza de una estructura política o económica injusta y discriminatoria”.

Son palabras de la Santa Sede. No son palabras demagógicas del obispo de San Salvador. No son palabras subversivas de los obispos del continente en Medellín. Lo que hicieron los obispos en Medellín es darle un nombre a ésto que acaba de describir la palabra de la Santa Sede. Los obispos en Medellín dijeron: existe una injusticia, una violencia institucionalizada, un afán, un frenesí vale el poder, -como dice el comunicado- un frenesí de mantener el poder, de mantener la economía, y son capaces, en ese afán de mantenerse, de atropellar vidas y la sociedad entera. Esta es violencia, la violencia institucionalizada. Contra esa violencia no es extraño que surja la violencia reaccionaria, y lo sigue diciendo el comunicado del Vaticano: “La violencia puede caracterizar también la manera de reaccionar de aquellos que están o se creen oprimidos, y cuyo anhelo en la vida y de justicia termina por explotar, violencia de los débiles, de aquellos que están privados de ciertos derechos fundamentales”. Existen, pues, dos violencias: la que está oprimiendo de arriba, políticamente, económicamente, y la que reacciona contra esa violencia. “Los dos aspectos- continúa el Vaticano diciendo- “los dos aspectos pueden ser difíciles de separar, y la injusticia puede ser recíproca”. En las dos puede haber injusticia. “Evidentemente, en el primer caso” -son palabras del Vaticano- “evidentemente, hay injusticia en la primera violencia, o sea que aquí el documento de la Santa Sede llama injusta a esa situación de opresión, de represión, de querer tener más, de querer ser poderosos, aún reprimiendo a los débiles- “evidentemente, en el primer caso vale pero también con frecuencia en el segundo caso”. Nunca voy a defender yo, ni nadie católico puede defender la injusta violencia, aunque proceda del más oprimido. Siempre será una injusticia si traspasa los límites de la Ley de Dios.

Y termina diciendo el comunicado: “El pecado se introduce y tiende a poner nota diabólica en las relaciones de personas en conflicto: (odio, engaño, crueldad, tortura, negligencia de los inocentes, represalias)”. En las dos violencias el demonio mete el pecado y si la Iglesia habla contra una y otra violencia, no es porque esté del lado de los ricos o de los pobres, de los poderosos o de los débiles. Está del lado de Cristo, que lucha contra el pecado, dondequiera que esté el pecado, esté en el poder, en la riqueza o esté también en los pobres y en los oprimidos. El pecado está contra Dios, y la violencia que se mancha de pecado es violencia que la Iglesia no puede tolerar.

NECESIDAD DE DIALOGO

En este sentido, pues, se celebrará: “No a la violencia. Sí a la paz”. Todos aquellos que hayan dicho que yo he iniciado a hechos de violencia, hasta llevar a matar gente, son calumniadores. Y tengo el derecho a llevarlos a los tribunales por calumnia; lo cual, si es necesario, lo haré. La posición de la Iglesia es clara, pues. También hermanos, ante las razones que se pueden oponer al diálogo, yo quiero recordar una frase quizá muy graciosa pero eficaz, del Papa pío XI, hombre que no se puede criticar de débil, hombre que tuvo que enfrentarse a Hitler y a Mussolini. Fue el tiempo de su pontificado. Y decía Pío XI: “El diálogo es el camino de muchas soluciones; y si fuera por el bien de la Iglesia, yo dialogaría hasta con el mismo demonio”. No se invoquen razones legalistas, que si es ilegal tal institución, tal organización. Como dice la Imitación de Cristo. “No te fijes quien lo dice; fíjate lo que dice”. Dialoguemos con quien quiera que sea. No quiere decir ésto es solidarios, cómplices de los pecados de una agrupación. Simplemente escuchemos. Puede haber mucho de justicia en sus reclamos, y hasta el más ilegal puede tener una voz que clama también ilegalidad en el interlocutor. Nuestra radio católica ya comentó: ¿Por qué no se dijo que son ilegales, también las instituciones de FARO y tantas firmas falsas que aparecieron en publicaciones contra la Iglesia?. Cristianos legales con cuántas cosas religiosas auténticas, ¿por qué no se descubre también con cuidado de ilegalidad tantas voces que han insultado y ofendido a la Iglesia?

La necesidad de un diálogo en que intervenga la Iglesia, hermanos, no es un oportunismo. Desde hace 75 o más años, cuando León XIII escribió la encíclica Rerum Novarum justificó por qué la Iglesia era necesario que hablara en asuntos laborales e interviniera en los conflictos de patrono y de obreros, de patronos y trabajadores. Yo he copiado de la encíclica estas palabras para que las reflexionen. Las reflexionemos todos y miremos en esta presencia de Monseñor Urioste ayer en el Ministerio de Trabajo, entre el Gobierno representado por el Ministro y las partes que reclaman, que representaban las huelgas de la fábrica de León, de la fábrica Inca y los deseos de los campesinos de un salario mejor en las cortas, en esa presencia de los tres elementos -también la parte patronal- gobierno, parte patronal y parte obrera, y la Iglesia presente, yo veo un signo de esperanza; porque coincide con este pensamiento de León XIII. En la Rerum Novarum dice: ¿Por qué habla la Iglesia de estos asuntos, por qué tiene que meterse en estas materias?” Verdad es que, esta tan grave situación demanda la cooperación y el esfuerzo de jefes de Estado, de los patronos y ricos, y hasta de los mismos proletarios de la cuya suerte se trata. Pero sin duda alguna, afirmamos que serán vanos cuantos esfuerzos hagan los hombres si desatienden a la Iglesia; porque cuatro razones, fíjense bien: Primera: “la Iglesia es la que saca del evangelio la doctrina que bastan o a dirimir completamente las contiendas o por lo menos a quitarles toda esperanza y hacerlas así más suaves”. Esta es la primera razón porque la Iglesia debe estar presente en estas situaciones de conflicto: porque ella es la portadora del evangelio y desde el evangelio saca las razones que puedan dirimir los conflictos o suavizarlos, que no terminen en violencias, ni odios.

Segunda razón: Porque la Iglesia “trabaja no sólo en instruir el entendimiento, sino en regir con sus preceptos la vida y las costumbres de todos y cada uno de los hombres”. El señor ministro, los obreros, los campesinos, todos, si de veras somos católicos o creemos en Cristo por lo menos, sabemos que hay una ideología y una moral que tenemos que obedecerla individualmente y colectivamente y la Iglesia es la personera de esa doctrina y de esa moral.

Tercera: “La Iglesia promueve, con muchas instituciones utilísimas el mejoramiento de la situación de los proletarios”. Si hubiera tiempo aquí, haríamos una larga lista de la obra que la Iglesia realiza en los barrios, marginados, entre los pobres, entre los obreros campesinos. Es gloria de la Iglesia estar presente promoviendo. Y precisamente porque promueve, se le critica y se le calumnia y se mal informa. Pero, hermanos, me dá mucho gusto pertenecer a esta Iglesia que está despertando la conciencia del campesino, del obrero, no para hacerlo subversivo (ya hemos dicho que la violencia pecadora no es buena) sino para que sepa ser sujeto de su propio destino, que no sea más una masa dormida; que sean hombres que sepan pensar, que sepan exigir. Esta es gloria de la Iglesia, y de ninguna manera se avergüenza cuando se le quiera confundir con otras ideologías, porque ya se ve que es calumnia, que es querer echar humo para confundir y para desprestigiar este papel promotor de la Iglesia.

Y en cuarto lugar: “La Iglesia está presente porque “ella auna los pensamientos y los esfuerzos de todas las clases sociales para poner remedio a las necesidades de los obreros y para que se crea que se debe emplear también el peso de la ley y debe aceptarse, aun cuando esa ley tiene que darse con peso y medida”; es decir, con justicia, que las leyes no sean solamente los voceros de una clase pudiente y no se quiere oír al trabajador, sino que la ley escucha a uno y a otro. Y entonces; la Iglesia a las leyes justas les dice: vienen de Dios; obedézcanlas los obreros y los patronos. Pero, tienen que ser, pues, leyes como las definía Santo Tomás de Aquino: la ley -dice- “es una ordenación de la razón por aquel que tiene potestad para el bien común”. Mientras no realiza estas condiciones, la ley no es ley. Es parcialidad.

Y por eso esperamos, queridos hermanos, que las promesas hechas ayer en el Ministerio de Trabajo no se van a quedar simplemente en un recurso para terminar aquella situación. Las citas que se han dado para esta semana de patronos y obreros, presente la Iglesia, y también de campesinos, presente la Iglesia, no significarán una demagogia de la Iglesia sino una presencia, como lo hemos dicho hoy, presencia del Evangelio, presencia de la paz, presencia del llamamiento justo, aunque cueste, pero que se acepte; y que ojalá, como lo dijo el comunicado de ayer, queden terminadas en esas sesiones los conflictos que han surgido.

VIDA DE LA IGLESIA

Hermanos, en la vida de la Iglesia hemos tenido acontecimientos muy hermosos, pero el tiempo se me ha ido casi por completo.

Quiero felicitar a las comunidades que tuve la dicha de visitar en esta semana: Comunidad de las Carmelitas del Plan del Pino, la fiesta de confirmación y primera comunión en Colón, la visita a la comunidad de religiosas eucarísticas de San Martín, junto con el párroco, para planear una pastoral de Iglesia en aquella población. Lo mismo que la fiesta del patrón, San Martín, el 11 de noviembre. Y las bodas de Plata del Padre Teodoro Alvarenga y bendición de la nueva Iglesia allá en ojos de agua ayer, razón por la cual no pude estar personalmente en el Ministerio de Trabajo, pero fui muy bien representado por nuestro Vicario General. Quiero felicitar también al seminario, que está para salir ya a sus vacaciones -el menor ya salio y sobre todo por la promoción vocacional que ha superado nuestras esperanzas. Ha sido también un signo de los tiempos, que me anima mucho el corazón, ver la inmensa cantidad de jóvenes. No se han podido aceptar todos para llenar las filas del seminario, muchos de ellos ya bachilleres.

LA PERSPECTIVA ETERNA

La Palabra de Dios, hermanos, que ilumina todo ésto, nos llena de mucho consuelo. Es el domingo XXXIII del Tiempo Ordinario. El próximo domingo será ya Cristo Rey, clausura del año litúrgico, ya como terminando este tiempo del año de la Iglesia, la perspectiva de la Iglesia es lo que decíamos el domingo pasado. Y voy a subrayar esa idea, porque es muy importante tenerla en cuenta, el sentido escatológico de la Iglesia (ya les explicaba esa palabra) significa lo último, la finalidad de la historia y del hombre, hacia dónde marcha esta sociedad, esta Iglesia, porque todo hombre, toda organización que no tenga un sentido de finalidad es irracional. ¿Cómo pueden vivir los hombres sin fe?¿Cómo pueden organizarse los hombres sólo para cosas de la tierra, sin una finalidad escatológica? La Iglesia por eso habla en los conflictos, por eso tiene también una palabra eficaz en las situaciones difíciles de la tierra, porque ella no pierde nunca de vista su perspectiva eterna: ¿Para qué han sido creados los hombres?, ¿Para qué se organizan los países? ¿Para qué se organizan las agrupaciones? Por eso, Pablo VI, hablando de la liberación y de la aportación que la Iglesia está haciendo a la liberación del hombre, llama a los liberadores a que no pierdan de vista este sentido escatológico, porque es el que le dá fuerza y originalidad a la participación de la Iglesia en las fuerzas liberadoras.

Desde esta perspectiva escatológica la Iglesia se define; no se confunde con movimientos liberacionistas de la tierra. Por eso, es ridículo decir que los sacerdotes son comunistas. Es ridículo decir que un catequista que predica la doctrina de la Iglesia se vuelve marxista. En lo que tiene de ateísmo, de materialismo, de lucha de clases sólo para la tierra, es imposible que la Iglesia puede ser así. Naturalmente, que desde la perspectiva de la tierra, donde reina el pecado y la injusticia, se pueden confundir los reclamos del comunismo, de las organizaciones de obreros, campesinos, y de la Iglesia; pero la Iglesia conserva su mirada siempre en alto para ver el fin hacia donde va esta liberación. ¿De qué serviría que los cortadores ganaran mucho dinero si eso va a terminar a las cantinas, a los burdeles, como tristemente sucede? ¿De qué serviría predicar la promoción del hombre si los hombres se promovieran únicamente para tener más dinero? ¿De qué sirve ir a una universidad, ganar un título, ser un profesional, si solamente se pone la ilusión en ganar, ganar más, el frenesí de tener, como dice el documento que he leído hoy? Muchos para eso estudian, para eso trabajan, para tener dinero. Han perdido la visión escatología.

EL DIA DEL SEÑOR

Hoy nos habla la primera lectura, del profeta Malaquías, una palabra que entre los profetas es clásica, el día del Señor. Se presentó antes del exilio de Babilonia, como un día de castigo: este pueblo está abusando, se han olvidado de la alianza con el Señor, hay injusticia, los poderosos abusan de su poder, los ricos explotan al pobre; vendrá el día del Señor. Y cuando vino el día de la exportación de los israelitas a Babilonia, reyes poderosos y pueblos todos fueron llevados. El día del Señor había llegado. Entonces los profetas le dan otro tono al día del Señor. Es la esperanza. Los profetas predican al pueblo en exilio: vendrá el día de la esperanza. Vivamos la esperanza. Vendrá el día del retorno. Y Dios visitaba al pueblo oprimido, sufriente como en Egipto o en Babilonia por medio de sus predicadores, de sus profetas, sembrando esperanzas; y retornó el pueblo a Jerusalén. El templo era como el símbolo de aquel Dios que socorría en las necesidades. El día del Señor se hacía entonces esperanza. Se hacía un día de justicia. Se ha hecho justicia. Y ésto significa en el fondo, la expresión bíblica: vendrá el día del Señor, el día del juicio, el día en que juzgará Dios la historia, el día en que cada hombre se presenta en la hora de su muerte para dar cuenta de sus obras. Este es el día del Señor. El día de nuestra muerte no hay que temerlo. Hay que esperarlo, como lo esperaba Francisco de Asís, la muerte, “mi hermana muerte”, la gran liberadora, si se ha vivido como Francisco de Asís, si se ha vivido con sentido de escatología, esperando el día de la liberación esperando el retorno de la Babilonia, esperando la liberación de Egipto, esperando la redención eterna de aquel Cristo resucitado que no puede morir. Este es el día del Señor que anuncian las lecturas de hoy.

Hermanos, sobre todos nosotros está puesto el día del Señor. Es para mí un honor inmenso el repetir aquí las palabras de los profetas anunciando el castigo al pueblo que no se quiere convertir y anunciando la esperanza a los pueblos que, como en Egipto y en Babilonia, viven esperando más justicia, más amor, más paz. Vendrá, esperemos; vendrá, no nos desesperemos. Esta espera, que Jesucristo también menciona en el Evangelio de hoy cuando ante un aparente imposible, imagínense ustedes que alguien les dice: esta Catedral tan hermosa se va a derrumbar, y no quedará piedra sobre piedra. Era la impresión que recibieron los apóstoles cuando Cristo les habla del templo de Jerusalén, mucho más hermoso que nuestra Catedral, templo que era el centro de la teocracia de una nación, templo que era el símbolo no sólo de la religión, sino de la patria, que un Cristo se presente y les diga: “Miren qué piedras más bellas, miren qué construcción más admirable. Sin embargo, yo les digo, no quedará piedra sobre piedra”. Dirían que era un loco. Y así lo tomaron, porque, el evangelio dice, no comprendieron hasta que resucitó de entre los muertos y sucedieron las cosas que sucedieron el año 70. Se cree que San Lucas pudo escribir después del año 70, cuando los ejércitos romanos asediaron Jerusalén, la tomaron y destruyeron el templo; no quedó piedra sobre piedra. Los apóstoles, que no vivieron esa hora, cuando Cristo se las anunciaba, se sorprendían y le preguntaron: “Maestro, ¿Cuándo va a ser ésto? ¿Cuál será la señal de que todo ésto va a pasar?” Y entonces Cristo aprovecha, como los profetas, de un hecho histórico, de la prevariación del pueblo, de la exportación a Babilonia. De esa historia se remontan al final definitivo de los tiempos.

SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

Entonces, es cuando Cristo anuncia el juicio que vendrá a juzgar a vivos y muertos, como dice nuestro Credo. Ve la doble perspectiva del evangelio y de las profecías de la Biblia, hechos históricos que nos tocan vivir a nosotros nos deben remontar a la meta de la historia, a la muerte de cada uno de nosotros, al final de nuestra existencia. Esto se llama la escatología, y esa espera del día del Señor la teología lo llama la Parusía: la esperanza de la segunda venida de Cristo.

Volverá Cristo. Esta es la dificultad del cristianismo, vivir entre las dos venidas de Cristo: vino humilde, hecho niño para sufrir, para salvar al mundo; resucitó y ahora vive presente en su Iglesia, pero de una forma invisible. Esta Iglesia, como la esposa que tiene lejos a su esposo, suspira por él. La Iglesia vive esta esperanza. Lo van a decir ustedes, voz de la Iglesia, cuando yo levante la hostia, que es Cristo todavía oculto, y les diga: “Este es el misterio de nuestra fe”, nuestra esperanza, este Cristo que les enseño y que no lo vemos. Entonces el pueblo grita como la esposa enamorada: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección -es decir, vives- ven, Señor Jesús”.

Ven: este es el grito de que vive la Iglesia. Ven, la esperanza del corazón. Dichosos los que pueden decir que están esperando, como comparó Cristo: el guardián que está en la noche en la casa, esperando a qué hora vendrá de la fiesta el patrón, no duerme; está esperando. Así debe ser la vida cristiana. Se predica tan intensamente esta segunda venida de Cristo en los primeros tiempos que muchos llegaron a pensar que ya era próxima, pero el evangelio de San Lucas, hablando el mismo Cristo, nos desengaña: “Cuando, que nadie os engañe, porque muchos vendrán usando mi nombre y diciendo: yo soy; o bien: el momento está cerca. No vayáis tras ellos. Cuando oigáis todo ésto, sabed que primero habrá guerra, revoluciones”, y sigue anunciando también la persecución.

Esto es lo difícil del cristianismo: ¿Cuándo vendrá el Señor? ¿Cuándo, esta esposa amada que anhela ya la felicidad de vivir junto a su esposo ha de realizar sus ideales? Mientras no llegue esa hora, hermanos, San Pablo denuncia el mismo error en la comunidad de Tesalónica. La carta, hay dos cartas de San Pablo a los Tesalonicenses y son las dos cartas de la Biblia que contienen la mejor doctrina sobre la escatología, porque el error que San Pablo trata de corregir es que esta espera de la vuelta del Señor no es tan próxima y que muchos engañados por esa proximidad ya no trabajan. ¡Qué error más grave! Y San Pablo llega a decir esa palabra dura: “Trabajen, porque el que no trabaja que no coma”.

LOS DEBERES TEMPORALES

Ven aquí, cómo la Iglesia, esperando su cielo no se olvida de la tierra. Proclama la necesidad del trabajo y de pagar justo al trabajador, de hacer de esta tierra, que no sabemos cuánto va a durar, una antesala de esa espera, de ese cielo. El que con una esperanza del cielo se descuida de sus deberes temporales, dice el Concilio Vaticano II, ofende a Dios, no hace el bien al prójimo y pone en peligro su propia salvación. Los perezosos no entrarán al cielo. Los que no se promueven y no trabajan no entrarán en este reino de la diligencia del amor, porque la primera caridad es no ser carga de otros. Y San Pablo decía: “Aprendan de mí, yo que como apóstol podría exigirles que me ayudaran a dedicarme únicamente a mi predicación. Miren cómo trabajo”. Y San Pablo trabajaba; era tejedor. Y mientras no predicaba, estaba tejiendo, haciendo sus tejidos para luego venderlos, y con eso comer y dar limosna y no ser carga de nadie. Por eso, la Iglesia no predica la subversión. Una manifestación que no tuviera como objeto el reclamo de cosas justas, sino simplemente ir a hacer el mal, la Iglesia la reprobaría.

Hermanos, la Iglesia, en este tiempo de espera que no sabe si será mañana o será después de muchos años o siglos, lo que hace es tener alerta a sus cristianos, alerta porque el día del Señor vendrá cuando menos lo esperen. El Evangelio está lleno de estas sorpresas, como el ladrón que llega cuando menos lo esperan, como las vírgenes que se durmieron y cuando llegó el esposo tenían sus lámparas apegados. “Vigilad -les dice Cristo- porque no sabéis el día ni la hora”. ¿Qué hacemos mientras tanto?

Mientras tanto, hermanos, el trabajo, como dice San Pablo; y también el trabajo íntimo de cada uno, que es… Cristo nos predica: vivir fieles al Reino de Dios. Y si por eso ha de venir la persecución, qué hermoso es recordar estas palabras de Cristo a la Arquidiócesis de San Salvador: “Antes de todo esto, antes del día del Señor, os echarán mano; os perseguirán, entregándoos a los tribunales, a la cárcel; y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre. Así tendréis ocasión de dar testimonio”.

PERSECUCION

¿Por qué se asustan de que la Iglesia diga que es perseguida, si está anunciado por el mismo Cristo que su vida será persecución, que la Iglesia no puede ser halagada cuando predica contra los abusos, los abusivos tienen que perseguirla? Aquí en el comunicado que la Santa Sede hace del lema del Papa, no a la violencia, sí a la paz yo, presentando esto (lo leyeron en La Prensa Gráfica del viernes, que tuvo la bondad de publicarme también el artículo) les digo: cuando acusan al Arzobispo de sus sermones subversivos, cuando tienen el valor hasta de decir que por su culpa han matado dos policías en el cementerio, cuando acusan a la Iglesia de violenta, ya que conocemos las dos clases de violencia, ¿quiénes son más violentos? Los que tratan de mantener esa violencia institucionalizada y quieren desacreditar la voz de la Iglesia que no está de acuerdo con ella, ¿no están diciendo con esa misma calumnia que pertenecen al grupo de los violentos?

La Iglesia, hermanos, sabe que tiene que ser perseguido. Pero hay una cosa muy hermosa, cuando Cristo ahora nos dice: “Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría, a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro”. Esta es otra alegría de la Iglesia en El Salvador. Lo que hemos predicado ha salido por radio. Lo oye quien quiere y, si son imparciales y justos, jamás podrán criticarme de un crimen, como el que inicuamente quisieron atribuirme. “Al público he predicado -decía Cristo- pregunten a los que me han oído”, jamás una palabra de violencia. Gracias a Dios, el Espíritu del Señor me ayuda a decir lo que tengo que decir y siento mi conciencia tranquila de estar diciendo lo que debo decir.

Pasó esta semana por aquí un alto personero de Estados Unidos y cuando le conté toda la situación y mi posición, hombre santo, esperó mucho largo para dar su juicio. “¿Qué piensa?” vale digo. “Después de todo” -me dice- “Veo las cosas más claras, y pienso que ustedes están en lo justo”. “Le doy gracias -le dije- porque esa palabra no la oigo ni en mi propia patria” – del pueblo si, que está solidario cada vez más con esta voz que anuncia la verdad. El Espíritu de Dios pone, de veras, lo que dice el evangelio de hoy, las palabras que se deben de decir. Es natural que la interferencia humana, mis defectos, mis errores, mis limitaciones, pueden inferir con pensamientos falsos, palabras tal vez disonantes; pero entonces, hermanos, háganme la caridad de corregirme, dígame qué no les parece, dialoguémoslo, como lo he hecho muchas veces. Y ojalá pueda ser más fiel al pensamiento que tengo que transmitir, el de nuestro Señor. Y me dá más alegría todavía cuando el evangelio termina diciendo: “Hasta vuestros padres y parientes y hermanos y amigos os traicionarán; y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre”.

PIEDRA DE TOQUE

Hermanos, ¿quieren saber si su cristianismo es auténtico? Aquí está la piedra de toque: ¿con quiénes estás bien, quiénes te critican, quiénes no te admiten, quiénes te halagan? Conoce allí que Cristo dijo un día: “No he venido a traer la paz, sino la división; y habrá división hasta en la misma familia”, porque unos quieren vivir más cómodamente, según los principios del mundo, del poder y del dinero, y otros en cambio han comprendido el llamamiento de Cristo y tienen que rechazar todo lo que no puede ser justo en el mundo.

Y termina el evangelio: “Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Que venga el día del Señor cuando quiera, lo que importa es estar perseverante con Cristo, fiel a su doctrina, no traicionarlo. Me dá lástima, hermanos: muchos traidores, cristianos que ahora son espías, cristianos que ahora nos persiguen, cristianos que se apartan avergonzados de su obispo y de sus sacerdotes. Pero, la confianza de aquellos que permanecen fieles me llena de veras de valor. Y yo les digo, hermanos: no nos asustemos. La palabra no es mía, sino del evangelio en el último domingo del año eclesiástico, como lanzando una perspectiva al futuro. No sabemos cuándo vendrá el Señor que esperamos, y dichosos los que se mantengan fieles a esa espera, porque los recibirá con el cariño con que un esposo abraza a su esposa lejana para vivir ya siempre y no separarse más de ella. Esta es la Iglesia. En el corazón de cada uno de ustedes está la Iglesia. Debe vivir la esperanza, la alegría, el valor, la fortaleza para no traicionar al esposo para que, cuando venga, seamos felices en el abrazo del Señor. Así sea.

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La Iglesia escatológica

32º Domingo del Tiempo Ordinario,

6 de Noviembre de 1977.

Lecturas:
2 Macabeos 7, 1-2. 9-14
2 Tesalonicenses 2, 15-3, 5
Lucas 20, 27-38

MARCO DE LA HOMILIA:

Esta misa, queridos hermanos, cada vez me parece más la reunión de familia, la familia de la comunidad Arquidiócesana que, reunida en la Catedral, templo de la comunidad, y a través de la radio presente también el pastor con muchas comunidades parroquiales, comunidades de base, en ermitas o en hogares, comparte las alegrías, las esperanzas, las angustias, los ideales, que deben ser común para todos nosotros. Y por eso, esta especie de noticiero o de avisos que inicia la homilía no es simplemente por informar. Es para compartir, para los que simpatizan con la Iglesia sientan la unidad de estos ideales, o de estas esperanzas o tristezas, y los que no comparten con nosotros al menos conozcan el camino por donde marcha nuestro pueblo de Dios. Pero me dá gusto saber que cada día van aumentando más los que simpatizan con la vida de la Iglesia -no conmigo, yo soy muy secundario como persona, sino con la Iglesia, a la que indignamente yo represento, sabiendo que todo aquel que me aprecia, a Jesucristo, a quien represento, y todos aquellos que me calumnian, que me desprecian, que me persiguen, no es en mi persona donde termina esa actitud de rechazo, sino que rechazan al mismo que me envía-. Yo me alegro, pues, con todos aquellos que cada día se convierten más al Señor. Y ojalá, el fruto de mi palabra, fuera ese acercar los hombres a Dios. Como decía Juan Bautista, este es mi ideal, que él, Jesucristo, crezca y yo disminuya, desaparezca. En este sentido les cuento, hermanos, casi mi diario de esta semana.

El domingo recién pasado, la gran satisfacción de compartir con la feligresía de Cojutepeque su tradicional fiesta de Cristo Rey, a pesar del impedimento que se puso a algunas peregrinaciones. Yo soy testigo, porque llegando a Cojutepeque, vi unas armas deteniendo una peregrinación. Después llegaron, pero no hay necesidad de que se sospeche de gente piadosa que va a tomar parte en estas agrupaciones. Ojalá evitáramos esas provocaciones y que nuestra religión, pues, sea libre en sus reuniones, que las manifieste claramente, son fines piadosos, evangélicos. No hay por qué detenerlas con esa amenaza. Pero la fiesta resultó espléndida. Yo quiero felicitar a los caballeros de Cristo Rey de Cojutepeque y a todos sus peregrinos, a su párroco, por este amor y este entusiasmo por el Cristo Rey de nuestra Iglesia.

Una inesperada visita el lunes a la colonia de Amatepec y sus adyacentes me llenó el alma de mucho gozo. A pesar de ser una cosa improvisada, sentí el calor acogedor de esa gente que cultiva con tanto celo el padre dominico, Luis Bouguet. Yo les aseguro que allí van a hacer una comunidad, entre zonas muy pobres pero con corazones muy ricos.

También me llenó de gran satisfacción mi espíritu la misa que organizaron las hermanas oblatas al Sagrado Corazón, allá en la tumba del Padre Grande, en El Paisnal, el Día de Todos los Santos y como un preludio del Día de Difuntos. Desde el símbolo de esa tumba del Padre Grande y sus dos compañeros que perecieron con él en aquel asesinato de marzo, tuve la intención de rezar por todos los difuntos feligreses de la Arquidiócesis, y desde allí también elevar la vista a la perspectiva de tantos santos que forman parte en aquel cortejo internacional de que nos habla el Apocalipsis de toda raza y pueblo y nación. Y veía, junto al Padre Grande y los que han muerto dando su vida por su fe, por su evangelio, una innumerable cantidad de toda clase de gente nuestra, que rodea allá, entre la muchedumbre cosmopolita del cielo, al Cordero Redentor de los hombres.

Esa misma tarde, Día de Todos los Santos, organizado por las hermanas del Buen Pastor, en la rehabilitación de jóvenes, una ceremonia muy bella de confirmación. Y me confirmo yo mismo en que este sacramento de fortaleza del Espíritu Santo, que es la confirmación debe ser mejor preparado, como lo prepararon las hermanas del Buen Pastor esa tarde. Qué impresionante ver aquel grupo de jóvenes, precedidos por el cirio pascual, que representa a Cristo resucitado, y en torno de ese cirio, renovador los compromisos bautismales y recibir el nuevo don del Espíritu Santo que es la confirmación. Esta mañana vamos a hacer una ceremonia igual en la parroquia de Colón, y desde aquí quisiera llamar a todos los padres de familia, que preparen mejor a sus niños para la confirmación. Les digo con franqueza, esa muchedumbre de confirmaciones en la cripta de la Catedral no me gusta. No me gusta porque muchos no saben lo que reciben y los niños chiquitos no necesitan esa fortaleza que la van a necesitar, sí, cuando estén grandes. Pero es mejor que se preparen, y los párrocos están colaborando ya con ésto, a preparar mejor esos grupos de confirmación, que sea verdaderamente lo que la palabra dice, la confirmación de su fe bautismal. La robustece en el Espíritu Santo, sacramento de jóvenes.

En la parroquia de Lourdes, en la escuela de las hermanas de la Asunción, tuvimos también, el miércoles, una reunión muy interesante, en la que se trata ya de planificar la pastoral de esa parroquia. Va a ser de mucha esperanza este trabajo que ya hace mucho tiempo están llevando allí esta comunidad de religiosas.

En Quezaltepeque, también, tuve la felicidad de celebrar el santo humilde y bueno, San Martín de Porres, el 3 de noviembre por la tarde: una comunidad representando en muchos niños y niñas vestidos de San Martín, con su escobita, el llamamiento, el mensaje de San Martín, que no son las posiciones altas, privilegiadas, las que atraen las bendiciones mejores del Señor, sino las almas humildes que, como Martín de Porres, saben hacer de su escoba, de sus quehaceres más humildes o grandes, el instrumento de su santificación. Pero, que el destino del hombre no es tener mucho dinero, tener mucho poder, ser muy vistoso, sino saber cumplir la voluntad de Dios. Este es el mensaje que dejamos en Quezaltepeque, junto al santo negrito, San Martín de Porres.

También quiero alegrarme hermanos, y compartir con ustedes, la profundidad de reflexión que tuvimos con el equipo dirigente del seminario, sacerdotes jóvenes, preparados para formar nuestro futuro clero. Me he dado cuenta de la seriedad, de la profundidad con que han tomado en su ministerio. Yo les pido a todos que tengamos confianza en nuestro seminario y que oremos mucho para que sea verdadero forjador de los apóstoles que necesita hoy la Arquidiócesis, nuestra Iglesia.

Y finalmente, punto de oro de nuestra semana fue la mañana de ayer, en Santiago de María, en comunión con toda la jerarquía, en la presencia de muchas comunidades religiosas, parroquiales; la toma de posesión de nuestro querido hermano, Monseñor Arturo Rivera Damas, de la diócesis de Santiago de María. Valiéndome de sus palabras en su homilía, en aquella muchedumbre que rodeaba el kiosco del parque central, puedo decirles que pocas veces se ha visto en Santiago de María una presencia, un rostro de Iglesia tan elocuente, como el de ayer. Además de toda la jerarquía en pleno y muchos sacerdotes de todas las diócesis y muchos laicos, ese aspecto de muchos religiosos y religiosas daba, pues, una fisonomía de que la Iglesia está muy viva y muy presente en nuestro país, y ayer concretamente en Santiago de María. Quiero reiterar a Monseñor Rivera todos los augurios que se le expresaron ayer y que el domingo pasado, aquí en esta misma cátedra, le manifestamos, de permanecer unidos en la oración y en el trabajo.

Hermanos, también quiero comunicarles dos cartas, entre las numerosas han llegado esta semana. Una del Cardenal Bernardo Alfrink, presidente internacional de Pax Christi. Desde Holanda escribe que está informado de la situación de la Iglesia y dice: “Le suplico manifestar a sus colaboradores y al pueblo de su país nuestros sentimientos de simpatía y solidaridad. Estamos unidos en la oración por la justicia y en su lucha por establecer el respeto a los derechos humanos”.

También otra carta importante. Ustedes han oído hablar del Hermano Roger, el famoso monasterio de Taizé. No es un monasterio católico. No es un monasterio tampoco protestante. Es de la comunión cristiana en general. Allá en Francia las puertas amplias para todos los que aman a Cristo en cualquier confesión, católica o protestante. Ha prometido hacer una visita a El Salvador. Ustedes vieron publicada en Orientación una carta abierta que el Hermano Roger escribió al Presidente de la República, pidiéndole, pues su colaboración eficaz en el respeto de los derechos humanos, y su venida será posiblemente, dice su carta, “para que recemos juntos, para escuchar y también para obtener del Señor Presidente la certeza de que cesarán los actos de persecución”.

Porque, esto es triste, hermanos, la persecución continúa. En esta semana hemos tenido cosas, noticias muy tristes del departamento de Chalatenango. Pero la más triste, que nos llegaba al fin de semana, es el atropello contra el párroco de Osicala, Padre Miguel Ventura. Ciertamente, no pertenece a nuestra diócesis (es de la diócesis de San Miguel), pero un sentido de solidaridad me lleva a protestar contra este atropello de un hermano sacerdote. Tengo detalles muy crudos de cómo lo amarraron, como a un vil asesino, lo atropellaron, lo tuvieron preso en la policía de Gotera. Junto con él, otros, catequistas también han sufrido y se han desaparecido. No hay tiempo de entrar en detalles, pero sí, ciertamente, para decir que ésto no fomenta la opinión de que las relaciones con la Iglesia están mejorando. Y sí quiero recordar que el canon 119 de nuestras leyes eclesiásticas dispone: “Todos los fieles deben a los clérigos reverencia, según sus grados y oficios, y cometen delito de sacrilegio, si infieren a los mismos injuria real”. Todo aquel que toca a un sacerdote, mucho más con el espíritu con que tocaron al Padre Miguel Ventura, son reos de sacrilegio, y también sanciona en el canon 2343: “El que impusiere manos violentas en la persona de los clérigos o de religiosos de uno u otro sexo, cae de ipsofacto en excomunión, reservada a su ordinario propio, el cual, si el caso lo exige, debe además castigarlo con otras penas, según su prudente arbitrio”. Quiero decir, pues, que todos los que amarraron al Padre Miguel o atropellan a cualquier sacerdote quedan excomulgados por el mismo hecho de hacerlo, y sólo el obispo propio les puede levantar esa sanción. En este caso le toca a Monseñor Alvarez levantar esa pena de excomunión cometida contra uno de sus sacerdotes, o castigar a los reos de sacrilegio con penas mayores.

LA IGLESIA ESCATOLOGICA

Creo que basta cuando se ha dicho, hermanos, para comprender, pues, por dónde marchamos en este momento de nuestra Iglesia. Y desde este momento histórico levantamos nuestra mirada, para contemplar en la homilía de hoy, a la luz de las palabras tan bellas que nos han leído la Iglesia y podíamos titular esta homilía: La Iglesia Escatológica. La palabra “escatológico” -ciencia de las cosas últimas- nos evoca que la Iglesia señala al hombre, al pueblo, las cosas últimas, su destino hacia dónde camina, como hombre, como patria, como comunidad; lo escatológico constituye en la teología actual uno de los temas más importantes. Y diría, hermanos, que la escatología, esa ciencia, ese saber, esa experiencia, esa esperanza que el cristiano lleva de las cosas últimas, dá a nuestra Iglesia una dinámica muy original, la dinámica de la esperanza, que sólo puede nacer de una fe muy grande. Y San Pablo nos ha dicho hoy tristemente: “La fe no es de todos”.

La fe no es de todos; qué lástima me diera pensar que alguno de mis oyentes perteneciera a esta marginación, que la fe no fuera para él, no por culpa de Dios, sino por la mala voluntad, por el corazón que rechaza la predicación o al predicador. No se fijen en mi persona, repugnante para muchos; fíjense en lo que les digo en nombre de aquél que habla con un conocimiento profundo de la escatología. Porque, queridos hermanos, queridos sacerdotes, si acaso me están escuchando algunos -religiosas, religiosos, catequistas, colaboradores del Reino de Dios- el día en que como católicos comprendamos la escatología, desaparecerían de nosotros muchas pequeñeces y divisiones.

Así como decíamos hace dos domingos, de las misiones, el día en que comprendamos este trabajo universal de la Iglesia, esta misión que Dios ha confiado a nuestro pueblo de llevar a todo el mundo el mensaje salvador, desaparecerían, por las exigencias universales, las divisiones. Les hacía un llamamiento a mis hermanos protestantes a luchar, no por sembrar más sectas, no por hacer más picadillo el cristianismo, sino por unir; que nosotros protestantes y católicos, por estar divididos, y más ustedes protestantes, por dividirse en tantas sectas, llamándose todas cristianas profesando todas la Biblia, estamos dando un testimonio espantoso, como si Cristo estuviera partido, decía San Pablo. Si no hay más que un Cristo, y tenemos la obligación de unificarnos en su mensaje, matando en nosotros egoísmos, modos personales de pensar, para presentar la única fe, en el único Cristo, formando el único rebaño que salvará al mundo entero. Pues así también, si esa perspectiva universal no es necesaria para unirnos más, creo que otra dinámica, otra fuerza que nos uniría tremendamente sería esta perspectiva escatológica, el saber que caminamos hacia el mismo rumbo, el saber que somos tripulantes de la misma nave, el saber que es un mismo faro que está iluminado con su misma luz, para atraer la nave en medio de las borrascas del tiempo y de la vida.

¿Qué nos enseña acerca de la escatología este domingo? Y quisiera que se fijaran en esta circunstancia: prácticamente es el último domingo del año eclesiástico; el otro domingo es propiamente el último, pero la Iglesia ha querido coronar el año eclesiástico con la fiesta de Cristo Rey, el otro domingo estaremos celebrando el domingo de Cristo Rey, como corona de todo el año litúrgico, el Rey del tiempo, el Rey de todos los años, corona y principia los años de la vida, por eso hoy, domingo 32 del tiempo ordinario, prácticamente es el fin de año, el último de nuestras reflexiones sobre la Iglesia. Qué oportuno es este fin de año eclesiástico para que la Iglesia, así como nosotros el 31 de diciembre, analicemos qué hemos hecho en el año, hacia dónde están orientados nuestros pensamientos en el año nuevo, la escatología, pues, es como una brújula puesta en nuestra nave para mirar si caminamos bien; y por eso, las lecturas nos hablan de ese más allá: la resurrección.

LA RESURRECCION

La primera lectura es uno de los pasajes más heróicos, una epopeya preciosa de la Biblia. A partir de Alejandro Magno, en sus conquistas por el oriente, comenzó para la Tierra Santa un período muy peligroso, que lo continuaron los reyes, los Eléucidas; y en el caso de la lectura de hoy, un rey llamado Antíoco. Era el proceso de helenización; se llama así el querer introducir en Palestina costumbres griegas. Eso quiere decir helenización. Helénico es lo mismo que griego, las costumbres griegas, paganas: gimnasios, estadios. Todo ésto iba en muchas cosas contra la ley sagrada de Moisés, y había choque. Siempre que se quieren imponer otros criterios o los sentimientos auténticos del pueblo, hay choque, no hay bienestar. La imposición helénica de Antíoco despertó la sublevación en el pueblo. Una familia Matías con sus siete hijos, el más famoso fue -Judas el Macabeo- lograron organizar el ejército contra esta invasión pagana en la Tierra Santa, y a la luz de ese heroísmo surgían en Palestina hechos muy hermosos.

El que nos ha leído la primera página de hoy nos cuenta el caso de una madre que tenía siete hijos. Madre fiel a la ley del Señor, no quería sacrificar carnes de puerco a los falsos dioses helénicos; y, por no obedecer, fueron martirizados uno por uno sus siete hijos. Y en esa página del libro segundo de los Macabeos -lean el capítulo 7 del segundo libro de los Macabeos, allí tienen una teología del martirio, una teología que hoy necesita mucho nuestro pueblo, la teología del testimonio de fidelidad a la Ley de Dios antes que obedecer a los que profanan la ley del Señor, los derechos del Señor. Sacando el conjunto de las respuestas de los siete niños- o hijos, unos eran más grandes, se concluye que el pensamiento de Israel, privaban estas ideas: Hay que obedecer la Ley de Dios, aun cuando suponga el riesgo de morir.

Qué principio más valiente. Pero ésto se afianzaba en una gran esperanza, segundo principio: Porque aquel a quien lo mutilan, le cortan la lengua, los brazos, lo despedazan, por la Ley de Dios, resucitará con sus miembros íntegros, y esa vida que le quitaron los poderes de la tierra, se la devolverá glorificada el Señor. También resucitarán los verdugos, dice la Biblia, pero no para recibir gloria, sino el castigo merecido, la ignominia si no se arrepintieron de su pecado.

Esta teología también nos lleva a este pensamiento: no es que los martirizados sean los santos y los otros sean los malos. También dicen los Macabeos: Dios castiga los pecados de sus hijos por medio del azote de los injustos. Pero mientras que sus hijos castigados por la providencia de Dios van a recibir premio y galardón por su enmienda, los que sirvieron de azote a los hijos de Dios, si no se arrepintieron de sus crímenes, serán echados a la ignominia eterna.

CRISTO Y LA RESURRECCION

Qué teología más bella. Es la que luego vemos aplicarse en el evangelio, que nos ha presentado el caso curioso de los siete maridos. Eran hermanos que se fueron casando sucesivamente con una sola mujer. Moría uno, se casaba con el otro. Y preguntan -el ridículo, porque los saduceos no creían en la resurrección, y para burlarse de la resurrección le propusieron a Cristo este pasaje, este caso de conciencia: ¿de cuál de los siete, si es verdad que resucitan todos, de cuál de los siete va a ser la mujer allá en esa resurrección? El caso parece bien planteado; sin embargo, Cristo toma la oportunidad para predicar aquí la relatividad de las cosas temporales. “Se equivocan” -les dice- “No saben ustedes cómo será esa vida de la resurrección”. Si es cierto que en esta vida, por una ley de Moisés que se llamaba la Ley del Levirato -la Ley del Levirato ordenaba que si moría un hombre sin dejar hijos, su hermano soltero tenía obligación de casarse con la viuda para dar el nombre de su hermano a un hijo de esa viuda-. El caso es legítimo de los siete que murieron sin tener hijos, pero la resolución es ésta: todas esas leyes del matrimonio, el mismo matrimonio, tiene un sentido relativo, histórico, temporal; solamente es necesario que el hombre y la mujer tengan hijos en esta tierra donde es necesario conservar el género humano, pero en la resurrección donde serán inmortales, no se tendrá en consideración esa relación sexual. No existe el matrimonio. Todos serán como ángeles de Dios. Existirán naturalmente los cuerpos resucitados con todos sus miembros, pero la razón de las funciones de los miembros corporales se transformará. Lean ustedes aquellos capítulos de San Pablo a los Corintios donde les habla que una cosa es el cuerpo que se muere y se entierra, y otra categoría el cuerpo que resucita para la vida eterna, cuerpo espiritual. No se dá en el cielo la necesidad sexual de la carne que exige por esas leyes la procreación. No hay necesidad.

Aquí vamos a sacar una hermosa consecuencia, hermanos. Esta homilía nos dá la oportunidad para ver las aberraciones de aquellos que abusan de los placeres sexuales: el evitar los hijos, la homosexualidad, las relaciones prematrimoniales, el aborto, la prostitución es únicamente poner un uso de funciones corporales al servicio del placer, del egoísmo; y esas cosas las ha dado Dios para fines muy grandes. He aquí lo escatológico la finalidad de lo último. Si frente a las relaciones humanas pensáramos siempre la finalidad de mi vida, no existiría ese desorden que llamamos aquí la explosión demográfica, que no es en el matrimonio precisamente, sino fuera del matrimonio -el machismo, el hombre que va dejando hijos por todas partes, ese es el culpable de la explosión en El Salvador-. Un matrimonio ordenado, todo El Salvador con matrimonios ordenados, no tuviéramos este fenómeno espantoso de tantos hijos sin padre, frutos nada más del placer de un momento de la relación sexual.

LO TEMPORAL Y LO ETERNO

Y así de lo demás. Si se tuviera en cuenta lo relativo de lo temporal, los que están en el poder no lo absolutizarían, sino que lo usarían para el bien común. Tuvieran en cuenta que hay un juicio de Dios que va a pedir cuenta, a gobernantes y gobernados, del ejercicio de sus facultades. Y las riquezas: si se tuviera en cuenta que el becerro de oro no es más que un ídolo, que va a desaparecer, que cuando uno muere se va con las manos vacías de todas las cosas temporales. Lo escatológico: si se tuviera la idea escatológica en el uso del dinero, en las relaciones de patronos y obreros, en el trato de los cortadores, si la escatología iluminara esa relaciones, qué relativo parecería todo lo temporal. El dinero, los placeres, el poder es relativo. El mismo matrimonio, que parece tan estable, es relativo. El celibato sacerdotal y religioso es relativo. Si nosotros sacerdotes hemos aceptado una renuncia al matrimonio, tenemos que ser fieles precisamente porque hay que dar testimonio en medio de los casados que las relaciones sexuales sólo tienen un valor relativo, y que los hombres y las mujeres cébiles, o que no se casan, los solteros que viven en castidad su soltería, ya están dando testimonio de lo que será la otra vida. Serán como los ángeles, dice Cristo en el evangelio de hoy. No morirán, serán inmortales. No necesitarán las cosas de la carne.

Ojalá, hermanos, que me haga comprender, para que un soplo de espiritualidad sea la mejor respuesta a tantos problemas que han hecho como del sexo el centro de la vida, el centro de las preocupaciones. No es lo sexual lo principal del matrimonio. Es la formación mutua, preparándose para ser un día ángeles en el cielo, santificarse esposa y esposo e hijos en el uso casto y honesto, según la Ley de Dios, de esa institución que se llama el matrimonio. Y por eso, hermanos, como centro de esta escatología, San Pablo en su carta a los Tesalonicenses propone a Cristo, nuestro Señor. Cristo es la explicación del cristiano.

LA PERSONA DE CRISTO

Hermanos, cómo quisiera yo grabar en el corazón de cada uno esta gran idea: El cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que ceer, de leyes que hay que cumplir, de prohibiciones. Así resulta muy repugnante. El cristianismo es una persona, que me amó tanto, que me reclama mi amor. El cristianismo es Cristo. Ah, a la luz de Cristo, como se lleva castamente el matrimonio. A la luz de Cristo, como se comprende lo escatológico, un hermano mayor que me está esperando, más aún, que ya va conmigo. Porque cuando hablamos de escatología, quisiera grabar esta otra idea: Lo escatológico no es sólo lo que se espera; lo escatológico es lo que ya se tiene, cuando se tiene fe a Cristo en el corazón. No esperamos morir para ser felices; ya somos felices cuando tenemos el Reino de Dios, como decía Cristo: “en vuestros corazones”. Cuando Cristo vino hace veinte siglos, comenzó la escatología. Es el último acto de Dios para darle a la historia su sentido final. El sentido final de la historia, el sentido relativo de todas las cosas, lo dá Cristo; instaurar todas las cosas en Cristo. Solo aquello que se va apegando a Cristo ya está siendo escatológico. El joven, el matrimonio, el anciano, el enfermo, el que cumple el deber o sufre una pena, si ya la sufre unida íntimamente con cristo, Rey de los siglos, ya está en la escatología. Por eso, en la Iglesia es clásico este movimiento que se expresa con estas palabras: “Ya, todavía no”, como un péndulo de un reloj; “ya, todavía no”, “ya todavía no”. Ese es el cristianismo: ya, ya debo de vivir como si viviera en el cielo; todavía no, porque no se ha manifestado lo que soy; ya, siento mi compromiso con este Cristo, encarnándose en este pueblo al cual debo servir y dar mi vida, aunque no veo el esplendor de la gloria que llevo escondido en mí mismo. Todo aquel que ahora está en gracia de Dios y que se va a acercar a la comunión, ya vive el Reino de Dios, pero todavía, no se le ve lo que es, pero ya lo lleva escondido en su corazón. Eso se llama la escatología presente, o sea que la escatología tiene dos momentos: un presente y un futuro; el presente lo vive la gente de fe, de esperanza. En la marginación, en la pobreza, en la humillación, en la tortura, el hombre ya está viviendo ese cielo, esa esperanza. Y si ahí muere, no ha sido más que el vaso de barro que se quiebra y la luz esplendorosa que ilumina toda su vida.

Vivamos, hermanos, esta escatología. Vivamos ya en reino de los cielos. Y esta será pues, la gran esperanza del evangelio, la que yo quiero predicar con todas mis fuerzas y quisiera imprimir profundo en el corazón de todos. No desesperemos, no busquemos soluciones de violencia, no odiemos, no matemos. Y repito ésto así claramente, porque ayer supe allá por Santiago de María, que ya, según algunos amigos míos, yo he cambiado, que yo ahora he predicado la revolución, el odio, la lucha de clases, que soy comunista. A ustedes les consta cuál es el lenguaje de mi predicación. Un lenguaje que quiere sembrar esperanza, que denuncia sí, la injusticias de la tierra, los abusos del poder, pero no con odio, sino con amor, llamado a conversión, para que todos vivan ya este movimiento escatológico, que es alma y esencia de esta Iglesia animada por el Espíritu de Dios que vive y reina por los siglos de los siglos.

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Los Caminos de las Bienaventuranzas

Todos los Santos,

1º de Noviembre de 1977

El Paisnal
Lecturas:
Apocalipsis 7, 2-4. 9-14
I Juan 3, 1-3
Mateo 5, 1-12a.

Yo he querido venir con mucha devoción, con mucho cariño, a esta celebración que se está realizando en la Iglesia de El Paisnal. Fue una invitación, una invitación, una iniciativa, de las queridas religiosas oblatas al Sagrado Corazón que, en colaboración convalientes catequistas y asesoradas por la pastoral de la Arquidiócesis, están manteniendo esta llama de la fe, en este difícil ambiente de Aguilares, de El Paisnal y de todos los cantones.

Mi presencia aquí, quiere ser entonces, un apoyo a esta pastoral, a esta hora heróica, de quienes no se avergüenzan de la Iglesia en estas horas de prueba, como acaba de decir al Apocalipsis, “la gran tribulación”.

PALABRA DE ANIMO

Quiero ser mi presencia de pastor, junto a las religiosas y a ustedes, queridos catequistas, casi como la presencia del Padre Grande aquí muerto entre dos campesinos: Manuel y Nelson Rutilio. Aunque el Padre Grande, don Manuel y Nelson ya terminaron su faena, y ahora se unen a esa turba de los santos en el cielo, para que nosotros contemplemos -pastor y fieles miremos a través de estas tumbas, no sólo el Día de Difuntos, que se celebrará mañana, sino a los santos del cielo, la gran muchedumbre venida de la gran tribulación por los caminos de las Bienaventuranzas, que se acaban de proclamar en el evangelio. Para decirles, también, no sólo a las hermanas y a los catequistas, sino a los fieles, sobre todo aquellos que se encuentran un poco acobardados, miedosos, huyendo: que no tengan miedo, que vale la pena seguir estos caminos que no terminan en una tumba sino que se abren al horizonte del cielo.

Y vengo, queridos hermanos, para decirles en este ambiente donde la persecución, el atropello, la grosería de unos hombres contra otros hombres ha marcado de sangre y de humillación, a decirles el lenguaje claro de la Iglesia. Que no se confunda este lenguaje, este mensaje de esperanza y de fe de la Iglesia, con el lenguaje subversivo, con el lenguaje político de la mala ley, de los que pelean por el poder, de los que disputan las riquezas de la tierra, de los que hablan de liberaciones únicamente a ras de tierra, olvidando las esperanzas del cielo, de los que han puesto sus ilusiones en sus haciendas, en sus haberes, en sus capitales, en su poder; para decirles a todos, hermanos, que el lenguaje de la Iglesia no hay que confundirlo con esas idolatrías; y que los idólatras y los que le sirven a los idólatras no tienen por qué temer este lenguaje nítido, limpio de corazón, claro que la Iglesia predica.

Y ningún día me parece tan hermoso para decirles el lenguaje claro de la Iglesia que este día 1º de noviembre, Día de Todos los Santos, y en vísperas del Día de los Difuntos también recordarles el fin de la vida humana: todo se acaba -y solamente queda la alegría de haber sido leal a la ley del Señor, de haber amado al prójimo, de haberse dado por el prójimo, dado en generosidad, en amor, en servicio- y no haber aprovechado la vida para atropellar la dignidad y los derechos del hombre, sino para que a la hora en que nuestra muerte nos presente ante el tribunal, sepamos recibir de aquellos labios infalibles divinos un: “¡Pase adelante! Venia, benditos de mi Padre a poseer el reino de los cielos, porque fuiste caritativo, porque no fuisteis groseros, porque todo lo que hiciste con uno de mis hermanos chiquitos a mí me lo hiciste. A mí me golpeaste cuando torturaste, a mí me mataste cuando hiciste aquel crimen, a mí también me serviste con amor cuando me defendían cuando dabas tu cara por mí, cuando enseñabas el catecismo a los niños, cuando atendías a los enfermos, cuando dabas al necesitado por amor. Y te confundías pensando que hacías otra cosa! A mí me servías!”

Este es el lenguaje nítido de la Iglesia; no lo confundamos, por favor. Quisiera decirles pues, hermanos, en este Día de los Difuntos, el sublime lenguaje que nos está hablando hoy en esta tumba el Padre Grande, don Manuel Solórzano y el niño Nelson Rutilio Lemus. ¿Qué lenguaje nos están hablando? El lenguaje de que todo termina, lo temporal termina en la tumba: lo temporal… pero es cuando comienza lo eterno; y que ya lo eterno se ha recogido también en lo temporal cuando en lo temporal, es decir en las cosas de la tierra, se tuvo presente que ya aquí en la tierra comienza un reino de los cielos.

Y por eso este Día de Todos los Santos yo incorporo en esta tumba de bienaventurados del cielo a estos tres muertos, y a nuestros queridos difuntos también, que en esta ola de persecución han muerto. Yo quiero recordar aquí al querido hermano, el Padre Alfonso Navarro, a nuestros queridos hermanos catequistas, -sería imposible enumerarlos- pero recordemos, por ejemplo a Filomena Puertas, a Miguel Martínez, a tantos otros, queridos hermanos, que han trabajado, que han muerto, y que en la hora de su dolor, de su agonía dolorosa, mientras los despellejaban, mientras los torturaban y daban su vida, mientras eran ametrallados, subieron al cielo. ¡Y están allá victoriosos! ¿Quién ha vencido? Como la Biblia, podemos preguntar desde el cielo a nuestros mártires, a los que los mataron y los siguen persiguiendo, a los cristianos: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?” La victoria es la de la fe. Han salido victoriosos los matados por la justicia.

Y los vencidos, los humillados, los que ahora no dan su cara, son los que mataron. No los odiamos. Desde el altar pedimos a Dios: dales Señor el arrepentimiento, que vuelvan por los caminos de la piedad, que se den cuenta del horrendo crimen que cometen, para que sean un día también santos como bienaventurados del cielo. Porque, hermanos, el cristiano no odia. Yo me imagino al Padre Grande y a los mártires de nuestra persecución, en el cielo pidiendo mucho al Señor por sus verdugos para que se conviertan y vengan un día a gozar esta alegría que dá el haber sido fieles al Señor. No podemos imaginar al Padre Grande -yo lo dije allá en su funeral en la Catedral- un Padre Grande odiando, pidiendo venganza, azuzando a la violencia, como se le calumnió. El que lo conoció sabe que aquel corazón era imposible para estos sentimientos de odio, que los vulgares asesinos se pueden imaginar y lo imaginan, en su corazón de sacerdotes y de apóstol.

Yo los incorporo a nuestros muertos, no sólo para que recemos por ellos pidiendo su eterno descanso, sino que en el Día de los santos yo he dicho, también, pensando en ellos, la plegaria que acaba de decir aquí en el altar: “Señor, tú has juntado en una sóla fiesta los méritos de todos los santos”, es decir, de todos los sacerdotes, cristianos, catequistas martirizados, sufrientes del dolor y de la persecución, para darnos la alegría de celebrarlos en una turba innumerable allá en el cielo.

LAS BIENAVENTURANZAS

Y hermanos, en esta reflexión que estamos haciendo aquí en la querida iglesia de El Paisnal, convertida en una tumba muy querida, esta meditación nos lleva a pensar en el evangelio que les acabo de leer: Bienaventuranzas. Son los caminos por donde caminan los verdaderos cristianos. Les he prometido hablarles aquí hoy, en este ambiente de confusión de Aguilares y de El Paisnal, en este ambiente de espionaje, de orejas, de informadores falsos, que comprendan el lenguaje nítido de la Iglesia. Se están dando cuenta que aquí no estoy yo azuzando a nadie a una revancha, a un odio, a una violencia. Han escuchado la lectura que con voz clara acabo de hacerles de los caminos que yo quisiera para todos los que caminan en esta tierra, en El Paisnal, en Aguilares: los caminos de las Bienaventuranzas. Estos son los caminos que predico estos son los senderos por donde la Iglesia lleva a sus hijos esto a sus hijos, esto es lo que se enseña en nuestros grupos de reflexión, ésto es lo que enseñan los catequistas en la celebración de la palabra, en la enseñanza del catecismo a los niños: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Si predicaron otra cosa que no son los caminos de la Bienaventuranza, no serían católicos, no serían reuniones católicas. Pero que se den cuenta, hermanos, de los caminos por donde la Iglesia va enseñando a sus hijos, cuando en sus opciones personales son libres de incorporarse a las agrupaciones que quieran; pero si quieren llevar su nombre cristiano a esas agrupaciones tiene que llevar muy hondo en su corazón estos sentimientos de las bienaventuranzas.

Y ésto es lo que hicieron el padre Grande y los compañeros que trabajaron en estas tierras. Enseñaron lo que acaba de decir el Papa en el sínodo de la catequesis y muchos obispos de Latinoamérica, que el catecismo que hay que enseñar hoy a nuestro pueblo no tiene que ser un catecismo que se olvida de los grandes problemas sociales en que viven los cristianos, que tiene que ser una catequesis que recuerde las dimensiones históricas, es decir, los compromisos de un cristiano que vive hoy y aquí en estas tierras tan problematizadas, y que verdaderos catequistas, como fueron estos jesuitas que pasaron por Aguilares, tienen que enseñar ese lenguaje del compromiso de la fe tomando opciones también en la vida concreta de su pueblo, pero siempre como cristianos, nunca la violencia, nunca el odio, nunca otra cosa más que el evangelio que se acaba de decir por dónde caminan los santos.

LA LIBERACION QUE PREDICA LA IGLESIA

Y santos los hay también en los grupos donde se lucha la liberación de nuestro pueblo. No todos, naturalmente, son santos. Hay muchos que predican el odio y predican la violencia y no creen en el camino del amor. Yo quisiera, si alguno de ellos me está oyendo, decirle que se convierta a los caminos cristianos. Recuerdo muy bien en el funeral del Padre Grande, citando yo los pensamientos de Pablo VI en su exhortación Evangelii Nuntiandi, decir que éstos, como el Padre Grande, son los hombres que la Iglesia ofrece en colaboración con la liberación del mundo actual, que la Iglesia tiene que luchar por esta liberación de las esclavitudes y sobre del pecado, pero que esa liberación que la Iglesia predica lleva tres características que yo encontré en el Padre Grande y en los liberadores también que, como el Padre Grande, se incorporan a la lucha liberadora de nuestro pueblo:

primero, una inspiración de fe;
segundo, una inspiración de amor;
tercero, una doctrina social de la Iglesia puesta a la base de su prudencia y de su acción.

1. INSPIRACION DE FE

Estas tres cosas hacen al hombre cristiano de hoy, el verdadero liberador de su pueblo. Que su lucha se ilumina en una fe. ¿Y qué otra cosa es el Día de Todos los Santos? Una fe que nos abre el horizonte donde irán a dar los que luchan limpiamente, iluminados en la fe, para hacer un pueblo más digno, para liberar al hombre de las esclavitudes, del analfabetismo, del hambre, de la miseria en que vive la mayoría de nuestro pueblo. La Iglesia no puede ser indiferente a tanto dolor, a tanta injusticia; y ella lucha, pero con sus ojos puestos en la fe. Sólo desde la Bienaventuranza, desde la esperanza de ese cielo iluminado por la fe, los verdaderos liberadores cristianos colaborarán con el verdadero lenguaje de la Iglesia. Ojalá, hermanos, no se dejen confundir con otras ideologías, con el ateísmo, con una lucha solamente de tierra, de adquirir poderes políticos, sino con una lucha que pone sobre todo su esperanza en la gran recompensa que Cristo ha dicho hoy: Bienaventurados los que sufren por la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los que ahora lloran el hambre, la pobreza, la miseria, la marginación, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los liberadores que ponen su fuerza no en las armas, no en el secuestro, no en la violencia ni en el dinero, sino que saben que la liberación tiene que venir de Dios, que será la conjugación maravillosa del poder liberador de Dios y del esfuerzo cristiano de los hombres. Que se conviertan, que no adoren el ídolo de la riqueza, ni del poder político, y por mantenerlo son capaces de hacer cualquier atropello. Que se conviertan para que unidos al trabajador, al pobre, pobres y ricos, patronos y obreros, dueños de fincas y trabajadores, todos construyamos ese mundo nuevo, ese cielo nuevo de esperanza cristianas.

2. INSPIRACION DE AMOR

Y luego, hermanos, no solamente una luz de fe, sino una inspiración de amor. El verdadero liberador cristiano, el que gozará un día la patria del cielo, será aquel que lucha en la tierra con la potencia de la justicia, pero con inspiración del amor. No odia, no mata, no hace el mal, sino que ama y espera en el Dios que es Dios de amor y que oye el clamor de su pueblo y a su hora también vendrá a dar ese amor que hace falta en el mundo. Suspiremos por ese amor, hermanos. Desde la tumba del Padre Grande elevemos al cielo una plegaria: Señor, envía amor a esta tierra. Tú que trajiste fuego para que ardiera en el corazón de los hombres, mira cuanto odio, mira cuanta frialdad, mira cuanto materialismo, cuanto egoísmo, cuanta envidia. Señor, que tu amor queme tanta basura en el corazón de los hombres y no hagamos santos, porque la santidad que ahora celebramos, Día de Todos los Santos, es aquella que hizo el trabajo cada uno en su propio deber, cada uno en su propia vocación: yo como obispo, otros como sacerdotes, como religiosas, como catequistas, como jornaleros, como trabajadores cada uno, pero realizando su tarea con amor: servir al prójimo por amor a Dios.

3. LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Y también, además de esa inspiración de fe y esa inspiración de amor, conocer la doctrina social de la Iglesia. La Arquidiócesis ha editado un folletito en el cual están contenidas las orientaciones sociales a la luz del magisterio de los pontífices, del evangelio. Yo les encarezco, hermanos, sobre todo aquellos que se preocupan de los problemas sociales, estudien la doctrina social de la Iglesia, cómo la Iglesia sabe conjugar el respeto de los derechos y las exigencias también de los deberes. He aquí, pues, la pauta, para que en esta reflexión, nosotros salgamos de esta peregrinación que hemos hecho a la tumba del Padre Grande y de los compañeros en el martirio, a celebrar el Día de los Muertos y el Día de los Santos. Porque desde esta tumba del Padre Grande vamos a rezar, hermanos, por todos los sacerdotes muertos, por todos los religiosos y religiosas muertas, por todos los catequistas, por todos los cristianos, por todas nuestras familias que ya duermen el sueño de la paz. No vamos a visitar cementerios, pero desde la tumba de este símbolo de los muertos, el Padre Grande y sus dos compañeros de asesinato, vamos a rezar por todos los muertos. Lo estamos haciendo ya. Y pensando en nuestros muertos, los pensamos santos. Y mientras tanto, nosotros queremos también ser santos con la santa inquietud de la liberación cristiana. ¡Santifiquémonos!

Ahora, hermanos, no se santifica nadie, si no entra en estas exigencias del evangelio a la hora actual. Por eso no teman los conservadores, sobre todo aquellos que no quisieran que se hablara de la cuestión social, de los temas espinosos, que hoy necesita el mundo. No teman que los que hablamos de estas cosas nos hayamos hecho comunistas o subversivos. No somos más que cristianos, sacándole al evangelio las consecuencias que hoy, en esta hora, necesita la humanidad, nuestro pueblo. Y por aquí se camina, por la pobreza de espíritu, por la lucha por la justicia, por los sembradores de paz. Los caminos de la Bienaventuranza están hoy en caminos muy peligrosos, y por eso son pocos los que los quieren caminar. No tengamos miedo. Sigamos este caminar que nos llevará a ser un día difuntos, para que recen por nosotros, pero también santos en el cielo, participantes de la gloria de Cristo resucitado.

Celebremos esta eucaristía, hermanos. La Iglesia de El Paisnal está convertida esta mañana en una catedral, porque la catedral es donde el obispo, centro de la unidad de toda la diócesis, eleva la hostia y el cáliz, que es Cristo, en señal de unidad de todo un pueblo, toda la Arquidiócesis, al Señor, para pedirle a Dios que a cambio de este sacrificio de Cristo en el altar, al que se unen los sacrificios de todos los que trabajan por el Reino de Dios, nos bendiga, nos haga santos, con esa santidad moderna de los cristianos comprometidos con la hora actual. Que de aquí salgamos pues, hermanos, más animosos y que aquellos que todavía no se han acercado (tal vez a través de la radio les llega esta voz) sepan que desde la tumba del Padre Grande ha salido un grito de la Arquidiócesis: Cristianos, ¡valor! No importan las horas dificiles, porque también para nosotros, si somos fieles, se oirá la voz del Apocalipsis, que se acaba de cantar como liturgia de la palabra: “Estos son los que vinieron de la gran tribulación y ahora gozan la alegría de los elegidos del Padre”. Así sea.

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Signos de los tiempos


31º domingo del Tiempo Ordinario

30 de Octubre de 1977

Lecturas;
Sabiduría 11, 23-12, 2
2 Tesalonicenses 1, 11-2, 2
Lucas 19, 1-10

Además de la lectura de la Biblia, que es la palabra de Dios, un cristiano fiel a esa palabra tiene que leer también los signos de los tiempos, los acontecimientos, para iluminarlos con esa palabra. Yo voy a señalarles unos cuantos signos y luego he suplicado a Monseñor Rivera, que él nos dé la interpretación bíblica, la homilía propiamente. Y en primer lugar, quiero que analicemos y veamos a la luz de la fe este espectáculo de dos obispos celebrando la eucaristía. Somos los sucesores de los apóstoles, que a través de los tiempos vamos llevando al pueblo, a la historia, la revelación de Dios. Los obispos somos los encargados, los maestros autorizados para cuidar el depósito de la fe y transmitirlo y, al mismo tiempo, hacer vida presente la redención de Jesucristo.

Por eso, al ser designado nuestro querido hermano, Monseñor Rivera Damas, obispo residencial de Santiago de María, miremos con fe a este sucesor de los apóstoles, que va a dirigir esa porción de la Iglesia. Y ya que aquí en la Arquidiócesis ha dado diecisiete años de servicio episcopal, es justo que expresemos para él, no sólo los sentimientos humanos de gratitud, aprecio, admiración, solidaridad; sino que con visión de fe, sea toda la comunidad, como cuando Pablo, cuando uno de los apóstoles, partía de una comunidad a otra comunidad, llevaba el corazón de toda aquella Iglesia que seguía regando y seguir acompañándolo; así siento que iremos, pues, con Monseñor Rivera, que es toda la Arquidiócesis, que ya se expresó en una manifestación muy bella de cariño, el miércoles de está semana, en un homenaje de todos los sacerdotes en Domus Mariae, y que ahora esta misa de la Arquidiócesis quiere ser para él también un homenaje cariñoso de solidaridad, para decirle que no va solo, que con él van todos sus hermanos, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles, a trabajar en ese trabajo duro y difícil, incomprendido, de proclamar una palabra para el mundo que no quisiera oirla. Y como signo de esa comunión, pues, celebramos hoy juntos esta eucaristía.

Otro signo de nuestro tiempo, esta semana, que alguien llamó, ha sido una semana trágica; y la Catedral donde nos encontramos, ha sido escenario de sangre. Aquí vino a morir baleado José Roberto Valdez. Aquí lo tuvimos en velación, y aquí también, hermanos, yo quise celebrar personalmente la misa de cuerpo presente antes de su entierro. Desde entonces anuncie lo que ya está sucediento, la crítica contra el que quiso solidarizarse con el dolor; y dijeron que he hecho un acto poco político. No me importa la política. Lo que me importa es que el pastor tiene que estar donde está el sufrimiento; y yo he venido, como he ido a todos los lugares donde hay dolor y muerte, a llevar la palabra de consuelo para los que sufren, expresar la condolencia a la familia doliente, como la expresé también a la familia de la vendedora que fue también muerta en ese hecho de sangre, como también lo estoy enviando hoy a los familiares de los policías muertos. Para la Iglesia no hay categorías distintas. Sólo hay el sufrimiento, y tiene que expresarse en el dolor donde quiera que se encuentre. Como estuve junto a la muerte del Canciller Borgonovo, como he estado junto al dolor de los campesinos, pienso que es la voz de la Iglesia, una palabra de condolencia en el dolor. También quise que fuera una palabra de repudio al crimen, repudio a la violencia. ¿Cuándo vamos a terminar esta ola de sangre y de tormento para nuestra patria?

También quise que fuera mi palabra, en ese funeral, una palabra de apoyo a los reclamos justos de nuestro pueblo. Los reclamos justos, les decía yo. ¿Qué pecado hay en que un pobre cortador de café, o de caña, o de algodón, con hambre pida ocho cucharadas de sopa, un huevo, una comida que apenas le reponga las energías que gasta para ayudar a levantar esas cosechas que hacen feliz al país y debe ser una obra de Dios, para felicidad de todos?

Me dió mucho gusto, al terminar la homilía, una señora que se acerca para decirme: “Yo soy una pequeña cafetalera, y le vengo a decir que yo siempre lo he estado escuchando y estoy de acuerdo en estos reclamos, que todos tenemos que participar en la felicidad del país”. Le di las gracias, y le dije: “Su palabra me estimula, me dá la esperanza de que hay eco en el corazón de los salvadoreños”.

Así como también me dolió un telegrama de un sembrador de caña, que dice: “El Arzobispo no sabe lo que se gasta. Por eso está reclamando para los trabajadores”. Yo he aclarado que no es como técnico que estoy hablando, que yo no sé cuánto se gasta, ni cuánto se debe de pagar. Pero sí sé que Dios da el fruto de la tierra para todos. y como pastor, en nombre de Dios que crea las cosas, digo a los que tienen y a los que trabajan y a los gobernantes: que sean justos, que escuchen el clamor del pueblo, que con sangre y con violencia no se van a arreglar las situaciones económicas, sociales y políticas, que tiene que profundizarse, para que no haya más semanas trágicas ni más dolores. Es necesario que se oiga a tiempo.

Ya es demasiado tiempo que está esperando el pueblo. Y yo creo que es justo que se estudie a fondo, con técnicos, no malbaratando los fondos del Estado, ni dando otros destinos a los productos de nuestra tierra, sino dándolos para lo que Dios los ha creado, para el bienestar de toda la comunidad, con la justicia, el respeto a la propiedad privada y todo lo que la Iglesia defiende también. Pero que sea siempre con aquello que San Pablo dice: de salvar de la opresión del pecado a la creación, que está gimiendo, esperando la liberación de los hijos de Dios.

También, en ese contexto, quiero agradecer y felicitar la carta de una profesora, que llega con un cheque de 1,407 colones. Dice: “Esto supone tres meses de mi jubilación. Yo los quiero dar con gusto, para ayuda de aquellos necesitados que dicen que tienen deudas por las circunstancias actuales”. Y en la curia diocesana tenemos un fondo de beneficencia que se ve engrosando con estas limosnas y dádivas, que son más bien ayuda de hermano a hermano; y cuándo bien está haciendo este dinero. Que Dios bendiga a esta maestra con sentimientos cristianos.

Y, finalmente, yo dije frente al cadáver de José Roberto: “La Iglesia no puede callar aquí: una palabra de esperanza, una palabra del más allá. La lucha reivindicadora de los derechos en la tierra no debe olvidar que hay un Dios que juzga y que hay una muerte que nos coloca más allá de la historia; que existe un cielo y existe un infierno; que existe una justicia de Dios, lo que se llama la visión escatológica de la Iglesia”. Yo quisiera sembrar en estas horas de tragedia, de sangre, de dolor, esta visión de esperanza, de más allá, no como opio del pueblo, como dice el comunismo, criticando a la Iglesia, sino cómo estímulo para que en esta tierra seamos más justos, saber que hay un juez que nos va a pedir cuenta a unos y a otros; y de esta esperanza quisiera llenar el corazón de los que han sido víctimas de la violencia en estos días.

Y ésta es mi tercera visión de la realidad; una víctima de la violencia se solidariza con esta semana de tragedia; se acerca entre lágrimas don Luis Chiurato. Toda su familia llora, como ustedes saben, una desaparición misteriosa de su esposa y de su madre. “Casi estoy seguro -me dice- que ya está muerta; le dejo esta limosna para que ofrezca una misa por ella y por los que murieron en esta semana, y por tantos que han muerto, víctimas de esta tragedia interminable”.

Cómo le agradezco, don Luis, y cómo siento con su familia, usted lo sabe, la angustia de una desaparición en forma tan misteriosa. Junto a usted hay muchas familias que lloran desaparecidos, sin aparecer. Por todos ellos, los que no se sabe si están muertos o están vivos, y por aquellos que se sabe ciertamente que han sido muertos por la violencia, elevamos nuestras plegarias. La oración de la Arquidiócesis en esta mañana es así, una oración votiva al Señor, para que traiga consuelo, esperanza, a tantas familias angustiadas y de también consuelo eterno a tantos que ya traspusieron los umbrales de la vida.

Y finalmente, hermanos, tenía otras noticias de la vida de nuestra Iglesia: como los veinticinco años de sacerdocio de varios hermanos nuestros; también mi felicitación a la ceremonia de confirmación en la comunidad de Lourdes, donde se ha preparado a la juventud para recibir un sacramento tan importante, como es la confirmación; y agradecer las múltiples felicitaciones que han llegado con motivo del nombramiento de Monseñor Urioste para suceder a Monseñor Rivera en la Vicaría General.

Esta semana, frente a dos días de esperanza: el martes, 1º, y el miércoles, 2 Día de Todos los Santos y Día de los Difuntos, el cristiano mira esta tierra con esa perspectiva del más allá; la muerte que no termina en unas tumbas que vamos a ir a enflorar. Las enfloramos porque son dormitorios, esperando una resurrección y un Día de Todos los Santos, en que contamos tantos santos sin haber sido elevados al honor de los altares: familiares, amigos nuestros, compañeros nuestros. Unámonos a este ejército de bienaventurados, y a toda esa penumbra de la muerte, para que pensemos que la vida peregrina del cristianismo no termina, que hay un Dios con los brazos abiertos que nos está esperando para darle el verdadero sentido a esta vida que, mientras la vivimos, no la comprendemos en toda su grandeza.

Después de escuchar estos signos de los tiempos nuestro querido hermano, Monseñor Rivera, va a interpretarlos a la luz del evangelio.

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Las Misiones


Domingo de las Misiones

23 de Octubre de 1977

Lecturas:
Isaías 60, 1-6
Romanos 10, 9-18
Mateo 28, 16-20

MARCO DE LA HOMILIA

Hoy celebramos, queridos hermanos y estimados radioyentes, el Día Mundial de las Misiones. Vamos a sentirnos todos, pues, miembros vivos de un pueblo que ha recibido de Dios el encargo de llevar su luz a todos los hombres de la tierra. Pero, este pueblo de Dios se concreta en cada comunidad y vive en la historia concreta, su ambiente, y desde allí tiene que ser misionero. Por eso, aunque sea un poco prolijo, hago siempre un poco de la historia nuestra, del ambiente en que este pueblo de Dios que se llama la Arquidiócesis de San Salvador se mueve con sus preocupaciones, con sus problemas concretos.

Todos, por ejemplo, saben que mañana es el Día del Hospital. El arcángel San Rafael, que se celebra el 24 de octubre su nombre significa “medicina de Dios” ha dado origen a esta hermosa tradición en El Salvador, de celebrar en su día el Día del Hospital. Va pues, todo nuestro cariño, nuestra comprensión, para los queridos enfermos de todos los hospitales y también para los médicos, enfermeros y demás colaboradores, que deben de tener como centro de su vida el dolor humano en esos seres concretos de quienes Cristo dice: “Todo lo que hagan con ellos, conmigo lo hacen”.

También tenemos que lamentar, que las huelgas, las manifestaciones en reclamos de derechos, no terminan. Son índice de un malestar profundo que la Iglesia viene denunciando y que los encargados del bien común tienen que apresurarse a buscar las causas en mutuo diálogo con los interesados. La Iglesia también ofrece generosamente sus luces, de una doctrina que arranca del evangelio y sin la cual tendremos siempre estos brotes de descontento. El mal es muy profundo en El Salvador; y si no se toma de lleno su curación, siempre estaremos, como hemos dicho, cambiando de nombres, pero siempre el mismo mal. En este sentido, también me han sentido, también me han pedido informar que la ocupación de tierras en Asacualpa no se puede arreglar, porque ha habido varios diálogos, desde julio, agosto, septiembre y todavía hoy en octubre; y a pesar de las promesas esperanzadoras con que terminan todos los diálogos, siempre hay una retracción, hay un… un consejo que impide llegar a un arreglo pacífico. No quisiéramos que en Asacualpa se vaya a repetir la triste historia de Aguilares. Por eso, toca también a las autoridades, a los competentes en la materia, resolver con justicia estas situaciones. Sé positivamente que los ocupan las tierras no son usurpadores. No quieren robarlas. Están respetando la propiedad privada. Solamente quieren un entendimiento para poder tener dónde sembrar y dar comida y alimento a sus familias. Yo no soy perito en la materia, lo he repetido, ni la Iglesia tiene como competencia decir qué es lo que se debe hacer. Pero sí, desde la luz del evangelio reclama a los competentes, a los que tienen la autoridad para urgir en los diálogos, que sean justos y que resuelvan con justicia estos problemas que son tumores de malestar en nuestra patria.

Varias madres y esposas y familiares, se han acercado al Arzobispado preguntando si es cierto que viene una comisión investigadora de derechos humanos, y que cómo pueden hablar directamente con ellos. También aquí, pues, esperamos que si es cierto que viene una investigación, sea justa y que entre en diálogo directo con las personas interesadas. Hay tantos hogares que tienen tanto que decir.

Quiero denunciar, también, una encuesta tendenciosa de la Universidad; en nuestro semanario Orientación pueden ver un botón de muestra de cómo hay una filosofía -entre comillas- que no es tal amor a la ciencia, como es su etimología, sino una tendencia perversa a desacreditar la Iglesia, una encuesta que está orientando hacia un mayor odio y difamación contra nuestra Iglesia. Yo llamo tiempo la atención para que no se dejen guiar de esos pseudo científicos, ciegos que conducen a otros ciegos.

También, los días finales de septiembre (había olvidado informarles, porque no había recibido yo la información autorizada) se llevó a cabo una reunión de parte de la Iglesia, para analizar la Ley de FOCCO. Cuarenta y cuatro organizaciones de inspiración cristiana trabajan, ya sea en el campo católico o en el campo protestante, para promover a nuestro pueblo, principalmente al campesinado, y ven en la Ley de FOCCO un peligro de monopolio, una supresión de inspiración, para dar una sola ideología política a estas organizaciones a las que la Iglesia, como cualquier entidad e individuo, tiene derecho a organizarse (el derecho de organización, pues, es uno de los derechos humanos) sobre todo cuando ha recibido de Cristo el encargo de llevar su promoción evangélica a los sectores de nuestro pueblo. No quisiéramos lamentar, pues, una intromisión en los derechos de la santa Iglesia. Ya bastantes hemos lamentado. Por su parte, nuestra Iglesia, ésta que lleva el mensaje misionero a todas partes del mundo, trata de vivir y de organizarse mejor cada vez en nuestra Arquidiócesis.

Ante la despedida de Monseñor Rivera (el 5 de noviembre irá a tomar posesión de Santiago de María, a las 10 de la mañana) ha habido que nombrar un vicario general, el que, junto con el obispo llevan el timón de la diócesis en sus aspectos más responsables. Ha sido nombrado por ahora Monseñor Ricardo Urioste, a quien los sacerdotes ya han reconocido, en todos aquellos problemas de jurisdicción de toda la diócesis.

Haciendo un recorrido por nuestras vicarías, nos alegramos con la vicaría de la Asunción (se llama así todo aquel sector poniente de la capital) los párrocos, siguiendo consignas de la pastoral de la Arquidiócesis, han reunido, están reuniendo las fuerzas vivas de toda la vicaría, que en ese sector son admirables; muchos colegios, muchas instituciones que están trabajando sin conexión, con una pastoral conjunta. Gracias a Dios han sabido responder todos esos sectores; y esperamos que esas parroquias, donde la Iglesia tiene que llevar su mensaje auténtico de evangelio, encontrará muchos agentes de pastoral, en los sacerdotes, en los religiosos, religiosas y fieles, que tiene que ver que no son párrocos ni instituciones de un sector social, sino de la Iglesia y que tienen que estar en coordinación de ideología con el pastor y con toda la línea pastoral de la Arquidiócesis. Yo me alegro mucho y los felicito. Ojalá que estos encuentros vayan dando, pues, esa unidad de criterios en nuestra diócesis y no presentemos el espectáculo de dos Iglesias, porque no hay más que una Iglesia, la del evangelio de Cristo.

Por la vicaría de Cuscatlán tuvimos la dicha de escuchar la voz de Monseñor Chávez, como ustedes saben, arzobispo durante 38 años, que con un gesto de servicio y de humildad está llevando la parroquia de Suchitoto. Los párrocos de aquella vicaría se reunieron con él y compartieron ratos muy fervorosos que se escucharon también por la radio. Quiero aprovechar esta oportunidad para presentar un nuevo testimonio de admiración y cariño a este querido antecesor. También en Cuscatlán, se prepara en Cojutepeque una convención de Cristo Rey el próximo domingo a las 3 de la tarde.

Por la vicaría de Chalatenango, también tenemos noticias muy interesantes de como va progresando, bajo la dirección de una vicaría episcopal, la pastoral de aquel departamento tan interesante. Unas de las cosas más bonitas de la vicaría en esta semana, ha sido su festival del maíz. Ayer y hoy se celebra al maíz. Y se ha promovido allá una industria muy interesante de productos del maíz, de tusas, de olotes, etc. Hemos visto ejemplares muy bellos, y vale la pena conocer y acuerpar esta industria, precisamente en San Antonio Los Ranchos de la vicaría de Chalatenango.

En mis visitas con motivo de la instalación de nuevos párrocos o de otros motivos pastorales, he tenido la felicidad de compartir momentos muy fraternales con las comunidades de Ayutuxtepeque, de Candelaria, de la Colonia Dolores, de la Colonia Luz; también con una comunidad muy interesante de señoras del mercado que en estos momentos están llevando a cabo un curso de promoción. Yo me alegro mucho que este sector de las señoras del mercado hayan encontrado apóstoles específicos para darles el verdadero valor divino de ese trabajo arduo, expuesto a tantas cosas, pero que es de tanto valor para nuestra sociedad: el mercado.

Quiero felicitar también, y alegrarme mucho con el seminario. Esta semana los seminaristas de la Arquidiócesis, de la Arquidiócesis que estudian Filosofía y Teología, unidos con su obispo, evaluaron su formación espiritual, intelectual, pastoral. Fue una tarde muy llena de esperanzas y les digo, queridos hermanos, como pueblo de Dios, que vale la pena impulsar la formación de estos jóvenes que serán los sucesores de los actuales sacerdotes que con tanto trabajo llevan en esta hora difícil la pastoral de nuestra Arquidiócesis. El seminario es una esperanza; porque, también, quiero anunciarles con alegría, que la campaña vocacional que va llevando el Padre Segura es todo un éxito, y él mismo me lo ha dicho, no es mérito humano, aquí está una bendición de Dios a la hora actual de nuestra Arquidiócesis. Ya tenemos apuntados nueve bachilleres, además de muchos que van a estudiar el bachillerato en el seminario menor. Se han tenido que rechazar o posponer la aceptación de muchos jóvenes que, ante esta situación de la Iglesia, han dado una vez más el testimonio de aquella frase inmortal de Tertuliano, la sangre de los mártires es semilla de vocaciones, semilla de cristianismo, semilla de un florecimiento en la Iglesia. Los perseguidores de la Iglesia no saben el gran bien que le han hecho, regándola y haciendo florecer enormemente este despertar de nuestra Iglesia que se va a manifestar, especialmente, en vocaciones muy prometedoras.

Quiero agradecer también a los seglares que están trabajando para ayudar a la jerarquía a una organización más actual, más funcional del gobierno eclesiástico.

UN EVANGELIO CONCRETO

Hermanos, perdonen la prolongación de este noticiero, pero es que la Iglesia, al anunciar su palabra, no puede prescindir de este ambiente concreto. Si no, corremos el peligro de anunciar un evangelio etéreo, sin proyecciones a la historia y a la tierra. Y ahora, sí comprendemos en este ambiente difícil de la Arquidiócesis, lo que quiere decir el Domingo Mundial de las Misiones.

En las tres lecturas de hoy a encontrar los tres pensamientos que van a perfilar, ante nuestra mente, una vez más esa figura que ya la he presentado varias veces, la Iglesia misionera.

LAS MISIONES

En primer lugar, ¿qué son las misiones?. En el documento del Concilio Vaticano sobre las misiones, lo acaba de recordar el Papa en su mensaje al Domingo Mundial que estamos celebrando, se nos explica que las misiones propiamente son esa empresa por ir a evangelizar y a plantar la Iglesia de Cristo en aquellas comunidades y pueblos donde todavía no ha llegado esta Iglesia a implantarse. Les repito, éste es el concepto de misiones, llevar la palabra del evangelio y organizar la Iglesia en aquellos países o comunidades que todavía no tienen una Iglesia organizada.

Por eso, la Iglesia, en su gran trabajo de evangelización se divide en dos porciones: La Iglesia ya organizada; por ejemplo, El Salvador ya tiene sus cinco diócesis, es una evangelización que ya ha logrado una organización. La institución Iglesia ya se ve, se vive. Son cinco diócesis. No hay territorios misionales en El Salvador. En cambio, aquellos territorios donde todavía no se han organizado diócesis, allí se llaman territorios de misiones. En Centro América, por ejemplo, tenemos, en Nicaragua y en Costa Rica, dos territorios que todavía no tiene diócesis; y en países lejanos, inmensos territorios donde los misioneros dependientes directamente de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Así se llama ese ministerio del Papa que le ayuda en esta tarea de llevar el evangelio a todo el mundo; se llama la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Un cardenal como perfecto y un conjunto de personal, misioneros, tanto en la Santa Sede como en los territorios de misiones, trabajan para organizar la Iglesia en esos países. Y hacia allá se dirige nuestro pensamiento en esta mañana, a esos territorios de misiones, donde hombres, mujeres, sacerdotes, religiosos, laicos están tratando de llevar la noticia del evangelio y de organizar con una jerarquía propia, obispos propios, sacerdotes propios, una Iglesia, una institución que continúe anunciando el evangelio, como continúa en el Salvador, a través de sus obispos ya organizados y sus parroquias, este mensaje de Cristo.

Esto son las misiones. Pero no es un invento de nuestro tiempo; la palabra de Dios hoy nos ilumina en sus tres lecturas; Isaías, siete siglos antes de Cristo, esa visión universalista del Reino de Dios; San Pablo a los romanos, diciéndonos que de nada sirve organizar la Iglesia en institución si no hay conversión de corazón en los que se llaman cristianos; y el evangelio de Cristo, San Mateo, que se acaba de leer, diciéndonos que existe un instrumento por él mismo que se llama la Iglesia para llevar a cabo tanto ese panorama universal del Reino de Dios, como la conversión íntima de cada corazón. Y estos son los tres aspectos de este domingo misionero que yo descubro a través de las lecturas de hoy.

1. VISION UNIVERSALISTA DEL REINO DE DIOS

Isaías, en primer lugar, nos presenta el bello panorama que hemos escuchado: las tinieblas cubren la tierra, la confusión reina en el mundo cuando Dios no ha brillado. Y así mira desde Jerusalén, no una luz que le viene de afuera, sino un Dios que se encarna en Jerusalén, hace de Jerusalén una luz que ilumina los senderos de la historia y del mundo. Y por esos caminos iluminados de Dios van llegando todos los pueblos, trayendo sus tributos para formar un solo reino, el Reino de Dios. Qué preciso poema, no inventando por un poeta, sino por la mente de Dios, que el crear hombres, razas, pueblos, no es para que se confundan en diversidad de idiomas que no se pueden entender, en diversidad social que margina a unos mientras otras están bien. Lo que Dios ha querido es hacer del mundo una gran fraternidad.

Pero, el mundo solo no lo alcanzará. En el mundo no hay más que tinieblas y confusión. Basta mirar el ambiente de nuestra patria cuando se apaga la luz de Dios. ¿Qué queda?. Secuestros, odios, torturas, violencias y el panorama triste, cuando Dios no ha visitado a Jerusalén. Se puede decir de todos los pueblos cuando Dios también los deja, porque los hombres no han sido dignos de él: todo se torna confusión, tinieblas, miedo, terror. Es necesario que Dios venga a iluminar. Y esta es la misión. Por eso se llama misión. Misión, palabra de origen latino, quiere decir envío (mittere, enviar) porque es el envío de Dios a su Hijo. Y cuando su hijo enviado ha redimido al mundo y le ha enseñado su doctrina y regresa al Padre, desde el Padre, Padre e Hijo envían al Espíritu Santo.

De modo que la Iglesia es el producto de un doble envío, una doble misión que se origina en el corazón de Dios, el envío de su verbo hecho carne, Cristo nuestro redentor, que Dios lo ha querido cabeza de todo el género humano. “Cuando yo sea levantando en alto, la atraeré todo hacía mí” -dijo Cristo-. Y cuando Cristo ha terminado su labor con un pequeño grupo en la tierra santa, se va; pero les dice: “Os enviaré el Espíritu, que os enseñará la verdad y os conducirá por todos los caminos del mundo. Así como mi Padre me envió, así yo os envío con la fuerza de mi Espíritu. Id pues, por todo el mundo, por todos los caminos, por todos los tiempos y enseñad a todos los hombres lo que yo os he enseñado, y enseñadlos a guardar también los preceptos que yo os he enseñado. El que los acepte se salvará, y el que no los acepte se condenará”. He aquí la gran misión: el enviado del Padre, el Hijo; el enviado del Padre y del Hijo, el Espíritu Santo; y la Iglesia, la enviada de Cristo. “Así como mi Padre me envió, yo os envío misioneros, enviados”.

¿Qué hace entonces el mundo? Comienza a sentir una luz como la que profetizó Isaías. Ya no hay tinieblas. Aquellos pueblos que van aceptando esta luz de Cristo se van sintiendo hermanos. En el hermoso mensaje de Pablo VI sobre la evangelización de los pueblos en el mundo actual dice: unos hombres aceptan ese mensaje de Cristo, se unen en comunidad para vivirlo y desde su comunidad se sienten inquietos por llevar ese mismo mensaje a todos los demás. Esta es la misión que estamos haciendo aquí en la Catedral, que se siente verdaderamente emocionante en esta hora llena de fieles venidos de tantas partes, de tantas comunidades parroquiales. Estamos evangelizándonos. En este momento, yo tengo la dicha de ser el misionero de esta comunidad; pero ustedes al recibir mi mensaje, no lo van a guardar egoísticamente en su corazón, en su familia, en su comunidad. Yo sé que de aquí surgen; y allá están oyendo por radio mi mensaje, muchas comunidades. Cuando yo termine de hablar, esas comunidades se ponen a analizar lo que yo he dicho, evangelizándose, profundizando el mensaje y tomando consignas para llevar esta misma luz a su cantón, a sus hermanos.

Por eso duele a la Iglesia, hermanos, cuando encuentra obstáculos a esta luz, cuando se sospecha de su misión, cuando se la quiere confundir con misiones subversivas, revolucionarias. Lo que predicamos es la luz de Dios que los hombres necesitan. Lo subversivo, lo revolucionario, es apagar la luz de Dios, no dejar circular el mensaje de Cristo, el amor, y sembrar en cambio el odio, la violencia. Pero yo siento la alegría íntima de que la comunidad de la Arquidiócesis de evangeliza, recibe el envío del Hijo, del Espíritu Santo a través de su Iglesia que le sigue hablando.

Y entonces, hermanos, esta Iglesia que recibe esta luz de Dios no es sólo pasiva. Fíjense, qué hermosa la descripción que hace Isaías: “Y vendrán: mira a tu alrededor, todos han venido, tus hijas traídas en brazos, otras multitudes traídas en dromedarios”. Los antiguos medios de comunicación, los que usó San Pablo, los primeros cristianos, se han convertido hoy en los modernos medios de comunicación. la radio, los aviones, los automóviles, donde van los misioneros y de donde vienen de las misiones trayendo los dones de Madián y de Efá, no solamente del Oriente como los magos adorando al niño Jesús, sino de todos los pueblos de la tierra. Porque, hermanos, la Iglesia es bella, la Iglesia es el conjunto de sus diócesis organizadas, y cada diócesis aporta su valor individual, su valor autóctono. La Iglesia no mata iniciativas.

Les acabo de mencionar la fiesta del maíz en San Antonio de Los Ranchos. Es una escena misionera, es la Iglesia que le dice a los sembradores de maíz cómo pueden aprovecharlo desde la luz del evangelio, cómo pueden iluminar sus caminos de tristeza con la alegría de una fiesta que dan las tusas y los olotes de nuestra tierra. Y así en el Africa y en el Asia descubre los valores, a las culturas, y no las mata, como si fuera una colonización de esas que en la historia han acabado con los valores de los pueblos. La Iglesia no es una colonizadora. La Iglesia es una inspiradora de los valores que hay en todas las latitudes de la tierra. Y traen entonces, aportando en la ofrenda de la misa: “Recibe, Señor, este pan y este vino, fruto de la tierra y del trabajo del hombre”. He aquí que se valora, entonces, la mano que trabaja para ganarse la vida. Cuantas industrias, cuántos valores veo yo en vuestras manos, queridos católicos, unos que trabajan la plata, otros que trabajan la madera, otros que labran la tierra, otros que amasan la harina para darnos de comer, otros que manejan las cosas que se venden en el mercado. Qué hermosa es la humanidad. Esto quiere el Señor, que todas esas cosas sean traídas en dromedarios, en los medios de comunicación que tengan, para que en el altar el sacerdote los eleve a Dios en el signo del pan y el vino que, convertidos en cuerpo del Señor, se hace divino el trabajo de la tierra. Esto hace la Iglesia: darle valor divino a los valores humanos, hacer traer del conjunto de diócesis una armonía que no la ha inventado ningún otro imperio, sólo el imperio de Dios.

Por eso, hermanos, es ridículo que se sospeche de la Iglesia. Les repito aquella frase que les recordé el domingo pasado, que canta la Iglesia el día de la adoración de los magos cuando Herodes, envidioso de que hubiera nacido otro rey, temeroso de que le iba a quitar su poder político, la Iglesia le canta: “No temas, Herodes, que no viene a quitarte poderes temporales el que viene a darte reinos eternos”. Ha, si comprendieran los gobiernos que la Iglesia no viene en una especie de competencia política a quitarles sus campesinos, a quitarle su gente. De ninguna manera. Viene a inyectarle a su gente, a su poder político, a su poder sociológico, a todas sus técnicas, no a quitarle sus competencias, sino darles un sentido cristiano para que sean más justos, para que sean más leales, para que sean más nobles, para que sean mejores, tanto los gobernantes como los gobernados. Porque desde las entrañas del evangelio, la Iglesia predica la verdadera paz, la verdadera justicia, la que no se quiere oir; y se calumnia a la Iglesia -como se calumnió a Cristo- no porque predicara la subversión, sino porque quería un orden más justo, más bueno. La Iglesia no hace otra cosa, pues, en sus misiones, que llevar el valor divino a todo lo humano.

2. CONVERSION DE CORAZON

Pero en la segunda lectura, San Pablo a los romanos les dice que de nada serviría que predicaran si no se convierten los corazones. San Pablo escribe en el contexto en que se ha oído la predicación. Diríamos, predica a la nación salvadoreña donde todos han oído predicar. “Si acaso no han oído” -dice San Pablo- “sí que han oído, si en todo el ámbito se escucha la palabra del evangelio”. Pero lo que pasa es que no quieren creer en su corazón. De ahí que no basta la organización de estructuras exteriores, dice el documento de Medellín. Mientras este continente no cuente con hombres nuevos no tendremos un orden nuevo. La necesidad de creer -dice San Pablo- porque sólo la fe en Dios es la que salva. La liberación que la Iglesia predica es a base de ese creer en Dios. La liberación no la van a traer los hombres. Desengañémonos. La liberación solamente tiene que venir de Dios, pero contando con la conversión del corazón del hombre; y de nada sirve que Dios nos esté ofreciendo su redención, su liberación, un mundo mejor, si los encargados de construír este mundo en la tierra no quieren colaborar con ese Dios.

Y aquí la necesidad del misionero. San Pablo la concluye en un argumento tan bello; “¿Cómo van a creer si no hay quien les predique y como van a predicar si no hay quien les envíe?” La misión. La Iglesia cuenta con una constitución mucho más sólida que todas las constituciones de los estados. Las constituciones que rigen la vida de los pueblos han sido hechas por legisladores. Una asamblea constitutiva nos dio unas leyes, que muchas veces se cambian al antojo de los gobernantes. En cambio, esta constitución que Cristo dejó, en el momento solemne de despedirse de los hombres, visiblemente arranca de Dios: “Toda potestad se me ha dado en el cielo y en la tierra, y en nombre de esta potestad, vayan y prediquen esta conversión”.

Hermanos, queridos hermanos protestantes, esta es la falla de ustedes. Los estimo mucho, porque se han acercado y me han expresado sentimientos de solidaridad; pero siento que ustedes no cuentan con esta misión que los católicos desde nuestros pastores sabemos que llevamos. Admiramos sí su evangelio. El evangelio que ustedes predican es el mismo evangelio nuestro y por esto nos sentimos hermanos; pero quisiéramos, hermanos protestantes, que en vez de tanta sectas en nuestro ambiente predicando el verdadero cristianismo, hiciéramos un esfuerzo por unirnos en la única misión que Cristo dejó, un solo rebaño y un solo pastor. No es que pretenda someter tantas sectas al dominio del catolicismo. Ya he dicho que la Iglesia no es un imperialismo. Pero sí, es una verdad que va a difundir su verdad en el mundo cuando el mundo vea que los cristianos somos una sóla cosa; y si hay estorbos para la evangelización del mundo, uno de los estorbos más grandes lo estamos dando nosotros, queridos hermanos protestantes y ustedes católicos, que tienen también divisiones. La división en la Iglesia, la división de las sectas protestantes, eso es lo que estorba a ese reinado de Cristo. Y por eso pedimos, y yo sé que ustedes también, queridos hermanos protestantes, piden aquella sublime oración de Cristo: “Padre, que los que creen en mí sean una sola cosa, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

Y es entonces cuando habrá conversión en la intimidad de cada corazón, cuando no profesemos un cristianismo interesado, y porque me interesa me mantengo en esta secta, y porque me interesa este modo de creer yo no acepto el auténtico evangelio, me parece que es marxismo y lo que está predicando es justicia social, pero como no me conviene -yo digo- “El obispo no tiene razón, los padres tales son revolucionarios”, y así estamos sembrando la división en vez de unirnos en la auténtica y humilde conversión de corazón. Todos necesitamos convertirnos, yo que les estoy predicando el primero que necesito conversión, y le pido a Dios que me ilumine mis caminos para no decir ni hacer cosas que no sean de su voluntad, que debo de convertirme a lo que él quiere, que debo de decir lo que él quiere, no lo que conviene a ciertos sectores o me conviene a mí si es contra la voluntad del Señor; convertirnos a esa misión de Cristo: “Vayan por el mundo entero y prediquen ésto que yo les he predicado; el que creyere ésto se salvará y el que no creyere ésto no se salvará”. No hay más salvación que la que Cristo trajo; de ahí la necesidad de convertirnos todos: católicos, protestantes, también los ateos. Todos los que buscan salvación no la encontrarán fuera de Dios.

3. MISION DE LA IGLESIA

Y finalmente, queridos hermanos -ya con todo el respeto que se merece la última lectura, el evangelio Cristo nuestro Señor no ha hecho más que poner el sello a ésto que les estoy diciendo, constituir una Iglesia. La misión que Cristo trajo y después trajo el Espíritu Santo, vive hoy, en 1977, a pesar de que han pasado veinte siglos, gracias a la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo en la historia, como titulé mi segunda carta pastoral. La Iglesia es el cuerpo de Cristo en la historia. La Iglesia es el envío de Cristo y del Espíritu Santo a los hombres de cada tiempo. Y hoy queremos saber qué diría Cristo a los salvadoreños, ricos y pobres, gobernantes y gobernados. No tenemos que traer el evangelio literal de hace veinte siglos, sino el evangelio que la Iglesia, arrancando de aquel evangelio de Cristo, va aplicando a las circunstancias de cada tiempo. Fidelidad a ese evangelio, a esa misión, es la que constituye el contínuo quehacer de la misión de la Iglesia. La Iglesia es misionera. Como acaba de decir el Papa, no se trata de llevar el mensaje de Cristo a regiones cada vez más extensas geográficamente, sino de empapar de evangelio de Cristo las culturas modernas, las industrias modernas, los hombres de hoy.

Anoche, en una bellísima ceremonia, la graduación de los bachilleres del tecnológico de los salesianos, llena la Iglesia de María Auxiliadora, yo les decía a los jóvenes: “Jóvenes, la Iglesia no les va a arrebatar su cultura y su técnica. Es la primera en respetar la autonomía de todas las culturas y de todas las técnicas. Pero sí quisiera decirles, como mensaje de la Iglesia, que se gloríen no sólo de su técnica; que se gloríen de haberse educado en un colegio católico, y que le den inspiración cristiana a todo lo que ustedes van a hacer y valer en el mundo. Que no sean ya la vieja civilización del tanto vales cuanto tiene. El hombre hoy no vale por lo que tiene sino por lo que es. Y el hombre es en la medida que es cristiano, porque todo hombre se realiza en la medida en que se realiza según el modelo del Hijo del hombre, Cristo nuestro Señor. Y él dejó esta Iglesia para que los hombres de todos los tiempos nos modeláramos con él. Oyendo a la Iglesia, oigo a Cristo. Recibiendo la eucaristía de un sacerdote, recibo a Cristo. Llevando el niño recién nacido a un bautisterio para que me lo bautice un sacerdote, es Cristo que me lo bautiza. Escuchando la palabra de Dios transmitida hoy por los medios modernos de la radio, es Cristo el que sigue predicando.

Hermanos, qué hermosa es la Iglesia. Sigue llevando la misión que trajo la verdad y la vida de Dios a los hombres. Dichosos pues los que, como San Pablo ha dicho, creen de corazón; si crees, serás salvado. Queridos hermanos, esta es la reflexión que se me ocurre en el Día Mundial de las Misiones.

Ahora bien, formando esta Iglesia concreta; yo, su obispo; mis queridos colaboradores, los párrocos de hoy en cada parroquia, ustedes, hombres y mujeres concretos que han venido a la misa de Catedral o que están reflexionando allá por la radio; nosotros somos la Iglesia de hoy. A nosotros se nos ha confiado llevar esta verdad y esta vida a los que no creen. Cuántos tal vez en nuestra propia familia, en nuestra propio barrio, necesitan que seamos sus misioneros. Y aún allá en la vanguardia de las misiones, donde la Iglesia no está organizada, se necesita la colaboración de nosotros. Por eso el Día Mundial de las Misiones viene a decirles a los que ya tenemos la dicha de creer, que le demos gracias a Dios por tener ya esta luz, pero que tratemos de traducirla en nuestra vida, y que desde nuestra vida iluminemos con nuestra colaboración a los pobres pueblos que todavía no la han conocido. De allí la necesidad de tener la mano como un mendigo.

Yo voy a tener el gusto de ser hoy un mendigo de las misiones para pedirles, sobre todo, oración; porque es una empresa que consiste en convertir a los hombres a la fe en Cristo, es una empresa en que hay que pedir perseverancia para tantos héroes misioneros que deben de sentir desaliento en aquellos ambientes no cristianos. Ante todo, pues, oración, sacrificio, que no se cansen de hacer oración por los misioneros, por los infieles que todavía no conocen a Cristo; y también, hermanos, la mano tendida para pedir dinero. Sería un ultraje tender la mano para pedir limosna a un pueblo tan pobre como es el nuestro, pero yo no les pido los millones que podrá dar Estados Unidos, les pido el centavito de la viuda, no tanto para que con ese dinero vayamos a resolver el problema, sino para expresar la solidaridad, para expresar el cariño, mi gratitud que yo siento con Dios, que me ha dado la fe, y que quiero compartir mis pequeñas ganancias con los misioneros que dan no un real, un medio, sino que dan su vida entera. Yo, que no puedo ir a las misiones -tal vez un hijo de la casa, tal vez un joven, una joven de la familia tiene vocación misionera, aunque no sea para todo el tiempo, ofrecerse a un servicio de unos cinco o diez años: vocaciones. Tal vez ni eso puedo, entonces; pero sí puedo desprenderme un poquito de la golosina de este día o de la necesidad tal vez. Si tanto lo necesitas que te quedarías sin comer, no des; ofrece al Señor tu buena voluntad. Pero sí puedes, dá algo.

Hermanos de la Catedral y de las comunidades que a través de la radio están escuchando, es la hora de la colecta mundial. Nuestra Arquidiócesis así como aporta sus valores autóctonos a la universal Iglesia, aporta hoy también su dinero, su oración, su sacrificio, para que esta empresa de implantar el Reino de Dios en otros países que todavía no lo tienen sea una realidad. Ayúdemos pues a las misiones.

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Iglesia en oración, Iglesia misionera

29º Domingo del Tiempo Ordinario

16 de Octubre de 1977

Lecturas:
Exodo 17, 8-13
II Timoteo 3, 14-4, 2
Lucas 18, 1-8

Es como una reunión de familia, con no sólo los que asisten y llenan la Catedral (me dá mucho gusto ver la asistencia, que es cada vez más consoladora para el pastor), sino también a través de las comunidades que allá en las parroquias, en los cantones, unidos a esta transmisión de nuestra radio católica, nos congregamos para ver la realidad por donde va peregrinando nuestra Iglesia particular, que tiene que ser como Cristo le ha mandado, sal de la tierra y luz del mundo. Y desde allí, nosotros, pues, orientamos nuestra historia personal, nuestros problemas de familia y nuestros problemas sociales. Debemos de aprender a iluminarlos con la palabra del Señor. Por eso me gusta recordar aquí, no todos los acontecimientos que en esta época se suceden con una velocidad tan vertiginosa, que un día para otro ya le quitan importancia a lo que de veras es importante.

Por ejemplo, en esta semana, destacando hechos principales, todos hemos sido testigos de conflictos laborales en fábricas entre patronos y obreros, huelgas donde ha corrido hasta la sangre, donde se han atropellado dignidades humanas, donde tal vez no se ha dado pleno crédito al diálogo, que es la manera racional de resolver conflictos. Con este Arzobispado, pues, ha tenido el honor siempre de recibir informaciones, de pedir intervenciones. Y comprende la Iglesia que su competencia no es de carácter sociológico, no es ella técnica en materias laborales; pero sabe que hay un ministerio de Trabajo y que existe también voluntad de concordia en los hombres que puede ser explotada. Y únicamente pudo afirmar, como pastor, que hemos de cuidar que la justicia, el respeto a la dignidad de los hombres, aunque sean los más humildes trabajadores, sea respetado, porque así es la voluntad del Señor.

En este sentido, también, me alegro de estar en sintonía con algunas confesiones fuera de la Iglesia. Han llegado algunos protestantes, pastores, a mostrar su solidaridad con la Iglesia en su afán de predicar la justicia y de trabajar también en colaboración cuando se trate de estas materias. La Iglesia acepta plenamente este trabajo, porque no se trata de una cosa de confesión católica, sino de lo humano, de la justicia. Y en este sentido pueden estar siempre seguros que la Iglesia estará con el derecho, con el pobre, con el que sufre; pero al mismo tiempo reclamará aquellas cosas en las cuales puede haber abusos. Desde la perspectiva de Dios, pues, la Iglesia ilumina estas realidades y hace un llamamiento a los hombres a la cordura, al entendimiento, a no querer arreglar las cosas por las fuerzas irracionales del más fuerte, sino por la fuerza de la razón, que es la fuerza de Dios.

También, sepan que la Iglesia apoya plenamente las justas exigencias de los campesinos. Ya se acercan las temporadas de las cortas de café, de caña, de algodón; y hemos visto en los periódicos también el deseo de aquella gente que solamente en esos días de trabajo encuentra sus fuentes de ingresos. Quien vive de cerca estas tremendas realidades sabe que el sueldo del cortador de café o de caña o de algodón muchas veces ya tiene comprometido todo lo que ha ganado o lo que va a ganar. porque ha tenido que vivir fiando durante todo el año para comer. Y ahora pues, que estos productos que nuestra tierra, bendecida por Dios, han alcanzado altos precios, es justo que participen también aquellos que colaboran en este enriquecimiento. Y ésto es simplemente justicia cristiana. Que se comparta, que se sepa agradecer a Dios el don recibido, los precios elevados de las cosas, para que justamente todos los hombres nos sintamos, no solo de sentimientos, sino de verdad, hermanos. También aquí diré: la Iglesia no es técnica en señalar precios; no es su competencia. Pero sí sabemos que hay un misterio en el gobierno, el cual tiene que ser justo y no imitar el juez de la parábola de hoy, que no tenía respeto ni a Dios ni a los hombres, sino únicamente el respeto muchas veces a los poderosos de la tierra, y por ellos no hace caso a la viuda necesitada, a la que le pide que le haga justicia.

Que ya haya más diálogo, pues, no sólo entre patronos y obreros, sino también entre los intereses del pueblo y aquellos del gobierno encargados de esos diversos aspectos.

Somos testigos, yo creo que todos, de los espectáculos tan tristes, tan deprimentes, que ya se van a comenzar a ver otra vez en aquellas tierras donde se produce el café y los otros productos de nuestra tierra; donde el pobre trabajador, pues, tiene que reponer sus fuerzas de su día durmiendo a la intemperie, bajo el frío, a veces en las cosas de un parque público. Es espectáculo que no dice bien. Si de veras queremos tener una patria de rostro hermoso, tiene que haber más justicia, más comprensión.

Yo suplico pues, si a la Iglesia no se le quiera hacer caso, como lo dije en el funeral del Padre Navarro, hay instituciones que se glorían de la filantropía. Si quiera por amor al hombre, esas instituciones muéstrense ahora activas y procuren apoyar los justos reclamos de quienes que pedir no de limosna, sino como fruto de su trabajo, un poquito de bienestar.

Por nuestras comunidades católicas, hermanos, compartamos también alegrías: el 12 de octubre, día de nuestra Señora del Pilar, como ustedes saben, el día en que se descubrió nuestra América. Y según la historia, como no venía un sacerdote en la primera tripulación de Cristóbal Colón, fueron los laicos los que plantaron una cruz en la playa y cantaron a la Virgen la salve. Una plegaria a la Virgen fue el primer saludo cristiano que oyeron nuestras tierras. Sin duda la Virgen, que precisamente reservaba un día tan celebrado en España, para descubrir estas tierras de América, quiso presentarse desde el primer día como la madre de todo este continente. Y aquí en la Arquidiócesis celebramos este acontecimiento en una población que lleva el nombre de aquella ciudad española donde se guarda la patrona del Pilar, Zaragoza. Y en Zaragoza tuve también la dicha de predicarles cómo esta fe cristiana que nos congrega ahora aquí, en el domingo, y que nos hace esperar en Dios y rezar con confianza es una fe apostólica; a través de la vocación del Pilar se remonta hasta el apóstol Santiago -es decir, apostólica porque es la misma fe que nos dejó Cristo a través de los apóstoles-. Y les decía también que es una fe misionera, porque así fue como vinieron los españoles a descubrir América. En el corazón de los reyes católicos era un sentido misionero de poner a los pies de Cristo las nuevas tierras; aunque después, como suele suceder, los súbditos de esas leyes abusaron y cometieron tantos atropellos contra nuestros pobres indios. Pero la idea central era una idea misionera, de modo que nosotros cristianos del continente, nacimos a la luz de este gran mensaje y de esta empresa de las misiones; de las misiones; de las cuales quiero también hablarles ahora. Pero antes quiero recordarles, que esa fe, pues, apostólica y misionera es una fe mariana -una fe mariana- que ha hecho, como dijo el Papa Pío XII, de las tierras latinoamericanas como un cielo tachonado de astros, donde cada santuario dedicado a María es una estrella y forman constelaciones los santuarios, no sólo de las Vírgenes patronales de todos los países latinoamericanos, sino en humildes ermitas, en hermosas Iglesias, el nombre de María le ha dado un tinte tan material, tan tierno a nuestra fe, que vale la pena revisar en este mes del rosario nuestra fe a la Virgen. No dejemos de agradecérselo al Señor que nos la haya dado con la ternura de su propia madre, de María, y que desde la cumbre del Tepeyac le dice al indito Juan Diego, representante de todas nuestras razas: “¿Qué no estoy yo aquí, que soy tu madre?”. Qué hermoso sentirse hermanos, hermanos no sólo por ser hijos de Dios, sino por llevar en el corazón el cariño y la ternura de la madre de Cristo, que es la madre de nuestra Iglesia.

El párroco de la comunidad parroquial de San José Las Flores me escribe un telegrama muy triste. Le han matado a su mejor catequista. “Estoy tristísimo”, dice el Padre Cofragua, porque era como su brazo derecho en la obra de catequesis de su parroquia. Queremos expresarles a aquel querido párroco nuestra condolencia y pedir a todos los que estamos en este momento de oración sus plegarias por el eterno descanso de esta nueva víctima de nuestra violencia criminal, y pedir también la conversión de los pecadores.

Ayer fuimos a dejar a San Martín a su párroco, el Padre Rutilio Sánchez. Ha sido la decisión fruto de grandes deliberaciones, y me ha dado mucho gusto ver que aquellas población ha ratificado con un encuentro -que yo califiqué ayer de Domingo de Ramos- la decisión del obispo. Alguien quiere interpretarlo como una provocación; pero yo les digo que no es otra cosa que una medida pastoral. La labor que el padre ha realizado en aquella población es grande y se conoce por cierta madurez en la fe. Y ya que este trabajo no se ha concluido y se va llevando bastante bien, hemos querido, pues, respaldar con nuestra misma presencia, y la presencia de muchos sacerdotes, religiosas y fieles de otras parroquias, esa entrega -como el padre dijo- “una nueva entrega a mi pueblo”, que ha de redundar en mucha gloria. Y yo le recomiendo a todos ustedes en sus oraciones, para que esta nueva etapa de la parroquia de San Martín sea de mucha gloria a Dios y de mucho bien para las almas, para la Iglesia; que no es otra cosa la que buscamos en nuestros trabajos pastorales que la implantación del Reino de Dios en la tierra.

El último domingo de octubre, Cojutepeque va a convocar a todos los caballeros de Cristo Rey organizados en la Arquidiócesis, hacia las 3 de la tarde. Desde ahora se hace un llamamiento, pues, a todos los hombres que integren esta agrupación para celebrar una especie de revista del ejército de Cristo Rey allá en Cojutepeque, el domingo último de Octubre, dentro de quince días.

Y esta mañana, a las 10, daremos posesión al nuevo párroco de Ayutuxtepeque, Padre Samuel Orellana; así como hoy, a las 7 de la noche, en la Iglesia de Candelaria entregaremos el nuevo párroco, al Padre Díaz.

Hermanos, y estos hechos de nuestra historia y de nuestra Iglesia queremos iluminarlos con dos pensamientos sacados de las lecturas de hoy. Esta homilía la podíamos titular: Iglesia en oración y segundo: Iglesia misionera.

1. IGLESIA EN ORACION

En la primera lectura se destaca hoy una figura que yo quisiera que la interpretáramos como la figura de la Iglesia en oración. Allá en la llanura estaba trabada una lucha que capitaneaba Josué, jefe del pueblo de Israel, frente a los amalecitas, que se oponían al paso de los israelitas en su peregrinar hacia la tierra prometida; porque ellos dominaban la situación de los que peregrinaban hacia el sur y tenían que ser vencidos para que pasara el pueblo de Dios. Era pues, una de esas guerras justas, cuando se agotan los medios humanos, naturales. Es como la huelga. La guerra es el último recurso. Cuando se ha tratado de dialogar y no se pueden entender por las buenas la guerra justa es precisamente el reclamo de un reclamo de un derecho que no se quiso dar las buenas. Así el pueblo de Israel tiene que pasar bajo las órdenes de Dios hacia la Tierra Prometida; pero hay un obstáculo, los amalecitas. Y con toda la santidad de Moisés y de Josué se declara la guerra. Pero es lo hermoso del momento: mientras Josué capitanea los ejércitos, Moisés en la montaña está en oración con el bastón que Dios le ha dado como señal del poder divino, con el cual ha hecho tantos prodigios, levantando en alto con sus manos. Mientras levantaba sus brazos el ejército de Israel vencía y cuando, cansado, se le caían abajo los brazos, retrocedía. Entonces, dos ayudantes de Moisés, Aarón y Jur, le sostenía los brazos para que no decayera.

Y esta es la figura que yo quisiera que grabáramos en nuestra alma, hermanos. El pastor de la Iglesia, los dirigentes de este pueblo de Dios, necesitamos mantener continuamente los brazos en alto, en oración. Y he aquí la necesidad de que todo el pueblo convertido en estos ayudantes, Aarón, Jur, con un sentido de plegaria oren y estemos en oración. No hay cosa más bella que una Iglesia en oración. Y yo creo que nunca como ahora nuestra diócesis había sido esta figura, la Iglesia en oración. A mi me llena el corazón saber tanta gente que me dice: “Lo encomendamos a Dios; rezamos por usted”. Ayer nada menos, cuando una broma de mala ley riega la noticia de que me habían secuestrado, llegaron muchas llamadas telefónicas asegurando esa plegaria. No sé qué se pretende con esas amenazas, con esas noticias echadas al aire. Yo quiero denunciar a tiempo, hermanos, que la Iglesia vive el peligro, de una batalla contra las fuerzas del mal y que las fuerzas del infierno, el diablo no es una ilusión, y en la tierra tiene muchos ministros, muchos que le sirven, colaboradores. Entonces Dios tiene que tener también las fuerzas del pueblo de Dios que claman en oración.

Dentro de poco en la misa hay una frase que me emociona profundamente, cuando le digo al Señor: “No te fijes en mis pecados. Fíjate en la fe de tu Iglesia”. Y yo pienso precisamente en esta Iglesia que son ustedes, almas en oración. Pienso yo en ese momento, cómo se hacen presentes en el altar junto a Cristo, divino Moisés, las plegarias de tantos sacerdotes, de tantas religiosas. Y es hermoso saber que en ciertos noviciados, en ciertas congregaciones, hay otras explícitas de oración, el Santísimo expuesto y la expuesto y la religiosa como un ángel de rodillas ante Dios. Y es hermoso pensar que una capillita, por ejemplo, la del Hospital de la Divina Providencia todo el día con el Santísimo expuesto, desfilan los enfermitos, las religiosas, los benechores a rezar por la Iglesia, por sus necesidades. Y es hermoso pensar que aun sin la mística de un templo hay miles de almas en oración. Son ustedes, queridos enfermos, que no han podido venir a misa y que junto a sus aparatos de radio están unidos en oración con esta plegaria de la catedral. Son las comunidades de campesinos o familias que en este momento dejan sus quehaceres y se reúnen en torno de su radio para estar en comunión de plegaria con la Iglesia Catedral, madre de todas las iglesias de la diócesis. Y es oración la de los niños que en el catecismo y en su primera comunión levantan sus manitas limpias, inocentes, ¿cómo no las va a acoger el Señor?. Esta es Iglesia en oración. Iglesia en oración también la del padre de familia que no le queda tiempo de ponerse de rodillas y orar, pero está trabajando, por encontrar trabajo, por encontrar cómo dar de comer honradamente a su familia, buscando trabajo, confiando en Dios. Es pueblo de Dios en oración. Y sería interminable describir este espectáculo que solamente se puede apreciar con la fuerza de la vista de Dios, con la fe.

Pero hermanos, yo les invito a que todos seamos almas en oración. Se necesita hoy integrar en este movimiento de promoción, que la Iglesia está llevando adelante como una fuerza principal, este sentido trascendente de la promoción. Si una persona quiere promover la sociedad económicamente, socialmente, políticamente y no ora, solamente busca cosas de la tierra; es una promoción inmanente, una promoción de tierra, una promoción que solamente durará mientras vayan bien las cosas pero que luego se cansará, porque no ha puesto su confianza en esa trascendencia que es la fuerza del cristiano. La trascendencia, es decir que a pesar de que nosotros trabajemos todo lo que es posible al alcance de la tierra, no logramos nada si Dios no construye un nuevo orden de cosas, que es Dios el que se ha ofrecido como salvador, que es Dios el único que puede redimir nuestra situación, que nos pide, sí la colaboración y que tenemos que poner de nuestra parte toda la colaboración, como Josué en el valle, sangrando, luchando, enfrentándose al peligro; pero al mismo tiempo, Moisés orando y pidiendo a Dios. Una sola causa: la inmanente, la que lucha en esta tierra; y la trascendente, la que con manos elevadas pide a Dios: “Sólo tú, Señor, puedes traer la victoria de la justicia, de la paz, del amor a este mundo tan necesitado”.

Así como debemos de construir, con oración y trabajo. “Ora et labora”, como es el hermoso lema de los benedictinos, que todo el día se pasan trabajando; pero haciendo de su trabajo una continua oración al Padre: Iglesia en oración. Hemos de incorporar este valor de la oración, a la promoción Humana, porque si no hacemos oración, miramos las cosas con mucha miopía, con resentimientos, con odios, con violencias; y es solo hundiéndose en el corazón de Dios, desde donde se comprenden los planes de Dios sobre la historia, solo hundiéndose en momentos de oración íntima con el Señor es cuando aprendemos a ver en el rostro del hombre, sobre todo el más sufrido, el más pobre, el más harapiento, la imagen de Dios y trabajamos por él. Sólo desde la contemplación de la plegaria podemos percibir una fuerza del Espíritu, que es la que va entretejiendo la historia, y que los hombres pueden abusar como azotes de Dios, pero hasta cierto punto Dios nos dice: basta. Y es la hora en que nosotros, tal vez impacientes, nos parece que no llega, pero va a llegar.

Y desde la oración comprendemos que es necesario perseverar, como la viuda del evangelio, aun frente a los jueces inicuos, aun frente a los que debiendo regir con justicias las cosas de la tierra, únicamente tienen miedo al poder del dinero, al poder de las armas, al poder político, y se olvidan de que ésas son fuerzas muy relativas, que todo viene de Dios. Como la viuda del evangelio de hoy, no temamos ni la iniquidad de los jueces únicamente a favor de ciertas clases que pueden influir y no dialogan con el pobre que, como la viuda, se acerca para pedir un mejor salario para poder comer, una vivienda siquiera para dormir en las horas intemperies. Para acercarse ya al fin, esa perseverancia trae la victoria, dice el evangelio de hoy, no por la violencia sino por la oración, por la confianza en Dios. Yo les invito, hermanos, a ustedes a que hagamos de nuestra Iglesia una Iglesia en oración; ésta es la fuerza más grande de la Arquidiócesis.

Esta semana he oído una frase que me ha llenado mucho el corazón, una persona que no es de nuestro país, me dijo. “¿Quiere que le dé un título a su diócesis?”. -Me dice-: Yo la he llamado la Iglesia soñada. “¿Y por qué -le digo-, Iglesia soñada?”. “Porque he venido a encontrar aquí en esta Arquidiócesis, una Iglesia que ha puesto su fuerza en el poder de Dios, en el deseo de ser auténtica Iglesia, en el valor de desprenderse de aquellas cosas que antes tal vez la hacían poderosa, pero que no era la fuerza de Dios”. Me ha hecho reflexionar mucho esa frase; y no por vanidad se los digo, sino para comunicarles a todos ustedes, mis queridos hermanos, en esta meditación de familia, que sigamos haciendo de nuestra diócesis, la Iglesia soñada, la que soñó Cristo al ponerla toda ella amparada en su propia debilidad, amparada en la fuerza de Dios que le viene de la oración. San Agustín decía una frase muy bonita que yo quisiera que se le grabara todos: “La oración es la fuerza del hombre, porque es la debilidad de Dios”. Es como un papá ante la debilidad de un niño, se siente débil y se acerca a él y le ayuda en su debilidad. Esta es nuestra Iglesia: débil, pero con la fuerza de Dios. Oremos mucho, porque así atraeremos hacia nosotros ese Dios que se hace débil cuando los débiles le piden su protección. “En tí, Señor, he puesto mi esperanza, y no quedaré confundido”.

2. IGLESIA MISIONERA

Y el otro pensamiento, hermanos, la Iglesia misionera, lo que quiero presentar brevemente como un anuncio del próximo domingo. El domingo penúltimo de octubre, que hoy será el 23, se celebra el Domingo Mundial de las Misiones. Pero no es sólo ese domingo tenemos que ser misioneros. El próximo domingo es como un aldabonazo en el corazón de cada cristiano para decirle: “¿Cómo anda tu espíritu misionero?. Toda tu vida tiene que ser misionera”. Y el fundamento de todo ésto lo encuentro en la carta de San Pablo a Timoteo que se ha leído hoy: “Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que de niño conoces la Sagrada Escritura”. Timoteo pertenecía a una familia conversa y había aprendido de su abuela y de su madre la religión que profesaba y que Pablo cultivaba más. Era pues una familia misionera. Toda familia que catequiza a sus niños está cumpliendo la misión, trasmitiendo el gran mensaje de la salvación. Y hablando de esa revelación, le dice San Pablo: “Esta Escritura puede darte la sabiduría que por la fe en Cristo conduce a la salvación”. Esto es lo grande de nuestra fe. No es una filosofía para ser feliz en esta tierra. No es una psicología de esos cursos que ahora abundan para hacer buenos vendedores. No es una psicología únicamente para hacer feliz al hombre y quitarle preocupaciones de la tierra. Es una sabiduría que viene de Dios. He aquí otra vez la trascendencia. Sólo lo que viene de Dios puede dar salvación, porque la salvación viene del Señor. Y por eso San Pablo le dice: “Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud”.

Hermanos, si la Iglesia se preocupa de llevar su evangelio a todos los horizontes, no es con un afán de intromisión en los Estados, como si un país quisiera entrometerse en nuestro país. Aquellos que hablan de una Iglesia que es un poder extranjero no han comprendido nada lo que es la Iglesia. La Iglesia es como aquella estrofa que se canta el día de los magos que van a adorar al niño Jesús, y que el rey Horodes tiene envidia porque ha nacido otro rey, y la Iglesia le canta: “No tengas miedo Herodes. No viene a quitar poderes temporales el que viene a dar el Reino del cielo”. Esto viene a dar la Iglesia a los reinos y a los poderes de la tierra, espíritu del cielo. Esto que ha dicho San Pablo hoy: “La Escritura es útil para reprender, para corregir, para educar en la virtud”. La Iglesia llevando su evangelio respeta la historia, la índoles, el modo de ser de cada pueblo; pero lo corrige, lo eleva, lo llena de virtud, para que el salvadoreño sea mejor salvadoreño, para que el africano sea mejor africano. Es un Reino de Dios que se inyecta como un injerto en todas las razas, en todas las culturas; y sin quitarle su propia originalidad a cada cultura, a cada hombre lo eleva haciéndolo siempre el mismo. De modo que yo, cada uno de ustedes, ante una religión bien vivida, sus defectos, van desapareciendo y se ve destacando más el cristiano. El cristiano no es otra cosa que el hombre perfecto. Las virtudes humanas se necesitan, porque el cristianismo no destruye las virtudes humanas de ningún hombre, de ningún pueblo; respeta, y ésta es la misión.

La misión es llevar, como le recomienda San Pablo a Timoteo, esta revelación que eleva, que santifica, que dignifica, que fortalece los modos de ser de todos los pueblos. Por eso le dice: “Ante Dios y ante Cristo, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro -miren qué forma solemne; es un imperativo- que proclames la horta, con toda comprensión y pedagogía”. Cuando yo de esta cátedra denuncia injusticias, reprocho atropellos, no estoy de acuerdo con ciertas actitudes: no soy yo el que hablo. No soy más que el mensajero de esa palabra mandada a todos los pueblos a reprender, a reprochar, a exhortar. El que me atiende no me atiende a mi, atiende a Dios, que nos quiere salvadoreños más honrados, que quiere más justicia, que quiere más respeto. La palabra de Dios tienen que oirla todos los pueblos con esa actitud que me emociona tanto aquí en Catedral. Es la voz de Dios que, a través de mi tosca palabra humana, está llegando a cada corazón de ustedes. Y ustedes escuchando y yo mismo también aprendiendo, tratamos de ser mejores, cada uno en su propia vocación; yo como pastor; los sacerdotes que me escuchan, como sacerdotes; las religiosas, que yo les agradezco su presencia también en Catedral, y las que allá también, en sus aparatos de radio sintonizan esta meditación; los jóvenes; los matrimonios; los profesionales; los ricos, que no están excluídos, los quiero mucho, pero los quiero convertidos a esta verdad que salva; porque no quiero que, después de ser felices en la tierra, se vayan a condenar por no ser mejores administradores de los bienes que Dios les ha dado; los pobres marginados, con los cuales también me solidarizo, pero no con vicios, no con sus órdenes, sino para decirles también: “Corríjanse, promuévanse, trabajen, dejen los vicios”, para que puedan ser hombres de verdad. Esto predica la Iglesia.

Por eso me duele esa calumnia cuando dicen que yo quiero ser obispo sólo de una clase y desprecio a otra clase. No hermanos, trato de tener un corazón ancho como el de Cristo, imitarlo en algo para llamar a todos a esta palabra que salva, para que todos nos convirtamos, yo el primero, nos convirtamos a esta palabra que exhorta, que anima, que eleva; y ésta es la misión de la Iglesia.

Hermanos, ayudar a las misiones es ayudar a aquellos hombres y mujeres, sacerdotes y laicos, que en aquellas tierras donde todavía Cristo no es conocido, tal vez donde la religión natural, donde se adora a los falsos dioses, tal vez con un sentido más honesto que nuestros cristianos, eleven esas creencias al único Dios verdadero para que sean más fieles, más felices, porque “las misiones” no quiere decir que solamente los que estamos en la Iglesia nos vamos a salvar y que hay que traerlos a todos a la Iglesia. La misión proclama, también, que hay muchas luces de Cristo, también, en tierras paganas, mucha verdad y mucha gracia, que Cristo y el Espíritu Santo están llevando, también, a los pueblos que no conocen a Dios y se salvarán en la fidelidad a sus leyes paganas; pero la Iglesia siente que ella, depositaria de una redención íntegra por Cristo, todos esos valores religiosos que se encuentran en el judaísmo, en el mahometismo, en las falsas religiones, son como reclamos hacia la verdad íntegra, hacia la Iglesia única que Cristo quiere. Y ésta es la misión, ir a aprovechar esos valores humanos, estimarlos pero elevarlos hacia Dios; esta es la misión. De modo que la obra misionera de la Iglesia es una obra de promoción humana a nivel mundial, para hacer el gran proyecto de Dios: que todos los hombres seamos una sola familia, Cristo sea la única cabeza y un día ese Cristo pueda colocar a los pies de Dios la humanidad entera formada de diversas razas, de diversos modos de pensar, pero todos aceptando la verdadera fe en Cristo.

Para ésto nos llama la Iglesia el próximo domingo, y yo he querido adelantar este concepto porque lo reclamaba la palabra de San Pablo hoy y porque yo quisiera suplicarles, queridos hermanos, que durante toda esta semana piensen mucho en las misiones, en los misioneros y, si es posible, aquilaten a los niños, a los jóvenes, a las jóvenes de sus propios hogares; porque Dios tiene designio sobre esa juventud de El Salvador. Cuántos misioneros podrían salir de nuestras familias si se viviera este espíritu, de esta gran empresa misionera. No le podemos proponer al joven una obra heróica, una aventura tan maravillosa como la de ser misionero, aún cuando no sea sacerdote. Allá se reciben también médicos, enfermeros, profesionales, ingenieros, catequistas, por poco tiempo, por unos años. ¡Cuántos están trabajando en aquellas tierras!. Pero, si no tenemos gente con este temple heróico de ser misionero, al menos, hermanos, seamos misioneros de retaguardia, desde nuestro hogar cumplamos nuestros deberes; la fidelidad del matrimonio, la santidad de la familia, el sufrimiento de la enfermedad, ofrecerlo todo por las misiones, porque cuando en el credo decimos: “Creo en la comunión de los santos”, estamos expresando esta verdad. Lo bueno que tú hagas en tu casa se convierte en bienestar de todo el organismo. Es oración por los misioneros.

Y también, hermanos, recuerden que en las misiones se necesita dinero. El próximo domingo en todas las parroquias se hace una colecta especial para mandarlo por medio del sagrado dicasterio, la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos, que administra esos inmensos territorios de misiones donde hay tantas obras que sostener. No digamos que somos pueblo pobre y que aquí necesitamos todo nuestro dinero, porque además de esa injusticia de que mucho dinero de El Salvador se va para bancos extranjeros, el mejor banco extranjero será éste, ayudar con nuestras pobrezas, con un sentido de solidaridad, a la obra de nuestra fe, para agradecerle al Señor la fe que ya hemos recibido, haciendo posible que otros también la reciban. Y a cambio de unos poquitos centavos que nosotros podemos mandar, yo quisiera recordarles, hermanos, que el catolicismo en El Salvador está recibiendo inmensamente más de otros países. Alemania, por ejemplo, nos manda subsidios de miles y miles para nuestras obras católicas. Estados Unidos y varios países que tiene obras de ayuda internacional han comprendido esta solidaridad con los pueblos pobres. Y nosotros los pueblos expresamos, también, la solidaridad de compartir nuestra pobreza. No vamos a enriquecer a las misiones con nuestros centavitos; pero sí les vamos a demostrar, que en El Salvador se comprende la misión y que aunque sea con una pequeña cosa podemos ayudar a las misiones.

Hermanos, hemos hablado de la Iglesia en oración y de la Iglesia misionera. Son dos grandes aspectos que no podemos prescindir si queremos ser Iglesia auténtica. Y vamos a ponernos ya en la oración sublime de nuestra eucaristía para ofrecerle a Dios junto con Cristo, el divino Moisés que en la cumbre del altar levanta sus brazos al Padre, para pedir misericordia por esta Patria que tanto lo necesita.

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