Diario de Oriente

Número 30957 – Pág. 3 – PRIMERA CARTA PASTORAL

De Monseñor Oscar A. Romero
-Continuación-
El Espíritu Santo: Amor y Esperanza de la Iglesia y el concilio concluye así su maravillosa descripción de la actividad divina del Espíritu Santo en la Iglesia: “Y la conduce a la unión consumada con su Esposo. En efecto, el Espíritu y la esposa dicen al Señor Jesús: Ven” (LG 4).
No podía ser otro el desenlace de una historia de salvación, proyectada por el Padre; realizada por su Hijo Jesucristo y llevada a perfección por el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, “con el fin de elevar a los hombres a participar de la vida de Dios” (LG 2).
La Iglesia peregrina no puede vivir sin esa tensión “escatológica” de su eterno destino. Sólo así, impulsada por esa esperanza de “la unión consumada”, podrá ser enmedio de los hombres y de las realidades temporales, la “comunión jerárquica de fe, esperanza y amor” que sirve de instrumentos eficiente a Jesucristo. Maestro y Redentor, para comunicarles a su verdad y su gracia.
María, corona de nuestra reflexión
Colocamos nuestra esperanza de construir una Iglesia, según el corazón de Dios, bajo la inspiración y la protección de la Santísima Virgen María.

Ella es la obra maestra del Espíritu Santo. Por eso la Iglesia confiesa que en ella ya ha alcanzado la perfección, y que, glorifica ya en los cielos en cuerpo y alma, es imagen y principio de la iglesia que habrá de tener su cumplimiento en la vida futura, mientras en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios, como signo de esperanza cierta y de consuelo, hasta que llegue el día del Señor” LG. 65,69)
Con nuestra bendición.
Santiago de María, en la fiesta de Pentecostés,

Con nuestra bendición.
Santiago de María, en la fiesta de Pentecostés,
18 de Mayo de 1975

Oscar A. Romero, Obispo
Por su Mandato, Saúl David Rodríguez
Presbítero Canciller

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Número 30955 – Pág. 3 – PRIMERA CARTA PASTORAL

De Monseñor Oscar A. Romero
-Continuación-
No necesito recargar esta palabra con acentos demagógicos que no construyen; ni es necesario hacer ver una realidad que todos ven y muchos viven y que técnicos en la materia saben describir con la competencia que no es de un pastor de la Iglesia. A éste sólo le toca elevar su voz para hacer un llamamiento al amor y a la responsabilidad, para que ricos y pobres se amen como manda el Señor (Jn 13,34) “Porque ni el odio ni la violencia son la fuerza de nuestra caridad” (Pablo VI, 24 VIII 68).

Porque ¿Cómo puede el Espíritu Santo hacer de nuestra Diócesis una comunión de amor si reinan egoísmos y resentimientos y desconfianzas? Y ¿Cómo pueden florecer las vocaciones y los carismas que le Espíritu Santo está resucitado en un ambiente que materializa y enerva los corazones por demasiadas comodidades y demasiadas incomodidades?.
Nuestra Pastoral Social
Una pastoral social que ya gracias a Dios, también se vislumbra en la Diócesis, está haciendo eco a la voz del Concilio al llamar a los laicos “a quienes por su competencia en los asuntos profanos corresponde el lugar más destacado” (LG 36)- para que con su actividad, elevada desde dentro por la gracia de Cristo, contribuyan eficazmente a que los bienes creados, de acuerdo con el designio del Creador y la iluminación de su Verbo, sean promovidos…para utilidad de todos los hombres sin excepción, sean más convenientemente distribuidos entre ellos y a su manera, conduzcan al progreso Universal, en la libertad humana y cristiana.
El mismo Papa, respaldando esta sensibilidad e inquietud social del Episcopado Latinoamericano, exhorta indirectamente a toda la sociedad: “que vuestro renovado impulso apostólico n se vea frenado por la insensibilidad de algunos cristianos ante situaciones de injusticia..y que ese mismo impulso sea capaz de conjugar la tentación de entregarse a ideologías ajenas al espíritu cristiano o de recurrir a la violencia (al CELAM 3-XI-74).
Bienaventurados los Pobres

Sin embargo quiero recordar a quienes carecen del bienestar, pero no por culpa de sus vicios o del desorden de su vida que su precaria situación siempre ha merecido las preferencias del amor de cristo y de su Iglesia. Y que, por estar mejor dispuestos a la virtud de la pobreza de espíritu -que no es simple carencia de bienes materiales ni perezoso conformismo-, merecieron la primera bienaventuranza del Divino Maestro, porque consiste en el desapego del corazón que, como condición indispensable se va a exigir a pobres y a ricos, para entrar en el Reino de los Cielos. El paraíso que una falsa liberación espera construir en esta tierra, es pura ilusión; en cambio la virtud de la esperanza siempre será necesaria, aún para aquellos que tienen bienes de esta tierra, porque sólo se apoya en Dios y espera los bienes imperecederos del verdadero paraíso, que están muy por encima de los bienes efímeros de la tierra.

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Número 30954 – Pág. 3 – PRIMERA CARTA PASTORAL

De Monseñor Oscar A. Romero
-Continuación-
Por mi pare reitero mi sincera voluntad de servir y dialogar tanto hacia el interior de la Diócesis, como también en la dimensión universal de la Iglesia, ya que como miembro del colegio episcopal, el Obispo es también responsable de la Iglesia como comunión universal. Por lo demás, rigiendo bien la propia Iglesia como porción de la Iglesia Universal, contribuye eficazmente al bien de todo el cuerpo místico, que es también el cuerpo de las Iglesias (LG 23).
Día del Seminario
Esta actividad vocacional y carismática del Espíritu Santo en la Iglesia, abre ampliamente nuestro corazón a la esperanza más segura. Sí, estemos seguros de que el Espíritu Santo nos está ofreciendo las vocaciones y los carismas necesarios para hacer de nuestra Diócesis una porción floreciente del Reino de Dios en el Mundo.
Por eso precisamente, Pentecostés, es el Día del Seminario. Y con esa ocasión hacemos a todas las parroquias, a todas las familias, a todos los movimientos juveniles y laicales en general, a los colegios y escuelas y a cuantos se relacionan con la juventud y la niñez: a salvar a los jóvenes de la seducción de las filosofías del egoísmo y del placer, de la desesperanza y de la nada…de los instintos de la violencia y del odio. Y a ensanchar sus corazones y poder ardorosamente a su servicio las energías…(Mensaje del Concilio a los Jóvenes).

La Injusticia Social, Obstáculo a la comunión
Pero, por otra parte, nos preocupa seriamente otro obstáculo que encuentra el Espíritu de Pentecostés, para renovar a la Iglesia y al mundo y hacer de todos los hombres la comunidad de amor que Dios quiere y Jesucristo necesita como testimonio de su venida al mundo. Nos referimos a la injusta desigualdad social y económica y política en que viven nuestros hermanos.
No estaría completa mi palabra de Pastor si no se refiera a esta alarmante situación concreta, en que tiene que vivir y moverse la Iglesia en esta región de la Patria tan privilegiada de Dones naturales, pero que gime, como diría Pablo, bajo la esclavitud de la corrupción y en espera de la liberación de la gloria de los hijos de Dios (Rom. 8,21).
Continuará.

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Número 30953 – Pág. 3 – PRIMERA CARTA PASTORAL

De Monseñor Oscar A. Romero
-Continuación-
Dones Jerárquico y Carismáticos

Ambos órdenes, el carismático y el jerárquico, no se oponen ni se excluyen, ni caminan separadamente, sino que se ordenan a la edificación y unidad de la iglesia, según la conocida comparación del cuerpo, en el cual la diversidad de órganos y funciones, convergen a la unidad, bienestar y crecimiento de todo el organismo (cf LG. 7). “A cada uno se le da la manifestación del Espíritu para común utilidad” dice San Pablo (1 Cor. 12-7).
Esperanza de la Diócesis
Pentecostés nos hace pensar con optimismo que precisamente las grandes necesidades, limitaciones y deficiencias de nuestra Diócesis, nos están manifestando la voluntad del Espíritu Santo, de darnos todas las vocaciones y carismas que necesita nuestra Iglesia. Pero que sólo espera una generosa acogida y respuesta de nuestra parte, como individuos y como comunidad.
Discernimiento de Carismas
Porque así lo asegura el Concilio en un párrafo que, a la vez nos ofrece el mejor criterio para juzgar cierto fenómeno novedoso de nuestro tiempo, llamado “renovación carismática” como también explica la armonía de funciones entre los demás dones jerárquicos y carismáticos: “Estos carismas dice el Concilio, tanto los extraordinarios como los más comunes y difundidos deber ser recibidos con gratitud y consuelo, porque son muy adecuados y útiles a las necesidades de la Iglesia. Los dones extraordinarios no deben pedirse temerariamente, ni hay que esperar de ellos con presunción los frutos del trabajo apostólico. Y además, el juicio de su autenticidad y de su ejercicio razonable, pertenece a quienes tienen autoridad en la Iglesia, a los cuales compete ante todo no sofocar el espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno (LG 12).
Toca pues, al Obispo esta delicada responsabilidad de discernir los carismas y ordenarlos al bien común de la Diócesis y de la Iglesia. Pero toca a todos, al Obispo, a los sacerdotes, a las religiosas, a los laicos, reconocer los propios dones o carismas que le ha dado el Espíritu Santo, no para ponerlos a la utilidad común, con unidad de servicio y con franqueza de diálogo y colaboración.
Continuará

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Número 30952 – Pág. 3 – PRIMERA CARTA PASTORAL

De Monseñor Oscar A. Romero
El Sentido de Fe de Nuestro Pueblo
Depositarios de esa herencia de nuestro pueblo, que hemos de transmitir enriquecida a la posteridad, cultivemos hermanos sacerdotes y apóstoles laicos, esa capacidad de reflexión y asimilación que tiene nuestra gente, pues “va creciendo la comprensión que tiene nuestra gente, pues “va creciendo la comprensión de las realidades y de las palabras transmitidas, cuando los fieles las contemplan y estudian, meditándolas en su corazón”. (id)
La difusión de la Biblia, las celebraciones de la palabra, los pequeños grupos de reflexión, si no son manipulados por falsas interpretaciones, sino bien orientados por la fe, el amor, la humildad y la oración, son verdaderos fermentos y esperanzas de este sentido de la fe del pueblo de Dios.
Comunión Jerárquica
La institución Iglesia.
Para poder comunicar su gracia y su verdad a todos los hombres. Cristo instituyó la Iglesia, como una Comunión Jerárquica, que le Concilio describe así: “Una comunidad de fe, esperanza y caridad, como un todo visible…establecida y organizada en este mundo como sociedad…gobernada por el Sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él” (LG 8).

Hoy existe una marcada tendencia a rechazar este aspecto jerárquico o institucional de la iglesia, porque se olvida que esa estructura humana no tiene razón de finalidad, sino de medio o instrumento, para comunicar la gracia y la verdad. Por eso (el misterio de la iglesia) se ha comparado, por una notable analogía, el misterio del Verbo encarnado, pues así como la naturaleza asumida sirve al Verbo Divino como de instrumentos vivo de salvación, unido indisolublemente a El, de modo semejante la articulación social de la iglesia, sirve al Espíritu Santo, que la vivifica para el acrecentamiento de su cuerpo. (LG 8).
Dones Jerárquicos y Carismáticos
Y con esto llegamos ya al otro riquísimo aspecto de la actividad del Espíritu Santo de la Iglesia.
El Espíritu Santo -explica el concilio -unifica a la Iglesia en comunión y ministerio, la provee y la gobierna con diversos dones jerárquicos y carismáticos y la embellece con sus frutos. 1c.
De dos maneras pues, el espíritu construye la unidad, y la comunión de la Iglesia: en comunión, o sea interiormente, mediante dones de gracia que se llaman carismas y en ministerio, o sea, externamente, mediante la autoridad o servicio jerárquico.
Continuará

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Número 30949 – Págs. 5 y 6 – PRIMERA CARTA PASTORAL

De Monseñor Oscar A. Romero
Continuación
El Obispo Pastor no Técnico.
El Obispo no tiene inconveniente en reconocer la competencia superioridad que otros pueden tener en las ramas del saber humano, incluso de las ciencia teológicas. No es un técnico de teología o de sociología o de política. Pero no puede ceder a nadie su cátedra de la verdad, cuando se trata de proclamar y defender el divino depósito de la fe y de la moral revelada.
Su lenguaje no pretende la elocuencia de la sabiduría humana, sino el humilde idioma del pastor que cuida el rebaño de ser engañado por falsos profetas y lo estimula a seguir y amar a Cristo. Maestro y Redentor.
“Mi palabra y mi predicación, no fue en persuasivos discursos de sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”. (1 Cor.2,4,-5).

Desde esta perspectiva y competencia, espero cumplir, con la asistencia del Espíritu Santo, mi difícil misión profética.
Aún en el necesario caso de la denuncia, hoy tan de moda, será el mío un lenguaje de amor de pastor, que no tiene enemigos, sino a aquellos que voluntariamente quieran serlo de la verdad de Cristo. Con este criterio apoyaré y vigilaré del magisterio de mis queridos sacerdotes, de los movimientos y centro de educación y promoción de la Diócesis.
Pastoral Profética
En esta línea se promueve ya el aspecto profético, la pastoral de conjunto, de la Diócesis, que ya se va perfilando con la entusiasta participación del laicado.
El Sentido de Fe en Nuestro Pueblo
Pentecostés debe inspirar también a todos los sacerdotes, una ferviente acción de gracias al Espíritu Santo, por ser profundo sentido de fe en nuestro pueblo humilde, que es verdadera piedra de toque, de nuestro ministerio de la palabra.
Por donde quiera que he llegado en visita de pueblos y cantones, he encontrado esa rica herencia de fe que Obispos, Párrocos, Misioneros, Catequistas y familias cristianas, han ido almacenando en el corazón de nuestro pueblo. He constado, que el Espíritu Santo, ilumina y sostiene al pueblo de Dios, en cuanto cuerpo de Cristo, unido en comunión jerárquica…y mediante este sentido de la fe que el Espíritu de la verdad suscita y mantiene, el pueblo de Dios penetra más profundamente en ella, con juicio certero y le da más plena aplicación a la vida, guiado en todo, por el Magisterio y sometiéndose fielmente a él, no acepta ya una palabra de hombre, sino verdaderamente la Palabra de Dios (Decl. “Mynisterium Eclleciae”. ( 2.24VI 73).
Continuará

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Número 30946 – Pág. 4 – PRIMERA CARTA PASTORAL

De Monseñor Oscar A. Romero
Continuación
EL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA
Despertar Espiritual

Pero, por otra parte, nos alegra mucho la inquietud espiritual que el Espíritu Santo está suscitando en nuestro laicado, que cada día va comprendiendo mejor el valor significante de su propio trabajo. Retiros, conveniencias espirituales, cursillo de cristiandad, encuentro juveniles, etc. Son todo un florecer de realidades y esperanzas en este campo de la comunicación de la gracia.
Nuestra Vocación Misionera
Mención especial merece, por considerarla un regalo singular del Señor a nuestra Diócesis, la noticia, de haberla designado como “Diócesis piloto, para la animación misionera del país”; pues el espíritu misionero posee un maravilloso dinamismo para mover a los cristianos a vivir en gracia de Dios, ya que así lo exige la vocación al cristianismo y la necesidad de hacerse agradable a Dios, para orar y trabajar eficientemente, por la conversión de los “infieles”.
Comunicación de la Verdad
La “Asistencia” del Espíritu Santo
El Espíritu…guía a la Iglesia a toda la verdad. Con esta lacónica expresión, el Concilio evoca la asistencia del Espíritu Santo, prometida por Cristo a su Iglesia (cf. jo.16-13) , para custodiar íntegra, la verdad revelada por Dios y comunicarla con autoridad y seguridad divina a todos los hombres.
El Magisterio de la Iglesia
Aquí encuentra su razón de ser el “Magisterio de la Iglesia” que Cristo confió directamente a Pedro y al Colegio de los Apóstoles y que en legítima sucesión, ha llegado hasta nosotros en la persona del Papa y de los Obispos en comunión con el Papa.

“Los Obispos cuando enseñan, en comunión con el Romano Pontífice, dice el Concilio (LG 25) deben ser respetados por todos como testigos de la verdad divina y católica…pues aunque cada uno de los Obispos no goce por sí de la prerrogativa de la infalibilidad, sin embargo, cuando aún estando dispersos por el orbe, pero manteniendo el vínculo de comunión entre sí y con el sucesor de Pedro, enseñando auténticamente en materia de fe y costumbres, conviene en que una doctrina ha de ser tenida como definitiva, en ese caso proponen infaliblemente la doctrina de Cristo” (LG 25).
Se convierte pues, así, el Obispo, en instrumento humano del Espíritu Santo, que guía la Iglesia a toda la verdad. Es “pregonero de la fe, maestro auténtico, o sea, que está dotado de la autoridad de Cristo, para predicar al pueblo, la fe, que ha de ser creída y aplicada a la vida”.

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Número 30941 – Págs. 2 y 5 – EL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA

PRIMERA CARTA PASTORAL
Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo de Santiago de María
A los querido Sacerdotes, Religiosos y Fieles, de la Diócesis Gozo y Paz en el Espíritu Santo.
Pentecostés, la mejor oportunidad. Es la primera fiesta de Pentecostés que celebro con ustedes, después de haber compartido, por más de cinco meses, el cariño, el trabajo y las preocupaciones de esta bella porción de la Iglesia; y esta es mi primera carta pastoral que les dirijo.
Creo que no hubiera podido encontrar, para ofrecerles esta primicia de mi magisterio episcopal, otra circunstancia más propicia que pentecostés, ni otro tema más apropiado que este del Espíritu Santo en la Iglesia.
En efecto, la fiesta de Pentecostés, en virtud de la liturgia de la Iglesia, hace presente y actualiza, para que podamos llenarnos de su gracia salvadora (cf S.C. 102), el gran acontecimiento del envió del Espíritu Santo a la Iglesia, para revestirla de la fuerza de lo alto y hacerla testigo del Señor en todo el ámbito del mundo (cf Hechos 1,8).
Una presencia tan dinámica del Espíritu en la Iglesia y en nuestra Diócesis, expresa, ya por sí sola, cuanto mi imperfecta palabra, podría decirles acerca de las sólidas razones que la Diócesis ofrece para vivir y esperar.
Un saludo agradecido.

Siento, ante todo, que la alegría de esta pascua, que culmina con tan exuberante comunicación de la vida de Dios a los hombres, ofrece un ambiente de optimismo y cordialidad para expresar mi saludo, mi agradecimiento y mi buena voluntad a la Diócesis y a tantos amigos buenos, que con su acogida y sus múltiples demostraciones de simpatía y adhesión, han abierto anchos caminos, al paso y a la acción del pasto.
¿Cómo no voy a sentirme agradecido y cantar el “magnificat” de la virgen, por esa maravillosa convergencia de buena voluntad, que por obra, sin duda del Espíritu Santo, va estrechando cada vez más con el pastor a los elementos principales de la Diócesis?.
Porque en verdad, desde aquella inolvidable bienvenida del 14 de diciembre, al llegar a la ciudad sede, para tomar posesión de la Diócesis, mis ya numerosos caminos recorridos por poblaciones y cantones, han sido un prolongado Domingo de Ramos, sobre todo allí, donde los estimados Párrocos han sabido motivar a sus fieles, con la enseñanza y el ejemplo, la educación y la adhesión, que le Pueblo de Dios debe a sus pastores.
Continuará

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Número 30930 – Págs. 1 y 4 – COMO SIGNO DE COMUNIÓN CON EL PAPA

Por Monseñor Oscar A. Romero
Hoy he sentido que llegué a la meta de mi viaje a Roma. He hablado con el Papa en una inolvidable audiencia privada. El anhelo principal de venir a Roma, era el mismo deseo que llevó a San Pablo a Jerusalén. “ver a Pedro” y sentir de cerca el carisma que el Señor prometió al sucesor de Pedro, centro y fundamento de la unidad de la Iglesia, “confirmar a sus hermanos en la fe”. Y hoy escribo esta breve nota sobre uno de los momentos más densos de mi vida, no solo por expresar una profunda satisfacción personal que sería mejor guardar en el secreto del alma, sino para hacer partícipes de esta nueva “confirmación en la fe” a mis amigos y sobre todo a la querida Diócesis de Santiago de María, que ha sido confiada a mi humilde servicio pastoral.
La figura del Papa, me pareció más luminosa que nunca y su gesto efusivo y de admirable sencillez con que me dio la bienvenida en español, me ganaron por completo la confianza.
Luego juntos localizamos, en un mapa eclesiástico que él tenía sobre su escritorio, el territorio Diocesano de Santiago de María que su Santidad subrayó con un lápiz rojo “para tenerlo siempre presenten en mis oraciones”, me dijo. Recordó con cariño a su primer difunto Obispo Monseñor Castro y Ramírez, “era un hombre fiel, comentó, que difundió valientemente la doctrina verdadera y la adhesión a la Santa Sede”. Y, al referirse a este humilde sucesor, me proyectó todo el carisma que acabo de mencionar y en verdad “confirmó mi fe”. Me admiró el conocimiento que tiene el Papa de nuestros problemas salvadoreños y, en concreto, de mi modesta labor sacerdotal; por eso han quedado esculpidos en mi espíritu estas palabras de mí programáticas: “Esto fortes in dide…siga adelante, siga su línea, siga su estilo, no tema seguir profesando y enseñando lo que ha aprendido en el magisterio de la Iglesia”.

Y nuevamente nos pusimos de pie porque quiso sellar estas palabras de “confirmación” con otro inolvidable gesto de “comunión”: me obsequió un cáliz. “Esto no lo solemos hacer con todos, comentó. Pero usted va por primera vez a una Diócesis, llévelo como signo de comunión con el Papa”. Y en virtud de esta “comunión” que ha inspirado todo mi viaje, sentí que conmigo estaba junto al Papa toda la Diócesis, como el mismo Papa me lo recordó al calificar el cáliz “como signo de comunión…pues usted debe considerar esta visita como su primera visita “ad limina”, porque con usted está presente toda su querida Diócesis”. Tomó también de su gaveta estampas, rosarios y medallas: “lleve, lleve, me dijo, con una graciosa sonrisa, meta en sus bolsillos, porque los bolsillos del Obispo deben estar siempre llenos para dar”.
“También para traer al Papa”, agregué yo, al sacar de mi bolsillo una medallita de oro que me dio para él la Señorita Merceditas Gonzalbo y un breve memorándum para mi entrevistas. Agradeció el obsequio y nos sentamos de nuevo para comentar los breves puntos de mi afortunado papel que ya estaba bajo la mirada de Su Santidad.
Fue una conversación de verdadera “comunión”. El Papa me hizo sentir la realidad del “afecto colegial” con que el Concilio define las relaciones entre los sucesores de los apóstoles y entre éstos y sus Sucesores de Pedro. Y fue en este contexto, cuando me mencionó la confianza en María la Madre de la Iglesia, que tiene especial cuidado con sus pastores. “Y no olvide que usted y yo somos esos humildes pastores que juntos trabajamos, juntos sufrimos y juntos oramos y confiamos en el mismo Señor”.
El Clero unido con su Obispo, el porvenir del seminario, el cuidado espiritual de las religiosas, la confianza en el laicado y otros puntos pastorales desfilaron en este luminoso diálogo como directrices segura del pastor universal.
Para terminar, me invitó a tomarnos una fotografía. Y al darme, para despedirnos, el clásico doble abrazo romano, sentí que no estaban solos mis brazos para estrechar con respetuoso cariño y adhesión al “Dolce Cristo in terra”, sino que conmigo palpitaban el corazón de la Diócesis santiagueña, más aún, como salvadoreño sentí en mi pecho palpitar el corazón entero de El Salvador”.
Roma, 23 de Noviembre de 1974

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Número 30921 – Pág. 1 – EVANGELIZACIÓN EN EL MUNDO ACTUAL

Por Monseñor Oscar A. Romero
En torno de este tema está reunido el Sínodo de los Obispos. Estos no han ido a improvisar. Desde que el Papa señaló el tema de la Evangelización para la consulta sinodal, comenzaron a surgir por todas partes interesantes documentos y estudios, acerca de esa misión primordial de la Iglesia en el mundo.
No todos los estudios presentados a la Secretaría del Sínodo, han expresado el genuino concepto de la Evangelización; por eso pudo decir un alto personero de la Santa Sede, que no falta quienes han desean manipular el Sínodo “para tratar de distraerlo de la atención que debe prestar a la Evangelización que Cristo ha mandado y que es fruto de la vida cristiana y para que se ponga el acento, sobre la proclamación de los derechos del hombre y del progreso del mundo contemporáneo, dejando aparte el deber primordial de la predicación del Evangelio y al anuncio de la palabra”.

Pero ya desde su discurso inaugural, Pablo VI descartó de aquella consulta episcopal todo concepto de ideología que esté en contradicción con el espíritu del Evangelio, como la violencia, la revolución y el colonialismo y precisó que, por una parte, la búsqueda de nuevos cauces para llevar el Evangelio al mundo actual, no debe hacer olvidar “el tradicional concepto de la acción evangelizadora” así como, por otra parte, tendrá que hacerse un esfuerzo, se permanezca serenamente receptivo, a todo lo bueno y valioso que se encuentre en las nuevas experiencias, de modo que lo viejo y los nuevo se reconcilien.
Y es que en el mundo actual, como en los tiempos antiguos y el mundo del futuro, la Evangelización no puede se otra cosa que la tarea sobrenatural que Cristo confió a su Iglesia, de llevar íntegro su mensaje a todos los hombres, a fin de que crean y se salven.
Naturalmente que este objetivo incambiable, trascendental y sobrenatural, se encuentra hoy, después del Concilio y en la transformación del mundo actual, con una serie de gérmenes nuevos y antinomia, que no siempre ha dado buenos resultados, ni han logrado una síntesis equilibrada, sino que han llevado “a desviaciones e incluso a errores” acentuando a veces, aspectos intrascendentes y dejando en penumbra importantes datos principales de la fe. Piensese por ejemplo, en las defectuosas exposiciones que hemos oído acerca de “teologías políticas” o de liberación de las raras “cristilogías” o “eclesiologías” que nos hacen pensar en los viejos errores del modernismo, etc.
El Papa ya calificó al Sínodo, como una útil contribución a su Supremo Magisterio. Y sin duda lo será, si los Padres Sinodales y demás colaboradores de aquella importante reunión, expresan en la consulta, no sólo sus criterios personales o de los pequeños grupos comprometidos, sino el sincero sentir de los Episcopados que representan y del verdadero pueblo de Dios, esparcido por el mundo. Entonces el Supremo Pastor de la Iglesia, sentirá el respaldo de todo un mundo actual, que le pide poner alto a los abusos de una falsa Evangelización y estimular el tradicional concepto de la tarea evangelizadora.

2 de Noviembre de 1974Número 30923 – Pág. 1 – MI GRATITUD, MI SALUDO

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Número 30920 – Págs. 1 y 4 – HACIA UNA MEJOR POLÍTICA AGRARIA

Por Monseñor Oscar A. Romero

Queremos traer a nuestra columna editorial, una oportuna colaboración que con la asiduidad de siempre, nos envía D. Abelino Alvarez. Y lo hacemos para subrayar una coincidencia, que nos lleva a hacer un llamamiento a la sincera colaboración entre la Iglesia y la Comunidad Política, en favor de este problema, y a que “ambas, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre” (Concilio Vaticano II, GS76).
Bajo el título de “El absentismo en el campo” nuestro colaborador escribe este análisis: El en campo reside esa masa humana que se mueve y vive preocupada por obtener una vida mejor en un clima de bienestar. El campesino ofrece sus energías, por un jornal exiguo, que apenas alcanza para aliviar sus necesidades. Y es entonces cuando se desespera y buscando un necesario y urgente mejoramiento, se siente obligado a abandonar el campo y trasladarse a la ciudad, en donde cree encontrar la solución de su problema de subsistencia. Es la comunidad entera la que sufre los efectos de este absentismo del campo y de esta congestión de la ciudad: los campos se quedan solo, carentes de mano de obra para su cultivo y en las áreas urbanas escasea el abastecimiento par ala población creciente, se fomenta el hacinamiento humano, aumenta el desempleo, etc.
¿Existe alguna solución para este problema? Sí. y es este estímulo al campesino, reconociéndole justamente su salario y pagándole puntualmente: ayudándole a resolver sus dificultades de índole económica, haciéndole prestaciones, mantenerlo sano y dispuesto al trabajo, darle buen trato como ser humano que es, convenciéndolo así de que la vida del campos es la mejor; al verse así tratado, abandonará toda la idea de emigrar del campo, ofrecerá sus energías con más gusto y verá en sus patronos, más que rivalidad y explotación, sincera fraternidad y cooperación.
Mencionábamos, al principio, una coincidencia y un llamamiento. Y es porque en su discurso del 15 de septiembre el Señor Presidente subraya este renglón la política agraria y poblacional, que también constituye una de las preocupaciones más apremiantes de la actual doctrina social de la Iglesia. Recuérdese por ejemplo, la “Mater et Magistra” con sus exigencias de una más adecuada política económica agraria, o la “Octogésima adveniens” con su profundo análisis del problema urbano.

Esta coincidencia de preocupaciones entre la doctrina de la iglesia y las líneas de un gobierno, en vez de suscitar rivalidades y sospechas de inspiración partidista, debería más bien impulsar a un diálogo constructivo de ideas y sobre todo a aquella colaboración de esfuerzos que recuerda el Concilio, aún teniendo en cuenta la autonomía e índole propia de ambas instituciones, pero al servicio de la única vocación del hombre. Este servicio lo realizarán con tata mayor eficacia para bien de todos, cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas, habida cuenta de las circunstancias de lugar y tiempo”.

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Número 30918 – Pág. 1 – TENTACIÓN DEL NUEVO CRISTIANISMO

Antropocentrismo
Por Monseñor Oscar A. Romero

El Antropocentrismo, la intramundanidad, un Evangelio de matriz marxista, una nueva eclesiología, la fe en un Cristo revolucionario…son las 5 características del cristianismo nuevo, que descubre y refuta el editorial de “La Civiltá Católica”, el 16 de Marzo y que aquí estamos reproduciendo por partes.
En primer lugar, señalaremos su Antropocentrismo. Los nuevos cristianos ponen en el centro de la vida religiosa, no a Dios, sino al hombre y concentran en el hombre toda su atención y todo su interés. No niegan a Dios pero solo lo ven en El hombre y en función del hombre. Dios no es amado y servido en sí mismo y por sí mismo, sino que el servicio y el amor de Dios se reduce al amor y servicio al hombre. El Primer Mandamiento de “Ama a Dios con todo tu corazón y con todas tus fuerzas” Se reduce al Segundo Mandamiento: “Ama al Prójimo”, dejando este mandamiento de ser el segundo para convertirse en el primero y único mandamiento. El primado de Dios, es sustituido por el primado del hombre.
Dios existe, pero existe en el hombre (lo que trae como consecuencia, para algunos, que Dios es el hombre). Por lo tanto el amor al prójimo no es solamente como enseñaba San Juan la “señal del auténtico amor a Dios, sino que es todo el cristianismo”. Por lo tanto el verdadero cristiano no es el que ama a Dios con todo el corazón y por amar a Dios ama a los hermanos y se sacrifica por ellos, sino que el verdadero cristiano, es el que se compromete en la historia por el amor a los hombres, que son el verdadero y único rostro de dios.
Consecuentemente la oración más eficaz y más verdadera es, no la que consisten en retirarse para buscar a Dios en la soledad, sino el compromiso en la historia, al servicio del prójimo. La oración tradicional es considerada como una fuga del compromiso mundano y como un riesgo de replegamiento estéril sobre sí mismo y sus propios y pequeños problemas espirituales.
En la segunda parte, el artículo examina cada una de esas características del nuevo cristianismo y reconoce que afirmando exigencias justas, quizá un poco descuidadas en el pasado. Se oscurecen o se niegan puntos esenciales de la fe cristiana. Y refiriéndose a su Antropocentrismo, refuta:

En lo que se refiere a su Antropocentrismo, la justa exigencia de poner el acento sobre la caridad y sobre el servicio del hombre, se lleva tan a fondo, que prácticamente Dios queda eliminado de la escena, o reducido del hombre. De este modo el cristianismo se convierte, en una “religión del hombre” que, aún conservando el nombre de Dios, es sustancialmente atea. Resulta una “religión del segundo mandamiento”. Ahora bien, esta reducción está en radical contraste con el Evangelio que proclama el primado de Dios y el amor de Dios, y que ve en Dios el manantial y la causa del amor al hombre y del servicio al hombre. El hombre es digno de amor porque Dios lo ama y lo ha hecho su hijo. El pobre deber ser honrado y servido de manera especial, porque Dios lo ama particularmente y en la persona de Jesús se ha puesto a su servicio; más aún, ha tomado su rostro. Sin el amor a Dios, el amor “cristiano” al hombre, no tendría sentido.
5 de Octubre de 1974Número 30919 – Págs. 1 y 4 – TENTACIÓN DEL NUEVO CRISTIANISMO

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