Diario de Oriente

Número 30822 – Págs. 1 y 4 – Noticias de Monseñor Romero

DESDE EL “MES DE REFLEXIÓN”

Quienes asisten
Tengo la satisfacción de estar conviviendo, durante este “mes de reflexión episcopal”, con tantos buenos pastores de América Central, concentrados en la pintoresca Antigua Guatemala.

Aquí han venido, desde la primera semana, 10 Obispos de Guatemala: el de Quezaltenango, Monseñor Manresa, Presidente del SEDAC y, como tal, promotor principal de este encuentro; el de Jalapa, monseñor Miguel García Arauz, el de Verapaz, Monseñor Juan Gerardi, Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala, del de Izabal, Monseñor Gerardo Flores, el de Escuintla, Monseñor Julio Aguilar, el de Petén, Monseñor Luis Estrada, el de Huehuetenango, Monseñor Hugo Gebermann y su auxiliar, Monseñor Victor H. Martínez y 2 auxiliares de Guatemala, Monseñor Ramiro Pallecer y Monseñor Rafael González. 4 obispos de Costa Rica: el de Alajuela, Monseñor Enrique Bolaños, el de Tilarán Monseñor Román Arrieta, el de Limón, Monseñor Alfonso Hofer y el Auxiliar de San José, Monseñor Ignacio Trejos. 3 Obispos de Nicaragua: El Arzobispo de Managua, Monseñor Obando y Bravo, el electo de Granada, Monseñor Leovigildo López y el de Juigalpa, Monseñor Pablo Vega. De Honduras, el Obispo de Olancho, Monseñor Nicolás D´Antonio. y 6 de El Salvador: El Señor Arzobispo Monseñor Luis Chávez y González, el de Santa Ana, Monseñor Benajamín Barrera, Presidente de la Conferencia Episcopal, el de San Vicente, Monseñor Pedro Arnoldo Aparicio y Quintanilla, el de San Miguel, Monseñor J. Eduardo Alvarez y los dos auxiliares de San Salvador, Monseñor Arturo Rivera Damas y el que escribe. Hasta México ha enviado dos representantes el Obispo de Tehuacán y el Auxiliar de Oaxaca.

Formamos en total un grupo ideal, de 25 hombres que compartimos las preocupaciones, las inquietudes, las experiencias, los fracasos, las esperanzas de estos seis países hermanos. Al final de este “mes de reflexión” se celebrará la asamblea plenaria oficial del SEDAC, que por estatuto convoca a todos los Obispos de Centro América y Panamá para dialogar sobre los problemas comunes y ser expresión de colegialidad Centroamericana. Para estos tres días, 10-12 de septiembre, Dios mediante, la “Posada de Belén” será posada de todos los Obispos del Istmo.
Un Soplo de Espiritualidad
Este encuentro episcopal. está resultando un verdadero encuentro con Dios; un soplo de espiritualidad, está pasando por esta vieja casa convertida hoy en un verdadero cenáculo de Pentecostés centroamericano.
1 Ya el mismo místico escenario de la antigua con sus viejas ruinas coloniales y esta “Posada de Belén”, con sus claustros seculares, por donde pasó el Hermano Pedro, evocando la presencia de aquellos grandes pastores, misioneros y comunidades religiosas, que sembraron y regaron las primeras semillas de la fe cristiana en estas tierras centroamericanas, donde hoy, otros hombres encarnan la responsabilidad de sostener y actualizar esa herencia sagrada para los pueblos y los problemas de hoy.

2 El retiro espiritual que nos predicó desde la primera noche, Monseñor Pironio, nos situó precisamente en esta “hora” de nuestra historia que como “la hora” de Jesús…(1o. 12, 20ss) es una hora de cruz pascual, de dolorosas esperanzas, que reclama de los pastores actuales un gran silencio de oración, abierto a la Palabra de Dios, una gran pobreza de espíritu que es disponibilidad de diálogo y de servicio. La pobreza unciosa de este gran obispo moderno, Secretario General del CELAM, nombrado hace poco Arzobispo de mar del Plata, nos hizo reflexionar en la verdadera misión profética de la Iglesia en América Latina y en el verdadero sentido de la liberación cristiana que, por ser un impulso del Espíritu de Dios y por tener como meta, la libertad plena y el triunfo sobre el pecado y sus consecuencia, es algo más que una simple presión de la historia, o un grito revolucionario y va mucho más allá, de los horizontes de la historia, y mucho más hondo que los niveles socioeconómicos. Monseñor Pironio, que venía de una reunión misional de España y por estar con nosotros, no pudo asistir a una asamblea del Episcopado en Africa, alabó esta reunión en Antigua, porque estos testimonio de Colegialidad Episcopal que gracias a Dios abundan en nuestro continente, constituyen una rica aportación a la vida de la Iglesia universal. Invitó al Magisterio Episcopal de Centro América a proclamar con sencillez y fervor, el mensaje de salvación, porque el único camino de la verdadera liberación, es vivir las bienaventuranzas del Evangelio, como una utopía y decir que Cristo no tuvo capacidad para ofrecer el verdadero fermento de la transformación humana y social.
3 Después del retiro, un ambiente de oración, ha quedado flotando sobre las jornadas de estudio. La “actitud contemplativa” que Monseñor Pironio describió como la más necesaria, para los cristianos de América, sigue alimentándose aquí, gracias a la adoración eucarística, perpetua en la capilla, adyacente al salón de conferencias, donde la comunidad contemplativa de las Religiosas de la Cruz, permanecen día y noche orando y preparan y cantan la liturgia de las concelebraciones y de las horas.
Expertos y Areas de Estudio
Dos expertos de “dinámica de diálogo”, un misionero del Espíritu Santo y un Jesuita, asesoraron la primera área de trabajo, orientada a integrar a todos los participantes en una verdadera comunidad fraternal. El resultado ha sido maravilloso, porque un ambiente de fraternidad y familia reina en la Posada de Belén.
A la hora de mandar esta crónica, estamos trabajando, en la segunda área del mes, destinada a la Antropología centroamericana. El equipo asesor, lo forman dos profesores universitarios de Argentina y Colombia, Dr. Enrique Dusel y el Dr. Requensens y el Jesuita Padre Bigaud. Los dos seglares son ejemplares cristianos de profunda fe.

Pero aunque este enriquecimiento intelectual es un verdadero regalo de Dios a la Jerarquía centroamericana, sentimos que lo más rico de estos días, es la convivencia fraterna de tantos Obispos que, como los primeros del cristianismo, están destacándose por la sencillez, el respeto mutuo y el amor.

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Número 30819 – Pág. 1 – ¿A QUE HAN IDO LOS OBISPOS A GUATEMALA?

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador
Hoy inicia en Antigua Guatemala, el “Mes de Reflexión Episcopal”, al que asisten convocados por el SEDAC (Secretariado Episcopal de América Central y Panamá); la casi totalidad de los Episcopados de América Central y Panamá. El hecho merece subrayarse, tanto por la calidad de los participantes, como para orientar a nuestros lectores acerca del alcance y significado de esta reunión.
Los participantes son los pastores de la Iglesia en Centro América, vale decir, los responsables de la unidad de la fe y de la comunión eclesial del istmo. Esta calidad jerárquica, a la que el Obispo no puede renunciar en ningún momento, ni circunstancia, hace de este esfuerzo de “aggiornamento”, no un “filettanstismo” personal, sino un ejercicio de su alto servicio jerárquico. Por su parte, la cooperación del CELAM, ofreciendo el valioso bagaje de cultura, carisma y experiencias de sus mejores expertos, no tiene otro significado que el de asesorar a quienes el Espíritu Santo ha puesto para ser los responsables directos de la unidad y de la conservación de la verdad revelada y de la disciplina eclesial en sus propias Dieciséis. Uno y otros -Obispos y expertos van a Guatemala sabedores de que lo que allí contará principalmente, no es el juego de opiniones, corrientes o líneas humanas, sino sobre todo, la búsqueda de la verdad, bajo la luz de la fe.

“Fidelidad a la propia misión, culto asiduo a la palabra revelada, constante atención a la vida de los hombres”. Son los criterios que ya mencionó, con su beneplácito, la Santa sede, al referirse a las líneas directrices de esta reflexión episcopal centroamericana.
Los teólogos- aclaraba Pablo VI a los Obispos en Bogotá- pueden ser providenciales estudios y valientes expositores de la fe, si se conservan discípulos inteligentes del Magisterio Eclesiástico, constituido por Cristo en custodio e intérprete, por obra del Espíritu Santo, de su mensaje de vida eterna. Y advirtió el grave peligro que se corre, en el campo doctrinal, cuando se transponen estos linderos hasta recaer en un “libre examen que ha roto la unidad de la Iglesia misma”.
También mencionó allá, el Papa, otra tensión que no pasará por alto en la reflexión de Guatemala, porque de no llevarla a una positiva síntesis eclesial, ella puede conducir a una verdadera anarquía. Se trata de la “Iglesia llamada institucional, confrontada con otra presunta Iglesia llamada carismática, como si la primera, comunitaria y jerárquica, visible y responsables, organizada y disciplinada, apostólica y sacramental, fuese una expresión del cristianismo ya superada, mi entras en la otra espontánea y espiritual, sería capaz de interpretar el cristianismo para el hombre adulto, en la civilización contemporánea y de responder a los problemas urgentes y reales de nuestro tiempo.
No se tomen estas precisiones teológicas, como un subterfugio de la jerarquía y del Magisterio que quisiera parapetar su inmovilismo o su miedo a las corrientes modernas del pensamiento. De ninguna manera. Los Obispos, son los primeros en saber que “no somos nosotros quienes juzgamos la palabra de Dios; es ella la que nos juzga y pone al descubierto nuestros compromisos mundanos…” (Pablo VI, en el 5o. Aniversario del Concilio). Estemos seguros del éxito del mes de reflexión”, porque a Guatemala nuestros Obispos van con esta sincera convicción formulada por Pablo VI en nombre del Episcopado Latinoamericano: “Haremos un esfuerzo de inteligencia amorosa, para comprender cuanto de bueno y de admirable se encuentre en estas formas inquietas y frecuentemente erradas de interpretación del mensaje cristiano; para purificar cada vez mas nuestra profesión cristiana y llevar estas experiencias espirituales, al cauce de la verdadera norma eclesial”.

12 de Agosto de 1972

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Número 30817 – Págs. 1 y 6 – CONFIANZA EN LA IGLESIA

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador
Ya es tradicional la revisión de la vida actual de la Iglesia, que el Papa hace ante el Colegio Cardenalicio en Navidad y en su onomástico. Esta vez hizo un llamamiento de optimismo y de confianza ya que, precisamente uno de los fenómenos enumerados en su análisis, es la crisis de confianza.
“En el momento en que vivimos la falta de confianza en la Iglesia, se ha apoderado de cierto número de cierto número de cristianos y también de sacerdotes y religiosos; desconfianza que llega a veces incluso a una ciega agresividad, pero que toma también, muy a menudo, la forma de desaliento y desilusión”.

Dos extremismos de moda son la causa próxima de desconfianza: a unos se les antoja que se quiebra la unidad coherente y organizada de la Iglesia a la que estaban acostumbrados; ” se sienten sacudidos por el cristianismo que en estos años ha salido a la superficie, por el carácter arriesgado de ciertas iniciativas que ignoran la tradición, por el abandono de manifestaciones exteriores y de formas de piedad a las cuales estaban apegados”. En el extremo opuesto, pierden la confianza en la Iglesia, porque la consideran “aprisionada por instituciones trasnochadas, piensan que en una sociedad secularizada, la Iglesia debería abandonar la mayor parte de las formas que la caracterizan y renunciar incluso a las certezas adquiridas, para ponerse únicamente a la escucha de las necesidades del mundo y frente a la Iglesia visible e institucional, experimentan una frialdad que conduce a algunos a alejarse de ella, sensibles, como creen que son, ante los profundos cambios, propios de nuestra época, ante las novedades de las situaciones culturales y ante las posibilidades científicas y técnicas.
Los frutos de esta crisis de confianza son fatales para la verdadera fe católica. El Papa enumera, por vía de ejemplo: -una interpretación arbitraria y falsa del Concilio, que lleva a soñar en una Iglesia “nueva, que rompa con su tradición y altera su misma constitución, sus dogmas, su moral, su derecho; la “fascinación de la violencia” y un concepto de “liberación” que no siempre es interpretación de la libertad evangélica, sino que frecuentemente es eufemismo que encubre métodos subversivos y alianza peligrosa “con ideas socialistas de sentimientos no cristianos y a veces anticristianos”; una tendencia a disolver el magisterio de la Iglesia, jugando con un pluralismo equívoco que justificara la coexistencia de concepciones opuestas.
Pero el origen profundo de esta crisis de confianza, es el olvido de la relación trascendente y vital de la Iglesia con Cristo. cristo está presente y en él mismo el que construye y dirige su Iglesia. “Las mismas lentitudes, derrotas y pruebas, son connaturales, al misterio de la Cruz de la resurrección de Cristo, única razón de ser de la Iglesia.
Por eso -en contraste con la visión miope de aquellos dos extremos el Papa nos invita a explayar una mirada de optimismo, sobre la exuberante primavera de la Iglesia posconciliar, que no puede ser obra humana, sino de la asistencia de Dios: nuevas estructuras jerárquicas y pastorales coordinan el quehacer eclesial, de Obispos, presbíteros, religiosos, seglares; crece el sentido de lo social y de la caridad activa; se irradia con más amplitud y más profundidad del mensaje del Evangelio; se renueva el empeño misionero; penetra en vastos estratos del clero y del laicado, un mayor impulso de generosidad y entrega; aguijonea un sentido más agudo de pobreza evangélica; hay una mayor apertura de los valores positivos del mundo, etc.

Y no es que ante una crisis de confianza, El Papa cierre los ojos cándidamente ante las defecciones humanas de la Iglesia. Nadie como él las ha criticado y las siente. Pero su crítica es constructiva, hecha con amor y con fe. Porque no serán los que han perdido su fe y su confianza en la Iglesia, los que pueden hacer algo positivo por Ella. Sólo los que creen que la Iglesia es Divina, a pesar de sus sombras humanas, son los verdaderos artífices de su renovación.

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Número 30816 – Pág. 1 – PABLO VI, EL PAPA DEL DIÁLOGO

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador
El “Día del Papa”, nos encuentra este año en un ambiente de reacciones diversas ante el relevo de nuestras supremas autoridades civiles. Pero esta circunstancia nos ofrece una oportunidad propicia para hacer -sin apasionamiento político, ni sentimientos agresivo o demagógicos- Una reflexión sobre le ministerio Jerárquico de la Iglesia entre los pueblos y sus gobernantes.
“No existe ninguna potencia temporal, ninguna ambición de entrar en competencia con vosotros -dijo Pablo VI a todos los pueblos y gobiernos representados en el aula magna de la ONU. De hecho no tenemos nada que pedir, ni ninguna cuestión que plantear. Tan solo un deseo que formular, un permiso que solicita: el poderos servir en lo que es nuestra competencia, con desinterés, humildad y amor”.

A la mirada de quien solo tiene en cuenta los intereses de una política temporal y terrena, puede parecer esta presencia del Pastor entre los pueblos y gobiernos de la tierra, como una actitud servil, acomodaticia o “entreguista”. Pero a quien trata de sopesar con el criterio de un pastor de la Iglesia, la presencia de la Jerarquía entre los políticos, apreciará con más verdad el hecho y evitará esa crítica injusta que hasta llega a la actitud subversiva contra la autoridad de la Iglesia y corrosiva de la unidad eclesial.

Desde su primera encíclica “Ecclesiam Suam” -carta magna del diálogo el actual pontífice describió las diversas posturas que la iglesia podía adoptar frente al mundo:”reducir al mínimo tales relaciones, procurando apartarse del trato con la sociedad profana…desarraigar los males que en ésta pueden encontrarse, anatematizándolos y promoviendo cruzadas contra ellos…o bien acercarse para intentar influjo preponderante o incluso ejercitar en ellos su dominio teocrático…y así otras muchas maneras”. Pero desde aquel primer momento de su pontificado Pablo VI, descartó todos esos procedimientos drásticos o interesados y comenzó a practicar y enseñar el camino que ha dado el estilo de su pastoral: “parécenos, sin embargo, que la relación de la Iglesia con el mundo, sin excluir otras legítimas, puede configurarse como un diálogo…Así lo sugiere la madurez del hombre, capacitado por la educación civil, para pensar, para hablar y para tratar con la dignidad del diálogo.
Pero conviene aclarar que para el Papa del diálogo, éste no significa pactar o entregarse. “Nuestro diálogo-explica -no puede ser una debilidad respecto al compromiso que tenemos con nuestra fe”.

Para el Papa pues, el absentismo o el anatema no son los caminos más eficaces para vivir y cumplir el compromiso de la fe y del evangelio. Por los caminos del diálogo nuestros Pastores se acercan a la política con la “política de la Iglesia”, que describió así el Concilio: “La Iglesia fundada en el amor del Redentor, contribuye a difundir, cada vez más, el radio de acción de la justicia y del amor en el seno de cada pueblo y entre todas las naciones. Predicado la verdad evangélica e iluminando todos los sectores de la actividad humana con su doctrina y con el testimonio de los cristianos, respeta y promueve también la libertad y la responsabilidad política del ciudadano…Es de justicia que puede la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe, con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres, sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias de orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas”. (GS. 76).

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Número 30814 – Pág. 1 – A PROPÓSITO DE UN DIÁLOGO

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador
La entrevista del futuro Presidente de la República con nuestros Obispos reunidos en su tradicional asamblea plenaria, puede ser mal interpretada si se ignora su verdadera finalidad.
Hemos conocido, en forma confidencial, el “Memorándum” que entregaron los Obispos al Coronel Molina y a cuyos puntos se ciñó el diálogo con el futuro mandatario. “Ante todo, preguntamos, con sincero deseo de servicio -dicen los Obispos al Señor Presidente – ¿Qué espera de la Iglesia el próximo Gobierno de El Salvador?”.
Esta manera de abrir el diálogo, dibuja la figura nueva de la Iglesia en el mundo de hoy: una figura de servicio. El mismo Papa se presentó a las Naciones Unidas, ofreciendo los servicios de la Iglesia a todos los pueblos. El mismo Concilio declara que la Iglesia, en el desarrollo de su actividad en el mundo, no está movida por ambiciones o cálculos terrenos, sino que busca únicamente “continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para condenar, para servir y no para ser servido”. (GS 3).

Luego, invirtiendo la pregunta, los Obispos expresaron, que espera la Iglesia del nuevo Gobierno. Y lo manifestaron con un famoso texto del Concilio: “La Iglesia no pide más que la libertad: la libertad de creer y predicar su fe, la libertad de amar a su Dios y servirle; la libertad de vivir y de llevar a los hombres su mensaje de vida” (Mensaje del concilio a los Gobernantes).
Esta formulación más que pedir es ofrecer, la Iglesia ofrece y da mucho al pueblo, cuando su Gobierno no le ata las manos, cuando se le tiene confianza en el cumplimiento de su misión. Y eso fue lo que le pidieron los Obispos al nuevo Gobernantes, “que se tenga confianza en la labor de la Iglesia”. Ningún oportunismo en el diálogo, ningún servilismo, ninguna condición comprometedora, para la libertad de la Iglesia; sólo una inspiración: el bien del pueblo en los concretos campos, sobre los que versó la conversación: en el campo de la educación y de la promoción humana, en el campo familiar y moral, en el campo de la Salud Pública, en la necesidad de mantener un diálogo directo entre el supremo gobierno y la jerarquía, a fin de conjurar oportunamente cualquier mala interpretación o comentario tendencioso, sobre todo cuando la obra de la Iglesia, en su decisión de promoción y animación tiene la necesidad de llegar a ser saludablemente crítica para ser fiel a sus ideales de justicia y de paz.
A nuestro juicio, los Señores Obispos, al entablar, este diálogo, han cumplido una vez más con su deber pastoral. Ellos se han situado por encima de las pasiones políticas, han prescindido de los conflictos electorales, cuyo juicio ce bajo su competencia pastoral. Y aceptando una autoridad civil con la que debe coexistir, le ofrecen y le piden una mutua colaboración únicamente inspirada en el deseo sincero de servir, desde su misión evangélica, al auténtico bien común de nuestro pueblo.

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Número 30812 – Pág. 1 – LA IGLESIA SOLO PIDE LIBERTAD

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador
El Concilio expresó el único deseo de la iglesia, al acercarse a pedir algo a los gobernantes de la tierra: la libertad. ¿Qué pide la Iglesia de vosotros- preguntaba en el mensaje a los gobernantes-, qué pide esta Iglesia, después de casi dos mil años de vicitudes de todas las clases, en sus relaciones con vosotros, las potencias de la tierra, qué os pide hoy? Os lo dice en uno de los textos de mayor importancia de su Concilio, no os pide más que la libertad: la libertad de creer y de predicar su fe; la libertad de amar a su Dios y servirle; la libertad de vivir y de llevar a los hombres su mensaje de vida.

Entre las muchas reflexiones que sugiere este deseo de la Iglesia, dos cosas queremos destacar: Los gobernantes no son árbitros, sino servidores de la libertad, la libertad de la Iglesia beneficia a la misma nación.
El Concilio definía la responsabilidad, los orígenes y las limitaciones de la potestad terrena, con estas palabras: “Honramos vuestra autoridad y vuestra soberanía, respetando vuestra función, reconocemos vuestras leyes justas, estimamos a los que las hacen y las aplica. Pero tenemos una palabra sacrosanta que deciros y es ésta: Sólo dios es Grande. Sólo Dios es el principio y el fin. Sólo Dios es la fuente de vuestra autoridad y el fundamento de vuestras leyes”.
Cada día aflora más en la conciencia de los hombres de hoy, esta relación de la autoridad con la libertad. “La conciencia más viva de la dignidad humana ha hecho que en diversas regiones del mundo surja el propósito de establecer un orden político-jurídico, que proteja mejor en la vida pública los derechos de la persona, como son el derecho de libre unión, de libre asociación, de expresar las propias opiniones y de profesar privada y públicamente la religión”. (GS 73).
Se suele abusar con frecuencia de ese derecho sagrado de libertad. Y por eso es un deber de la autoridad política, encauzar el torrente de la libertad de un pueblo y cercenar los abusos.
Pero por su parte la Iglesia-y no hay que confundirla con la opinión o la actuación de alguna persona o grupo- no abusará de la libertad que reclama.
Al contrario, garantiza a los gobernantes que la libertad que exige por derecho divino redundará en verdadera colaboración con los mismos gobernantes y florecerá en copioso bien del pueblo. “Vuestros pueblos serían los beneficiados -aseguró el Concilio en el mismo mensaje a los gobernantes-, porque la Iglesia forma para vosotros, ciudadanos leales, amigos de la paz y del progreso.

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Número 30811 – Págs. 1 y 6 – IGLESIA Y ESTADO AL SERVICIO DEL HOMBRE

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador

Cuando se clausuraba el Concilio Vaticano II, la Iglesia dirigió un expresivo mensaje a los gobernantes de todas las naciones. En uno de esos conceptuosos párrafos, acusa de “sacrilegio y suicidio” a los gobiernos que eliminan a Cristo y a su Iglesias.
“Dejad que Cristo ejerza su acción purificante sobre la sociedad -pidió el Concilio a los gobernantes-. No lo crucifiquéis de nuevo, eso sería sacrilegio porque es Hijo de Dios; sería suicidio porque es hijo del Hombre. Y a nosotros sus humildes ministros, dejadnos extender por todas partes, sin trabas, la buena nueva del Evangelio de la paz, que hemos meditado en este concilio. Vuestros pueblos serán sus primeros beneficiarios, porque la Iglesia forma para vosotros ciudadanos leales, amigos de la paz social y del progreso”.
Estaba muy lejos el Concilio de pretender con ello privilegios de ninguna clase en favor de su misión.
La Iglesia sabe desde sus orígenes, que sus apóstoles deben apoyarse “sobre el poder de Dios, el cual muchas veces manifiesta la fuerza del Evangelio en la debilidad de sus testigos” (GS76), y en aquel mismo concilio prescribía que, cuantos consagraban al ministerio de la palabra de Dios, utilicen los caminos y medio propios del Evangelio, los cuales se diferencia en muchas cosas, de los medio que la ciudad terrena utiliza”.
Más aún, recordó que no había que poner “su esperanza en privilegios dados por el poder civil” y renunciar a ellos “cuando conste que su uso puede empañar la pureza de su testimonio.
Se calificó pues de sacrilegio y suicidio a la política que elimine el Reino de Cristo, no fue por pretender, con una amenaza pueril, ventajas ni privilegios; lo hizo para advertir objetivamente el inmenso bien que desinteresadamente quiere ofrecer a los gobiernos en nombre de Dios.

Entre la comunidad política y la Iglesia, no debe existir antagonismos, ni tampoco subordinación, sino colaboración. “Ambas son autónomas e independientes, pero ambas están al servicio de la vocación personal y social del hombre. Y ese servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos, cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas. El hombre es efecto, no se limita al solo horizonte temporal, sino que, sujeto de la historia humana, mantiene íntegramente su vocación eterna (GS. ib)
La Iglesia pues, tiende al gobierno su mano con franqueza y con espíritu de colaboración. El Gobierno debe también tender su mano con franco sentido de cooperación. No se trata de dos partidos de oposición. No el oportunismo, ni la venganza, ni el servilismo, ni el capricho, deben inspirar entre los dos, falsas posturas o distanciamientos.
Por encima de todos los considerandos baratos, está la suprema exigencia del bien común de la nación y de la vocación integral de los hombres.

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Número 30810 – Pág. 1 – PORQUE LA IGLESIA HABLA DE POLÍTICA

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador
Recientemente Su Santidad Pablo VI, bosquejó una interesante síntesis del pensamiento de Iglesia en materia política. Esta circunstancia nos ofrece la oportunidad de iluminar una vez más nuestro ambiente, tan cargado de política, con la luz inconfundible de la enseñanza católica, que nuestros políticos no deben desconocer, al menos como una opinión que les interesa.
El Papa subrayó de nuevo, que “la Iglesia católica, igual que el que ha sido constituido su Pastor Universal, sucesor de San Pedro, no están ligados a sistema ni a partido político alguno”. No obstante esta absoluta independencia, la Iglesia, por ser encargada de guardar y aplicar el concepto cristiano de la vida moral, “poner al servicio de los ciudadanos y de los hombres políticos, ante su conciencia, en cierto número de criterios que considera indispensables para la realización de una política justa, fecunda y duradera, que favorezca el pleno desarrollo de las personas y comunidades. Se trata concretamente de darle su justo puesto a la libertad, a la iniciativa personal, a los derechos de las personas, de las familias, de los cuerpos intermedios, sin cesar jamás de armonizarlos con sus deberes, con las exigencias del bien común, del orden y de la solidaridad necesario: en una palabra, de formar un sentido de responsabilidad a todas las categorías”.

DEMOCRACIA DIFÍCIL, llamó el Papa a este conjunto de exigencias morales, que pesan sobre la conciencia, de un político verdadero. Para éste, no puede haber otra meta, que una justicia social efectiva para todas las clases. el poder público -si quiere ser eficaz y merecer el respeto de todos tiene que ser un servicio desinteresado y honesto a todos los compatriotas.

Pero, para la Iglesia, la política, como cualquier otra actividad de servicio, solo existe un criterio: el hombre, hecho a imagen de Dios redimido y dotado de una vocación completa, que comprende cuerpo y espíritu, tiempo y eternidad. Para la Iglesia, solo será auténtica, la política que tenga en cuenta los valores que implica esta realidad humana.
Por eso resumía el Papa, su pensamiento: “el valor de una política, se calibra por su proyección social y por los servicios que puede poner en marcha: pero se trata siempre de saber, qué sentido del hombre se tiene en la mente, qué puesto se confiere al respecto de sus derechos, de su dignidad, de su vida, a su responsabilidad, a sus exigencias morales y espirituales, a la fraternidad y en definitiva, al amor mutuo”.
DEMOCRACIA DIFÍCIL, en verdad. Pero será la única que puede garantizar un sólido bien común.

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Número 30808 – Pág. 1 – DICEN QUE “Dios ha muerto”

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador
Vivimos en huna hora en que los hombres, orgullosos de su ciencia y de su técnica, ignoran a Dios y hasta le vuelven la espalda. Incluso ha tocado a nuestro tiempo oír la terrible proclamación de la “muerte de Dios”.

Pero son esas expresiones y actitudes, más bien prácticas que científicas, del ateísmo contemporáneo, se encierra un exuberante reclamo a la fe de los que creemos en Dios. El mismo Concilio Vaticano II es el que ha hecho este reclamo cuando analiza que “en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión” (GC 19).
En efecto, muchos se han forjado de Dios una idea falta, casi una caricatura de Dios que provoca el rechazo mas bien que la admiración y el cariño que le debemos. Por ejemplo, un Dios, refugio de la cobardía o de la ignorancia de quienes no se esfuerzan por realizar sus capacidad humanas para hacer señores del universo como El mismo nos ha mandado, o un Dios, objeto de explotación para obtener influencia o poder religioso, o para dispensarse, en complicidad con un falso concepto de la esperanza, de las urgentes exigencias de la justicia hacia sus semejantes, o un Dios contra el hombre, como si estuviera celoso de su conquista y de su grandeza y solo se complaciese en verlo humillado reconociendo su pequeñez y renunciando a la inteligencia y a la capacidad formidable que El mismo le ha dado junto con el mandato de dominar la naturaleza…Esas y otras muchas falsas figuras de Dios han contribuido a fingir un Dios falso que el hombre de hoy con justa razón no puede aceptar y que por eso explican el ateísmo práctico de los que dicen que “Dios ha muerto”.
Pero Dios no puede morir. El verdadero Dios, el Viviente de los siglos, no puede morir, porque está por encima de todas esas criaturas de Dios que los hombres pueden inventar y matar. No puede morir el Dios que se hizo presente en este mundo, en la figura adorable y en el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.
El Dios verdadero no sustituye al hombre en sus asuntos humanos, sino que lo presiona para que tome a su cargo sus tareas de hombre y perfeccione que lo presiona para que tome a su cargo sus tareas de hombre y perfeccione bajo su inspiración divina, el mundo que El creó conserva para el hombre; el Dios verdadero impulsa la voluntad y el esfuerzo del hombre, para que él realice un mundo más humano y fraterno, de acuerdo con sus divinas leyes de la justicia y del amor.
Es necesario que muera en nosotros todas las caricaturas de Dios, para que seamos capaces de revelar la verdadera figura del Dios que no puede morir.

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Número 30807 – Pág. 1 – LAS DOS DIMENSIONES DEL CRISTIANISMO

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador
Comentó Su Santidad Pablo VI, en estos días, la participación de la Iglesia en dos acontecimientos sobresalientes del mes de abril: con un conceptuoso mensaje, la Iglesia se hizo presente en la tercera Conferencia de las Naciones Unidas (UNCTAD) que reunió en Chile a cerca de 3,000 delegados de 140 países para estudiar temas relativos al comercio y al desarrollo. También estuvo presente el espíritu de la Iglesia en la semana de estudio que llevó a cabo la Academia internacional de Ciencias, ya que esta institución de alta cultura fue inspiración del Papa Pío XI; es esta circunstancia, los científicos aplicaron sus altas investigaciones a cuestiones referente a métodos para una mayor fertilidad en la moderna agricultura con el fin de dar una mejor alimentación, mas nutritiva a tantas regiones del mundo que sufren de hambre.

El interés de la Iglesia por los temas de estas dos asambleas cualificadas debe reforzar en todos los católicos, dijo el Papa, la certeza de que la Iglesia también se preocupa por las necesidades económicas y por la promoción civil de la familia humana, “un interés que la iglesia no solo no atenúa, sino que estimula precisamente a causa del supremo interés espiritual y religioso.
El Amor a Dios, es fuente de amor al prójimo. la caridad cristiana posee esta ignotable fecundidad. La búsqueda primaria del reino de Dios, no nos debe llevar al olvido de las necesidades de nuestros hermanos, ya que precisamente cuando vemos reflejado en sus rostros el sufrimiento se convierten para nosotros en imágenes transparentes de Cristo. Jamás debemos olvidar esta característica nuestra y esta original concepción religiosa y humana de nuestra simultánea y jerárquica relación con Dios y con el prójimo.
Y su Santidad confirmaba esta enseñanza, sobre la doble dimensión del cristianismo, aludiendo a un elocuente testitomio mundial de reciente ayuda a los necesitados. “Sin duda os gustará saber -dijo el Papa a su auditorio reunido en el ambiente primaveral de Roma- que precisamente ayer hemos recibido un amplio y cordial agradecimiento que la generosidad de los católicos, o sea vuestra generosidad, ha prodigado, durante esta temporada en aquel país, que tanto ha sufrido”.
Tratemos de vivir esta doble dimensión cristiana. Un cristianismo que solo mira a Dios y se olvida del prójimo, lo mismo que quien se preocupa solo del hombre sin cuidar sus relaciones con Dios, está manco.
El cristiano solo se realiza si se agiganta en estas dos dimensiones del cristianismo.

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Número 30807 – Pág. 2 – MAYO Y LA VIRGEN

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador

María, madre de Dios y de los hombres, siempre es noticia y tema de actualidad. Pero este pueblo nuestros, tan exquisitamente mariano, tiene marcos insustituibles que la perenne actualidad de la Virgen se destaca, con una claridad más embellecedora. Uno de esos ambientes de nuestra devoción mariana es el mes de Mayo. Esta primavera típica de flores y zenzontles, que hace más bellos nuestros campos y nuestro cielo, parece hecha, especialmente para centrar la admiración, la ternura y la confianza de nuestra gente, en aquella según el Concilio “con el don de una gracia tan extraordinaria, aventaja con creces a todas las criaturas celestiales y terrenas, pero que a la vez está unida, en la estirpe de Adán, con todos los hombres que necesitan salvación” (LG 53)
Se habla de una crisis en la devoción mariana. Pero alguien con más sentido de observación ha constatado, que, si esa crisis existe, no ha surgido espontánea en el pueblo, sino que es efecto de la actitud de sus dirigentes espirituales. El “Mes de la Virgen”, por ejemplo, ha dejado de ser signo de delicadezas filiales, allí donde los pastores transmiten a su pueblo el amor que ellos mismo sienten la necesidad de expresar.
No abogamos por aquellas celebraciones de Mayo, románticas o infantiles, impropias de una época que se cree en fase de maduración. El mismo concilio ha advertido que “la verdadera devoción no consiste en su sentimentalismo estéril y transitorio, ni en una vana credulidad (LG.67).
Lo que pretendemos es, aprovechar una oportunidad tan propicia, para hacer eco a un principio de pastoral muy inculcado por el Papa y nuestros Obispos: que utilicemos los cauces de nuestras tradiciones populares, para ofrecer, a través de ellos, la riqueza doctrinal y la fecunda savia renovadora del Concilio. Qué bellas celebraciones de Mayo podrían hacerse, en ambientes masivos, o en grupos y familias, si les dieran las dimensiones cristocéntricas, eclesiológicas, bíblicas, litúrgicas, ecuménicas, etc, con que el Concilio ha enriquecido, la propiedad de nuestro tiempo. Y cómo se agrandaría así ante el pensamiento y el corazón de nuestra gente, la figura agrandaría así ante el pensamiento y el corazón de nuestra gente, la figura y la misión insuperables de María, en el misterio de Cristo y de su iglesia.

Por lo demás, el mes de mayo, dedicado a la devoción mariana, entra con todo derecho, en aquel imperativo del Vaticano II: “estimen muchos las prácticas y ejercicios de piedad hacia Ella, recomendados por el Magisterio en el curso de los siglos” (LG.67)
Y es que la iglesia, sabe que si la figura de María, como quiere el Concilio, se destaca en toda su belleza, “como una luz que precede al peregrinante pueblo de Dios”, lejos de extraviarse por veredas u objetivos equivocados o dudosos, vería muy clara la meta y el camino por donde debe marchar: la perfección de todos los hombres (su dignidad, su libertad, etc), sin estridencia, ni demagogias, sino evangélicamente, “tal como la ha alcanzado ya en María”.

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Número 30803 – Pág. 1 – SOMOS HERMANOS

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador
El Episcopado de El Salvador, después de analizar en una reunión plenaria la situación del país, ha publicado una “llamamiento pastoral” para reprobar toda clase de violencia y hacer un llamamiento a la interiorización espiritual y a la fraternidad nacional.

Al referirse a la violencia, los Obispos han hecho suyos los conceptos de una carta del Papa dirigida a Irlanda el mes próximo pasado. Su Santidad dice que “la violencia es una solución ilusoria. Más aún difícilmente se podrá conciliar la violencia con la justicia que reclamamos y defendemos, ya sea que esta violencia venga como reacción a la injusticia o como medio para mantener el orden público. Con demasiada frecuencia, especialmente en ciertas manifestaciones externas que presenciamos con gran pena en nuestros días, la violencias es más bien la expresión de la venganza. Y por eso se opone totalmente al espíritu cristiano que nos pide ir más allá de los límites de la estricta justicia y abrazar, en el mandamiento del amor fraternal a todos los hombres. al mismo tiempo el sentido cristianos de los valores da la convicción al hombre de que una paz duradera se puede construir solamente sobre el firme fundamento de la justicia. Si queremos que haya paz, debe hacer primero justicia. Cada uno tiene un papel que cumplir. Hay que remover los obstáculos que se atraviesan en el camino de la justicia: desigualdades civiles, discriminaciones políticas o sociales, incomprensiones entre grupos e individuos. Debe haber un mutuo y permanente respeto a los demás: a sus personas, a sus derechos y a sus legítimas aspiraciones”.
No es necesario comentar estas magisteriales pinceladas con que el magisterio de la iglesia dibuja el rostro afligido de una patria en conflicto. Presidente de la fraternidad nacional para invitar a los civiles a ver en los salvadoreños uniformados, también a los hijos de la Patria; sólo que debe hacerse también en sentido inverso ese reclamo de fraternidad nacional, porque también los salvadoreños uniformados que manejan el poder de las armas y disfrutan el predominio político, deben tener muy en cuenta que los civiles indefensos o los vencidos políticamente son también hermanos, hijos de la misma Patria y del mismo Dios, y merecen el respeto a sus personas, a sus derechos y a sus legítimas aspiraciones.
Con injusticias no se construye la paz, ni habrá justicia para construir la paz, mientras “la violencia siga siendo expresión de venganza”.

Como el Papa, nuestros Obispos concluyen haciendo un llamamiento a la paz y a la concordia y ofreciendo el consuelo, la palabra de aliento y la oración de la Iglesia ” a todos los que han sufrido o están sufriendo por las turbulencias de la presente situación. Que reinen sentimientos de fraternidad en todos los corazones para una nueva era de justicia, de paz y respeto mutuo”

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