Home Su Pensamiento Prensa Escrita Semanario Chaparrastique No.3097 Pág. 3 - EDITORIALES - LA PAZ Y LA IGLESIA QUE EL PAPA PIDIÓ A LA VIRGEN

No.3097 Pág. 3 – EDITORIALES – LA PAZ Y LA IGLESIA QUE EL PAPA PIDIÓ A LA VIRGEN

Hay una lección inenarrable en el fondo del histórico viaje del Papa a Fátima. El inolvidable encuentro de esos dos blancos símbolos de la paz, no es para encuadrarlo en simples datos de crónica, hay algo que transciende y que debe ser objeto de nuestra meditación y que debe vivirse en un propósito personal de caminar a la conquista de un mundo mejor por el único sendero que trazó la Virgen hace cincuenta años y que repitió el Papa el 13 de Mayo: PENITENCIA Y ORACIÓN.
Sólo esas dos palabras, maternal y resumen el Evangelio, pueden iluminar la renovación auténtica de la Iglesia y la eficaz adquisición de la paz verdadera: Iglesia y paz, las dos grandes intenciones del peregrinaje pontificio.
Porque la paz que hemos venido a pedir a la Reina de la Paz, "no es una paz cualquiera-explicó su Santidad al hablar a los diplomáticos en Fátima- sino que hemos invocado en nuestra reciente encíclica "Populorum Progressio" y que descansa sobre las cuatro bases tan afortunadamente definidas por nuestro gran Predecesor Juan XXIII en un documentos justamente célebre, y que son la verdad, la justicia, el amor y la libertad".
Y en la histórica homilía, El Papa definió así la Iglesia que "queremos pedir a María: una Iglesia vida, una Iglesia verdadera, una Iglesia unida, una Iglesia santa".
Como se ve, los cuatro sustantivos que cimentan la paz y los cuatro calificativos que definen la Iglesia que Pablo VI pidió a la Virgen de Fátima están cargados de mensajes para todos. Todos podemos colaborar en la construcción de esa paz y de esa Iglesia; porque sí es cierto que ambas realidades vienen del corazón del hombre" y por consiguiente "tienen necesidad de una libre aceptación y de una libre cooperación".
Por eso el Papa en Fátima, después de dirigirse al cielo en oración por la Iglesia y por la paz, terminó dirigiéndose a los hombres…a todos los hombres, para decirnos a todos:
"Hombres, sed buenos, sed cuerdos, sed magnánimos…acercaos los unos a los otros con la idea de construir un mundo nuevo. Sí, el mundo de los hombres de verdad, el que nunca podrá ser tal sin que el Sol de Dios se alce sobre su Horizonte".

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