Home Su Pensamiento Semanario Orientación Nº. 4068 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Nº. 4068 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Educación Cívica y Política
En mi homilía del domingo recién pasado, al concretar para nuestra situación nacional el mensaje del Corpus, apoyé el llamamiento que hizo la UCA el 11 de mayo ” a todos los profesionales, instituciones culturales, asociaciones civiles y comunales, para que realicen una seria reflexión sobre el compromiso social y moral que tenemos de no aceptar la institucionalización del uso de la fuerza y aunemos esfuerzos para contribuir a la solución de los problemas del país”. Y también cité en este sentido las palabras del Señor Embajador de los E.E.U.U. en su discurso del 24 de mayo a los Rotarios”…si el cambio ha de venir es prudente que tratemos de canalizarlos de una manera positiva y constructiva. Simplemente con resistirlo no se logra nada positivo. Una resistencia inmutable al cambio inevitable trae consigo el riesgo de forzarlo a resultados violentos y destructivos. Cuando esto sucede todos salimos perdiendo”.

Estas voces que reflejan muy bien “los signos de nuestro tiempo y de nuestro país”, coinciden plenamente con la perspectiva cristiana que ha inspirado mi predicación y mi actuación pastoral que sinceramente he tratado de inspirar en el Magisterio de la Iglesia.

Quienes me han escuchado sin prejuicios mezquinos, pueden dar amplio testimonio de que mi palabra sólo ha sido un eco de la enseñanza evangélica en defensa del amor y de la paz. Pero de un amor constructivo que no es conformismo sino dádiva generosa de sí mismo y de sus cosas en servicio de los demás; y de una paz que no es producto del miedo y de la represión sino de aquello que profetizó Isaías para los tiempos cristianos, una paz dinámica que es fruto de la justicia “opus institiae pax”.

Sobre esa base de amor constructivo y paz justa debe sentarse la sólida estructura del bien común, de ese bien común “en el que se encuentra la justificación plena y el sentido y la legitimidad primigenia y propia” de toda comunidad política.

Este concepto es del Concilio Vaticano II que en el Capítulo IV de la 2ª parte de la Constitución “Gaudium et Spes” hace un profundo estudio del origen y de la finalidad de todo estado o mejor llamado “comunidad política”.

Y junto con las sabias bases doctrinales en las que se fundamentan las relaciones y la autonomía de la Iglesia y de la comunidad política, el Concilio hace el llamamiento a que refería al principio.

“Hay que prestar gran atención a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo, y sobre todo para la juventud, a fin de que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política. Quienes son o pueden llegar a ser capaces de ejercer ese arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejercitarla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal.

Luchen con integridad moral y con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política, al servicio de todos” (Concilio Vaticano II G.S. 75).

Naturalmente que esta actividad de todos hacia el mismo bien común, supone “una autoridad como la define el mismo Concilio- que dirija la acción de todos no mecánica o despóticamente, sino como una fuerza moral, que se basa en la libertad y en el sentido de responsabilidad de cada uno” (Id.74).

Oscar A. Romero

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