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Nº. 4069 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

En comunión con el Papa
Los Canones 340-342 dan a los Obispos de todos los continentes las normas para cumplir una de las relaciones más importantes de la “comunión jerárquica” con el Pontífice de Roma, Sucesor de San Pedro. Se trata de la visita que tradicionalmente se llama: “visita Ad límina apostolorum” porque consiste en “ir a Roma para venerar los sepulcros de San Pedro y San Pablo y presentarse ante el Romano Pontífice (Can.341). Se debe llevar una “relación quinquenal” de la Diócesis, llamada así porque debe informarse cada cinco años “sobre el estado de la Diócesis” de acuerdo con un formulario que se lleva a las diversas “Congregaciones Romanas” que sirven al Papa como los Ministerios al Poder Ejecutivo.

Por ser “quinquenal” y estar ya señalados los quinquenios a los diversos continentes, dispone el Can. 340 que le Obispo que no ha cumplido dos años de gobierno en una Diócesis “puede prescindir por esa vez de redactar y presentar la relación”.
Este sería mi caso. Pero como se trata de una facultad y no de una prohibición, he creído conveniente mi presencia en Roma, como lo creí también el año pasado; porque el Señor ha querido hacer a esta interesante Arquidiócesis el insigne honor de llegar a ser como Cristo mismo, un verdadero “signo de contradicción”.

No puedo pues, esperar al quinquenio de 1983 para llevar al Pastor Supremo de la Iglesia la relación de esta vida vertiginosa de la Arquidiócesis. Debo informar de primera mano y desde mis auténticas intenciones las actitudes pastorales que han provocado reacciones tan diversas y hasta contradictorias, como contradictorias y diversas son las perspectivas o intereses desde donde se les juzgue.

A eso voy a Roma. Con Pablo que por seguir la voz del Espíritu provoca polémicas entre judaizantes y gentiles fue a Jerusalén para confrontar con Pedro sus pensamiento y sus actitudes y volvió con su robustecida. Pedro sigue viviendo en Pablo VI. El encargado de Cristo al primer Papa sigue siendo el carisma de todos los Papas: “confirmar a tus hermanos, carisma que sólo el Papa encarna y con el nombre de “sacro primado” ha sido propuesto y definido por el solemne Magisterio de los dos Concilios Vaticanos.

En virtud del sacro primado y de la prerrogativa de la infalibilidad en materia de fe y moral el Papa “es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad así de los Obispos como de la multitud de los fieles” (L.G.23). Pero esta autoridad suprema y universal no elimina ni disminuye la autoridad y el magisterio del Pastor de la Diócesis sino que “los confirma” y les da unidad. En el mismo párrafo lo dice así el Concilio: “Por su parte, los obispos son, individualmente, el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares, formadas a imagen de la Iglesia universal, en las cuales y a base de las cuales se constituye la Iglesia Católica, una y única. Por eso cada Obispo representa a su Iglesia y todos juntos con el Papa representan a toda la Iglesia en el vínculo de la paz, del amor y de la unidad”.

A partir del Concilio Vaticano II que completó la perspectiva jerárquica del Vaticano I, el Obispo y la Diócesis ha alcanzado esos altos niveles de responsabilidad y autoridad que en vez de disminuir o empañar la Suprema Autoridad del Primado de Roma, la hacen más consistente y hermosa porque está haciendo más visible y funcional el maravilloso equilibrio de la unidad en la variedad y en la universalidad.
Voy pues, a Roma con todo este respaldo teológico y pastoral que se llama “la comunión con el Papa”. Por eso va conmigo toda la comunión de Presbíteros, Religiosos, Religiosas y Laicos. Suplico a todos ir unidos conmigo en la oración y volvernos a encontrar el domingo 2 de julio a las 8. am. en nuestra Catedral para celebrar precisamente el “Día del Papa”.

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