Home Su Pensamiento Semanario Orientación Nº. 4072 Pág. 3 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Nº. 4072 Pág. 3 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Franciscanos dialogan con Monseñor Romero
Desde la época Colonial los Padres Franciscanos han estado en nuestro país como servidores de la Iglesia en medio del pueblo, acompañándolo en sus necesidades.

En nuestra Arquidiócesis tienen un seminario menor y son responsables de muchas comunidades Parroquiales en San Salvador y Chalatenango.

El 13 de junio pasado un grupo de seminaristas franciscanos, que estudian en Guatemala visitaron a Monseñor Romero. Del diálogo sostenido transcribimos a continuación:

ADHESIÓN DE LOS FRANCISCANOS A MONSEÑOR ROMERO
“Monseñor, nosotros estudiantes de Filosofía, nacidos en Centroamérica, hay aquí Guatemaltecos, Nicaragüenses, Ticos, Panameños y Salvadoreños, hemos venido acá porque al sentirnos miembros de la Iglesia Universal y en comunión con toda Iglesia viva que lucha por el Reino de Dios, queremos con este gesto tan insignificante, como es nuestra humilde visita, demostrarle que nosotros lo apoyamos con nuestras oraciones, a usted que es un auténtico Pastor en quien las gentes pueden ver autenticidad y pureza de vida, pues sabemos de lo mucho que usted se interesa por la Iglesia y por las necesidades del pueblo. Es usted verdadero servidor de Dios en donde actúa la fuerza del Espíritu, para llevar la verdad con las armas de la justicia, para defender la Iglesia y mostrar que la Iglesia está viva y presente en el mundo. Sabemos de las muchas ofensas y críticas que usted recibe, por eso nuestra presencia aquí quiere pedirle que siga siendo el Profeta que nuestra Iglesia necesita y pensamos que esa es la misión de todo Pastor, ser un Profeta para su pueblo: un hombre que luche, que diga la verdad y que la gente sienta que está con el pueblo y sufre con el pueblo.

Apoyarle a usted es lo que nos ha traído acá. Reciba pues Monseñor nuestros sentimientos filiales para con usted y nuestra hermandad con los sufrimientos de la Iglesia de aquí de El Salvador”.

MONSEÑOR ROMERO CONTESTÓ:
“Esta interpretación de toda una juventud Franciscana aquí presente me llena el corazón de veras, porque para mí los desgarres más dolorosos son los intraeclesiales como también los consuelos más grandes son los intraeclesiales. Cuando dentro de la Iglesia encontramos una juventud con vocación a ese mismo sacerdocio profético pues uno se siente fuerte, y a la vez cuando dentro de la misma Iglesia hay sospecha, uno también se desalienta un poco. Pero esa hermosa página de San Pablo que han interpretado a mí me alienta mucho…eso de saber que el que quiera meterse a redentor tiene que morir crucificado…pero cuanto más fielmente busquemos seguir a Jesucristo y a su Evangelio El nos va dando el consuelo al que laude San Pablo. Es para mí una idea genial a su paso por San Salvador venir a dejar aquí este mensaje de la juventud Franciscana. Me alegra que ustedes como nacidos en estos pueblos Centroamericanos, tan necesitados de profetas y de sacerdotes que no se instalen en la comodidad, ni siquiera la comodidad que supone la rutina de una piedad segura, busque una y otra vez todo aquello que nos compromete con Dios tan profundamente como a Francisco de Asís; para de allí también como Francisco de Asís abrazar al pobre, al leproso y sentirse hermano de todos. Ustedes tienen una vocación muy especial para vivir este servicio al pobre. Por eso sería también mucho más repugnante si un Franciscano se instalara por miedo a compromisos y dificultades. Yo los felicito por esa vocación a la pobreza y los invito a que la vivan auténticamente. Pues creo que este espíritu de pobreza es lo que da la verdadera libertad, como Francisco de Asís se siente ya desinstalado hasta de su mismo padre, para con más libertad llamar Padre nuestro a Dios, y en nombre de ese Padre reclamar a todos los hombres que sean más hermanos”.

LUEGO LOS SEMINARISTAS FRANCISCANOS PREGUNTARON
Monseñor Romero, ¿qué es lo que motivó, el que usted asumiera valientemente su vocación profética?

Monseñor contestó: Una honda meditación en la Palabra de Dios, una meditación profunda del Evangelio, unos hechos que gritan, el clamor del pueblo como en el Libro del Éxodo, son claros indicios por donde se debe caminar. Los mismos documentos de la Iglesia, de la Santa Sede, de Medellín, todo ese magisterio cuyas frases son muy bonitas en teoría pero cuando se quieren vivir provocan el conflicto y la persecución. Así le ha pasado hasta al mismo Papa cuando publicó la Populorum Progressio, a quien dijeron que no hacía más que presentar un comunismo recalentado. Así pasa con todo aquel que quiere denunciar los pecados en el campo social, económico y político, lo van a tener siempre por un subversivo. Si uno tiene claro que lo que dice el Evangelio, lo que dicen los documentos de la Iglesia, y los hechos concretos de la vida entonces, no cabe más que preferir agradar a Dios antes que a los hombres.

Fuimos repasando poco a poco todos los acontecimientos dolorosos de persecución, sentidos y palpados desde el corazón del Obispo, las expulsiones de los sacerdotes, los asesinatos de los Padres Grande y Navarro, la campaña de terror entre el campesino…y muchas de esas injusticias que siguen en el mundo; pero aquí es donde nace el llamamiento a la conversión. A la Iglesia le toca luchar por salvar a ese hombre sumido en el pecado, por ver si es posible que se pueda con buena voluntad trabajar por unas estructuras más justas. Estas no le toca a la Iglesia como tan construirlas, pero sí reclamarlas para que los técnicos, los sociólogos y los políticos la hagan. Con la conversión a la Iglesia le toca renovar a los hombres y los hombres renovados a la luz de la Iglesia, cristianizar al mundo. De aquí el deseo de la Iglesia de poder entablar diálogo con los Gobernantes pero el conflicto no es entre la Iglesia y el Gobierno, sino entre el Gobierno y el pueblo porque debiera ser el servidor del pueblo, lo está atropellando, lo quiere someter todo a su ideología y cualquier ideología distinta es brutalmente rechazada, todos los esfuerzos del campesino por buscar una solución a su miseria son reprimidas. La Iglesia se declara también servidora de este pueblo, pero no quiere hacerlo con meras apariencias sino de verdad, nada costaría con el pueblo, evangélicamente no se puede salvar apariencias por mera estrategia. El verdadero diálogo tiene que estar basado pues sobre un verdadero deseo de la Iglesia y del Gobierno por ser realmente servidor del pueblo. Para le pueblo es una esperanza que la Iglesia le acompañe y sufra con él. Se está trabajando por un diálogo de institución a institución que no sea mero sentarse a tomar un cafecito sino más bien que ellos pongan sus representantes y la Iglesia mande sus representantes para ver que entienden por política y que entendemos por Pastoral.

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