Home Su Pensamiento Semanario Orientación Nº. 4076 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Nº. 4076 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

La Fiesta del Divino Salvador
Esta semana se han celebrado las fiestas Patronales de la Diócesis hermanas de Santiago de María (el 25 de julio) y de Santa Ana (el 26); y el próximo 6 de agosto será la Fiesta del Patrono de la Arquiriócesis, el Divino Salvador del Mundo, que, así como nuestra Señora de la Paz, es también Patrono de toda la Nación.

Al enviar un saludo fraternal a las dos Diócesis protegidas por el Apóstol Santiago el Mayor y por Señora Santa Ana; y al hacer un llamamiento fervoroso a la Arquidiócesis y al país entero a celebrar con entusiasmo cristiano nuestras tradicionales fiestas agostinas, quiero ofrecerles esta moderna reflexión.

En una vertiginosa carrera de secularización, muchos ha perdido el sentido religioso y eclesial de las fiestas patronales de la Diócesis o del país. Y sería ingenuo querer detener esa carrera o lamentar la pérdida de tradiciones que ayer tuvieron su razón de ser pero que hoy debe ceder el paso a nuevas exigencias. Lo que no hay que perder es lo esencial del contenido y de la misión de las fiestas patronales.
Lo esencial que nuestra fiesta litúrgicas y populares deben ofrecer a la Diócesis y a la Patria es un triple sentido de unidad, de trascendencia y de protección. Esto es lo inmutable. Esto debe marcar el fruto moral, humano y cristiano de nuestras celebraciones, cualquiera sea el ropaje de la celebración exterior.

El Patrono es ante todo una fuerza de unidad. Une en el mayor y en el ideal. Es maravillosa la expresión de alegría y amistad que une los corazones en el recuerdo del Patrono. Y si la iglesia es esa comunidad universal que sabe conjugar maravillosamente la unidad en la variedad, el patrono imprime en las Comunidades locales una fisonomía espiritual que los distingue en el concierto de la unidad universal a unas de otras. Junto con el Patrono naturalmente está la fuerza jerárquica del propio Obispo que no puede prescindir de la fuerza y característica unitivas del Patrono de la Diócesis, para hacer una pastoral adecuada a la índole de su pueblo.

El Patrono es también reclamo de trascendencia. En los afanes temporales de la Iglesia, el Patrono es un recuerdo cristiano de su destino escatológico. Pero no es una escatología y trascendencia desencarnadas. Como voz y mensaje de un más allá de la historia, es un recuerdo de que ese más allá se labora en el más acá de los propios deberes. El Patrono generalmente fue un caminante de esta tierra y sigue acompañando, desde su eternidad, todas las vicisitudes del reino de Dios que se establece y peregrina en la historia del mundo.

Finalmente la fiesta del Patrono despierta un sentimiento de esperanza y seguridad porque significa una fuerza de protección. La seguridad del triunfo que ellos ya saborean, la posesión de una vida apoyada con plenitud en el amor del Omnipotente, se hace seguridad y vida de los protegidos que, sin anular sus esfuerzos personales, se vuelven más arrestosos y firmes en las batallas del reino de Dios para procurar un mundo más feliz para los hombres.

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