Home Su Pensamiento Semanario Orientación Nº. 4078 Pág. 3 ¿Qué espera el mundo del nuevo Papa?

Nº. 4078 Pág. 3 ¿Qué espera el mundo del nuevo Papa?

POR MONSEÑOR OSCAR A. ROMERO,
ARZOBISPO DE SAN SALVADOR
“Su tumba no puede encerrar su rica herencia”, expresó el Cardenal Juan Bautista Montini en el funeral de Juan XXIII en la Catedral de Milán. Y quién le hubiera dicho al Cardenal Montini que, pocos días después, sería él quien recogería de aquella tumba la misteriosa herencia del Sumo Pontificado. “Procedamos en el nombre del Señor” dijo el nuevo Papa Montini al tomar en sus manos aquella herencia que en quince años fecundos se ha enriquecido aún más.

Hoy como entonces, la tumba de Pablo VI es más que tumba un seno grávido de luces y esperanzas que está para abrirse en una nueva floración de la Iglesia. Su tumba no puede encerrar su rica herencia. Y otro Papa que ya está preparado por Dios entre los mismos Purpurados que se reunirán a elegirlo, levantará la pesada carga para llevarla todavía más allá marchando con la historia.
cada Papa, sin cambiar en nada la eterna razón de ser del Papado, lo va enriqueciendo y adornando más con sus bellas cualidades personales Juan XXIII al presentarse al mundo interpretaba así la expectativa de los hombres y el verdadero papel del Papa: muchos se preguntan ¿cómo será el nuevo Papa? ¿Un estadista? ¿un organizador? ¿un diplomático? etc.

Todos esos se equivocan, porque todas esas bellas cualidades humanas pueden ser adornos de un Pontífice, pero su verdadera misión consiste en ser un buen Pastor.

Esto es lo eterno y lo divino del Papa: seguir cumpliendo el mandato de Cristo a Pedro: “apacienta mis ovejas”; ser un signo humano de la divina figura del Buen Pastor.

Pablo VI fue también ante todo un Buen Pastor. Pero su personalidad humana, como todos los Papas, imprimió una fisonomía propia que al morir deja más bella, rica y prestigiada la divina misión que otro asumirá para marcarla con sus propios carismas personales. Entre los carismas de que Dios dotó a Pablo VI yo señalaría estos: una gran claridad de mente y de expresión para dar a conocer la identidad de la Iglesia como prolongación de Cristo en el mundo; una gran audacia para llevar la Iglesia, sin perder en nada su identidad, hasta las avanzadas más peligrosas del mundo actual; por tanto una gran apertura para el diálogo con todos los hombres y una gran comprensión de todas sus angustias y esperanzas: una teología muy puesta al día para orientar desde Dios, la ciencia y la técnica más moderna; sobre todo una supremacía absoluta de lo espiritual y de lo eterno y un respeto insobornable a la ley de Dios y a los principios del Evangelio.

¿Cuál será la fisonomía con que el nuevo sucesor de Pedro adornará y enriquecerá en el tiempo esa eterna y divina sucesión? Las cavilaciones de los hombres que insinuó Juan XXIII se están multiplicando hasta los límites ridículos de cavilar con una novela de moda, si el nuevo Papa será un comunista. No temamos, pues no son los hombres sino Cristo quien construye la Iglesia. Y nuestra fe está segura de que la conciencia del nuevo Papa pondrá la rica experiencia de su vida al servicio del supremo encargo del Señor: “Apacienta mis ovejas”.

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