Home Su Pensamiento Semanario Orientación Nº. 4080 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Nº. 4080 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

El Nuevo Papa y Nuestra Carta Pastoral
Se me ocurre muy carismática la coincidencia, en el mismo día, sábado 26 de agosto, de la elección del nuevo Papa Juan Pablo I con la aparición de la Carta Pastoral que el Señor Obispo de Santiago de María y este servidor hemos ofrecido a la reflexión de nuestras Diócesis.

Porque, más que a la coincidencia de fechas, me refiero a la sintonía de espíritus. La figura del nuevo Papa se está perfilando con rasgos de sencillez, de humildad, de sincera simpatía y amor a los pobres, de servicio abierto al mundo hasta ofrecer en su programa un diálogo abierto con los no cristianos. Pero toda esta encarnación en el mundo y los problemas contemporáneos no comprometen en nada su fidelidad y servicio a la identidad y a la doctrina de la Iglesia. Al contrario, reafirma la identidad de la Iglesia para servir mejor al mundo.
No ha querido ser otro el espíritu que inspiró nuestra Carta Pastoral sobre “la Iglesia y las organizaciones políticas populares”. Muy bien comentó nuestro periódico “Orientación” al describir ese espíritu como “humildad y actitud de servicio” y al indicar nuestro punto de perspectiva: “desde el pobre y desde la fe para un discernimiento pastoral”.

Al ir conociendo la personalidad del nuevo Papa, sentimos la satisfacción de que nuestra Carta Pastoral, escrita bajo la inolvidable impresión de la “visita ad limina” ya no sólo recoge el dulce testamento de las palabras que Pablo VI nos dirigió el 21 de junio sino que congenia plenamente con el espíritu de su Sucesor.

El problema de las “organizaciones políticas populares”, tema de nuestra Carta, es la expresión angustiada de un campesinado que tiene hambre y sufre injusticia y atropello y lucha por su justa reivindicación.

No olvidamos tampoco su pecado y por eso le hablamos también de conversión. Pero en vez de poner el énfasis en su pecado para condenarlo o desconocerlo y hacerse cómplice de la opresión y de la represión que está sufriendo, nos pareció mucho más pastoral tratar de llamarlo a reflexión para que sepa que hay una Iglesia que, sin comprometer su identidad ni su misión está muy cerca de él y se preocupa por comprender sus esfuerzos reivindicativos para purificárselos e inserirlos en la liberación global que ella predica desde Cristo.

Estamos seguros de que Juan Pablo I haría lo mismo, porque así también lo hicieron sus dos antecesores de quienes ha querido heredar los dos nombres: más propensos al diálogo que a la condenación.

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