Home Su Pensamiento Semanario Orientación Nº. 4083 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Nº. 4083 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Cinco jubileos sacerdotales
El 19 de Septiembre cumplió 25 años de vida sacerdotal el Señor Obispo de Santiago de María Monseñor Rivera y Damas y el 22 de este mismo mes celebraron 50 años de fidelidad a su vocación de sacerdotes los Padres Redentoristas Eladio Buznego, Jesús García Portero (“Padre Chusito”), Agustín Dávalos y Joaquín Mendoza.

En sus respectivos ambientes pastorales y familiares ha habido, alegría, acción de gracias, recuerdos y augurios. Yo también quiero unirme a los nobles sentimientos que provoca esta circunstancia en torno de tan buenos amigos. Pero, sobre todo, quiero aprovechar tan bella ocasión para llevarles a los festejados a quienes los festejan un pensamiento de fe que invite a proyectar, en su misteriosa dimensión, el sacerdocio que celebramos encarnado en esas cinco vidas.

El Sínodo Episcopal de 1971 que estudió el ministerio sacerdotal, escribió esta frase audaz: “faltando la presencia y la acción del ministerio sacerdotal, la Iglesia no puede estar plenamente segura de su fidelidad y de su visible continuidad” (De Sacerdotio ministeriali, 1ª parte n.4)

Efectivamente, la Iglesia es la comunidad de hombres que Cristo fundó para asociarla con él y prolongar en el mundo la salvación de los hombres. La fuerza y la eficacia de la Iglesia le vienen del mismo Cristo que está presente, vivo y actuante en ella. Hacer sensible en el mundo esa presencia y esa acción divina es la misión del sacerdote y del Obispo, autorizados por el “carácter” de su ordenación sacerdotal para tan sublime representación. Son pues, los Obispos y los sacerdotes, en el uso de su carisma sacerdotal, quienes evidencian que Cristo vive y actúa en la Iglesia. Son los sacerdotes y los Obispos quienes garantizan a la Iglesia su fidelidad a Cristo y hacen visible y palpable la continuidad de su misión divina. Son los Obispos y los sacerdotes como las credenciales que la Iglesia presente al mundo para acreditar la presencia de Cristo Redentor del mundo en medio de ella.

Pero Cristo, el resucitado, vive y actúa impulsando la creación y la historia hacia la restauración final. “Siervo de Yahvé” él asumió todo el dolor y todo el pecado del mundo para transformarlo en la justicia y en la gloria de Dios. Si pues, la Iglesia y su concreción en el sacerdote es la participación ontológica y dinámica del mismo sacerdocio de Cristo, Iglesia y sacerdotes no podrán ser auténticos si no se responsabilizan, según su vocación y su misión, de las situaciones humanas concretas, orientándolas hacia la restauración en Cristo. Sólo hay Iglesia verdadera y auténtico sacerdocio si se encarna la fuerza del Evangelio de Cristo en la realidad del mundo para derrocar en él el pecado e implantar en él el Reino de Dios.

Por eso son dignos de admiración, de agradecimiento, de felicitación y de oración la vidas que durante 25 y 50 años han sustentado en medio del mundo la misión de la Iglesia y de la presencia dinámica de Cristo.

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