Home Su Pensamiento Semanario Orientación Nº. 4084 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Nº. 4084 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Quiero llevarlos a todos a Puebla

Como todos los Obispos que tendremos la responsabilidad de participar en la próxima reunión de Puebla, he recibido el “Documento de trabajo” y preparo mi viaje a México. voy llevando una doble representación: como Arzobispo de San Salvador y como consultor de la “Comisión pontificia para América Latina” (CAL). Esto significa una doble perspectiva del tema de Puebla; es mirar la tarea evangelizadora de la Iglesia en América Latina desde las preocupaciones universales del magisterio pontificio y desde nuestras realidades locales.

La “Comisión para América Latina” es un organismo de la Santa Sede para atender mejor la vida eclesial de nuestro Continente; la integran Prelados y expertos que trabajan directamente en Roma o que aportan experiencias de diversas regiones latinoamericanas. Bajo este aspecto mi modesta aportación a Puebla significa una colaboración con la misma responsabilidad universal del Papa. Pero esta colaboración pontificia va marcada naturalmente con mi experiencia local; es mi experiencia pastoral de la Arquidiócesis, englobada en la realidad de nuestra región, la que dará la fisonomía propia de mi responsabilidad como consejero de la CAL. Por eso he dicho que no voy solo; sino llevando espiritualmente toda esta rica comunidad de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que componen la Arquidiócesis de San Salvador.

Y para eso escribo principalmente este comentario. Para pedir, a todos los que se interesan por vivir y dar vida de Evangelio a nuestra Iglesia particular, que vengan conmigo a Puebla. Es una hora muy importante para toda nuestra América y para toda la Iglesia; y esta hora trascendental de nuestra historia ningún Obispo puede vivirla él solo. Necesito vivirla en compañía intensa de toda mi comunidad Arquidiocesana; necesito sentir el respaldo espiritual de todas las comunidades en oración; necesito el apoyo moral del interés eclesial con que la Diócesis debe seguir este nuevo Pentecostés de América.

Que gusto me dio una expresiva carta de una fervorosa enfermita de chapeltique: “Quiero ser quizá la prima en acompañarlo así a Puebla, pues UD, dijo ayer por radio que no quería ir solo, quería llevarnos. Pues aquí me tiene aunque sea una pobre enferma, le ofrezco todos mis sufrimientos físicos y morales, con esto le acompaño desde ahora hasta que venga feliz, más lleno del Espíritu Santo.
Ojalá que este gesto ejemplar de Doña Guadalupe de Jesús de Tario encuentre eco en todos los corazones de mi querida Arquidiócesis para levarla como una rica ánfora de plegarias y méritos que haga útil en las tareas de Puebla, la doble significación de mi presencia allá.

Cumpliremos así uno de los más bellos designios del Señor: que las riquezas espirituales de una Diócesis “como porción de la Iglesia universal, contribuyen eficazmente al bien de todo el Cuerpo Místico, que es también el Cuerpo de la Iglesias” (cfr. L. G. 23).

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