Semanario Orientación

Nº. 1236 Pág. 3 “Orientación” Signo de Unidad

El comunicado de Prensa de la Conferencia Episcopal de El Salvador, acaba de informar que por unanimidad aprobaron los Señores Obispos de El Salvador, en su reunión plenaria del 8 del corriente, la iniciativa de dar oficialmente a este seminario Católico “ORIENTACIÓN”, la extensión y el carácter de vocero del catolicismo en todo el país.

Hasta hoy, desde su fundación hace 14 años, Orientación ha sido un semanario dependiente del Arzobispado de San Salvador. No quiere decir que sea un vocero oficial del Arzobispado como varias veces se ha dicho equivocadamente, pues la responsabilidad de las opiniones y de la “línea” de un periódico sólo afecta a los que dirigen y redactan. Monseñor Chávez y González, generosamente y de inmediato accedió al deseo de toda la Jerarquía salvadoreña, renunciando así al carácter arquidiocesano de Orientación, que desde hoy adquiere, bajo los auspicios de la conferencia Episcopal de El Salvador, la nueva categoría de ser un vocero de todo el catolicismo salvadoreño.
En este nuevo aspecto, Orientación tampoco compromete la responsabilidad directa de la conferencia Episcopal. No es un órgano de la CEDES, no es su expresión oficial ni oficiosa. De acuerdo con las recientes orientaciones que la Santa sede ha dado al os medios de comunicación social, este semanario tratará de reflejar el sano pluralismo del pensamiento católico salvadoreño; y para ello también necesita una sana autonomía que lo libera de toda fiscalización indebida y de toda presión de grupo. Libertad y autonomía que de ninguna manera desconoce la autoridad del magisterio de nuestros queridos Obispos en comunión con el Papa, pero que es necesaria precisamente para no comprometer ese Magisterio Oficial y para asegurar el criterio periodístico y los planes de acción del Semanario.

En la discusión sobre la iniciativa a que nos referimos “Orientación” recibió con elogio el voto de confianza del Excmo. Sr. Arzobispo que reflejaba, según él mismo lo expresó, la confianza de nuestros numerosos lectores. Expresiones parecidas le dedicaron otros Prelados. Por lo demás, el sólo hecho de una iniciativa llevada a un acuerdo unánime tan trascendental, significa para nuestro esfuerzo periodístico el más elocuente voto de confianza que nos estimula grandemente para ratificar nuestra actitud de fidelidad a la Iglesia y a su pensamiento.
Otro aspecto hay que destacar en este gesto de la colegialidad episcopal: la confianza en la colaboración del laicado. Porque también en forma unánime se ha confiado la jefatura de la redacción y la administración de Orientación a un valiente apóstol seglar de la pluma: a Don Emilio J. Simán que, en humilde anonimato ha venido prestando su valiosa colaboración con el Director Actual don Emilio para Orientación son estas palabras que reflejan el espíritu con que asume este encargo que le está haciendo la Iglesia”…pongo a su disposición mi alma, mi corazón, mi amor, mis energías, mi vida entera…pongo en servicio mi experiencia en técnica periodística, mis conocimientos en métodos publicitarios, mi práctica en organización empresarial, mi pensamiento sólidamente cristiano y mi probada fidelidad al magisterio de la Iglesia”.

ORIENTACIÓN pues, agradece este nuevo impulso que le ofrece la Jerarquía y el laicado. Espera que todos los salvadoreños comprendan este nuevo esfuerzo con que la Iglesia quiere servir al pueblo.

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Nº. 1235 Pág. 3 Patria e Iglesia

En el sesquicentenario de la independencia centroamericana, no sólo están de fiesta las cinco comunidades política que, unidas en una sola Patria, nacieron aquel día para iniciar su marcha por la historia. También la Iglesia participa íntimamente de este regocijo y tiene una palabra oportuna que sólo ella puede decir.

Sólo Ella puede decir esa palabra, pues “la iglesia”, que por razón de su misión y de su competencia no se confunde en modo alguno con la comunidad política ni está ligada a sistema político algunos, es a la vez signo y salvaguarda del carácter trascendente de la persona humana”. (GS. 76). Es este deber específico de dar testimonio y defender los derechos y valores trascendentes de los ciudadanos, el que inspira su lenguaje y define su actitud en su diálogo con todas las comunidades políticas, así como también es ese deber el que explica sus reclamos y sus conflictos frente a los Estados.

Ella no puede traicionar la misión de recordar a los constructores del bien común temporal que “el hombre no se limita al sólo horizonte temporal, sino que, sujeto a la vez de la historia humana, mantiene íntegramente su vocación eterna”. Y no se crea que por esta misión específica de lo trascendente, la iglesia se “aliena” o se despreocupa de los intereses temporales. Al contrario, es la fidelidad a esta visión trascendente su razón de ser, su fuerza, la que la hace insustituible enmedio de la sociedad, como la sal de la tierra, como la luz del mundo. Gracias a esta fidelidad, a los valores trascendentes, la Iglesia está capacitada en el seno de cada nación y entre las naciones: predicando la verdad evangélica e iluminando todos los sectores de la acción humana con su doctrina y con el testimonio de los cristianos, respeta y promueve también la libertad y la responsabilidad política del ciudadano” (GS. 76).

La Iglesia, que dio inspiración a los que hace 150 años forjaron las Patrias de Centro América, se siente justamente partícipe de estas celebraciones; así como ha sido partícipe en todas las vicisitudes de este siglo y medio de nuestra historia.

Su voz ya es bien conocida. Y con la solemnidad del Concilio puede decir hoy a los gobernantes de la comunidad política: “no la temáis, no pide más que la libertad de creer y de predicar su fe, la libertad de amar a su Dios y servirle, la libertad de vivir y de llevar a los hombres su mensaje de vida…su acción misteriosa no usurpa nuestra prerrogativas, sino que salva a todo lo humano de su fatal caducidad, lo transfigura, lo llena de esperanza, de verdad, de belleza”.

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Nº. 1234 Págs. 3 y 8 A tres años de Medellín

Según la categoría de los propagandistas, así se hace un ambiente bueno o malo a un producto. Y eso ha pasado con los Documentos del Concilio y de Medellín. No sólo han tenido magníficos intérpretes de su espíritu, sino que han surgido muchos “charlatanes” que los presentan como pretexto para solapar sus extravagancias.

Lo que quisieron los Obispos latinoamericanos-al reunirse en Medellín del 24 de agosto al 6 de septiembre de 1969- fue aplicar el espíritu de Concilio a la realidad de América Latina. Por eso resulta imposible hablar con exactitud de Medellín sin un honrado conocimiento de los documentos conciliares; es querer comentar sin conocer lo que se comenta. No es extraño entonces que un Medellín, leído u oído sin tener en cuenta el soplo del Espíritu que animó el Concilio y sin el ambiente de reflexión y oración que inspiró a nuestros Obispos, resulte para muchos como dice Monseñor Pironio. “Una invitación a la violencia, olvidando que el único camino de un cambio verdadero pasa siempre por el corazón de las bienaventuranzas del Evangelio”. Tampoco es extraño que otros, por reacción a los primero o por no querer convertirse, consideren a Medellín “como una palabra prohibida, como si la Iglesia se hubiera olvidado de Jesucristo y hubiera adulterado la palabra de Dios”.
Medellín -como el Concilio, observando naturalmente la distancia que por categoría y validez separa ambas expresiones de Magisterio-hay que leerlo “como si fuera una fuerte invitación a la conversión personal”. Recuérdese que en Medellín no sólo se escribió de sociología; fueron la Teología, la Liturgia, la Pastoral, la Catequesis, etc., las que unidas trabajaron los 16 documentos que perfilan los aspectos de renovación conciliar que necesitan la iglesia y el hombre en Latinoamérica.

Medellín es un verdadero Pentecostés en nuestro Continente. El espíritu marcó allí la hora y descubrió el verdadero rostro de la Iglesia de Cristo encarnada y dando respuesta a nuestros pueblos. Frente a Medellín ambas posturas son un pecado contra el Espíritu Santo y contra la Iglesia: la que se vale de Medellín para blandir rencores y odios sociales y la que cierra sus oídos a la voz del Espíritu que invita a la conversión de corazón para realizar los cambios que necesitamos. Cuando el Espíritu de Dios habla, sólo hay una postura correcta: oírlo y ser fiel a sus reclamos.

CONTRA LA LEY DE DIOS
El Cardenal Arzobispo de Milán, en un artículo publicado en estos días en L´Osservatore Romano”, advirtió que la condición imprudente de un coche es una falta contra la ley de Dios. “La imprudencia es en sí un pecado”, aunque no conduzca a un accidente”. “Es imperioso crear conciencia y en los deberes que impone la cortesía, más bien que en la potencia del motor del automóvil”.

Las palabras del ilustre deben ser meditadas seriamente en nuestro país donde la violencia es uno de los más graves motivos de mortandad. Esta matanza inútil e incomprensible, que alguien ha llamado “la guerra del tráfico” fue denunciada hace años por Pío XII: “La frecuencia de los accidentes mortales de carretera, ha atenuado por desgracia, la natural sensibilidad hacia el horror, al menos objetivo de este hecho: una vida cortada en un instante, sin ningún motivo, y por un semejante, la mayor parte de las veces desconocido. Espantosas son las cifras de estas inútiles muertes proporcionadas por las estadísticas”.

El tráfico es hoy una actividad humana que nos envuelve a todos, conductores y peatones. Ya no es simplemente un problema de circulación, sino que una cuestión moral, un problema social de insospechada gravedad, un peligro real que acecha a la vida humana, creando en el ambiente un verdadero estado de ansiedad y una creciente sensación de inseguridad.

La obligación de respetar la vida y la integridad de los demás no se reduce sólo al cuidado de no causarles daño con actos plenamente voluntarios. Al cometer infracciones concretamente señaladas en las leyes y cuando nos se practican las precauciones necesarias para evitar los accidentes, hay ciertamente un grado de culpabilidad, aunque sea indirecta.

Las tragedias producidas por el tráfico no son necesariamente un fenómeno fatal e inevitable, especialmente en la exagerada proporción en que actualmente se producen. Son muchos los riesgos que pueden suprimirse, para disminuir el terrible tributo de víctimas que va aumentando continuamente con el crecimiento progresivo de vehículos y velocidades.

Es urgente reaccionar contra este nuevo método de matar, dándole al tráfico una dimensión social y humana. Las autoridades, los periodistas, los sacerdotes, los maestros y especialmente los padres de familia deben inculcar un sentido de responsabilidad sensibilizando todas las conciencia contra esa guerra del tráfico, que diariamente causa tantos daños personales y materiales, emprendiendo con urgencia campañas periódicas de seguridad, de cortesía, de amistad, de compañerismo, de fraternidad y de respeto a la dignidad de la persona humana.

ESTADÍSTICA ATERRADORA
El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social informa que a pesar de los grandes esfuerzos que realiza el gobierno nacional, las estadísticas demuestran que el 73 por ciento de los niños menores de cinco años son desnutridos agregando que la solución integral a este problema aterrador, solo se encuentra en la superación de nuestra condición socio-económica.

¿No es un hecho espeluznante y una realidad trágica la que atraviesa la niñez salvadoreña? ¿No sentimos vergüenza los ciudadanos conscientes de que exista semejante lacra en nuestro país? No se conmueven los corazones de los “satisfechos” que no quieren cambios de ninguna clase? ¿Seguirán llamando comunista a los discípulos de Cristo que, como su divino Maestro, sienten compasión por estas muchedumbres hambrientas y quieren remediar la situación de miseria que padecen?.

Si seguimos así, sería mejor que no seamos hipócritas ni fariseos. Mejor no nos llamemos católicos, ni cristianos, ni siquiera humanos, porque, con nuestra conducta, desprestigiamos tan nobles apelativos.

Tenemos que aceptar y practicar la doctrina social de la Iglesia. Debemos establecer un orden más justo. Estamos obligados a redimir a nuestros hermanos necesitados, dándoles condiciones de vida dignas de su calidad de hombre, de su categoría de ciudadanos, de su nobleza de hijos de Dios.

Y no se trata simplemente de dar, como limosna, las migajas que sobran de nuestra mesa. Debemos, para decirlo con las palabras ya clásicas del Concilio, salvar a todos los hombres y a todo el hombre, en cuerpo y alma, atendiendo a sus necesidades materiales y espirituales, pero de manera especial a los niños, a estos seres inocentes que serán, para expresarlo con palabras que ya se han vuelto un lugar común, los ciudadanos del mañana.

Siempre habrá pobres entre nosotros. Pretender lo contrario es una ilusión y una actitud demagógica. Cristo mismo, para darnos el ejemplo, abrazó la pobreza, la santa pobreza de los bienaventurados. Pero este mismo Dios maldice la miseria, que es la carencia de lo necesario, de lo indispensable, que permita al hombre vivir con decoro y con dignidad.

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Nº. 1233 Pág. 3 Medio millón de razones

Toda la ciudadanía consciente ha lamentado el fracaso del diálogo mantenido entre el Ministro de Educación y los dirigentes de ANDES. No pretendemos deducir responsabilidad ni de echarle la culpa de esta situación a ninguna de las partes en conflicto. Pero si nos parece que se ha perdido la noción más elemental de la jerarquía de los valores, sobreponiendo los intereses particulares de un grupo, haciendo caso omiso del bienestar público y de los altos valores de la educación.

Hay medio millón de razones para que la huelga termine. Medio millón de niños y jóvenes, seres inocentes que no tienen ni la menos culpa del conflicto, cuyos derechos han sido atropellados impunemente, dándoles un mal ejemplo, haciéndoles perder, en su mayoría, uno a dos meses de clases, con el grave peligro de que pierdan , mucho de ellos, todo el año escolar.

Bien decía el Cardenal Secretario de Estado de la Santa Sede, en carta dirigida a la Semana Social de Francia, cuyo extracto publicamos en una de nuestras últimas ediciones, que “la tentación se revela, en efecto, cada vez más fuerte, al menos para los grupos sociales sólidamente organizados, de hacer presión por todos los medios sobre la autoridad encargada de garantizar este bien común, a fin de conducirla a dar un puesto privilegiado a sus propios intereses. Estos últimos, por respetables que sean, son también privados y los demás compañeros sociales tienen también los suyos, no menos legítimos, que quieren salvaguardar y promover”.

La situación está bien clara. El derecho de los niños a recibir sus clases, es superior, en calidad y cantidad, al que tienen los maestros para continuar la huelga. Más si se piensa que se trata de niños pertenecientes a las clases populares, que están muy lejos de darse el lujo de pagar a sus hijos una educación en colegios privados, y que, además necesitan tanto de la escuela para su progreso y promoción humana.
Los maestros deben de aceptar los aumentos de sueldo que les han reconocido el Ministerio de Educación, tomando en cuenta de que ya es un avance para le mejoramiento de sus condiciones de vida; y, más que todo, considerando que las disponibilidades del Presupuesto Nacional no son ilimitadas, y el Estado necesita de fondos para beneficiar a todos sectores de la población, muchos de ellos más necesitados que los maestros. Para decirlo en las palabras del Cardenal, los intereses de los maestros, “por respetable que sean, son también privados y los demás compañeros sociales tienen también los suyos, no menos legítimos, que quieren salvaguardar y promover”.
También nos parece que las autoridades civiles tienen que ceder en un punto muy importante: la derogación a reforma de la ley que impone drásticas sanciones a los maestros, que, a nuestro juicio, es una verdadera “ley mordaza”. Estamos seguros que las autoridades nunca aprobarían una ley semejante contra los obreros y empleados de la empresa privada. Y el Estado está obligado a ser mejor patrono que las entidades particulares, dando ejemplo por su misma razón de ser, de sentido social y preocupación por el progreso de todos los sectores y respeto a su libertad y dignidad humana.

Para nosotros el diálogo no ha terminado, ni puede terminar mientras no se resuelvan los problemas planteados. Pero tómese en cuenta que diálogo no significa, de ninguna manera, la imposición de las condiciones de una de las partes, ya que ambas deben de ceder, en beneficio del bien común y de la armonía social.

EL PENSAMIENTO DE HANS KUNG
La S. Consagración para la Doctrina de la fe envió al profesor Hans Küng publicaron las Conferencias Episcopales de Alemania, Francia e Italia. También han hecho público un documento al respecto los Obispos norteamericanos de Missouri, Iowa y Nebraska.
Cuando el río suena…mejor ser cauto y no entusiasmarse con afán de novedades!

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Nº. 1232 Págs. 3 y 7 La huelga, un arma de dos filos

Entre los derechos fundamentales de la persona humana debe contarse la libre asociación de todos los ciudadanos en sindicatos, cooperativas o cualquier otra clase de organizaciones sociales y económicas, destinadas a defender sus propios intereses, en su lucha por lograr una vida mejor para ellos y sus familias.

A ello se debe que el Episcopado Salvadoreño ha proclamado el derecho que tienen los campesino a organizarse en sindicatos, como cualquier otro grupo social, de los que componen el pueblo salvadoreño.

Todos los gremios de nuestro país deben tener los ojos muy abiertos para evitar la infiltración en sus organizaciones, de pescadores en río revuelto, los falsos redentores que obedecen consignas extranjeras y quieren convertir a nuestra Patria en una dictadura del proletariado.

Especialmente debe estudiarse con seriedad la conveniencia de declarar una huelga, porque se trata de un arma de dos filos, que puede herir a los mismos que la declaran. Una huelga es cosa seria, porque no sólo perjudica a los que directamente participan en ella, sino que, muchas veces, al país entero. La cuestión social no se va a resolver a fuerza de huelga y tensiones que siembran el odio y la división entre los salvadoreños, sino que con el ímpetu del trabajo y en la paz social.

Esto no significa de ningún modo que nunca debe haber huelga, sino que sólo deben declararse en último extremo, después de agotarse todos los medios pacíficos para llegar a un entendimiento. Antes de decretar una huelga debe pensarse seriamente si el perjuicio que causamos al país es mucho mayor que el limitado beneficio que podemos obtener. Por encima de los intereses particulares está el bien común, el cual, según la inexhausta definición de Santo Tomás, es el mayor bien posible, para el mayor número posible de personas, dictatoriales. La huelga no debe imponerse nunca por la fuerza, con el garrote en la mano o por el antojo de unos cuantos, sino que debe declararse por la voluntad libre de la mayoría, respetando en los demás el derecho sagrado del trabajo. La imposición de los de abajo es muchas veces más perniciosa e indeseable que la represión de los de arriba.

“En caso de conflictos económicos-sociales-declara el Concilio Vaticano-hay que esforzarse por encontrarle soluciones pacíficas. Aunque se ha de recurrir siempre primero a un sincero diálogo entre las partes, sin embargo, en la situación presente, la huelga puede seguir siendo medio necesario, aunque extremo, para la defensa de los derechos y el logro de las aspiraciones justas de los trabajadores. Búsquense, con todo, cuanto antes, caminos para negociar y para reanudar el diálogo conciliatorio”.

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Nº. 1231 Pág. 3 Diálogos, Conflictos y Tensiones

La vida nacional, en todas sus actividades, ha sido trastornada por una huelga de maestros, que se ha convertido en un conflicto político y social de graves proporciones, que amenaza la seguridad y tranquilidad del pueblo salvadoreño.

Lo que se inició como una legítima lucha gremial, con el objeto de lograr mejores condiciones de vida para los abnegados maestros, ha degenerado en un conflicto político y ha provocado tensiones sociales que pueden tener peligrosas repercusiones para nuestra Patria.

Son varios los factores que han intervenido, consciente o inconscientemente, para agravar la situación. La intransigencia de las autoridades y de los dirigentes magisteriales, la actuación de todos los partidos políticos, las maniobras de agitadores profesionales y elementos subversivos, han hecho que una huelga gremial se haya convertido en un conflicto que ha dividido a la familia salvadoreña, afectando seriamente las actividades económicas, perjudicando en forma irreparable a la niñez y a la juventud de nuestra tierra, envenenando las almas con el odio y paralizando el desarrollo y el progreso material de nuestro pueblo.

Ante esta situación verdaderamente desastrosa, sólo queda un camino, una vía segura y eficaz, una solución patriótica y humana, señalada paternalmente por nuestro prelado metropolitano, aconsejada sabiamente por el Cardenal Secretario de Estado de la Santa Sede, en el documento que publicamos en esta misma edición:

“Ante conflictos sin cesar renacientes y constantemente renovados, sólo un diálogo daciente entre las partes interesadas permitirá mantener la cohesión del cuerpo social y prevenir el endurecimiento irreparable de los antagonismos”.

Un documento dirigido a la Semana Social de Francia, parece escrito especialmente para nosotros, como una solución a esta situación agitada que todos estamos padeciendo.

No se debe “atribuir al conflicto mismo una especie de consagración como si la exasperación de las tensiones fuese el medio infalible de instaurar una sociedad nueva y más justa”.

“Es necesario guardarse de englobar estos fenómenos en categorías apresuradamente establecidas y de juzgarlas abusivamente, como si procediesen exclusivamente de una falta lamentable de autoridad o de inadaptación perjudicial de las instituciones”.

“La tentación se revela, en efecto, cada vez más fuerte, al menos para los grupos sociales sólidamente organizados, de hacer presión por todos los medios sobre la autoridad encargada de garantizar este bien común, a fin de conducir a dar un puesto privilegiado a sus propios intereses. Estos últimos, por respetables que sean, son también privados y los demás compañeros sociales tienen también los suyos, no menos legítimos, que quieren salvaguardar y promover”.

Para no “provocar una verdadera regresión social, generadora de graves daños para la justicia, la paz y el mismo progreso” sólo queda el camino de un diálogo paciente, haciendo a un lado intereses exteriores, el orgullo, el rencor y la autosuficiencia egoísta, para dejar actuar al patriotismo, a la abnegación, al sacrificio, a la justicia, al amor y a la paz, que son los únicos cimientos duraderos para construir una nueva sociedad, donde se respete la dignidad del hombre y de todos los hombres.

“Las situaciones de conflicto jamás podrán ser consideradas en su profundidad y superadas de verdad, sin una verdadera conversión del corazón, sin el hambre de una justicia mayor, sin espíritu de paz”.

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Nº. 1230 Pág. 3 ¿Una conspiración del silencio?

Con verdadera sorpresa hemos notado que, después de una insidiosa campaña de calumnias contra la Iglesia, en nuestra prensa diaria se está practicando una verdadera conspiración del silencio, faltando los “profesionales de la opinión pública”, a su deber elemental de informar.

Nos referimos a dos casos concretos. El primero es la pastoral del Señor Obispo de San Vicente, que no fue publicada en ninguno de los diario capitalinos. En cambio, faltando a la más elemental ética periodística, uno de los diarios dio cabida en sus páginas a un ataque insidioso de un profesional sectario, que se ha vuelto un sectario profesional, contra el mismo prelado vicentino, deformando sus conceptos y atribuyéndole tendencias que están muy lejos de tener.

Otro caso indiscutible es el reciente “Comunicado de Prensa de la Conferencia Episcopal de El Salvador”, que fue remitido a todos los periódicos y que sólo fue publicado íntegro por un sólo diario.

La Pastoral de un Obispo o el Comunicado de toda una conferencia Episcopal, tiene mucha más importancia, aún desde el punto de vista intrascendente que publica diariamente nuestra prensa.

Se nota a la legua la intención de difamar y calumniar, cuando se hace un gran escándalo por cualquier incidente en que se ve envuelto en sacerdote, mientras se quiera acallar la voz de los obispos, que es la voz oficial de la Iglesia.

Entendemos que la primera responsabilidad de los “profesionales de la opinión pública” es la de informar y no deformar las noticias, es la de decir la verdad y toda la verdad. Esta es la “función sagrada” de los medios de comunicación social, que no debe torcer o desvirtuar, hipócritamente a intereses de grupo o cediendo a presiones políticas, sociales o económicas.

ESTORBAN NUESTROS DIFUNTOS
Ya se habla entre nosotros sobre la necesidad de practicar la cremación de los cadáveres, como un sistema adecuado y conveniente, para resolver el problema de la escasez de sitio en el Cementerio General.

Estamos seguros que nuestro pueblo, profundamente católico, que practica con gran fervor el culto de los difuntos, se opondrá, en forma rotunda a esta práctica pagana. Como muy bien decía un escritor: “la piedad filial, el amor conyugal, el cariño fraternal y los mismos sentimientos de la amistad, difícilmente podrán acomodarse a este acto de hacer desaparecer de un modo tan súbito y brutal aquellos cuerpos que durante la vida fueron el centro de tan dulce afectos y de tan amorosas miradas y es más consolador al corazón entregar aquel cuerpo en manos de la providencia para que, según las leyes naturales, vuelve a la tierra de donde salió por la creadora mano de Dios”.

La Iglesia Católica, consecuente siempre con sus principios y respetuosa de los nobles sentimientos, jamás ha admitido el rito de la incineración. El cuerpo escondido en la tierra ha sido un templo consagrado del Espíritu Santo, una custodia viviente donde moró el cuerpo de Cristo.

Aunque el cristiano haya muerto, su muerte no es eterna. Su cuerpo debe reposar en el cementerio, que en griego significa dormitorio, porque el cristiano duerme para esperar la resurrección final de la vida eterna.

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Nº. 1229 Págs. 3 y 6 La voz autorizada del Episcopado Salvadoreño

Vivimos en un mundo de cambio. Nos encontramos envueltos en un torbellino de confusión. La opinión está desorientada con un bombardeo de noticias deformadas, de comentarios mal intensionados, de corrientes ideológicas encontrados, de lucha sorda de intereses, de defensa de posiciones insostenibles, que podríamos calificar como una campaña para desprestigiar a la Iglesia.

A nadie debe extrañar que en este torbellino de cambio en que se debate el país y el mundo, haya pequeños núcleos de católicos, que están muy lejos de representar a la iglesia, que se arrojan en los brazos del marxismo, mientras que otros, también insignificantes, se aferran a posiciones reaccionarias, reñidas con el espíritu evangélico y las orientaciones auténticas del magisterio eclesiástico.

Hay publicaciones interesadas que se aprovechan de cualquier incidentes, de cualquier noticia, para deformar la realidad de los hechos, para sembrar la confusión en el pueblo, para discriminar a los pastores legítimos, no con criterios evangélicos o conciliares, sino con la medida de su propio ideario político, o según los dictados de sus propios intereses egoístas.

En su reciente reunión ordinaria, “para reflexionar sobre el acontecer de la iglesia en nuestro país y resolver asuntos de carácter pastoral” que son de competencia, la Conferencia Episcopal de El Salvador, que reúne a todos los obispos de nuestra provincia eclesiástica, ha denunciado estas “publicaciones interesadas que tratan de presentar una imagen inapropiada de la Iglesia, que solamente quiere ser fiel al Evangelio y a su expresión más actual: el Concilio Vaticano II”.

Esta no es la voz de un “cura”. Ni siquiera la opinión particular de un obispo. Es la voz autorizada de todo el Episcopado salvadoreño, la voz de los pastores auténticos del pueblo de Dios, la voz oficial de la Iglesia en nuestro país, la voz de nuestros maestros, de nuestros profetas, de los sucesores de los apóstoles, que han recibido de Dios el poder, la autoridad y el deber de enseñar.

Si alguien en nuestro país puede hablar en nombre de Dios, de la Iglesia, del Evangelio o del Concilio, son precisamente nuestros obispos, especialmente cuando están en una conferencia episcopal.

Ellos deben hablar, ellos no pueden callar. Nosotros, todos los fieles católicos, sacerdotes y laicos, tenemos la obligación de escucharlos, de cumplir sus mandatos, de ser fieles a sus enseñanzas, aun cuando no estén de acuerdo con nuestros intereses, aún cuando contradigan nuestras opiniones.

Ellos no tienen intereses materiales. Ellos no toman posiciones políticas. Ellos no están en contra de nadie. Ellos son los padre, los pastores, los líderes espirituales del pueblo salvadoreño, que solamente quieren ser fieles al Evangelio, que solo quieren procurar el bien de todos sus hijos, sin distensiones sociales, políticas o económicas, pero especialmente de los pobres, de los humildes, de los que padecen una situación de vida miserable e inhumana.

Como un padre de familia, lleno de amor y de solicitud por todos sus hijos, que se interesa más por aquellos que más lo necesitan, por estar enfermos, porque padecen hambre material o espiritual, así nuestros pastores, se interesan más por los pobres, aunque quieran por igual a todos sus hijos, porque necesitan más de sus cuidados, de su defensa, de su solicitud.

Y en nuestro país ya es de sobra conocido, que repetirlo resulta un lugar común, que el campesino, nuestro humilde campesino, es poco menos que una paria, arrastrando una vida indigna de todo un ciudadano salvadoreño, de este pueblo que se gloría de ser el defensor de la dignidad humana.

Y hoy que se debate en la asamblea un nuevo Código de trabajo, el Episcopado Salvadoreño ha alzado su voz autorizada para proclamar el derecho que tienen nuestros campesinos a sindicalizarse, porque la libertad de asociación es un derecho natural, reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, consagrado por nuestra Constitución Política, defendido en todo el mundo por la Iglesia Católica.

Escuchemos a nuestros obispos. Ellos son la voz de Dios, de la Iglesia, del Evangelio, del Concilio. Es la voz de la razón, de la justicia, del patriotismo, de la cordura, de la serenidad, de la paz, de la verdad. Es la voz de la conveniencias, del bienestar del desarrollo, del progreso que tanto anhela todo el pueblo salvadoreño, para que los bienes materiales y espirituales abarquen en nuestro país a todo el hombre y a todos los hombres, para que, al cumplo el sesquicentenario de nuestra independencia política, nuestro pueblo no siga gimiendo en la miseria material, cultural, espiritual y moral.

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Nº. 1224 Pág. 3 El fin primario de la comunicación social

A través de un trabajoso “iter” de siete años, y como fruto del asesoramiento de numerosos expertos, acaba de aparecer la instrucción pastoral sobre los medios de comunicación social, cuyo resumen ofrecemos en esta misma edición.

Un tono de optimismo y apertura caracteriza a esta verdadera carta magna del cine, de la radio, de la prensa, de la televisión…La Iglesia, que en el Decreto Conciliar “Inter mirifica” de 1963 sentía “una maternal angustia por los daños que de su mal uso se han infligido con demasiada frecuencia a la sociedad humana”, en la presente instrucción pastoral, -sin dejar de llamar la atención sobre los peligros y aconsejar prudencia, contempla más bien estos maravillosos vehículos del pensamiento como “dones de Dios, destinados, según el designio de la Providencia, a unir a los hombres con vínculos fraternos, para hacerlos colaboradores del plan divino de salvación”.

Y la razón de este optimismo y de esta apertura es porque, entre los frutos que el posconcilio está madurando, este documentos nos ofrece los principios sólidos de una verdadera teología de las comunicaciones sociales. A partir de la divina revelación de los misterios de la Trinidad, de la encarnación, y de la Eucaristía, se nos descubre al mismo tiempo Cristo como el perfecto “Comunicador” y El se revela y se comprende el sentido de toda “comunicación”. A la luz de Cristo-Comunicador, toda “comunicación” tiene que ser algo más que la sola expresión de una idea o un pensamiento, debe ser ante todo una entrega de sí mismo por amor. Los hombres entonces, al hacer uso de los maravillosos medios que la técnica ofrece para “comunicarse” con los demás, no deben buscar otra cosa que restablecer la fraternidad entre los hombres bajo la paternidad de Dios”.

Esta es la meta, la médula, que debe estimular la fecunda escuela en que deben convertirse los medios de comunicación social para educar “el gusto artístico, el sentido crítico, la conciencia de los deberes morales” no sólo de los “difusores” y de los “críticos”, sino sobre todo de la incontable masa de los que como “receptores”, ven , escuchan y leen.

Cuando comprendamos el alcance y la profundidad de esta nueva “Instrucción pastoral” de la iglesia, sabremos encontrar en el cine, en la prensa, en la radio, en la televisión, en el teatro, etc- en vez de aliciente o la ocasión malsana que corrompe y divide a los hombres,- “la comunión y el progreso de la sociedad humana”. Porque ese es, según el designio del Creador, “el fin primordial de la comunicación social y de sus instrumentos”.

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Nº. 1228 Pág. 3 ¿Una cortina de banano?

Los últimos acontecimientos de la politiquería centroamericana, con todas sus maniobras separatistas, su mal disimulado egoísmo, su aldeanismo retrógrado, su nacionalismo morboso, se nos antoja como toda una conspiración de las naciones “hermanas” para levantar una “cortina de banano” que tiene por objeto aislar a nuestro país, luchar contra su competencia, paralizar su industria, cerrar el paso a su comercio, estorbar su agricultura, paralizar su desarrollo.

Nuestras palabras pueden parecer una exageración, pero el desenvolvimiento de los acontecimientos nos indica que los países hermanos están terriblemente prejuiciados contra nosotros. Se nos teme, se nos trata con desconfianza, se toman medidas para defenderse contra nosotros. Se nos contempla como si nuestro país, pequeño e indefenso, fuese una nación imperialista, que amenaza la seguridad y el progreso de sus vecinos.

No es sólo el caso del periodista paranoico que se oponía a la construcción de carreteras, por miedo a que nuestro ejército las utilice para la conquista de su país. En la tragedia de la expulsión de miles de nuestros compatriotas por le sólo delito de ser salvadoreños. Es el caso del cierre de la carretera panamericana para paralizar el intercambio de nuestros productos. En el caso de las medidas unilaterales y arbitrarias que continuamente estorban la entrada de nuestros artículos a los países hermanos. Es el caso de la suspensión, que, una de nuestras fábricas de calzado, ha tenido que aceptar, de su exportación, solo porque le hacía la competencia al negocio de un personaje influyente de la política de su país. Es el caso, por fin, de la firma de convenios bilaterales entre naciones hermanas, que llevan una dedicatoria especial para El Salvador, que será a la postre el único perjudicado con estas flagrantes violaciones del Tratado General de Integración Económica.

Los salvadoreños no nos creemos ni mejores ni peores, ni superiores ni inferiores a los demás pueblos centroamericanos. Simplemente somos, como dijo recientemente nuestro Presidente, un pueblo de trabajadores. Tal vez la misma estrechez de nuestro territorio, la densidad de nuestra población, la pobreza de nuestro país, no obliga, en la lucha por la vida, a ser trabajadores, muy trabajadores, más trabajadores que los habitantes de cualquier país hermano. Este es nuestro delito. este es nuestro pecado. Esta es nuestra “amenaza”.

Nuestro espíritu de empresa, nuestra dedicación al trabajo, son reconocidos en Centroamérica. Hace pocos días nos refería un viajero argentino, que un industrial hondureño le había dicho que eran salvadoreños los mejores trabajadores que tenía en su fábrica. El Embajador de Panamá en nuestro país declaró recientemente que la industria salvadoreña es “agresiva”, pero no en el sentido explícito de la palabra, sino que dando a entender que es dinámica y de gran valor. En un Curso de Adiestramiento para Mujeres Dirigentes, celebrado hace poco en Caracas, la Ministro de Fomento de Venezuela declaró que “El Salvador es un ejemplo en Centroamérica, pues ha demostrado, que aun dentro de los graves enfrentamientos a que se vio obligado, no ha aminorado su ritmo de producción”.

¿Se está tramando una conspiración contra nuestro país en Centroamérica? ¿Se pretende levantar “una cortina de banano” para aislarnos y para ahogarnos en la pequeñez de nuestro territorio? Dios quiera que estemos equivocados. Será mejor para nuestro país. Será para Centroamérica. Porque nuestro pueblo ni puede vivir ni progresar sin el intercambio social, cultural, económico y político con los hermanos del Istmo. Ni Centroamérica puede prescindir impunemente de El Salvador, sin perjudicar sus propios intereses, sin estorbar lo contrario los políticos miopes, los mercaderes del separatismo, los traficantes del nacionalismo morboso y egoísta.

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Nº. 1223 Pág. 3 El Amor eterno

SEMANA NACIONAL DE LA FAMILIA
El amor no es una palabra profana. El amor es una palabra profanada. El amor no fue creado, el amor es eterno sin principio ni fin, porque el amor es divino, porque Dios es amor.

En el principio de los tiempos Dios creó el mundo por amor. Hizo el cielo y la tierra, separó la luz de las tinieblas, colgó las estrellas del firmamento, dio vida a los animales y las plantas, pero la creación no estaba completa, porque faltaba el reflejo de su amor. Entonces “Dios creó al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó, hombre y mujer lo creó”.

Dios puso en el corazón del hombre un soplo de su amor, un reflejo vertical del amor divino, que se proyectó en forma horizontal, en el amor del hombre a la mujer, para instituir el matrimonio, para formar el hogar, para organizar la familia, primer santuario del amor sobre la tierra, creado a imagen y semejanza de Dios, porque como Dios es fuente de amor y de vida.
De modo que el matrimonio no es un invento del cristianismo, sino que una institución de derecho natural, tan vieja como el hombre, anterior y superior a toda ley positiva.

La unión del hombre y la mujer difiere radicalmente de cualquier otra asociación humana y constituye una realidad singular que no puede considerarse como un simple contrato social, que se puede sellar o disolver al antojo de sus protagonistas o por simple disposición de las leyes civiles.

El amor humano es la unión íntima y total del hombre y la mujer, un compromiso libre y mutuo de dos personas libres, una voluntad de pertenecerse durante toda la vida, una entrega completa en cuerpo y alma, hasta formar una sola carne, hasta fundirse en un solo ser.
El amor humano es bueno. La unión física, dentro del matrimonio, es sagrada. El acto conyugal es la expresión del amor. Las mismas manifestaciones de su ternura están impregnadas de este amor que lo esposo deben en el corazón de Dios. Sus relaciones sexuales, su entrega carnal, adquieren una nobleza nueva. El impulso que les alienta a unirse es portador de vida. El amor humano se diviniza, porque participa de la obra creadora de Dios.

Los análisis psicológicos, las investigaciones psicoanalíticas, las encuestas sociológicas, las reflexiones filosóficas podrán aportar sus luces sobre la sexualidad, pero no podrán alterar la significación del amor humano como una realidad fundamental, que no puede ser reducida al deseo físico, el erotismo degradante y destructor, que nos hunde en la ciénaga de la sensualidad.

El amor no es una palabra profana. El amor es una palabra profanada por la corriente de hedonismo que nos invade. El amor humano es una gran realidad, excelente en sus orígenes, reflejo de amor de Dios, por la cual el hombre y la mujer se realizan y se complementan, descubriendo su grandeza y fecundidad, encontrando su verdadera dimensión, alcanzando en forma perfecta su plenitud, hasta llegar, en su sed de infinito, al Dios que los creó a su imagen y semejanza, inteligentes y libres, fuentes de amor y de vida.

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Nº. 1227 Págs. 3 y 6 El laicismo antidemocrático

La Conferencia Episcopal Salvadoreña ha solicitado a la Asamblea Legislativa la inclusión, en el programa, regular de estudios, de dos horas semanales de religión, en todas las escuelas públicas de la República.

En nuestro país, la democracia definida como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, se va estructurando paulatinamente, Subsisten, sin embargo, algunas prácticas absurdas, herencia del pasado, que están muy lejos de interpretar la voluntad de este pueblo soberanos, que un famoso filósofo llamó, no sin razón, un soberano cautivo.

Un ejemplo manifiesto de esta flagrante contradicción entre los anhelos populares y las disposiciones impuestas, es la práctica, casi secular del laicismo en la escuela, contra la voluntad soberana de una pueblo profundamente religioso, auténticamente cristiano, eminentemente católico.

Los partidarios del laicismo alegan sutilmente que le estado no tiene ninguna religión, pero el pueblo sí la tiene y en los países democráticos las leyes no deben ser más que la expresión de la voluntad popular.

En el terreno de la educación, el Estado no puede imponer la enseñanza que se le antoje, porque los hijos no son de su exclusiva propiedad, como se estila en los países totalitarios, sino que pertenecen a los padres de familia, que tienen el derecho y el deber primordial de educar, en virtud de la ley natural, anterior y superior a toda legislación positiva.

De sobra se ha comprobado que los partidarios de la escuela laica y aún los más furibundos sectarios enemigos de la Iglesia, tienen a sus hijos en los mejores colegios católicos. No vemos porqué los hijos del pueblo no han de tener el mismo derecho a la enseñanza religiosa, sólo porque sus padre han cometido el “delito” de ser pobres.

La Iglesia Católica, hoy más que nunca, está tratando de suplir esta deficiencia grave, fundando escuelas católicas gratuitas. Tenemos noticias ciertas y concretas de colegios dirigidos por religiosos, que le año entrante establecerán un turno especial para alumnos cuyos padres disponen de escasos medios económicos, tratando de suprimir lo que se ha dado en llamar “educación clasista”. Pero están todavía muy lejos de disponer de los medios suficientes para cubrir la enorme demanda de matrícula de los padres que desean educar cristianamente a sus hijos.

Se impone la necesidad apremiante de permitir la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. No se trata de quebrantar la sagrada libertad de conciencia, ni mucho menos de ponerle a nadie una camisa de fuerza religiosa. Sencillamente se consultaría, en cada escuela, la voluntad de los padres de familia. Y estamos seguros que el resultado sería un verdadero plebiscito en favor de la enseñanza religiosa, que se pondría en práctica como un ejercicio auténtico de la soberanía popular.

LA SOMBRA COMUNISTA
Un diario capitalino denuncia el peligro que entraña el sindicato campesino, como una trampa para sembrar el odio en el agro salvadoreño y como un medio que emplea la conspiración marxista internacional para destruir las libertades del pueblo.

No podemos negar que el peligro comunista existe en nuestro país y que no es ningún inventado por los reaccionarios. Pero no estamos de cuerdo con permitir que los marxistas tengan la iniciativa en la defensa de un derecho, dejando en sus manos la noble bandera de la sindicalización campesina, que ellos utilizarán de todos modos, con la ley o sin ella. Más bien hay que luchar para que los campesinos se organicen en defensa de sus intereses, teniendo cuidado de impedir la infiltración de los elementos disociadores, que, lejos de buscar la redención del trabajador, sólo lo emplean como instrumentos político en sus planes de convertir a nuestro país en una dictadura de proletariado, donde el obrero y el campesino padecen una esclavitud mil veces peor que la situación de miseria en que hoy, se encuentran.
Otro aspecto fundamental que debe tenerse en cuenta, es el hecho indiscutible de que el campesino es un ciudadano, con iguales derechos que todas las demás clases y profesiones que componen la población del país. Negarle su libertad de asociación, sería como convertirlo en un ciudadano de segunda clase o en una paria sin derechos. Lo cual, además de inmoral e inhumano, sería inconstitucional.

EL EJEMPLO ARRASTRA
Las agencias internacionales de noticias nos traen la información sobre el suicidio de un joven japonés, en la misma forma espectacular en que se quitó la vida, hace poco tiempo, un famoso escritor que era objeto de su admiración. Como lo han demostrado hasta la sociedad las encuestas que se han hecho en distintos países, este suicidio es una prueba decisiva de que el ejemplo arrastra. La publicación, escandalosa y sensacionalista de noticias sobre toda clase de crímenes, contribuye notablemente al aumento de los delitos, porque los hombres, especialmente los jóvenes o las personas que padecen anormalidades psicológicas, son, consciente o inconscientemente, mayores limitadores que los monos.

Más de algún diario de nuestro país tiene la tendencia sensacionalista y morbosa y con fotografías en lugares destacados de periódico. Muchas veces se nos ha ocurrido que el extranjero que lea nuestros diarios se imaginará que somos un pueblo de criminales.
En un país como el nuestro, donde hay libertad de prensa, el cuarto poder tiene que imponerse una autocensura consciente, para no publica noticias y fotograbados que inciten a la violencia, que exciten a la sensualidad, que perjudiquen a os lectores en cualquier forma, teniendo presente que los periódicos no sólo son leídos por gente culta y adulta, sino que penetran en el santuario de los hogares y caen en las manos de niños inocentes y jóvenes inexpertos.

No se pretende suprimir este tipo de informaciones de una manera radical, sino que de tratar de publicarlas discretamente, sin tanto escándalo ni lujo de detalles, ni con fotografías de escenas truculentas en páginas preferenciales y en una forma destacada.
Este tipo de publicaciones es un abuso de la libertad de prensa. Y en vez de construir el ejercicio de un derecho de información, cae bajo la categoría de un delito, de un libertinaje, sancionado por nuestras leyes fundamentales.

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