Semanario Orientación

Nº. 4091 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Los Dos Niegan a Dios

“La palabra” “ateísmo designa realidades muy diversas: Esta es una frase del Concilio Vaticano II (G.S.19) el cual pasa a describir una larga serie de actitudes espirituales frente al fenómeno religioso: “unos niegan a Dios expresamente, otros afirman que nada puede decirse acerca de Dios…” y continuando por “ateísmo” pseudocientíficos o de carácter sociológico, llega a describir la actitud prácticamente atea de “quienes exaltan tanto al hombre, que dejan sin contenido la fe de Dios, ya que les interesa más, a lo que parece, la afirmación del hombre que la negación de Dios”. A esta clase de ateísmo lógicamente corresponde un rechazo sistemático de los valores trascendentales que alimentan la esperanza de los cristianos. Este rechazo lo describe así el Concilio: “Pretende este ateísmo que la religión que la religión por su propia naturaleza, es un obstáculo para la liberación económica y social del hombre, porque, al orientar el espíritu humano hacia una vida futura ilusoria, apartaría al hombre del esfuerzo por levantar la ciudad temporal. Por eso cuando los defensores de esta doctrina logran alcanzar el dominio político del Estado, atacan violentamente a la religión, difundiendo el ateísmo, sobre todo en materia educativa, con el uso de todos los medios de presión que tiene a su alcance el poder público”.

Esto lo sabe de sobre la Iglesia por ciencia y experiencia. Por eso es ridículo que se diga que la Iglesia se ha hecho marxista. Si el materialismo marxista mata el sentido trascendente de la Iglesia, una Iglesia marxista sería no sólo suicida, sino estúpida.
Esto lo sabe de sobra la Iglesia por ciencia y experiencia. Por eso es ridículo que se diga que la Iglesia se ha hecho marxista. Si el materialismo marxista mata el sentido trascendente d la Iglesia, una Iglesia marxista sería no sólo suicida, sino estúpida.

Pero hay un “ateísmo” más cercano y más peligroso para nuestra Iglesia. El Ateísmo del Capitalismo cuando los bienes materiales se erigen en ídolos y sustituyen a Dios, el mismo Concilio es el que lo señala: “…el ateísmo nace a veces como adjudicación indebida del carácter absoluto a ciertos bienes humanos que son considerados prácticamente como sucedáneos de Dios. La misma civilización actual, no en sí misma, pero sí por su sobrecarga de apego a la tierra, puede dificultar en grado notable el acceso del hombre a Dios”.

Aquí, en un capitalismo idólatra del dinero y de los “bienes humanos”, está para nosotros un peligro tan grave como el otro, y quizá más que el otro al que se le echa la culpa de todos los males. ¿Qué es más grave: negar a Dios por una falsa idea de la liberación del hombre, o negarlo por un egoísmo llevado hasta la idolatría?. ¿Quién resulta más hipócrita: el que cree en este mundo hasta la negación abierta de los trascendente o el que usa lo trascendente y lo religioso como instrumentos y justificación de su idolatría de la tierra?.

Los dos son ateísmo. Ninguno es la verdad que tan bellamente enseña la Iglesia del Evangelio: “la razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios”.

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Nº. 4089 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Dos Actitudes Ateas
Hace dos años, en la cuaresma de 1976, el Papa Pablo VI llamó para dirigir los ejercicios espirituales de la Curia romana al Cardenal Wojtyla que hoy es el Papa Juan Pablo II. Resulta muy oportuno recordar ahora aquellas reflexiones del futuro Papa porque descubren cómo piensa el sucesor de San Pedro en la hora actual del mundo. Afortunadamente, por encargo del mismo Pablo VI, se editaron aquellas meditaciones en un libro titulado “Signo de Contradicción”.

El drama de nuestro tiempo es el drama de todos los tiempo contradecir a Cristo, observaba el futuro Juan Pablo II. Hoy se contradice a Cristo de dos modos: hay una contradicción que podemos llamar “indirecta” y otra “directa”; pero las dos son un rechazo de la única fuerza que puede salvar al mundo: Cristo.

La contradicción “indirecta” se puede comparar con la parábola del rico Epulón y Lázaro. “El Epulón del Evangelio se acordaba de Abraham y se dirigía a él como a Padre (Lc. 16,24). Hay ciertamente en este mundo una gran carga de fe, un considerable margen de libertad para la misión de la Iglesia. Pero muchas veces se trata solamente de un margen…”Y el Cardenal imitaba a observar cómo esa “fe” y esa “libertad” del Epulón está marginando a Cristo por sistema; porque decididamente “Jesús está del lado de Lázaro…LA gran pobreza de los pueblos y sobre todo la principal de todos los pueblos del Tercer mundo que es el hambre, la explotación económica, el colonialismo… todo ello tiene el significado de una oposición a Cristo por parte de los poderosos, independiente de los regímenes de las tradiciones culturales. Esta forma de contradicción a Cristo no pocas veces se empareja con una aceptación parcial de la religión, de Cristo como elemento de cultura, de moralidad e incluso de educación…Pero parece como si se quisiera “moderarlo”, adaptarlo a las medidas propias de la dimensión humana de la era del progreso y al programa de la civilización moderna, que es un programa de consumismo y no de fines trascendentales. Hay oposición a Cristo desde esas actitudes y no se soporta la verdad proclamada y recordada en su nombre”.

Luego está la otra oposición a Cristo, la “directa”; pero “surgida probablemente -dice el Cardenal- de la misma base histórica e incluso casi de la anterior. Es una forma de oposición directa a Cristo, un rechazo abierto del Evangelio, una negación de la verdad de Dios, sobre el hombre y sobre el mundo, que el Evangelio proclama. Esta negación asume a veces carácter de brutalidad”. Y el Cardenal recuerda Iglesias cerradas, sacerdotes condenados a muerte, ambientes de catacumbas y de circos de mártires.

Y uno se pregunta, ¿qué más da una que otra contradicción a Cristo? ¿Qué sistema resulta más ateo e inhumano si ambos niegan prácticamente la existencia de Dios y la dignidad de los hombres.

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Nº. 4088 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

La Fidelidad hace siempre actual al Sacerdote

Seis sacerdotes muy amigos cumplieron esta semana el 25 aniversario de su ordenación sacerdotal: Los Padres Cristóbal Cortés, Roberto Amilcar Torruella, Sergio Moreno, Pablo Castillo, Carlos Amaya y Fernando Echeverría. Otro amigo inolvidable Monseñor Jorge Castro Peña de la misma promoción ya recoge en la alegría del cielo la corona de su fidelidad sacerdotal hasta la muerte. Otros seis, también amigos muy estimados, habrán vivido sin duda el mismo recuerdo sirviendo a Dios por otros caminos.

Fue aquella de 1953 una fecunda cosecha de San José de la Montaña que debe estimular la fecunda vida actual del mismo seminario dedicado hoy como hace veinticinco años a la forja de obreros eficientes para la “viña del Señor”.

Las circunstancias han cambiado notablemente de entonces acá. Un Concilio ecuménico se encargo de avisar a la conciencia de la Iglesia el deber de esas transformaciones audaces que el Evangelio y el servicio al mundo le exigía. Los formadores de sacerdotes saben bien que la juventud que hoy llena los seminarios debe ser comprendida y formada con la mentalidad nueva, manteniendo sin embargo una fidelidad inmutable al inmutable depósito de la tradición y de la misión inalterable de la Iglesia.

Y así también quienes fueron promovidos en épocas pasadas sienten el deber de adaptar lo eterno e inmutable de su sacerdocio a las exigencias de las formas nuevas de servicio que la perenne juventud de la Iglesia les ordena. Quien se anquilosa en las formas viejas traiciona la fidelidad de su propio sacerdocio. Quien se renueva con las renovaciones de la Iglesia es siempre sacerdote fiel y su fidelidad lo hace ser siempre sacerdote actual.

El atractivo irresistible que le mundo entero ha sentido por esos sacerdotes maravillosos que han ocupado la sede de Pedro es la demostración palpable que la eterna juventud del sacerdote aún cuando por edad parecen hombres viejos. El secreto de su actualidad fue su esfuerzo por servir a la Iglesia poniéndola a la altura de su tiempo y así resulta que para cada tiempo Dios ha dado su Iglesia un sacerdote cuya larga experiencia de años no los ha anquilosado sino que los ha preparado en una pastoral siempre actual para ser el Pastor preciso para la hora de su supremo ministerio.

Octogenarios como Juan XXIII y Pablo VI dejaron un soplo de primavera sobre la Iglesia actual. Casi desconocidos para todo el mundo los dos últimos Papas y con sólo su aparición congeniaron con la juventud y se ganaron el corazón de los pueblos. “Ustedes son la esperanza de la Iglesia…son mi esperanza”; dijo a los jóvenes sintíendose joven él mismo, Juan Pablo II el domingo recién pasado.
Este es también mi cordial felicitación y augurio de pastor y hermano a los queridos sacerdotes del jubileo de plata y a todos mis hermanos sacerdotes: ¡felicidades! y que una exquisita fidelidad a Cristo y a la Iglesia sea el secreto eficaz para ser siempre sacerdotes actuales.

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Nº. 4087 Pág. 1 GRATITUD Y LLAMAMIENTOOSCAR A. ROMEROARZOBISPO DE SAN SALVADOR

Por medio de este medio quiere agradecer a todas las personas e instituciones, su fraternal gesto de solidaridad, al manifestarle su condolencia por el fallecimiento de Su Santidad el Papa Juan Pablo I.Su corto pontificado fue suficiente para dejarnos un claro testimonio de sencillez evangélica, y un apremiante llamamiento para construir entre todos una Iglesia pobre, sencilla, sincera, fraternal, acogedora, justa…Al frente de esta tarea, tenemos ya un nuevo Papa que, con el nombre, ha heredado sin duda el espíritu de aquel Pastor que acabamos de llorar.Que nuestra plegaria y solidaridad con Juan Pablo II sea la expresión sincera de nuestro fiel “Sentir con la Iglesia”San Salvador, 16 de octubre de 1978

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Nº. 4087 Pág. 1 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

El Nuevo Papa
Bajo el Signo del DOMUND
Juan Pablo II llega a la sucesión del Primado universal de la Iglesia, cuando ésta se prepara a celebrar el DOMUND “Domingo mundial de las misiones” (22 de octubre).

Enmedio del regocijo que siempre despierta la elección de un nuevo Sucesor de San Pedro, y entre las múltiples reflexiones eclesiales que inspira este acontecimiento multisecular, yo quiero destacar un pensamiento misionero: Creo que es oportuno, pues me proporciona la ocasión más apropiada para cumplir en el “Día de las Misiones”, el grave deber pastoral de hacer eco al grito más apremiante de la Iglesia de Jesucristo.

Porque si la Iglesia existe y, para conservarla, Dios mantiene el milagro permanente de la sucesión ininterrumpida de los pontífices, es para “evangelizar a todos los pueblos”. Fue la evangelización del mundo el encargo que Cristo dio al primer Papa y a los primeros obispos como deber primordial y colegial. Desde entonces, la “sucesión apostólica” del Colegio episcopal, con el Papa como cabeza, no tiene otra razón de ser que la evangelización de todos los pueblos, con todo el amplio sentido que comprende esa palabra: evangelización.

Pero la evangelización integral de los pueblos no puede ser completa, permanente y eficaz mientras no se establezca en esos pueblos la jerarquía de la Iglesia en forma de territorio eclesiástico que se llaman “Diócesis” o “Iglesias particulares” con un sucesor de los apóstoles como cabeza. Y este es el trabajo específico de las “misiones” en sentido estricto. Predicar el Evangelio a quienes todavía no lo conocen y dejar establecidas, en nuevos territorios, con su propio Obispo y clero, las “Iglesias particulares” que, a su vez, sigan impulsando el dinamismo misionero universal.

En virtud de ese dinamismo misionero se va forjando con hombres de todos los pueblos y razas el único “Pueblo de Dios”. Por eso en la Iglesia-Pueblo de Dios nadie es extranjero en ninguna parte del mundo. Respetando la idiosincrasia de cada pueblo y adornándola de nuevos y más altos valores, la evangelización misionera está realizando el proyecto de Dios, Padre de todos los hombres: Dar unidad de familia a la pluriforme variedad de todas las razas.

Por eso es también todo un mensaje misionero la elección del nuevo Papa: Un Cardenal Polaco se ha convertido en Pastor de todos los pueblos. El nuevo Obispo de Roma pudo decir a su Diócesis en la misma noche de su elección: “Los Cardenales me han querido traer desde un país lejano para ser Obispo de Roma”. Y los romanos, confundido en la Plaza de San Pedro con una impresionante bienvenida de aplausos y vivas al Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal.

Vale la pena vivir el dinamismo misionero que nos imprimió el bautismo. Vale la pena colaborar con la Iglesia en su gran aventura misionera!.

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Nº. 4086 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Octubre, Mes de Las Misiones y del Nuevo Papa
En los últimos tres meses, la muerte de dos Papas y la elección de sus dos sucesores han subrayado la maravillosa unidad y universalidad de la Iglesia.

Cardenales que representan los diversos continentes y razas del mundo se reúnen este Sábado 14 de Octubre para elegir entre ellos a uno que no necesariamente debe ser un italiano y que, aunque por razones prácticas, sea un italiano, asumirá una responsabilidad eclesial, amplia como el mundo entero. El Papa es la máxima expresión de la unidad en la universalidad de la Iglesia; él tiene jurisdicción pastoral directa e inmediata en todas las zonas de la Iglesia universal; sólo el que esté en comunión con él es verdadero católico; y quien rompe con su comunión se autoexcomunga de la Iglesia.

Pero lo que quiero motivar con esta consideración sugerida por los actuales acontecimientos pontificios, es el carácter misionero de la Iglesia. Quiero invitar a mis amables lectores, sobre todo si son católicos, a celebrar con el espíritu de Cristo y de su Iglesia, el próximo “Día Universal de las Misiones” que tendrá lugar, este año, el domingo 22 de Octubre.

Lo que se celebra el “Día de las Misiones” es el carácter universal de la Iglesia: “Id y predicar el Evangelio a todo el mundo” es el mandato de Cristo que rubricó el carácter universalista de su Iglesia. No fue una consigna reducida a la Jerarquía; fue un dinamismo impreso a todo el cuerpo de la Iglesia. Es toda la Iglesia -con el Papa y los Obispos a la cabeza, pero también con todos los sacerdotes y religiosos y religiosas y laicos que integran su cuerpo- es toda la Iglesia la que debe vivir como naturaleza el dinamismo misionero.

En Resumen: La Iglesia o es misionera o no es Iglesia
Naturalmente que esto no quiere decir que todos los católicos deben dejar su patria para irse a tierras de misiones. No todos tienen vocación para misioneros, pero quiere decir que todos los católicos debemos vibrar con la preocupación misionera; y sintiendo como propio el problema misionero, todos los católicos deben aportar la colaboración de sus oraciones, de su apoyo moral y también económico a la gran aventura que Cristo confió a nuestra Iglesia: la de evangelizar a todos los pueblos.

El espectáculo inigualable de un Colegio Cardenalicio cosmopolita, reunido en la Capital del Catolicismo para erigir un nuevo signo de la unidad eclesial universal, se convierte también en un espléndido mensaje de la Iglesia misionera. Representantes de todos los continentes, unidos en la preocupación de un nuevo Papa, son la figura de los pueblos que, misionados por la Iglesia, se convierten al mismo tiempo en signo e instrumento de la Iglesia, misionera del mundo.

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Nº. 4085 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Juan Pablo y América Unidos Para Siempre
El breve pontificado del Papa Juan Pablo I -concluido en la media noche del 28-29 de septiembre recién pasado- ha sido suficiente para dar una densa respuesta de Dios al mundo actual.

La luz de su cuarto quedó encendida mientras repentinamente se apagó su vida terrenal con el libro inmortal de Kempis “La imitación de Cristo” entre sus manos.

¿Qué otra luz necesita el mundo para no andar ya en tinieblas?
Hombres como Juan Pablo son las antorchas que quería encender Jesucristo cuando mandó a sus cristianos que fueran “luz del mundo y sal de la tierra”. Y sólo se puede ser así cuando se hace móvil y modelo de la propia vida, al Hijo de Dios que se hizo Hijo del hombre para encerrar en vivencia humana la luz de Dios. Sólo El puede decir: “Yo soy la luz del mundo y el que me sigue no anda en tinieblas”. Por ese seguimiento fiel de Cristo, se puede decir el breve pontificado de Juan Pablo I lo que el Evangelio de San Juan dice de Juan Bautista: “No era él la luz, pero vino para presentar al que es la luz”. Fue como Juan el precursor: Su amplia sonrisa que lo caracterizó fue transparencia de la luz, trasunto de Jesús: “manso y humilde de corazón”, pobre y desapegado de las vanidades y de las intrigas del mundo aunque se apelliden “eclesiásticas”, heraldo de la buena doctrina, sin alardes de inquisidor, firme defensor de una disciplina más apoyada en la convicción y en el amor que en la legalidad, mano tendida a todos los hombres desde la autenticidad e identidad de la Iglesia de Jesús.

Quiero concluir esta pincelada póstuma de Juan Pablo con un impresionante rasgo mariano y latinoamericano. El único mensaje radiofónico de Juan Pablo II a América Latina, fue dirigido el 24 de septiembre a la concentración del Tercer Congreso Mariano de Ecuador. Breve como su pontificado, fue suficiente para expresar en poco más de un minuto la sintonía de amor a la Virgen Madre de Jesús, que unió para siempre el corazón del Papa muerto con el corazón de nuestra América. Dijo así Su Santidad:
“Con sumo gusto queremos unir nuestra voz a la vuestra, desde esta Roma centro de la catolicidad, para tributar un homenaje de filial devoción y amor a nuestra Madre del Cielo, la Santísima Virgen María.

Sabemos que estáis celebrando el Tercer Congreso Mariano Nacional, bajo el lema: “El Ecuador por María a Cristo”. Haced de este lema todo un programa de vida y de acción apostólica, María, la Madre de Cristo, Madre de la Iglesia y Madre dulcísima de cada uno de nosotros, sea siempre vuestro modelo, vuestra guía, vuestro camino hacia el Hermano Mayor y Salvador de todos, Jesús.

Y sea también Ella, en este momento difícil y lleno de esperanza, la estrella de la Evangelización en Ecuador y en toda la América Latina.
Con gran afecto paterno y en comunión de plegarias os bendecimos a todos Pastores y fieles, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

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Nº. 4084 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Quiero llevarlos a todos a Puebla

Como todos los Obispos que tendremos la responsabilidad de participar en la próxima reunión de Puebla, he recibido el “Documento de trabajo” y preparo mi viaje a México. voy llevando una doble representación: como Arzobispo de San Salvador y como consultor de la “Comisión pontificia para América Latina” (CAL). Esto significa una doble perspectiva del tema de Puebla; es mirar la tarea evangelizadora de la Iglesia en América Latina desde las preocupaciones universales del magisterio pontificio y desde nuestras realidades locales.

La “Comisión para América Latina” es un organismo de la Santa Sede para atender mejor la vida eclesial de nuestro Continente; la integran Prelados y expertos que trabajan directamente en Roma o que aportan experiencias de diversas regiones latinoamericanas. Bajo este aspecto mi modesta aportación a Puebla significa una colaboración con la misma responsabilidad universal del Papa. Pero esta colaboración pontificia va marcada naturalmente con mi experiencia local; es mi experiencia pastoral de la Arquidiócesis, englobada en la realidad de nuestra región, la que dará la fisonomía propia de mi responsabilidad como consejero de la CAL. Por eso he dicho que no voy solo; sino llevando espiritualmente toda esta rica comunidad de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que componen la Arquidiócesis de San Salvador.

Y para eso escribo principalmente este comentario. Para pedir, a todos los que se interesan por vivir y dar vida de Evangelio a nuestra Iglesia particular, que vengan conmigo a Puebla. Es una hora muy importante para toda nuestra América y para toda la Iglesia; y esta hora trascendental de nuestra historia ningún Obispo puede vivirla él solo. Necesito vivirla en compañía intensa de toda mi comunidad Arquidiocesana; necesito sentir el respaldo espiritual de todas las comunidades en oración; necesito el apoyo moral del interés eclesial con que la Diócesis debe seguir este nuevo Pentecostés de América.

Que gusto me dio una expresiva carta de una fervorosa enfermita de chapeltique: “Quiero ser quizá la prima en acompañarlo así a Puebla, pues UD, dijo ayer por radio que no quería ir solo, quería llevarnos. Pues aquí me tiene aunque sea una pobre enferma, le ofrezco todos mis sufrimientos físicos y morales, con esto le acompaño desde ahora hasta que venga feliz, más lleno del Espíritu Santo.
Ojalá que este gesto ejemplar de Doña Guadalupe de Jesús de Tario encuentre eco en todos los corazones de mi querida Arquidiócesis para levarla como una rica ánfora de plegarias y méritos que haga útil en las tareas de Puebla, la doble significación de mi presencia allá.

Cumpliremos así uno de los más bellos designios del Señor: que las riquezas espirituales de una Diócesis “como porción de la Iglesia universal, contribuyen eficazmente al bien de todo el Cuerpo Místico, que es también el Cuerpo de la Iglesias” (cfr. L. G. 23).

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MONSEÑOR ROMERO ENVÍA TELEGRAMA AL ARZOBISPO

MONSEÑOR ROMERO ENVÍA TELEGRAMA AL ARZOBISPO DE MANAGUAARQUIDIÓCESIS SOLIDARIA PREOCUPACIONES IGLESIA Y PUEBLO NICARAGÜENSE PROMUEVE TRIDUO ORACIONES Y SOLICITA AYUDA FRATERNAL.CariñosamenteOscar A. RomeroArzobispo San SalvadorNota:Triduo se celebrará Lunes, Martes y Miércoles a las 7:00 p.m. en catedral, se invita a los párrocos a celebrarse en las parroquias en la hora conveniente y se hace un llamamiento acordando una ayuda en ropa, víveres, etc. Puede llevarla al Arzobispo y a las parroquias.

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Nº. 4083 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Cinco jubileos sacerdotales
El 19 de Septiembre cumplió 25 años de vida sacerdotal el Señor Obispo de Santiago de María Monseñor Rivera y Damas y el 22 de este mismo mes celebraron 50 años de fidelidad a su vocación de sacerdotes los Padres Redentoristas Eladio Buznego, Jesús García Portero (“Padre Chusito”), Agustín Dávalos y Joaquín Mendoza.

En sus respectivos ambientes pastorales y familiares ha habido, alegría, acción de gracias, recuerdos y augurios. Yo también quiero unirme a los nobles sentimientos que provoca esta circunstancia en torno de tan buenos amigos. Pero, sobre todo, quiero aprovechar tan bella ocasión para llevarles a los festejados a quienes los festejan un pensamiento de fe que invite a proyectar, en su misteriosa dimensión, el sacerdocio que celebramos encarnado en esas cinco vidas.

El Sínodo Episcopal de 1971 que estudió el ministerio sacerdotal, escribió esta frase audaz: “faltando la presencia y la acción del ministerio sacerdotal, la Iglesia no puede estar plenamente segura de su fidelidad y de su visible continuidad” (De Sacerdotio ministeriali, 1ª parte n.4)

Efectivamente, la Iglesia es la comunidad de hombres que Cristo fundó para asociarla con él y prolongar en el mundo la salvación de los hombres. La fuerza y la eficacia de la Iglesia le vienen del mismo Cristo que está presente, vivo y actuante en ella. Hacer sensible en el mundo esa presencia y esa acción divina es la misión del sacerdote y del Obispo, autorizados por el “carácter” de su ordenación sacerdotal para tan sublime representación. Son pues, los Obispos y los sacerdotes, en el uso de su carisma sacerdotal, quienes evidencian que Cristo vive y actúa en la Iglesia. Son los sacerdotes y los Obispos quienes garantizan a la Iglesia su fidelidad a Cristo y hacen visible y palpable la continuidad de su misión divina. Son los Obispos y los sacerdotes como las credenciales que la Iglesia presente al mundo para acreditar la presencia de Cristo Redentor del mundo en medio de ella.

Pero Cristo, el resucitado, vive y actúa impulsando la creación y la historia hacia la restauración final. “Siervo de Yahvé” él asumió todo el dolor y todo el pecado del mundo para transformarlo en la justicia y en la gloria de Dios. Si pues, la Iglesia y su concreción en el sacerdote es la participación ontológica y dinámica del mismo sacerdocio de Cristo, Iglesia y sacerdotes no podrán ser auténticos si no se responsabilizan, según su vocación y su misión, de las situaciones humanas concretas, orientándolas hacia la restauración en Cristo. Sólo hay Iglesia verdadera y auténtico sacerdocio si se encarna la fuerza del Evangelio de Cristo en la realidad del mundo para derrocar en él el pecado e implantar en él el Reino de Dios.

Por eso son dignos de admiración, de agradecimiento, de felicitación y de oración la vidas que durante 25 y 50 años han sustentado en medio del mundo la misión de la Iglesia y de la presencia dinámica de Cristo.

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Nº. 4081 Pág. 1 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Nuestra Carta Pastoral, una Invitación al Diálogo
Circulan, en estos días, dos nuevas ediciones de la Carta Pastoral sobre las “Relaciones entre la Iglesia y las organizaciones políticas populares”: una en folletos especiales y, otra en las páginas de “Orientación” de esta semana. Lo que significa un número de 30,000 ejemplares más de unas orientaciones pastorales y teológicas dedicadas a nuestro pueblo para ayudarle a reflexionar y a llevar ala práctica concreta las exigencias de la Palabra de Dios y los reclamos de la justicia evangélica en las concreciones sociales, económicas y políticas.
Estas nuevas ediciones realizadas ya en la primera semana de la aparición de nuestra Carta Pastoral indica, con evidencia consoladora, el interés y acogida que nuestro pueblo le está dispensando.

Hemos de agradecer este maravilloso gesto de comprensión que muchos nos estimula. Pero principalmente queremos orientar este interés hacia una profundización en la conciencia individual y social de las ideas maestras de nuestra Epístola: El derecho de asociación de todo hombre sin discriminaciones, el apoyo evangélico a las justas reivindicaciones del pueblo, el repudio de lo injusto, la verdadera naturaleza y misión de la Iglesia y sus relaciones con los grupos humanos que promueven los objetivos justos de nuestro pueblo especialmente campesino y una iluminación cristiana del horroroso mundo de la violencia.

Son conceptos muy difíciles, no tanto por su teoría cuando por sus concreciones en nuestra complicada realidad nacional. Por eso no basta una simple lectura superficial. Nuestra carta está escrita más bien para provocar y facilitar las reflexión principalmente comunitaria, siguiendo el consejo del Papa Pablo VI de Santo recuerdo: “Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de su país, esclarecida mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción según las enseñanzas sociales de la Iglesia…y discernir, con la ayuda del Espíritu Santo, en comunión con los Obispos responsables, en diálogo con los demás hermanos cristianos y todos los hombres de buena voluntad, las opciones y los compromisos que conviene asumir para realizar las transformaciones sociales, políticas y económicas que aparezcan necesarias con urgencia en cada caso… “(Octogésima Adveniens n.4) . Los comentarios ya están llegando abundantes: la mayoría muy laudatorios, otros más bien exigentes, han surgido también ya voces de rechazo y distorsión. En un diálogo todos los criterios deben hablar con tal que no estén inclinados ya a intereses y prejuicios sino que se hagan con sincera búsqueda de la verdad.

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Nº. 4080 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

El Nuevo Papa y Nuestra Carta Pastoral
Se me ocurre muy carismática la coincidencia, en el mismo día, sábado 26 de agosto, de la elección del nuevo Papa Juan Pablo I con la aparición de la Carta Pastoral que el Señor Obispo de Santiago de María y este servidor hemos ofrecido a la reflexión de nuestras Diócesis.

Porque, más que a la coincidencia de fechas, me refiero a la sintonía de espíritus. La figura del nuevo Papa se está perfilando con rasgos de sencillez, de humildad, de sincera simpatía y amor a los pobres, de servicio abierto al mundo hasta ofrecer en su programa un diálogo abierto con los no cristianos. Pero toda esta encarnación en el mundo y los problemas contemporáneos no comprometen en nada su fidelidad y servicio a la identidad y a la doctrina de la Iglesia. Al contrario, reafirma la identidad de la Iglesia para servir mejor al mundo.
No ha querido ser otro el espíritu que inspiró nuestra Carta Pastoral sobre “la Iglesia y las organizaciones políticas populares”. Muy bien comentó nuestro periódico “Orientación” al describir ese espíritu como “humildad y actitud de servicio” y al indicar nuestro punto de perspectiva: “desde el pobre y desde la fe para un discernimiento pastoral”.

Al ir conociendo la personalidad del nuevo Papa, sentimos la satisfacción de que nuestra Carta Pastoral, escrita bajo la inolvidable impresión de la “visita ad limina” ya no sólo recoge el dulce testamento de las palabras que Pablo VI nos dirigió el 21 de junio sino que congenia plenamente con el espíritu de su Sucesor.

El problema de las “organizaciones políticas populares”, tema de nuestra Carta, es la expresión angustiada de un campesinado que tiene hambre y sufre injusticia y atropello y lucha por su justa reivindicación.

No olvidamos tampoco su pecado y por eso le hablamos también de conversión. Pero en vez de poner el énfasis en su pecado para condenarlo o desconocerlo y hacerse cómplice de la opresión y de la represión que está sufriendo, nos pareció mucho más pastoral tratar de llamarlo a reflexión para que sepa que hay una Iglesia que, sin comprometer su identidad ni su misión está muy cerca de él y se preocupa por comprender sus esfuerzos reivindicativos para purificárselos e inserirlos en la liberación global que ella predica desde Cristo.

Estamos seguros de que Juan Pablo I haría lo mismo, porque así también lo hicieron sus dos antecesores de quienes ha querido heredar los dos nombres: más propensos al diálogo que a la condenación.

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