Semanario Orientación

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Telegrama de Adhesión de la Arquidiócesis de San Salvador a Juan Pablo ISan Salvador, 27 de agosto de 1978Su Santidad Juan Pablo ICiudad del VaticanoRomaArquidiócesis San Salvador expresa jubilosa comunión con vuestra Santidad implora bendición.Oscar A. RomeroArzobispo

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Nº. 4079 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Unánime en oración y comunión de Iglesia

El mismo Papa Pablo VI que no con su sentida muerte ha deja la Iglesia universal en “sede vacante” nos enseña el espíritu con que hemos de vivir estos días de orfandad y de expectativas. Gracias a una sugerencia del Padre Jaime Martínez puedo ofrecer el siguiente fragmento de la Constitución Apostólica “Romano Pontifici eligendo” en la que Pablo VI, el 1º. de octubre de 1975, dio las leyes que están cumpliendo en estos días los Cardenales para elegir al nuevo Papa y alentó el espíritu de oración y comunión que debemos vivir todos los miembros del Pueblo de Dios.

HE AQUÍ EL N. 85 DE DICHO DOCUMENTO:
Durante la celebración del Cónclave, la Iglesia está unidad de manera muy particular con sus pastores y especialmente con los cardenales electores del Sumo Pontífice, y pide a Dios el nuevo Jefe como un don de su bondad y providencia. De hecho, a ejemplo de la primera comunidad cristiana de la que habla en los Hechos de los Apóstoles (1,14), la Iglesia universal, unida espiritualmente a María, Madre de Jesús, debe “perseverar unánimemente en la oración”; de esta manera, la elección del nuevo Pontífice no será un hecho aislado del Pueblo de Dios y reservado al solo Colegio electoral, sino que, en un cierto sentido, será una acción de toda la Iglesia. Por ello establecemos que en todas las ciudades y en los otros lugares, al menos en los más importantes, después de haberse recibido la noticia de la muerte del Papa y tras la celebración de las exequías por él, se eleven humildes e insistentes oraciones al Señor, para que ilumine a los electores y los haga tan concordes en su tarea que se obtenga una pronta, unánime y fructuosa elección, como exigen la salvación de las almas y el bien de todo el mundo.

Vivamos pues la espiritualidad expectante de esta preciosa hora de la Iglesia. Y la elección del nuevo Papa será el fruto de un diálogo entre los hombres que se unen y oran y Dios que nos dará un nuevo Pontífice “como un don de su bondad y providencia”.

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Nº. 4078 Pág. 3 ¿Qué espera el mundo del nuevo Papa?

POR MONSEÑOR OSCAR A. ROMERO,
ARZOBISPO DE SAN SALVADOR
“Su tumba no puede encerrar su rica herencia”, expresó el Cardenal Juan Bautista Montini en el funeral de Juan XXIII en la Catedral de Milán. Y quién le hubiera dicho al Cardenal Montini que, pocos días después, sería él quien recogería de aquella tumba la misteriosa herencia del Sumo Pontificado. “Procedamos en el nombre del Señor” dijo el nuevo Papa Montini al tomar en sus manos aquella herencia que en quince años fecundos se ha enriquecido aún más.

Hoy como entonces, la tumba de Pablo VI es más que tumba un seno grávido de luces y esperanzas que está para abrirse en una nueva floración de la Iglesia. Su tumba no puede encerrar su rica herencia. Y otro Papa que ya está preparado por Dios entre los mismos Purpurados que se reunirán a elegirlo, levantará la pesada carga para llevarla todavía más allá marchando con la historia.
cada Papa, sin cambiar en nada la eterna razón de ser del Papado, lo va enriqueciendo y adornando más con sus bellas cualidades personales Juan XXIII al presentarse al mundo interpretaba así la expectativa de los hombres y el verdadero papel del Papa: muchos se preguntan ¿cómo será el nuevo Papa? ¿Un estadista? ¿un organizador? ¿un diplomático? etc.

Todos esos se equivocan, porque todas esas bellas cualidades humanas pueden ser adornos de un Pontífice, pero su verdadera misión consiste en ser un buen Pastor.

Esto es lo eterno y lo divino del Papa: seguir cumpliendo el mandato de Cristo a Pedro: “apacienta mis ovejas”; ser un signo humano de la divina figura del Buen Pastor.

Pablo VI fue también ante todo un Buen Pastor. Pero su personalidad humana, como todos los Papas, imprimió una fisonomía propia que al morir deja más bella, rica y prestigiada la divina misión que otro asumirá para marcarla con sus propios carismas personales. Entre los carismas de que Dios dotó a Pablo VI yo señalaría estos: una gran claridad de mente y de expresión para dar a conocer la identidad de la Iglesia como prolongación de Cristo en el mundo; una gran audacia para llevar la Iglesia, sin perder en nada su identidad, hasta las avanzadas más peligrosas del mundo actual; por tanto una gran apertura para el diálogo con todos los hombres y una gran comprensión de todas sus angustias y esperanzas: una teología muy puesta al día para orientar desde Dios, la ciencia y la técnica más moderna; sobre todo una supremacía absoluta de lo espiritual y de lo eterno y un respeto insobornable a la ley de Dios y a los principios del Evangelio.

¿Cuál será la fisonomía con que el nuevo sucesor de Pedro adornará y enriquecerá en el tiempo esa eterna y divina sucesión? Las cavilaciones de los hombres que insinuó Juan XXIII se están multiplicando hasta los límites ridículos de cavilar con una novela de moda, si el nuevo Papa será un comunista. No temamos, pues no son los hombres sino Cristo quien construye la Iglesia. Y nuestra fe está segura de que la conciencia del nuevo Papa pondrá la rica experiencia de su vida al servicio del supremo encargo del Señor: “Apacienta mis ovejas”.

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Nº. 4082 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

El Papa ilumina la línea de Puebla y de Nuestra Arquidiócesis
En su primer mensaje a la Iglesia y al mundo, el Papa Juan Pablo I recalcó la primacia de la evangelización en la misión de la Iglesia: “Queremos recordar a toda la Iglesia -dijo el nuevo Papa, el 27 de agosto que su deber primordial es la evangelización, cuyas líneas maestras, nuestro predecesor Pablo VI condensó en su documento memorable; animada por la fe, alimentada por la caridad y sostenida por el alimento celestial de la Eucaristía, la Iglesia debe buscar todos los caminos, emplear todos los medios, a tiempo y a destiempo” (2 Tim. 4,2) para sembrar la Palabra, proclamar el mensaje, anunciar la salvación que despierta en los espíritus la inquietud por indagar la verdad y, con la ayuda de lo alto, los sostiene en ese afán. Si toso los hijos de la Iglesia fueran misioneros incasables del Evangelio, florecerían con nuevo vigor la santidad y renovación en este mundo sediento de amor y de verdad”.

Se me ocurre hacer tres aplicaciones de estas palabras programáticas del nuevo Pontífice: a Puebla, a nuestra reciente Carta Pastoral y a la línea pastoral de nuestra Arquidiócesis. Cuando América Latina está llegando a la cita de sus Obispos en Puebla (12-28 de octubre) qué esperanzadora resulta esta coincidencia de la mente del nuevo Papa con el tema y la preparación de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano: “La evangelización de América Latina en el presente y en el futuro”.

Por encima de lo mucho que se ha hablado y escrito acerca de este próximo evento continental, una sola cosa debe prevalecer en la preocupación y en la oración de todas nuestras comunidades y cristianos: La Evangelización. Una evangelización que haga realidad en las fértiles tierras de América ese florecimiento de “santidad y renovación” que responsa al ansia “de amor y de verdad” que tienen nuestros pueblos, una evangelización que no esté lejana de nuestra realidad sino que encarne sin ingenuidades y sin miedo las necesidades y la defensa de nuestra gente. Una Evangelización que haga sentir el paso de Jesús “hoy y aquí”.

Siento también en la confianza que pone el Papa en la fuerza del Evangelio una confirmación de mi confianza expresada en nuestra Carta Pastoral al enfrentarse a las dificultades del país. “Sentimos -afirma nuestra carta – que la luz con que nuestra Carta quiere iluminar el camino de nuestras Diócesis, es la luz auténtica del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia…y que tiene claridades y energías muy válidas para ofrecer- desde el análisis de los acontecimientos que nos anegan en un mar de amarguras y confusiones- una respuesta eficaz a los serios interrogantes que se nos hacen acerca de un posible camino de salida para el difícil momento que atraviesa el país”.

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Nº. 4077 Pág. 3 Muerte que es esperanza

MENSAJE DEL ARZOBISPO DE SAN SALVADOR
EN LA MUERTE DE S.S. PABLO VI
Nuestro querido Padre Santo, Su Santidad Pablo VI, murió pensando en el Divino Patrono de El Salvador y en los pobres. Sobre el escritorio de su residencia veraniega, donde lo sorprendió la muerte en la noche del 6 de agosto, se encontró el breve mensaje escrito que no pudo leer en su acostumbrado rezo del Angelus al mediodía del domingo. Pero la Radio Vaticana lo ha difundido y parece un suspiro de esperanza del peregrino cansado que ya avisora cercana la meta de su propia transfiguración y un abrazo de comprensión y esperanza a los pobres.

Hermanos e hijos carísimos: la Transfiguración del Señor, recordada por la liturgia en esta solemnidad de hoy, arroja una luz deslumbrante sobre nuestra vida cotidiana y nos hace volver la mente a nuestro destino inmortal que este hecho ilumina. Sobre la cima del Tabor Cristo devela por un instante el esplendor de su divinidad y se manifiesta a los testigos escogidos como Hijo de Dios. El realmente es la irradiación de la gloria del Padre y la impronta de su sustancia. Pero hacer ver también el destino trascendental de nuestra naturaleza humana que él mismo ha tomado para salvarnos, destinada también ella porque está redimida por su sacrificio de amor irrevocable, a participar de la plenitud de la vida en la suerte de los santos, en la luz. Aquel cuerpo que se transfigura ante los ojos atónitos de sus discípulos es el cuerpo de Cristo nuestro hermano pero es también nuestro cuerpo llamado a la gloria. Aquella luz que lo inunda es y será también nuestra parte de herencia y de esplendor. Estamos llamados a convivir esta gloria porque somos participantes de la naturaleza divina”.

El Papa agregó que este mensaje final de su vida es un recuerdo cariñoso a quienes, en esta época de las vacaciones festivas, no pueden tenerlas por las circunstancias sociales y económicas del mundo en que vivimos.

Recogemos con veneración y cariño este breve testamento espiritual de Pablo VI. Una breve síntesis de su magisterio y de su pontificado que desde un Concilio Ecuménico, unas encíclicas magistrales, unas actuaciones pastorales y una interminable catequesis al pueblo de Dios, orientó la Iglesia de nuestro tiempo a un culto consciente hacia Dios por Cristo en el Espíritu y a un evangélico servicio y amor a los pobres y al mundo.

Por mi parte consideraré también como privilegiada herencia y despedida de Pablo VI los momentos íntimos de la inolvidable mañana del 21 de junio cuando estrechando fuertemente mis manos “confirmaba” con esas mismas orientaciones mi servicio pastoral a esta Arquidiócesis.

Un pensamiento religioso que subraye en nuestra vida y en nuestra pastoral la supremacía absoluta de nuestra transfiguración en Cristo, pero que al mismo tiempo nos lleve a preocuparnos y a trabajar por las necesidades concretas de un pueblo esclavizado por el egoísmo y los demás pecados sociales. Esa es la herencia espiritual de Pablo VI que coincide con el mensaje de nuestras fiestas patronales de la Transfiguración. Comprenderla y realizarla es la mejor manera de honrar la memoria del Papa que muerte y afianzar la comunión jerárquica de nuestra Arquidiócesis y de nuestra Iglesia Universal.

Invitamos a toda la Comunidad de la Arquidiócesis a unirnos en oración por nuestro Santo Padre el miércoles 9 de agosto a las 12 m. en nuestra Catedral.

Oscar A. Romero y G.

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Nº. 4076 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

La Fiesta del Divino Salvador
Esta semana se han celebrado las fiestas Patronales de la Diócesis hermanas de Santiago de María (el 25 de julio) y de Santa Ana (el 26); y el próximo 6 de agosto será la Fiesta del Patrono de la Arquiriócesis, el Divino Salvador del Mundo, que, así como nuestra Señora de la Paz, es también Patrono de toda la Nación.

Al enviar un saludo fraternal a las dos Diócesis protegidas por el Apóstol Santiago el Mayor y por Señora Santa Ana; y al hacer un llamamiento fervoroso a la Arquidiócesis y al país entero a celebrar con entusiasmo cristiano nuestras tradicionales fiestas agostinas, quiero ofrecerles esta moderna reflexión.

En una vertiginosa carrera de secularización, muchos ha perdido el sentido religioso y eclesial de las fiestas patronales de la Diócesis o del país. Y sería ingenuo querer detener esa carrera o lamentar la pérdida de tradiciones que ayer tuvieron su razón de ser pero que hoy debe ceder el paso a nuevas exigencias. Lo que no hay que perder es lo esencial del contenido y de la misión de las fiestas patronales.
Lo esencial que nuestra fiesta litúrgicas y populares deben ofrecer a la Diócesis y a la Patria es un triple sentido de unidad, de trascendencia y de protección. Esto es lo inmutable. Esto debe marcar el fruto moral, humano y cristiano de nuestras celebraciones, cualquiera sea el ropaje de la celebración exterior.

El Patrono es ante todo una fuerza de unidad. Une en el mayor y en el ideal. Es maravillosa la expresión de alegría y amistad que une los corazones en el recuerdo del Patrono. Y si la iglesia es esa comunidad universal que sabe conjugar maravillosamente la unidad en la variedad, el patrono imprime en las Comunidades locales una fisonomía espiritual que los distingue en el concierto de la unidad universal a unas de otras. Junto con el Patrono naturalmente está la fuerza jerárquica del propio Obispo que no puede prescindir de la fuerza y característica unitivas del Patrono de la Diócesis, para hacer una pastoral adecuada a la índole de su pueblo.

El Patrono es también reclamo de trascendencia. En los afanes temporales de la Iglesia, el Patrono es un recuerdo cristiano de su destino escatológico. Pero no es una escatología y trascendencia desencarnadas. Como voz y mensaje de un más allá de la historia, es un recuerdo de que ese más allá se labora en el más acá de los propios deberes. El Patrono generalmente fue un caminante de esta tierra y sigue acompañando, desde su eternidad, todas las vicisitudes del reino de Dios que se establece y peregrina en la historia del mundo.

Finalmente la fiesta del Patrono despierta un sentimiento de esperanza y seguridad porque significa una fuerza de protección. La seguridad del triunfo que ellos ya saborean, la posesión de una vida apoyada con plenitud en el amor del Omnipotente, se hace seguridad y vida de los protegidos que, sin anular sus esfuerzos personales, se vuelven más arrestosos y firmes en las batallas del reino de Dios para procurar un mundo más feliz para los hombres.

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Nº. 4073 Pág. 8 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

En Comunión con el Papa

SALUDO, AGRADECIMIENTO Y MENSAJE RECÍPROCO.
UN SALUDO
Como lo llevé al Santo Padre en nombre de toda la Comunidad Arquidiocesana, lo traigo del Papa a todos mis queridos hermanos el Señor Obispo Auxiliar, los sacerdotes, las comunidades religiosas y los laicos. Y desde la Iglesia, que forma una sola familia con el Papa, un saludo también a todos los salvadoreños por quienes Su Santidad me expresó profundos sentimientos de admiración, de comprensión y amor.

Y, junto al del Papa, mi saludo de pastor a quienes me han recibido con acogedora bienvenida y a quienes me ven volver con curiosidad y hasta con indiferencia, o talvez con odio gratuito…a todos mi saludo de pastor, es decir, de servidor, de amigo, de buena voluntad. No se puede aprender otro sentimiento junto a aquella sucesión de San Pedro cuya única razón de ser es continuar entre los hombres el amor universal de Jesucristo.

UN AGRADECIMIENTO
También lo llevé al Papa y lo traigo a mi pueblo. Agradecí al Santo Padre su “servicio apostólico” que por amor a Cristo lo ha hecho esclavo de todos los pueblos. Servicio Apostólicos que es signo e instrumento de la unidad de toda Iglesia, cátedra y luz de la verdad de Dios, en el mundo, amor y severidad que estimula el bien y denuncia la maldad y la injusticia de todos los hombres de todos los pueblos.

Y como humilde expresión de la gratitud y el cariño de mi pueblo puse en sus manos unos pequeños obsequios y unas cartas campesinas y el retrato manchado con su sangre del Padre Alfonso Navarro… unos modestos signos del ofertorio de nuestra Patria que tanto la ama. Así lo entendió el Papa cuando abrió sus manos para recibírmelos con una sonrisa paternal.

Y junto a la gratitud emocionada del Padre común, yo también quiero dejar constancia de mi agradecimiento a quienes me hicieron compañía espiritual en este viaje para mí tan decisivo.

Gracias por sus oraciones, por sus palabras de aliento y de asesoramiento, por el testimonio de solidaridad tan abundante.
Gracias especialmente a los amigos artífices de la opinión pública por haber hecho sentir en la prensa, la radio y la televisión la importancia de mi viaje como comunión de fe y pastoral con el Maestro y Pastor Supremo de la Iglesia.

Y UN MENSAJE
También es un mensaje recíproco. Porque, sobre todo después del Concilio Vaticano II, Roma no sólo enseña y se siente autoridad, sino que la prestancia de la Iglesia particular, es decir de la Diócesis, donde la Iglesia universal se hace acontecimiento salvífico y magisterio de fe para las circunstancias concretas de los pueblos- es muy tenida en cuenta para escucharle sus problemas y las aplicaciones concretas de la doctrina universal. Y en este sentido puedo decir que mi viaje a Roma también llevó un mensaje de nuestra Arquidiócesis que fue acogido con comprensión.

Pero sobre todo mi regreso viene denso del mensaje de Roma para nuestra Iglesia particular. El diálogo franco y fraterno con la Sagrada Congregación para los Obispos, con la Secretaría de Estado de Su Santidad, y con los Sagrados Dicasterios para la Educación (Seminarios), para el clero, para los religiosos, para sacramentos y culto, justicia y paz, etc, dejan en la mente y en la conciencia del Obispo que hace su “visita ad limina” verdaderos focos de orientación y aliento para proseguir con nuevo esfuerzo y mayor perfección la tarea pastoral de la evangelización del pueblo.

Sobre todo cuando el mismo Papa resume en su breve audiencia la densidad de aquellos diálogos, el mensaje de Roma se hace más que síntesis, amor, fuerza, alegría.

Es tan denso todo esto que seguirá ofreciendo tema para otros artículos.

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Nº. 4072 Pág. 3 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Franciscanos dialogan con Monseñor Romero
Desde la época Colonial los Padres Franciscanos han estado en nuestro país como servidores de la Iglesia en medio del pueblo, acompañándolo en sus necesidades.

En nuestra Arquidiócesis tienen un seminario menor y son responsables de muchas comunidades Parroquiales en San Salvador y Chalatenango.

El 13 de junio pasado un grupo de seminaristas franciscanos, que estudian en Guatemala visitaron a Monseñor Romero. Del diálogo sostenido transcribimos a continuación:

ADHESIÓN DE LOS FRANCISCANOS A MONSEÑOR ROMERO
“Monseñor, nosotros estudiantes de Filosofía, nacidos en Centroamérica, hay aquí Guatemaltecos, Nicaragüenses, Ticos, Panameños y Salvadoreños, hemos venido acá porque al sentirnos miembros de la Iglesia Universal y en comunión con toda Iglesia viva que lucha por el Reino de Dios, queremos con este gesto tan insignificante, como es nuestra humilde visita, demostrarle que nosotros lo apoyamos con nuestras oraciones, a usted que es un auténtico Pastor en quien las gentes pueden ver autenticidad y pureza de vida, pues sabemos de lo mucho que usted se interesa por la Iglesia y por las necesidades del pueblo. Es usted verdadero servidor de Dios en donde actúa la fuerza del Espíritu, para llevar la verdad con las armas de la justicia, para defender la Iglesia y mostrar que la Iglesia está viva y presente en el mundo. Sabemos de las muchas ofensas y críticas que usted recibe, por eso nuestra presencia aquí quiere pedirle que siga siendo el Profeta que nuestra Iglesia necesita y pensamos que esa es la misión de todo Pastor, ser un Profeta para su pueblo: un hombre que luche, que diga la verdad y que la gente sienta que está con el pueblo y sufre con el pueblo.

Apoyarle a usted es lo que nos ha traído acá. Reciba pues Monseñor nuestros sentimientos filiales para con usted y nuestra hermandad con los sufrimientos de la Iglesia de aquí de El Salvador”.

MONSEÑOR ROMERO CONTESTÓ:
“Esta interpretación de toda una juventud Franciscana aquí presente me llena el corazón de veras, porque para mí los desgarres más dolorosos son los intraeclesiales como también los consuelos más grandes son los intraeclesiales. Cuando dentro de la Iglesia encontramos una juventud con vocación a ese mismo sacerdocio profético pues uno se siente fuerte, y a la vez cuando dentro de la misma Iglesia hay sospecha, uno también se desalienta un poco. Pero esa hermosa página de San Pablo que han interpretado a mí me alienta mucho…eso de saber que el que quiera meterse a redentor tiene que morir crucificado…pero cuanto más fielmente busquemos seguir a Jesucristo y a su Evangelio El nos va dando el consuelo al que laude San Pablo. Es para mí una idea genial a su paso por San Salvador venir a dejar aquí este mensaje de la juventud Franciscana. Me alegra que ustedes como nacidos en estos pueblos Centroamericanos, tan necesitados de profetas y de sacerdotes que no se instalen en la comodidad, ni siquiera la comodidad que supone la rutina de una piedad segura, busque una y otra vez todo aquello que nos compromete con Dios tan profundamente como a Francisco de Asís; para de allí también como Francisco de Asís abrazar al pobre, al leproso y sentirse hermano de todos. Ustedes tienen una vocación muy especial para vivir este servicio al pobre. Por eso sería también mucho más repugnante si un Franciscano se instalara por miedo a compromisos y dificultades. Yo los felicito por esa vocación a la pobreza y los invito a que la vivan auténticamente. Pues creo que este espíritu de pobreza es lo que da la verdadera libertad, como Francisco de Asís se siente ya desinstalado hasta de su mismo padre, para con más libertad llamar Padre nuestro a Dios, y en nombre de ese Padre reclamar a todos los hombres que sean más hermanos”.

LUEGO LOS SEMINARISTAS FRANCISCANOS PREGUNTARON
Monseñor Romero, ¿qué es lo que motivó, el que usted asumiera valientemente su vocación profética?

Monseñor contestó: Una honda meditación en la Palabra de Dios, una meditación profunda del Evangelio, unos hechos que gritan, el clamor del pueblo como en el Libro del Éxodo, son claros indicios por donde se debe caminar. Los mismos documentos de la Iglesia, de la Santa Sede, de Medellín, todo ese magisterio cuyas frases son muy bonitas en teoría pero cuando se quieren vivir provocan el conflicto y la persecución. Así le ha pasado hasta al mismo Papa cuando publicó la Populorum Progressio, a quien dijeron que no hacía más que presentar un comunismo recalentado. Así pasa con todo aquel que quiere denunciar los pecados en el campo social, económico y político, lo van a tener siempre por un subversivo. Si uno tiene claro que lo que dice el Evangelio, lo que dicen los documentos de la Iglesia, y los hechos concretos de la vida entonces, no cabe más que preferir agradar a Dios antes que a los hombres.

Fuimos repasando poco a poco todos los acontecimientos dolorosos de persecución, sentidos y palpados desde el corazón del Obispo, las expulsiones de los sacerdotes, los asesinatos de los Padres Grande y Navarro, la campaña de terror entre el campesino…y muchas de esas injusticias que siguen en el mundo; pero aquí es donde nace el llamamiento a la conversión. A la Iglesia le toca luchar por salvar a ese hombre sumido en el pecado, por ver si es posible que se pueda con buena voluntad trabajar por unas estructuras más justas. Estas no le toca a la Iglesia como tan construirlas, pero sí reclamarlas para que los técnicos, los sociólogos y los políticos la hagan. Con la conversión a la Iglesia le toca renovar a los hombres y los hombres renovados a la luz de la Iglesia, cristianizar al mundo. De aquí el deseo de la Iglesia de poder entablar diálogo con los Gobernantes pero el conflicto no es entre la Iglesia y el Gobierno, sino entre el Gobierno y el pueblo porque debiera ser el servidor del pueblo, lo está atropellando, lo quiere someter todo a su ideología y cualquier ideología distinta es brutalmente rechazada, todos los esfuerzos del campesino por buscar una solución a su miseria son reprimidas. La Iglesia se declara también servidora de este pueblo, pero no quiere hacerlo con meras apariencias sino de verdad, nada costaría con el pueblo, evangélicamente no se puede salvar apariencias por mera estrategia. El verdadero diálogo tiene que estar basado pues sobre un verdadero deseo de la Iglesia y del Gobierno por ser realmente servidor del pueblo. Para le pueblo es una esperanza que la Iglesia le acompañe y sufra con él. Se está trabajando por un diálogo de institución a institución que no sea mero sentarse a tomar un cafecito sino más bien que ellos pongan sus representantes y la Iglesia mande sus representantes para ver que entienden por política y que entendemos por Pastoral.

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Nº. 4069 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

En comunión con el Papa
Los Canones 340-342 dan a los Obispos de todos los continentes las normas para cumplir una de las relaciones más importantes de la “comunión jerárquica” con el Pontífice de Roma, Sucesor de San Pedro. Se trata de la visita que tradicionalmente se llama: “visita Ad límina apostolorum” porque consiste en “ir a Roma para venerar los sepulcros de San Pedro y San Pablo y presentarse ante el Romano Pontífice (Can.341). Se debe llevar una “relación quinquenal” de la Diócesis, llamada así porque debe informarse cada cinco años “sobre el estado de la Diócesis” de acuerdo con un formulario que se lleva a las diversas “Congregaciones Romanas” que sirven al Papa como los Ministerios al Poder Ejecutivo.

Por ser “quinquenal” y estar ya señalados los quinquenios a los diversos continentes, dispone el Can. 340 que le Obispo que no ha cumplido dos años de gobierno en una Diócesis “puede prescindir por esa vez de redactar y presentar la relación”.
Este sería mi caso. Pero como se trata de una facultad y no de una prohibición, he creído conveniente mi presencia en Roma, como lo creí también el año pasado; porque el Señor ha querido hacer a esta interesante Arquidiócesis el insigne honor de llegar a ser como Cristo mismo, un verdadero “signo de contradicción”.

No puedo pues, esperar al quinquenio de 1983 para llevar al Pastor Supremo de la Iglesia la relación de esta vida vertiginosa de la Arquidiócesis. Debo informar de primera mano y desde mis auténticas intenciones las actitudes pastorales que han provocado reacciones tan diversas y hasta contradictorias, como contradictorias y diversas son las perspectivas o intereses desde donde se les juzgue.

A eso voy a Roma. Con Pablo que por seguir la voz del Espíritu provoca polémicas entre judaizantes y gentiles fue a Jerusalén para confrontar con Pedro sus pensamiento y sus actitudes y volvió con su robustecida. Pedro sigue viviendo en Pablo VI. El encargado de Cristo al primer Papa sigue siendo el carisma de todos los Papas: “confirmar a tus hermanos, carisma que sólo el Papa encarna y con el nombre de “sacro primado” ha sido propuesto y definido por el solemne Magisterio de los dos Concilios Vaticanos.

En virtud del sacro primado y de la prerrogativa de la infalibilidad en materia de fe y moral el Papa “es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad así de los Obispos como de la multitud de los fieles” (L.G.23). Pero esta autoridad suprema y universal no elimina ni disminuye la autoridad y el magisterio del Pastor de la Diócesis sino que “los confirma” y les da unidad. En el mismo párrafo lo dice así el Concilio: “Por su parte, los obispos son, individualmente, el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares, formadas a imagen de la Iglesia universal, en las cuales y a base de las cuales se constituye la Iglesia Católica, una y única. Por eso cada Obispo representa a su Iglesia y todos juntos con el Papa representan a toda la Iglesia en el vínculo de la paz, del amor y de la unidad”.

A partir del Concilio Vaticano II que completó la perspectiva jerárquica del Vaticano I, el Obispo y la Diócesis ha alcanzado esos altos niveles de responsabilidad y autoridad que en vez de disminuir o empañar la Suprema Autoridad del Primado de Roma, la hacen más consistente y hermosa porque está haciendo más visible y funcional el maravilloso equilibrio de la unidad en la variedad y en la universalidad.
Voy pues, a Roma con todo este respaldo teológico y pastoral que se llama “la comunión con el Papa”. Por eso va conmigo toda la comunión de Presbíteros, Religiosos, Religiosas y Laicos. Suplico a todos ir unidos conmigo en la oración y volvernos a encontrar el domingo 2 de julio a las 8. am. en nuestra Catedral para celebrar precisamente el “Día del Papa”.

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Nº. 4069 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Que es el bien común

El “slogan” que hoy vemos por todas partes “Bienestar para todos” sería una fórmula genial para expresar el “Bien Común”, si fueran auténticos y sinceros esos dos términos “Bienestar” y “todos”. Porque un bienestar en el sentido de bien común fue definido así por el Concilio Vaticano II:

“El bien común abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección” (G.S. 74)

El resultado pues, de un legítimo bienestar social no se debe limitar a sólo aspectos económicos de productividad. Un legítimo bienestar si es sinónimo de verdadero bien común que da origen y autoridad a una comunidad política, tiene una meta moral en cuyo logro deben conjugarse tareas y objetivos que están más allá de los simples bienes materiales. El mismo Concilio, en el mismo párrafo lo expresa así: “Las modalidades concretas por las que la Comunidad Política organiza su estructura fundamental y el equilibrio de los poderes públicos pueden ser diferentes según el genio de cada pueblo y la marcha de su historia. Pero deben tener siempre a formar un tipo de hombre culto, pacífico y benévolo respecto de los demás para provecho de toda la familia humana”.

Así debe entenderse también el destino universal expresado en el citado “slogan” para que sea un slogan de auténtico bien común. Lo que todos los salvadoreños tenemos derecho a esperar de quienes conducen nuestra comunidad política es manejar los instrumentos de nuestra democracia no sólo para lograr ventajas materiales de poder o de dinero aunque se buscaran “para todos” sino para lograr una verdadera humanización de todos. Porque “el hombre no vale tanto por lo que tiene cuanto por lo que es” (Pablo VI- Populorum Progressio).

Nunca he pretendido que una trasformación agraria o de cualquier otro tipo económico sea suficiente con solo repartir o hacer llegar a todos las riquezas del país. Eso es necesario y urgente pero no basta. También ese bienestar debe llegar a todos poniendo en práctica el principio constitucional de la función social de la propiedad privada entendido en una sana e inteligente
justicia distributiva si solo tiene en mente el bienestar material.

Hay algo que vale más que el pan y que las gangas materiales. Hay un sentido de honor y de virtud innata que no lo promueven los bienes materiales con sólo poseerlos. Estos más bien son dañinos en sus dos extremos: o cuando se tienen en excesiva abundancia o cuando faltan en excesiva miseria.

Un verdadero bienestar para todos será el verdadero bien común en que se abren los cauces legítimos de una verdadera democracia para que sin miedo a represiones todos sin excepción puedan aportar su granito de arena para lograr que todos los salvadoreños realicen en sí mismos ese “tipo de hombre culto, pacíficos, y benévolo respecto de los demás para provecho de toda la familia humana”.

Oscar A. Romero

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Nº. 4068 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

Educación Cívica y Política
En mi homilía del domingo recién pasado, al concretar para nuestra situación nacional el mensaje del Corpus, apoyé el llamamiento que hizo la UCA el 11 de mayo ” a todos los profesionales, instituciones culturales, asociaciones civiles y comunales, para que realicen una seria reflexión sobre el compromiso social y moral que tenemos de no aceptar la institucionalización del uso de la fuerza y aunemos esfuerzos para contribuir a la solución de los problemas del país”. Y también cité en este sentido las palabras del Señor Embajador de los E.E.U.U. en su discurso del 24 de mayo a los Rotarios”…si el cambio ha de venir es prudente que tratemos de canalizarlos de una manera positiva y constructiva. Simplemente con resistirlo no se logra nada positivo. Una resistencia inmutable al cambio inevitable trae consigo el riesgo de forzarlo a resultados violentos y destructivos. Cuando esto sucede todos salimos perdiendo”.

Estas voces que reflejan muy bien “los signos de nuestro tiempo y de nuestro país”, coinciden plenamente con la perspectiva cristiana que ha inspirado mi predicación y mi actuación pastoral que sinceramente he tratado de inspirar en el Magisterio de la Iglesia.

Quienes me han escuchado sin prejuicios mezquinos, pueden dar amplio testimonio de que mi palabra sólo ha sido un eco de la enseñanza evangélica en defensa del amor y de la paz. Pero de un amor constructivo que no es conformismo sino dádiva generosa de sí mismo y de sus cosas en servicio de los demás; y de una paz que no es producto del miedo y de la represión sino de aquello que profetizó Isaías para los tiempos cristianos, una paz dinámica que es fruto de la justicia “opus institiae pax”.

Sobre esa base de amor constructivo y paz justa debe sentarse la sólida estructura del bien común, de ese bien común “en el que se encuentra la justificación plena y el sentido y la legitimidad primigenia y propia” de toda comunidad política.

Este concepto es del Concilio Vaticano II que en el Capítulo IV de la 2ª parte de la Constitución “Gaudium et Spes” hace un profundo estudio del origen y de la finalidad de todo estado o mejor llamado “comunidad política”.

Y junto con las sabias bases doctrinales en las que se fundamentan las relaciones y la autonomía de la Iglesia y de la comunidad política, el Concilio hace el llamamiento a que refería al principio.

“Hay que prestar gran atención a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo, y sobre todo para la juventud, a fin de que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política. Quienes son o pueden llegar a ser capaces de ejercer ese arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejercitarla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal.

Luchen con integridad moral y con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política, al servicio de todos” (Concilio Vaticano II G.S. 75).

Naturalmente que esta actividad de todos hacia el mismo bien común, supone “una autoridad como la define el mismo Concilio- que dirija la acción de todos no mecánica o despóticamente, sino como una fuerza moral, que se basa en la libertad y en el sentido de responsabilidad de cada uno” (Id.74).

Oscar A. Romero

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Nº. 4067 Pág. 2 MONSEÑOR ROMERO COMENTA

El Corpus…una celebración de solidaridad
Tres hombres secuestrados…cuatro víctimas de un trágico accidente aéreo…Dos campesinos asesinados después de una manifestación…son, en estos días, el signo elocuente del dolor humano que se hace más trágico por la maldad del hombre.

El dolor siempre existirá. Es una herencia del primer pecado y una conciencia de los demás pecados que, Dios permite, aún después de la redención, pero que la redención convierte en fuerza de salvación cuando se sufre en unión de fe, esperanza y amor con el dolor divino del Redentor y de su cruz. El sufrimiento es la sombra de la mano de Dios que bendice y perdona. Por eso el dolor une, solidariza a los hombres entre sí, y los acerca a Dios.
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Pero del sufrimiento se puede decir lo mismo que dijo el Señor cuando habló del escándalo: “es forzoso ciertamente que vengan escándalos, pero ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!”. (Mt. 18,7).

Si el dolor es algo inherente a nuestra misma naturaleza, el hacer sufrir es criminal. Sólo Dios, autor y dueñode la vida y de la felicidad de los hombres, tiene el derecho a quitar la vida y a medir con promoción de amor y sabiduría la capacidad de sus hijos para aquilatarlos en el dolor y hacerlos dignos de su felicidad. Toda mano que toque la vida, la libertad, la dignidad, la tranquilidad y la felicidad de los hombres y de las familias y de los pueblos…es una mano sacrílega y criminal. Toda sangre, todo sufrimiento, todo atropello que cause un hombre a otro hombre se convierte en un eco de la maldición de Dios ante el crimen de Caín: “¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: Maldito seas!” (Génesis 4,10)

Quiero hacer mío el apremiante llamamiento del Papa Pablo VI a los secuestradores de Aldo Moro q.e.p.d., para solidarizarme con las familias de los tres secuestrados de estos días en quienes veo además la angustia de tantos otros secuestrados y desaparecidos y para invocar los sentimientos humanitarios que aún quedan en quienes los tienen cautivos, cualquiera sea el motivo: “Me dirijo a vosotros- escribió el Papa a las brigadas Rojas, en el nombre supremo de Cristo, que a buena seguro no os es desconocido…y os lo pido de rodillas: liberadlo sencillamente, son condiciones, no tanto por mi intercesión humilde y afectuosa, sino por su dignidad de hermano nuestro y vuestro en humanidad, y también en pro del auténtico progreso social..que no debe marcharse con sangre inocente, ni sufrir el tormento de dolores superfluos. Demasiadas víctimas hemos tenido que llorar y lamentar la muerte de personas caídas en el cumplimiento del propio deber. Todos debemos tener temor del odio que degenera en venganza o se doblega hasta caer en sentimientos de desesperación degradante. Y todos debemos temer a Dios vengador de quienes murieron sin motivo y sin culpa…”.
Y como el Papa, “Yo espero rezando y también amándoos siempre”.

Y para consuelo de todas las familias probadas en el sufrimiento…y por el eterno descanso de los llorados difuntos…y para pedir al Señor el don de la penitencia para quienes siembran tanto dolor…invito a toda la Arquidiócesis a celebrar la Misa y la Procesión del Corpus, el próximo domingo 28 de mayo, a las 4.pm. en nuestra catedral.

En ese misterio de nuestra fe que proclama presente entre nosotros el Cuerpo y la Sangre del Redentor de los hombres queremos inspirar y vivir nuestra solidaridad con el sufrimiento y la esperanza de nuestro pueblo.
Oscar A. Romero

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