Inicio Su Pensamiento Homilías 1979 La esperanza cristiana clave y fuerza de nuestra verdadera liberación

La esperanza cristiana clave y fuerza de nuestra verdadera liberación

33o Domingo del Tiempo Ordinario
18 de Noviembre de 1979

Daniel 12, 1-3
Hebreos 10, 11-14-18
Marcos 13, 24-32

Palabras del pastor Dr. Jorge Lara-Braud

Muy amados hermanos en el Señor:

Soy Jorge Lara-Braud de origen mexicano, nacionalizado estadounidense, como ya se ha explicado, teólogo de la Iglesia Presbiteriana. Soy también el director de la Comisión de Estudios Teológicos para la Promoción de la Unidad Cristiana en el Consejo Nacional de Iglesias de Cristo de los Estados Unidos de Norteamérica.

Este consejo agrupa a 32 organismos eclesiásticos nacionales de origen ortodoxo, anglicano y protestante. Este consejo representa también a 42 millones de cristianos estadounidenses que en los últimos años, estimulados por el Concilio Vaticano II, especialmente por el Decreto sobre el Ecumenismo, han venido cultivando  relaciones íntimas con la Iglesia Católica en todos ámbitos de la experiencia nacional de los Estados Unidos de Norteamérica y en los continentes de Latinoamérica, Africa y Asia.

En la reunión plenaria que se celebraba el día 8 de noviembre, es decir, hace unos cuantos días, algunos de ustedes saben que ya teníamos invitado a su pastor, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, para que él nos dirigiese su palabra pastoral, reunidos nosotros en la ciudad de Nueva York en la Asamblea Plenaria del Consejo Nacional de Iglesia. Yo tuve en suerte ser el director del comité que hizo los preparativos para recibir jubilosamente al pastor más querido de todo el pueblo hispano, a este pastor…

Alrededor de esa visita que esperábamos de Monseñor Romero, este comité que yo presidí también hizo arreglos para otras reuniones importantes, no queríamos ser egoístas, queríamos compartir a su pastor. Es por ello que fue toda una semana dedicada a El Salvador, dedicada es la visita de Monseñor y dedicada a recordar a la Iglesia fiel y valerosa que es  la Iglesia Católica de este país… Me dió muchísimo gusto y me siento muy agradecido ya, porque se le haya concedido el privilegio a Marta Benavides, la señorita que leyó la epístola, porque ella fue del Comité de seis que hicimos estos preparativos, la que más trabajó, la más persistente, la que no desmayó cuando nos encontrábamos con un obstáculo o con otro, ella se  mantuvo firme y ella es cristiana salvadoreña…

Si me permite, Monseñor, yo quisiera abusar un poquito del tiempo y darles una idea a mis hermanos aquí, qué era lo que le habíamos preparado a usted y por qué su ausencia resultó todavía más impresionante que su propia presencia.

Esa semana comenzó con un culto que se celebró en la Iglesia más grande de la zona metropolitana de Nueva York, de las iglesias protestantes evangélicas, se llama la Iglesia de Riverside, a donde asisten aproximadamente tres mil personas para el oficio dominical. Y en esta ocasión se le dedicó el oficio a recordar a la Iglesia, la Iglesia en lucha, la Iglesia en peregrinaje en Latinoamérica.

Me pidieron que yo fuera intérprete de esta lucha de la Iglesia en Latinoamérica. Y ¿saben ustedes por qué? Porque ellos sabían que yo he estado con ustedes en momentos muy críticos. La primera vez en junio de 1977, después del infame asesinato de Rutilio Grande y Alfonso Navarro. Venimos en esa ocasión, un compañero y yo, a expresarle las más profundas condolencias a la Iglesia sufrida de El Salvador y a ofrecernos en un acto de solidaridad ecuménica, de respaldo, a Monseñor Oscar A. Romero.

Posteriormente regresé en enero de este año, invitado por él, para una semana de liturgias ecuménicas en ocasión de la Semana de Oración pro-Unidad Cristiana. El día en que yo llegué, fue el día 19 de enero, y ustedes se acuerdan lo que pasó el día 19 de enero, la masacre de El Despertar. Monseñor tuvo la generosidad de permitirme dirigir unas palabras a ustedes, desde la Catedral, desde la escalinata de la Catedral, ustedes, la muchedumbre de más de 25.000 gentes que se agrupó para esa misa de resurrección. Es por ello que la Iglesia de Riverside me pidió que yo hablara sobre la lucha por ser fieles al evangelio en Latinoamérica.

Ya se imaginarán ustedes que la ilustración que yo escogí para darle a comprender al pueblo estadounidense el por qué de esa lucha, fue la ilustración tomada de la lucha de esta Iglesia por ser fiel al evangelio en medio de la más sistemática y brutal persecución contra ella, pero una Iglesia que ha salido adelante…

En ese domingo, por ser Domingo de Todos los Santos, como se tiene acostumbrado en esa Iglesia de Riverside, se leen los nombres de los difuntos de esa congregación que han fallecido en los últimos doce meses. Se fueron leyendo nombres, tras nombres, tras nombres, de sus propios difuntos pero al terminar la lista de esos difuntos, se leyeron estos nombres también, por orden alfabético: Padre Ernesto Barrera, Padre Rutilio Grande, Padre Alirio Napoleón Macías, Padre Alfonso Navarro, Padre Octavio Ortiz, Padre Rafael Palacios…

Dos días después, en San Patricio, en la catedral católica de la Arquidiócesis de Nueva York, nos congregamos 1.800 personas para escuchar a Monseñor. Fue allí, donde ya empezamos a explicar el por qué de la cancelación de última hora del viaje de Monseñor.

Si bien es cierto que se entristeció el pueblo -particularmente los 700, más o menos, salvadoreños, en una muchedumbre de 1.800 gentes en esa catedral-, al explicarles el porqué de la razón de la ausencia de Monseñor, la gente comenzó a aplaudir. ¿Saben ustedes por qué? Porque la explicación que dimos fue esta: “Este hombre, por encima de todas las otras cosas que le podamos dar o rendir como tributo, por encima de todas las esas cosas, es algo, primordialmente, es pastor y, por lo tanto, ante el momento crítico por el que pasa su grey, era necesario que él se quedara con su rebaño y que nosotros sencillamente tuviéramos la satisfacción de poder reunirnos en intercesión con el pueblo salvadoreño en el exilio y con los otros hispanos en esa catedral. Y poder oír la voz de Monseñor, gracias a una grabación que habíamos hecho por larga distancia.

Cuando esa grabación se dió, la gente prorrumpió en aplausos, como ustedes ya lo hacen tan simpáticamente, cosa que es muy rara en las iglesias católicas o en las iglesias protestantes de Estados Unidos.

Fue en esa ocasión en donde el Consejo Nacional de Iglesias ya había adoptado en su reunión plenaria este mensaje que me han pedido, a nombre de estos 42 millones de cristianos de Estados Unidos, presentarle directamente a Monseñor. Voy a leer la versión castellana que adoptó en esa ocasión y que la leímos en San Patricio y la leímos también en la reunión plenaria del Consejo Nacional de Iglesias.

“Su Excelencia, Arzobispo Oscar A. Romero, San Salvador, El Salvador: Amado hermano en Cristo: Habíamos esperado el gozo de recibirlo y escucharlo durante la reunión de la Junta Directiva del Consejo Nacional de Iglesias de Cristo de los Estados Unidos, celebrada en Nueva York los días del 8 al 10 de noviembre de 1979.

Lamentamos profundamente, Monseñor, la cancelación de su visita en el último momento. Pero más lo admiramos, Monseñor, por su decisión de permanecer entre su pueblo en una hora crítica, cuando sus dones de pastor y pacificador son más necesarios que nunca.

La Junta Directiva del Consejo Nacional de Iglesias está al tanto del extraordinario valor que usted y su pueblo han demostrado en defensa de los pobres y de las organizaciones populares, como concreta traducción del evangelio de paz y justicia.

Ningún sector de la comunidad cristiana en América Latina, ha sufrido una persecución más sistemática que su Iglesia por más de dos años y medio, por la dictadura que fue derrotada el 15 de octubre de 1979.

Monseñor, son muchos mártires, no han sufrido ni han muerto en vano, Creemos que ellos le han ganado a su Iglesia el derecho de exigirles, a los nuevos mandatarios, medidas compatibles con una nueva sociedad donde tiene la justicia, y la dignidad de todos sea respetada…

-Y sigue el mensaje-
Monseñor, estamos también sumamente agradecidos por la inspiración de ese testimonio de su Iglesia para nosotros, que somos sus hermanos y hermanas cristianos en los Estados Unidos. Y por vía de gratitud- ésto es lo más importante del mensaje-, Monseñor, nos comprometemos con ustedes a que este Consejo Nacional de Iglesias redoblará su vigilancia, de tal modo que no se utilice otra vez el poderío de nuestra nación para apoyar a regímenes dictatoriales; sino, por el contrario, a gobiernos que respeten derechos humanos básicos…

Sabemos que comprometernos con ustedes de esta manera, de redoblar nuestra vigilancia, no es fácil, es un verdadero compromiso. Pero el ejemplo personal de ustedes, Monseñor, y de su Iglesia, nos anima. Ustedes nos han demostrado con su sufrimiento que aún bajo una brutal persecución la Iglesia puede vivir con la confianza de que el Reino de Dios prevalecerá sobre el pecado, la muerte y el mal.

En espíritu de solidaridad cristiana, seguiremos informándonos de los acontecimientos críticos de su país, y seguiremos suplicando a Dios, Monseñor, que lo bendiga a usted, y a su Iglesia en sus continuos esfuerzos de realizar un día nuevo de paz y justicia para El Salvador…”

Monseñor, por lo tanto, quiero entregar personalmente a usted, este mensaje de sus hermanos, que sin conocerlo, ya lo conocen; y que sin haberlo visto, ya lo aman, como también aman a su querida Iglesia. Y para simbolizar lo que usted simboliza también para nosotros, que es un predicador auténtico de las buenas nuevas del evangelio, me han pedido que le traiga este regalo, que probablemente usted lo va a donar al seminario, porque es un excelente libro para los que se preparan para ser sacerdotes. Esta es una concordancia analítica del Nuevo Testamento hacha con una computadora por un comité que se tardó quince años para poderle sacar hasta el último minucioso detalle, el vocabulario del Nuevo Testamento, para ayudarnos a predicar la buena nueva del evangelio y viene con el nombre de “Oscar A. Romero”.

Monseñor, cuánto le agradezco que me haya permitido a mí esta fiesta espiritual, y he estado yendo de una fiesta espiritual a otra. Pero esta es la mayor. Y gracias a esa invitación que le hicimos, gracias por no haber ido: ¡gracias por haberse quedado con su pueblo!…

Palabras de Monseñor Oscar A. Romero

Estimado mensajero del cariño cristiano de millones de hermanos nuestros: Reciba, con estos aplausos de nuestro querido pueblo, el agradecimiento y la admiración por este gesto de fraternidad ecuménica. Quiero que a su regreso exprese simplemente lo que ha visto y oído, y lleve el testimonio de que con este pueblo no cuesta ser un buen pastor. Es un pueblo que empuja a su servicio a quienes hemos sido llamados para defender sus derechos y para ser su voz. Por eso, más que un servicio que ha merecido elogios tan generosos, significa para mí un deber que me llena de profunda satisfacción.

Al agradecer a usted y a todos los organizadores de esta visita que no pude realizar, quiero decirles, también, que nuestra Iglesia acepta un compromiso en respuesta a ese de ustedes: de orar por nosotros y de vigilar para que a medida de la fuerza cristiana, ese gran poder del norte, sea un apoyo a nuestros auténticos derechos humanos. Nosotros también, como pueblo y como Iglesia, queremos seguir- y con este impulso con más entusiasmo- ese caminar sobre los senderos que Cristo nos trazó de la dignidad, y de la libertad, y de los derechos de nuestro hombre salvadoreño.

-Sentido ecuménico de esta celebración
Queridos hermanos, ha llamado el doctor a esta celebración: una fiesta. Y es de verdad, pero démosle esa característica propia que del Concilio Vaticano II arranca, con el hombre de ecumenismo. No es una palabra que el Concilio inventó. Ya era un esfuerzo mutuo de católicos y no católicos por esta unidad; pero, sin duda, que el Concilio le dá un gran impulso.

-Sin traicionar nuestra confesión cristiana
Nadie debe extrañarse de este consorcio sincero, respetuoso de la Iglesia Católica con sus brazos abiertos hacia los brazos abiertos, también, de otras confesiones que no son católicas. Porque la Iglesia lo ha dicho con franqueza cristiana: no traicionará su propia confesión católica en toda su integridad; pero, sí, respetará las confesiones que por designios de Dios no comparten con nosotros toda la plenitud de nuestra vida cristiana como el catolicismo la concibe.

-Mutuo respeto
Mutuo respeto que significa respetar la profesión por conciencia y por estudios de nuestros hermanos. Hemos escuchado nada menos que a un teólogo y, sin duda, que su convicción merece todo nuestro respetó; así como, también, queremos advertir contra el peligro de aquellas que no se pueden llamar profesiones sinceras cuando van mezcladas de fanatismo, de conveniencias, de resentimientos, como lamentablemente alimentan la profesión de muchos de nuestros hermanos salvadoreños no católicos y también católicos.

-Profesión por conciencia y estudio
Que nuestra profesión de fe se alimente de una sinceridad y de una búsqueda en el estudio. Que estemos todos convencidos de que de verdad vamos buscando a través de la sagrada palabra de Dios, el conocimiento del Dios verdadero. Y cuando haya esa sinceridad, sin mezcla de pecado, sin desunión voluntaria, entonces Dios tiene que bendecir y el Concilio proclama que estamos viviendo una verdadera espiritualidad cristiana que es el ecumenismo.

-Las lecturas de hoy alimentan, precisamente, una esperanza común entre católicos y protestantes.

Más aún, podrían estar con nosotros esta mañana también, los que ni creen en Cristo, sino en su religión judía. Porque la primera lectura que es del Viejo Testamento, también orienta hacia el tema que va a ser el motivo de nuestras reflexiones.

Más aún, ni siquiera se necesita creer en Dios para que en la lectura de hoy, que nosotros sabemos que es palabra de Dios, encontremos un llamamiento a la buena voluntad de los hombres que el Concilio llama también, aún en aquellos sectores que no son cristianos, lo que los teólogos llamaron “las semillas del verbo;” como rayos dispersos de la revelación divina, del Espíritu de Dios que también aletea en el corazón del ateo, en el corazón del no creyente. Dios es su autor y hay, sin duda, unos rayitos de Dios en todo hombre, aún cuando él no reconozca ni siquiera la existencia de Dios.

-La esperanza: virtud más necesaria en nuestra situación nacional
Se siente en el palpitar de la voluntad del hombre el anhelo al que se refieren las lecturas de hoy. El anhelo que se llama “la esperanza”. Virtud ahora en nuestro país, en nuestra situación tan difícil, en que muchos pierden el optimismo, la alegría de esperar. La palabra del Señor, respondiendo a la buena voluntad de los hombres, nos dice que debemos de alimentar la esperanza.

-Marco Litúrgico: fin del año litúrgico
Para comprender mejor este mensaje de esperanza- en este día, domingo 33º del año litúrgico católico, estamos ya al final del año- el marco litúrgico nos habla de un fin de año. El próximo domingo que propiamente es el último domingo se le consagra a Cristo Rey, corona de toda nuestra reflexión litúrgica. Pero hoy es como quien asiste a un fin de año; y desde ese fin de año, en vez de ver que las cosas terminan, el fluctuar de las cosas y del tiempo, nos eleva a la gran esperanza cristiana en todas las vicisitudes de la vida. Por eso, yo titularía la homilía de esta mañana así:

LA ESPERANZA CRISTIANA, CLAVE Y FUERZA
DE NUESTRA VERDADERA LIBERACION

Porque en la esperanza de los cristianos, hay tres grandes convicciones.

1a.) La meta de nuestra esperanza: el Reino de Dios

2a.) La fuerza de nuestra esperanza: la liberación en Cristo

3a.) Actitud de los hombres que tienen esperanza. (Que a esa meta y a esa fuerza dinámica, responde en el cristiano de convicción, actitudes que lo hacen ser agente valeroso de la liberación de los pueblos)

1. LA META DE NUESTRA ESPERANZA:
EL REINO DE DIOS

a) Descripción de la tensión de los cristianos: esperanza, virtud teologal que pone en Dios la confianza.

El evangelio recoge una preocupación que había en los cristianos, cuando Cristo ya padeció y resucitó y el anuncio de un reino lo sentían tan cercano, que para muchos constituia una tentación: esperarlo ya próximo. Pero Cristo les había dicho que ni el Hijo sabía la hora ni el momento. Y fue trabajo de los pastores de los primeros años del cristianismo decir que esa cercanía era para mantener en los cristianos, una tensión. Esta es la fe cristiana. Una tensión que se llama esperanza. Esperar al Cristo que ha prometido que volverá. En nuestra misa lo estamos repitiendo: “Ven, Señor Jesús”. El pueblo cristiano camina animado por una esperanza hacia un Reino de Dios.

-San Marcos: Discurso escatológico: el templo y Jerusalén- Signos del Reino de Dios que se destruye para dar paso a lo definitivo

El marco de este pasaje del evangelio que se ha leído hoy, lo pone el evangelio de San Marcos a los últimos días de la vida de Cristo. Cuando del templo iba a Betania, donde le había dado hospitalidad cariñosa, salía admirando la construcción del templo de Jerusalén, y en un atardecer- debió ser- cuando el sol chocaba contra aquella montaña de mármoles, era el famoso templo que parecía eterno, símbolo de una alianza entre Dios y el pueblo judío indestructible; oír que Cristo le dice a los apóstoles admirados ante aquella maravilla de construcción: “Les digo que de ese templo no quedará piedra sobre piedra”. Y los apóstoles preguntan consternados: “¿Cuándo será eso, Señor?”. Y en respuesta a esa pregunta de Cristo, comienza el famoso discurso escatológico. Así se llama ese pasaje, uno de los discursos más largos de Cristo que conserva el evangelio. El discurso escatológico, el de las postrimerías, el de lo último, que eso quiere decir escatológico; lo último, lo definitivo.

Cristo mira en el templo la figura del símbolo de la historia de Israel, un pueblo al que Dios ha prometido inconmovible eternidad. Y ahora que Cristo dice que de ese templo no quedará piedra sobre piedra, es que no se refiere la profecía al símbolo. Cristo se refiere al templo que no va a merecer esa inmortalidad, precisamente porque será el símbolo también de la traición del pueblo a su Dios.

Treinta años después de que Cristo pronunció estas palabras, los ejércitos del Imperio Romano para someter una insurrección de los judíos destruyeron el templo y toda Jerusalén, y hasta  metieron arado para que no quedara piedra sobre piedra.

-El cielo y la tierra pasarán… Mi palabra no pasará
Y de esta destrucción del templo, Jesús se remonta a la destrucción del universo. Tampoco el universo es definitivo, ni el sol, ni la luna, ni las estrellas, ellos también se apagarán. También pasará todo, el cielo y la tierra pasarán, sólo hay una cosa que no pasará: “Mi palabra no pasará”.

Cristo habla aquí, pues, de una destrucción universal. El evangelio recoge en lenguaje apocalíptico, aquel estilo que gustaba mucho a los autores de la Biblia, de describir una realidad sencilla, a veces, con contornos fantásticos, con números que convencionalmente sólo los entendían los de su tiempo. De allí que el Apocalipsis y todas estas literaturas de imaginerías orientales, no las entendamos plenamente nosotros, pero sí comprendemos el contenido que Cristo quería dar.

-La venida de Cristo: centro de la lectura, meta de la esperanza
En el símbolo de un templo que se destruye y en la profecía de unos astros que se derrumban, está diciéndonos Cristo los preparativos transitorios de lo eterno. Porque lo que sobresale en el evangelio de hoy, es la palabra de Cristo: “Entonces verán venir al Hijo del Hombre con gran poder y majestad, y mandará a sus ángeles a los cuatro vientos a llamar a los escogidos”. Esto es lo principal, en este fin de año litúrgico este pensamiento de que al estar unidos con Cristo somos los elegidos; nosotros nos hacemos los elegidos cuando voluntariamente nos aferramos al Señor que no pasa. No somos elegidos, cuando en vez de aferrarnos a Cristo, el eterno, nos aferramos a los ídolos que pasarán como el cielo y la tierra.

De allí la insistencia de la Iglesia en predicar el Reino de Dios, el Reino de Cristo. Esto crea, naturalmente, en el corazón del hombre una virtud que se llama la esperanza. Virtud Teológica que une al hombre con Dios porque espera cosas que por su propia naturaleza no las puede adquirir y se basa en la promesa de Dios.

Este es el fundamento de la esperanza, si no sería una locura. Y porque los que no tienen fe no comprenden este fundamento de las promesas divinas hechas al hombre, creen que nosotros esperamos en vano y sólo quieren construir un reino en la tierra. Pero cuando uno sabe que lo principal es el Reino de Dios que Cristo vino a establecer ya en este tiempo, podemos decir que en este tiempo ya hay semillas de eternidad en el corazón del hombre que espera y cree en nuestro Señor, el eterno Jesucristo.

b) Primera revelación de la resurrección

La segunda lectura, por eso, nos propone también esta dualidad entre lo temporal y lo eterno cuando nos dice que Cristo, después de su sacrificio, se sentó a la derecha de Dios. Imagen bíblica para decir que participa del poder de Dios y espera. Dice: “El tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos bajo sus pies”.

Quiere decir que hay una situación eterna, inmutable de Cristo, al que no le podemos hacer ya ningún daño mientras que por la tierra pasan las olas de la historia, el tiempo que Dios necesita para someter al poder del Reino de Dios los pecados de los hombres. Que se convierten o no se convierten. Dios vencerá; la victoria de su reino es segura y dichosos los que esperan que este tiempo vaya pasando. Lo que interesa es ir colocando a los pies de Dios, los pecados del mundo. El que vive en pecado o el que quiera instalarse en esa situación de pecado, de injusticias, de desórdenes, pasará con el cielo y la tierra que pasan.

-Junto con la persecución, Daniel anuncia la venida del reino universal de Dios- el reino de los santos como inmediato.
Sobre todo, en la primera lectura este pasaje de Daniel es pintoresco y hermoso porque es la primera vez en que se refiere el Antiguo Testamento a ese gran misterio que es la resurrección de los hombres. Es bueno que en esta mañana nosotros nos remontemos a una reflexión que de Dios inspira al profeta Daniel cuando escribe esta página que hoy se ha leído como primera lectura: “Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida perpetua, otros para ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad”.

Esta revelación de la resurrección surge en el pueblo de Israel que no tenía una idea clara de lo que era el más allá del hombre que se muere. Se creía en una supervivencia, pero con una supervivencia minimizada bajo la tierra, hasta que, bajo la persecución en los tiempos de Macabeo, dijeron: “No es justo que sólo como pueblo viva esta nación. Todos aquellos que luchan por su liberación tienen que tener también una participación en el reino de los cielos, personalmente”.

Recuerdo que un día citábamos aquí el pasaje de un ateo que decía: “No me satisface una revolución entendida comunitariamente, en la cual unos mueren y otros supervivientes van a disfrutar lo que estos muertos que ya no existen, van a ganar sobre estos pedestales de dolor”. Tienen que haber un premio para cada hombre que batalla, no satisface una revolución así colectiva.

El cristianismo respeta mucho la conciencia de cada hombre y sabe que todo hombre tendrá su justa recompensa que fue surgiendo en la revelación primitiva, y que luego Cristo anuncia en el Nuevo Testamento con una claridad meridiana de que después de nuestra muerte existe una inmortalidad. Y que en los momentos de persecución es la hora en que se definen esas dos posturas que dice la primera lectura: “Despertarán del polvo unos para vida perpetua, otros para ingnominia perpetua”. No tendrán la misma suerte en la inmortalidad los oprimidos y los opresores; los que han hecho injusticias y las víctimas de las injusticias, los mártires, los héroes de las grandes batallas de la tierra si han puesto su confianza y su esperanza en Dios, vencerán aún cuando aparentemente no haya más que una muerte silenciosa en el dolor y en la ignominia.

-Pedagogía de Dios- como el padre señala metas inmediatas para animar al niño en su largo caminar.
Una pedagogía de Dios que a través de los profetas también nos debe animar a nosotros. Según esta lectura de Daniel, el hecho de que pasará la persecución a la que se refiere su tiempo y que ya vendrá un Reino de Dios como que fuera lo más perfecto que se esperan los hombres, y sin embargo, todavía pasaron cien años para que volviera Cristo a prometer también otra redención y otra resurrección. Podía decirnos: está engañando Dios. No, es la pedagogía del papá con el hijo que tiene que hacer un viaje muy largo y para que no se desanime le cuenta las bellezas de aquella ciudad a donde van, pero el niño se cansa. Entonces el papá comienza a decirle: “Mira sólo vamos a llegar hasta aquella cumbre, después de esa cumbre está este reino tan bonito que te he descrito”.

-A cada paso el esplendor de la meta… algo se gana, pero lo definitivo queda más allá
Y cuando con el niño llega a la cumbre, todavía le dice: “Es más allá, un poquito”. Así van los profetas conduciendo a la humanidad, y la Iglesia sigue la pedagogía de los profetas. Por eso la Iglesia no puede decir: “¡Ya, este sistema político que se ha conquistado con tanta sangre, esto es lo definitivo!”. No, la Iglesia no se puede empeñar en definir aquí en la tierra el Reino de Dios. Sigue animando a los liberadores, sigue animando mejores gobiernos, sigue animando mejores sistemas políticos, pero ella no es política. Ella es animadora, ella es el papá que encamina al hijo más allá, más allá, a mantener la utopía, que así llaman en politología ese afán de perfeccionar cada vez más los sistemas.

Por eso, es ciego un sistema ateo cuando quiere ofrecer a los hombres un paraíso en la tierra. No existe. Más allá de nuestros esfuerzos está Dios; y lo único perfecto será la liberación definitiva, la inmortalidad, más allá de la muerte. Esto no quiere decir que hayamos de ser alienados y no trabajar y morir conformes. Ya eso lo fustigaron los primeros cristianos. Por estar esperando un cielo que ya va a venir, no trabajan. Y San Pablo con toda crudeza dice: “El que no trabaja, que no coma”. Es decir, la esperanza del cielo no es para fomentar la pereza; hay que trabajar, y quien tiene vocación, tiene que desarrollarla.

Todos tenemos que hacer un esfuerzo por mejorar en esta tierra nuestras situaciones políticas, sociales, económicas, pero siempre con la perspectiva  puesta en la eternidad. La esperanza anima para reflejar en la tierra la belleza, la justicia, el amor de aquel reino. Reflejos nada más, porque lo verdadero y lo definitivo, solamente se lo reserva la esperanza, y la esperanza es la que anima estos trabajos. La esperanza que debe de ser como la virtud de los políticos, de los hombres que luchan. ¡La esperanza cristiana!

Sin esperanza de Dios, son muy mutiladas las liberaciones de la tierra. Sin esperanza de la eternidad, las liberaciones solamente se convierten en cambio de dueños de la situación. No tenemos confianza en un ateo, en un hombre sin fe, sin Dios, que sólo pretende el poder solamente para bienaventuranzas de esta tierra. No se puede ofrecer un paraíso en la tierra porque no existe, pero sí existe la esperanza de trabajar para ir mejorando cada vez más.

Y por eso, hermanos, la Iglesia alimenta la esperanza y no es ella un análisis político de sistemas, de estrategias, sino que es simplemente la impulsora de todos los sistemas y de todas las estrategias para que no se desvíen y se orienten siempre por este camino de la verdadera liberación que solamente se vivirá en ese horizonte señalado por la revelación de hoy.

2.    LA FUERZA DE NUESTRA ESPERANZA: LA LIBERACION EN CRISTO

-No está a nuestro alcance
No está a nuestro alcance una liberación completa, porque la verdadera liberación- lo hemos repetido mil veces- no es sólo la que consiste en mejorar el sueldo, en bajar los precios de las cosas, en cambiar gobiernos; son liberadores temporalistas, son parte de la liberación total, porque la Iglesia no se desentiende tampoco de ésto, pero ésto es muy parcial. Pero la Iglesia señala donde están las causas de estas injusticias, ¿por qué hay violencias en El Salvador? ¿Por qué hay descontento? ¿Por qué son justas las reivindicaciones que el pueblo pide? y ¿Por qué es egoísmo el tenerlo todo y no pensar en los demás? Ciertamente, todo ésto son bases de la liberación, pero no son toda la liberación.

Cuando nosotros – y lo hemos escrito en nuestras cartas pastorales- apoyamos la fuerza de presión política que deben tener las organizaciones políticas populares, y cuando nosotros apoyamos lo justo que esas organizaciones piden, al mismo tiempo reprobamos cuando se abusa del poder de la organización y cuando también se toman las reivindicaciones solamente como banderas de demagogia; no como verdadera lucha por la liberación del pueblo.

Cuando nosotros señalamos estas deficiencias y apoyamos esas bondades, es porque miramos que en las liberaciones de la tierra tienen una raíz que sólo la fe descubre. Y tienen una meta que sólo la esperanza también descubre. La raíz es el pescado y la meta es el Reino de Dios. La raíz es el pecado, porque del pecado arranca, los egoísmos, las injusticias sociales, las violencias. Todo eso es fruto del pecado.

La meta es más allá de la historia, porque pasando por todas estas liberaciones de la tierra, el hombre no se contentará con ser feliz en la tierra, sino que aspira a una libertad definitiva, a una vida que no muere, a una dignidad que no puede haber otra igual de ser un hijo de Dios. Pues ¿quién nos lleva hasta esas raíces y quien nos eleva hasta esas alturas? Solamente Cristo. Sin Cristo no hay verdadera liberación.

-Esperamos porque Dios ha prometido… y ayuda
Es maravilloso como en las lecturas de hoy encontramos que todo este éxito que se anuncia después de los conflictos de Daniel y después de la destrucción del universo indicada por Cristo, se encuentra la iniciativa libre de Dios. Nuestra esperanza se apoya en que Dios lo ha prometido. Nosotros no le vamos a hacer presión a Dios para que así sea. Dios es libre y libremente nos ha ofrecido la liberación de nuestros pecados, y nos ha prometido también la promoción hasta la dignidad de los Hijos de Dios.

a) Nadie lo sabe, sólo el Padre

En las lecturas de hoy encontramos que sólo la potencia de Dios puede hacer esto. “Acerca del día y de la hora y de la manera, nadie lo sabe- dice Cristo- más que el Padre”.

b) San Miguel: la fuerza de Dios en la lucha: “se salvará tu pueblo”

Y cuando la primera lectura nos dice que junto al pueblo de Dios que lucha por estas liberaciones inspiradas en su fe y en su confianza en Dios, dice que va a aquello que para los del Viejo Testamento era como la presencia del poder de Dios junto a su pueblo: el Arcángel San Miguel, potencia de Dios junto a su pueblo. Sólo en su potencia podrá caminar este pueblo.

c) Descripción de la liberación en Cristo

Pero sobre todo yo quiero ilustrar este segundo pensamiento: que sólo en Dios tenemos, sólo en Cristo liberador, los hombres pueden esperar su liberación.

-Sólo en sacrificio cancela el pecado
La segunda lectura, la carta a los Hebreos, presenta a Cristo como causa de toda nuestra esperanza liberadora: “Cualquier otro sacerdote ejerce su ministerio diariamente…, porque de ningún modo puede borrar los pecados. Pero Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies”.

-Por un sacrificio perfecciona a los que van siendo consagrados
“Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados”. Miren el juego precioso de estos dos verbos. “Con una sola ofrenda ha perfeccionado,…” como un pretérito, a los que van siendo consagrados, un presente que todavía no ha acabado. Cristo ha puesto la causa y dichosos todos aquellos que se aprovechan de esa causa.

La causa de la redención, de la liberación ya la puso. El, su sacrificio que pagó por los pecados y compró las alturas del cielo, la amistad de Dios para siempre. Entonces, en esa fuerza se van perfeccionando todos los que crean en él. Que esperanza para nosotros saber que no nos apoyamos en nuestra caña frágil y que nuestro grito de liberación no es una demagogia que sólo se apoya en las armas, o en la violencia, o en las cosas de la tierra; sino que es una esperanza más fuerte que todas las violencias.

Cuando me preguntan algunos periodistas frente a otras opiniones que dicen que no hay cambio en El Salvador más que con la violencia, y que así lo ha demostrado la historia siempre, que las reivindicaciones solamente se logran a golpes y violencias, les he repetido yo lo que ahora les quiero decir a ustedes: Así es en la historia muchas veces, porque los hombres han creído más en la fuerza bruta que en el amor que el Señor nos ha dado, porque los hombres no han puesto en juego todavía, con toda su energía su capacidad de inteligencia, su capacidad de diálogo y de entendimiento. Pero en esta hora en El Salvador es bueno recordar que sólo de Cristo, de su amor, vendrá la inspiración para que se cambien las cosas aquí en nuestro país. Y si allí no habrá más que arrancar por la fuerza lo que no se quiere dar por amor, es necesario comprender a tiempo esta gran pedagogía del evangelio, y esta confianza y fe que hay que poner en el único que es el causante y artífice de nuestra liberación: Cristo nuestro Señor.

Por eso el Papa decía en su primer discurso como Papa: “Abridle las puertas a Cristo vosotros los políticos, los gobernantes, los hombres de negocio, los pudientes según el dinero. ¡Abridle las puertas a Cristo!, sólo él puede dar la redención a los hombres”. A vosotros que lucháis desde la miseria del pueblo, desde el dolor de las torturas y de los atropellos, no confiéis solamente en la fuerza de vuestro brazo y de vuestro ingenio, hay que ponerlo en juego, pero lo principal es apoyar en Cristo nuestro Señor y en su amor omnipotente, la libertad que nosotros ambicionamos.

3.    ACTITUD DE LOS HOMBRES QUE TIENEN ESPERANZA

-La esperanza no es una actitud pasiva
Ya les decía otro día: que Puebla recuerda que en estas circunstancias de los pueblos latinoamericanos, como la que está viviendo hoy El Salvador, hay dos clases de reacción en los hombres: unos son pasivos, esperan que todo les venga de Dios, no se mueven, lamentan, lloran la situación pero no hacen nada. Otros, en cambio, son activistas, “Dios está muy lejos, arreglémonos nosotros solos”. De allí vienen todas las manifestaciones de la violencia, actividades sin Dios, y hasta crímenes, y hasta sangre; y eso no puede ser el precio de nuestra redención.

Entonces el documento de Puebla señala la verdadera doctrina del evangelio. Como Cristo, que lo esperaba de Dios, hombre de la Providencia, creía que hasta los pajaritos y las flores las viste Dios y les dá de comer pero que el hombre tiene que ser también artífice de la historia. Y se pone en colaboración con el Padre y espera la hora y la voluntad de su Padre para entregarse todo enero a esa hora y a esa voluntad. Y cuando llega la hora en que Dios le pide al hombre el sacrificio, es la hora de decir: “En ti Señor he esperado”, y lanzarse a la lucha confiando en el Señor.

-Vigilad… la cosecha
Dios y el hombre hacen la historia. Dios salva a la humanidad en la historia de su propio pueblo. La historia de la salvación es la historia de El Salvador cuando los salvadoreños busquemos en nuestra historia la presencia de Dios salvador. Por eso la actitud del verdadero cristiano y de la verdadera esperanza, la termina diciendo en su discurso escatológico con una recomendación insistente: “Vigilad”.

Esta es la palabra; estar en vela. Cristo pone comparaciones como las que ha puesto hoy: “Mirad cuando ya va a llegar la primavera…” Aquí en nuestra eterna primavera no notamos esas diferencias, pero en aquellos países donde las estaciones son tan marcadas, uno ve que el invierno es como una muerte, porque se han muerto todos los árboles, pero cuando va a apuntar la primavera, comienzan a retoñar los hijitos donde brotan la hojas y después las flores, y la fruta. Dice Cristo: “Observad, ya se acerca la primavera”.

Así también dice: “Las horas de Dios también hay que observarlas, hay que esperar cuando pasa el Señor para colaborar con él”.

Y en la terminación del discurso, que no se ha leído hoy, dice “Como el sirviente que espera al Señor que ha de regresar de noche, no sabe a qué horas vendrá, por eso no se duerme, lo está esperando; o como el Señor que tiene miedo que van a venir los ladrones, está en vela, vigila, porque si se duerme lo pueden sorprender”.

Esta es la actitud del cristiano: que de veras siente esperanza. No es dormirse a que Dios lo haga todo, ya vendrá. Es que la esperanza despierta el anhelo de colaborar con Dios, con la seguridad de que si yo pongo mi parte, Dios hará su parte y salvaremos al país…

-Dolor de parto… no de abandono
Cuando Cristo y el profeta Daniel en las lecturas de hoy nos hablan de esos cuadros apocalípticos de destrucción, de sufrimiento, de dolor, no es expresando que Dios abandona al pueblo. Cualquiera siente esa tentación: “Dios nos ha abandonado, Dios nos ha dejado solos”. ¡No!, leí un comentario que me impresionó mucho, dice; “es el dolor de parto, no es el abandono de Dios”.

Y el profeta Daniel dice una palabra que bien se puede aplicar hoy a El Salvador: “Son tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora”. Son tiempos difíciles como la hora difícil de la mujer que va a dar a luz. Algo nuevo nace y algo parece. Siempre en la historia es así. El que quiera hacer de la historia algo estático, que lo puede medir con sus cuadros inconmovibles, no tiene un concepto de la historia.

-“Serán tiempos difíciles…”
Quienes quieren traducir a sus criterios y a sus moldes todo lo que pasa en el país y no son capaces de adecuar, evaluar sus estrategias, sus sistemas, sus procederes a las nuevas maneras del país, no comprenden que la historia es una continua madre dando a luz; algo viejo muere y algo nuevo hace siempre en la historia. Y el hombre de esperanza sabe que todos los dolores del país como los dolores de la familia, el sufrimiento del hogar, son dolores de la nueva criatura que ha de nacer si en el dolor elevamos el corazón a Dios, que también quiere cobrarse, de nuestra parte, nuestro propio dolor y sufrimiento para colaborar él con su omnipotencia en la salvación de nuestro pueblo.

HECHOS DE LA SEMANA

Los tiempos son difíciles pero nuestra Iglesia tiene que ser serena. Y por eso, queridos hermanos, permítanme aquí hacer una evaluación de nuestra semana para que con la alegría de pertenecer a un pueblo que se alimenta de la esperanza, podamos ofrecer al país, como yo ofrezco en la carta pastoral, la contribución auténtica de la Iglesia. Son ustedes, soy yo, los que tenemos que alimentar sobre todo la esperanza cristiana sólidamente basada en la promesa de Dios y en el precio de Jesucristo, de que nuestro país no está perdido, Dios está con nosotros, Cristo está, a la base de nuestra fe y de nuestra esperanza, Dios nos salvará. Esto es lo que tenemos que alimentar en este pueblo de Dios.

Esta semana que viene, el 21, miércoles, en San Miguel se celebra la fiesta de nuestra Señora de La paz, que el Papa Pablo VI proclamó en 1966, patrona principal de la República de El Salvador. Yo les invito pues, como salvadoreños, a que oremos mucho. Y si pueden asistir a la gran pontificial de las 9:30 a.m., pues será bonito que llevemos una presencia también a aquel lugar. Por mi parte, asistiendo, atendiendo a una invitación del Señor obispo de San Miguel y en mi calidad de metropolitano iré a rendir honores a la Santísima Virgen en nombre de la Arquidiócesis. Nadie vaya a interpretar de otra manera mi presencia sino simplemente de un pastor que sabe que María es la intercesora ante Dios por la paz de esta patria que todos tenemos que pedir.

EN NUESTRA ARQUIDIOCESIS

El clero de la vicaría de San José Quezaltepeque, hizo sus ejercicios espirituales esta semana. Estuve con ellos y los felicité por este esfuerzo de renovación y de enriquecimiento de su espiritualidad sacerdotal.

La vicaría de La Libertad, también celebró una reunión de estudio sobre el tema de la cuarta carta pastoral. Allá estuvimos ayer con sacerdotes, religiosas y laicos. El Dr. Lara Braud me acompañó y compartía la emoción de una Iglesia que se siente cada vez más profunda en nuestras comunidades.

Estuvimos celebrando la fiesta de San Martín el domingo pasado, y quiero destacar el trabajo de catequesis y el entusiasmo juvenil de aquella parroquia que rige el Padre Rutilio Sánchez. Allá también trabajan las religiosas mercedarias eucarísticas a las que tuve el gusto de saludar.

En la colonia Santa Lucía, también destacan allá los movimientos juveniles, pero también los adultos viven muy intensamente su vida parroquial. Yo los felicito.

En Candelaria de Cuscatlán celebraban el Dulce Nombre de María y acompañé al párroco, Padre Interiano en esta celebración felicitándolo también por el florecimiento de su escuela parroquial, que ya cumple diez años de existencia.

En esta Basílica del Sagrado Corazón, tuvimos el viernes una preciosa liturgia por la paz. La participación de doña Lidia de Pineda en su mensaje sobre la paz, me dá a mí la medida de lo que pueden hacer ustedes los seglares cuando sean verdaderos agentes de esta paz cristiana en medio de nuestro pueblo.

Ayer, en la Reubicación de Chalatenango, sector dos y tres, celebramos la fiesta de Santa Teresa. En aquel lugar me dí cuenta que son cerca de un millar de familias las que están en esa situación casi provisoria y donde la religión, gracias a Dios, está sembrando mucha alegría y mucho fervor a pesar de las pobrezas. Quiero felicitar al Padre Efraín López, lo mismo que a las religiosas de la Asunción que trabajan allá.

Está tarde bendeciremos una ermita rural en la parroquia de Santo Tomás.

Quiero alegrarme con la convivencia juvenil vocacional que se está celebrando en el seminario desde antes de ayer. Se esperaban unos cincuenta jóvenes y han resultado cerca de un centenar. Bachilleres casi todos que van buscando su vocación. Sin duda muchos de ellos pasarán al seminario. Es maravilloso como en esta hora, que la ha descrito tan bien el Dr. Lara en esta homilía, hora difícil como nos ha dicho Daniel, florece el heroísmo de los jóvenes que precisamente buscan las aventuras de Dios en la historia.

Quiero alegrarme con el Hospital de la Divina Providencia porque ya en esta semana adquirió el terreno donde va a extender su obra en beneficio de los niños huérfanos de aquellas enfermas que mueren, lo mismo que de los ancianos inválidos. Se debe todavía para acabar de comprar el terreno ¢75.000.

Lamentamos un accidente que Cáritas sufrió mientras transportaba ayuda en servicio de nuestros pobres.

EN LA IGLESIA UNIVERSAL

Elevando nuestra mirada a la Iglesia Universal, yo encuentro en el pensamiento del Papa dos ideas que vienen a iluminar maravillosamente la situación de El Salvador. Primera, la situación del hambre y segunda, la de los secuestros.

En cuanto al hambre, el Padre Santo habló ante la FAO, que es una organización de las Naciones Unidas que trata asuntos de alimentación y agricultura. Señaló las verdaderas causas del hambre en el mundo y dijo que no bastan programas de ayuda, se necesitan cambios de estructura. He aquí unas palabras del Santo Padre: “El hambre en el mundo no proviene solamente de circunstancias geográficas, climatéricas o desfavorables de la agricultura, procede también del hombre en sí. Procede de deficiencias en la organización social que bloquean la iniciativa personal. El hambre procede del terror y de la opresión, de los sistemas ideológicos y de las prácticas inhumanas”. Aquí el Santo Padre nos está diciendo a El Salvador: ahora que se habla de cambios, no descansen los nuevos gobernantes hasta ofrecer al pueblo, si de veras quieren merecer su confianza, un cambio de las profundas estructuras de nuestro pueblo. Es necesario, entonces, tomar en serio estas palabras del Papa, que nuestros problemas de hambre y desnutrición no se van a arreglar con paternalismos y ayudas, sino que tiene que ser un cambio de estructuras a la raíz de todos nuestros modos de ser en El Salvador.

Los expertos en nutrición dicen que en Latinoamérica sufren severa desnutrición 50 millones, y en todo el mundo son 500 millones los seres humanos con hambre. El número de desnutridos aumenta cada vez más en lugar de disminuir. En América Latina es la región más golpeada por el alza de los precios a los consumidores, lo que hace aún más difícil resolver el problema de la desnutrición. Fíjense, a partir de 1975, en América Latina, los precios han subido un 319%, tres veces más valen las cosas. En cambio, en los otros países más adelantados, con mejores legislaciones, el aumento sólo ha sido de un 31%, lo cual indica, pues, que en El Salvador podemos comprar más barato los frijoles, el maíz y que es necesario una ley que toque las bases de estas cosas. En El Salvador, desde 1975- y son estos datos oficiales- las deficiencias en la alimentación de la población salvadoreña constituye uno de los aspectos más dramáticos de la condición social. Más de la mitad de los salvadoreños, por carecer de los ingresos necesarios, tienen problemas de desnutrición. En este sentido me parece que fueron muy acertadas las medidas de la Junta al congelar los precios de algunos alimentos básicos y aumentar los salarios de los trabajadores en el campo.

Ya saben que los cortadores de café tendrán ¢14.25, mientras que los de algodón ¢8.00 y los de caña ¢9.00. No basta señalar esas deficiencias y hacer estas enmiendas, porque las necesidades de nuestros trabajadores son las mismas, aunque sean cortadores de caña o de algodón. La dignidad y el valor del trabajo es el mismo. Y por eso sería bueno, también, que el gobierno se preocupara de ver como logra solucionar estas anormalidades.

Eso sí, también es bueno procurar que estas medidas recaigan no en detrimento de los pequeños o medianos productores. Llegó una comisión de señoras del mercado a decir que la baja de precios afecta al pequeño comercio que a veces compra más caro de lo que ahora le obligan a vender. De nuestra parte les dijimos: son momentos de sacrificios y hay que hacer todo lo posible por sacrificarnos todos. Pero sí sería bueno que en las legislaciones de esta materia se tuviera en cuenta que no es lo mismo un gran productor y un gran negociante, que un pequeño negociante y un pequeño productor, y que las leyes sean justas según la proporción de las capacidades…

En el periódico Orientación podrán leer, en la página 5, el discurso del Papa en Des Moines donde, cabalmente, habla de este problema de la alimentación y de los productos del campo. Solamente quiero citar esta palabra que es del Concilio: “Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene, para uso de todos los hombres y pueblos; en consecuencia, los bienes creados, deben llegar a todos en forma equitativa bajo de la égida de la justicia y por la compañía de la caridad”.

El otro problema que el Papa enfocó y para nosotros es de mucha actualidad: es el problema de los secuestrados. El Papa se refería a dos casos en Italia y en España. Sus palabras me parecen tan actuales para El Salvador, dice: “Quiero dirigirme a quienes han secuestrado al Señor don Javier Ruperez, distinguido miembro del Congreso de Diputados de España. Sé que esa acción ha sido deplorada y condenada sin paliativos por la opinión pública. Pido insistentemente al Señor- dice el Papa- que ilumine nuestra inteligencia y mueva vuestro corazón, responsables del secuestro, para que guiados por principios de convivencia y por sentimientos de humanidad, liberéis espontáneamente al Señor Ruperez y pongáis fin a la angustia suya y de su familia. Os invito a pensar que ninguna solución humana y justa puede ser alcanzada siguiendo los cambios de la violencia. Nadie, tanto menos quien se llame cristiano, puede recurrir a tales procedimientos”. Podíamos decir los mismo aquí en El Salvador a los que tienen en su poder al Señor Jaime Batlle y al Señor Jaime Hill, y pedir en nombre de esa civilización y de ese amor, que los liberen.

Y este problema de los secuestrados nos lleva también a otro problema tan sensible aquí en El Salvador ahora. Por la misma razón ruego, con esas mismas palabras del Papa, a los miembros de los cuerpos de seguridad que retienen a los desaparecidos o saben que ha pasado con ellos, que los liberen o informen libremente a la comisión investigadora que ha pasado con ellos y quiénes son los responsables…

Esta semana el FAPU presentó fotografías que evidencian la existencia de un cementerio clandestino en el acantilado del Litoral. Por cierto que se trata de unas fotografías que coinciden con las que tomó un sacerdote, ¿cómo están en FAPU? Y leyó el testimonio de un militante del PDC que después de capturarlo en San Vicente los cuerpos de seguridad fueron a tirarlo a ese lugar junto con otros cuatro campesinos. Esto, sin duda, les está dando pistas a los encargados de esta investigación. Es necesario también que todos aquellos que tengan información al respecto colaboren con la comisión, que no dudamos está sinceramente preocupada de este problema. Espero que esta comisión no quedará satisfecha con sólo publicar un resumen de los resultados de su investigación. Yo creo que en justicia también tiene que pedir una indemnización inmediata para las familias de los desaparecidos que conste que fueron asesinados y se presume que les ha sucedido esa desgracia. Creo que hay muchas familias desamparadas, a las cuales los responsables, según la moral cristiana y simplemente humana, tienen que restituir por el mal que se les ha hecho.

Con esta idea la Comisión de Derechos Humanos ha pedido a la Junta de Gobierno, que le informe sobre los reos políticos que están detenidos en las cárceles públicas y que no han obtenido su libertad a causa que se dice que han surgido dudas sobre la interpretación del decreto. Por su parte, el Socorro Jurídico del Arzobispado ya presentó una lista a la Junta de Gobierno y a la Comisión Investigadora con los nombres de estos reos políticos, así como también llevará  esta próxima semana, debidamente documentada, la lista de 200 capturados y desaparecidos.

La Corte Suprema de Justicia tiene aquí un reto ya manifestado en un pronunciamiento, su propósito de garantizar los derechos humanos reconocidos universalmente. Dá esperanza escuchar en su pronunciamiento estas palabra: “Exhorta a los funcionarios del Poder Judicial a cumplir con la debida responsabilidad las obligaciones que sus cargos les imponen, especialmente la de impartir pronta y cumplida justicia y conservar con las partes relacionadas de mutuo respeto, y hacer cumplir las normas que regulen la conducta que debe observarse en los tribunales de justicia”. Excita también la Corte Suprema a los abogados para que en el ejercicio de su profesión coadyuven a una sana, pronta y eficaz administración de justicia, contribuyendo así al prestigio del poder judicial, que lamentablemente había estado por el suelo como lo dijimos muchas veces aquí.

Recibí una carta de las Madres de Familia- firman cuatro madres de familia- en que dicen que no es cierto que sean manipuladas por organizaciones populares. Esto me alegra grandemente, aunque hay testimonios que hacen dudar y ojalá que ésto sea cierto y se respeten de verdad. Yo respeto mucho, queridas madres de familia, su sufrimiento y su dolor, y por eso no tolero que en lo más mínimo se utilice para demagogia vuestro dolor que es tan sagrado… También denuncian que en su huelga de hambre en el Ministerio de Justicia, fueron objeto de atropellos de la Guardia Nacional, el martes 13 a la 1:40 de la mañana y que por eso prefirieron retirarse de aquel lugar. Si en la comisión de investigación se tiene la buena voluntad de aclarar todas estas cosas, yo los invito a que recurran- ya lo habrán hecho- a donde se debe recurrir.

Quiero, también, en este mismo capítulo de los desaparecidos y secuestrados, preguntar una vez más por nuestro querido colaborador en la parroquia de Soyapango, el sacristán Tomás López, del cual no se ha sabido todavía nada a pesar de haber sido llevado herido y haber sucedido ya en este nuevo período de gobierno. Sé que se está investigando seriamente el asunto y espero poder decir un resultado claro de esa investigación, de lo contrario se cernirá una sospecha muy grave sobre la situación actual de nuestro gobierno.

Por eso también es necesario que se lleve a la práctica y muy pronto, una administración de justicia y también una purificación prudente y sabía en los cuerpos de seguridad.

He de referirme a lo que está pasando a pesar de haberlo pedido con insistencia: la venganza. No es cristiana ni humana. Después de que fue publicado el Decreto de Disolución de ORDEN, se difundió, supuestamente de esta misma organización, que seguirán trabajando con el reconocimiento legal o sin él. Una parte de sus miembros trabajarán en la clandestinidad y actuarán  donde el gobierno y las fuerzas armadas por impedimento legal no pueden actuar. En otras palabras, parece ser que hay miembros de ORDEN y otras personas interesadas en continuar la labor represiva de esta organización condenada por la Organización Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y descalificada ya por el nuevo gobierno. Como pastor, quiero decir a los cristianos que en sus comunidades tengan conocimiento de los miembros de ORDEN que sean capaces de conversión o que sólo pertenecían a esa organización por necesidad o engaño, que puedan sugerirles no seguir participando en ella, mucho menos en acciones en contra del pueblo. Ayúdenlos a que no tengan necesidad de seguir en esa organización porque encuentran apoyo y una buena acogida en nuestras comunidades: Seamos verdaderamente cristianos, acogedores de todo aquel que quiere retornar a la vida cristiana. No se justifica, pues, que ORDEN continúe reprimiendo como parece amenazar ese pronunciamiento.

Para hacer justicia, ya están reestructurándose el Poder Judicial y los cuerpos de seguridad. Tratar de hacerla por su cuenta es prestarse a abusos, a injusticias y a intensificar la violencia, sobre todo, entre pobladores del campo. Por esta misma razón, no apruebo el asesinato realizado por las FPL de 11 campesinos con el pretexto de que eran miembros de ORDEN. Es justo que así como se está pidiendo se juzgue a los responsables de los cuerpos de seguridad que reprimieron injustamente al pueblo, también se juzgue a los miembros de ORDEN que participaron en esos atropellos; pero juzgarlos y mucho menos asesinarlos, no le corresponde a las FPL, ni a ninguna iniciativa privada, ni a ningún otro grupo. Por ello -repito- está la Corte Suprema de Justicia…

Hay un testimonio que me impresionó mucho de un pariente de los asesinados que dice: “En el cantón Llanitos, jurisdicción de Jutiapa, ya sólo quedan estas tres alternativas: organizarse en FECCAS O UTC, salirse del cantón, o morir asesinados. En este cantón se han distinguido siempre porque la gente no usaba armas y por  la profunda religiosidad. Numerosas familias han tenido que abandonar el cantón por amenazas de ciertos organizados. En la población de Jutiapa hay casas en que tres familias viven juntas, tal es la pobreza. Algunas de las personas asesinadas últimamente eran gente muy cristiana que nunca abrigaron sentimientos de venganza. Algunos eran de las patrullas cantonales, en varios lugares se están dando estos hechos de parte de algunas personas organizadas. Es un testimonio que tenemos en cuenta para decir que hoy parece que los papeles se están invirtiendo y los que antes se quejaban de la represión de los cuerpos de seguridad son hoy los represores de nuestro pueblo.

También los de las FPL, se atribuyen el ataque de una sucursal de McDonald y de Avis. Empleados de McDonald acudieron al Arzobispado. Yo quiero lamentar no haber estado presente a la hora que llegaron, pero un sacerdote los pudo atender y me comunicó fielmente sus deseos, que yo ciertamente me solidarizo con ellos y es dar a conocer el sentimiento de estos empleados del McDonald. “El personal de McDonald repudiamos enérgicamente el atentado de que fue objeto una de nuestras tiendas y el cobarde asesinato de su vigilante, pues con ésto no se viene sino a perjudicar a muchas familias pobres, humildes que nada tienen que ver con la política actual ni con idealismos tanto de izquierda como la derecha. Con este hecho, además, se viene a enlutar un hogar más y dañar a una de las empresas que se identifica con las necesidades de sus empleados, pues McDonald es una de las pocas empresas que se preocupan por más y mejorar prestaciones para su personal. Queremos aprovechar la oportunidad para hacer un llamado a la conciencia de estos señores, y que si sus fines son la defensa de los derechos del pueblo que no continúen dañando al pobre destruyendo sus fuentes de trabajo, pues los más perjudicados somos nosotros ya que tenemos nuestras familias que sustentar”.

También firman otra proclama los empleados del Servi-Pronto de El Salvador: “Consternados por el vil y criminal atentado  contra nuestro centro de trabajo, enérgicamente protestamos y hacemos un llamado a aquellos grupos que en una forma u otra son los responsables de la zozobra en que vivimos, a que depongan esas actitudes que solamente acarrean luto e incertidumbre a nuestros hogares. Somos personas humildes que únicamente contamos para subsistir con nuestro trabajo y no entendemos como sectores que usando la supuesta bandera de reivindicación popular con sus hechos consignen todo lo contrario, la de “hundir cada vez más a la clase trabajadora en el desempleo y la pobreza,” etc…

Hubo un incendio provocado que afectó el bombeo de ANDA en Olla Grande, lo cual ha traído trastornos en el servicio de agua en Miramonte Poniente, Centroamérica, San José, Layco, Santa Teresa, Las Rosas, Ciudad Satélite y otros sectores inmediatos. También con la misma lógica de aquellos pronunciamientos que acabo de leer, yo hago un llamamiento para que no se haga mal a los servicios de nuestro pueblo.

En cambio, quiero aplaudir el gesto tan bonito de niños Boy Scouts No. 30 en Mejicanos, como emplear su tiempo y sus energías en arreglar calles y en hacer el bien. Esto debíamos hacer los salvadoreños, arreglar nuestras cosas, no destruirlas …

Hubo un atentado contra la familia Altamirano y también repudiamos todo atentado contra la tranquilidad.

También me alegro de que tres manifestantes se hicieron sin incidentes. Como pueden precisamente- lo que estábamos diciendo- manifestarse estos grupos políticos como ANDES, FAPU, UDN, tiene que ser presiones necesarias en nuestro tiempo en que se trata de abrir a una democratización el país. Pero como lo hemos repetido mil veces, debe de emplearse un lenguaje como este de presión política, no lenguaje violento.

Hubo dificultades en el Seguro Social. Ustedes ya se han dado cuenta, pero quiero alegrarme de que se haya resuelto aquel asunto con sabiduría, con paciencia, con diálogo. El Dr. Saca manifestó que él no es un político sino qué únicamente milita en su profesión dentro del campo de la salud. Reconoció que la actitud de los empleados no era un ataque propiamente a su persona sino al procedimiento seguido por su nombramiento, pero prometió a ellos que les demostrará en el transcurso de su actuación, que no está de ninguna manera en su contra. La Crónica cuenta como se pudieron arreglar las cosas sin necesidad de prolongar una violencia innecesaria. Como es cierto, pues que hablando se entienden los hombres y que la mejor solución de nuestros problemas será siempre maneras inteligentes, racionales.

Me pidieron  que me hiciera eco de la petición de la Asociación de Empresarios de Autobuses Salvadoreños quienes presentan al Señor Ministro de Economía una serie de peticiones. Yo creo que dada la voluntad de hacer justicia, serán atendidos. Por ejemplo, un periódico moratorio de seis meses, un financiamiento justo con intereses sobre saldos, y sin exigirles hipotecas, supresión de los intereses compuestos por ser ilegales y honerosos, derrogatoria de la responsabilidad sin culpa en la Ley de procedimientos de Tránsito, subsidios por parte del Estado. Combustible gratis al transporte público a cambio de los pases de cortesía, etc. Son quince peticiones que de mi parte recomiendo al sentido de justicia, y sentido común en el diálogo que han de tratar este asunto.

Otros aspectos laborales. Se llevaron a cabo varias audiencias en el Ministerio de Trabajo y lo menciono porque los problemas de Lido, Apex, Arco, Duramás, Dimex, parece que se van resolviendo en un diálogo inteligente. Solamente hay que lamentar que algunas personas, representantes de los empresarios, no se presentaron. En estos momentos cualquier ausencia de éstas, puede ser un pecado de omisión, que no colabora al deseo de salir de una situación que podemos hacerla salir a flote, si todos nos ponemos en plan de inteligencia y de diálogo.

También quiero referirme al problema de la universidad. Hace varios meses de caído en un impasse. Varios factores han influido, uno de ellos es la pugna que existe entre los movimientos estudiantiles. Uno de los movimientos se ha tomado la Rectoría de la Universidad para exigir que reúna la Asamblea General Universitaria para elegir autoridades. Ojalá no se presione sólo porque se normalice esta situación anómala, sino los demás grupos estudiantiles hagan un esfuerzo por ponerse de acuerdo y colaborar porque la universidad sea una vez más un auténtico centro de estudios superiores; donde se formen intelectuales comprometidos con su pueblo, que utilicen sus conocimientos adquiridos no para enriquecerse individualmente, sino como hoy lo pide la situación, para el servicio de nuestro pueblo.

Por eso quiero terminar refiriéndome al pronunciamiento de la Federación de Asociaciones de Profesionales Académicos de El Salvador, que comprende sociedad dental, médicos, arquitectos, profesionales de ciencias económicas, ingenieros, contadores públicos, ingenieros y arquitectos, profesionales químicos, humanistas, etc. Es un llamamiento a la colaboración profesional, a participar con las disciplinas profesionales de sus asociados, a enriquecer las diferentes alternativas necesarias para contribuir en lo político, social, económico y cultural ayudando a sustentar las bases de la democratización del país. Reitera su compromiso con el pueblo, reafirmando su deber y derecho de pronunciarse y participar en la vida pública, contribuyendo a orientar y solucionar los problemas de índole nacional. Excita a todas las asociaciones profesionales a pronunciarse públicamente sobre las situación que vive el país. Asimismo, a poner en conocimiento del pueblo los resultados de las investigaciones, recomendaciones y realizaciones que propendan hacia el desarrollo de nuestro pueblo.

Yo creo hermanos, que si todos tuviéramos esta conciencia de colaboración que se está oyendo, hoy gracias a Dios, más que antes la solución del país no es imposible.

Olvidaba invitarlos para el curso de teología que se impartirá en La Ceiba de Guadalupe a partir de mañana, 19, hasta el 15 de diciembre; de 6 de la tarde a 9 de la noche. Hay un precio de inscripción pero dice que las personas que tengan dificultades económicas, lo soliciten y habrá solución de sus dificultades.

PENSAMIENTO QUE NOS LLEVA AL ALTAR

Quería terminar, al aludir a todo ésto, no nos hemos apartado de nuestra reflexión teológica y bíblica; la esperanza es la fuerza liberadora de nuestro pueblo, porque se apoya en una promesa de Dios que está a la base de nuestra esperanza; y, sobre todo, en la potencia redentora de Cristo que ofreció un sacrificio que sigue siendo fuente de salvación para pueblos y hombres.

Como Daniel, podíamos decir, apoyándonos en Cristo: el pueblo está a salvo. Sólo que nosotros, es el tercer punto de la meditación, tenemos que colaborar, tomar actitudes de cristianos que tienen esperanza, pero como quien tiene esperanza, la aviva esa esperanza en una colaboración activa como la que llaman aquí los profesionales, que ojalá todos, profesionales y no profesionales, simplemente hombres salvadoreños, con fe cristianos, o sin ella, con esperanza en Cristo o sin ella, sepamos que existe un Dios que cuida nuestro pueblo, que va al lado de nuestra lucha, y que si nosotros colaboramos con él, la realidad de la liberación en El Salvador vendrá muy pronto. Primero Dios…

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