Su Pensamiento

No.1671 Pág. 1 – PENTECOSTÉS Y SEMINARIO

Pentecostés.
De repente se oyó en el cielo el gran ruido de un espíritu vehemente que venía y penetró al Cenáculo y llenó toda la casa y reposó el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, sobre la cabeza de los Apóstoles.
Quedaban así armados los heraldos del Reino de Dios para lanzarse a la conquista de las naciones.
Su predicación fue eficaz.
La audacia de estos insignificantes pescadores hizo temblar el mismo centro de la civilización pagana y sobre los ídolos hechos pedazos de un imperio en ruinas, queda hoy, alta y firme, la bandera que ellos plantaron. "Stat cruxdum volvitur orbis!"
La historia se ha repetido mil veces.
Los sucesores de los Apóstoles no han tenido miedo a los herederos de Nerón. Y la misma historia contemporánea es rica de heroísmo entre los obispos y sacerdotes de nuestros días.
El secreto de esta fuerza avasalladora es una palpitación divina que se oculta dentro de la debilidad humana del heroísmo a los Apóstoles, y a quien Cristo ha querido alma de su Iglesia, es la garantía segura de la indefectibilidad católica.
Todos los obispos, todos los sacerdotes de la Iglesia Católica han vivido las emociones indescriptibles de su consagración. En la historia de su vida fue aquel un momento inolvidable: la unción del Espíritu Santo.
Cuando entre las notas solemnes del "Ven oh Espíritu Creednos". Los pontífices consagrantes renovaron sobre ellos el espiritismo de fuego de Pentecostés que los constituyó sacerdotes in aeternum…
La iglesia puede marchar segura de cumplir su misión de santificar y salvar almas, porque en el alma de esos hombres consagrados palpita el mismo vigor, la misma fuerza divina que el Espíritu Santo comunicó a los Apóstoles en Pentecostés.
Que hay sacerdotes malos? Que hay claudicaciones…? que hay debilidades…? No se niega; pero ellas precisamente afianzan más esta valentía y santidad de la Iglesia no las tolera ni las encubre, sino que las sanciona con su severidad e intransigencia saludables en cualesquiera que las compruebe.

Pero precisamente para poder presente sin temeridad hombres dignos a la consagración; la Iglesia despliega toda su maternal solicitud en la adecuada formación de los futuros sacerdotes. Porque aún en las misiones divinas de los hombres cuentan mucho las preparaciones humanas y antes de hacer al sacerdote, es necesario modelar al hombre perfecto.
Y en esta labor titánica de formar esos hombres perfectos en su inteligencia, en su oración, en su voluntad, de acuerdo con las sanas exigencias de su época para poderlos presentar un día a la consagración de su Pentecostés, para que sobre esos hombres sanamente modernos caigan la efusión fecunda y eterna del Espíritu santo y el sacerdocio divino en esta labor trascendental, está comprometida la Iglesia entera, todos los católicos sin excepción. Pues que a todos los socios de cualquier sociedad interesa tener dirigentes bien comprensivos de su misión y de su tiempo.

EL DIA DEL SEMINARIO, señalado sapientemente por nuestro Excmo. Prelado el Día de Pentecostés viene a esto. A gritar muy fuerte sobre la conciencia de TODOS LOS CATÓLICOS de la Diócesis que
la obra del Seminario
es obra de todos los católicos.
O.A.R.

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No.1670 Pág. 1 – Para el día del Seminario

ORACIÓN Y DINERO

El próximo 25 de mayo, día de Pentecostés, es en la Diócesis, el Día del Seminario.
Ha querido nuestro Excmo. Prelado unir esta fiesta grande entre las grandes fiestas de la Iglesia, con el recuerdo de esta necesidad grande entre las grandes necesidades de la Diócesis.
Pentecostés es la venida del Espíritu Santo; es la promulgación de la ley evangélica; es la fundación oficial de la Iglesia de Cristo: Del Cenáculo, bautizados con el Espíritu Santo, salen los apóstoles, primeros sacerdotes del Nuevo Testamento a comenzar su misión que luego, al morir, deberá ser continuada por los obispos y sacerdotes hasta la consumación de los siglos y hasta el último confín de la tierra.
Fiesta oportuna para unir la idea de los modernos cenáculos los seminarios:

DIA DEL SEMINARIO
Lo cual quiere decir:
día de oración por el Seminario
día de limosna para el Seminario

En cumplimiento de la voluntad de Cristo que, después de constatar la abundancia de las mies y la escaséz de los obreros, nos exhorta: "rogad al Señor de la mies para que envíe operarios" quiere el Prelado unir este día a sus Diócesis en una solemne jornada de oración por el Seminario.
Para que florezca en los hogares las flores de la vocación: para que florezca en los corazones de los diocesanos la generosidad por la gran obra…
Decía Pío XI "después de la oración con la cual el Señor nos enseño a orar al Padre Nuestro que está en los Cielos, hay otra oración que el Señor enseñó directamente, públicamente, solemnemente: rogad al Señor de las mies que envíe operarios a sus mies" (discurso del 8 de julio de 1935).
Pero la formación de esos operarios es obra también humana. Y las obras que tienen aspectos humanos, aunque sean las más divinas, exigen la decidida colaboración del dinero.
Que el dinero si muchas veces es estorbo de la santidad, es muchas veces poderosísima palanca de apostolado. Que al fin es de Dios y Dios tiene derecho a exigirlos para sus obras.
Cuando David, rey de Israel, contempló la generosidad de su pueblo derrochando donativos para la Construcción del templo, oró así: Que tuyas son, Señor, todas las cosas y lo que hemos recibido de tu mano, esto te hemos dado.
(1 Par.29,14).
Y en su sabia legislación, la iglesia tan solicitada a dar leyes para la recta formación espiritual, intelectual de los seminarios, dispone en el can.1355 la provisión económica de los mismos. Y en virtud de esa ley el Prelado puede ordenar impuestos e imperar colectas en su Diócesis a beneficio del Seminario.
Este es el caso del Día del Seminario.
Y es la voluntad de la Iglesia y de Cristo la que pide en el Día del Seminario.
"Se trata en este caso de las pobrezas de la iglesia, nuestra madre- escribe Monseñor Farfán- y el que facilita sus caminos al que es llamado de Dios, socorre por medio de él infinitas necesidades del cuerpo y del alma y de esta manera su limosna reditúa espiritualmente por los siglos de los siglos".
Quien le iba a decir a los católicos de Padua cuando el siglo pasado fundaron con sus limosnas varias becas para el Seminario, que un joven favorecido con una de esas becas en 1852, sería al comenzar este siglo Romano Pontífice Pío X…

Día del Seminario
Día de oración por el Seminario
Día de limosna para el Seminario
O.A.R.

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No.1669 Pág. 1 – Para el día del Seminario

PROBLEMA SECULAR

La Iglesia viene de muy lejos. Ha debido enfrentarse, siempre con gloria, a los problemas de todos los siglos. Sin embargo, a pesar de la magnitud de los demás problemas pueden afirmar abiertamente en el siglo XX: "nada en el transcurso de los siglos ha procurado tanto (la iglesia) con maternal solicitud, como la perfecta formación de sus sacerdotes". (Pío XI, Ad Catholici)

Enumeremos unos cuantos hechos históricos. Será oportuno comentario a la solemne afirmación de Pío XI hoy que los católicos generosos o indolentes- están para celebrar el 25 de mayo el DIA DEL SEMINARIO.
La Biblia guarda el cariño con que Cristo y los Apóstoles formaron los primeros sacerdotes de la Iglesia. Los Obispos cargaron fuego con la responsabilidad de apacentar el rebaño tierno y buscaron y formaron eficientemente colaboradores de ministerio.
La experiencia del Obispo de Hipona. San Agustín, cuenta Posidio, sirvió también para otros obispos en la formación de sus sacerdotes.
Junto a los monasterios benedictinos hubo interesantes anexos llamados "Escuelas monásticas", de donde salieron en la edad media muchos obreros del evangelio. Aquel gran sacerdote, genio de santidad y ciencia. Santo Tomás de Aquino, dio sus primero pasos en una de estas escuelas en la de Monte CasiNo.
S. Isidro y S. Braulio fundaron dos "Escuelas Episcopales o Catedralicias" Sevilla y Zaragoza, donde se formaron sus sacerdotes. Durante toda la edad media fueron estas escuelas catedralicias verdaderos remansos de santidad y sabiduría para las vocaciones sacerdotales.
En los siglos XII y XIII muchos sacerdotes se formaron en las universidades de Bolonia, Oxford, Salamanca y Paris. Esta última era considerar como el más luminoso resplandor de la ciencia de la Iglesia.
En Roma florece hoy el "Almo Collegio Capranicense". Fue fundado en siglo XV por el Cardenal Capránica. En 1894 era alumno de este seminario el joven Eugenio Paccelli.
Ante la amenaza protestante de Alemania, San Ignacio de Loyola levanta una poderosa arma. Fundó en Roma el "Colegio Germánico" donde vocaciones alemanas puedan robustecerse en santidad y ciencia para defender la fe de sus pueblos.
Con la misma idea y por inspiración del mismo Ignacio, El Cardenal inglés Reginaldo Pole funda el seminario inglés.
Los concilios Toledanos legislan sobre este problema. Pero hasta el Siglo XVI toda esta obra ya gigantesca de la formación del clero la realiza la iglesia por iniciativa diocesana o providencial.
Fue gloria del siglo XVI, en el Concilio Tridentino en su sección 23, haber dictado el decreto "sobre la erección seminarios en que se forme clero idóneo para la cura de almas". Dice el célebre historiador del Concilio, Cardenal Pallavicini, que bastaba esta ley para compensar todos los trabajos del Concilio. Porque llevaba impresa una fuerza mundial y era el cimiento de la verdadera reforma. La catástrofe protestante puso de manifiesto la necesidad de un clero más preparado en santidad y ciencia.
Desde el concilio de Trento surge una línea más vigorosa todavía en este problema de la Iglesia, los seminarios. Pío IV, al año siguiente, fundó el "Seminario Romano", objeto de especial cuidado de los Romanos Pontífices.
S. Carlos Borromeo, establece 4 seminarios en su vasta arquidiócesis, se funda el primer seminario en el Portugal. Francia acoge con entusiasmo la obra de los seminarios y pueden presentar en la historia del Clero verdaderos campeones de esta labor: el card, Berulle, San Vicente de Paul, San Juan Eudes, Juan Jacobo Olier fundador del gran Seminario de San Pulpicio.
Las nuevas tierras de América son bendecidas con esta preocupación de la Iglesias, desde los principios albores de la civilización. El siglo pasado cristalizaba el ideal de Monseñor Eizaguirre bajo la protección de Pío IX: el Pontificio Colegio Pío Latino Americano de Roma. Hace dos años celebramos en El Salvador el primer centenario del seminario salvadoreño.
En 1915, en plena guerra europea, Benedicto XV fundaba la Sagrada Consagración de Seminarios y estudios de Universidades. Y se ha podido escribir que desde esa fecha hasta hoy la Iglesia ha vivido el período más activo de trabajos de seminario. Centenares y millares de cartas llevan la sabia dirección de la Santa sede a todos los seminarios del mundo, los cuales a su vez, cada tres años deben enviar detallado informe de su funcionamiento.
En 1925 la misma Sagrada Congregación de seminarios editaba nuevos puntos de reglamento para seminarios.
En 1938 el mismo Secretario de la S. Congregación de Seminarios preparó la edición de una importantísima colección de documentos relativos al seminario: "Enchiridion Clericorum".
El Pontificado de Pío XI, grande en muchos aspectos, es gigantesco en su labor pro seminarios: erigió muchos seminarios provinciales, que quería bien constituidos. Inauguró en 197 el espléndido edificio moderno para el seminario RomaNo. Y dejó los rasgos vigorosos de su interés por la gran obra, en la Encíclica "Ad Catholici".
El 4 de noviembre de 1941 S.S. Pío XII instituía, bajo la Sagrada Congregación de Seminarios, la Pontificia Obra de las Vocaciones Sacerdotales.
Se explica esta solicitud de la Iglesia por los seminarios porque "la suerte de la Iglesia- decía León XILI- está íntimamente ligada con el estado de sus seminarios".
O.A.R.

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No.1668 Pág. 1 – Para el día del Seminario

COMPAREMOS
El próximo 25 de mayo, Domingo de Pentecostés, es el DIA DEL SEMINARIO. La autoridad eclesiástica ha dado la consigna de promover un intenso movimiento pro Seminario y ha llamado a esta labor, "la obra cumbre" de la Diócesis.
Y así es.
Cedamos la palabra a la elocuencia de las siguientes cifras:
La Diócesis de San Miguel solamente tiene 21 sacerdotes. Si fuera necesario podrían aquí sus nombres, pero quizá no hay quien los conozca…
Pues bien. Con esos 21 sacerdotes se debe atender a todos los habitantes de los cuatro departamentos de Oriente, o sea 556,783. Una simple operación de dividir, hace aparecer esto: en cada sacerdote deberá atender a 26,513 almas.
Pero esta suposición debe ceder a otro dato más alarmante. De estos 21 sacerdotes, hay cuatro que indispensablemente deben atender a oficios de la Curia y Capellanías de Hospitales y Colegios. Y entonces quedan solo 17 sacerdotes, algunos muy ancianos y enfermos, para soportar el inmenso trabajo parroquial.
Inmenso en verdad. Porque son 24 parroquias en que se agrupan 85 poblaciones orientales.
17 sacerdotes para 85 poblaciones que se entienden en 11,466 kilómetros cuadrados!!!
COMPAREMOS ahora con aquella nación que se llama protestante.
El padre Alfredo Galindo M.Sp.S. en último número de la revista Renovabis, me proporciona la siguiente estadística de Estados Unidos:
Los católicos de Estados Unidos en 1946, sumaban 24 millones. Sacerdotes del clero secular: 25,000. Sacerdotes del clero regular: 13,500. O sea un total de 38,500 sacerdotes para 24 millones de almas.
"En la actualidad tiene 121 Diócesis organizadas en 22 provincias Eclesiásticas. Las diócesis están formadas por 14,500 parroquias: hay además 10,000 iglesias, misiones y capillas que no son parroquias…Atendiendo al censo general les corresponde un promedio de 1655 fieles por parroquia. El tipo de esas feligresías es ordinariamente de unas 250 a 500 familias.
Así se explica el caso de un párroco "que llegó a conocer por su nombre a todos los feligreses".
Resumamos así toda esta congestión de números:
En Estado Unidos 38,500 sacerdotes para 24 millones de almas.
En San Miguel 21 sacerdotes para 556,783 almas
Si se repiten esas almas entre esos sacerdotes daría:
En Estados Unidos 624 almas para cada sacerdote
En San Miguel 26,513 almas, para cada sacerdote.

Se comprende entonces el florecimiento de los católicos del Norte…y la languidez de nuestra vida católica.
Por voluntad de Dios es el sacerdote el propulsor ordinario de la vida de la iglesia. Donde hay sacerdote circula de la Iglesia con más abundancia…
Es lógico deducir que si queremos llegar a tener un catolicismo vigoroso, el primer paso necesario que hay que dar es ayudar decisivamente al Seminario para preparar sacerdotes que, por su calidad y su número, estén a la altura de su misión divina en la Diócesis.
O.A.R.

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No.1665 Pág. 1 – LA SEMANA SANTA

Pasó ahondando más nuestras católicas tradiciones.
Desde la cuaresma, con sus predicaciones especiales en los templos…con su "Nazareno de San Francisco", recorriendo bajo el toque lúgubre de las campanas centenarias la antigua calle del Calvario, en las tardes de los viernes, la piedad de esta ciudad legendaria transpira un aire de espiritualidad más austera.
El Domingo de Ramos. Desde muy temprano las "palmas benditas agitan su triunfo en la Medalla Milagrosa, en el Calvario y en la Parroquia Central. Y culmina el triunfo del Redentor en la Catedral, de donde presidieron un nutrido desfile, el Excmo. Sr. Obispo sale a encontrar la tradicional procesión del "Señor del Triunfo" que viene del Calvario. Al llegar a Catedral, aquella abigarrada multitud que se estanca por la puerta cerrada, ante la fachada y en el parque Guzmán, hace pensar en la "plurima autem turba" del evangelio del día. Luego la Catedral abre sus puertas al triunfo de Cristo; mientras el vigoroso orfeón marista canta el Hosanna "Ingrediente Dominio In Sanctam Cititavem…"
Monseñor prosigue la misa. Desde el micrófono se seguía en español la hermosa liturgia del día, y cuando llegó la hora de leer la pasión de nuestro Señor, el pueblo de pie alzó nuevamente sus palmas, presentando un espectáculo emocionante.
Días de piedad. La tradición del Calvario levantó en piadosa procesión a su antiguo "Señor de la Merced", el lunes santo. Y la Iglesia de Santo Domingo, el miércoles santo, al "Señor de la caída", al que un día ante los fieles rodearon de piedad en la tradicional "velación del huerto".
En catedral son también noches éstas de intensa devoción: después del vía crucis se desarrollaron conferencias sobre la Redención y se sellaba la jornada con la bendición eucarística.
Las numerosísimas confesiones del miércoles santo por la tarde y por la noche debieron llevar un verdadero consuelo al Redentor.
Jueves Santo. Con la conciencia purificada por el perdón sacramental, se acercaron al banquete eucarístico muchos migueleños y peregrinos. Los comulgatorios rebosaron en todas las iglesias.
Que bien saben estas almas celebrar su semana santa. Que el más pequeño sentimiento de gratitud y amor a Dios Redentor reclama vivir la semana santa así: cerca del altar…y no en otra parte.
La solemne pontificial comenzó a las 8. Cuando el Pontífice entraba, y se preparaba para la pontificial, la voz clara y unclosa del Hermano Cecilio ofrecía en español; por el micrófono, los ricos filones de la liturgia, cuyo acto típico en catedral debía ser aquella mañana la consagración de los santos óleos. La larga ceremonia de los óleos, supo hacerla comprensible a todos la interesante descripción del Hermano, y se nos ocurría pensar en aquel espíritu que animaba la liturgia en su edad de oro, cuando en la misma Roma, en atención a los griegos allí residentes, las lecciones litúrgicas se leían también en griego…
El presbítero y las ceremonias. Debemos destacar el aspecto litúrgico que caracterizó la semana santa de catedral. Bajo su gigantesco sitial rojo, el esbelto altar con frontal de plata, levantaba entre los siete candelabros de plata el Crucifijo con velo blanco, era el centro de todo el templo. En torno de él las ceremonias se desarrollaron preciosas, el santuario diocesano y el coro de monaguillos de catedral lucieron sus largos ensayos.
Los monumentos. Estalla un momento de triunfo al terminar la pontificial. Los dos incensarios arrojan profusas nubes que perfuman de incienso el himno eucarístico: se extiende el palio y las matracas anuncian el paso de Cristo Sacramentado hacia el monumento. La capilla del monumento alza el rojo velo y presenta la maravilla de su delicado monumento.
Sobre la esbelta gradería que casi se pierde entre columnas, azucenas y lámparas, un gigantesco trébol de plata y luz circunda la majestad de la urna.
Al decidir este triunfo de Jesús Sacramentado en catedral, es justo tributar un aplauso a la Guardia del Santísimo, que, representada por las Señoras Carmen de Soto, Mercedes de Rodríguez, Donata v. De Arguello y las Sritas. Tula Vega, Adelita Rosales y otras colaboradoras, expresaron con su artístico monumento que es viva la fe de San Miguel en Jesús Sacramentado.
La llave simbólica fue entregada en Catedral al Dr. Enrique Campos P.
Hermoso también e inspirado de profunda piedad fueron los monumentos que los migueleños en peregrinación devota visitaron aquella tarde y aquella noche: Santo Domingo, Medalla Milagrosa, Calvario, cuyas llaves simbólicas fueron llevadas respectivamente por don Magdaleno Orellana, don Antonio Batarsé y don Luis Panameño.
Junto al leño de la Cruz. Viernes Santo. Hasta el cielo amaneció sombrío, y los templos enmudecidos ante el recuerdo tráfico…doloroso. Multitudes de almas rindieron adoración a la Cruz en los primeros oficios de la parroquia central, el calvario y el hospital. Catedral vestía luto, su altar despojado de todo adorno parecía su sepulcro frío bajo el negro sitial. El locutor explica el sentido de aquellas ceremonias extraordinarias.
El canto de la pasión pudo seguirlo al pueblo en las hojas sueltas que se repartieron antes, con la traducción del evangelio de San Juan.
Luego del acto culminante del Viernes Santo: la adoración de la cruz. Una hora duró el nutrido desfile de solo hombre que doblaban su rodilla y su frente ante el Redentor de los hombres.
Y el rito se trunca aquella mañana, en forma casi trágica…la urna queda abierta, "como una habitación abandonada de la que se ha huído sin detenerse a cerrar la puerta".
El Vía crucis , el Crucificado, el Santo Entierro. Todo San Miguel se convierte en una multitud compasiva que acompaña llena de fe al Cristo paciente. A las 11 a.m. de la Iglesia de San Francisco desfila el penoso cortejo bajo las marchas fúnebres. Y al Nazareno la gente dice que esa mañana lo ven siempre más pálido…y en su rostro demacrado se fijan todas las miradas…todos le ven pasar, divino consolador de las almas.
La procesión como que se pierde en el misterio…y la multitud después del medio día busca el Nazareno en Catedral. Allí está el rico tesoro de San Miguel: "El Señor de la Cama": no parece madera : sus dos brazos tendidos, su frente caída, su expresión tan dolorosa hace sentir el profundo estremecimiento del cadáver de Nuestro Señor. Por ver esta imagen migueleña, así esa pose conmovedora, bien merece San Miguel ser visitado en la Semana Santa. Después del Sermón del Descendimiento predicador por el Excmo. Sr. Obispo, mientras el orfeón marista y de la Casa Nacional del Niño expresaban el dolor de los cristianos, la preciosa imagen es depositada en la urna (otro tesoro migueleño, quizá único en su género, que regaló Gerardo Barrios). La piedad de doña Araceli v. De Paz que ha recibido con devoción final, como herencia de su llorada mamá, la compostura de la urna, arreglo la sagrada imagen en la urna que ostenta ricos florones que otra alma devota del Santo Entierro obsequió, doña Berta de Barrera.
El sol que declina quiebra sus fulgores de ocaso sobre el vidrio y el bronce de aquel rico conjunto migueleño que al salir por la puerta de Catedral imprime en el espíritu ese escalofrío emocionante de un muerto querido que es llevado al cementerio. Larga…lenta…la procesión del Santo Entierro es conmovedora y ningún migueleño falta.
Por primera vez, al doblar una esquina, vimos en San Miguel formada una artística alfombra para el paso del Santísimo Entierro. Ojalá fuera el principio de otra piadosa tradición migueleña! Felicitaron a las hermanas ValeriNo.
Tras los estandartes de los dolores de la virgen, seguía la imagen de "Nuestra Señora de la Soledad", a la que acompañan de riguroso luto las mujeres migueleñas hasta Catedral donde, según una vieja costumbre le presentan el pésame" y ante esta imagen doliente y ante la urna del Santo Entierro en Santo domingo, las plegarias rumoran hasta muy avanzada la noche del Viernes Santo.
ALELUYA! El sábado siguiente es un despertar triunfal. Después de las largas ceremonias de la "Virgen Pascual" que en catedral el locutor supo poner de los fieles, el celebrante entona el canto de Gloria, y rompiendo su mutismo, las campanas extienden sobre la mañana espléndida un himno de bronce al triunfo del Resucitado.
La gente repite sus tradiciones queridas y por eso en largas filas esperan la bendición del Sábado Santo para llevarlas a sus hogares sobre el agua, sobre la tierra, sobre la semilla, etc.
Se cierra el hermoso drama de la Semana Santa migueleña con la pontificial de la Resurrección. Nuevamente hay alegría en el altar. Y la imagen del Resucitado preside la asamblea sagrada.
A las 8:30 a.m. entra de Santo Domingo la tradicional procesión eucarística a Catedral rebosante de fieles. Y comienzas los Oficios Pontificales. El coro sagrado, en piadoso y robusto gregoriano canta el triunfo litúrgico de Cristo mientras las ceremonias del altar y del trono se suceden con elegante soltura. Con vibrante oratoria el P. Plantier proclama la apoteosis eterna del Resucitado y los frutos de la Iglesia. La bendición papal selló finalmente la Semana Santa en San Miguel.
Los Contrastes. Para ser completos y hacer resaltar el esplendor de la verdadera Semana Santa migueleña, tradicional, piadosa…hemos de anotar con lástima dos tristes contrastes: el desorden y la indiferencia.
La indiferencia, los temporadistas de mar. No es que nos dejen las iglesias vacías, gracias a Dios habrá almas piadosas en abundancia que harán resaltar el esplendor del culto católico. Pero si quisiéramos decir, y con todo respeto decimos a ciertas personas pudientes para quienes no es necesidad aprovechar las vacaciones de Semana Santa, pudieron hacerlo unos pocos días o después- que sería mejor que colaboraran con el prestigio de sus nombres y sus práctica religiosas a robustecer las gloriosas tradiciones migueleñas de la Semana Santa y no justificar con su presencia la indiferencia de los que poco preocupado del culto de su fe católica, buscan otro modo, a veces escandaloso, de pesar los días mas santos del año.
O.A.R.

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No.1664 Pág. 3 – MATER DOLOROSA

Cuando las tinieblas misteriosas del mediodía cubrieron de pavor los ámbitos del Calvario…y el penoso silencio de aquellas horas de angustia se impuso sobre los insultos y las blasfemias, dejando oír jadeante…, difícil el respiro de los crucificados…entonces el Evangelio trazó con este rasgo vigoroso y enternecedor la suprema imagen del dolor de la mujer:
"estaba de pie, junto a la cruz de Jesús, su madre…" (J.19.25)

Cuánta grandeza en este versículo del Evangelio.
Allí se acercarán las almas para sorber las esencias más puras del cariño agradecido y la compasión sincera hacia la Madre del Redentor. Allí inspirará la liturgia sagrada la página más tierna de sus oficios a la Virgen de los dolores con las inmortales estrofas del "Stabat Mater" Y el arte cristiano tendrá allí una fuente inexhausta de inspiración para saber escribir en estrofas o grabar en mármoles y leños y lienzos la expresión más acabada del más acerbo de los dolores con la más perfecta de la resignaciones.
Pero sobre todo la Teología cristiana ilustra con ese doloroso rasgo evangélico todo el misterio de la Corredención. Y en antítesis solemne con la Dolorosa Corredentora, ofreciendo todo lo amargo de su angustia al pie de un madero para ayudar a fabricar la redención de los hombres, verá a la primera mujer, al pie del árbol prohibido, labrando la espantosa caída del pecado original.
"Y así como en Adán, por Eva, todos pecamos y morimos así en Cristo, por María, todos somos salvaos y sacrificados".
"No fue propiamente Eva la que hizo pecar al género humano y no solo ella hubiera pecado, no por eso hubiera pecado el género humano; pero haciendo pecar a Adán, que era nuestra cabeza, fue causa de la caída de los hombres. Tampoco fue María la que salvó al género y si ella solo hubiera padecido no por eso el género humano hubiera sido salvo y redimido. Pero engendrando, educando y ofreciendo a su Unigénito, por medio de Jesús nos redimió; y compadeciendo, es decir, padeciendo juntamente con El con El cooperó en la Cruz a redimirnos y logró ser asociada en cuanto una creatura puede serlo, a la gran obra de la redención del linaje humaNo. (P. Vilariño de N.S.J.n 290)

Tal es la fecundidad de tu angustia y de tus lágrimas, oh Madre de dolores y Reina de los mártires.
Y mientras el mundo recuerde con piedad esa sublime pose de angustia en que le captó al pie de la Cruz de Cristo Redentor, brillará también sobre las angustias, y las lágrimas humanas la más consoladora de las esperanzas: que todo dolor en la vida, unido a la sangre del Redentor, es también Redentor!.
O.A.R.

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No.1638 Pág. 3 – ¿QUÉ ES LA PATRIA?

Discurso pronunciado
por el Pbro. Lic. Oscar Romero
en el Te Deum del 15 de Septiembre
celebrado en la Catedral de San Miguel
Excmo. Sr. Obispo
Honorario Autoridades
Salvadoreños:
Acabamos de presenciar un espectáculo emocionante. Estos hermosos pabellones han ondulado sobre el acento vigoroso de esta bizarra juventud migueleña que con toda la gracia y brillantez de su voz ha entonado la estrofa más querida de los salvadoreños:
Saludemos la Patria, orgullosos de hijos suyos podernos llamar; y juremos la vida animosos sin descanso a su bien consagrar…
Y hoy aquí, junto al altar, a la sobra de esta catedral cuyas dos torres semejan también banderas en nuestro desfile hacia la patria del cielo, ese amor a la patria de aquí abajo nos congrega para entonar otro himno, perfumado de incienso, el Te Deum, el himno clásico de la acción de gracias.
Venimos a agradecer a Dios: Es un derecho sagrado de nuestro espíritu. Es una dulce obligación de nuestra fe. Es una herencia sacrosanta de nuestros Próceres. Así nos soñaron: libres pero católicos, independientes, pero de rodillas ante Dios.
Y no es para menos. Tener patria libre es un don inapreciable de Dios.

Qué es la patria?
Es un pedazo de tierra, donde la pluriforme riqueza de la riqueza de la naturaleza ha impreso algunos de sus rasgos inconfundible: y en ese pedazo del mundo han vibrado las más emocionantes palpitaciones del alma….
Por eso el árabe al pensar en su patria, sueña en la incansable extensión de sus desiertos por donde pasan silenciosas las caravanas…
Por eso el suizo siente la patria como la abrupia majestad de sus montañas bordadas con nieve o como la diáfana serenidad de sus largos azules…Por eso un príncipe de Orleáns detiene sus tropas para presentar armas ante un histórico viñedo de Borgoña, porque sentía el alma de Francia palpitar en la exhuberancia de aquellos racimos.
El salvadoreño también siete su patria en la opulenta variedad de su naturaleza ofrecida con pródiga mano por el Dios de las naciones. Desde el cielo azul y las cretas de sus volcanes encendidos, hacia las dilatadas llanuras de sus fértiles valles donde la creación canta el himno de las cosechas abundantes.
Por ese pedazo de tierra, bañado con nuestro sudor y con nuestras emociones, no es más que el marco de un mundo espiritual de almas profundamente semejantes. Hombres y mujeres que aman la misma naturaleza, que cantan las mismas tonadas típicas, que entienden un mismo lenguaje hasta en sus expresiones de familia.
Y en este mundo espiritual todos nos sentimos unidos: los de ayer, los de hoy y los descendientes. Porque la Patria es eso: "vista en su pasado, una tradición; vista en su presente un gran poder creador: vista en el futuro, el destiNo. La Patria es una tradición que va forjando un destino".

Pues bien, ese conjunto maravilloso de suelo y espíritu, de historia y porvenir, ese algo definido en el concierto del mundo, nuestra patria…eso es un Don de Dios. Eso venimos a agradecer al Señor de las naciones Orgullosos de podernos decir hijos de una patria libre.
Los Israelitas colgaron sus harpas enmudecidas en los sauces de Babilonia porque sintieron apagarse la alegría de sentirse libres en su patria. Y la más terrible maldición de Dios que pesa sobre un pueblo de la historia, es haberlo despojado de su patria y lanzarlo errante por el mundo…como nave sin faro, como huérfano sin cariño, sin la dulce nostalgia de una Patria. Jesucristo mismo – flor de la humanidad y modelo de hombres- es el modelo de patriotismo; el evangelio pudo captar su semblante trágicamente conturbado y lloroso al presentir la ruina de su pueblo y la dispersión de sus paisanos.

Nosotros venimos a agradecer a Dios esa Patria; ese pedazo de naturaleza que más parece un paraíso con sus volcanes inhiestos como pregoneros de un brazo omnipotente, con sus lagos tranquilos, como espejos de la eternidad, con sus valles y hondonadas ensoñadas que florecieron fértiles como una larga bendición de Dios.
Y con gratitud juramos una vez más nuestra consagración a la Patria.

Con frecuencia se repite la objeción de qué el catolicismo por vivir soñando en la patria del cielo, descuida su trabajo por la patria del suelo.
Calumnia! Nuestro evangelio tiene una máxima de oro: dar al César lo que es del César, dar a Dios lo que es de Dios. Y el cristianismo proclama como una virtud el patriotismo. Y porque anhela la patria eterna y muchos méritos para la gloria, trata de perfeccionarse aquí abajo siendo útil a los demás.
La esperanza de una patria inmortal, los motivos de la conciencia son los únicos resortes que se mueven al sacrificio del deber consciente y oculto que va forjando la Patria.
Porque el patriotismo ni es solo la emoción del 15 de septiembre. Patriotismo es estudiar para que la ciencia nacional se eleve; patriotismo es contribuir con su conducta a que la juventud de la patria sea una juventud de carácter; patriotismo es hacer con mi comportamiento que los ciudadanos de otras patrias aprecien a mi nación porque tiene hombres de palabra, de moral pura, de fe limpia. Y ese patriotismo solo lo forja un gran amor a la Patria inmortal.

Eso quiere decir nuestra presencia aquí, en el día grande de la Patria. Y con el himno de la gratitud que va a entonar al Pontífice al Dios de las naciones, reiteremos con entusiasmo nuestra solemne consagración a la Patria:

Saludemos la Patria, orgullosos, de hijos suyos podernos llamar; y JUREMOS la vida animosos
SIN DESCANSO A TU BIEN CONSAGRAR!
San Miguel 15 Septiembre de 1946
En el Te Deum de Catedral.

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No.1632 Pág. 1 – «OS CONTEMPLA LA ETERNIDAD»

Discurso pronunciado
por el Pbro. Lic. Oscar Romero
en la misa de campaña el 6 de Agosto.

Excmo. Sr. Obispo Gral. Comandante y jefes del ejército. Soldados:
Cuentan que un día se detuvo frente a las colosales pirámides de Egipto el ejército de Napoleón Bonaparte; y aquel genio militar francés arengó así a sus soldados: soldados: desde la cúspide de estas pirámides, cuarenta siglos os contemplan". Y la bravura militar de aquel ejército sin derrotas se sintió enardecida hasta el delirio: porque desde aquellos fríos miradores de los siglos era contemplada por la historia.
Pero yo os digo, soldados migueleños y católicos, que un orgullo mayor que el de los franceses en Egipto os cabe a vosotros esta mañana. Desde la cumbre de este altar la eternidad os ha contemplado. Se ha asomado sobre el horizonte de vuestra vida militar el rostro majestuoso y divino del Divino Salvador del Mundo, entre la blancura de la hostia y el fulgor del cáliz de esta misa de campaña.
Transfigurado, majestuoso, blancura de nieve en sus vestidos, resplandores de sol en su rostros, divino Rey de las naciones, Patrono de la Patria Salvadoreña. Soberano Señor Dios de los Ejércitos…ha iluminado y bendecido este día la macicéz de vuestras armas, la virilidad de vuestros uniformes, el sacrificio de vuestra vida militar.
Porque fue así, en esa pose sublime del Evangelio como quiso captarlo la nación salvadoreña para proclamarlo Patrón de la patria: El Salvador Transfigurado. Y es así, El Salvador entero este día es un glorioso Tabor donde Cristo Jesús con sus dos brazos abiertos y tendidos hacia el cielo bendice la pequeña gran patria salvadoreña que le sirve toda la entera de pena para su divina transfiguración.
Cuando lo contemplaron así, tan lleno de gloria, tan envidiablemente feliz… los apóstoles por los labios emocionados de Pedro prorrumpieron: Domine bonum estnos ícese. Qué bueno es estar aquí, Señor!
Que bueno es estar cerca de cristo. Así lo comprendieron los beneméritos forjadores de nuestra nacionalidad, y la Patria salvadoreña nació para ser de Cristo transfigurado.
Por eso militares migueleños, os cabe hoy la dicha de haber prestado con el entusiasmo de vuestra juventud, vuestro patriotismo inquebrantable. Porque el salvadoreño que el salvadoreño que sabe doblar su rodilla ante el Divino Salvador, el día 6 de Agosto, sabe rendir un sincero tributo de patriotismo a El Salvador en lo más íntimo del corazón de la Patria. Así como también la traición más imperdonable que se ha cometido en vuestra Patria, ha sido la de querer alejarla por ley y por sistema de la gloriosa tradición religiosa de nuestros mayores.
Pero hoy brilla, junto a la transfiguración del Tabor, una aurora de esperanza nuevas sobre la vida de todas las naciones. Aquellos ejércitos de la democracia en la última guerra, supieron combatir y triunfar con la fe puesta en el Dios de los ejércitos al que adoraron mil veces en aquellas históricas misas de campaña, donde hasta los cañones y los tanques se convirtieron en altares.
Y nuestro ejército – ejército también de la democracia – con la ceremonia de hoy ha querido también ponerse a la altura de esa fe católica que no deprime sino que exalta, que no acobarda sino que inyecta energía y amor a la Patria.
Soldados: desde la cumbre de este altar. Cristo transfigurado, Rey de los ejércitos, os ha contemplado y os ha bendecido!.

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No.1619 Pág. 1 – DIA DE LA MADRE

Dios ha vertido las esencias más exquisitas de la dignidad humana en el corazón de la madre. Armonía divina de las delicadezas del amor más puro y de los heroísmos mas austeros y de la sensibilidad más sutil…
Sobre el mundo es en verdad la madre una luminosa proyección de la infinita perfección de Dios. Flor de la humanidad, al dedicar un día a la veneración de la madre, la patria se enaltece.
Y no queremos dejar pasar esta ocasión sin hacer eco a una voz de alerta que acaba de resonar sobre los ámbitos de nuestro mundo y de nuestro tiempo en que peligra seriamente la excelsa dignidad de madre.

S.S. Pío XII proclama este principio fundamental: "el campo de acción de la mujer, su modo de vida, su innata disposición es la maternidad. Toda mujer nace para ser madre; madre en el sentido físico de la palabra, madre también en un sentido mas espiritual y exaltado, y no por eso menos real. A este propósito el Creador dispuso toda la constitución característica de la mujer, su organismo y su espíritu y sobre todo su delicada sensibilidad. Por lo tanto toda mujer que sea verdaderamente mujer completa los problemas de la vida humana siempre a la luz de la familia. Por eso su delicado sentido de dignidad la pone en guardia contra todos los peligros cada vez que un orden social o político amenaza pervertir su misión como madre, o se cierne sobre el bien de la familia".
Y con visión certera y luminosa el Papa analiza la actual situación social y política y levanta su voz de alerta a las mujeres de todo el mundo para decirles que se está viviendo una situación política y social en que se amenaza seriamente pervertir la misión maternal de la mujer.
Ausencia del Hogar. A eso se ha llegado por diversos caminos, Ya sea por los movimientos políticos que tratan de ganar las mujeres para su causa. Ya la proclamación de igualdad de derechos con el hombre, igualdad que se proclama no en vista de la dignidad y misión de la mujer sino por el intento de fomentar el poderío económico y militar del estado totalitario al cual se someten las mujeres inexorablemente trayendo por consecuencia "que la mujer abandone su hogar, donde antes presidía como reina y señora".
Añádanse "asistencia prenatal y natal, comedores públicos y otros servicios para librar a la mujer de algunos quehaceres domésticos, jardines de fantasía…"etc, que el Papa no reprueba si trajeran verdaderas ventajas a la difícil situación de las madres, pero si reprueba en cuanto independizan desmesuradamente a la mujer "de aquellas obligaciones maternales que las atan a sus propios hijos".
Reinas destronadas. Y la mujer destronada de su hogar donde era reina, desquiciada de su verdadero destino maternal, se labra la dolorosa catástrofe de la familia.
El Padre Santo describe con rasgos bien trágicos el desenlace de esa emancipación antinatural de la mujer:
"He aquí que una mujer, con el fin de aumentar las entradas de su marido, se emplea también en una fábrica, dejando abandonada su casa durante la ausencia. La casa desaliñada y reducida quizá, se torna aún más miserable por la falta de cuidados. Los miembros de la familia trabajan separadamente en los cuatro confines de la ciudad a horas diversas, escasamente llegan a encontrarse juntos para la comida o el descanso después del trabajo, mucho menos para la oración en común. Qué queda de la vida de familia? Que atractivo puede ofrecer ese hogar a los hijos?.
A la desolación del hogar se junta la deformación de los hijos sobre todo las hijas. La casa sombría, abandonada, n o les inspira ningún atractivo y por tanto no pueden sentir rectamente la inclinación hacia los austeros pero nobles deberes de la esposa y madre ideal; despreciarán las sanas costumbres de los abuelos, acabarán por fastidiarse de su modesto hogar.
Y la hija de la madre mundana que ve su casa en manos mercenarias mientras su madre despilfarra su vanidad en frívolas ocupaciones, solo soñará en la pronta emancipación para "vivir su propia vida".
Y la tragedia de la madre destronada de su hogar termina por hacer víctima a la vejez sagrada del padre y de la madre cuya autoridad perdió todo su valor en el corazón de unos hijos y unas hijas que nunca conocieron las delicias del hogar.
La verdadera igualdad de derechos frente a es falsa y fatal proclamación de idénticos derechos del hombre y la mujer, ha sido gloria de la iglesia defender siempre este sólido principio:
"En su dignidad personal, como hijos de Dios, el hombre y la mujer son absolutamente iguales en cuanto se relacionan con el fin de la vida humana, cual es la eterna unión con dios en la bienaventuranza celestial".
Pero la conservación y el perfeccionamiento de esta dignidad igual en el hombre y en la mujer, proceden según las cualidades propias de cada sexo: "atributos físicos y espirituales que no pueden eliminarse, que no pueden trastornarse".
Retorno al hogar. De allí que la mujer encontrará siempre su propio perfeccionamiento en su vida de hogar, según es voluntad de Dios. De allí que las reinas del hogar destronadas solo se redimirán retornando al hogar:
"Restaurar en todo lo posible el honor de la posición de la mujer y de la madre en el hogar; ese es el clamor que se escucha desde muchos confines, como grito de alarma conforme el mundo despierta, horrorizado ante los frutos de un progreso material y científico del cual antes se ufanaba".
Retornar el hogar. No es pesimismo el que inspiro estas líneas. Nos alegramos, si, intensamente nos alegramos en el Día de la Madre con los hogares modelos, reinos del amor donde la madre es reina. Y porque quisiéramos así todos los hogares, hemos comentado la dolora contestación del Papa.
Porque el Día de la Madre quisiéramos calor para los tantos hogares fríos, quisiéramos encontrar reconstruidos los tronos y las coronas de tantas reinas del hogar destronadas. Porque quisiéramos para todos los niños, en el día de la madre, la felicidad de poder aspirar plenamente todas las exquisitas esencias que el corazón de Dios volcó en el corazón de la madre.
O.A.R.

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No.1585 Págs. 1 y 4 – EL ANIVERSARIO DE LOS NAUFRAGOS

DE SANTIAGO DE MARIA
Oración fúnebre del Pbro. Oscar Romero

No era yo el designado para ocupar esta cátedra en la presente circunstancia. Ni me hubiera atrevido a aceptar esta honrosa sustitución de ultima hora, si no fuera porque me ha impulsado la fe y la esperanza.
La fe, vuestra fe católica, humano del sacerdote, una enseñanza que viene del cielo y de la cual voy a ser un digno conductor.
Y la esperanza, esa dulce esperanza que está aquí brillando en el apacible parpadear de los cirios, elevándose en la perfumada exhalación del incensario, vibrando en el acento augusto de los ministros del altar y palpitando en las últimas fibras de vuestras almas. La divina esperanza que cae en torrentes de vida sobre estos negros crespones de la muerte.
Porque es esa, católicos, la divina enseñanza que nos trae la liturgia de hoy: la esperanza. Y no voy a ser más que el intérprete del rito pontificial que estamos presenciando.
No quiero que mis palabras vengan a rasguñar aquellas heridas profundas que el año pasado se clavó en el alma de esta ciudad sufrida y como labios abiertos por el dolor dejaron escapar aquellos justos lamentos capaces de conmover hasta la soberbia macicéz de vuestras montañas. Horroroso cuadro de desolación! Como una cinta cinemática de difícil olvido pasan desde entonces ante la memoria sobrecogida, la alegría sana de unos peregrinos de la eucaristía que levantaron un día la radiante policromía de la bandera patria y eucaristía para que las agitara, en el cuelo azul del puerto, las brisas de las olas, y luego, convertidos en cadáveres y las banderas en mortajas regresaron, caravana enlutada de dolor en la noche tétrica, a la ciudad doliente convertida también en catafalco de una sola inmensa familia de luto.
* * *
Si nos reunimos hoy para conmemorar aquel triste suceso, no es, repito, para hacer sangrar con crueldad una herida que apenas va comenzando a ser tierna cicatriz. Si la Iglesia otra vez se viste de luto y de luto viste nuestro jerarca y a nuestros sacerdotes, es para que así, entre los colores de la muerte, ahondemos en la celestial doctrina de esperanza.
No la acabáis de oir? "Oh Dios Señor de las misericordias, concede a las almas de tus siervos y siervas, de cuya muerte estamos conmemorando el aniversario, la mansión del consuelo, la felicidad del descanso, la claridad de la luz eterna". Y levantando su voz al prelado entonó el canto de la Iglesia – tierna madre que a través de sus pupilas llorosas sabes descubrir la divina ráfaga de la esperanza-. "Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable que te demos gracias en todo tiempo y todo lugar, Señor Santo, Padre Omnipotente, Dios eterno" Por Jesucristo Nuestro Señor. En el cual brilló para nosotros la esperanza de la resurrección feliz, para que a nosotros a quienes entristece la ley inexorable y segura de la muerte, nos consuele la promesa de la fortuna inmortalidad. Pues ya sabemos, Señor, que a tus fieles la vida no se les quita sino que se les cambia, porque mientras se disuelve el barro de esta casa del destierro, se nos da en el cielo una mansión eterna. Por eso Señor, entonamos un himno de gloria.
Porque la muerte para un creyente, no es derrota sin triunfo, no es pérdida sino ganancia. No debe ser la pesada lápida del pesimismo y la desesperación, sino la victoria definitiva de la esperanza cristiana.
* * *
Bien es que la muerte tiene carácter de pena universal. Ante todo es una sentencia de Dios que se cumple dolorosa, inexorable, terrible.
El Génesis – el código de nuestro sublime origen – enseña que Dios creó al hombre y en un exceso de cosas le adornó también de un don preternatural: la inmortalidad, el privilegio de no morir, pero esa inmortalidad debía ser merecida y aceptada libremente por los hombres. Y para eso sometió aquella inmortalidad a una condición: dio a Adán, cabeza de la humanidad, un precepto. Y terminantemente sentenció: si te rebelas morirás: morte morieris.
Y cuando los progenitores un día encontraron en el camino de su vida el primer cadáver, el de Abel, yerto, bañado en sangre: ¡ah entonces comprendieron todo el espanto de la temible sentencia que había caído sobre sus cabezas: morirás. Y después, la muerte ha tenido sus ramas gigantescas sobre todo el universo.
"La tierra ambicionada parece demasiado grande", porque ha tragado todo, ambiciones, rivalidades, riquezas. Y sobre la superficie de la tierra nuevas generaciones reiniciarán sus desinencias, hasta que al fin, tragada también la última generación por la madre tierra, nos guarde a todos en el secreto de sus misteriosas entrañas. T de esta manera, cuando todos hayamos desaparecido, desde el primero hasta el último de los hombres, la tierra parecerá un inmenso féretro conducido por fuerzas divinas en los espacios siderales".
Sed non onmis morlar! No moriré del todo.
Si la obre del hombre, el pecado, ha abierto las brechas a la muerte, al a destrucción, la obra de Dios ha sido dar a la muerte un aspecto de redención, bañas las tumbas con luces de esperanza. Y en cristo- divino triunfador de la muerte- brilla para nosotros la fe en la inmortalidad.
Y entonces, si el desorden del pecado fue castigado con la separación violenta de la materia y el doloroso desgarramiento de cuerpo y espíritu, la obra de Dios ha hecho de esa separación el vuelo anhelante del alma libre de la región feliz. Hasta el punto de hacer exclamar a las almas sitibundas del cielo: deseo disolverme y estar con Cristo. Y aquella otra: "tan alta vida espero, que muero por que no muero".
Si la obra del hombre fue hacer de la muerte la disolución total del organismo humano hasta la más íntima fibra del cuerpo y reducirlo a cenizas, y de la tierra hizo un enorme catafalco, la obra de Dios hizo de ese total aniquilamiento una fecunda labor de purificación. Y así, es decir, dormitorio. Pero en cementerio, en su silencio, y en su inquietud misteriosa, está elaborando una verdadera refundición: "el cementerio – ha dicho alguien – mas bien que dormitorio es el laboratorio de la refundición para la transfiguración final. Y cuando ese incansable obrero del silencio y de las sombras haya terminado su labor y el mundo entero sea una sola enorme caja murtuoria con las cenizas deshechas de todos los hombres, entonces Jesús, no ha humilde y sangrante, sino Rey de tremenda majestad, entre las nubes de la gloria y cortejos de ángeles, hará su segunda aparición para acercarse al catafalco de la humanidad y decirle como el joven Naim: Levántate, yo te lo mando. Muertos venid a juicio.
* * *
Mientras Job veía desmoronarse a pedazos su propia vida, exclamó: "Quién me diera escribir con un punzón en lámina de acero o grabar con un cincel en piedra dura las palabras que debo decir: Yo sé que mi Redentor está siempre vivo y que en el día posterior voy a resucitar y volveré a cubrirme con mis nervios y recuperar mi propia carne, veré a mi Dios. Lo veré yo mismo, con esos ojos míos y con los de otro. Tal es la firme esperanza que alienta dentro de mi propio ser".
Y con la esperanza de Job, nosotros cerramos la confesión de nuestra sacrosanta: Creo en la resurrección de la carne y en la vida perdurable.
Señor Jesucristo Crucificado! Junto a tu altar la ciudad doliente viene otra vez a buscar esperanza y consuelo. Y como siervos sedientos de inmortalidad, corren a ti las almas para implorarte esta gracia: da señor a nuestros difuntos, cuyo aniversario estamos conmemorando, la mansión del consuelo, la felicidad del descanso, la claridad de la luz eterna. Y a ellos y a nosotros, concédenos, Señor que un día, saltaremos de nuestras tumbas como el joven resucitado en Naim saltó a los brazos de su madre, al seno de la inmortalidad feliz. Así sea.
Santiago de María, Septiembre 6 de 1945

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No.1574 Pág. 1 – EL PAPA Y LAS RESPONSABILIDADES DE LA GUERRA

El Santo Padre Pío XII se esforzó por evitar
la entrada de Italia en la guerra

Quizás nunca como nuestros días se advierte la divina sabiduría que comparó al Papa con una roca.
Acaba de dar S.S. Pío XII las siguientes declaraciones:
Ciudad del Vaticano, 13 – Prensa Asociada – El Vaticano en un panfleto de dieciséis hojas subraya los esfuerzo hechos por la Santa Sede para mantener a la Italia fuera de la guerra reveló que el Papa apeló personalmente a Mussolini en una carta fechada de veinticuatro de abril de 1940, menos de dos meses antes de la entrada de Italia al conflicto, "para evitar a nuestro y vuestro querido país, una calamidad tan grande". Esta es la segunda vez en este mes que el Vaticano, aparentemente dando contestación a las críticas de que su actitud hacia la guerra y hacia el fascismo era ambigua o favorecedora, ha hecho declaraciones que aclaran su posición. El mismo Papa en su discurso dirigido a los cardenales el dos de junio, pasó revista a la política del Vaticano con respecto a Alemania y atacó duramente al nacional – socialismo. El Papa dijo: "Nadie puede acusar a la Iglesia de no haber denunciado advertido a tiempo el verdadero significado del movimiento nacista y del peligro a que exponía la civilización cristiana".
Estas breves expresiones captadas por las radios del mundo y difundidas en todos los periódicos, traen un recuerdo, acaso por la fuerza del contraste.
No hace mucho en Roma, en la casa editorial de Letres de Roma, vimos una magnífica exposición de la prensa comunista.
Las grandes blasfemias son horrorosamente inolvidables, yo no olvidare una caricatura satánica que presentaba al Romano Pontífice en indigno abrazo con Hitler y Mussolini. Como tampoco olvidaré que en las radios propagandísticas del Eje se difundió la injusta calumnia de que el Papa había querido y patrocinaba la guerra.
Falso… Ni con el naci- facismo ni con el comunismo. La palabra serena del Vaticano en medio de las borrascas de la política y de los grandes errores, ha hablado muy claro al que quiere oír. Y si hoy es mas fácil entender la verdad frente al nazi –facismo cuyos escombros husmean, esperamos que también se entenderá y ojalá no muy tarde, la serena voz del Vaticano que condena el peligro comunista.
O.A.R.

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No.1568 Págs. 1 y 4 – BODAS DE PLATA

– Discurso del Padre Romero en las bodas de plata del Colegio Nuestra Señora de la Paz.
HABLA EL PADRE ROMERO
…Ningún decantado sistema de emancipación de la mujer, puede presentar como el cristianismo una preclara constelación de mujeres santificadas en la doctrina de Cristo…
Solo porque vuestra gentileza me ha invitado, me atrevo a levantar mi voz.
No era necesario hablar; el acento del hombre debía enmudecer aquí y la frente pegada en el polvo adorar la majestad de Dios Eucaristía.
No era necesario hablar. Bastaba levantar las pupilas y ver a través de las lágrimas emocionadas el oro fulgurante de esta custodia; oro acrisolado en vuestro esfuerzo común; oro, que desprendiéndose de ser repugnante significado del materialismo, se espiritualiza y convirtiéndose en el rico ostensorio de la majestad de Dios, es aquí, al cerrarse esta jornada gloriosa de la exalumna del Colegio, la expresión elocuente de la gratirud.
Gratitud que se ilumina y es bendecida por el Sacramento de la gratitud.
Porque Eucaristía quiere decir acción de gracias. Con cuanta razón pues, al declinar tras nuestro colosal Chaparrastique el sol de las bodas argentinas, se levanta en triunfo, la imperecedera belleza del sol eucarístico.
Como para decir que la mujer migueleña, forjada en estas aulas, cuando quiere ser elocuente en la expresión de su gratitud, corre a iluminar su mente y su corazón en la fe eucarística, en la fe católica que se robusteció en el colegio bendito.

* * *
Es la hora de la gratitud. Y debe ser para Cristo la más íntima vibración de ese sentimiento.
Se ha escrito en la historia un hermoso capítulo bajo el título: Jesucristo y la mujer. Ese capítulo lo escribió el Evangelio no sólo con las palabras sino con hechos contundentes.
En la fresca mañana del génesis sale de las manos de Dios la mujer llevando en su frente limpia los limpios destinos que Dios le trazó: compañera del hombre, ángel del hogar, madre de vivientes.
Pero la rebelión de la humanidad contra Dios trastocó también los nobles destinos de la mujer. Y aquella subordinación natural de la mujer al hombre, se convirtió en la asquerosa tiranía del hombre sobre la mujer. Los instintos brutales del hombre, su sensualidad sin diques, arrojan a la mujer de su noble pedestal de reina, para ponerla a los pies del varón, esclava, sin dignidad, juguete vil de las viles pasiones del hombre. No era ya la dulce compañera del hombre sino la esclava de sus instintos groseros; no era el ángel del hogar, sino el ángel caído con sus alas blancas anegadas en la charca profunda de lo carnal, revolcándose impotente en las más vergonzosas de las servidumbres.
* * *
Pero un día, en lo profundo de aquel abismo infecto, brilló la luz. Horrorizado Dios ante el envilecimiento de su criatura, alarga su mano omnipotente para colocarla nuevamente en su perdido pedestal.
La redención de la mujer se abre con un prólogo espléndido. Dios levanta para Madre del Redentor y colabora de la redención a una mujer. Y entonces, desde el fondo de la opresión en que yacía la mujer pagana, muy alto, hasta tocas los linderos de la divinidad, levantó Cristo a la mujer. Y en esa mujer bendita se juntan el cielo y la tierra; y el cielo y la tierra la llamarán perpetuamente Reina. Del Cielo baja un arcángel para llamarla llena de gracia; de la tierra cada vez que los hombres levantan sus ojos para hablar con Dios, tropezarán con la sonrisa celestial de esa mujer.
Por eso le pudo cantar Dante: Tu eres la que ennobleciste a la humana naturaleza de tal manera que tu Creador nos desdeño hacerse hechura tuya.
Es Jesús que ha sublimado a la mujer. No como lo sublimaron en altares de vicio las religiones paganas, sino con la sublimación de la más acrisolada virtud.
Y en el Evangelio Jesús solo tiene para la mujer un afán: levantarla.
Bajo el sol ardiente de Palestina, Cristo, pastor amoroso, espera a una pecadora samaritana; la arrebata al pecado y la coloca en el pedestal de su verdadera grandeza. Defendió en la casa del fariseo a la pecadora arrepentida y prometió dilatar sus alabanzas hasta el confín del mundo. Defiende de las piedras homicidas a una pobre adúltera y comprensivo de su debilidad, "yo tampoco te condeno – le dice – vete en paz y no vuelvas a pecar". Santificó con – la amistad más pura a dos mujeres de Bethania. Y en sus largas correrías apostólicas honró a la mujer recibiendo de ellas solicitó cuidados.
En la brillante constelación de los sacramentos brilla uno como estrella de honor prendida en la frente de la mujer: el matrimonio. Reaparecen a su luz – como en la fresca mañana del génesis – los nobles destinos de la mujer. Y si quedara siempre sujeta al varón, no será ya para ser objeto de sus caprichos viles sino para cumplirse la palabra ritual del sacerdote: compañera te doy, no esclava, ámala como Cristo amó a su Iglesia.
Cristo ha trazado la ley del matrimonio único e indisoluble, para salvar así desde cimientos el honor y la grandeza de la esposa cristiana.
Y la Iglesia que es Cristo perpetuándose en el mundo, cuántas veces, inconmovible en la defensa de la mujer, lanzó contra los adúlteros, aunque tuviera corona de Rey o amenazaran con ejército – el monlicet que pronunciaron los intrépido labios del Bautista.
Más hizo Cristo por la mujer. Sale de los labios del Maestro, como ignota cascada de perlas la promulgación de otra virtud: la virginidad. Y al conjuro de esa invitación celestial, florecen las mujeres vírgenes que levantan sus blancas corolas hasta la altura de los ángeles.
Nadie sublimó tanto a la mujer como el cristianismo. Y cuál de los sistemas modernos – decantados defensores de los derechos y de la emancipación de la mujer – puede presentar – como presenta el cristianismo – una preclara constelación de mujeres santificadas en la palabra de Cristo.
Va a cerrarse con la bendición de Cristo esta jornada gloriosa para el Colegio de Nuestra Señora de la Paz. Al cerrarse estos 25 años de fecunda existencia, los catálogos del Colegio arrojan una lista de más de 600 exalumnas.
Pregunto yo, en la presencia íntima de Cristo que ha de ser el juez de las conciencias y siquiera que mi pregunta tuviera una respuesta íntima en el fondo sincero del alma: esos seiscientos ángeles del hogar, conservan sus alas blancas? Cuántos saben prácticamente que su verdadera grandeza no está en la frivolidad peligrosa de las playas, o de los salones…sino en forjar una patria grande en el silencio fecundo del hogar?
* * *
Jesús Eucarístico, Redentor de la mujer. Bendice al Colegio en sus bodas argentinas. Y al trazar, Señor, tu blanca cruz de Eucaristía, fija tus profundos ojos sobre la mujer migueleña. Sea tu mirada, fortaleza para las que siempre han sido fieles a sus nobles destino de mujer; sea tu mirada, una mirada de misericordia para las que traicionaron su fe y su moral; bendice también a las que duermen en sus tumbas el sueño de la muerte.
Cristo Jesús. Bendícenos y sálvanos. Así sea.
Y finalmente sobre el solemne recogimiento; Jesús Sacramentado en las manos de Monseñor Barrera, traza la triple cruz de la bendición.
El epílogo. Por la noche en el claustro colegio, se celebró una recepción a las autoridades eclesiásticas, civiles y militares. Y la noche siguiente, en el Teatro Principal, se desarrolló el programa de la velada preparada por las exalumnas.
Solo un lunar hemos notado. Los hombres en general, en nuestra sociedad han permanecido al margen de este entusiasta festival de sus esposas y sus hijas, o al menos de sus conciudadanos.
Al cerrarse el año 25 del Colegio, queda abierto un nuevo período. Ojalá fuera un período de más comprensión que el anterior.

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