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Número 30889 – Pág. 1 – He venido a la fiesta cívica mas emocionante

Por Monseñor Oscar A. Romero
Obispo Auxiliar de San Salvador

Me tocó pasar en San José Costa Rica, el domingo 3 de Febrero, cuando este bello país eligió a su nuevo Presidente, a los diputados y autoridades edilicias. Fue una verdadera fiesta cívica de banderas, urras y alegre cordialidad; toda la ciudad y poblaciones circunvecinas, que también tuvo el gusto de recorres, parecía una sola familia en la que el acontecimiento electoral, lejos de dividir y crear resentimiento y atropellos, era una motivación de intenso amor a la Patria común. Hombres y mujeres de todas las profesiones y categorías sociales, acudían a la urna electoral con la seriedad y serenidad, de quien cumple un honroso deber y acepta gustoso de antemano, la voluntad de la mayoría; era de verse el entusiasmo, con que los jóvenes de 18 años, acudían por primera vez a decidir también, como ciudadanos, su propios gobernantes; muchos que no tenían la edad, suplicaban ser aceptados para emitir también su sufragio, que naturalmente, no les era permitido. Era sobre todo emocionante, la participación de los niños; que bella escuela de civismo, es para los niños aquí, este episodio de la patria.
En grupos o solos, con sus padre, solo niños, se veían junto a su casa o recorriendo calles y parques, gritar vivas y levantar la bandera del candidato de sus preferencias; los apellidos o el nombre del partido, coreados en graciosas «porras» fueron la algarabía, que daba el contorno más festivo de esta feria cívica, del bello jardín, de las Américas.
Los viejos políticos y los observadores venido del extranjero, se han expresado profundamente satisfechos de esta vida fervorosa del civismo tico. Don Pepe Figueres, el actual Presidente, después de emitir su voto, como cualquier ciudadano común, se entretuvo conversando con los adolescentes que empuñaban banderas de diversos partidos, y se complacía en oír, en la voz joven de Costa Rica, el alto grado de civismo de las nuevas generaciones, que se preparan para ser futuros electores, en una democracia envidiable.

Por la noche, asistí a la instalación del Supremo Tribunal Electoral, que se declaraba en sesión permanente, para ir recibiendo los telegramas que se envían desde, las diversas juntas electorales. Un sacerdote me hacía observar, cómo el fraude electoral, aquí es casi imposible; se juega con las manos limpias y sobre todo hay en el corazón de los que trabajan en esa trascendental fase electoral, un profundo respeto al sufragio de los ciudadanos y un amor y servicio leal muy grande, al bien común de la Nación, que está por encima de todos los criterios partidistas de la política. Nos hacía notar el locutor de la TV, instalada en el Supremo Tribunal, que desde los magistrados, hasta el último empleado de este organismo, había trabajado desde las 4 de la mañana, sin devengar sueldo, más aún tampoco se les pagan viáticos u otros gastos hechos en este servicio a la Patria. Lo considera como un honor y eso basta, para poner todo el corazón en servir a la democracia más limpia de América.
La satisfacción es muy profunda en todo el pueblo; todos hablan con elogio de esta jornada cívica, como quien ha vivido una fiesta de familia. Y el lunes, todos amanecieron en sus trabajos, en espera de que los altos organismos electorales, digan oficialmente cual fue la voluntad de la mayoría, para cerrar filas y seguir trabajando unidos por el verdadero engrandecimiento del país.
Naturalmente que hay muchas cosas profundas, que analizar en la variada gama de los ocho partidos que contendieron. Pero el objeto de esta modesta crónica solo se refiere al espíritu cívico y a la madurez democrática que vive el pueblo costarricense.
O. A. Romero

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