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Número 30895 – Pág. 1 – Educación Cívica y Política

Un deber de Actualidad
Por Monseñor Oscar A. Romero
Hay que prestar gran atención a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo y sobre todo para la juventud, a fin de que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política». Es una oportuna recomendación del Concilio Vaticano II (GS 75), que deseamos hacer presente como una aportación de la Iglesia, en favor de la maduración política que urge entre nosotros.
Porque nos da mucha pena que una serie de noticias y comentarios ensombrezca de desconfianzas y recriminaciones un ambiente postelectoral, que en una democracia madura, debería caracterizarse por la satisfacción del deber cumplido y por el respeto y acatamiento de la voluntad de la mayoría.

En circunstancias análogas, los Obispos de Colombia de hacer una declaración que entresacamos algunas ideas, por creerlas un autorizado comentario a la recomendación del Concilio y a nuestra situación: «Es preciso reconocer -confiesan- las imperfecciones de nuestra democracia, cuyas fallas, particularmente, las crean injustas desigualdades, no se han de imputar tan solo a los gestores de la cosa pública, sino también a todos los que en una u otra forma se substraen de dar su concurso, o actúan con egoísmo y solamente movidos por intereses personales o de grupo. Hay muchas deficiencias en la democracia que deben ser corregidas para que sea real y eficaz la participación de los ciudadanos en todos los campos de la vida social. Pero no es posible desconocer que poseemos los principios, podemos y debemos mejorar las instituciones públicas, para que respondan más cabalmente a los anhelos y esperanzas de los ciudadanos».
Por nuestra parte seguimos creyendo en la capacidad de nuestro pueblo, para su educación cívica y política, si se le saben encauzar esas dos aspiraciones a la igualdad y a la participación que Pablo VI señaló acertadamente como dos características del hombre actual y como «dos formas de dignidad del hombre y de su libertad» (OA 22). Son dos aspiraciones insobornables. Y por eso nos pareció ver un signo de esperanza, la presencia del pueblo en las urnas de las últimas elecciones y por eso nos preocupa la sombra de desconfianza y recriminaciones posteriores. Porque el proceso electoral debería ser la escuela práctica de la educación cívica y política del pueblo. «El respeto al veredicto de los comicios, es factor esencial de la auténtica democracia», observan los Obispos mencionados, después de rechazar toda presión indebida contra la libertad del voto. Las consecuencias de estos atropellos, son fatales par ala vida democrática: el abstencionismo a la violencia.
Y volviendo al Concilio, he aquí algo que podía considerarse como el alma de la educación cívica y política y de lo que muchas veces carecen nuestras campañas electorales: «Para que todos los ciudadanos se sientan impulsados a participar en la vida de los diferentes grupos que integran el cuerpo social, es necesario que encuentren en dichos grupos valores que los atraigan y los dispongan a ponerse al servicio de los demás. Se puede pensar con toda razón que el porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar alas generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar».

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