Inicio Su Pensamiento Prensa Escrita Diario de Oriente Número 30906 - Pág. 1 - EL SEMINARIO TAREA DE TODOS

Número 30906 – Pág. 1 – EL SEMINARIO TAREA DE TODOS

Por Monseñor Oscar A. Romero

Desde los risueños albores del Seminario San José de la Montaña, los Obispo de El Salvador, tuvieran la fe. La iniciativa de conjugar la celebración del DÍA DEL SEMINARIO, con la solemnidad de PENTECOSTÉS.
Orientaban así, hacia su obra cumbre, toda la impetuosa vitalidad de nuestra Iglesia, descrita en la liturgia de este día, con el signo vigoroso del huracán y del fuego renovador del Espíritu de Dios.
Pentecostés, encuentra hoy en crisis, la vida de nuestro seminario. Pero esta dura prueba con que Dios está aquilatando la fe de los Pastores y del Pueblo de Dios, y lejos de apagar el optimismo y la esperanza de la celebración del Día del Seminario, deba significar un llamamiento a celebrarlo con crecido fervor. No celebramos acaso, este día, la efusión de aquel Espíritu «que hace nuevas todas las cosas y que convirtió en victorioso punto de partida hacia la conquista espiritual del mundo, a un cenáculo, donde se encerraban la nostalgia y la timidez de unos hombres, en orante espera de la hora de Dios?.

Una reacción ante la crisis del Seminario, que nos llevar solo a hacer análisis de tipo naturalista del problema, o lo que sería peor, con sólo inspirara amargas recriminaciones, contra quienes juzgamos, con criterios parciales y apasionados, responsables de lo que creemos un fracaso, no sería la reacción cristiana que exige este grave momento de nuestro seminario. La reacción que este DÍA DEL SEMINARIO pide a todos los católicos salvadoreños en sentirnos todos, solidarios del problema, todos responsables de encontrarle una nueva solución, ya que la salud del Seminario es necesariamente efecto, signo y esperanza de salud de toda la comunidad cristiana. «La Iglesia pasa por momentos de cambio y reestructuraciones y corresponde a los fieles, a la comunidad cristiana, poner su parte alícuota, en el mejoramiento de esos sacerdotes y de los futuros ministros, pidiendo por ellos y contribuyendo a que se preparen mejor. El seminarista que sigue fiel a su vocación, está sacado de entre los miembros de la familia; las comunidades y los ambientes están comprometidos a colaborar en su vocación, con el propósito de que la calidad humana y espiritual de estos jóvenes, rinda hasta el máximo. El mejor orgullo de una comunidad, es un clero ejemplar, querido y estimulado de todos y un número suficiente para las necesidades eclesiales».
Mil veces se ha proclamado en nuestro tiempo que el Concilio Vaticano, ha significado un nuevo Pentecostés, para la vida moderna de la Iglesia. Nuestro seminario salvadoreño, no está excluido de esa ráfaga vificadora del Espíritu, que está despertando una verdadera primavera de la Iglesia por todas partes. Confiemos pues, que después de la tormenta seguirá también aquí, una bella cosecha de buenas vocaciones, toda vez que, nuestra comunidad cristiana, apretando filas, en torno de sus pastores, tome en serio la fidelidad al Concilio.

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