La Prensa Gráfica

Págs. 7 y 23 ACTUALIDAD DE UN VIEJO DOCUMENTO

Por Monseñor Oscar A. Romero
El 24 de abril de 1870 el Concilio Vaticano I- inaugurado por el Papa Pío IX de diciembre de 1969-cosechaba la primicia de sus trabajos teológicos. Los 774 Padres del Concilio aprobaban por unanimidad la célebre constitución sobre la fe (De Fidel) llamada también por sus dos palabras iniciales. Constitución «Dei Filius».

Resulta interesante volver a estudiar, a un siglo de distancia, aquel macizo documento. Macizo de verdad porque un siglo de intensa historia en la vida de la Iglesia, y la formidable labor de «aggiornamento» del Concilio Vaticano II, en nada han hecho perder actualidad y validez aquel bloque doctrinal del siglo XIX. Al contrario creo prestar un servicio sacerdotal a los lectores de hoy-y por eso escribió sobre este tema- si los invito a buscar en aquellas luminosas orientaciones, la respuesta que necesitan las inteligencias de hoy, amenazadas por esa crisis de fe que está provocando tantos acontecimientos dentro y fuera de la Iglesia y que toca tan de cerca la vida religiosa de nuestros contemporáneos.

El efecto, las inquietudes y los problemas que movieron al Vaticano I a perfilar con tanta claridad las bases de la fe católica y sus relaciones con las capacidades de la razón humana, son las mismas inquietudes y problemas de quienes hoy confrontamos la moderna secularización», tomada en el sentido más amplio. Y por eso la Constitución «Dei Filius» ofrece una respuesta válida para nuestro tiempo.

Después de un solemne prólogo, la Constitución De Fide, proclama en el primer capítulo, la existencia de Dios personal, libre, Creador de todas las cosas, absolutamente independiente del mundo material y espiritual creado por El. El capítulo II afirma que determinadas verdades religiosas, sobre la existencia de Dios pueden ser conocidas con certeza y con las solas fuerzas de la razón humana; pero que respecto a las otras verdades divinas trascendentes, llamadas misterios, era necesaria la Revelación y repite la doctrina del Concilio de Trento sobre las fuentes de la misma. El Capítulo III, aun reivindicándole carácter racional de la fe, presenta al mismo tiempo como una libre adhesión a verdades sobrenaturales y un don de la gracia de Dios; asegura que la Iglesia, guardiana del depósito de la fe, lleva en sí misma las señales de su origen divino. El Capítulo IV, después de distinguir claramente la fe y la razón, recuerda que una oposición aparente entre la ciencia y la religión solo puede provenir de un error sobre la doctrina que ésta propone o de una idea falsa sobre las conclusiones de aquella; y que se puede demostrar la no contradicción de los misterios aun sin descubrir su contenido profundo. La Constitución concluye con 18 canones dogmáticos que condenan los errores contrarios».

¿Cómo no descubrir en esta densa teología del famoso documento del Vaticano I la rica savia que un siglo más tarde, circularía por todos los documentos del Vaticano II, principalmente en las reflexiones que éste hace acerca del ateísmo contemporáneo, en las interrelaciones de fe, cultura, ciencia y técnicas, en las nuevas perspectivas bíblicas, misionales, ecumenista, etc.?

Y vienen a ser así los dos Concilios del Vaticano el testimonio espléndido de un magisterio que, al mismo tiempo que es celoso guardián de una revelación inmutable marcha al par de los hombres de todos los tiempos.

Lee más

Págs. 9 y 17 LA VOZ DE LA IGLESIA EN CENTRO AMÉRICA

II) En defensa de los Derechos Humanos
Por Monseñor Oscar A. Romero
Secretario Ejecutivo del CEDAC

Los obispos centroamericanos que se reunieron en la Antigua Guatemala la semana recién pasada, proclamaron que los inspiraba el mismo espíritu del Concilio de Medellín. Por eso «apremiados por la caridad de Cristo», terminaron la trascendental asamblea con un mensaje dirigido «a todos los hombres de buena voluntad del istmo, que sea escuchado como sincera expresión de nuestra gran preocupación por el hombre, sobre todo el pobre y humilde cuya voz no siempre se escuchaba». (n.23)

Y efectivamente, entre todos los temas estudiados en aquellas jornadas de franca revisión, «uno se destaca por su importancia en este monumento histórico de nuestros pueblos: el respeto efectivo a los derechos humanos» (n.4)

El mensaje ratifica el pensamiento de la Iglesia sobre la igualdad de todos los hombres, se alegra de coincidir con la declaración de los derechos del hombre y lamenta la triste realidad de Centroamérica tan alejada de esos principios. He aquí sus palabras:

5 Afirmamos nuevamente, como lo hicimos en el Concilio, la igualdad fundamental entre los hombres, porque todos son creados a imagen de Dios y redimidos por Cristo. Por tanto disfrutan de una común vocación y de idéntico destino. (G.S. 29)

6 Por eso sentimos la necesidad de insistir en la sincera y gran preocupación ya expresada por nosotros en Medellín (Paz. 31) de urgir el cumplimiento irrestricto, en nuestros países, de la Declaración de los Derechos Humanos, que constituye una mínima expresión de la igualdad de naturaleza y destino del hombre.

7 Nos alegra que todas nuestras naciones se adhirieron a esta declaración y celebraron recientemente el XX aniversario de la misma, como también nos alegra la acogida privada y pública manifestada en Centro América y Panamá a la sugerencia hecha por el Santo Padre Paulo VI de celebrar anualmente una jornada mundial por la paz. Sin embargo, constatamos con pena que, pese a los anterior, los derechos fundamentales del hombre no están siendo respetados ni debidamente promovidos en nuestros países».

En el próximo artículo seguiremos el pensamiento del mensaje que a continuación enumera, para denunciarlos, los atropellos de que son objeto más frecuente los derechos del hombre centroamericana. Mientras tanto quiero terminar hoy evocando un pensamiento del Papa Paulo VI.

Cuando Su santidad clausuraba el concilio en 1965 expresó la situación de una Iglesia que, en medio de un mundo olvidado de Dios y de la verdadera grandeza del hombre, había tenido la audacia de proclamar los derechos de Dios y de los hombres. Las palabras del Papa en aquella ocasión podían también ser el mejor comentario de la asamblea y del mensaje del Episcopado centroamericano: «La mentalidad moderna, habituada a juzgar todas las cosas bajo el aspecto del valor, es decir, de su utilidad, deberá admitir que el valor del Concilio es grande, al menos por esto: que todo se ha dirigido a la utilidad humana; por tanto, que no se llame nunca inútil una religión como la católica, la cual se declara toda en favor y en servicio del hombre» (Aloc. del 7 de Diciembre de 1965).

Lee más

Págs. 6 y 17 LO HUMANO ANTES QUE LO JURÍDICO

– La posición del Episcopado-
Por Monseñor Oscar A. Romero
(Srio. Gral. de la Conferencia Episcopal)

Lo que hace bella esta hora de El Salvador es el sentido humano de su lucha. Cristo mismo formuló, en el ambiente de su tiempo, la defensa de este sentido humano, cuando dijo: el sábado para el hombre y no para el sábado.
Farisaica sería la conducta de quienes, en el conflicto, solo se cuidaran de aplicar la letra de una juridicidad que sofoca el grito de justicia del hombre atropellado.

En este sentido se solidarizan, una vez más con la preocupación de la Patria, los obispos salvadoreños quienes, en un análisis del problema, confrontan estos dos aspectos, el humano y el jurídico, para recordar a los responsables «un principio de humanismo cristiano solemnemente proclamado en el Concilio: que «el orden social y jurídico debe en todo momento subordinarse al bien del hombre, ya que el orden real debe someterse al orden personal y no al contrario. El propio Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado».

«Solamente pues, -concluyen los jerarcas de El Salvador, solamente una sabia y valiente subordinación del aspecto legal y jurídico del problema al aspecto humano, puede ser la base de la paz justa y duradera que todos anhelamos como ambiente y garantía de una existencia y subsistencia digna para nuestros hermanos». (1)

La ideología del catolicismo siempre fue en defensa de esa prioridad del hombre creado a imagen de Dios.
El Salvador puede sentirse muy orgulloso y seguro de estar defendiendo con la Iglesia esta verdad- San Salvador- julio de 1969.
(1) El documento aludido fue transcrito al supremo gobierno y a la OEA.

Lee más

Pág. 6 LA VOZ DE LA IGLESIA EN CENTRO AMÉRICA

Por Monseñor Oscar A. Romero
(Srio. Gral. de la Conferencia Episcopal)
Tuve el honor de convivir con los señores obispos de América Central y Panamá, reunidos en la Antigua Guatemala desde el 2 de mayo hasta el 2 del corriente para celebrar su XIV asamblea plenaria, pues según los estatutos del CEDAC (Consejo Episcopal de América Central y Panamá), se vienen celebrando estas interesantes reuniones desde 1942.

La ideología de esta XIV asamblea episcopal se inspiró en los documentos del Concilio Vaticano II y del Medellín, aplicados a la nuestra realidad centroamericana y panameña. Junto con los obispos participaron, casi en igual número, varios presbíteros, religiosos y seglares en un diálogo caracterizado por la franqueza mutua y la alegría sincera de servir a la Iglesia y a América.

Entre los prometedores frutos de la asamblea y como resumen ideológico de la misma, se publica, desde este día, en todos los países de nuestro istmo, el interesante mensaje que voy a ofrecer en esta columna a los amables lectores para que juzguen, en una fuente auténtica, cuál es el verdadero pensamiento de la Iglesia en medio de la complicada realidad centroamericana.

1 Con el mismo espíritu de Cristo que nos reunió con todos nuestros hermanos en el Episcopado del mundo entero durante el Concilio Vaticano II, y tres años más tarde, con los representantes del Episcopado de América Latina, en su segunda conferencia general (Medellín), nosotros, obispos de Centroamérica y Panamá, nos hemos reunido en la ciudad de Antigua Guatemala.

2 Durante una semana, obispos, sacerdotes, religiosos y seglares, nos hemos preocupado por la vida de nuestros hermanos cristianos en la Iglesia y en el mundo, este mundo al que debemos servir con la palabra y el Espíritu de Cristo. Nuestro único propósito ha sido dejarnos impulsar por la fe, la esperanza y la caridad, a fin de que la Iglesia se haga y aparezca más conforme al Evangelio y pueda así servir mejor al hombre centroamericano y panameño en su salvación. Entendemos la salvación del hombre en el sentido integral que apuntamos en el concilio y reafirmamos en Medellín: Dios quiere la salvación del hombre entero, cuerpo y alma (G.S.,3 Medellín Int.5). Por eso nos interesa todo lo que toca la dignidad del hombre en su pleno desarrollo».

Después de proclamar así la identificación de su ideología con las del concilio y de Medellín, la asamblea episcopal de la Antigua Guatemala, que resultó un verdadero acontecimiento «Eclecial», un concilio en pequeño, enfoca nuestra realidad centroamericana, en los números siguientes del mensaje que continuaremos en esta serie de artículos.- San Salvador, 4 de Junio de 1970.

Lee más