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No.1669 Pág. 1 – Para el día del Seminario

PROBLEMA SECULAR

La Iglesia viene de muy lejos. Ha debido enfrentarse, siempre con gloria, a los problemas de todos los siglos. Sin embargo, a pesar de la magnitud de los demás problemas pueden afirmar abiertamente en el siglo XX: "nada en el transcurso de los siglos ha procurado tanto (la iglesia) con maternal solicitud, como la perfecta formación de sus sacerdotes". (Pío XI, Ad Catholici)

Enumeremos unos cuantos hechos históricos. Será oportuno comentario a la solemne afirmación de Pío XI hoy que los católicos generosos o indolentes- están para celebrar el 25 de mayo el DIA DEL SEMINARIO.
La Biblia guarda el cariño con que Cristo y los Apóstoles formaron los primeros sacerdotes de la Iglesia. Los Obispos cargaron fuego con la responsabilidad de apacentar el rebaño tierno y buscaron y formaron eficientemente colaboradores de ministerio.
La experiencia del Obispo de Hipona. San Agustín, cuenta Posidio, sirvió también para otros obispos en la formación de sus sacerdotes.
Junto a los monasterios benedictinos hubo interesantes anexos llamados "Escuelas monásticas", de donde salieron en la edad media muchos obreros del evangelio. Aquel gran sacerdote, genio de santidad y ciencia. Santo Tomás de Aquino, dio sus primero pasos en una de estas escuelas en la de Monte CasiNo.
S. Isidro y S. Braulio fundaron dos "Escuelas Episcopales o Catedralicias" Sevilla y Zaragoza, donde se formaron sus sacerdotes. Durante toda la edad media fueron estas escuelas catedralicias verdaderos remansos de santidad y sabiduría para las vocaciones sacerdotales.
En los siglos XII y XIII muchos sacerdotes se formaron en las universidades de Bolonia, Oxford, Salamanca y Paris. Esta última era considerar como el más luminoso resplandor de la ciencia de la Iglesia.
En Roma florece hoy el "Almo Collegio Capranicense". Fue fundado en siglo XV por el Cardenal Capránica. En 1894 era alumno de este seminario el joven Eugenio Paccelli.
Ante la amenaza protestante de Alemania, San Ignacio de Loyola levanta una poderosa arma. Fundó en Roma el "Colegio Germánico" donde vocaciones alemanas puedan robustecerse en santidad y ciencia para defender la fe de sus pueblos.
Con la misma idea y por inspiración del mismo Ignacio, El Cardenal inglés Reginaldo Pole funda el seminario inglés.
Los concilios Toledanos legislan sobre este problema. Pero hasta el Siglo XVI toda esta obra ya gigantesca de la formación del clero la realiza la iglesia por iniciativa diocesana o providencial.
Fue gloria del siglo XVI, en el Concilio Tridentino en su sección 23, haber dictado el decreto "sobre la erección seminarios en que se forme clero idóneo para la cura de almas". Dice el célebre historiador del Concilio, Cardenal Pallavicini, que bastaba esta ley para compensar todos los trabajos del Concilio. Porque llevaba impresa una fuerza mundial y era el cimiento de la verdadera reforma. La catástrofe protestante puso de manifiesto la necesidad de un clero más preparado en santidad y ciencia.
Desde el concilio de Trento surge una línea más vigorosa todavía en este problema de la Iglesia, los seminarios. Pío IV, al año siguiente, fundó el "Seminario Romano", objeto de especial cuidado de los Romanos Pontífices.
S. Carlos Borromeo, establece 4 seminarios en su vasta arquidiócesis, se funda el primer seminario en el Portugal. Francia acoge con entusiasmo la obra de los seminarios y pueden presentar en la historia del Clero verdaderos campeones de esta labor: el card, Berulle, San Vicente de Paul, San Juan Eudes, Juan Jacobo Olier fundador del gran Seminario de San Pulpicio.
Las nuevas tierras de América son bendecidas con esta preocupación de la Iglesias, desde los principios albores de la civilización. El siglo pasado cristalizaba el ideal de Monseñor Eizaguirre bajo la protección de Pío IX: el Pontificio Colegio Pío Latino Americano de Roma. Hace dos años celebramos en El Salvador el primer centenario del seminario salvadoreño.
En 1915, en plena guerra europea, Benedicto XV fundaba la Sagrada Consagración de Seminarios y estudios de Universidades. Y se ha podido escribir que desde esa fecha hasta hoy la Iglesia ha vivido el período más activo de trabajos de seminario. Centenares y millares de cartas llevan la sabia dirección de la Santa sede a todos los seminarios del mundo, los cuales a su vez, cada tres años deben enviar detallado informe de su funcionamiento.
En 1925 la misma Sagrada Congregación de seminarios editaba nuevos puntos de reglamento para seminarios.
En 1938 el mismo Secretario de la S. Congregación de Seminarios preparó la edición de una importantísima colección de documentos relativos al seminario: "Enchiridion Clericorum".
El Pontificado de Pío XI, grande en muchos aspectos, es gigantesco en su labor pro seminarios: erigió muchos seminarios provinciales, que quería bien constituidos. Inauguró en 197 el espléndido edificio moderno para el seminario RomaNo. Y dejó los rasgos vigorosos de su interés por la gran obra, en la Encíclica "Ad Catholici".
El 4 de noviembre de 1941 S.S. Pío XII instituía, bajo la Sagrada Congregación de Seminarios, la Pontificia Obra de las Vocaciones Sacerdotales.
Se explica esta solicitud de la Iglesia por los seminarios porque "la suerte de la Iglesia- decía León XILI- está íntimamente ligada con el estado de sus seminarios".
O.A.R.

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