Inicio Su Pensamiento Prensa Escrita Semanario Chaparrastique No.1671 Pág. 1 - PENTECOSTÉS Y SEMINARIO

No.1671 Pág. 1 – PENTECOSTÉS Y SEMINARIO

Pentecostés.
De repente se oyó en el cielo el gran ruido de un espíritu vehemente que venía y penetró al Cenáculo y llenó toda la casa y reposó el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, sobre la cabeza de los Apóstoles.
Quedaban así armados los heraldos del Reino de Dios para lanzarse a la conquista de las naciones.
Su predicación fue eficaz.
La audacia de estos insignificantes pescadores hizo temblar el mismo centro de la civilización pagana y sobre los ídolos hechos pedazos de un imperio en ruinas, queda hoy, alta y firme, la bandera que ellos plantaron. "Stat cruxdum volvitur orbis!"
La historia se ha repetido mil veces.
Los sucesores de los Apóstoles no han tenido miedo a los herederos de Nerón. Y la misma historia contemporánea es rica de heroísmo entre los obispos y sacerdotes de nuestros días.
El secreto de esta fuerza avasalladora es una palpitación divina que se oculta dentro de la debilidad humana del heroísmo a los Apóstoles, y a quien Cristo ha querido alma de su Iglesia, es la garantía segura de la indefectibilidad católica.
Todos los obispos, todos los sacerdotes de la Iglesia Católica han vivido las emociones indescriptibles de su consagración. En la historia de su vida fue aquel un momento inolvidable: la unción del Espíritu Santo.
Cuando entre las notas solemnes del "Ven oh Espíritu Creednos". Los pontífices consagrantes renovaron sobre ellos el espiritismo de fuego de Pentecostés que los constituyó sacerdotes in aeternum…
La iglesia puede marchar segura de cumplir su misión de santificar y salvar almas, porque en el alma de esos hombres consagrados palpita el mismo vigor, la misma fuerza divina que el Espíritu Santo comunicó a los Apóstoles en Pentecostés.
Que hay sacerdotes malos? Que hay claudicaciones…? que hay debilidades…? No se niega; pero ellas precisamente afianzan más esta valentía y santidad de la Iglesia no las tolera ni las encubre, sino que las sanciona con su severidad e intransigencia saludables en cualesquiera que las compruebe.

Pero precisamente para poder presente sin temeridad hombres dignos a la consagración; la Iglesia despliega toda su maternal solicitud en la adecuada formación de los futuros sacerdotes. Porque aún en las misiones divinas de los hombres cuentan mucho las preparaciones humanas y antes de hacer al sacerdote, es necesario modelar al hombre perfecto.
Y en esta labor titánica de formar esos hombres perfectos en su inteligencia, en su oración, en su voluntad, de acuerdo con las sanas exigencias de su época para poderlos presentar un día a la consagración de su Pentecostés, para que sobre esos hombres sanamente modernos caigan la efusión fecunda y eterna del Espíritu santo y el sacerdocio divino en esta labor trascendental, está comprometida la Iglesia entera, todos los católicos sin excepción. Pues que a todos los socios de cualquier sociedad interesa tener dirigentes bien comprensivos de su misión y de su tiempo.

EL DIA DEL SEMINARIO, señalado sapientemente por nuestro Excmo. Prelado el Día de Pentecostés viene a esto. A gritar muy fuerte sobre la conciencia de TODOS LOS CATÓLICOS de la Diócesis que
la obra del Seminario
es obra de todos los católicos.
O.A.R.

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