Inicio Homilias Ciclo B Adviento, el tiempo de la alegre esperanza

Adviento, el tiempo de la alegre esperanza

Adviento, el tiempo de la alegre esperanza
HOMILIAS 1978

Primer Domingo de Adviento.

Homilía del 3 de diciembre de 1978

Lecturas:
Isaías: 63, 16b-17; 64, 1. 3b-6
I Corintios: 1, 3-9
Marcos: 13, 33-37

Queridos hermanos, estimados radio-oyentes.

COMIENZA EL AÑO LITURGICO. Hoy es año nuevo en la Iglesia. Hoy es año nuevo en la Iglesia. Hoy comienza el año litúrgico con este domingo que se llama Primer Domingo de Adviento. Siento la impresión, al compartir con ustedes esta primicia del año litúrgico, que vamos a comenzar un nuevo ciclo en esta escuela de la liturgia. Yo les invito a que todos los que estamos en esta reflexión de este momento, que sintamos la impresión del alumno que va a comenzar un nuevo curso. ¡Con qué entusiasmo el alumno siente que va a dar un paso más en el progreso de su formación!, ya sea profesional en una universidad, ya sea el niño pequeño que da también un pasito más en el segundo grado. Pero que de verdad este entusiasmo signifique para nosotros la alegría de un curso nuevo.

Me ha gustado mucho el comentario de alguna persona que dice que esta misa de Catedral y mi palabra de Maestro en la fe, es una verdadera universidad; y que son muchos los que van estudiando no sólo intelectualmente su religión sino también en una forma vivencial. Porque la liturgia no es simplemente una fe intelectual sino ante todo una vida.

El Concilio, hablando del año litúrgico, lo define: «…en el círculo del año, la Iglesia, desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor». Aquí está, a grandes rasgos, lo que vamos a recorrer a partir de hoy en que nos preparamos para la Navidad, la reflexión del gran misterio de la Encarnación, de una humanidad que espera un Redentor y que vendrá entonces a salvar a este mundo.

EL EVANGELIO DEL AÑO: SAN MARCOS.

Y así como en un curso nuevo, hoy también se abre un libro nuevo: El eterno libro del Evangelio. Pero el texto de este año que hoy comienza, según la organización de las lecturas bíblicas, es el evangelio de San Marcos. Ténganlo en cuenta para que en sus hogares ustedes en sus biblias, lo consideren como el libro de texto litúrgico de este año: El evangelio de San Marcos.

Me da gusto saber de un testimonio que se remonta nada menos que a los principios del siglo II -recientemente, pues, la historia de Cristo. Un tal sacerdote llamado Papías cita y comenta otro testimonio más antiguo en que describe como fue escrito el Evangelio de San Marcos. Dice que un presbítero les solía contar: «Cuando Marcos actuó como intérprete de Pedro, puso cuidadosamente por escrito, aunque no con orden, todo cuanto éste recordaba de lo que hizo y dijo el Señor». Entonces comenta Papías por su cuenta: «Pedro acostumbraba a adaptar su enseñanza a las necesidades del momento pero sin establecer un orden en los oráculos del Señor…»

Lo que les decía el domingo pasado hablando del Papa actual, Juan Pablo II, que decía: «Yo soy el sucesor de Pedro, traigo toda una historia de Papas, de Pontífices pero soy el Obispo de hoy y trataré de iluminar las realidades de hoy». ¡Eso es la homilía, precisamente! La homilía, es decir, esa palabra eterna se aplica hoy a las circunstancias. El mismo San Pedro, según este testimonio del Siglo II, era lo que hacía. No predicaba ordenadamente la vida de Cristo, sino que de la predicación de Cristo sacaba enseñanzas según las necesidades del momento. Así se explica que el secretario de Pedro que era Marcos, escribiera un evangelio del cual dice Papías: «…no con orden, todo cuando éste recordaba…» No era un orden de quien escribe una biografía.

El evangelio hay que leerlo no como una biografía de Cristo, hay que leerlo como una vida, y ésto es típico en el Evangelio de Marcos. Cristo más que predicar era presentarse, hacerse presente. El es la Luz, él no necesita hablar, El basta que esté presente como la luz que no habla y está iluminando realidades.

Tendremos, pues, como texto este año el ejemplo del primer Papa: San Pedro; hablando del Evangelio y de Cristo no en una ordenada teoría sino en una vivencia práctica que ilumina las realidades de El Salvador, de nuestra semana a semana que va pasando aquí tan densa de episodios, de injusticias; también de cosas bellas.

Trataremos de imitar a Pedro, hermanos, y no tomen a mal que el Obispo use la cátedra del Evangelio para predicar el Evangelio. Pero no desencarnado sino encarnándolo, iluminando la realidad de nuestro tiempo. ¿Quién de ustedes no espera hoy una palabra del Evangelio que ilumine la muerte de nuestro querido hermano el P. Ernesto Barrera? ¡Tengo que decirla! ¿Quién de ustedes no espera hoy que se hable también del secuestro de un holandés y de dos ingleses en nuestra Patria? ¡Hay que decirlo también!. Y eso no es dejar el Evangelio para meterse en política, eso es llevar el Evangelio, como Pedro, a las necesidades de los que le escuchaban.

ADVIENTO, EL TIEMPO DE LA ALEGRE ESPERANZA

Hoy voy a tener la oportunidad de predicar, sacando de las lecturas de la Biblia, sobre los sentimientos que un cristiano debe tener en este tiempo de Adviento. Para eso se predica en la Iglesia, para hacer una orientación cristiana, para cristianizar la vida de los que escuchan. Yo no tengo otra pretensión, no soy más que un predicador de la Palabra de Dios y sé que el éxito está en ustedes: En la buena voluntad con que reciben el mensaje de Dios y tratan de hacerlo vida. También yo trataré de vivir estas cuatro semanas de Adviento, de preparación para la Navidad, en la alegre esperanza; pero viviendo estas virtudes que ahora nos señala la Palabra del Señor:

1. Pobreza y hambre de Dios.
2. Vigilancia y fe.
3. Presencia cristiana y activa en el mundo.

¡Esto es Adviento! ¡Este es el mensaje de la alegre esperanza del Adviento! como ven, la palabra del Evangelio nos trae alegría, nos trae optimismo sin salirnos de la realidad dura que vivimos; en el corazón del cristiano hay alegría, hay esperanza, hay fortaleza; nada nos puede quitar la alegre espera del Señor.

1. POBREZA Y HAMBRE DE DIOS

Adviento es un llamamiento al espíritu de pobreza y del hambre de Dios.

a) Tiempo de Conversión.

Adviento, preparación de Navidad, es tiempo de conversión. El que se convierte, busca a Dios. Pero, ¿cómo va a buscar a Dios el que no reconoce que tiene necesidad de Dios? También, nadie desea la libertad si no se da cuenta que está encadenado, esclavizado a alguna situación. No se puede desear la liberación si no se tiene conciencia de ser oprimido. Por lo tanto, la pobreza es cabalmente eso. Cuando hablamos de la Iglesia de los pobres no estamos haciendo una dialéctica marxista, como si la otra fuera la Iglesia de los ricos; lo que estamos diciendo es que Cristo, inspirado por el espíritu de Dios, dijo: «Me ha enviado el Señor a evangelizar a los pobres». -Palabras de la Biblia-, para decir que para escucharlo es necesario hacerse pobre. La pobreza del Adviento consiste en un hambre de Dios. El pobre tiene hambre y el hambre que el Adviento quiere excitar es la que han escuchado en la primera lectura.

b) Situación de regreso del destierro.

La primera lectura, de Isaías, describe una situación social y religiosa de los judíos que volvían del destierro pero al llegar a Jerusalén se encontraban con el templo abandonado, se encontraban con un vacío. No encontraban lo que era y debía de ser su comunidad humana: Calor, alegría; le faltaba mucho. Entonces, un hombre piadoso de los que regresan del destierro al mirar esa soledad, esas calles abandonadas, esos despojos de una opresión extranjera que ha deshecho la ciudad, se mira así mismo, mira también a los supervivientes que están volviendo del destierro y los mira pesimistas y a muchos de ellos, pecadores. ¡No han aprendido la lección! ¡Dios nos ha castigado por nuestros pecados!

Surge entonces -lean enteros los capítulos 63 y 64 de Isaías donde aparece esta bella plegaria de la cual hoy solo se ha sacado un fragmento: «Tu Señor, eres nuestro Padre, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón? Vuélvete por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad -y brota aqui una plegaria que es propia de la liturgia de Adviento-. Ojalá rasgaces los cielos y vinieras y se derritieran los montes en tu presencia apocalíptica». ¡Esta es el hambre de Dios! El hombre que siente el vacío que se contrapone al hombre autosuficiente; y en este sentido, rico quiere decir el hombre orgulloso, rico quiere decir aún el pobre que no tiene bienes pero que se cree que no necesita de nadie, ni de Dios.

Esta es la riqueza abominable a los ojos de Dios, la que dice la Virgen humilde pero enérgica: «Despidió vacíos a los ricos -a ésos que creen que lo tienen todo-, y en cambio, llenó de bienes a los hambrientos -a los que necesitan de Dios-» Esta es la primera virtud del Adviento, hermanos. Y yo les suplico que tratemos de vaciarnos de nuestras propias autosuficiencias, que sea una virtud muy propia de esta preparación de Navidad. Hay que esperar el regalo de Navidad no de las riquezas de la tierra, hay que esperarlo todo del único rico: De Dios que viene a llenar el vacío que no lo puede llenar todos los regalos de Navidad cuando hay orgullo y vanidad en el corazón.

Examinemos nuestro corazón a ver si tenemos sentimientos de pobre, si de verdad estamos haciendo honor a la Iglesia de los pobres, de los pobres que tienen hambre de Dios, de los que sienten que sin Dios todo es vacío, todo es impuro. Cuando dice el salmista: «Todos éramos impuros, nuestra justicia es como un paño manchado, todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento» ¡Qué hermosa plegaria para que fuera la oración de los salvadoreños! ¡Cuánta paz nos hace falta, cuánta sangre, cuánto crimen, cuánto terror! Y cuando decimos terrorismo no sólo pensamos en aquellos que persiguen los uniformados, sino también en el terrorismo uniformado que también es horroroso y mata, y llena de miedo…

c) El motivo de nuestra esperanza: La fidelidad del Señor.

La segunda lectura nos habla del motivo de nuestra esperanza, de esa hambre de Dios. ¿Por qué lo esperamos todo de Dios? ¿Será alienación?, como los materialistas nos quieren criticar: Ustedes no luchan en la tierra porque lo están esperando todo de Dios. ¡No! Trabajamos, pero lo esperamos todo de Dios porque fiel es el Señor, nos ha recordado San Pablo hoy. Y todo viene de allá arriba: La vida la inteligencia, las cualidades de los hombres que pueden hacer una patria mejor, la inteligencia que muchos están ocupando para destruir y oprimir, para enriquecerse egoísticamente y no para ser instrumento de Dios en la felicidad de los demás… Por eso la primera virtud de este tiempo es una actitud de esperarlo todo de Dios, pero también actitud que trabaja y pone de su parte lo que como humanos tenemos que hacer.

2. VIGILANCIA Y FE.

Vigilancia activa.

La segunda virtud que aparece hoy en las lecturas bíblicas es la que Cristo nos la dice nada menos que en el Evangelio de San Marcos. Aquí con todo respeto nos inclinamos ante el libro nuevo del año con una página que es como el inicio y la síntesis de lo que nos va a decir, a lo largo de todo el año, San Marcos, el Evangelio más breve porque breve es la Palabra única y necesaria: «Mirad, vigilad; pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. ¡Velad, entonces!». Esto es lo que os digo a todos, velad. Esta es la palabra de orden del Adviento: ¡Velad! ¡Adviento! fíjense bien que aquí les voy a explicar el sentido litúrgico de esta hermosa palabra.

a) Adviento es venida.

Adviento se le llama a estas semanas de preparación de Navidad porque el espíritu es una espera del que vendrá. San Pablo, en la lectura de hoy, nos habla que estemos preparados para la venida. Y adviento recuerda la primera venida de Cristo que presagiaron los profetas del Viejo Testamento anunciando un Dios que venía a salvar en el dolor y la humildad. Adviento recoge todas las páginas de los profetas. Adviento actualiza en el hambre de Dios de los hombres de hoy, todos los suspiros de los profetas: «¡Ojalá vinieras, Señor, a salvar al pueblo!». Adviento es celebrar la venida de salvación que Cristo realizó hace veinte siglos, pero no es historia, es futuro.

Adviento significa también la segunda venida de Cristo cuando vendrá a juzgar, cuando va a venir a comenzar su obra. Ahora estamos trabajando esta obra en la Iglesia haciendo el Reino de Dios. Fuera de la Iglesia también, todo hombre que lucha por la justicia, todo hombre que busca reivindicaciones justas en un ambiente injusto, está trabajando por el Reino de Dios y puede ser que no sea cristiano. La Iglesia no abarca todo el Reino de Dios. El Reino de Dios está más afuera de las fronteras de la Iglesia y, por lo tanto, la Iglesia aprecia todo aquello que sintoniza con su lucha por implantar el Reino de Dios. Una Iglesia que trata solamente de conservarse pura, incontaminada, eso no sería Iglesia de servicio de Dios a los hombres.

La Iglesia auténtica es aquella que no le importa dialogar hasta con las prostitutas y los publicanos como Cristo con los pecadores; con los marxistas, con los del Bloque, con los de las diversas agrupaciones, con tal de llevarles el verdadero mensaje de salvación. Cristo viene también a salvar al hombre donde quiera que se encuentre. Quiere salir a todas las encrucijadas y quiere salir este Cristo en su Iglesia, en sus cristianos, a la espera del juicio final, cuando se va a consumar la historia, cuando se creen los cielos nuevos donde no habrá injusticias y se aparten las injusticias en el lugar que les corresponde, porque la última palabra la dirá el Señor.

b) Presencia de Cristo en el mundo actual.

Vigilancia y fe, una vigilancia que ya hace presente en medio del mundo actual a ese Cristo que está operando los cielos nuevos. El cristiano no es un hombre que lo espera todo en el futuro, el cristiano sabe que Cristo ya hace veinte siglos que está trabajando en la humanidad y que la humanidad que se convierte a Cristo es el hombre nuevo que necesita la Sociedad para organizar un mundo según el corazón de Dios.

La restauración del mundo ya está iniciada, dice el Concilio solemnemente: «Desde que Cristo vino trayendo la vida de Dios a injertarla en el corazón de la historia, ya puso la levadura divina en la humanidad, y dichosos los que la encuentren y se incorporen a ella». Por eso repugna, hermanos, que a una Iglesia que trata de hacer presente entre los pecados actuales, entre los errores, actuales, a ese Cristo, se la critica. Se quiere conservar un evangelio tan desencarnado que, por lo tanto, no se mezcla en nada con el mundo que tiene que salvar. Cristo ya está en la historia. Cristo ya está en la entraña del pueblo, Cristo ya está operando los cielos nuevos y la tierra nueva y el trabajo de Adviento es precisamente esa vigilancia y fe: Descubrir a ese Cristo que está viniendo continuamente.

c) Adviento: Vida de la Iglesia.

El Adviento no son sólo las cuatro semanas preparatorias de Navidad, sino que Adviento es la vida de la Iglesia. Adviento es la presencia de Cristo valiéndose de sus predicadores, de sus sacerdotes, de sus catequistas, de sus colegios católicos, de toda la obra que quiere realizar el verdadero Reino de Dios, para decirle a los hombres que la profecía de Isaías ya se cumplió: ¡Emmanuel, Dios con nosotros!.

Y en este marco de una fe que siente presente a Cristo, yo les invito a todos los que están en misa en Catedral y vienen como comunidad cristiana a crecer en su fe, que a eso venimos a misa a la liturgia de la Iglesia que no es otra cosa que hacer presente el misterio de Cristo a través de los sacramentos, a través de la vida litúrgica. Cuando la Iglesia habla del Año Litúrgico dice: «…que repitiendo año con año el misterio de Cristo que se despliega durante todo el año ante la meditación de sus cristianos, no está siendo simplemente un re
uerdo» -como cuando el 15 de septiembre recordamos el 15 de septiembre de 1821, fecha que pertenece a la historia y el 15 de septiembre no es más que un recuerdo-. La liturgia no es historia, no es recuerdo, la liturgia tiene la facultad de hacer presente todo el misterio de Cristo. Por ejemplo, esta temporada de Adviento significa para nosotros católicos, que todo el espíritu de Cristo que viene a salvar al mundo se quiere hacer presente, esperanza, fuerza en el pueblo salvadoreño; y puede salvarnos el Señor hoy, porque todo su misterio salvador se está haciendo presente si lo supiéramos aprovechar.

Por los sacramentos, la liturgia hace presente a Cristo entre nosotros. Hay una página bella de un protestante que se hizo católico y dice en su diario íntimo: «Yo no era católico por los sacramentos, yo pensé que eso era invención de los hombres y que estorbaba mis relaciones directas con Cristo. Quería cree en Cristo sin la Iglesia, pero cuando comprendí que los sacramentos son acciones de Cristo, le doy gracias a Dios de que haya una Iglesia que realice en nombre de Cristo, la Redención de Cristo». Así hay que mirar los sacramentos.

«Cuando me voy a confesar -decía el escritor italiano Manzzonni-, yo no se si el sacerdote que me da el perdón está más necesitado que yo de ser perdonado, pero en ese momento yo se que en su palabra y en su gesto: «Yo te absuelvo de tus pecados», no es él, sino que a través de él, es Dios que me perdona». Cristo está presente en la vida de la Iglesia por sus sacramentos, y ésto es uno de los matices espirituales de nuestro Adviento, una vigilancia de ese Señor que vendrá un día, o mejor dicho, se descubrirá que ya vivía entre nosotros y no lo conocimos. Y se descubrirá: «Todo lo que hiciste con uno de mis pobres hermanos, conmigo lo hiciste». ¡Qué cerca ha estado Cristo y qué poco lo hemos conocido!.

El Adviento debía de llamarnos la atención para descubrir en cada hermano que saludamos, en cada amigo al que le damos la mano, en cada mendigo que me pide pan, en cada obrero que quiere usar el derecho de organización en un sindicato, en cada campesino que va buscando trabajo en los cafetales, el rostro de Cristo. No sería capaz de robarle, de enseñarle, de negarle sus derechos, es Cristo y todo lo que haga con él, Cristo lo tomará como hecho a él. Este es el Adviento, Cristo que vive entre nosotros.

3. PRESENCIA CRISTIANA Y ACTIVA EN EL MUNDO

a) El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado.

Finalmente, hermanos, Adviento es presencia cristiana en el mundo. Celebremos la Encarnación, no se olviden. Celebremos el gesto infinitamente amoroso de Dios que de tal manera amó al mundo que le dio a su propio Verbo, su propia palabra, su propio Hijo, para que se hiciera hombre en las entrañas de María. María debe ser un personaje central en el Adviento. Gracias a esa mujer purísima, Dios encontró el seno de una mujer santísima donde el santísimo Verbo de Dios se hiciera hombre. Pero fíjense, Cristo se hizo hombre de su pueblo y de su tiempo; vivió como un judío, trabajó como un obrero de Nazaret y desde entonces sigue encarnándose en todos los hombres. Si muchos se han alejado de la Iglesia, es precisamente porque la Iglesia se ha alienado un poco de la humanidad. Pero una Iglesia que sepa sentir como suya todo lo humano y quiera encarnar el dolor, la esperanza, la angustia de todos los que sufren y gozan, esa Iglesia será Cristo amado y esperado, Cristo presente; y eso depende de nosotros.

b) Nosotros somos enriquecidos en Cristo: Prufusión de carismas.

Nosotros somos los que vamos a hacer presente a Cristo. Y aquí invoco la segunda lectura de San Pablo escribiéndole a los cristianos de Corinto.

Quien conoce la historia del tiempo de Pablo y lo que era Corinto, una ciudad libertina, sabe que hasta era el dicho de que las mujeres cortesanas las llamaban corintias; y al hombre que se iba a gozar, a darse gusto sin rienda, le llamaban un verbo muy típico: Se fue a corintear. Para que tenga una idea de qué Sociedad más libertina era donde Pablo fue a poner la semilla cristiana. ¡Y allí nace una comunidad! para que no tengamos miedo de los ambientes difíciles; y cuanto más difíciles que Corinto sean, más deberíamos de trabajar para poner fermentos en esa Sociedad.

Entonces San Pablo les dice a los corintios que le da gracias a Dios, y que los tiene presentes en sus oraciones, pues: «…por Cristo habéis sido enriquecidos en todo, en el hablar y en el saber, porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo. No carecíes de ningún don, vosotros aguardáis la manifestación del Señor». Es como decirle a un grupo de muchachos en San Salvador, aunque miren a sus compañeros libertinos, divirtiéndose en prostitución y en droga: «Ustedes han encontrado la plenitud de la felicidad, sigan viviendo esa alegría íntima. A ustedes les ha dado plenitud de alegría el Señor».

Adviento es un llamamiento para decir que aún en el mundo más podrido se puede vivir la alegría más íntima y se puede ser testimonio de Cristo ante una Sociedad corrompida. Ante un mundo que necesita transformaciones evidentes sociales, ¿cómo no le vamos a pedir a los cristianos que encarnen la justicia del cristianismo, que la vivan en sus hogares y en su vida, que traten de ser agentes de cambio, que traten de ser hombres nuevos? Porque como dice Medellín: «De nada sirve cambiar estructuras, si no tenemos hombres nuevos que manejen esas estructuras». Hombres con los mismos vicios, con los mismos egoísmos…, si se cambian las estructuras, si se hacen transformaciones agrarias y demás, pero vamos a ocuparlas con la misma mente egoísta, lo que tendremos serán nuevos ricos, nuevas situaciones de ultraje, nuevos atropellos. No basta cambiar estructuras, es esto del cristianismo y en ésto he insistido. Por favor, entiéndanme que el cambio que predica la Iglesia es a partir del corazón del hombre. Hombres nuevos que sepan ser fermento de sociedad nueva.

HECHOS DE LA SEMANA

En la Iglesia Universal.

Ahora, hermanos, precisamente en ese papel de hacer presente a Cristo en la sociedad, deber grave de todo cristiano, reclamo de Adviento y Navidad, es donde yo sitúo todas las semanas este pequeño noticiero que es a la luz del Evangelio. Es desde aquí desde donde yo les digo que nuestra Iglesia goza y sufre.

El Papa habló sobre los que son perseguidos por ser fieles a la verdad y a la justicia. Dijo que sus sufrimientos eran iguales a los de Cristo. Mencionó circunstancias muy parecidas a las de nuestras comunidades, aunque él se refería, según comenta el periódico, a los países tras la Cortina de Hierro. Para que vean que no es el anticomunismo lo que mueve a muchos cuando ese anticomunismo se hace a veces hasta más cruel que el mismo comunismo. -Supimos por los periódicos que el Señor Ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, fue recibido por el Papa actual. Siguiendo la línea de Pablo VI cuando le habló a nuestro Embajador Don Prudencio Llach, recordó Juan Pablo II al señor Ministro que en nuestro país es necesario dar libertad a la Iglesia y corregir las evidentes injusticias de nuestro orden social.

La Iglesia chilena está presionando al Gobierno, para que aclare la suerte de centenares de personas desaparecidas.

Nos unimos a la angustia del Arzobispo de Managua, el cual está haciendo esfuerzos por superar la crisis política de su país por medio de fórmulas pacíficas.

Se cumplió el aniversario de la Declaración de los Derechos del Niño. Y da mucho dolor cuando pensamos que estos derechos son para nosotros pura utopía, como cuando dice el principio No. 4: «El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social, tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena salud. Con este fin deberán proporcionarse tanto a él como a su madre, cuidados especiales, incluso atención prenatal y postnatal. El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación, vivienda y servicios médicos adecuados».

EN NUESTRA ARQUIDIOCESIS:

Promulgación de la Instrucción Pastoral sobre los Sacramentos.

Yo les anuncio ahora, solemnemente, que en esta fecha he promulgado una Instrucción Pastoral sobre los Sacramentos. Ya saldrá publicada, pero en esta hora solemne de la iniciación del Adviento les llamo, hermanos a que aprovechemos esos tesoros que se llaman los Sacramentos y de los cuales dijo el Papa Pablo VI: «Nunca se insistirá bastante en el hecho de que la evangelización no se agota en la predicación y en la enseñanza de una doctrina, porque aquella debe conducir a la vida, a la vida natural, a la que da un sentido nuevo gracias a las perspectivas evangélicas que le abre y a la vida sobrenatural que no es una negación, sino una purificación y elevación de la vida natural. Esta vida sobrenatural encuentra su expresión viva en los siete sacramentos y en la admirable fecundidad de la gracia y santidad que contienen. Pero si los sacramentos se administran sin darle un sólido apoyo de catequesis sacramental y de catequesis global, se acabará por quitarles gran parte de su eficacia». Esto es lo lamentable entre nosotros, que hemos acostumbrado a nuestro pueblo a recibir sacramentos sin conciencia.

El domingo pasado -y yo tengo que lamentarlo también-, aquella muchedumbre de gente que traía niños a confirmar, eran más de dos mil niños, y por puro milagro no se asfixió nadie. Alguien comentaba: «¡Cómo que era el día del juicio!». Se regó la noticia de que ya no se iba a confirmar más. Lo que he dicho es que no vamos a confirmar niños chiquitos que no se den cuenta. Vamos a esperar niños que, ya siquiera de ocho años para arriba, puedan tener uso de razón y saber un poquito, a la medida de su alcance pero con conciencia, recibir el don del Espíritu Santo.

Y lo que estoy diciendo de la confirmación lo digo también del bautismo. Es cierto que hay que bautizar a los niños inconscientes, porque «el que no renaciere del agua y del espíritu, no puede entrar al Reino de los Cielos», sin embargo es obligación de los padres de familia educar en la fe a ese niño. Y sólo en atención a que el padre de familia se compromete a educar en la fe a ese niño, se le bautiza. Pero si un padre de familia no tuviera conciencia del bautismo, ni siquiera el bautismo se le puede dar a un niño porque los sacramentos no se deben botar sino que son sacramentos de fe; y lo que decimos del bautismo lo decimos también del matrimonio. Vamos a exigir con más rigor a los sacerdotes la obligación que ya dejó mi venerado predecesor Monseñor Chávez, de obligar las charlas presacramentales, instrucciones donde el hombre tome conciencia de qué es lo que va a recibir. Que no se casen las parejas como por una aventura, por unos cuantos años para después separarse. No, el matrimonio, el bautismo, la confirmación son sacramentos de fe, y en los sacramentos se hace presente Cristo Nuestro Señor.

Quiero avisar que el 8 de diciembre es la fiesta de la Inmaculada Concepción. Un misterio que en nuestros pueblos se celebra con tanta alegría. No tanto como en Nicaragua, aunque este año quizas la pobre Nicaragua no tendrá las alegrías de sus Purisímas. Honrémosla aquí en El Salvador lo mejor que podamos. Principalmente me han invitado a que les haga propaganda las religiosas de Citalá, que están promoviendo peregrinaciones de los cantones, para culminar el 8 de diciembre con una gran celebración. En Plan del Pino, de donde era uno de los que murieron con Neto Barrera, Valentín Martínez también se está celebrando el novenario a las siete de la noche. -Un matrimonio me ruega recordar que su hijo Oscar Roberto Orellana Martínez, ya va a cumplir dos años el 3 de enero, de haber sido capturado en la Colonia Guadalcanal, junto con el campesino Julián Pérez, ambos jóvenes de 20 años. Por versiones de otros prisioneros que han podido escapar, saben que están vivos. En la carta, textualmente me dicen: «Mi pobre esposa está tan grave que sólo la que no es madre no la comprende. ¿No les parece que dos años de ausencia y sufrimiento ya es bastate? Y piden al Gobierno que se les de libertad o que se les ponga a la orden de los tribunales. Yo me valgo de esta circunstancia para repetir el deseo de la Iglesia: Una navidad sin presos políticos. Una Navidad que vuelva paz a tantos hogares desasosegados por tantos hijos, esposos, hermanos desaparecidos.

Quiero agradecer las múltiples manifestaciones de solidaridad con la petición que miembros del Parlamento Inglés hicieron, para mucha honra mía, de hacerme candidato al Premio Nóbel de la Paz. De manera especial han habido pronunciamientos apoyando ésto: De la CUTS, de la C.T.S. y de otras organizaciones y muchas personas particulares que considero de criterio muy firme y muy sólido. Yo quise agradecer estas muestras de solidaridad escribiendo un articulito como lo hago todas las semanas en La Prensa Gráfica, pero quiza no hubo lugar esta semana, espero que la próxima me lo publiquen. Pero de todos modos, a través de la radio, que gracias a Dios tenemos bastante audiencia, creo que llegará a todos mi agradecimiento. Y quiero decirles que se trata solamente de una candidatura que yo agradezco al Parlamento Inglés. Se que hay otras personas con muchos mayores méritos que yo. Pero no obstante, sin la pretensión de llegar a obtener ese premio internacional, la voz del Parlamento Inglés ha sido para mi un respaldo muy poderoso que yo agradeceré siempre. ¡Muchas Gracias!… -También quiero agradecer las muchas condolencia que han llegado por la muerte violenta del P. Rafael Ernesto Barrera, Párroco de San Sebastián, en Ciudad Delgado. Quiero contarles que el funeral fue verdaderamente impresionante. Creo que fue la voz del pueblo que ama a sus sacerdotes. Lamento, sí, que el Bloque Popular Revolucionario no fue muy oportuno en sus porras y gritos; y en la Iglesia, lugar de oración, más impresionaba el canto cristiano de quienes oraban y recibían el mensaje de esa muerte.

Quiero felicitar al P. Plácido porque cumple hoy, primer domingo de Adviento, diez años de trabajar en El Minuto de Dios. Un programa que se pasa por TV Canal 2, todos los domingos a las 9 de la mañana. El otro día me decía que yo le he hecho una competencia desleal, pero creo que él tiene siempre mucho auditorio. El bien que se hace es grande, yo me alegro y le doy gracias al Señor y felicito al sacerdote.

Quiero unirme al dolor de la familia del joven José Ricardo Durán, de la Colonia Miramonte, muerto en un accidente de tránsito esta semana. Y lo recuerdo con cariño porque era el fruto espiritual más grande, quizo, del P. Alfonso Navarro a quien asesinaron el año pasado. -También me uno al dolor de la religiosa superiora de las Madres del Colegio de la Sagrada Familia, la Madre Carmen María Scaglietti, cuya mamá murió en Costa Rica.

En la parroquia de Santa Lucía sucedió una cosa dolorosa pero también noble. Allá el P. Astor presta su Iglesia a los pobres que no tienen dónde velar sus cadáveres y estaban velando un difundo cuando aparecieron dos agentes uniformados disparando. Ante el reclamo de la gente, insolentes, insultaron. el Padre que se dio cuenta que pertenecían al cuerpo de vigilantes de la Cárcel de Mujeres, se dirigió allá al comandante, el cual muy noblemente le dio explicaciones y le prometió destituirlos. A los pocos días le fue a decir: «Padre, todo está arreglado, ya aquellos hombres han sido destituidos». Yo creo que es un ejemplo, una lucecita en las tinieblas. ¡Qué hermoso fuera que todos esos atropellos de los hombres uniformados, fueran sancionados debidamente! También ellos son ciudadanos y no es lícito que por tener armas se insolenten contra sus paisanos que no las tienen.

Lamentamos y nos solidarizamos con los que han sufrido incendios en sus haberes. Y seguimos invocando a quienes deben de investigar que esta pasando con estos crímenes o estas desgracias que se quedan sin explicación. Queremos unirnos también, a los dos banqueros ingleses. Aún no se han responsabilizado de

Compartir:

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

3 × dos =

Select your currency
USD Dólar de los Estados Unidos (US)