Inicio Homilias Ciclo A Características de Nuestra Iglesia

Características de Nuestra Iglesia

Características de Nuestra Iglesia

21º Domingo del Tiempo Ordinario,

21 de Agosto de 1977

Lecturas:
Isaías 66, 18-21
Hebreos 12, 5-7. 11-13
Lucas 13, 22-30

Queridos hermanos:

La palabra de Dios se proclama concretamente para la comunidad que la está reflexionando. Ya que a través de la radio esta comunidad se agranda inmensamente, quisiéramos, pues, que esta palabra fuera luz, esperanza, fe en los acontecimientos de todo este conglomerado, gran parte del pueblo salvadoreño, y que desde la fe de nuestra Iglesia vivamos, por más trágicas y duras que sean las situaciones, la verdadera alegría de pertenecer a este Reino de Dios que se alimenta de su palabra y que va caminando firme, porque sabe quien va con él, el Señor, y hacia dónde marcha.

VIDA DE IGLESIA

Entre los acontecimientos de esta semana, sin duda que son muchos, pero puedo destacar con un sentido de gratitud, la celebración de mi cumpleaños, donde he comprendido una vez más que mi vida no me pertenece a mí, sino a ustedes. Y en este sentido, como lo calificó nuestra radio, ha sido una celebración eclesial. El obispo ya no es una persona privada, sino un signo de unidad. Y me alegro de que ese acontecimiento -en lo personal no tiene ningún sentido- haya sido una ocasión para expresar la solidaridad, el cariño, la unidad de nuestra Iglesia. Yo quiero agradecer, pues, todas las minifestaciones de amistad y de solidaridad que con esa ocasión me brindaron y las recibo como obispo y pongo a los pies de Cristo, pues, todo este homenaje para que todo redunde en su gloria.

Por la fineza y la ternura del mensaje, quiero destacar las muchas cartitas que llegaron de la Escuela San Luis, de Cuscatancingo. Tan bonitas que las he sometido a un concurso y cuando ya estén calificadas, voy a ir personalmente a agradecerles y a premiar las mejores cartas.

Otro acontecimiento de trascendencia muy grande para la diócesis, fueron los tres días de reflexión de esta semana; que los sacerdotes compartimos junto con las religiosas dedicadas al trabajo pastoral de muchos pueblos, para estudiar en Domus Mariae, la exhortación del Papa Evangellii Nuntiandi. Es un documento moderno que traza las pautas para la evangelización adecuada del mundo actual. Hemos logrado una presencia maravillosa, más de 100, como 125 entre sacerdotes y religiosas. Tratábamos de ponernos en la línea de la Iglesia actual, porque la línea que estamos siguiendo en el Arzobispado no es un capricho, ni un lavado de cerebro, como muchos dicen. Simplemente es tratar de ponernos en la línea del Vaticano II y de Medellín, que son pautas autorizadas y que el Papa ratifica en la Evangelli Nuntiandi, donde nos habla de una evangelización del mundo que no puede separarse de la promoción del hombres. Y por esta línea, gracias a Dios, ha marchado hace mucho tiempo la Arquidiócesis. Ha sido la causa de sus dificultades y de sus conflictos, pero no puede ir de otra manera sino promoviendo al hombre, defendiendo su dignidad, sus derechos, proclamando, pues, un evangelio que no está de espaldas al mundo sino bien metido en el mundo, no para hacerse mundano sino para santificar al mundo. Han sido conclusiones muy bonitas las que se han sacado, muy eficaces, y esperamos que poco a poco se vayan poniendo en práctica, ya que esa reunión de sacerdotes, pastores y religiosas en la pastoral no ha terminado. Para mí que es un punto de arranque, un nuevo impulso en la Arquidiócesis para seguir concretando las formas de evangelizar a nuestra Arquidiócesis.

Uno de los propósitos más concretos se dirige a Chalatenango. Chalatenango, que es mina de vocaciones. Los sacerdotes y religiosas procedentes de ese departamento tuvieron la feliz ocurrencia de hacer reuniones específicas para ver qué solución se dá a ese departamento. Y daba gusto ver cómo los originarios de Chalatenango en el clero y en la vida religiosa son muy numerosos. Una gran parte de la Asamblea General, pues, se reunía en este título; y sacaron como conclusión, de acuerdo con el obispo, crear allá lo que se llama una vicaría episcopal. O sea, que un sacerdote con poderes episcopales sobre todo el departamento para organizar las fuerzas de la Iglesia y seguir cultivando esas tierras tan fecundas que son la esperanza de nuestro clero y de nuestra vida religiosa, por sus vocaciones. Fue elegido para este cargo el Padre Fabián Amaya, que es originario de allá, y como pro-vicario irá el Padre Efraín López, actual párroco de Comasagua.

No es tiempo ahora de detenerse en más detalles de esa jornada de estudio, porque las irán conociendo, primero Dios, en la práctica. También les anuncio que en esta semana se han provisto de párrocos nuevos las parroquias de Tenancingo, con el Padre Francisco Díaz; parroquia del Carmen, donde ha vuelto el Padre Miguel, a pesar de su edad y de sus achaques, a dar testimonio de que el sacerdocio no está hecho para descansar, sino para trabajar. Yo le agradezco y le deseo muchos éxitos. Lo mismo en la parroquia de San Sebastián, Ciudad Delgado, el Padre Ernesto Barrera.

Irémos esta mañana a Jicarón, en El Paisnal, a visitar aquella comunidad; y el viernes de esta semana, 26 en Tres Ceibas, cantón de Aguilares.

Desde ayer y todo este día, está celebrándose una convivencia de laicos, la comisión de laicos, que ha sido recientemente creada para promover el laicado de todas las parroquias de la Arquidiócesis. Laicos son todos los bautizados que no son religiosos ni clérigos pero que por su bautismo tienen un sacerdocio, que lamentablemente está sin ejercerse, porque se han bautizado muchos sin saber qué es el bautismo. Pero gracias a Dios, del Concilio Vaticano surge un gran movimiento para despertar esa conciencia del pueblo de Dios y hacerlo sentir su sacerdocio, su responsabilidad de Iglesia. Para promover, pues, esta conciencia, la comisión de laicos está tomando ella misma conciencia de sus grandes responsabilidades, allá en Planes de Renderos. Los saludamos y les deseamos mucho éxito.

A propósito de bautismo ignorado, recuerden que estos días, desde mañana, va a comenzar una serie de pláticas y orientaciones en las parroquias de María Auxiliadora, del Corazón de María y de Planes de Renderos, un movimiento que se llama el Catecumenado. Antiguamente, antes de recibir el bautismo, había un curso que se llamaba el catecumenado y sólo después de instruido se bautizaba. Hoy como la familia cristiana puede llevar a sus niños tiernos, pero ha olvidado el deber de que bautizar un niño supone que lo van a educar en la fe, y hemos ido creciendo en nuestros hogares sin que nuestros hogares cumplieran ese deber. Y por eso tenemos tantos bautizados que no han comprendido la dignidad y la responsabilidad de su bautismo. Entonces, fue otra iniciativa del Concilio Vaticano: restablézcase el catecumenado. Aunque ya sean bautizados, vayan a tomar conciencia de lo que han recibido. Infórmense, pues, de estas pláticas de catecumenado, y les invito a que tomen parte de ellas.

Quiero alegrarme con muchas comunidades que no tienen sacerdotes ni religiosas, pero hay laicos donde han sentido este sentido pastoral y reúnen a sus comunidades en sus ermitas. A esta hora me están escuchando, porque me han contado cómo sintonizan esta misa de Catedral. Y al llegar a la comunión, de acuerdo con sus párrocos, se autoriza para que suspendan ya la audición de radio y hagan ya un acto vivo con la comunidad, con las plegarias propias de aquel cantón. Es una iniciativa que se puede llevar a cabo en todos los cantones y pueblos donde no hay sacerdotes, pero el párroco puede promover la comunidad, valiéndose de este medio maravilloso que es la radio. Por mi parte, me siento muy feliz de estar presente a través de la radio en tantas comunidades que están bajo mi responsabilidad y la de los queridos hermanos sacerdotes.

Por otra parte, hermanos, queremos enviar nuestra sentida condolencia a la madre y a la esposa que me escribieron con dolor inmenso del pobre Tomás Orellana, de San Martín, a quien además de asesinarlo, lo quieren implicar con el título de subversivo y de revolucionario, de lo cual no hay nada, simplemente una calumnia, y es una lástima que nuestros medios de comunicación social se presten a manchar la fama de un muerto. Ojalá reflexionaran nuestros periódicos y antes de poner páginas que manchan así el dolor de una familia fueran más ciudadosos. Siquiera se callen. Y ojalá no silenciaran lo que es la verdad. Ya todos saben el caso, y a través de nuestras radio se ha denunciado la injusticia que se ha cometido con este pobre hombre. Para su familia doliente, pues, sepan que la Iglesia les comprende y que no alcahuetea la injusticia que con él se ha cometido.

También ha circulado esta semana un boletín muy peligroso, pero hay allí hechos, hechos que no se pueden negar. Y a la justicia le toca investigar para que se responsabilice a los verdaderos autores de tanto crimen, de tanto terror, de tanto secuestro. ¿Quiénes son los culpables, pues? ¿Hasta cuándo seguiremos manchando la faz de nuestra patria? Yo apelo desde esta tribuna de la Iglesia a la justicia en nuestra patria, que se haga justicia.

Y en esta línea, quiero colocar las reflexiones que nos dá la palabra de Dios. Yo creo sacar de las tres bellísimas lecturas de hoy, tres características de nuestra Iglesia. Nuestra Iglesia, y sintámosla nuestra queridos hermanos, queridos radioyente, si somos católicos de verdad. Sintamos el orgullo de pertenecer a una Iglesia que se caracteriza, primero por ser misionera y peregrina; segundo, una Iglesia escatológica ya les explicaré esta palabra; y tercero, una Iglesia en proceso de conversión.

1. IGLESIA MISIONERA Y PEREGRINA

Cuando Isaías nos anuncia, desde seis siglos antes, lo que va a ser la Iglesia fundada por el Redentor, habla de una llegada de todos los pueblos del mundo a Jerusalén, que era el siglo del Reino de Dios, signo que pasó a la Iglesia fundada por Cristo. Y venidos de tierras lejanas y de todos los confines del mundo, Dios les va a dar una orden, la que han dicho ahora en el salmo responsorial: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio». Y esta lista que comienza ya desde Isaías: Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal, Grecia y hasta «las costas lejanas que nunca oyeron mi fama». Como que se oyen aquí ya en las costas de América descubiertas dieciséis siglos después de estas palabras. Como que se oyen aquí los nombres concretos de esta Iglesia que ahora va peregrinando. Y cuando les he dicho hoy Tenancingo, San Sebastián de Ciudad Delgado, el Carmen y todas las parroquias y comunidades de los cantones que ahora estamos en reflexión, son nombres que se van engarzando como perlas del Reino de Dios. Pueblos, comunidades, a todos hay que llevarles el reino. Y cuando el evangelio de hoy nos presenta a Jesús caminando hacia Jerusalén -«recorría ciudades y aldeas»- es la Iglesia peregrina que se anuncia, es la Iglesia que como voy a decir en la pastoral que se va a dar esta semana ya a la publicidad, a la distribución: cuerpo de Cristo en la historia.

La Iglesia es Cristo, que sigue caminando hacia Jerusalén por ciudades y aldeas. Es hermoso pensar, hermanos, en esta Iglesia misionera y peregrina, lo cual le dá a todos los que la componemos un sentido de peregrinación. Nadie tiene que instalarse. Todos tenemos que ir con el bastón del peregrino, si bien tenemos que hacer feliz la tierra en que vivimos, pero sabemos que vamos de paso. Hoy la ocupamos nosotros; ayer la ocuparon nuestros abuelos, que ya no existen; mañana la ocuparán las generaciones futuras, y ya nosotros no existiremos. La humanidad es una continua peregrinación. Y Cristo quiere caminar con esa historia, con la historia de todos los tiempos. De tal manera que Cristo estuvo con nuestros antepasados, está con nosotros ahora y estará con la posteridad. Pero, nosotros vamos peregrinando, y uno de los afanes principales de la Iglesia tiene que ser el establecimiento de la Iglesia en todos los ámbitos del mundo. Como la frase preciosa de Isaías: hasta en aquellas costas desconocidas.

El próximo Día de las Misiones, que es siempre el penúltimo domingo de octubre el Papa ya lanzó el mensaje, quiere hacer un llamamiento a todos los católicos a formar misioneramente su conciencia. Porque el ser misionero no es una característica privativa de los llamados a irse a las vanguardias de las misiones. Son los héroes: sacerdotes, religiosas, médicos, enfermeros, toda clase de gente que quiera ir a prestar unos años a las avanzadas peligrosas de las misiones. Allá están y si alguno quiere inscribirse, allá hay campos para todos. Pero no todos tenemos la dicha de ir a esas vanguardias misioneras. No conocemos los idiomas de aquellas tierras, tenemos miedo aquellas nuevas costumbres, no nos podemos adaptar. Hay que admirar a los misioneros en este afán de adaptación. Pero nosotros desde la retaguardia, este ejército conquistador del mundo para Dios, para la fe, tenemos que ser también misioneros. Recuerden que la patrona de las misiones fue Santa Teresa del Niño Jesús, una monja de contemplación que nunca salió de su claustro de Lisieux en Francia y, sin embargo, aquí está el secreto para ser misionero desde el claustro, desde el hogar, desde la tienda, desde el puesto de mercado, desde la profesión, como Santa Teresa de Jesús, ofrecer todos sus dolores, sus sacrificios, por las misiones.

Cuando la pobrecita, agobiada por la tuberculosis y que tenía que hacer sus paseos por el patio del convento, se cansaba, sentada sobre una loza decía: «Le ofrezco al Señor este cansancio por el misionero que en estos momentos andará recorriendo tierras desconocidas». Qué hermoso es ser misionero, hermanos, saber que la conquista de almas que ahora no conocen a Cristo y lo van a conocer por la predicación del evangelio, allá está nuestra aportación de oración, de sacrificio, ofrecer las enfermedades por ellos, por los misioneros y por los que no son cristianos todavía. Misionero es todo aquel, pues, que siente la Iglesia necesitada de ir a implantarse en todo el mundo por mandato de Cristo: «Vayan y prediquen por todas partes». De tal modo que el Papa dice en el mensaje para el próximo Día de las Misiones, que la educación misionera, el sentido misionero del cristiano, no es una cosa añadida, sino que pertenece a la misma constitución de su fe. No puede ser verdadero cristiano el que se despreocupa de este sentido misionero y sobre todo cuando nuestra misma patria es tierra de misiones. Quizá ni en las tierras de misiones suceden las cosas tan salvajes que suceden en El Salvador.

Comencemos, pues, por hacer de nuestra patria un testimonio misionero. Este es el gran problema de América Latina, que llamándose oficialmente cristiana, comunidad cristiana continental, sin embargo, no es antorcha de fe, porque sus cristianos se han pervertido, porque sus cristianos iban como los peregrinos por el desierto hacia la tierra prometida, como aquellos israelitas se han vuelto al Egipto de la esclavitud, a seguir comiendo las cebollas de Egipto, a seguir adorando a los ídolos del dinero, a seguir promoviendo las groserías del abuso de autoridad. ¿Esto cómo va a ser luz que luce en el mundo? Da lástima pensar que muchos de esos hombres que asesinan, que torturan, que pisotean al país, son cristianos. Necesitan una reconversión; la necesitamos todos.

Yo quisiera, hermanos, que esta palabra, pues, del domingo de hoy, con ese sentido de Cristo peregrinando, sembrando la fe por todas partes, la esperanza, la alegría cristiana, el evangelio, su mensaje de paz, lo tomáramos todos nosotros; y sino vamos a las misiones propiamente dichas de infieles, aquí en nuestro país, tratemos de ser misioneros de nuestra propia familia, misioneros desde nuestra profesión. Misioneros desde el cargo público que ejercen; cuánto bien harían los ministros, los empleados, los maestros, los profesionales, si todos sintieran su trabajo de la vida, al mismo tiempo que es necesario para ganarse la vida, el cumplimiento de una misión: misioneros de sus propios amigos.

2. IGLESIA ESCATOLOGICA

¿Y qué se dirá en esa misión? El segundo mensaje de la palabra de hoy, que nos presenta una Iglesia «escat
lógica». ¿Qué quiere decir eso? Es lo que provoca la pregunta que en el evangelio se le dice a Cristo. «¿Serán pocos los que se salvan?» He aquí una preocupación escatológica. La escatología es una característica de esta Iglesia que por su esperanza sabe que la historia no se consuma en esta tierra. Su esperanza le hace ver unos cielos nuevos, una tierra nueva, donde imperará la justicia, el amor y la paz. El cristiano sabe que por más que trabajemos el bienestar de esta tierra, siempre será provisorio, peregrino, misionero, de paso, pero que hay que trabajarlo. Pero, que la consumación no la hemos de esperar en esta tierra, sino en la eternidad, donde el Reino de Dios esté perfecto. Esa perspectiva de la salvación eterna, del Reino de Dios consumado en la gloria, esa Iglesia de brazos tendidos hacia adelante, esa Iglesia de mirada puesta en el cielo, ésa es la escatología, es la Iglesia escatológica.

Por eso, la Iglesia no puede ser cómplice de ninguna ideología que trate de crear, ya en esta tierra, el reino donde los hombres sean completamente felices. De allí que la Iglesia no puede ser comunista. La Iglesia tampoco puede ser capitalista, porque el capitalismo también está con la mirada miope sólo viendo la felicidad, su pasión, su cielo, en sus tierras, en sus palacios, en su dinero, en sus cosas de la tierra. Están instalados. Y esta instalación no pega con la Iglesia. La Iglesia es escatológica. Y es aquí donde la Iglesia se vuelve a los pobres para decirles: ustedes son los más capacitados para comprender esta esperanza y esta escatología.

Y nos volvemos a ellos no para hacerlos conformistas, porque la escatología, el estar esperando un cielo, no es para adormecer. También aquí el comunismo nos acusó falsamente cuando nos dijo que nosotros predicábamos el opio del pueblo y que predicando a los hombres un reino del más allá, le quitamos la garra para luchar en esta tierra. ¿Quién sabe quién pone más garra a los hombres, si el comunismo o la Iglesia? La Iglesia, porque al predicar una esperanza del cielo, la está diciendo al hombre que ese cielo hay que ganárselo, y que es en la medida en que trabaje aquí y cumpla bien sus deberes como será premiado -su vida- por la eternidad. Y que a un hombre que ha cumplido mejor sus deberes de la tierra, le tocará una escatología, un cielo más amplio, más rico. Nadie tan ambicioso como los santo y los cristianos, porque ambicionan no un reino de esa tierra, donde los hombres se mueren, sino un reino de la eternidad, donde los hombres vivirán para siempre la alegría de haber colaborado en anticipar, ya en este mundo, el Reino de Dios.

Se escandalizaron una vez los enemigos de la Iglesia aquí en El Salvador, cuando se les dijo que el reino de los cielos, la Iglesia, que es el principio del reino de los cielos, ya debe de establecerse en este mundo. Que no hay que esperar la muerte para ser feliz que Dios nos quiere felices ya en esta tierra, porque trata de reflejar ese reino de los cielos nuevos y tierra nueva en esta tierra peregrina, que por lo tanto ya vislumbra en su peregrinación, un cielo bello, del cual esta tierra ya es reflejo. Y la palabra de enseñanza de Cristo hoy nos está diciendo que ese reino de Dios ya ha comenzado en esta tierra y sólo los que quieran entrar por la puerta estrecha irán a él, a su base definitiva, pero ya en esa tierra aquellos que no hayan forcejado por entrar en este reino se quedarán afuera. Lo cual quiere decir que el que no ha trabajado en su vida, por la puerta estrecha, el Reino de Dios, es demás que esté esperando a la hora de la muerte que le abran la puerta.

Fíjense en el evangelio de hoy: «Os quedaréis fuera. Llamaréis a la puerta diciendo: Señor, ábrenos. Y El os replicará: No sé quiénes sois. Entonces comenzarán a decir: Hemos comido y bebido, y tú has enseñado en nuestra plazas. Pero El os replicará»: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados». No basta llevar el nombre cristiano y vivir como pagano para presentarse al cielo y decir: «Jesús, me conoce». Aquí Jesús dice que desconoce a todo aquel que no haya querido hacer de su título cristiano una profesión de vida, un llamamiento cristiano a vivir esta escatología, esta esperanza, este cielo.

El sentido escatológico de la Iglesia el Concilio Vaticano lo ha iluminado maravillosamente, y los documentos de Medellín, también, como una invitación a los hombres a trabajar en esta tierra, para hacer ya desde que Cristo resucitó y es parte de la historia de este mundo, una realización de ese reino que se va a consumar en la eternidad. Pero Cristo resucitado, en el cual creemos, ya engarza los deberes de esta tierra con los premios de la eternidad. Y si de verdad creemos en un Cristo resucitado que nos espera y que a su venida en la gloria dará el premio a todos nosotros, los que hayamos trabajado con El, quiere decir que hay que trabajar, hermanos. Y que todo aquel que estorba al reino también está traicionando su vocación de hombre.

Dice esta frase el Concilio: «Todo cristiano que descuida sus deberes temporales, descuida sus deberes con el prójimo, tampoco ama a Dios y pone en peligro su propia salvación». Respondamos, pues, a la pregunta que le hicieron a Jesús: ¿»Señor, serán pocos los que se salvan?» Y Cristo como que no le dá importancia al número, porque lo que sigue es una gran enseñanza de la fuerza estrecha y de la necesidad de cumplir la vida cristiana. Diremos nosotros, no nos importa si van a ser muchos o pocos, lo que nos debe de importar es si cumplimos bien nuestro deber en esta tierra. Que estamos tratando de entrar por la puerta estrecha y no caminamos por la vía ancha del vicio, del egoísmo, de las injusticias de esta tierra. Y de allí viene la tercera condición, con que voy a terminar, que se nos presenta en la lectura de hoy: una Iglesia en conversión.

3. IGLESIA EN PROCESO DE CONVERSION

No me cansaré de gritar esta palabra, hermanos: conversión, Lástima que muchas veces hablamos pensando que ya nos entendemos y resulta que las palabras más sencillas no se entienden a veces. Me preguntó en esta semana, y ésto ha sido una gran revelación para mí, una persona humilde: «¿Qué es la conversión?» Y yo les agradezco que cuando no entiendan algún término de mi pobre predicación, tenga la confianza de preguntarla.

La conversión es como dar media vuelta. Conversión a la derecha, dicen los militares para convertirse a un lado, para convertirse al otro. Media vuelta. La conversión es volverse hacia Dios y cada vez más hacia Dios. La conversión la señaló Cristo cuando dijo: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto». ¿Cuándo vamos a llegar a ser perfectos como Dios? Lo cual quiere decir que Cristo inspiró un movimiento sin límites: la conversión. La conversión es preguntar en cada momento. ¿Qué quiere Dios de mi vida? Y si Dios quiere lo contrario de lo que quiere mi capricho, hacer lo que Dios quiere es convertirme, hacer mi capricho es pervertirme. ¿Qué quiere Dios con el poder político, por ejemplo, en un país? Quiere que esas fuerzas unan moralmente, por la ley sana, las voluntades de todos los ciudadanos al bien común; pero Dios no quiere que se use el poder para atropellar, para golpear hombres, para golpear ciudades, pueblos: eso es perversión. ¿Qué quiere Dios del capital, al hombre que le dá dinero, haciendas y cosas? Que se convierta; quiere decir, que sepa darle a las cosas creadas por Dios el destino que Dios le dió a las cosas, qué son siempre de Dios el bienestar de todos, el compartir con todos la felicidad. Y ésto en grande; también en pequeño, ¿Qué quiere Dios de tu vida de hogar? Pues que tu unión con tu señora sea bendecida por el sacramento santo del matrimonio. ¿Qué quiere Dios de la intimidad, de la relación conyugal? La procreación. Si el hombre maliciosamente interrumpe la procreación con medios artificiales, está bloqueando la voluntad de Dios. Tiene que convertirse. ¿Qué quiere Dios del hombre frente al aguardiente? Que se abstenga, que no abuse. Que no abuse; el uso es correcto, pero el abuso siempre es pecado. Que se convierta.

Convertirse, pues, es un llamamiento al cual nos hace alusión la segunda lectura de la carta a los Hebreos: «Habéis olvidado la exhortación paternal. No rechaces el castigo del Señor. No te enfades por su reprensión».

Hermanos, cuando la Iglesia tiene que cumplir este deber, porque ella misma está en proceso de conversión. Yo que les estoy hablando necesito convertirme continuamente. El pecador, el religioso, la religiosa, el colegio católico, la parroquia, el párroco, la comunidad, la Iglesia, pues, tiene que convertirse a lo que Dios quiere en este momento de la historia de El Salvador.

Si uno vive en un cristianismo que es muy bueno, pero que no encaja con nuestro tiempo, que no denuncia las injusticias, que no proclama el Reino de Dios con valentía, que no rechaza el pecado de los hombres, que consciente por estar bien con ciertas clases, los pecados de esas clases, no está cumpliendo su deber, está pecando, está traicionando su misión. La Iglesia está puesta para convertir a los hombres, no para decirles que está bien todo lo que hacen y por eso naturalmente cae mal; todo aquel que nos corrige, nos cae mal. Yo sé que he caído mal a mucha gente, pero sé que he caído muy bien a todos aquellos que buscan sinceramente la conversión de la Iglesia, que somos todos.

Desde este punto, hermanos, yo llamo a la conversión a todos. En esa publicación de esta semana, se anuncian muchos crímenes. ¿Quiénes los han cometido? ¿Se quedarán siempre en lo oculto? A la justicia de los hombres sí, parece que se van quedando en el misterio la muerte del Padre Grande, la muerte del Padre Navarro, y tantos asesinatos y tantos desaparecidos y tantas cosas feas. Pero sé que alguien lo ha cometido, que es pecador y que si no se convierte no entrará en el reino de los cielos. Y que esta vida pasa. El poder, los hombres pasan. Pasa todo, sólo quedará la Iglesia con su índice escatológico diciendo: lo que no pasa es la eternidad y lo que vale la pena es salvarse de verdad. Salvación que ya comienza en esta tierra, porque el que aquí lucha por el reino de Dios implantándolo en la sociedad, en la historia, será también partícipe del Reino de Dios en el cielo. Y el que aquí se opone, rechaza, repudia a la Iglesia, al Reino de Dios, a sus ministros, a los que lo predican, están estorbando al Reino de Dios, y eso es persecución de la Iglesia, porque se le impide su ministerio.

Entonces, queridos hermanos, concluyamos en el mensaje de hoy, que no es invención mía, sino palabra de Dios, el propósito de ser una Iglesia misionera y peregrina. No nos instalemos en la tierra. Preocupémonos de caminar con Jesús. Miren qué significativo, todo este trozo del evangelio, donde nos ha colocado el fragmento de hoy, es de San Lucas, que quiere describir la misión de Cristo como un caminar hacia el Calvario. La Iglesia camina hacia el Calvario, hacia la Cruz, pero sabe que detrás de la Cruz, tres días después, está la resurrección, la alegría, el reino, los cielos nuevos, la tierra nueva. Caminemos con Jesús, entonces. No tengamos miedo a las amarguras del Calvario. Sepamos renunciar a todo aquello que es pecado y se opone al Reino de Dios. No hagamos consistir la felicidad y la salvación sólo en esta tierra, ni tampoco sólo en aquel cielo, sino en la combinación más sabia y maravillosa de cumplir bien la ley de Dios, en esta tierra para merecer el premio en aquel cielo. Y que sepamos, entonces, ser valientes cristianos, ya que la Iglesia, a través de estas características, es la que está manteniendo en alto y sembrando la esperanza, la alegría, en todo los corazones de los salvadoreños.

 

Compartir:

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

tres × cuatro =

Select your currency
USD Dólar de los Estados Unidos (US)